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El miedo al fracaso, un tema central en la psicología y en nuestra cotidianeidad. Una conversación sincera y práctica sobre cómo enfrentamos el miedo al fracaso y su impacto en nuestras vidas, y cómo este miedo se manifiesta en la procrastinación, la evitación de desafíos y la autoexigencia extrema. Cómo la sociedad refuerza este temor, dificultando nuestra capacidad para asumir riesgos y, además, te comparto la "dieta del fracaso", una técnica para desensibilizarnos y aprender a convivir con el fracaso como parte integral de nuestra vida.
En este episodio podrás escuchar una reflexión profunda sobre el miedo al fracaso y su impacto psicológico, estrategias para identificar y superar la procrastinación y la autoexigencia, cómo la sociedad influye en nuestra percepción del fracaso, la técnica de la "dieta del fracaso": una herramienta práctica para enfrentarte a tus miedos y consejos para redefinir el fracaso.
No te pierdas este episodio si quieres aprender a manejar el miedo al fracaso y empezar a vivir con más autenticidad y menos miedo. Disponible en todas las plataformas.
Palabras clave: miedo al fracaso, procrastinación, crecimiento personal, psicología, éxito, podcast de psicología, autoayuda, cómo superar el miedo, manejo del fracaso.
Déjame tus preguntas anónimas y las contesto en el próximo episodio: https://ngl.link/danyblazquez
En esta tercera temporada de 'No tengo diván', estreno un formato nuevo en el que iré contestando a vuestras preguntas anónimas sobre psicología. Un formato más ameno e improvisado del habitual en el que me encontrarás por aquí algunos jueves.
En este episodio de 'No Tengo Diván', cómo poner límites de manera saludable sin perder la conexión con los demás. En la vida moderna, la importancia de establecer límites ha sido enfatizada como una herramienta para proteger nuestra identidad y salud mental, pero ¿qué pasa cuando esos límites se convierten en muros que nos aíslan?
A veces, nuestra obsesión por protegernos puede llevarnos al aislamiento emocional. ¿Es importante encontrar un equilibrio entre poner límites y ser capaces de ceder? ¿Aprender a establecer límites flexibles significa perder poder o podemos fortalecer así nuestras relaciones? En este episodio, encontrarás una reflexión sobre cómo los límites excesivos pueden sabotear nuestra capacidad de conexión y un enfoque práctico para poner límites de forma clara, flexible y respetuosa.
Palabras clave: poner límites saludables, psicología de los límites, salud mental, bienestar emocional, establecer límites, interdependencia, conexión humana, relaciones auténticas, ceder, flexibilidad en límites, cómo poner límites.
Los finales tienen siempre esa invitación envenenada a hacer balance del recorrido. No solo acaba, con este episodio, la segunda temporada de este rinconcito susurrado que hemos ido construyendo con el paso de los meses, sino que también acaba el año. Un año, el 2023, que empezó de la mano del ‘Diván’, como llamo ahora cariñosamente a este podcast. Porque sí, se acaba la temporada, se acaba el año y, además, este espacio está a punto de cumplir su primer aniversario.
Quizá este 2023 ha sido para ti un gran año o quizá estés deseando despedirte de él lo antes posible. No lo sé, de lo que sí estoy más seguro es de que, en muchas ocasiones, habrás echado la vista atrás, habrás hecho este balance del que estamos hablando, y te habrás lamentado de lo removido que te has encontrado todo o parte de tu alrededor: algunos vínculos rotos, otros desordenados, un propósito vital no muy claro, unas cuantas decisiones por tomar… En fin, un cuadro. Por eso, en este final de temporada, en este final de año, te quiero hablar de otra de mis teorías. Sí, recordarás la teoría de la pizza, ¿no? Que fue un éxito, por cierto. Bien, pues hablemos ahora de mi última creación, de mi recién desarrollada teoría de la lista de la compra.
El ser humano necesita un sendero preconcebido por el que caminar, aunque ese mismo sendero sea, en realidad, una oportunidad abierta para descubrirse a sí mismo. Necesitamos una meta que nos dirija, aunque esa meta sea la de cederle el espacio a la improvisación. Necesitamos un contexto que le dé sentido a cada cosa que hacemos, a aquello que experimentamos, a lo que pensamos y a todo lo que vivimos. Es decir, necesitamos tener un propósito.
¿Por qué es tan importante el propósito? ¿Qué impacto tiene nuestro propósito en la construcción de nuestra propia identidad? ¿Por qué su búsqueda a veces nos genera malestar y sensación de falta de control? ¿Cómo influye nuestro propósito en la manera en la que nos enfrentamos a las distintas circunstancias de nuestra vida?
