Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • El retoque final (Olga Orozco, en la voz de María Onetto)

    Es este aquel que amabas.

    A este rostro falaz que burla su modelo en la leyenda,
    a estos ojos innobles que miden la ventaja de haber volcado a ciegas tu destino,
    a estas manos mezquinas que apuestan a pura tierra su ganancia,
    consagraste los años del pesar y de la espera.
    Ésta es la imagen real que provocó los bellos espejismos de la ausencia:
    corredores sedosos encandilados por la repetición del eco,
    por las sucesivas efigies del error;
    desvanes hasta el cielo, subsuelos hacia el recuperado paraíso,
    cuartos a la deriva, cuartos como de plumas y diamante
    en los que te probabas cada noche los soles y las lluvias de tu siempre jamás,
    mientras él sonreía, extrañamente inmóvil, absorto en el abrazo de la perduración.
    Él estaba en lo alto de cualquier escalera,
    él salía por todas las ventanas para el vuelo nupcial,
    él te llamaba por tu verdadero nombre.
    Construcciones en vilo,
    sostenidas apenas por el temblor de un beso en la memoria,
    por esas vibraciones con que vuelve un adiós;
    cárceles de la dicha, cárceles insensatas que el mismo Piranesi envidiaría.
    Basta un soplo de arena, un encuentro de lazos desatados,
    una palabra fría como la lija y la sospecha,
    y esa urdimbre de lámpara y vapor se desmorona con un crujido de alas,
    se disuelve como templo de miel, como pirámide de nieve.
    Dulzuras para moscas, ruinas para el enjambre de la profanación.
    Querrías incendiar los fantasiosos depósitos de ayer,
    romper las maquinarias con que fraguó el recuerdo las trampas para hoy,
    el inútil y pérfido disfraz para mañana.
    O querrías más bien no haber mirado nunca el alevoso rostro,
    no haber visto jamás al que no fue.
    Porque sabes que al final de los últimos fulgores, de las últimas nieblas,
    habrá de desplegarse, voraz como una plaga, otra vez todavía,
    la inevitable cinta de toda tu existencia.
    Él pasará otra vez en esa ráfaga de veloces visiones, de días migratorios;
    él, con su rostro de antaño, con tu historia inconclusa,
    con el amor saqueado bajo la insoportable piel de la mentira, bajo esta quemadura.

    5 min
  • Ventanas altas (Philip Larkin, en voces de Graciela Speranza y Marcelo Cohen)

    Cuando veo una parejita e imagino

    que él se la coge y ella toma
    píldoras o usa un diafragma,
    sé que es ese el paraíso

    que todo viejo soñó la vida entera:
    ataduras y prejuicios desechados
    como una cosechadora obsoleta, y/ los jóvenes
    deslizándose sin límites, ladera abajo,

    hacia la felicidad. Me pregunto si
    cuarenta años atrás, mirándome,/ alguien
    habrá pensado: Eso es vida;
    nada de Dios, ni de sudar de noche
    pensando en el infierno, ni de ocultar
    lo que opinas del pastor. Ese y sus
    amigos se deslizarán, maldita sea,
    libres como pájaros. Y de inmediato,

    más que en palabras, pienso en ventanas altas:
    el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
    el hondo aire azul, que nada muestra,
    y no está en ninguna parte, y es interminable.


    (Traducción de Marcelo Cohen).

    3 min
  • El poema del miedo (Antoine Emaz, en voces de Philippe Ollé-Laprune y Amalia Bautista)

    I.

    nos despertamos con él

    no lo tendremos bajo control

    sino hasta la noche

    comienza su agitación

    Miedo. Eso en lo que entramos al traspasar el umbral.

    da vueltas

    y nosotros en él

    perdiendo el equilibrio

    hecho nudo

    adentro

    como exprimido

    incluso las cosas comienzan

    a perder aplomo

    todo se ablanda

    uno se afana por salir

    de la zona de peligro

    o bien se hunde

    y se echa tierra encima

    alrededor

    adentro y a través

    como si hubiera permeabilidad

    y el de adentro

    se une al de afuera

    desaprueba

    y enfrente

    el cuerpo se queda inmóvil

    o si no el cuerpo es

    helada envoltura

    con el miedo moviéndose

    adentro

    el agua sube

    y la arena y la tierra en el agua

    uno calla

    en el lodo

    frío

    II.

    sentimos en la sombra

    a nuestro alrededor

    un movimiento más oscuro

    y lento

    la sombra nos acecha

    escrutamos sin ver

    sin saber qué nos espera

    avanzando a ciegas

    con miedo de perdernos

    presentimos

    el momento

    en que se derrumbará el fino caparazón

    lentamente construido

    cuando logramos escapar

    ya no queda nada que el miedo pueda

    destruir

    entonces

    a veces reímos

    cuando recorre el cuerpo

    loco y azotando la cabeza en las paredes

    no dormimos

    en cuanto los ojos empiezan a cerrase

    lo sentimos

    como agua que brota

    desde el fondo

    zozobramos en él

    no dormimos

    quién puede aguantar

    con el aire y la arena

    en la boca

    girando en la lengua

    asfixiantes

    quién puede decir

    con el agua

    en la boca

    lo que haría retroceder al agua

    III.

    Al amanecer, una fina llovizna.

    Al abrir la ventana, uno recibe en pleno

    una bocanada de agua y de

    tierra fresca.

    Al amanecer ya pasó lo más duro.


