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En No me vengas con dramas, Alberto Castrillo-Ferrer nos presenta una propuesta teatral llena de humanidad, humor, sátira y una clara conciencia social. En esta ocasión, el actor y director recupera El proceso por la sombra de un burro, de Friedrich Dürrenmatt, y lo transforma en una pieza vibrante, con un conflicto nítido y una mirada crítica que dialoga con nuestro tiempo. Castrillo-Ferrer potencia la ironía del texto original y la lleva al terreno de lo cercano, construyendo un espectáculo que interpela al público, lo hace reír y, al mismo tiempo, lo invita a reflexionar sobre la absurda lógica que a veces gobierna nuestras sociedades.
Manuel Campo Vidal destaca la importancia de cuidar nuestros propios hábitos de comunicación para transmitir mejor los mensajes. Muchas personas comienzan sus intervenciones con muletillas como: “Bueno, pues… yo quería decirles hoy…” o incluso: “Bueno, pues, buenas tardes”.
Estas expresiones restan energía y diluyen el impacto inicial. Conviene limpiar el lenguaje y empezar directamente por la idea principal, sin ese “Bueno, pues”, que no aporta nada y debilita la entrada. Lo mismo ocurre al cerrar una intervención: es habitual escuchar discursos sólidos que pierden fuerza en la última frase.
Incorporar palabras emocionales y más vivas en nuestro discurso cotidiano en presentaciones, conversaciones o intervenciones públicas, hace que el mensaje resulte más cálido, cercano y memorable.
Pepa Fernández entrevista a Carmen Conesa, protagonista de El jardín de los cerezos"". La actriz destaca que la obra sigue recordándonos que “o cuidamos lo que tenemos, o lo perdemos”. Defiende que “el cambio es lo único que nos hace crecer" y afirma que afronta el paso del tiempo leyendo y cuidándose.
Conesa se define por su curiosidad: pinta, mantiene siempre un plan B y cree que la felicidad es una decisión. Incluso se ha interesado por la física cuántica y por cómo influye la energía del público en la interpretación.
La obra puede verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 12 de abril. La actriz adelanta también su próximo proyecto: Misery.
Vincenzo Germano es diseñador de sonido, bajista y contrabajista. Para componer, investiga y experimenta en un laboratorio sonoro donde confluyen la música electrónica, el jazz europeo y la improvisación contemporánea. “Buscar lo incómodo no es negativo, porque pueden surgir muchas cosas después”, asegura.
En No es un día cualquiera nos presenta su último trabajo, "Teatro Armónico’". “La música hecha de gestos es aquella en la que puedes ver la reacción física: las manos que caen sobre un clúster de piano o el cuello del clarinetista tensándose antes de emitir un sonido”, explica.
Su nombre artístico es Ópera 23: “El 23 es por mi fecha de nacimiento, y ‘Ópera’ porque es internacional y no cambia en ningún idioma”. Nos confiesa también: “Me gusta trabajar para lograr algo”.
Y deja una reflexión final que resume su filosofía creativa: “La creatividad en sí no existe; existe un proceso creativo, y hay que materializarlo”.
Los seres humanos pertenecemos a una misma especie y compartimos una misma realidad, pero siempre hemos sentido la necesidad de identificarnos con un grupo y diferenciarnos de los demás; en definitiva, de construir mundos culturales separados. Para José Antonio Marina, este impulso es un mecanismo de defensa que permite distinguir a los miembros del grupo de quienes percibimos como enemigos.
La pregunta de esta semana es: ¿qué antropólogo nos habló de esa extraña manera de entender el fútbol?
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