Podcast Arbol de Vida

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By david saportasReligion & Spirituality
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  • El Mesías Según la Torá 9 - EL MESÍAS BEN YOSEF Y LA IDOLATRÍA
    EL MESÍAS BEN YOSEF Y LA IDOLATRÍA
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/23/el-mesias-segun-la-tora-9/
    La historia de Yosef HaTzadik, según es relatada en el libro del Génesis, nos enseña como a veces el plan de Dios pasa por hacer descender a los justos a lugares espiritualmente oscuros con el fin de rescatar de allí importantes “chispas” de santidad. Este principio lo encontramos en el Zohar y, muy especialmente, en los escritos del Ariza”l quien llegó a afirmar que todo el Tikún (rectificación) de los seis mil años de este mundo presente (Olam Hazé) depende precisamente del concepto “Birurim”, [35] la separación de las chispas de Santidad de los lugares oscuros de la Klipá, como se declara: “Y estos ‹reyes› [36] no serán terminados de rectificar hasta los días del Mesías, y (sólo) entonces serán rectificados por completo, y toda impureza será anulada, y este es el secreto de lo escrito: ‹Y la muerte será tragada› (Isaías/Yeshayá 25:8), y lo bueno de ellos será separado y se unirá a la Santidad que con el paso del tiempo se va separando poco a poco cada día. [37] Proceso que llegará a su culminación con la venida del Mesías(Ets Jayim 19:3 MT).
    En muchos casos es el mismo Creador quien provoca que lo santo descienda al lugar de las Klipot para que, de esta forma, cuando sean rescatadas para la Santidad arrastren consigo a las chispas que estaban allí y las rectifiquen. Este principio lo hallamos citado en muchos escritos, veamos algún ejemplo: “También pon Kavaná (concentración) en las letras ‹למשה Lemoshé, que son las iniciales de מזמור Mizmor – שיר Shir – ליום Leyom – השבת Hashabat›, (acción en la) que Moshé Rabenu se esfuerza con gran esmero y diligencia (en) todo érev Shabat, (se cuida) de subir todas las chispas de las neshamot que están (atrapadas) en las profundidades de la Klipá y (por sí solas) no pueden subir de ahí. Y Moshé Rabenu desciende todo érev Shabat, él y decenas de miles de neshamot (almas) de Tzadikim (justos). Para subir las neshamot” (Sha’ar Hakavanot, Drushé Kabalat Shabat 1). Todas estas palabras encierran misterios muy profundos y no pueden ser asumidas en su literalidad, pero nos ilustran sobre el citado concepto: que el Santo, Bendito sea, hace que los justos desciendan a regiones de oscuridad para elevar las almas que cayeron y se hallan atrapadas en las klipot. [38]
    El Arizal en su comentario del versículo: “Le dijo Paró (Faraón) a todo Egipto: id a Yosef, y haced todo lo que él os mande” (Génesis/Bereshit 41:55), cita un midrash en el que Yosef [39] manda circuncidar a algunos egipcios, pues supo por Rúaj Hakódesh que estas almas procedían de la generación del Mabul (Diluvio), y que en su día habian corrompido sus caminos con toda perversión. Por esta razón dichas almas tenían que ser rectificadas a través de la milá (circuncisión) para después (en un próximo guilgul) completar su tikún llegando a formar parte del pueblo de Israel dentro de la multitud mezclada o Éreb Rab (véase Sha’ar Hapesukim, parashat Mikets). Por todo ello, no es de extrañar que estos conceptos estén estrechamente vinculados al rol del Mesías, como nos dice el Ramjal en su comentarios a la Torá: “Y acerca del Rey Mesías fue dicho: ‹Y él fue profanado por nuestras transgresiones› (Isaías/Yeshayá 53:5) y esto es así por cuanto Él es un aspecto de la Maljut, y así como la Maljut está en el exilio, así su alma (del Mesías) va detrás de Ella (la Maljut que es la Shejiná). Mas esto es únicamente (en) el aspecto de la Maljut, y por eso fue dicho: ‹Y la tierra (de nuevo en alusión a la Maljut) estaba Tohu vabohu› (Génesis/Bereshit 1:2), y estas (el tohu vabohu) son las cuatro klipot a las que la Shejiná y el Mesías descienden. Pero en su aspecto de Tiféret [40] que sale de Ima, que es llamada Elokim, en ese aspecto sucede todo lo contrario (conforme a lo dicho) ‹Y el espíritu de Elokim sobrevuela las aguas› (Ídem), y desde allí ilumina (en su aspecto de Tiféret) a esta parte del alma de Mashiaj que está dentro de estas aguas malignas, pues no toda su alma se va al exilio sino solo la parte que es un aspecto del Maljut, y su parte que es el aspecto del Tiféret le da fuerzas. (Comentario del Ramjal a la Torá, Bereshit, Otsrot Ramjal pág.15).
    Ya los profetas anunciaron que el מב״י Mashiaj ben Yosef tenía que padecer y morir a causa de los pecados de Israel (véase Isaías/Yeshayá 53:5), pero esta muerte (además de física) conlleva también aspectos de carácter espiritual, pues el Mesías habrá de descender a un lugar llamado “Muerte” (Mavet), esto es, a la propia Klipá. Y este hecho estaría perfectamente ilustrado por el tipo de muerte a la que fue sometido cuando el Sanhedrín, “exilió” al Mesías del ámbito de Israel y lo entregó a la Klipá de Edom para ser ajusticiado (véase Mateo/Matai 27:2, entre otros), lo que supondría un sacrificio “fuera de la puerta” (mijuts lasha’ar) (Hebreos/Ibrim 13:12), hecho que implicaría una forma de sacrificio también al margen de lo prescrito en la Torá sobre los diferentes korvanot, y no como Isaac quien había de ser inmolado a manera de Korván Olá (véase Génesis/Bereshit 22:2).
