Los mercados de capitales de los países emergentes son como El Dorado de las inversiones institucionales. Una región exótica que ofrece grandes riquezas y múltiples peligros. En general, en ellos no hay piscinas llenas de cocodrilos ni nativos violentos, pero sí pobres prácticas contables, deficientes gobiernos corporativos, expropiaciones, devaluaciones de la moneda local y pasivos ambientales, más o menos ocultos, por decir lo menos.
Sin embargo, aquellos que hemos transitado a través de la pandemia, sabemos que hay riesgos inevitables, los cuales los inversionistas deben enfrentar con información y prudencia, ya que en la medida en que la economía se globaliza, las inversiones en los mercados emergentes son una parte ineludible del menú de inversiones.