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No bastan pequeños cambios o "restarts" si tu corazón no cambia desde adentro. Tú puedes hacer listas de propósitos, pero sin un cambio profundo, seguirás repitiendo los mismos patrones.
Dios tiene un plan para la segunda mitad de tu vida. La sabiduría acumulada es clave. Cuando alcanzas una madurez en la vida, dejas de intentar probarle algo a los demás. Ya no necesitas la aprobación de nadie.
Muchos han distorsionado la gracia de Dios. Se excusan en la misericordia divina para vivir como les da la gana, sin entender que la gracia no es licencia para pecar. Dios no busca una religión vacía, sino una vida transformada.
Cuando llegue el momento de estar delante de Dios, lo único que importará es si realmente creíste y viviste conforme a esa fe. No dejes que la hipocresía te robe la oportunidad de una vida auténtica y transformada por el poder de Dios.
El discernimiento no solo te ayuda a ver a Dios en las pequeñas cosas, sino que también te protege. Te ayuda a identificar lo que es genuino y lo que es engaño. Cuando tienes este nivel de conexión con Dios, comienzas a ver la vida de otra manera.
No te avergüences de tu fe ni permitas que las críticas te detengan. Jesús mismo enfrentó el rechazo, pero siguió adelante porque conocía su propósito. Tú debes caminar en libertad y con certeza de que Dios ya ha pagado el precio por ti.
La integridad no es solo hacer lo correcto cuando alguien te está viendo. Es vivir con la certeza de que Dios siempre te está viendo. Es vivir delante de Su presencia, sin doble cara, sin máscaras.
Vivimos en una sociedad irreverente. Es triste llegar a un punto donde no reconozcas a nadie delante de quien bajar tu rostro en reverencia. Bajar el estándar no acerca a la gente más a Dios. Ante Dios, debes tener un cierto temor, un respeto; pero es necesario que tengas también el corazón para acercarte. Es en ese balance que alcanzas la reverencia que se requiere para entrar en Su presencia.
Se requiere de tu compromiso. Dios se te tiene que revelar, pero tú lo tienes que reconocer y tienes que vivir para Él. Todo en tu vida debe decir: he tenido un encuentro con Dios.
Dios no tan solo tiene un lugar preparado para ti. Él te está preparando a ti para ese lugar. Caminamos día tras día, delante de la presencia de Dios. Tu meta debe ser vivir siempre delante del rostro de Dios.
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