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En 1940, Glenn Miller triunfó con una canción titulada Pennsylvania 6-5000, que era y es un número de teléfono de la ciudad de Nueva York, concretamente del «Hotel Pennsylvania» en Manhattan, donde solía alojarse el músico. Fue una de las primeras canciones en las que, además de referirse a un número de teléfono, sonaba el propio teléfono. Una de las más memorables es esa gema del soul sureño interpretada por el cantante de Misisipi Garland Green, titulada “Jealous Kind of Fellow”, donde el protagonista llama a su novia para disculparse por haberle propinado un puñetazo a otro tipo del que se sentía celoso.
Hoy los teléfonos móviles se utilizan para casi todo, excepto para hablar por ellos, pero hubo un día, muchos, muchos años, en los que este aparato cuya invención se atribuye a Alexander Graham Bell, era esencial para comunicarse con otras personas. A principios y mediados de los años 60 del siglo XX, muchas canciones trataban sobre el tema. Incluso las había con un número de teléfono en su título. Por ejemplo, en el campo del soul, las maravillosas Marvelettes cantaban el tema “Beechwood 4-5789”, coescrito por Marvin Gaye, que también tocaba la batería.
“Mi maestro de piano odiaba el jazz. Para él, era música de drogados, música de fondo para películas de crímenes”.
Eso contaba nuestro admirado Jordi Sabatés, pianista, arreglista y compositor de formación clásica, nacido en 1948 en Barcelona, donde falleció el 11 de enero de 2022 por problemas cardíacos. Sabatés fue componente de Pic Nic con su amigo el guitarrista Toti Soler y con la cantante Jeanette. Luego fundó los míticos Jarka y colaboró en producciones del grupo OM, de Pau Riba, María del Mar Bonet y muchos más. Admirador de Miles Davis y Keith Jarrett, en los años 70 publicó siete magníficos elepés de jazz de fusión en el sello Edigsa, uno de ellos titulado “El senyor dells anells”.
Como aseguraba Kiko Helguera en un programa especial que le dedicó hace dos meses en Radio 3, Astrid Jones, actriz y cantante, es una de las figuras esenciales de la escena de las músicas negras en España. Astrid publicó en 2025 con su grupo The Blue Flaps su segundo y soberbio álbum “Shine”. Astrid Jones nació en Madrid, de padres ecuatoguineanos y mantiene en paralelo sendas trayectorias profesionales, como actriz y cantante, que se entrecruzan en muchos casos, como demuestran su interpretación de Josephine Baker en la serie de RTVE “El Ministerio del Tiempo” o su papel central en “Tina, el Musical”, dedicado a Tina Turner, que representa en el Teatro Coliseum de Madrid.
Dan Penn, uno de los músicos blancos esenciales en el desarrollo del soul, actuó el 6 de octubre de 2018 en el festival Soul 4 Real de Bilbao, su primera visita a nuestro país. Nacido en 1941 en un pueblecito de Alabama, Penn se acercó a la música negra al escuchar en su infancia los himnos góspel de las iglesias metodistas: “A la gente del sur siempre le gustó el blues, el blanco y el negro. Hubo un momento en que las cosas fueron bastante mal por aquí para los negros, pero en general había bastante cercanía entre los negros y los blancos. En algunas épocas fue malo, pero en otras no lo fue tanto. En nuestra época no estuvo mal. No había mucha gente negra por la zona de los estudios Muscle Shoals de Alabama, pero los que estaban allí eran muy amables y confraternizamos muy bien”.
En 2017, Aretha Franklin anunció su retirada de los escenarios. Ya entonces empezaban a ser palpables los signos de una salud deteriorada por una enfermedad (cáncer de páncreas) no revelada oficialmente hasta después de su muerte. El 16 de agosto de 2018 se confirmó la triste noticia: desde entonces, el soul llora de orfandad porque Aretha Franklin, la genuina Lady Soul, había muerto en su domicilio de Detroit.
Años antes, en 1998, Aretha asistía a la ceremonia de entrega de los Grammy cuando alguien comentó que Luciano Pavarotti, a quien se esperaba para cantar en directo el aria “Nessum Dorma” de Puccini, no iba a poder hacerlo por encontrarse enfermo. Le pidieron a ella que le sustituyera en esta legendaria pieza pensada para la voz de un tenor y Aretha Franklin salió a escena para bordar una de sus interpretaciones más memorables.
Fue exactamente en 1644 cuando Oliver Cromwell y su parlamento dominado por reformistas puritanos prohibieron en Inglaterra la celebración de la Navidad, que consideraban una tradición papista y derrochadora, y prohibieron también los festivales navideños en los que se cantaban villancicos, que hasta entonces habían sido tan populares que incluso el rey Enrique VIII había firmado la composición de alguno de ellos. La prohibición de la Navidad y de la interpretación pública de villancicos fue declarada nula en 1660, tras la restauración de la monarquía inglesa.
Quizá fuera la gran Aretha Franklin quien mejor y con más convicción y pasión interpretó el góspel y los himnos de Navidad desde la trinchera del soul. Por ejemplo, “Hark! The Herals Angels Sing”, un viejo villancico metodista inspirado en Mendelssohn, favorito suyo desde sus años de infancia. Sin embargo, Aretha tardó mucho tiempo en grabar un álbum entero de himnos navideños. Fue en 2008 cuando Aretha Franklin publicó una colección de villancicos, tres de los cuales produjo ella misma. Por supuesto, los llevó todos al territorio del góspel. Cuando intervino en el programa televisivo “The View”, Aretha interpretó el tema “Hark! The Herald Angels Sing” y adornó la palabra “Bethlehem” con texturas de blues profundo.
Berry Gordy, el fundador de Motown, que acaba de cumplir 96 años, estaba convencido de la importancia de contar con una banda estable para todas sus producciones, músicos experimentados, capaces de improvisar o sugerir ellos mismos los arreglos cuando los propios compositores los dejaban en el aire, como ocurría con frecuencia los primeros años de puesta en marcha del engranaje. Gordy encontró esos músicos en los clubes de jazz de Detroit, donde acompañaban a figuras del jazz como Hank Jones, Kenny Burrell o Yusef Lateef. No le resultó difícil convencerles de que firmaran en exclusiva con su flamante compañía: el circuito del jazz apenas daba para malvivir y el R&B y el soul se presentaban como la gallina de los huevos de oro, más en manos de un visionario que pretendía trascender las fronteras de la audiencia negra y convertir sus discos en el Sonido de la Joven América.
En la cúspide de la pirámide de Motown, Berry Gordy controlaba todo el proceso empresarial y artístico con mano de hierro, rodeado de un pequeño núcleo de hombres de negocios blancos y negros, entre los que destacaba Barney Ales, cuyas desavenencias con el gran capo a principios de los años 70 marcaron el principio del fin del esplendor de Motown. Gordy se reunía con ellos todos los viernes para planificar hasta el más mínimo detalle la estrategia comercial que marcaría la compañía durante la semana siguiente. En aquellos legendarios cónclaves se analizaban las cifras de ventas, se decidían los temas que habría de grabar cada grupo y cada solista, se contrataba a nuevos escritores, se hacían y deshacían liderazgos y se decidía la clausura o la continuidad de las distintas etiquetas subsidiarias de Motown.
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