Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
Download on the App Store

Orden de traslado episodes

  • Mala mujer (Jorge Maldonado reinterpreta su éxito con La Sonora Matancera)

    Recordando tu querer

    Y pensando lloraba

    Mira que yo tengo que fe que yo nunca te olvidaba

    Mira que yo tengo que fe que yo nunca te olvidaba

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón, mala mujer

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón, mala mujer

    Pensaba que me querías

    Y tú nunca fuiste buena

    Las cosas que me decías

    Sabiendo que me engañabas

    Las cosas que me decías

    Sabiendo que me engañabas

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón mala mujer

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón, mala mujer

    Con el amor no se juega

    El querer es la verdad

    Tantas veces he querido y ahora me toca llorar

    Tantas veces he querido y ahora me toca llorar

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Mala mujer, no tiene corazón

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón, mala mujer

    Ámala, ámala, ámala, ámala

    No tiene corazón, mala mujer.

    4 min
  • La tirana (Catalino "Tite" Curet Alonso, recitado por Sorayda Peguero Isaac)

    Según tu punto de vista

    Yo soy la mala

    Vampiresa en tu novela

    ¡ja!

    La gran tirana

    Cada cual en este mundo

    Cuenta el cuento a su manera

    Y lo hace ver de otro modo

    En la mente de cualquiera

    Desencadenas en mi

    Venenosos comentarios

    Después de hacerme sufrir

    El peor de los calvarios

    Según tu punto de vista

    Yo soy la mala

    La que te llegó hasta el alma

    La gran tirana

    Para mí es indiferente

    Lo que sigas comentando

    Si dice la misma gente

    Que el día en que te dejé

    Fui yo quien salió ganando

    Que el día en que te deje

    Fui yo quien salió ganando.

    1 min
  • Mi chinita me botó (Arsenio Rodríguez, en homenaje de René López)

    Mi china ayer me botó

    mi china ayer me botó

    porque pedía muchas cositas

    porque pedía la comidita

    porque pedía mucha yirita

    y por eso na´má me botó.

    Mi china ayer me botó

    yo me acostaba de madrugada

    me levantaba a medio día

    a recoger la yira mía

    y por eso na´má me botó

    Mi china ayer me botó

    Yo le pedía zapato limpio

    yo le pedía pa´to planchao

    yo le pedía la cadenita

    para lucirle a otras leitas

    y por eso na´má me botó

    Mi china ayer me botó

    1 min
  • Ligia Elena (Rubén Blades, interpretado por Marcela Joya y Klaus Mueller)

    Ligia Elena, la cándida niña de la sociedad,

    se ha fugado con un trompetista de la vecindad.

    El padre la busca afanosamente, lo está comentando toda la gente,

    Y la madre pregunta angustiada, ¿en dónde estará?

    De nada sirvieron regaños, ni viajes, ni monjas,

    ni las promesas de amor que le hicieran los niños de bien,

    fue tan buena la nota que dio aquel humilde trompeta,

    Que entre acordes de cariño eterno, se fue ella con él.

    Se han mudado a un cuarto chiquito con muy pocos muebles,

    Y allí viven contentos y llenos de felicidad.

    Mientras tristes, los padres, preguntan, "¿En dónde fallamos?"

    Ligia Elena con su trompetista amándose están.

    Dulcemente se escurren los días en aquel cuartito,

    Mientras que en las mansiones lujosas de la sociedad,

    Otras niñas que saben del cuento, al dormir, se preguntan,

    "¿Ay Señor!, y mi trompetista cuándo llegará?”

    Otras niñas que saben del cuento, al dormir, se preguntan,

    "¿Ay Señor!, y mi trompetista cuándo llegará?”

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá...

    Se escapó con un trompeta de la vecindad.

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    Se llevaron la niña del ojo e' papá.

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    "¿En dónde fallamos?", pregunta mamá.

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    Se ha colado un niche en la blanca sociedad...

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    Pudo más el amor que el dinero señor

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    ¡Qué buena la nota que dio aquel trompeta!

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    Eso del racismo, brother, no está en ná.

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    "¡Deja que la agarre!", nos jura el papá,

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.

    Ligia Elena está llena de felicidad...

    Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá…

    Mira doña Gertrudis le digo que estoy

    Pero es que mire a mí lo que más

    Me...

    a mí lo que mas me...

    A mí lo que mas me choca

    es que esa mal agradecida yo pensaba que me iba a dar

    Un nietecito con los cabellos rubios

    Y los ojos rubios y los dientes rubios así como… Froy Donahue

    Y viene y se marcha con, con ese tuza ay... ay... ay no…

    Ay esta juventud...

