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Las recientes elecciones legislativas celebradas en Colombia han dejado algo más que una nuevo panorama parlamentario: estos comicios han marcado la pauta de gobernabilidad para el futuro próximo de la política neogranadina. En un contexto de sostenida crispación, desaceleración económica y reacomodo geopolítico en América Latina, los resultados electorales para el Congreso de la República de Colombia se convierten en una pieza clave para proyectar el clima pre-electoral presidencial y sobretodo perfilar el esquema de gobernabilidad, considerando una relación entre legislativo y ejecutivo bastante turbulenta durante el mandato de Gustavo Petro.
En este sentido, Colombia se enfrenta con un año electoral en el que el panorama parlamentario resultante de esta elección, tendrá un carácter protagónico para el ganador de la contienda presidencial. Las reformas impulsadas por el actual gobierno, los debates sobre seguridad, informalidad laboral, economía y transición energética, así como las tensiones institucionales que han acompañado su mandato, han transformado el mapa político y redefinido las alianzas entre partidos. Y es que en estas elecciones parlamentarias no solo ha quedado reflejado buena parte del estado de ánimo del electorado colombiano, sino que también anticipa el margen de maniobra que tendrá el próximo presidente. En los sistemas presidenciales latinoamericanos, la relación entre Ejecutivo y Legislativo suele marcar el ritmo de la gobernabilidad. Y en Colombia, donde las coaliciones parlamentarias han sido históricamente determinantes para aprobar reformas estructurales, la correlación de fuerzas en el Capitolio será decisiva.
Colombia sigue siendo uno de los actores estratégicos de América Latina, tanto por su peso económico como por su papel en temas clave como seguridad hemisférica, migración y dinámica comercial. En un momento de redefinición de equilibrios políticos en el continente, por tanto lo que ocurra en Bogotá este 2026 tendrá eco más allá de sus fronteras.
Para examinar estas elecciones conversamos una vez más con Iván Garzón Vallejo. Politólogo, escritor y profesor de la Universidad Autónoma de Chile. Investigador de la Comisión de la Verdad de Colombia y asesor del Centro Nacional de Memoria Histórica. Con su apreciación calificada buscaremos responder las siguientes preguntas ¿qué mensaje ha planteado el electorado colombiano en esta elección? ¿cuál será el panorama parlamentario del país de cara a su futuro inmediato? ¿Qué fuerzas emergen fortalecidas y cuáles pierden terreno? Y, sobre todo, ¿será esta legislatura entrante un nuevo obstáculo para la gobernabilidad venidera del país?
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Iván Garzón Vallejo
Xavier Rodríguez Franco
Analistas:Invitado:Edición y Conducción:
Una nueva crisis en el Golfo Pérsico ha vuelto a sacudir el tablero internacional, y aunque América Latina está lejos geográficamente de este escenario, sus gobiernos ya han comenzado a reaccionar.En este episodio analizamos las reacciones diplomáticas de las cancillerías latinoamericanas frente a la reciente escalada en Medio Oriente. Desde llamados a la moderación y al respeto del derecho internacional, hasta posicionamientos más claros dentro de las actuales dinámicas de poder global.¿Qué nos dicen estas declaraciones sobre la política exterior de los países latinoamericanos? ¿Reflejan principios diplomáticos tradicionales o nuevas alineaciones en un mundo cada vez más incierto?Un repaso a las principales posturas oficiales para entender cómo América Latina se ubica frente a una de las crisis geopolíticas más relevantes del momento. ¿Qué revelan realmente las reacciones de América Latina al conflicto en el Golfo Pérsico sobre la política exterior de la región? ¿América Latina tiene algún rol que desempeñar en este cambiante orden mundial?🎙 Un episodio para comprender mejor la relación entre América Latina, la geopolítica global y los conflictos internacionales.
La noticia sacudió a México y rápidamente se esparció fuera de sus fronteras: en una operación militar de alto impacto, fuerzas del Estado mexicano dieron de baja al líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Rubén Oseguera Cervantes también conocido como el "Mencho". Más allá del simbolismo inmediato que tiene el abatimiento de uno de los capos más poderosos y temidos del hemisferio, este hecho abre una nueva etapa de conmoción política nacional e internacional en México ¿regresa la guerra contra el narco?
