Se echaron suertes sobre los vestidos de Davida. Este procedimiento de echar suerte era común para la selección de una cosa entre 2 o más. Este método fue usado en la antigüedad por los paganos, por los hebreos y cristianos durante los tiempos bíblicos. Es evidente, según las Escrituras, que Dios aprobó este método, a lo menos para ciertos propósitos y en determinadas circunstancias, pero en el caso de David es una profecía para la vida del Mesías.
En el evangelio de Juan 19:23- 24 nos dice “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.” La costumbre romano era que cuatro soldados acompañaban al condenado hasta el lugar de la ejecución, a ellos les era permitido repartirse las ropas del crucificado. Es difícil determinar con exactitud cuáles son las cuatro prendas que los soldados romanos se repartieron entre sí, pero lo que sí dice la Escritura es que los soldados echaron suerte sobre la quinta prenda de vestir de Jesús que era su túnica de una sola pieza tejida a mano. Generalmente, las túnicas del sumo sacerdote se tejían en una sola pieza lo cual es un simbolismo de Jesucristo como nuestro gran Sumo Sacerdote. Este fue el único detalle dejado a la suerte, porque el resto del plan de salvación estaba garantizado por aquel que no puede mentir.