    El propio Zohar corroboraría esta idea al afirmar que esta “muerte de orden espiritual” del Mashiaj ben Yosef se originaría al “investirse” dentro de la idolatría misma, siendo profanado y relegado entre los idolatras, como versa: “Por cuanto ellos (los hijos de Israel) te causaron (en referencia a Moshé) e hicieron contigo algunos bienes, tú sufriste por causa de ellos algunos golpes, para que no sea asesinado Mashiaj ben Yosef ¿Qué fue escrito a cerca de él?: ‹Y cara de toro en su izquierda› (Ezequiel/Yejezkel 1:10), que es descendiente de Yosef, qué de él fue dicho: ‹Primogénito de toro› (Deuteronomio/Debarim 33:17).Y para que no sea profanado él (el Mesías ben Yosef) y su descendencia entre los idolatras, pues por causa del pecado de Yerobam que hizo abodá zará, él tendria que ser profanado entre los idolatras, él y su descendencia, por cuanto Yerobam hijo de Nebat es de la descendencia de Yosef, y por causa de él (del Mesías ben Yosef) fue dicho de ti (en referencia a Moshé, como tipo profético del Mesías) (Isaías/Yeshayá 53:5): ‹Y él fue profanado (traspasado) por nuestros pecados (mejulal mipeshaenu) y por sus heridas fuimos sanados›” (Zohar Ki Tetsé 276b).
    El Ramjal (véase kinat HaShem Tzebaot) niega con vehemencia que lo enunciado en este Zohar: que el Mesías ben Yosef fuese profanado entre las naciones, haya llegado a ocurrir alguna vez pues, a tenor de lo dicho, los sufrimientos de Moshé han impedido que esto no tenga que suceder. Y sus palabras vinieron como respuesta a los seguidores del falso mesías Shabtai Tsbí (Siglo 17), quien acabo sus días convirtiéndose al Islam. Y este hecho fue interpretado por sus seguidores como el cumplimiento literal de las palabras del Zohar: que el Mesías ben Yosef sería relegado y profanado entre los idólatras [41]. Sin entrar en disquisiciones sobre si esto “pasó o no pasó”, no nos cabe la menor duda de que la idea de que el Mesías ben Yosef pudo ser profanado entre las naciones, es una enseñanza de los sabios. Llegados a este punto, debemos aclarar bien esta idea: los pecados (y el rechazo) de Israel harían que el מב״י Mashiaj ben Yosef sea relegado del ámbito de Israel para ser revestido en la Klipá de las naciones, haciendo que muchos de los conceptos que giran alrededor de Él se conviertan en nociones más afines a la idolatría que a la santidad.
    Esto no significa (Jas veshalom – Dios NO lo permita) que el mismo Mashiaj tenga que hacerse idólatra sino que desde el momento que Su Nombre cae en manos de los idólatras, estos hacen de Él una imagen de idolatría; y dicha “imagen” es nombrada por las naciones como “Jesús” y por los rabinos como “Yeshu”. A tenor de lo expuesto, debemos resaltar no solo que “Jesús” o “Yeshu” no son el mismo Yeshua, sino que dichos nombres (y el entretejido teológico creado a su alrededor) encarnan los conceptos más contrarios y lejanos al verdadero Yeshua que jamás que podamos llegar a imaginar. El considerar a Yeshua como un aspecto del Mesías ben Yosef no es algo ajeno a los Sabios de Israel, como nos ilustran las siguientes palabras: “Y (Yehoshúa) era ‹general de Ejército›, porque Mashiaj ben Yosef es el que hace guerra. Y Mashiaj ben David viene para hacer Shalom en el mundo y no guerra, al revés que Yeshu el Nazareno que dijo de sí mismo: ‹No vine a hacer shalom en el mundo sino guerra, pues ciertamente él era el secreto de Mashiaj Ben Yosef”. Sólo que no era el tiempo propicio, porque había ‹odio gratuito› (Sinat Jinam) en Israel, y por eso se corrompió, se apegó a él el Samej Mem (Satán) y lo destruyó y fue crucificado.
    Y después de explicar cómo Yeshu fue rechazado por su rabino Yehoshúa ben Perajyá dice: Sin embargo en la última generación Mashiaj ben Yosef no será rechazado porque se une con el Mashiaj ben David” (rabí David Vali: Séfer Halikutim pág. 242). Siguiendo esta línea, nos parece interesante la siguiente enseñanza de rabí Shimshón de Astrópoli, en su comentario al Séfer Karnaim (Dan Yadín), donde expone que el Mashiaj ben Yosef será quién finalmente “vencerá” al tal “Yeshu(a)”, como versa: “Y fue uno que tiró el palo” [42] (2 Reyes/ Melajim Bet 6:5- 6). Este ‹uno› es Yoná el profeta (que es un aspecto o tipo profético del Mashiaj ben Yosef) y הקורה hakorá (el palo), que es guematria 316, es ישו Yeshu (con el mismo valor numérico), por lo tanto es Mashiaj ben Yosef quien tira al palo. Y hay en esto secretos de secretos, misterios de misterios, y no estoy autorizado para expandirme en la explicación de ellos porque es un peligro”.
