
Sign up to save your podcasts
Or


En el Evangelio de la Misa (Mc 7, 24-30) contemplamos a Jesús que se conmueve ante la mujer cananea que le pide la curación de su hija. Aquella mujer alcanzó lo que quería y se ganó el corazón del Maestro.
El Señor, que había hecho al hombre a su imagen y semejanza (Gn 1, 27), quiso que participase en su poder creador, transformando la materia, descubriendo los tesoros que encerraba, y que plasmase la belleza en obras de sus manos. El trabajo no fue un castigo, ya que el hombre fue creado ‘ut operaretur’.
A Dios le es tan grato el cumplimiento del Cuarto Mandamiento que lo adornó de incontables promesas de bendición: El que honra a su padre expía sus pecados; y cuando rece será escuchado. Y como el que atesora es el que honra a su madre.
Después de la creación del mundo, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo enriqueció con dones y privilegios sobrenaturales, lo destinó a una felicidad eterna e inefable y ordenó su naturaleza de modo que naciera inclinado a asociarse y a unirse a otros en la sociedad doméstica y en la sociedad civil, que le proporciona lo necesario para la vida.
En este segundo domingo dedicado a San José podemos contemplar las virtudes por las cuales el Santo Patriarca es modelo para todos nosotros. La alabanza y la definición que San Mateo hace de él es: José, su esposo, como era justo...
Durante siete domingos meditaremos la vida de San José, el Santo Patriarca, quien tuvo a su cargo en la tierra a Jesús y María, y nos acogeremos a su patrocinio. San José, después de María, es el mayor de los santos en el Cielo.
La semilla, una vez sembrada, crece con independencia de que el dueño del campo duerma o vele, y sin que sepa cómo se produce. Así es la semilla de la gracia que cae en las almas; si no se le ponen obstáculos, si se le permite crecer, da su fruto sin falta, no dependiendo de quien siembra o de quien riega, sino de Dios que da el incremento.
La vida interior, como el amor, está destinada a crecer: “Si dices basta, ya has muerto” (S. Agustín, Sermón); exige siempre un progreso, corresponder, estar abierto a nuevas gracias. Cuando no se avanza, se retrocede.
Salió el sembrador a _;sembrar su semilla, nos dice el Señor en el Evangelio. Dios siembra la buena semilla en todos los hombres; da a cada uno las ayudas necesarias para su salvación. Nosotros somos colaboradores suyos en su campo.
Tito y Timoteo fueron discípulos de San Pablo. Obispos de Éfeso y Creta, respectivamente. Son los destinatarios de las Cartas llamadas "pastorales" del Apóstol. Timoteo nació en Listra, en Asia Menor, de madre judía y padre gentil y acompañó al Apóstol en muchas de sus tareas misionales como un hijo a su padre.
From the publisher's feed