Es propio de los hombres, que cuando ostentan un cargo de responsabilidad les cueste dejarlo. Incluso asumir ese cargo suele ser agradable, por la confianza que se le otorga al concedérselo, e incluso algunos lo piden o lo persiguen.
Existe un honor unido a un puesto de gobierno. Somos así, nos gusta ser valorados, contar con la estimación de los demás. Vivimos en sociedad y nos agrada ser reconocidos, contar con la valoración de los otros.
Esto sucede en todos los ámbitos, no solo en el político. Por eso uno se llena de alegría cuando ocupa un puesto de responsabilidad y le resulta costoso abandonarlo.