Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • *BONUS TRACK*: Frutos raros (Lewis Allan, en lectura e intervención sonora de Bárbara Togander)

    Los árboles del sur dan frutos raros:

    sangre en las hojas, sangre en la raíz.
    Cuerpos negros meciéndose en la brisa.
    Frutos raros que cuelgan de los álamos.

    Escena pastoril del sur cortés.

    Ojos saltones, boca retorcida.
    Aroma de magnolias, frescas, dulces,
    súbito olor a carne que se quema.

    Son frutos que los cuervos picotean,

    que recoge la lluvia y chupa el viento,
    que el sol pudre y que deja caer el árbol:
    una rara cosecha, y tan amarga.

    3 min
  • Congreso internacional del miedo (Carlos Drummond de Andrade, en voces de Jean Wyllys y Mónica Santino)

    Provisoriamente, no le cantaremos al amor,

    que se refugió más abajo que los subterráneos.
    Le cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
    no le cantaremos al odio porque eso no existe,
    existe sólo el miedo, nuestro padre y compañero,
    el miedo grande de los sertones, los mares, los desiertos,
    el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
    le cantaremos al miedo de los dictadores, al miedo de los demócratas,
    le cantaremos al miedo de la muerte y al miedo de después de la muerte,
    después moriremos de miedo
    y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y temerosas.

    2 min
  • Autorretrato con un montón de potencial (Chen Chen, en la voz de Carlos Andrés Baquero Díaz)

    Sueño con ser un día intrépido como un mango.

    Buena onda como un tomate. Sin piedad por mentones & camisas.

    Caigo en la cuenta de que detesto la palabra “sorbo”.

    Pero es lo único que hago.

    Tomar. Doy sorbitos lentísimos

    & digo que es para sentirle el gusto. Cuando en realidad soy malo para ingerir líquidos.

    No soy un mango ni un tomate. Soy un bostezo que perdió la práctica en un año que da mucho que hablar. Soy un altillo ártico.

    Vení a pasear & etcétera por el desorden polar resbaladizo.

    No soy el heterosexual fanático de la limpieza que mi mamá me crió para que fuera.

    Soy un gay que da sorbitos, & mi mamá depositó lo que le queda de esperanza en mis hermanos.

    Quiere que se traguen el mundo y escupan títulos universitarios, nietos responsables listos para masticar.

    Van a ser mejores que mangos, mis hermanos.

    Aunque me cuesta imaginar cómo sería eso.

    Mangos voladores, tal vez. Una cruza entre un mango y un tomate que es capaz de volar. Hijes hermoses.

    2 min
  • Cero más cualquier cosa es un mundo (Jane Hirshfield, en la voz de Elisa Díaz Castelo)

    Cuatro menos uno son tres.

    Tres menos dos es uno.

    Uno menos tres

    es lo que, es quien
    queda.

    La primera célula que aprendió a dividir

    aprendió a restar.

    Receta:

    ponerle sal al hambre.

    Receta:

    ponerles tiempo a los árboles.

    Cero más cualquier cosa

    es un mundo.

    Éste

    y no otro,
    revelado,
    cada respiración lo cambia.

    Receta:

    ponerle muerte a la vida.

    Receta:

    amar sin desviarse lo que venga.

    Hermana, padre, madre, esposo, hija.

    Como un cello,

    que perdona una nota
    y después otra.

    2 min
  • Para Grace, después de una fiesta (Frank O'Hara, en la voz de Alberto Carpio)

    No siempre percibís cómo me siento.

    Anoche, al aire cálido de la primavera, mientras
    yo le soltaba una diatriba incendiaria a alguien que no
    me
    interesa,
    lo que a mí me inflamaba era mi amor
    por vos,
    ¿no es raro? porque en habitaciones llenas de
    desconocidos mis sentimientos más tiernos
    se retuercen y
    dan el fruto de los gritos. Alargá la mano,
    ¿no aparece
    de repente un cenicero, ahí? ¿al lado
    de la cama? Y alguien que amás entra en la habitación
    y dice ¿no te
    gustarían los huevos un poquito
    diferentes hoy?
    Y cuando llegan son
    simples huevos revueltos y el tiempo se mantiene
    cálido.

    2 min
  • Chicos (Patti Smith, en la voz de Nona Fernández)

    No hay noticias

    sólo mi hija
    que alguna vez fue chica
    como ellos que miran las jirafas
    en el zoológico de Detroit
    en la primavera de 1992

    No hay noticias

    sólo pelo muy rubio
    una boina, un zapato
    una paleta suelta
    unas manos chiquitas, muy chiquitas
    corazones chiquitos palpitando

    No hay noticias

    sólo corderos en la nieve
    a los que se les cae la lana
    inocentes llorados
    que se alzan en la luz
    del amor, renacidos

    1 min
  • La correa (Ada Limón, en voces de la autora y Sofía de la Vega)

