En este salmo David se regocija en saber que la fortaleza del pueblo de Israel era Jehová mismo. Pero esa fortaleza trae también bendición para los que no eran parte del pueblo. Las bendiciones de la naturaleza también los alcanza a ellos. Pero también Dios es el refugio del Ungido, que en este caso aplica a David mismo siendo él un tipo del Mesías venidero, quien tenía la misión de proteger y guiar al pueblo.
El apóstol Pedro nos ilustra este principio con mayor profundidad en 1 Pedro 2: 5-6 “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” Jesús, el Mesías es la seguridad de su iglesia pero está a la vez tiene la misión de ser seguridad y guía al mundo entero. Si Cristo es la piedra viva, nosotros también somos piedras vivas. Si él tiene un sacerdocio santo, nosotros también somos llamados a un sacerdocio santo. En el plan de Salvación el objetivo no es solo salvarnos, sino ayudar a otros a ser salvos. No es solo ser bendecidos por todo lo que Dios nos promete cuando nos sometemos a su gobierno, sino también ser bendición. ¿Has recibido a Jesus como tu salvador y has experimentado las bendiciones en tu corazón? ¿Has también experimentado las bendiciones al compartir tu experiencia de salvación con otros? Recuerda que allí está nuestra fortaleza y refugio.