Este cartel es una de las más poderosas organizaciones criminales que operan en México, un agente delictivo transnacional con presencia en múltiples estados mexicanos, que controla rutas hacia Estados Unidos, redes financieras globales y capacidad paramilitar. Ante lo cual una eventual fragmentación ante este ataque a su cúpula, pudiera redefinir el mapa del narcotráfico en América del Norte, así como también desencadenar respuestas violentas en distintas zonas del país. Por tanto ¿se trata de un golpe estratégico que debilita estructuralmente al cartel? ¿O estamos ante el riesgo clásico de la “hidra”, donde la eliminación del liderazgo acelera la atomización y la violencia territorial?
Este episodio se produce en un contexto geopolítico más amplio, en la renovada ofensiva militar de Estados Unidos contra los carteles en el hemisferio americano. Washington ha endurecido no solo su narrativa, sino su operatividad táctica y ha ampliado designaciones, colaboración de inteligencia militar y ha presionado por mayor cooperación en seguridad. La frontera, el tráfico de fentanilo y la crisis de sobredosis han convertido al narcotráfico en un asunto de seguridad nacional para la Casa Blanca. Pero el impacto no es solo operativo. También es político. En México, la operación reabre el debate sobre la militarización de la seguridad pública, la soberanía y la relación bilateral. Temas que han estado tradicionalmente envuelto en reinterpretaciones, opacidad y matizaciones dentro de la retórica presidencial, tanto en la vocería de Claudia Sheinbaum, como en la de su predecesor Andrés Manuel López Obrador con su política de "abrazos y no balazos".
En este contexto cabría preguntarnos ¿qué cambia realmente tras esta operación? ¿El gobierno mexicano está redefiniendo una nueva guerra contra el narco? ¿qué riesgos traerá ante las respuestas de este incidente en la arquitectura de seguridad en el continente?
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco.
En los últimas semanas hemos examinado algunos discursos que dan cuenta del cambio profundo que vivimos en las relaciones internacionales. En este sentido, es necesario examinar la reciente intervención del Secretario de Estado Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2026. Un discurso en el que más allá de los aplausos y las reacciones inmediatas, parece marcar un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. Rubio, a diferencia del ofrecido el año pasado por el Vicepresidente JD Vance, enfatizó en la unidad transatlántica, los valores históricos compartidos y de la necesidad de que Occidente actúe con mayor determinación ante los grandes desafíos globales. Pero también dejó claro que el compromiso de Washington con sus aliados europeos ya no es indefinido, ni incondicional. Los EEUU seguirá liderando y siendo aliado principal, pero espera reciprocidad estratégica, mayor gasto en defensa y una alineación más clara frente a China, Rusia y los desafíos tecnológicos y energéticos del nuevo siglo.
Para analistas como Ian Bremmer, este tipo de discurso refleja la consolidación de una era de “geopolítica transaccional”, donde las alianzas se miden cada vez más en términos de intereses concretos. Desde otra perspectiva, voces como Fareed Zakaria advierten que la narrativa identitaria y civilizatoria puede reforzar la cohesión interna, pero también tensionar el delicado equilibrio de la alianza atlántica. Y en centros de pensamiento como Chatham House, se analiza el discurso como parte de una redefinición más amplia del liderazgo estadounidense en un mundo multipolar.
Lo que ocurrió en Múnich no fue solo una intervención diplomática más. Fue una señal sobre cómo Washington entiende el poder, las alianzas y la estructura institucional internacional en 2026. En este sentido, cabría preguntarnos ¿estamos ante una revitalización estratégica de Occidente o frente a una transformación unilateral —y quizá irreversible— de la política exterior de los EEUU?
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y conducción:
Xavier Rodríguez Franco
La isla de Cuba, desde 1959 padece una de las dictaduras más longeva del mundo. Y en la actualidad enfrenta uno de los momentos más desafiantes de su historia reciente. Y es que ante la implementación de la nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos, también conocida como la doctrina Donroe, el régimen castrista presenta severas dificultades para mantenerse en pie. Ya Washington ha declarado a La Habana como una “amenaza extraordinaria” para su seguridad nacional y en las últimas semanas ha endurecido las medidas económicas y diplomáticas para presionar al gobierno que dirige Miguel Díaz-Canel.
