Me temo que para la mayor parte de nosotros la idea del cielo no encierra nada demasiado prometedor, ¡tememos por el contrario que sea realmente aburrido! La idea tediosa con la cual desde niños hemos observado la perspectiva de la eternidad, a veces cantando sin fin, nos hace difícil comprender qué satisfacción puede esconder. Encima con ese murmullo del órgano y unos bancos duros, ¿quién aguanta así una larga reunión y no digamos toda la eternidad? La iconografía religiosa tradicional tampoco es que haya ayudado, porque desde luego esos angelitos regordetes, de gesto soporífero, resbalando sus dedos sobre las arpas y envueltos por esa atmósfera de nubes de algodón, resulta poco excitante, nada emocionante y menos aún entretenido. Yo me temo que muchas de las personas que tienen grandes objeciones, serias críticas y problemas intelectuales con la fe cristiana, en el fondo, en el fondo y detrás de todo lo que dicen, lo que realmente piensan es que esto es un rollo... ¡seamos claros! Y detrás de todas estas argumentaciones y explicaciones por las que aseguran no creer, de lo que están convencidos es de que desde luego esto no habría quien lo soportara. Mi tarea hoy no es nada fácil pero creo que la clave está en estas palabras de Jesús. Yo no sé en realidad mucho sobre el cielo. Seguramente en un sólo instante en la eternidad podría aprender mucho más de lo que sé ahora, pero lo que sí os puedo asegurar es que no va a ser aburrido.... Podcast de Jose de Segovia sobre Evangelio de Juan, Cap. 10 1-28