    (Traducción de Una Pérez Ruiz)

    6 min
  • En la región de los lagos (Joseph Brodsky, en voces de Dana Khromov y Katherine Bisquet)

    En los años que pasé en el país de los dentistas,

    cuyas hijas encargan sus regalos
    en Londres y cuyas apretadas tenazas
    se elevan a lo alto como banderas que saludan a una Muela del juicio sin dueño,
    yo, que escondo en mi boca ruinas más blancas que las del Partenón,
    espía, husmeador, quintacolumnista en una provincia podrida
    y, de diario, profesor de oratoria, vivía en un College
    situado junto al principal de los Grandes lagos, al que me habían llamado
    para tensar las venas a los adolescentes locales.

    Todo lo que escribía en aquellos años

    tendía inexorablemente a los puntos suspensivos.
    Me dejaba caer en la cama cada noche sin desabrocharme el traje. Y si alguna vez
    me ponía a buscar una estrella en el techo, ésta, obedeciendo a las leyes de la combustión,
    corría por mi mejilla hasta la almohada, antes de que yo alcanzara a imaginar un deseo.


    (Traducción de Jorge Ferrer)

    3 min
  • El interior de las rosas (Rainer Maria Rilke, en voces de Pablo Piceno y Florencia Madeo Facente)

    ¿Dónde hay, para este adentro,

    un afuera? ¿A qué herida
    colocarle esa gasa?
    ¿Qué cielos se reflejan
    en el íntimo lago
    de estas rosas abiertas,
    despreocupadas?
    Miralas, ahí tan sueltas en lo suelto,
    como si no pudiese
    derramarlas ninguna mano temblorosa.
    Apenas se contienen a sí mismas;
    muchas se permitieron
    llenarse hasta tal punto que rebalsan
    de su espacio interior, sobre los días
    que se clausuran cada vez más llenos
    hasta que al fin todo el verano
    se convierte en un cuarto,
    en un cuarto en un sueño.

    2 min
  • Amiga, muy amiga (Hilda Hilst, en voces de Larissa Selhorst y Mariana Spada)
    Amiga, muy amiga.
    Tristemente pensé en esos ojos tuyos tan tristes.
    Los hombres ya no te comprenden.
    La vida, vos misma la comprendiste muy bien.
    Tu gran deseo de cosas nuevas
    desapareció en el listado de las cosas viejas.
    Tu amor por él se transformó
    en un amor más grande: amor por todo lo que se extingue.
    Nunca fuiste tan verdadera
    como en estos últimos días de valiente sumisión.
    Si la muerte no te amedrenta,
    terminá plácidamente, sin decirles adiós
    a tus amigos, terminá sin preparación para el final,
    terminá sin melancolía, terminá sin duelo.
    Y además... terminá así: en la convicción
    de que si no acabaras por resolución,
    la vida haría de vos, dulce amiga,
    refugio de los que ya no se entusiasman,
    apoyo de los hombres solitarios.
    Hoy es solamente hoy, pensá con alegría en el amor,
    pensá que los árboles están todos en flor: azules,
    amarillos, rojos. Pensá que vas a terminar
    en la desesperación de un día de sol…
    Pensá en aquellos que no son y nunca van a ser
    lo que vos sos ahora.
    Terminá además sin un llanto, sin tragedia,
    sin decirles adiós a tus amigos,
    terminá... sola.
    4 min
  • ¿Por qué grita esa mujer? (Susana Thénon, en las voces de Nosotras proponemos)

    ¿por qué grita esa mujer?

    ¿por qué grita?
    ¿por qué grita esa mujer?
    andá a saber
    esa mujer ¿por qué grita?
    andá a saber
    mirá que flores bonitas
    ¿por qué grita?
    jacintos
              margaritas
    ¿por qué?
    ¿por qué qué?
    ¿por qué grita esa mujer?

    ¿y esa mujer?
    ¿y esa mujer?
    vaya a saber
    estará loca esa mujer
    mirá
              mirá los espejitos
    ¿será por su corcel?
    andá a saber

    ¿y dónde oíste
    la palabra corcel?
    es un secreto
             esa mujer
    ¿por qué grita?
    mirá las margaritas
    la mujer
    espejitos
    pajaritas
    que no cantan
    ¿por qué grita?
    que no vuelan

    ¿por qué grita?
    que no estorban
    la mujer
    y esa mujer
    ¿y estaba loca mujer?

    Ya no grita
    (¿te acordás de esa mujer?)

    2 min
  • Brasil (Dani Zelko)

    Canción inspirada en “Poem (Á la recherche de Gertrude Stein)”, de Frank O’Hara.

    Letra, música, voz y guitarra: Dani Zelko.

    Voz y guitarra: Vero Mercado.

    Grabada en un mensaje de WhatsApp en 2020 en Buenos Aires.

    4 min
  • Traeme el girasol... (Eugenio Montale, en voces de Fabio Morábito y Paula Vázquez)

    Traeme el girasol para que lo transplante

    a mi terreno ardido por la sal;
    que muestre todo el día al azul espejeante
    del cielo la ansiedad de su rostro amarillo.

    Tiende a la claridad todo lo oscuro

    y los cuerpos se agotan en un fluir
    de tinta; ésta, en música. Es, por tanto,
    desvanecerse la mayor ventura.

    Alcanzame la planta que conduce

    adonde crecen transparencias rubias
    y como las esencias se evapora la vida:
    traeme el girasol loco de luz.

    2 min

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