Jesús explicó a los judíos, con mucha sencillez, por qué sanaba en el día de reposo: «hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo». El argumento que ofrece, para aquellos que están dispuestos a considerarlo, es inapelable. El milagro que realizó en el estanque de Betesda fue porque vio que «allí estaba trabajando su Padre». Como hemos señalado anteriormente, la maravillosa sujeción de Cristo a Dios significa que él sigue de cerca a su Padre en todos sus hechos. La fuerza de su argumento, sin embargo, es que si Dios, que es el autor del mandamiento sobre el día de reposo, sanó ese día, entonces no se encuentra nada que objetar, pues él está por encima de sus propios mandamientos.