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Pedro Ruy-Blas es el gran cantante de jazz y de soul de la historia de nuestra música. Entre sus maravillosos últimos discos destacan “El americano”, del año 2014, y “Back to Soul”, de 2021, forjados desde la devoción por la mejor música popular del siglo XX, enraizado en los sonidos negros, del blues al soul y el jazz, y en la magia del swing y la torch song, donde se sienten la carne y el alma de uno de esos raros artistas capaces de inyectar sinceridad y profundidad, alegría y dolor tanto en Gerswhin como en Procol Harum, Bill Withers, Clyde Otis o el Dr. John. En exclusiva para Píntalo de Negro, escuchamos la deslumbrante recreación firmada por Pedro Ruy-Blas del clásico de los Isley Brothers “For The Love Of You”.
Village People fueron diseñados a medida por los productores y compositores franceses Jacques Morali y Henry Belolo, que también habían impulsado la carrera de Ritchie Family. Según cuentan, una tarde, Morali y Belolo caminaban por el Village neoyorquino cuando vieron a un tipo paseando por la calle con un disfraz de indio, con sus plumas y sus sandalias. Le siguieron hasta un bar de gays, donde trabajaba como bailarín encima de la barra, observado por un puñado de clientes ataviados al modo vaquero del Far West. Entonces, los productores contrataron a dos compositores que habían trabajado para The O’Jays y The Spinners y pusieron un anuncio para reunir un elenco apropiado para formar el grupo. Los recordamos hoy en Píntalo de Negro, en memoria de su líder vocal, Victor Willis, que murió el pasado 30 de junio con 75 años.
Smokey Robinson rozó la perfección en canciones como “My Girl” o “The Tracks Of My Tears”, que escuchamos hace unos días en Píntalo de Negro. Para redondear el sobresaliente, la cara B del single original (publicado el 23 de junio de 1965, hace sesenta años) es otra de las baladas más emocionantes de Smokey Robinson, “A Fork In The Road”, pequeña delicadeza barroca con un guiño al amante atormentado: “Si hay algo en lo que no estáis de acuerdo / Más vale que lo pienses bien antes de decirle adiós a tu amor / Porque puede que vuestros caminos nunca vuelvan a cruzarse / Asegúrate de tomar el mismo desvío / En la bifurcación del camino del amor…”.
En 1965, Smokey Robinson se encontraba en el pináculo creativo y comercial de su carrera, consolidado como el compositor y productor con más éxitos de la escudería Motown, autor de clásicos inmortales para, entre otros, Mary Wells (“Two Lovers”, “My Guy”), The Marvelettes (“The Hunter Gets Captured By the Game”, “My Baby Must Be A Magician”), Marvin Gaye (“Ain’t That Peculiar”) y, sobre todo, The Temptations (“The Way You Do The Things You Do, “You’ve Really Got A Hold On Me” y la excelsa “My Girl”, todas ellas incluidas en el álbum “The Temptations Sing Smokey”) y su propia banda, The Miracles, rebautizados Smokey Robinson & The Miracles en el que fue su séptimo LP, el deslumbrante “Going To A Go Go”, donde se escuchaba una de sus canciones inmortales, “The Tracks Of My Tears”.
Stephen Lee Bruner, Thundercat, es una bendita rareza en el universo del R&B del siglo XXI, quizá solo equiparable en cuanto a estilo, influencias y amplitud de su gama cromática musical con Kendrick Lamar, en cuyo aclamado “To pimp s butterfly” (2015) participó como bajista, coproductor, vocalista y compositor. Thundercat se lo toma con calma, como el Nota de “El gran Lebowski”, y acaba de publicar un nuevo álbum, el primero desde 2020, el quinto desde su debut en 2011, que contenía esta bonita versión del clásico de George Duke “For love I come”.
Tim Drummond (1940-2015) empezó su carrera musical tocando la guitarra, pero debido a su devoción por los discos de Hank Ballard & The Midnighters, se pasó al bajo, un instrumento esencial en cualquier banda de rhythm and blues que se precie. De hecho, su primera colaboración estelar fue ni más ni menos que acompañando a la orquesta de James Brown en el álbum de 1969 Say it loud-I’m black and I’m proud, donde tocó el bajo en cuatro canciones como miembro de The Dapps, un septeto blanco que el propio Brown descubrió en un club nocturno de Cincinnati y a quienes fichó para la discográfica King Records.
Tenemos que dedicarle hoy nuestro espacio al guitarrista y cantante James Blood Ulmer, que falleció el pasado 3 de junio, a los 86 años. Algunos le definieron como el eslabón perdido entre Wes Montgomery y Jimi Hendrix, pero Ulmer fue mucho más, un pionero rabiosamente independiente, que fusionó funk y jazz con enrome audacia. Entre sus álbumes más celebrados se cuentan joyas de la categoría de “Are You Glad To Be In America” (1980) o “Black Rock” (1982), además de interesantes colaboraciones con leyendas del free jazz y el jazz espiritual como Ornette Coleman y Pharoah Sanders.
Los músicos jamaicanos siempre tenían el oído atento a las gemas del soul (Smokey Robinson & The Miracles, The Impressions, The Temptations) que escuchaban en la WNOE de Nueva Orleans o la WINZ de Florida, dos potentes emisoras que llegaban hasta sus radios a través del Caribe. Aquellas canciones suaves, profundas y adictivas fueron la principal fuente de inspiración de los grandes de la escena rocksteady, como el gran Alton Ellis, una de cuyas canciones dio nombre a este subgénero precursor del reggae.
La carrera artística de las hermanas Pointer empezó en la cima, en sus primeros discos en el sello californiano Blue Thumb, donde florecen rutilantes todos los géneros y subgéneros de la música negra, donde hay funk criollo de nueva Orleans, soul profundo y citas espléndidas al jazz y al swing más intoxicantes. Discos como “The Pointer Sisters”, de 1973, “That’s a plenty”, del 74 o el colosal “Steppin’”, de 1975. Entre los grandes momentos del segundo de estos discos destaca una hermosa balada escrita por Anita y Bonnie Pointer titulada “Fairytale”, que escuchamos en directo en el Grand Ole Opry de Nashville.
A Miles Davis le encantaban Jimi Hendrix, y Prince, con quien grabó decenas de cintas inéditas en los estudios de Paisley Park y una de cuyas canciones, “Movie star”, tocó en directo muchas veces. Además, adoraba las producciones de su amigo Quincy Jones para Michael Jackson. Nos vamos a despedir hoy de Miles Davis, con una de las que hizo suyas, “Human nature”, del álbum “Thriller”, producida por Quincy Jones. Miles murió en un hospital de Santa Monica, California, el 28 de septiembre de 1991, a por una hemorragia cerebral. Tenía 65 años. Su música sigue viva, cien años después de su nacimiento.
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