    Resulta fascinante como un milagro en apariencia intrascendente del profeta Elishá nos puede acercar a tan profundos misterios, llegándonos a revelar como el verdadero semblante del Mashiaj será el que derribe todos los falsos aspectos que de Él se han enseñado. Esta idea, de cómo la Santidad puede tener una imagen especular en la Klipá, no es para nada nueva en el las Escrituras, apareciendo este concepto a lo largo del Tanaj. Quizás el ejemplo paradigmático sea Esav, quien siendo el hermano mellizo de Jacob, encarna en su persona todos los conceptos de maldad e impureza contrarios al patriarca. El Ramjal nos enseña al respecto: “La raíz de todas las cosas es el asunto de que la ‹vara› se convirtió de vara (מטה maté) en serpiente (תנין tanín) y de serpiente en culebra (נחש najásh) (véase Génesis/Bereshit 7:10y15). Y es conforme a lo escrito: ‹Y pusieron su tumba con los impíos› (Isaías/Yeshayá 53:9). Y es la vestimenta del Mesías en las klipot. Y este conceto se aplica a las grandes neshamot (que son) cabezas de Israel, como ya escuchaste y son Moshé y los dos (aspectos del) Mesías que sobre ellos fue dicho (Isaías/Yeshayá 52:13): ‹He aquí mi Siervo obrará sabiamente” (Kinat HaShem Tzebaot parte II). “La ס״א sitrá ajará (el otro lado) tiene dos tiempos, uno cuando se encuentra subyugada por la Kedushá, y otro cuando es ella quien gobierna. Cuando se da esta última circunstancia, la Shejiná oculta su fuerza y se inviste en la sitrá ajará y, a causa de esto, el otro lado se fortalece”. [43] Y equivalente a esto (lo dicho en referencia a la Shejiná), está el Mesías, que es la Yejidá [44] que está preparada para coronar a los dos Mesías, que es también a veces el secreto de esta ‹bara›.
    Y entonces fue dicho (Salmos/Tehilim 110:2): ‹Vara de tu fortaleza enviará el Eterno desde Sión› y entonces ‹Governarás sobre tus enemigos›, y es el secreto de lo dicho (Números/Bamidbar 24:19): ‹Y gobernará desde Ya’akob o descendió de Ya’akov›. Pues en su lugar está el Mesías y con su fuerza gobierna a las naciones y eleva todos los birurim[45] necesarios. Mas cuando la vara se convierte (en serpiente), entonces Mashiaj es también gematría serpiente (Mashiaj/najash), y se le da el Tikún por otra vía, que vaya y se vista en las klipot, y se siente ahí preso en una cárcel de falta de luz y shefa (fluido sagrado). Y este es el sufrimiento de las enfermedades. Y te revelaré que esto es lo que dijeron (los Sabios) (Sanhedrín 98a): ‹Que está sentado a las puertas de Roma›. Y este es sin duda el asunto de ‹Y con los malvados puso su tumba› porque Moshé es el que tiene que rectificar a Israel limpiándolo del Erev Rav, y este es el berur (separación de lo santo y lo profano) que debe hacer, por eso está enterrado con ellos.
    Y dijo Rashbi en parashat Ki Tetsé, acerca del entierro de Moshé, que fue enterrado en una imagen que no le es digna (véase Zohar Ídem 280a). Fue enterrado en una imagen (Tsélem) que no le es digna, [46] y los Mesías (ben David y ben Yosef) tienen que estar en la puerta de Roma, y esto es para ellos su entierro, pues necesitan estar investidos dentro de la Klipá, y es la Klipá de Esav e Ishmael, que son las naciones que gobiernan sobre Israel, y tienen que subyugarse a ellos (a Israel) a través de estos dos Mesías. Mas hay Roma la grande y Roma la pequeña, y ahí se sientan los (dos) Mesías, uno en Roma la grande, y otro en roma la pequeña, y ahí hacen el Berur de las chispas que son necesarias para Israel. Y con su sufrimiento aligeran el dolor de Israel” (Kinat HaShem Tzebaot parte II). Sabemos que Roma es Edom, y Edom es descendiente de Esav. [47] Y Esav, escrito en la forma perfectiva עישו) véase Rashbam sobre Génesis/Bereshit 25:26), tendría incluso las mismas letras que ישוע Yeshua lo que no resulta casual a tenor de lo expuesto, pues existe una relación que podríamos calificar de “especular” entre el Mesías y Esav, el primero del lado de la קדושה Kedushá y el segundo del lado de la קליפא Klipá. Esav era rojijzo (Génesis/Bereshit 25:25) y también lo era David (1 Samuel/Shmuel 16:12). De Esav fue dicho: “Por tu espada vivirás” (Génesis/Bereshit 27:40) y también Yeshua dijo: “No he venido a traer la paz sino la espada” (Mateo/Matai 10:34) y a David le fue dicho: “No se apartará la espada de tu casa” (2 Samuel/Shmuel 12.10).
    Así pues, ambos pertenecen al lado del דין din (juicio) [48] y, desde ese flanco, el Mesías habrá de derrotar a Esav, como fue dicho: “Y subirán salvadores (מושעים moshi’im) al monte de Sión para juzgar al monte de Esav” (Abdías/Obadiá 1:21, véase 1:18). “Salvadores” (מושעים moshi’im), en plural, lo que haría alusión a ישוע Yeshua bajo Sus dos aspectos: como Mesías ben Yosef , y esta es la מ mem abierta pues Él ya ha sido revelado, y como ben David, que es la ם mem cerrada, aún por revelarse. Esav personifica la más oscura de todas las Klipot, la que podríamos calificar como Kéter de la Klipá (véase Prí Tzadik, Pekudei, 2). También resulta sintomático que dicho personaje esté simbolizado por el “cerdo” (véase Midrash Tehilim 120:6), que es el animal más impuro de todos, y esto hasta tal punto que en algunos libros antiguos (véase Ma’ayán Hajojmá pág. 147, Edición Ish Matslíaj) es considerado como la “Merkavá” (carroza) del ángel ס״מ Sámej Mem (esto es, el propio Hasatán), lugar donde estaría grabada la imagen del cerdo, y esta es la fuerza que mantiene la nación de Esav. El cerdo representa en sí a la Klipá en general, pues adopta un comportamiento sucio e inmoral además de su señal de impureza, pues no rumia. Y esto se correspondería con las tres klipot totalmente oscuras. A primera vista, este animal posee también una (engañosa) señal de pureza, al tener la pezuña hendida, y esta sería la (parte oscura de) klipat Nogá. “Cerdo” en hebreo es חזיר jazir, proviene de la raíz חזר jazar, que significa “volver”.
