David siempre encontró victoria sobre sus enemigos con la ayuda de Dios. A él le tomó tiempo y crecimiento espiritual para poder aprender a esperar en el Señor en cambio de tomar la justicia en sus manos. En el caso del Mesías, también sabemos que sus enemigos le quitarían la vida pero que al final serían avergonzados.
En el evangelio de San Juan 18:3 leemos “Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas.” Uno de los discípulos, tal vez el más brillante de todos, vendió el Mesías por avaricia. Y ahora se presenta con una turba entre los cuales estaba todos aquellos que deseaba quitarle la vida. Pero sabemos que el resultado final de aquellos eventos, fue una victoria poderosa que tiene implicaciones de carácter eterno. Jesus se convirtió en un vencedor. De la misma manera tu y yo podemos ser vencedores sobre todos nuestros enemigos. Especialmente sobre uno de los más grandes enemigos que es el Diablo, quien pierde su poder sobre nosotros cuando, con humildad pero confianza entregamos todos a Jesus en oración. ¿Tienes alguna batalla en la que necesites la victoria? Entregasela a Jesus hoy.