Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Homenaje a Morente (Leonard Cohen, en la voz de María Cecilia Sánchez)

    Cuando escucho a Morente

    sé qué hacer

    Cuando escucho a Morente

    no sé qué hacer

    Cuando escucho a Morente

    la vida se me vuelve poco profunda

    para nadar

    Me zambullo pero no me hundo

    Me estiro pero no salgo a flote

    Cuando escucho a Morente

    sé que traicioné

    la solemne promesa 

    la solemne promesa que justificaba

    todas mis traiciones

    Cuando escucho a Morente

    se me acaba la coartada de la garganta

    se me termina la coartada del talento

    Con seis cuerdas de impecable desdén

    mi guitarra me da la espalda

    y yo quiero devolver todo

    pero nadie quiere nada

    Cuando escucho a Morente

    me entrego a mi imaginación enfermiza

    que ya hace mucho que se entregó

    a la Gran Voz de las Tabernas

    y a las Familias y a los Montes

    Cuando escucho a Morente

    siento humildad jamás humillación

    Ahora salgo con él

    de la oscuridad de lo que no pude ser

    y entro a la oscuridad de la canción que no pude cantar

    La canción que tiene hambre de terremoto

    La canción que tiene hambre religiosa

    Y lo escucho emprender la gran subida

    Escucho el Aleluya de Morente

    Su Aleluya asesino atronador sereno

    Lo escucho estar a la altura imposible

    Y clavarles a las ambigüedades comunes y corrientes

    los cuernos afilados

    de sus propias ambigüedades impensables

    Su grito la palabra perfecta arrojada

    contra la perplejidad de las contradicciones del corazón

    primero las combate y después las hace suyas

    las estrangula con celosa desesperación conyugal

    después la cuelga ahí debajo de su voz

    por encima de todos los techos resquebrajados

    la desilusión del cielo

    su voz que se escapó del barro de la esperanza

    y la sangre de la garganta

    y el estricto entrenamiento del cante

    después la cuelga ahí

    el Reino de Morente

    al que no entra en calidad de Morente

    sino de la gran Voz impersonal ungida

    de las Tabernas y las Familias y los Montes

    Y nos lleva con él

    tomándonos del dedo ensangrentado de la garganta de la solapa sucia

    Se lleva lo que queda de nosotros

    a su Reino el Reino de la Pobreza que él mismo fundó

    el único lugar donde queremos estar

    o haber estado

    donde podemos respirar el aire de la infancia

    el aire en gestación

    donde al fin no somos nadie

    donde no podemos ir sin él

    Larga vida a Enrique Morente

    Larga vida a la familia Morente

    a las bailaoras y cantantes

    a los discípulos de las Tabernas y las Familias y los Montes


    3 min
  • Sin título (Liz Howard, en voces de la autora y de María Mazzinghi)

    un poema para sentirse antigua en simultáneo con el casi vacío de nacer

    un poema para la mente quebrada de costado por la violencia de tal forma que ver bien sea siempre sospechoso
    un poema para las madres, las madres solteras, las madres enfermas, las madres muertas que todavía respiran en el aguante de sus hijos
    un poema para los hermanos
    un poema para los padres
    un poema para la salud
    un poema para el incendio en simultáneo del ártico y el amazonas
    un poema para seguir adelante cuando estás lista para darte por vencida
    un poema para los hijos y las hijas
    un poema para ser la del medio
    un poema para las segundas oportunidades y las oportunidades perdidas y para haberlo perdido todo
    un poema que no resuelva nada de nada
    un poema que de todos modos siga vivo

    3 min
  • Nada (Margaret Atwood, en la voz de José Luis Aparicio)

    Nada como el amor para devolverle

    la sangre al lenguaje,
    la diferencia entre la playa y sus
    distintas piedras y vidrios rotos, un duro
    alfabeto cuneiforme, la delicada cursiva
    de las olas; espinas y huevas líquidas, desierto
    y marisma, verde que vuelve de un salto
    de la muerte. Las vocales carnosas
    otra vez como labios o dedos arrugados, y los dedos
    juegan con las piedritas reblandecidas
    como se juega con la piel. El cielo
    no está vacío y allá lejos, sino que lo tenés
    acá nomás, contra los ojos, derretido, tan cerca
    que le sentís el gusto. Tiene gusto a
    sal. Lo que te toca es lo que vos tocás.

    1 min
  • Algunos árboles (John Ashbery, en la voz de Xel-Ha López Méndez)

    Éstos son sorprendentes: cada uno

    apareado a un vecino, como si el discurso
    fuera una inmóvil representación.
    Poniéndonos de acuerdo, por azar,

    en encontrarnos hoy por la mañana, tan distantes

    del mundo como en concordancia
    con él, vos y yo
    somos de repente lo que tratan los árboles

    de decirnos que somos:

    que su simple presencia
    tiene un significado: que muy pronto
    podremos tocar, amar, explicar.

    Y dichosos de no haber inventado

    semejante hermosura, vemos que nos rodean:
    un silencio poblado ya de ruidos,
    un lienzo del que emergen

    2 min
  • Poema para el hombre del fin du monde (Jack Gilbert, en la voz de Juliana Muñoz Toro)

    I

    Al principio
    había seis dragones marrones
    que se llamaban
    Sal, Sal, Sal, Sal,
    Bafflebar
    y Kenneth Rexroth.