La escasez de combustible, la pobreza y el efecto inmediato de la extracción militar de Nicolás Maduro en Venezuela, ha supuesto en Cuba un colapso energético y económico generalizado, afectando servicios básicos, transporte, telecomunicaciones y la vida cotidiana de millones de cubanos. Situación que ha obligado al propio régimen a reconocer la severidad de la presión externa, la gravedad de la crisis y hasta la comisión de errores internos del gobierno. Todo esto ocurre al tiempo que distintos expertos en la región y políticos en Washington —incluidos legisladores republicanos— hablan abiertamente de acelerar el fin de la dictadura.
Para el Secretario de Estado de los EEUU Marco Rubio, como cubano estadounidense, la actual tutela política sobre Venezuela, la presión arancelaria sobre México y el cerco internacional alrededor de Cuba, constituye una oportunidad histórica para inducir un cambio en el esquema político de la llave de las Antillas. En este sentido, ¿estamos en el preludio de un cambio de régimen en Cuba? ¿Cuál será el formato de este proceso político y qué precio podría pagar el pueblo cubano por él?
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco
El calendario electoral de este 2026 comenzó con la reciente elección de Laura Fernández en primera vuelta en Costa Rica. Unos comicios en los que más allá del contundente resultado a favor del partido oficial, destaca la solidez, transparencia y profesionalismo institucional del proceso costarricense tal como los confirma la observación electoral internacional. Y es precisamente en el papel que desempeña este acompañamiento técnico externo, es en donde queremos fijar nuestro análisis en este episodio de Mirada Semanal. Destacando su importancia para el mejoramiento de la integridad electoral de una región marcada por la polarización, el avance del extremismo y la sostenida desafección electoral de importantes segmentos de la ciudadanía.
Y es que además de Costa Rica, este año será decisivo para países con grandes niveles de conflictividad social, violencia política y permanentes tensiones institucionales como Colombia, Perú, Brasil o Haití, sin descartarse la posibilidad de una convocatoria electoral sobrevenida en Venezuela. Cabe destacar el caso de Brasil, la mayor economía del continente y una de las más influyentes diplomáticamente, celebrará comicios generales en octubre. Un proceso comicial que pondrá a prueba si la gestión de Lula Da Silva ha podido realmente recomponer el tejido social y superar el sectarismo, la corrupción y la crispación política del pasado recientes. También destaca el caso de Colombia, una nación con un historial reciente de conflicto interno, asesinatos políticos y debates profundos sobre paz y justicia, en el que sus ciudadanos votarán en mayo para elegir un nuevo presidente en medio de una feroz contienda política. Más al sur, Perú nación que acudirá a elecciones en abril en un contexto de alta volatilidad institucional, fragmentación partidista tras años de crisis institucional que han generado descontento generalizado y sostenido en el país andino. Sin embargo, el caso más crónico será el de Haití, el proceso electoral de agosto buscará reestablecer una mínima normalidad tras años de violencia entre pandillas, desplazados, pobreza y una crisis humanitaria continuada.
En virtud de la compleja agenda política que debe afrontarse en buena parte de los países de la región, la observación electoral resulta crucial. Especialmente para promover la transparencia, documentar irregularidades y ofrecer recomendaciones técnicas de lo que ocurre en cada etapa del proceso, desde la campaña hasta la comunicación de resultados. En un contexto regional donde el descrédito de la política ha alimentado teorías de fraude y desconfianza generalizada en el proceso electoral, la labor de observadores puede marcar la diferencia entre un resultado aceptado socialmente o uno que avive más las tensiones.
Para analizar este tema nos acompañó la Dra. Ana Claudia Santano. Doctora y Máster en Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Salamanca, España. Profesora de Derecho Constitucional, Electoral y Derechos Humanos en diversas instituciones de Brasil y América Latina. Coordinadora general de Transparencia Electoral Brasil. Una voz calificada desde la experiencia internacional quien nos ayudará a entender la observación electoral en tiempos de deterioro democrático.