Las personas anhelamos anticipar el futuro de una manera exagerada, y para ello creamos y construimos expectativas que, muy frecuentemente, se erigen como murallas imaginarias entre lo que es y lo que se desea que sea. Este acto cognitivo, aparentemente inofensivo, puede convertirse en una fuente de disonancia psicológica cuando las expectativas se ven desafiadas por la cruda realidad. Vamos, cuando las expectativas no se cumplen.
¿Por qué tenemos expectativas? ¿Es cierto que tienen un impacto real en nuestro comportamiento? ¿Qué ocurre cuando estas no se ajustan a la realidad? ¿Cómo podemos regularlas para que sean más fieles a nuestro contexto y a nuestros recursos?
Cuando hablamos de psicología, de las leyes que rigen nuestra conducta y de todo aquello que conforma la ciencia que trata de entender nuestro comportamiento, es inevitable recordar constantemente lo que somos: animales. Con el resto de especies tenemos muchas diferencias, pero también algunas similitudes, como por ejemplo la necesidad de conexión, la afiliación con otros de nuestros iguales que nos haga el camino un poquito más sereno, más amable, más bonito. Es un impulso arraigado, tan antiguo como la humanidad misma.
Es la necesidad de pertenencia la que nos invita a compartir espacio con el resto, a buscar ese lugar del que uno se sienta de verdad parte. ¿Qué significa estar conectado en un mundo lleno de individuos? ¿Cómo afecta la ausencia de pertenencia a nuestra identidad? ¿En qué medida influye esto en nuestra búsqueda de significado y propósito?
Si la vida fuera un baile, a veces nos sentiríamos atrapados en una melodía incesante de perfección, una búsqueda constante por cumplir metas que, en ocasiones, resultan inalcanzables. Crecemos bajo la creencia de que solo nos desarrollamos si nuestras acciones son… “perfectas”, o se parecen a la idea de perfección que tenemos, si cumplimos con los estándares que nosotros mismos nos exigimos. Pero en este camino no estamos solos. Estas metas que resultan tan difíciles de rozar son solo el resultado de un aprendizaje en el que nos han enseñado que los logros son el único motivo real para celebrar. ¿Por qué somos perfeccionistas? ¿Qué nos hace ser perfeccionistas? ¿Cómo podemos ajustar nuestras expectativas para que no sea tan frustrante no cumplirlas? ¿Cómo darle espacio a la imperfección?
Estoy convencido de que más de una vez has escuchado que el cerebro, tu cerebro, es la causa de muchos de tus males. Un desajuste de la serotonina, un chute de cortisol, una baja dopamina… Que si el cerebro te traiciona, que si tu mente te engaña… Una amígdala muy sensible, un córtex prefrontal que todavía tiene que madurar… En fin, toda una amalgama de circunstancias que señalan a una única culpable: tu cabecita.
Fíjate qué tramposo es esto: cuando señalamos a tu cerebro como responsable de tu malestar emocional, en realidad lo que estamos haciendo es separarte de él, como si fuera una entidad independiente de ti, como si tuviera vida propia y actuara con autonomía. No, tu cerebro no importa. O, mejor dicho, no importa tanto como crees, tu cerebro eres tú y tus circunstancias, tu cerebro es tu diálogo interno, lo que decides decirte, tu cerebro es un medio, solo un medio. Y te lo voy a demostrar en los próximos minutos.
Sé que a veces te sientes perdido o perdida. Como si caminaras por la vida en piloto automático, sin ningún rumbo fijo, sin ningún aliciente que te invite a vivir con ilusión y esperanza lo que está por venir, sin poder adivinar qué será lo próximo que te sorprenderá y te agitará, aquello que te hará sentir completamente vivo.
Esa sensación de estar perdido es una compañera inquietante en nuestro viaje. Se puede manifestar de diferentes maneras y en diversos momentos. Puede surgir cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles, cuando atravesamos momentos de cambio o cuando nos vemos inmersos en situaciones desafiantes.
Te das cuenta, ¿no? Acabo de definir la vida en sí misma, todas esas cosas a las que nos enfrentamos habitualmente, por el simple hecho de… vivir. Es una experiencia que puede arrasarte por completo, pero ¿qué me dirías si te dijera que quizá no estás tan perdido o perdida como crees? ¿Qué me dirías si te pudiera explicar por qué te atrapa esa sensación de bloqueo y cómo puedes abandonarla?
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