    De aquí infieren los Sabios que en un futuro este animal se convertirá en Kasher (véase Midrash Tehilim 146: 4 y Asará Mamarot, Jakur Din, parte 2, capítulo 17 y del Rama de Pano: Or Hajayim sobre los versículos acerca del cerdo en Parashat Sheminí), como fue dicho en el Midrash: “En el futuro, el Santo, Bendito sea, lo devolverá a Israel” (Midrash Tehilim Ídem). Este es sin duda un tema de interés, y necesitaríamos mucho más espacio para desarrollarlo en profundidad; en aras de la brevedad diremos que al igual que el Mashiaj, que es gematría Najash, tendrá que descender a las profundidades de la Klipá para rescatar de allí las “chispas” y devolverlas a Israel, de la misma manera Yeshua, que tiene las mismas letras que Esav, tendrá que estar en las puertas de Roma (Edom), llegando incluso a investirse dentro de esas “cáscaras” para poder rescatar de este modo las chispas que han caído en las más profundas tinieblas. Y aunque nos corresponde a nosotros identificar la naturaleza de este Tikún, cuanto más nos acercamos a Ajarit Hayamim (el fin de los días), más se vislumbra el hecho de que la imagen de Yeshua HaMashiaj se hallara investida en la imagen pagana de “Jesús” quien fue asimilado como la divinidad de Edom, (como ocurrió en su día con Yosef HaTzadik en Egipto) (véase Génesis/Bereshit 41:45).
    Y esto redunda en fuente de bendición para las naciones, como también vemos en las palabras del Yabets: “Por eso hay un lema en mi boca: (no como una adulación, Dios me libre) pues soy yo de los fieles de Israel y he sido conocido como parte del remanente de Israel que no hablará palabras falsas (lengua mentirosa) que el Notsrí (Yeshua) hizo un bien doble para el mundo, por un lado fortaleció la Torá de Moshé con toda sus fuerzas, y no hay uno de nuestros Sabios que hablara más de esto con boca llena de la obligación del cumplimiento eterno de la Torá, y por otro lado, a las naciones del mundo (si no tergiversan su verdadera intención para con ellos, como ya hicieron algunos necios, que no entendieron las intenciones de los escritores de los Evangelios). Que anuló la idolatría y quitó de en medio de ellos los ídolos y les obligó (a los gentiles) a cumplir las siete Mitzvot de Nóaj para que no sean semejantes a los animales del campo, y les ameritó (a los gentiles) con atributos éticos y morales. Y acerca de esto les fue muy estricto, más que la misma Torá de Moshé, como es sabido” (Carta del Yabets impresa al final de su comentario al Séder Olam).
    EL CONCEPTO LLEVADO A LA PRÁCTICA
    Toda luz intensa proyecta una definida sombra oscura, cuanto más al tratarse del Mesías, Quien es denominado “la Luz del mundo” (Juan/Yojanán 8:12), por lo que no es de extrañar que esta sabiduría de santidad tenga su equivalente en la vertiente de la impureza y siendo sinceros con nosotros mismos, hemos de reconocer que un mal uso de estos conceptos puede llegar a distorsionar los mismos pilares de la fe, [49] Lo que de nuevo nos lleva a preguntarnos: ¿qué se pierde el judío promedio al alejarse de estos conceptos? Pues si estos pueden llegar a ser un peligro ¿hay algún provecho en enseñarlos? Ante todo debemos saber que la Torá es santa, y que ninguna de sus palabras responde a un propósito meramente intelectual, pues cada una de sus enseñanzas tiene consecuencias prácticas en nuestra vida diaria. Por ejemplo, creer que Dios es uno y no tres, más allá de cualquier aspecto doctrinal implicaría un tipo de servicio divino determinado que a su vez redundaría en un estilo de vida concreto. Como consecuencia, el vivir diario de aquel que cree y asume los conceptos adecuados acerca de la Divinidad será tan distante del que no los cree como lo es el Cielo de la tierra; y me gustaría resaltar este punto:
    No basta con asumir las directrices espirituales correctas, sino que estas han de llevar a la persona a servir a Dios de una forma absolutamente renovada. Vosotros sois dioses Desde el albor de los tiempos, el hombre abrigó la espiración de ser como Dios. Debemos suponer que este “celo” por emular al Creador no fue siempre un impulso del todo altruista pues, debidamente distorsionado por “la serpiente”, sirvió como argumento para tentar a Javá, como fue dicho: “Pues sabe Dios que cuando comiereis de él seréis como Él, conocedores del bien y del mal”(Génesis/Bereshit 3:5). Y los sabios interpretaron el texto de la forma: “Seréis como Él: así como Él crea mundos también vosotros crearéis mundos como Él” (Tanjumá Tazriá). Y sabemos que “cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído” (Santiago/Ya’akob 1:14), luego este yetser (impulso) formó parte de la humanidad desde el principio. Sabemos que toda cualidad que puso Dios en el hombre puede ser usada para el bien (del lado de la Santidad) o para el mal (desde el lado de la impureza) (véase Eclesiastés/ Kohélet 7:14), y el deseo de “ser dioses” también presentaría esta ambivalencia.