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Invitada:
Ana Cláudia Santano
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco
La diplomacia de la región inicia este 2026 en un momento de grandes cambios geopolíticos. Un hemisferio signado por la fragmentación del orden liberal, el retroceso democrático, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, el retorno del proteccionismo arancelario y la politización de las cadenas de suministros. En ese contexto que hemos examinado en episodios anteriores, el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe celebrado recientemente en Panamá, pudiera consolidarse como un espacio clave para interpretar no solo las prioridades económicas de la región, sino también su posicionamiento estratégico frente a la pugnacidad de las grandes potencias. ¿Será este evento un nuevo Davos iberoamericano? Y es que ante la ruptura de las normas convencionales que estructuraba el orden internacional tradicional, resulta imperativo para buena parte de las cancillerías de la región retomar el fortalecimiento del multilateralismo y la coordinación de agendas de acción conjunta.Por tanto, este foro no tan solo resulta una plataforma de encuentro diplomático, sino de diálogo técnico entre sector público, empresarial y sociedad civil organizada. De alguna manera, su formato pone en evidencia la necesidad de las tensiones entre desarrollo y dependencia, entre autonomía estratégica e inserción subordinada que aún persiste en la economía global de nuestro tiempo. En la temática de sus discusiones giraron sobre financiamiento, transición energética, digitalización y gobernanza fiscal regional, en un marco de fuertes presiones internacionales entre actores extra-regionales y un gobierno de los EEUU que ha reforzado su presencia en el hemisferio de manera determinada, planteando una nueva correlación de alineamientos políticos.En este escenario, el Foro Económico Internacional no solo refleja debates económicos, sino que expone las disputas geopolíticas que atraviesan a la región y las limitaciones estructurales de su inserción internacional. Ante esta imperiosa necesidad de inserción y autonomía internacional, nos preguntamos ¿está América Latina y el Caribe utilizando estos espacios multilaterales para construir una estrategia geopolítica propia o sigue reaccionando de manera fragmentada a agendas impuestas por las grandes potencias? Por otra parte ¿puede el Foro convertirse en un punto de articulación entre desarrollo económico y autonomía política, que tenga la importancia del Foro Económico de Davos pero en Iberoamérica?Analistas:
Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraEdición y Conducción:Xavier Rodríguez Franco
El pasado 20 de enero, durante los discursos del Foro Económico Mundial celebrado en Davos Suiza, destacó el que fuera pronunciado por el primer ministro canadiense Mark Carney. Una intervención pública que despertó una gran repercusión y que en Mirada Semanal decidimos analizar, dada su relevancia geopolítica y del momento de redefiniciones que tiene el orden mundial tal como lo hemos conocido. Un orden internacional que con sus alcances y deficiencias, estuvieron basado por décadas en la preeminencia de unas reglas comunes. Un marco mínimo de entendimiento amparado por instituciones multilaterales hoy amenazadas por la inminencia de una ruptura ocasionada principalmente por la política exterior que conduce desde hace más de un año Donald Trump como Presidente de los EEUU.Una dinámica en la que las pautas comerciales se han utilizado al ejercicio de la subordinación y el uso de la integración económica como mecanismo de coerción. Un discurso particularmente saliente dado el contraste que le ha dado Carney a una postura canadiense habitualmente técnica y conciliatorio en eventos internacionales de esta naturaleza: el llamado es a la acción, no solo a la denuncia.Interpelando directamente a las llamadas potencias intermedias a actuar de manera conjunta, fortalecer su autonomía estratégica y a construir coaliciones basadas en valores compartidos y contrarrestar la coacción comercial y la fragmentación diplomática que ha acelerado la política exterior de Donald Trump. Palabras que adquieren relevancia tras las tensiones que han generado los EEUU sobre Groenlandia, Panamá, Venezuela y en especial Canadá. Asimismo la pugnacidad con China, la presión sobre las cadenas de suministros y las disputas comerciales y arancelarias alrededor del mundo. Un mensaje que además de reportar el desmoronamiento de una precarizada institucionalidad multilateral, plantea un liderazgo alternativo en una dinámica fragmentaria, contingente y cada vez más multipolar. En este sentido, en este episodio examinamos especialmente la región latinoamericana y las implicaciones que tendrá este cambiante orden internacional.Analistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraEdición y Conducción:Xavier Rodríguez FrancoAnalistas:Manuel Alcántara SáezMaría Puerta RieraEdición y Conducción:Xavier Rodríguez Franco.
