Ximena Sanz de Santamaría inicia el episodio de “No soy la Mujer Maravilla” con una confesión: tras casi ocho años de maternidad y una depresión posparto, quiere hablar de lo que “no se habla”. Describe la maternidad como un cambio irreversible y un duelo por la identidad, usando la metáfora de una flor cuyos “pétalos” (pareja, trabajo, amistades, familia, relación consigo misma, recuerdos y sueños) caen y renacen distintos. Expone la soledad, la culpa, el miedo, la presión social y de redes por hacerlo todo perfecto (cuerpo, lactancia, pareja, visitas, rendimiento laboral), y cómo esto favorece ansiedad y depresión. Resalta el valor del sostén espiritual y de una “tribu” (“it takes a village”), agradece apoyos clave y propone tres pasos: reconocer, nombrar y pedir ayuda.