    Desde el lado de la impureza lo vimos provocado por la serpiente (Najash) en el citado relato bíblico, y del lado de la Santidad alcanzaría su máxima expresión en el Mashiaj y, como se dijo, ambos comparten guematría 358. [50] Cuando Yeshua fue acusado de hacerse a Sí mismo Dios, les contestó: ¿No está escrito “Vosotros sois dioses? (Salmos/Tehilim 82:6). Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra (y la Escritura no puede ser quebrantada) ¿Al que el Padre santificó y envió al mundo vosotros decís: Tu blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre no me creáis. Mas si las hago aunque no me creáis a mi creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre esta en Mí y Yo en el Padre” (Juan/Yojanán 10:33- 38). Nos parece significativo que Yeshua no solo se aplicara a Sí mismo conceptos de divinidad sino que (como expresa el citado salmo) extrapolara esa misma realidad a todo el pueblo de Israel, concretamente en día del recibimiento de la Ley (“a aquellos a quienes vino la palabra”). Al respecto veamos la siguiente enseñanza del Leshem Shebó veajlamá: “Y Él, Bendito sea, nos perdone por (revelar estas) nuestras palabras, pues nuestra intención es solo en aras de Su Nombre y de Su Torá, pues todo esto es Su voluntad (expresada) en Su Santa Torá que nos dio para explicar el fin de Sus revelaciones y acciones que son de la eternidad hasta la eternidad:
    Y este es el secreto que todo salió y existió y fue hecho solamente por Él, y que todo depende solo de Él siempre, y como todo volverá al final solamente a Él mismo, pues solo esta es la intención final (el fin) de toda la existencia, que vuelvan todos a Él, tal como profundizó el Rambam en Moré Nebujim (Parte 1, capítulo 69 y Parte 3 capítulo 13). Y será su elevación (de toda la existencia) según el orden de las revelaciones con las que se reveló en el principio para que pudieran existir. Aunque en el principio todas Sus revelaciones fueron necesarias para formar los diferentes niveles (uno debajo de otro), y se hizo cada nivel superior oculto al inferior. Sin embargo en el final volverán a elevarse y a subir de nivel en nivel hasta que se incluya todo inferior en el superior y le iluminará (el superior) y se revelará a él (al inferior) hasta que se eleve todo (nivel) inferior con la misma elevación que el superior a través de que se incluya y se una a él, y será su elevación de nivel en nivel según ese mismo orden que se reveló desde el principio que son: La primera extensión del Or En Sof, que era en el principio solo Or En Sof simple en todo lugar, de igual manera (que este también es solo una revelación como ya explicamos), y después el Kav y el Tsimtsum, y después Adam Kadmón, y de ahí a las tres cabezas de Arij Anpín, y de ahí a Aba e Ima y de ahí a Zeir Anpín y Nukba y de ahí a los mundos de la división (Beriyá).
    De la misma manera será su elevación según este orden: de nivel en nivel, porque en los dias del Mesías en el final se elevarán (los mundos de la división) hasta Zeir Anpín y Nukbá (de Atzilut). Y esto es lo que dijeron en Babá Batrá 75b (citado arriba): ‹En el futuro los justos serán llamados por el nombre del Santo Bendito sea› y véase la explicación del Rashbam que dijo que será su Nombre YHVH (ADONAI) . Y esto será a través de su elevación que se elevarán hasta Zeir Anpín y Nukbá (pues la revelación del Nombre YHVH (ADONAI) es a nivel de Zeir Anpín, y esto será en el final de los días del Mesías que es el final del sexto milenio” (Leshém, Clalim 17:4 letra Yod Álef). Y al texto añadió la siguiente nota: “Y todo lo que será en el futuro es ahora en parte, como está escrito en Tana deBei Eliyahu capítulo 3 y en el Midrash Vayikrá Rabá 27:4. Y véase también Bereshit Rabá, capítulo 77 sobre el versículo: ‹No hay como Él (Dios) Yeshurún›, y dijeron ahí (está escrito) no hay como Él (Dios).
    Y (en otro lugar está escrito) quién como El: Yeshurún y es lo que dijeron en Meguilá 18a, que el Santo Bendito sea, llamó a Ya’akov El, y así está en Zohar (Ídem Toledot 138a). Y en las notas de Marju (Rabí Jayim Vital) ahí. De todas maneras esto que el Santo Bendito sea le llamó a Ya’akov: El (Dios), es una manera parcial del Tikún del futuro, pues todo lo que hay en el futuro, se encentra ahora parcialmente, y esto es también lo que dijeron en el Zohar: ¿Quién es el rostro de Hashem? Es Rashbi, y es parcialmente lo que se cumplirá en el futuro con todos los Tzadikim que serán llamados Hashem”. Y todo esto nos vendría a explicar que el Ein Sof al crear el mundo lo hizo de manera que las diferentes revelaciones y creaciones que salen de Él, estén a diferentes niveles, uno debajo de otro (esto es, desde El Or Ein Sof hasta el final del mundo de Asiyá) y el Tikún final se realizará cuando todas las creaciones se eleven de vuelta hasta el Ein Sof de donde salieron [51]. ¿Qué sentido tiene que el Eterno cree toda la existencia para que luego esta misma creación regrese a Él?