    Ligia Elena esta contenta y su familia está asfixia'a

    Ligia Elena esta contenta y su familia está asfixia'a

    4 min
  • Basilio, Primera Jornada, Cuadro II, La vida es sueño (Pedro Calderón de la Barca, en la voz de Astromostra)
    Ya sabéis, estadme atentos,
    amados sobrinos míos,
    corte ilustre de Polonia,
    vasallos, deudos y amigos;
    ya sabéis, que yo, en el mundo
    por mi ciencia he merecido
    el sobrenombre de docto;
    pues, contra el tiempo y olvido,
    los pinceles de Timantes,
    los mármoles de Lisipo
    en el ámbito del orbe,
    me aclaman el gran Basilio.
    Ya sabéis que son las ciencias
    que más curso y más estimo,
    matemáticas sutiles,
    por quien al tiempo le quito,
    por quien a la fama rompo
    la jurisdicción y oficio
    de enseñar más cada día;
    pues cuando en mis tablas miro
    presentes las novedades
    de los venideros siglos,
    le gano al tiempo las gracias
    de contar lo que yo he dicho.
    Esos círculos de nieve,
    esos doseles de vidrio,
    que el sol ilumina a rayos,
    que parte la luna a giros,
    esos orbes de diamantes,
    esos globos cristalinos,
    que las estrellas adornan
    y que campean los signos,
    son el estudio mayor
    de mis años, son los libros
    donde en papel de diamante,
    en cuadernos de zafiros,
    escribe con líneas de oro
    en caracteres distintos,
    el cielo nuestros sucesos,
    ya adversos o ya benignos.
    Éstos leo tan veloz
    que con mi espíritu sigo
    sus rápidos movimientos
    por rumbos y por caminos.
    ¡Pluguiera al cielo, primero
    que mi ingenio hubiera sido
    de sus márgenes comento
    y de sus hojas registro,
    hubiera sido mi vida
    el primero desperdicio
    de sus iras y que en ellas
    mi tragedia hubiera visto!
    Porque de los infelices,
    aun el mérito es cuchillo;
    que a quien le daña el saber,
    homicida es de sí mismo.
    Dígalo yo, aunque mejor
    lo dirán sucesos míos,
    para cuya admiración
    otra vez silencio os pido.
    En Clorilene, mi esposa,
    tuve un infelice hijo,
    en cuyo parto los cielos
    se agotaron de prodigios
    antes que a la luz hermosa
    le diese el sepulcro vivo
    de un vientre, porque el nacer
    y el morir son parecidos.
    Su madre infinitas veces,
    entre ideas y delirios
    del sueño, vio que rompía
    sus entrañas atrevido
    un monstruo en forma de hombre;
    y, entre su sangre teñido,
    le daba muerte, naciendo
    víbora humana del siglo.
    Llegó de su parto el día,
    y, los presagios cumplidos,
    porque tarde o nunca son
    mentirosos los impíos,
    nació en horóscopo tal,
    que el sol, en su sangre tinto,
    entraba sañudamente
    con la luna en desafío;
    y, siendo valla la tierra,
    los dos faroles divinos
    a luz entera luchaban,
    ya que no a brazo partido.
    El mayor, el más horrendo
    eclipse que ha padecido
    el sol, después que con sangre
    lloró la muerte de Cristo,
    éste fue, porque, anegado
    el orbe entre incendios vivos,
    presumió que padecía
    el último parasismo:
    los cielos se oscurecieron,
    temblaron los edificios,
    llovieron piedras las nubes,
    corrieron sangre los ríos.
    En este mísero, en este
    mortal planeta o signo
    nació Segismundo, dando
    de su condición indicios,
    pues dio la muerte a su madre,
    con cuya fiereza dijo:
    “Hombre soy, pues que ya empiezo
    a pagar mal beneficios”.
    Yo, acudiendo a mis estudios,
    en ellos y en todo miro
    que Segismundo sería
    el hombre más atrevido,
    el príncipe más crüel
    y el monarca más impío;
    por quien su reino vendría
    a ser parcial y diviso,
    escuela de las traiciones,
    y academia de los vicios;
    y él, de su furor llevado,
    entre asombros y delitos,
    había de poner en mí
    las plantas; y yo, rendido
    a sus pies me había de ver
    (¡con qué congoja lo digo!),
    siendo alfombra de sus plantas
    las canas del rostro mío.
    ¿Quién no da crédito al daño,
    y más al daño que ha visto
    en su estudio, donde hace
    el amor propio su oficio?
    Pues dando crédito yo
    a los hados, que adivinos
    me pronosticaban daños
    en fatales vaticinios,
    determiné de encerrar
    la fiera que había nacido,
    por ver si el sabio tenía
    en las estrellas dominio.
    6 min
  • Sol en Piscis (Olga Orozco, en la voz de Maruja Bustamante)

    (Los juegos peligrosos, XIV)


    Solamente los muertos conocen el reverso de las piedras.