Después de una larga espera, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur representa uno de los pactos comerciales más relevantes y más debatidos durante el últimos cuarto de siglo. Ambos bloques comerciales constituyen un mercado de más de 720 millones de personas y cerca del 25% del comercio mundial. Una circunstancia de gran aprovechamiento a ambos lados del Atlántico, ya que reduciría aranceles sobre más del 90% de los bienes intercambiados a la fecha, facilitando uno de los mayores flujos comerciales del planeta.
De hecho, a día de hoy la Unión Europea es el segundo socio comercial del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano se encuentra entre los principales socios de la UE en América Latina. El intercambio anual promedio de bienes supera los 80.000 millones de euros, principalmente de productos agrícolas, materias primas, automóviles, productos químicos y farmacéuticos. Europa exporta principalmente vehículos, equipos industriales y tecnología, mientras que el Mercosur vende carne bovina y aviar, soja, azúcar, etanol y minerales. El acuerdo prevé, por ejemplo, cuotas preferenciales para carne y productos agrícolas, y la eliminación progresiva de aranceles que hoy alcanzan hasta el 35 % en automóviles y más del 20 % en bienes industriales.
Sin embargo, más allá de los números, el acuerdo también regula servicios, compras públicas, propiedad intelectual y reglas sanitarias, con el objetivo de dar mayor previsibilidad a empresas e inversores. Para el Mercosur, esto podría traducirse en un acceso inmejorable a un mercado de alto poder adquisitivo y en un aumento de la inversión europea, que ya supera los 300.000 millones de euros acumulados en la región. Para la UE, por su parte se asegurar acceso preferencial a suministros estratégicos y reforzamiento de su presencia económica frente al avance de China en esta subregión.
Sin embargo, el acuerdo no está exento de polémicas. Las preocupaciones ambientales especialmente sobre el Amazonía y los acuíferos sudamericanos, destacan dentro de los temas recurrente de sus detractores, de igual manera los resquemores sobre los subsidios agrícolas europeos y la precariedad laboral sudamericana. Más allá de estas consideraciones este acuerdo Unión Europea y Mercosur no solo definirá buena parte de la geopolítica comercial por venir, sino que también será el epicentro del gran debate global entre libre mercado, multilateralismo y desarrollo sostenible. ¿Cuáles serían los alcances y oportunidades que plantea este acuerdo para el resto de la región?
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco
La extracción militar de Nicolás Maduro y Cilia Flores ejecutada por los EEUU el pasado 03 de enero, representa el inicio de una nueva fase política tanto en Venezuela como en el hemisferio. La llamada “Operación Resolución Absoluta" confiere sentido práctico a la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional y de momento ha producido una inestable dictadura interina liderada por Delcy Rodríguez, la Vicepresidente del régimen chavista, tras la captura y traslado de su jefe quien ha sido presentado ante la justicia en una corte federal en Nueva York, enfrentando cargos federales por tráfico de drogas entre otros.
Un evento que además de representar una ruptura con la legalidad nacional e internacional, sugiere la configuración de un nuevo orden hemisférico, en el que entre otros objetivos, se busca expulsar a las potencias extrarregionales del área de influencia de los EEUU, siendo Venezuela el primer teatro de operaciones de esta nueva doctrina Monroe 2.0. Todo lo cual, ha generado respaldos y también cuestionamientos a nivel internacional, reavivando viejas discusiones sobre la autonomía regional frente a las grandes potencias, así como también la obsolescencia de los organismos multilaterales para resolver por vías diplomáticas las crisis entre Estados y en especial para proteger efectivamente a sus ciudadanos.
A poco más de una semana de este evento, en Mirada Semanal examinamos las implicaciones nacionales, hemisféricas y geopolíticas de esta acción unilateral, así como la actualidad de las tensiones entre las distintas facciones armadas que han quedado en el territorio venezolano. Asimismo, las complejidades de la liberación de los presos políticos, las circunstancias de la vida económica del país y en especial las posibilidades de una transición democrática, que pareciera por los momentos como la última fase de esta nueva dinámica tutelar que recién comienza.
Analistas:
Manuel Alcántara Sáez
María Puerta Riera
Edición y Conducción:
Xavier Rodríguez Franco
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