Hoy nos vamos a la ópera, ¿por qué no? Y hemos tenido suerte, porque está programada La Traviata, de la que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que es la obra más popular del repertorio operístico, desde su estreno hasta hoy.
Con La Traviata, Verdi alcanzó un estilo maduro, con mayor hondura en la descripción de los personajes, mayor solidez en las construcciones dramáticas, y una orquestación más importante y rica.
Es una obra atípica dentro de la producción de Verdi, por su carácter realista. No nos cuenta grandes hechos históricos como Nabucco, ni está basada en tragedias como Macbeth, sino que es un drama psicológico de carácter intimista. Fue la primera ópera en la que los actores usaron trajes contemporáneos de la época (esmoquin y vestidos largos de dama, a la usanza francesa o inglesa), ya que hasta ese momento las óperas siempre usaban trajes históricos, correspondientes a siglos pasados o a otras civilizaciones (como ocurrió con Aida, en la que se usaron ropas del antiguo Egipto; Nabucco, del antiguo Israel, o Rigoletto, que evocaba la Italia del norte del siglo XVI). Fue, pues, una absoluta revolución.
Pero vamos a la sala que ya está sonando el Preludio del Acto I.