    Al respecto El Baal Haleshém nos explica (según el principio expuesto de que los mundos se elevarán de vuelta de nivel en nivel hasta llegar al Ein Sof de donde salieron) que cuando lleguen al nivel de la revelación del nombre YHVH (ADONAI) que es Zeir Anpín, entonces se cumplirá lo dicho: que los justos serán llamados con el nombre del Santo Bendito sea [52]. Y añade en una nota que los niveles que serán alcanzados en un futuro los podemos ya ver en nuestro tiempo de forma parcial, o totalmente adquiridos en realidades muy específicas. En varios lugares, el Mesías es presentado como “primicia” de lo que habrá de acontecer a todos los justos tras la resurrección de los muertos (1 Corintios 15:20). Hecho que nos inclina a pensar que muchos de los conceptos de Divinidad que ahora ostenta el Mesías serán compartidos en el futuro por el resto de los Tzadikim cuando sean elevados a su nuevo nivel [53]. Volviendo a las palabras del Maestro, podemos entender estas como una insinuación al nivel que en un futuro alcanzarán los Tzadikim, pero que en ese momento ya era aplicable a Él mismo, por lo que podía calificarse como “Hijo de Dios” [54], y que Él, en Su rol de Mesías, se presentó ante ellos como la “primicia” de este ulterior nivel. Pero elevarse a Sí mismo no es la única función del Mesías, pues debe elevar a Israel juntamente con Él, trayendo redención a todos los que creen. Con esto entendemos por qué aquel que cree en los conceptos de la Divinidad del Mesías, según lo son en la realidad, llegará a ser partícipe de ellos aquí en este mundo. Y después de esta necesaria introducción, pasaremos a explicar cómo se traducen en la práctica los conceptos de Divinidad y que significa ser parte de ellos. La unión con el Ein Sof.
    A la famosa pregunta ¿Cuál es el propósito de la creación del hombre? Respondió el Ramjal: “Y lo que nos enseñaron nuestros Sabios de bendita memoria es, que el hombre fue creado únicamente para deleitarse en HaShem y disfrutar del resplandor de Su presencia. Y cuando mires el asunto verás que la verdadera completitud, es únicamente el apego (debekut) a Él, Bendito sea” (Mesilat Yesharim capítulo 1). O, en las palabras del Arizal: “Cuando fue Su voluntad, Bendito sea Su Nombre, crear el mundo, para hacer bien a Sus creaciones, que conozcan Su grandeza y logren ser Merkavá arriba para apegarse (Lehidabek) a Él, Bendito sea” (Principio de Sha’ar Hakelalim). Así pues, el fin de la creación del hombre es que éste se apegue a su Creador, como también lo hallamos escrito en el Tanaj (véanse Deuteronomio/Debarim 11: 22 y 30:20, Josué/Yehoshúa 22:5, Salmos/Tehilim 73 y 27, entre otros muchos). Y ahora cabría preguntarse: ¿Qué es el apego (Debekut) al Creador? El Baal HaSulam, a lo largo de todos sus escritos (véase, por ejemplo: Talmud Éser Sefirot, Parte 1, Capítulo 1, letra Mem) nos dice que hablar de ‹apego› en el plano espiritual (en este caso, de la relación entre el hombre y su Creador) hacemos referencia a lo que él denomina “Igualación de la forma” (Hishtavut Hatsurá), es decir, dar una misma forma a los dos conceptos, en el momento que uno de ellos se deshace de su “forma” antigua para tomar la “forma” de la realidad espiritual a la que se quiere apegar. Y, en consecuencia, estos dos conceptos espirituales llegarían a ser como uno, en “apego” y “unidad” (Debekut veYijud).
    Y esta enseñanza sería similar a otra que ya citamos del Baal Haleshém, donde se dijo que los niveles espirituales se elevan a los niveles superiores y se unen a ellos por completo, igualando su forma a la de ellos. De la misma manera se explica ahí que cuando los Tzadikim igualen su forma a Zeir Anpín y Nukbá del mundo de Atzílut, es decir que se apeguen y se unan a ellos, dejando su antigua forma e igualándose a ellos, entonces serán llamados YHVH (ADONAI) . Y esto es una regla de universal cumplimiento: cuando el hombre se anula por completo (dejando su antigua forma), haciéndose una vasija capaz de amoldarse a la Luz Divina, pasa a tomar la “forma” de esa misma luz, llegando a igualarse con ella. Y este, llamémosle, “parecido” iría más allá de la simple similitud o afinidad espiritual, hasta alcanzar (como se dijo) un apego y una unión sobrenatural entre el hombre y el Creador. En el terreno práctico, esto sólo se cumple si el individuo es capaz de alcanzar un estado de “auto-anulación” (Bitul), dejando su “forma” antigua para tomar la “forma” de Aquél a quien desea apegarse. Y esta idea fue expresada por Yeshua de la forma: “El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, y tome su madero y (sólo entonces) sígame” (Marcos/Madai 8:34).
    Y esto aboliendo por completo su propio ego ante el Santo, Bendito sea, provocando que su “yo” (אני Aní) devenga en “nada” (אין ain), que son las mismas letras, y únicamente cuando el hombre es “nada”, deviene una vasija apta para que, aquel que es llamado “Ain” [55] se pose sobre él. En el momento en que el En Sof se asienta sobre tal persona, está deja de tener una personalidad y una voluntad propias. Desde ahora será un “espejo” de la Voluntad Divina en todos los niveles de su ser: pensamiento, vista, oído, habla, sentimientos y, por supuesto, en todas sus acciones. Y así, cualquier introspección de aquel individuo no será más que una revelación divina” [56]. Huelga comentar que llegados a esta cota (la de perfecto Tzadik) no sería susceptible ningún tipo de mal o de pecado, pues una vez alcanzada esta dimensión espiritual nos encontramos ante la revelación del propio Dios. Si pudiéramos llegar a imaginar (jas veshalom) a Dios como si fuese un hombre, pensaría, hablaría, y actuaría como el Tzadik que llegó a alcanzar este nivel. Y acerca de esto fue dicho: “En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios” (Juan/Yojanán 1:1). Y en este pasuk distinguimos tres niveles: (véase también pág. 31) en el primero encontramos “la Palabra” como una identidad separada de la Divinidad. Esto nos vendría a hablar del primer nivel del servicio a HaShem, donde el hombre es el centro del servicio y aunque sirve a Dios, aún se halla separado uno del otro.
