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Recordando tu querer
Y pensando lloraba
Mira que yo tengo que fe que yo nunca te olvidaba
Mira que yo tengo que fe que yo nunca te olvidaba
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón, mala mujer
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón, mala mujer
Pensaba que me querías
Y tú nunca fuiste buena
Las cosas que me decías
Sabiendo que me engañabas
Las cosas que me decías
Sabiendo que me engañabas
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón mala mujer
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón, mala mujer
Con el amor no se juega
El querer es la verdad
Tantas veces he querido y ahora me toca llorar
Tantas veces he querido y ahora me toca llorar
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Mala mujer, no tiene corazón
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón, mala mujer
Ámala, ámala, ámala, ámala
No tiene corazón, mala mujer.
Según tu punto de vista
Yo soy la mala
Vampiresa en tu novela
¡ja!
La gran tirana
Cada cual en este mundo
Cuenta el cuento a su manera
Y lo hace ver de otro modo
En la mente de cualquiera
Desencadenas en mi
Venenosos comentarios
Después de hacerme sufrir
El peor de los calvarios
Según tu punto de vista
Yo soy la mala
La que te llegó hasta el alma
La gran tirana
Para mí es indiferente
Lo que sigas comentando
Si dice la misma gente
Que el día en que te dejé
Fui yo quien salió ganando
Que el día en que te deje
Fui yo quien salió ganando.
Mi china ayer me botó
mi china ayer me botó
porque pedía muchas cositas
porque pedía la comidita
porque pedía mucha yirita
y por eso na´má me botó.
Mi china ayer me botó
yo me acostaba de madrugada
me levantaba a medio día
a recoger la yira mía
y por eso na´má me botó
Mi china ayer me botó
Yo le pedía zapato limpio
yo le pedía pa´to planchao
yo le pedía la cadenita
para lucirle a otras leitas
y por eso na´má me botó
Mi china ayer me botó
Rareza
tiene mi guajira
Rareza belleza
y sabor.
Ligia Elena, la cándida niña de la sociedad,
se ha fugado con un trompetista de la vecindad.
El padre la busca afanosamente, lo está comentando toda la gente,
Y la madre pregunta angustiada, ¿en dónde estará?
De nada sirvieron regaños, ni viajes, ni monjas,
ni las promesas de amor que le hicieran los niños de bien,
fue tan buena la nota que dio aquel humilde trompeta,
Que entre acordes de cariño eterno, se fue ella con él.
Se han mudado a un cuarto chiquito con muy pocos muebles,
Y allí viven contentos y llenos de felicidad.
Mientras tristes, los padres, preguntan, "¿En dónde fallamos?"
Ligia Elena con su trompetista amándose están.
Dulcemente se escurren los días en aquel cuartito,
Mientras que en las mansiones lujosas de la sociedad,
Otras niñas que saben del cuento, al dormir, se preguntan,
"¿Ay Señor!, y mi trompetista cuándo llegará?”
Otras niñas que saben del cuento, al dormir, se preguntan,
"¿Ay Señor!, y mi trompetista cuándo llegará?”
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá...
Se escapó con un trompeta de la vecindad.
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
Se llevaron la niña del ojo e' papá.
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
"¿En dónde fallamos?", pregunta mamá.
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
Se ha colado un niche en la blanca sociedad...
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
Pudo más el amor que el dinero señor
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
¡Qué buena la nota que dio aquel trompeta!
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
Eso del racismo, brother, no está en ná.
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
"¡Deja que la agarre!", nos jura el papá,
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá.
Ligia Elena está llena de felicidad...
Ligia Elena está contenta y su familia está asfixiá…
Mira doña Gertrudis le digo que estoy
Pero es que mire a mí lo que más
Me...
a mí lo que mas me...
A mí lo que mas me choca
es que esa mal agradecida yo pensaba que me iba a dar
Un nietecito con los cabellos rubios
Y los ojos rubios y los dientes rubios así como… Froy Donahue
Y viene y se marcha con, con ese tuza ay... ay... ay no…
Ay esta juventud...
Ligia Elena esta contenta y su familia está asfixia'a
Ligia Elena esta contenta y su familia está asfixia'a
(Los juegos peligrosos, XIV)
Solamente los muertos conocen el reverso de las piedras.
