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Or


Estoy cansada
Estoy harta de ver y de tocar
los dos lados de las cosas
Harta de ser el puente para todo el mundo
Nadie
puede hablar con nadie
sin mi ayuda ¿no?
Le explico mi mamá a mi papá mi papá a mi hermanita
mi hermanita a mi hermano mi hermano a las feministas blancas
las feministas blancas a la gente negra de la iglesia la gente negra de la iglesia
a los ex hippies los ex hippies a los separatistas negros los
separatistas negros a los artistas los artistas a los padres de mis amigos
Después me tengo que explicar a mí misma
a todo el mundo
Traduzco más
que las Naciones Unidas
Déjenme de joder
Estoy harta
Estoy harte de llenarles los espacios en blanco
Harta de ser su seguro contra
el aislamiento de las limitaciones que ustedes mismos se imponen
Harta de ser la loca en las fiestas
Harta de ser la rara en el almuerzo del domingo
Harta de ser la única amiga negra de 34 personas blancas
Búsquense otra conexión con el resto del mundo
Búsquense a otra que los haga sentirse legítimos
Búsquense otra manera de ser politizados y cool
No pienso ser el puente a su feminidad
a su masculinidad
a su humanidad
Estoy harta de recordarles que no se cierren
mucho por demasiado tiempo
Estoy harta de mediar con la peor versión de ustedes
en nombre de sus mejores versiones
Estoy harta
de tener que recordarles
que respiren
antes de ahogarse
en su propia boludez
Olvídense
Amóldense o ahóguense
Evolucionen o muéranse
El puente que tengo que ser
es el puente a mis propias fuerzas
Tengo que traducir
mis propios miedos
Mediar con
mis propias debilidades
Tengo que ser el puente a ninguna parte
salvo a la que soy de verdad
y entonces
voy a ser útil
Esta mujer sin expresión
unas pastillas para abortar y dice
Me mira con la boca abierta
para seguir huyendo de sus perseguidores,
que dice, mirándome serena,
Mis oídos
A pesar de mis lágrimas
mis ojos
que abrían
en trincheras,
y ciudades
que las mujeres.
al especialista,
al cirujano
me pedía paciencia.
Ya dejé de sangrar.
las venitas azules
del asombro
Me arrasan
del saqueo.
Cada vez que abro un libro tuyo, madre,
Cuando intento llorar y no me salen lágrimas,
A los que no te conocieron,
“El forzar la consciencia”, subrayaste en Panofsky,
Cinco meses
Tengo muy sucios los zapatos,
Una torta del día de los muertos,
Y sin embargo, en esa época,
Cada vez nos hablábamos
La pena es mucha. Madre,
No va a venir la democracia
Tengo el mismo derecho
Me tienen harto los que dicen
La libertad
Yo también vivo acá.
La lluvia del otoño cae en la casa.
Piensa que sus equinocciales lágrimas
“Es la hora del té”, pero la nieta
astuto. Como un ave, el almanaque
“Estaba escrito así”, dice la estufa.
Pero en secreto, mientras la abuelita
“Plantar lágrimas”, manda el almanaque.
Hace mucho, mucho tiempo, antes de convertirme en una artista afligida, atormentada por el deseo pero incapaz de establecer vínculos duraderos, era la gloriosa soberana que unificaba al fin un país dividido: eso me dijo la adivina que me leyó la palma de la mano. Te esperan grandes cosas por delante, o tal vez por detrás: es difícil decirlo a ciencia cierta. Y sin embargo, agregó, ¿cuál es la diferencia? Ahora sos una nena de la mano de una adivina. Todo lo demás son hipótesis y sueños.
Antepasados
hace tan poco que estamos acá
nos olvidamos de cómo era ser ustedes
nos acordamos de imaginarnos que lo que nos sobreviviría
y se acordaría del mundo como aparece ante nosotros
los matamos una y otra vez
devorando los bosques
y muriendo de eso
dejándoles a ustedes la mañana
en algún lado adonde nunca fui, más allá
tu mirada más mínima me abrirá fácilmente
primera rosa, o si querés cerrarme, yo y mi vida
nada que percibamos de este mundo se iguala con la fuerza
(no sé qué tenés vos que se cierra
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