    Puede que un servidor de Hashem, Lo adore con todo su corazón y con todas sus fuerzas, mas su servicio es un fin en sí mismo y el Santo, Bendito sea, es sólo el “destinatario”, pero todavía no es “uno” con Él, y esto podría ser llamado “servicio por temor”. En un segundo nivel, expresado de la forma: “La Palabra estaba con Dios”, el servicio a Dios implicaría un firme apego con Él. Todo lo que este siervo realiza no es solo “para” HaShem, sino “con” Hashem. Ahora, además de servir a Dios “con todo su corazón y con toda su alma”, cada una de sus acciones deviene en un verdadero encuentro con su Creador. En realidad, el servicio es ahora sólo un medio para llegar a alcanzar la “unión” con Aquél que desea su alma. Y este servició es a nivel de “hijo” y no sólo de “siervo”, un servicio por amor y no únicamente por temor. El Tercer y más alto nivel de todos nos llevaría a la anulación completa, pues ahora “la Palabra” ya no es una entidad separada de Dios, como lo era en los dos primeros niveles, sino que es el mismo Dios. Este tercer nivel es la realidad espiritual a la que estamos haciendo referencia: el hombre deja de ser él mismo para que sea Dios en él. Y ya no son más dos entidades separadas que eventualmente se unen, sino que el individuo vuelve a su raíz, el lugar de donde salió, para fusionarse y apegarse a la Eternidad de manera sobrenatural haciendo que mengüe para que HaShem crezca en él (véase Juan/Yojanán 3:30).
    Y en numerosos lugares vemos que Yeshua declara haber sido enviado por el Padre, para hacer Su voluntad, manteniendo con Él una unidad tan intrínseca que llega a afirmar que ambos eran uno sólo; lo que nos vendría a insinuar este tercer nivel. [57] Pero, como ya se dijo, estas cotas de espiritualidad no sólo tienen que ser alcanzadas por el Mesías, sino que todos aquellos que han creído en Su nombre deben aspirar a ser imitadores de Él. Al respecto nos parece significativo que Shaúl Hashalíaj (Pablo de Tarso) proponga un estadio intermedio que haría, por así decirlo, de “puente” al declarar: “Sed imitadores de mí, como yo lo soy del Mesías” (1 Corintios 11:1). Y siendo “imitadores de Mashiaj” permitiendo que Su espíritu more en nosotros (véase entre muchos, Romanos 8:9), provocamos que la “Yejidá”, que es el Alma del Mashiaj, more en cada uno de nosotros para llevarnos a ese tercer nivel del que hablamos. [58] La unión con el Tzadik: En el nombre de Yeshua Como ya tuvimos oportunidad de explicar (véase pág. 72), el Mesías desempeñaría una función mediadora entre lo Alto y lo bajo. Y en diferentes lugares del Berit Jadashá hallamos escrito como la unión con Yeshua supone en sí una unión con Dios, como se declara: “En aquel día conoceréis que Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros” (Juan/Yojanán 14:20).
    Y esto, como se dijo, iría mucho más allá del servicio a Dios a través de un mediador, pues supondría primero la unión íntima con el Mesías y entonces poder hacernos “uno con el Padre”, lo que supondría una nueva dimensión de espiritualidad en nuestro servicio divino como ya se explicó en el ejemplo del jazán (cantor). Para una correcta comprensión del tema, debemos introducir algunos conceptos previos a manera de preámbulo. En primer lugar, nos enseñan los Sabios que cada integrante del pueblo de Israel posee un nivel del alma llamado “Yejidá”. Y esta dimensión espiritual es la que provocaría que, en periodos de intolerancia y persecución, algunos judíos, aparentemente simples, lleguen a entregar sus vidas en aras del Kidush HaShem, la santificación del nombre de Dios, sin importarles la muerte (véase sobre este tema Mamarei HaAdmo”r haEmtsaí, Kuntresim, pág 11). Y aunque no nos extenderemos hablando sobre la Yejidá, creemos importante reseñar lo dicho por el Maor Einaim, el Rebe de Txernobil, (véase Meor Einaim final de Parashat Pinjás), quien afirmó que la Yejidá particular de cada uno de Israel es en sí misma una chispa (Nitzots) del alma del Mesías. Hecho que vendría expresado por su propio nombre “Yejidá”, que significa unidad. Pues aunque en cada integrante del pueblo de Israel hay una Yejidá, esto no quiere decir que haya muchas “Yejidot”, sino que cada una de ellas forma parte de una unidad que, calificaríamos de “general” y que es la propia alma del Mesías. En este sentido podríamos decir que en el Mesías están incluidas todas las “raíces” [59] de las almas de Israel.
