No sé si os pasará a vosotros pero a muchos el primer problema que encontramos con las personas religiosas es su espiritualidad. Los que no nos sentimos tan espirituales como otros nos sentimos ajenos y extraños al discurso religioso. Parece estar en otro plano o elevación que no encaja demasiado con nuestras circunstancias y preocupaciones cotidianas. Esta apariencia que ha alejado a tantos también de la realidad de Dios está sin embargo muy lejos de lo que encontramos en los apóstoles en textos como este, donde se nos habla de una realidad física – difícilmente encontraremos una realidad más física que la del cuerpo del que se nos habla aquí. Y he querido empezar así porque tristemente cuando hablamos de estas cosas espiritualizamos demasiado, y las convertimos en algo tan abstracto, tan alejado de la realidad práctica, que acabamos por no entender la imagen que se nos da para comprender la iglesia. La iglesia se ha entendido siempre de muy diferentes maneras e incluso ya sólo en el mismo Nuevo Testamento se describe en diferentes términos. Una de las imágenes más repetidas es la de un reino, que no se limita por supuesto a una nación. También se describe en términos de un edificio o como un matrimonio, pero la que vamos a ver hoy es la imagen de un cuerpo.
... Podcast de Jose de Segovia sobre Epístola a los Romanos, Cap. 12 4