    Solamente las piedras conocen el reverso de los muertos.

    Lo sé.

    A veces las estatuas vuelven a abrir en mí ciertas heridas

    o toman el color de las acusaciones que me impiden dormir.

    Pero hay pruebas que nadie quiere ver.

    Se atribuyen al tiempo, a las tormentas,

    a la sombra de pájaro con que los días se alzan o se dejan caer sobre la tierra.

    Nadie quiere pensar que hay muchas muertes por cada corazón.

    Tantas como muertos nos lloren.

    Tantas como piedras los sigan lamentando.

    Existe una canción que entre todos levantan desde los fríos labios de la hierba.

    Es un grito de náufragos que las aguas propagan borrando los umbrales/

    para poder pasar,

    una ráfaga de alas amarillas,

    un gran cristal de nieve sobre el rostro,

    la consigna del sueño para la eternidad del centinela.

    *

    ¿Dónde están las palabras?

    ¿Dónde está la señal que la locura borda en sus tapices a la luz del relámpago?

    Escarba, escarba donde más duela en tu corazón.

    Es necesario estar como si no estuvieras.

    He aquí el pequeño guijarro recogido para la gran memoria.

    De este lado no es más que un pedazo de lápida sin inscripción alguna.

    Y sin embargo desde allá es como un talismán que abre las puertas de mi vida.

    Por sus meandros azules llego a veces más allá de mis venas:

    cerraduras que giran contra la misteriosa rotación de los años,

    vértigos de contínuas despedidas que ahora me despiden a través/

    de mis lágrimas de entonces,

    hasta ser nada más que una cinta brillante,

    un fulgor que ilumina ese fondo de abismo donde caigo hacia el fondo del cielo,

    tan ávido como el tambor que invoca las tormentas.


    (...)

    8 min
  • ¿No te lo preguntás algunas veces? (Tracy K. Smith, en la voz de Yolanda Segura)

    [Parte I]


    Después de que oscurece, las estrellas brillan como el hielo,

    y la inmensidad que abarcan oculta algo elemental. No es Dios,

    exactamente. Es un ser de caderas estrechas, que relumbra, tipo Bowie:

    una especie de Starman o astro cósmico que flota y se sacude

    en sus ansias de hacernos ver. ¿Y nosotros qué haríamos, vos y yo,

    si pudiéramos saber a ciencia cierta que hay alguien que, entornando

    los ojos en el polvo, dice que nada se perdió, que todo sigue vivo

    a la espera de que vuelvan a desearlo con suficiente ímpetu? ¿Te irías,

    aunque sea por unas pocas noches, a esa otra vida en donde vos

    y ese primer amor de la que fuiste, sin saber el futuro eran felices?

    ¿Me pondría el abrigo y volvería a la cocina donde mamá y papá

    me esperan a la mesa, la comida caliente encima de la hornalla?

    Bowie no va a morirse nunca. Nada lo va a venir a arrebatar en sueños,

    ni a invadirle las venas. Y no va envejecer jamás. Igual que la mujer

    que perdiste, que siempre va a tener el pelo oscuro

    y la cara sonrojada, que todavía corre en dirección a una pantalla electrónica

    que cuenta los minutos, los kilómetros que quedan. Al igual que la vida

    en la que sigo siendo esa nena que mira por la ventana el cielo de noche

    y se imagina que un día va a tocar el mundo con las manos,

    por más que queme.

    2 min
  • Las peregrinaciones de Childe Harold, III, 88-9 (Lord Byron, en la voz de Michel Noher)

    ¡Oh astros! Poesía de los cielos,

    ya que se cifra entre sus hojas diáfanas

    el destino de imperios y de hombres,

    se puede disculpar que, en nuestro afán

    de grandeza, olvidemos lo que somos

    –simples mortales– y nos comparemos

    con ustedes, que son un bello enigma,

    e infunden en nosotros desde lejos

    tanto amor y tamaña reverencia

    que el poder y la vida, la fortuna

    y la fama, a su nombre han bautizado

    cada una su estrella. Cielo y tierra,

    se quedan quietos, pero no dormidos:

    dejan de respirar unos instantes

    como cuando en un rapto de emoción

    se nos corta el aliento. Y luego callan,

    como cuando nosotros nos sumimos

    en la profundidad del pensamiento.

    Cielo y tierra se quedan quietos: desde

    el altivo sitial de las estrellas

    al lago somnoliento y a la costa

    de escarpadas montañas. Así, todo

    se constela en enérgico vivir

    donde nada se pierde –ni un rayito

    de sol, ni un soplo de aire, ni una hoja–

    sino que cada cosa tiene parte

    y lugar y sentido en la Creación.

    2 min

About Orden de traslado

From the publisher's feed

Poemas en voz alta.