Si hay algo que diferencia al cristianismo de cualquier otra religión en el mundo es que, a diferencia de todas ellas, el cristianismo no trata de cómo obtener el favor de Dios. En el fondo todas las religiones tratan de conseguir estar en paz con Dios. El cristianismo de lo que trata por medio de todas estas palabras y estos milagros que estamos viendo es de cómo lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Porque la religión indudablemente lleva a esa gran decepción. Genera grandes expectativas y esperanzas de lo que podemos lograr, pero una y otra vez, los que recorren ese camino nos cuentan finalmente que no han encontrado la paz. Y es por eso que una y otra vez lo que tenemos que hacer es volver a ese viejo evangelio, el que nos habla de que es él el que tiene el poder para hacer lo que nosotros no podemos hacer. Este milagro del que vamos a hablar hoy nos habla de que todo es posible. Y los milagros, no lo olvidemos, son señales. El Evangelio de Juan utiliza siempre ese lenguaje cuando habla de los milagros que hacía Jesús. Eran señales y las señales, como vemos en los caminos y en las carreteras, apuntan y señalan a un lugar. Y en este caso, a quien apuntan, es a Jesús de Nazaret.... Podcast de Jose de Segovia sobre Hechos de los Apóstoles, Cap. 3 1-10