    II

    Lo eran todo y eran idénticos y sin forma.
    Como lo eran todo, vivían, por necesidad,
    uno adentro del otro.
    Como no tenían forma eran, por necesidad,
    aburridos.

    III

    Entonces el cuarto dragón,
    que se llamaba Sal,
    se murió,
    o se aburrió
    y paró.
    Entonces llegó al mundo la angustia.

    IV

    Lo cual le molestó tanto al primer dragón
    que enrolló el cuerpo para hacer lugar
    y lo llenó de olmos
    y de paradiclorobenceno
    y de lunas
    y de peces llamados humuhumunukunukuapua’a.

    V

    Pero nada conservaba la frescura.
    Los olmos aburrían al invierno.
    Las lunas se hundían sin parar.
    Los humuhumunukunukuapua’a flotaban panza arriba en la pecera.
    Y el olor del paradiclorobenceno no se iba nunca.

    VI

    Así que el segundo dragón y el sexto
    decidieron ayudar
    y mostrar cómo había que hacer las cosas.
    Pero por algún motivo todas salían varones y mujeres.
    Y el mundo estaba en graves problemas.

    VII

    Alarmados, los dragones pararon.
    Pero era demasiado tarde.
    En todo el mundo, los hombres hablaban sobre los olmos.
    O hacían cálculos sobre la luna.
    O escribían canciones sobre los humuhumunukunukuapua’a.
    Y las mujeres estaban ahí sentadas, repitiendo sin parar lo absolutamente insoportable que les resultaba el olor del paradiclorobenceno.

    Si sos un dragón que no tiene nada que hacer, CUIDADO.

    3 min
  • Un viejo se va de la fiesta (Mark Strand, en la voz de Luis Pescetti)

    Cuando dejé la fiesta quedó claro

    que si bien yo pasaba los ochenta, todavía tenía
    un cuerpo hermoso. La luna relumbraba como acostumbra
    en tiempos de introspección profunda. El viento contenía
    el aliento. Y mirá, alguien dejó un espejo apoyado en un árbol.
    Después de asegurarme de que estaba solo, me saqué la camisa.
    Las flores de la yuca bajaron sus cabezas bañadas por la luna.
    Yo me saqué los pantalones, y volaron en círculos
    por sobre las secuoyas las urracas.
    Allá abajo, en el valle, el río seguía su curso.
    Qué raro estar en medio de la nada, yo solo con mi cuerpo.
    Sé lo que estás pensando. Yo alguna vez fui como vos.
    Pero ahora, que tengo ante mí tantas cosas, tantos árboles
    de color esmeralda, estos campos blanqueados de maleza,
    y montañas y lagos, ¿cómo no ser yo mismo y nada más,
    este sueño de carne, de a un instante por vez?

    2 min
  • Autorretrato en el espejo de madera de Daniel Rozin (Logan February, en la voz de Sofía Hinojosa)

    Pixelado moderno: de eso se trata esto.

    Distorsión moderna. Tus propias hileras
    de afecto motorizado, tus clics
    y tus clacs que le dan forma.
    Pero jamás va a tener forma:
    es un dispositivo mecánico de luz
    y sombra, no un reflejo sino
    una identidad astillada que captura la imitación.
    Es tu mano, recalibrada en una imagen
    de tu mano que firma ¿QUIÉN ANDA AHÍ?
    lo cual no es buena señal. A cada momento de
    esta vida, hay algo que te ve.
    Ese algo soy yo. Soy tu programador.
    Te cambio de tonalidad y me quedo en tus ondas
    de sonido. A imitar la canción, eso
    te lo enseño más adelante. Ya no vas a ser
    ningún chico para entonces. Vas a ser un monstruo
    completo. Rosa y verde y dorado que laten
    como la firma de calor de un bailarín.
    La imagen de la juventud derretida de un dios majestuoso.
    El tiempo excita el cuerpo como si fuera lluvia
    que cayó: ya no te veo. Después de todo, en realidad
    no hay futuro. Después de todo esto,
    la distorsión te invade con un ruido
    silencioso: marcha, tambor, aplauso.

    2 min
  • Carta revolucionaria nro. 7 (Diane di Prima, en la voz de Gladys González)

    hay personas que pueden enseñarte

    a fabricar cócteles molotov, lanzallamas, bombas o lo que sea
    que necesites
    andá a buscarlas y aprendé, definí
    con claridad el blanco, elegí tus municiones
    en función de eso

    no es buena idea andar con un arma

    o un cuchillo encima
    si no sabés muy bien cómo se usan
    no hay arma que no sea de doble filo, y te la pueden sacar y usar en tu contra

    hasta

    en la costa este
    es posible encontrar un descampado para afinar la puntería el éxito
    va a depender en gran medida de tu estado mental: meditá, rezá, hacé el amor, preparate
    para morir en cualquier momento.

    pero no te enrosques: esto

    no se gana con armas, son parte
    secundaria de la acción
    que tenemos que aprender muy bien, esto se gana

    con mantras, con el sustento que nos brindemos, la energía a la que nos conectemos

    (el hecho de tocar
    compartir la comida)
    el buda que hay
    en cada quien, amistad o rival, como un millón de lombrices
    excavando sus túneles debajo de este edificio
    hasta que al fin se caiga

    2 min

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