Durante unos cuantos días hemos compartido reflexiones sobre el bautismo y la tentación del Señor Jesucristo. Como vimos, el bautismo revela el fundamento sobre el cual Jesús va a construir su ministerio público. Este fundamento descansa sobre una relación de absoluta dependencia del Padre, mediada por el Espíritu, y una convicción de que el ministerio no existe para ganar el afecto de Dios, sino que es la expresión de una profunda relación de amor sostenida con él.
Lea ahora el texto que describe la segunda tentación de Cristo (4:5–6 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra).
Utilizando un camino similar al recorrido en la primera tentación, intente descifrar lo que está en juego en esta prueba. Recuerde que la propuesta contiene dobleces muy sutiles, que quizás no sean aparentes a primera vista.
Las tentaciones revelan el esfuerzo del diablo por desestabilizar el fundamento del bautismo, pretende llevar al Hijo a construir su vida pública sobre una base incorrecta. Como sabe todo buen constructor, si el fundamento de un edificio es defectuoso, el edificio también lo será. Por esto, resulta esencial que examinemos las bases sobre las cuales estamos trabajando, para asegurarnos que todo lo que apoyemos sobre ese fundamento goce de la mayor firmeza y estabilidad posible.
Por lo espectacular de la propuesta del diablo en esta segunda tentación hemos de creer que el pináculo del templo ofrecía un lugar privilegiado para impresionar a las multitudes que acudían al centro religioso. La dramática intervención de Dios le proporcionaría a Jesús la perfecta demostración del cuidado amoroso del Padre hacia su Hijo. ¡Qué sobresaliente manera de iniciar su ministerio público!
Es bueno que notemos el cambio de estrategia que utiliza Satanás. Habiendo Jesús citado la Palabra como regla de vida, el enemigo decide, ahora, utilizar la misma Palabra para su segunda propuesta. En esto vemos una apelación a la inocente convicción de que si algo puede ser apoyado con un texto bíblico indudablemente procede de Dios. Satanás, no obstante, nos muestra que la Biblia se puede usar para los propósitos más perversos. Hacia fines de la década de los setenta Jim Jones fue responsable del suicidio colectivo de casi mil personas, locura que sustentó con la Palabra de Dios. Del mismo modo, los comunistas confiscaban los bienes de las personas, citando un texto de Hechos: «La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común» (4:32).
La verdad es que es tan intenso nuestro deseo de demostrar que nuestros hechos son correctos que siempre encontraremos la forma de utilizar al Señor para avalar nuestro comportamiento, aun cuando claramente contradicen la Palabra. La persona sabia, sin embargo, no forzará la Escritura, sino que se someterá a ella y permitirá que ella la reprenda, exhorte y corrija cada vez que sea necesario.
«Señor, al igual que en la primera tentación, quiero discernir las verdaderas dimensiones espirituales de esta propuesta. Trae a la luz aquello que, por mi necia perspectiva humana, no podría ver. Revélame los verdaderos peligros escondidos en esta tentación. Amén.»