    Después del parto de las bombas y de los tenedores y el terror,

    de las armas frenéticas automáticas desatadas,
    de la lluvia de balas sobre la multitud tomada de la mano,
    del cielo bestial con las fauces de chapa abiertas
    que se tragan sólo lo indecible de cada uno de nosotros, ¿qué
    queda? Hasta al río escondido de ninguna parte lo envenena
    de naranja y de ácido la mina de carbón. ¿Cómo
    podés no tenerle miedo a la humanidad, querer lamer el lecho
    del arroyo hasta dejarlo seco, absorber el agua mortífera
    en tus propios pulmones, como un veneno? Lector, quiero
    decirte: No te mueras. Incluso cuando un pescadito plateado
    tras de otro aparece panza arriba, y el país se sumerge
    en un cráter crepitante de odio, ¿no queda todavía
    algo que canta? La verdad: no lo sé.
    Pero a veces te juro que la escucho, a la herida que se cierra
    como la puerta oxidada de un garage, y todavía puedo mover
    mis extremidades vivas por el mundo sin demasiado
    dolor, todavía puedo asombrarme de que la perra corra
    a toda velocidad por la calle al encuentro
    de cada camioneta, porque piensa que las quiere,
    porque está segura, sin el menor atisbo de duda, de que esas cosas
    que hacen tanto ruido también van a quererla, su pequeño y peludo ser
    desbordante de deseo de compartir su entusiasmo de mierda,
    hasta que tiro de la correa para salvarla porque
    quiero que sobreviva para siempre. No te mueras, le digo,
    y decidimos pasear un rato más, los estorninos
    febriles en el cielo, el invierno que viene a dejar
    su cadáver helado en este terrenito.
    Tal vez nos la pasemos arrojando nuestros cuerpos contra
    aquello que nos va a destruir, rogándole cariño
    al tiempo que acelera y que se va, y a lo mejor, entonces,
    como la perra que me sigue obediente, podamos pasear juntos
    en paz, al menos hasta que pase la próxima camioneta.

    6 min
  • Lo que es el trabajo (Philip Levine, en la voz de Alexis Iparraguirre)

    Estamos formados bajo la lluvia en una larga

    fila en Ford Highland Park. Buscando trabajo.
    Sabés lo que es el trabajo: si tenés
    edad de leer esto sabés lo que
    es el trabajo, por más que no trabajes.
    Olvidate de vos. Esto es sobre esperar,
    apoyarse en un pie, después el otro.
    Sentir la llovizna que te cae como rocío
    en el pelo, te nubla la vista hasta que creés
    ver a tu propio hermano más adelante, a unos diez
    lugares. Te restregás los anteojos con los dedos
    y claro que es el hermano de alguien más,
    con la espalda menos ancha que el tuyo, pero
    con la misma postura triste y encorvada, la sonrisa
    que no alcanza a esconder la terquedad,
    la triste negativa a ceder ante la lluvia,
    las horas malgastadas esperando,
    sabiendo que en algún lado más adelante
    espera un hombre que te va a decir, “No,
    hoy no estamos tomando gente”, por cualquier
    motivo que se le ocurra. Vos amás a tu hermano,
    ahora de repente apenas soportás
    el amor por tu hermano que te inunda,
    que no está al lado tuyo ni detrás
    ni adelante porque está en casa tratando
    de dormir un poco después del sufrido turno noche
    en la planta de Cadillac así le da tiempo a levantarse
    antes del mediodía para estudiar alemán.
    Trabaja ocho horas cada noche para poder cantar
    a Wagner, la ópera que vos más detestás,
    la peor música jamás inventada.
    ¿Cuánto hace que no le decís
    que lo querés, que no abrazás su espalda ancha,
    abrís los ojos grande y pronuncias esas palabras
    y a lo mejor le das un beso en la mejilla? Nunca
    hiciste algo tan sencillo, tan obvio,
    no porque seas demasiado joven o demasiado bobo,
    tampoco porque estés celoso o seas mezquino,
    ni siquiera incapaz de llorar adelante
    de otro hombre, no,
    sólo porque no sabés lo que es el trabajo.

    3 min
  • Libro I, Poema 11 (Quinto Horacio Flaco, en la voz de Paula Abramo)

    No preguntes, Leucónoe (pues saberlo no es lícito),

    qué fin a vos o a mí nos han dado los dioses,
    ni intentes consultar cálculos babilonios.
    ¡Cuánto mejor será soportar lo que venga!
    Ya Júpiter te otorgue numerosos inviernos
    o solamente el último, que ahora debilita
    al mar Tirreno contra las rocas de la costa,
    sé prudente, los vinos filtrá, y porque es breve
    el plazo no te hagas esperanzas muy largas.
    Huirá, mientras hablamos, envidiosa, la vida:
    cortá la flor del día sin creer en el mañana.

    1 min
  • Una historia de fuego (John Ashbery, en la voz de Diego L. García)

    Los escribas se hundieron en su asombro.

    No era el expediente jerárquico que se había
    abierto al público. Era algo
    mucho más maravilloso: una piedrita opaca en el pasto.

    Yo casi siempre estoy buscando

    temas que analizar para extender mis investigaciones
    a climas retrógrados de alienación y majestad meridianas.
    Uno de ellos, que se extiende un poco más lejos,
    resuena hoy con inusual franqueza:
    lo que pienso de la sinceridad
    desaliñada que todos habitamos
    en algún momento. Retirarse del sol de la tribu
    para habitar un remordimiento sin dudas intacto.

    1 min

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