Solamente las piedras conocen el reverso de los muertos.
Lo sé.
A veces las estatuas vuelven a abrir en mí ciertas heridas
o toman el color de las acusaciones que me impiden dormir.
Pero hay pruebas que nadie quiere ver.
Se atribuyen al tiempo, a las tormentas,
a la sombra de pájaro con que los días se alzan o se dejan caer sobre la tierra.
Nadie quiere pensar que hay muchas muertes por cada corazón.
Tantas como muertos nos lloren.
Tantas como piedras los sigan lamentando.
Existe una canción que entre todos levantan desde los fríos labios de la hierba.
Es un grito de náufragos que las aguas propagan borrando los umbrales/
para poder pasar,
una ráfaga de alas amarillas,
un gran cristal de nieve sobre el rostro,
la consigna del sueño para la eternidad del centinela.
*
¿Dónde están las palabras?
¿Dónde está la señal que la locura borda en sus tapices a la luz del relámpago?
Escarba, escarba donde más duela en tu corazón.
Es necesario estar como si no estuvieras.
He aquí el pequeño guijarro recogido para la gran memoria.
De este lado no es más que un pedazo de lápida sin inscripción alguna.
Y sin embargo desde allá es como un talismán que abre las puertas de mi vida.
Por sus meandros azules llego a veces más allá de mis venas:
cerraduras que giran contra la misteriosa rotación de los años,
vértigos de contínuas despedidas que ahora me despiden a través/
de mis lágrimas de entonces,
hasta ser nada más que una cinta brillante,
un fulgor que ilumina ese fondo de abismo donde caigo hacia el fondo del cielo,
tan ávido como el tambor que invoca las tormentas.
(...)
[Parte I]
Después de que oscurece, las estrellas brillan como el hielo,
y la inmensidad que abarcan oculta algo elemental. No es Dios,
exactamente. Es un ser de caderas estrechas, que relumbra, tipo Bowie:
una especie de Starman o astro cósmico que flota y se sacude
en sus ansias de hacernos ver. ¿Y nosotros qué haríamos, vos y yo,
si pudiéramos saber a ciencia cierta que hay alguien que, entornando
los ojos en el polvo, dice que nada se perdió, que todo sigue vivo
a la espera de que vuelvan a desearlo con suficiente ímpetu? ¿Te irías,
aunque sea por unas pocas noches, a esa otra vida en donde vos
y ese primer amor de la que fuiste, sin saber el futuro eran felices?
¿Me pondría el abrigo y volvería a la cocina donde mamá y papá
me esperan a la mesa, la comida caliente encima de la hornalla?
Bowie no va a morirse nunca. Nada lo va a venir a arrebatar en sueños,
ni a invadirle las venas. Y no va envejecer jamás. Igual que la mujer
que perdiste, que siempre va a tener el pelo oscuro
y la cara sonrojada, que todavía corre en dirección a una pantalla electrónica
que cuenta los minutos, los kilómetros que quedan. Al igual que la vida
en la que sigo siendo esa nena que mira por la ventana el cielo de noche
y se imagina que un día va a tocar el mundo con las manos,
por más que queme.
¡Oh astros! Poesía de los cielos,
ya que se cifra entre sus hojas diáfanas
el destino de imperios y de hombres,
se puede disculpar que, en nuestro afán
de grandeza, olvidemos lo que somos
–simples mortales– y nos comparemos
con ustedes, que son un bello enigma,
e infunden en nosotros desde lejos
tanto amor y tamaña reverencia
que el poder y la vida, la fortuna
y la fama, a su nombre han bautizado
cada una su estrella. Cielo y tierra,
se quedan quietos, pero no dormidos:
dejan de respirar unos instantes
como cuando en un rapto de emoción
se nos corta el aliento. Y luego callan,
como cuando nosotros nos sumimos
en la profundidad del pensamiento.
Cielo y tierra se quedan quietos: desde
el altivo sitial de las estrellas
al lago somnoliento y a la costa
de escarpadas montañas. Así, todo
se constela en enérgico vivir
donde nada se pierde –ni un rayito
de sol, ni un soplo de aire, ni una hoja–
sino que cada cosa tiene parte
y lugar y sentido en la Creación.
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