    Y este concepto lo vemos también reflejado en los escritos del Berit Jadashá, donde la Comunidad general de los creyentes en Yeshua es comparada a “un cuerpo” del que el Mesías es la cabeza (véanse Efesios 1:20- 23/5:23, Colosenses 1:15:18). Como se dijo, [60] la Yejidá es un nivel del alma que se apega por completo al Creador y, como su mismo nombre indica, permite alcanzar un grado de unidad con Dios, pues en ella se pueden unir dos conceptos de por sí contrapuestos: el Creador infinito y el hombre finito, pues la Yejidá es capaz de aunar de manera armónica ambas naturalezas. Así pues, vemos como por un lado la Yejidá une a Israel con el Mesías, al ser ésta una chispa de Su propia alma, permitiéndonos ser uno con él. Y por otro lado une al Mesías con el Creador, pues la Yejidá tiene su raíz en el En Sof. Esto sería el cumplimiento casi literal de las citadas palabras del Maestro: “Yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mí” Y, como consecuencia, nuestra unión con el Mesías, nos reportaría una unión con el Ein Sof.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/23/el-mesias-segun-la-tora-9/
    Elaborado por David Saportas
    52 min
  • El Mesías Según la Torá 8 - EL CONCEPTO MEDIADOR
    EL CONCEPTO MEDIADOR
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/23/el-mesias-segun-la-tora-8/
    Mediador de abajo hacia arriba – Un camino para las plegarias.
    Como es sabido, uno de los principios de la fe judía es nuestro vínculo directo con Dios sin recurrir al arbitrio de un “mediador”. El Rambam dijo al respecto: “El quinto fundamento es que el Supremo es al único digno de servir, ensalzar y anunciar Su grandeza y poder. Y no hacemos esto con lo que está por debajo de Él, como los ángeles, las estrellas, los astros, los fundamentos y todo lo que está formado por ellos, por cuanto todos ellos operan según la naturaleza, y no tienen gobierno o elección propia, sino únicamente (se rigen por) la voluntad del Supremo. Y no los usamos como un medio para llegar a Él (Dios) a través de ellos, sino que hacia el Supremo serán dirigidos todos los pensamientos, y dejarán todo lo que no sea Él. Y este fundamento es una advertencia contra la idolatría. Y la mayoría de la Torá viene a advertirnos contra esto” (Comentario a la Mishná, Sanhedrín, Capítulo 10).
    Visto lo anterior, regresamos a las ya citadas palabras del Ariza”l: “Y la explicación de esto es que es necesario que haya un nivel intermedio entre el Emanador y la emanación, porque hay entre ellos distancia como entre el Cielo y la tierra, ¿y cómo éste iluminará al otro? ¿Y cómo creará Éste a éste que son dos extremos? Sino existiera entre ellos un nivel intermedio que los una y hubiere un aspecto que sea cercano también al Emanador y cercano a la emanación. Y este aspecto es el Kéter”. Huelgan comentarios sobre el aprieto de los comentaristas para poder conciliar estas palabras con la citada declaración de Maimónides. Si queremos aplicar a la presente antinomia el conocido principio talmúdico: “Ambas son palabras del Dios vivo” (Eruvín 13b), debemos aclarar primero el concepto “mediador”. Para empezar, lo clasificaremos bajo dos aspectos: El mediador de abajo hacia arriba (MiTata le’Ala), y el mediador de arriba hacia abajo (Me’Ela leTata).
    Cuando nos referimos a un mediador “de abajo hacia Arriba”, hablamos de un intermediario al que nosotros (que estamos abajo) podemos recurrir para vincularnos con HaShem (que está Arriba). Dicho de esta forma parecería contradecir la enseñanza del Rambam, por lo que debemos matizar que está prohibido servir a Dios “a través de” , pero sí nos es lícito servirLe “unidos a”. Y esto no es una opción que dependa de nuestro arbitrio, pues errar en estas cosas puede acarrear muchos males, como se declara: “Todo lo que no se subordina a Dios sino que es una cosa independiente y separada, no recibe Su vitalidad de Dios desde el penimiut, el aspecto interno de la santidad, (esto es) de Su misma esencia, sino de su ajoraim, su parte posterior. Y la luz y la fuerza vital disminuye en tal medida, disminución tras disminución, hasta ser capaz de contraerse en modo de ‹exilio› dentro de aquella entidad” (Tania 6). De aquí aprendemos que una aprehensión equivocada del rol mediador del Mesías no tan sólo reduciría a su mínima expresión cualquier transmisión de “luz y fuerza vital” desde Arriba, sino que hace (Dios no lo permita) caer la propia “mediación” en el exilio.
    Para entender mejor el papel del Mesías como “mediador de abajo hacia Arriba” citaremos las palabras de uno de los grandes sabios de Breslev: rabí Abraham ben rabí Najman: “Y de paso, escribiré, según mi humilde opinión, acerca de lo explicado en el (libro del) Rambam, de que está prohibido pedir a ningún hombre (después de su muerte) para que pida y rece por uno porque es como un mediador e idolatría. Y hay que extrañarse de ello, pues en muchos versículos y citas de nuestros Sabios de bendita memoria, y está explicado que los de Israel pidieron de Moshé Rabenu y de Shmuel Hanabí, que pidieran y rezaran por ellos. Por esto parece ser que todas las palabras de los Sabios de bendita memoria acerca de esta prohibición, se aplican sólo cuando uno tiene la intención de hacer de aquel a quien le pide, un intermediario, jas veshalom (Dios no lo permita). Pero si no tiene ninguna intención en este sentido, sino que solamente quiere hacer una ‹tefilá en grupo› (llamada Tefila Betsibur) donde se alientan unos a otros para pedir y rezar juntos por sus sufrimientos. No hay en eso ninguna prohibición. Y también el Tzadik mismo debe pedir a las almas de Israel que recen por él, incluso (siendo cierto) que sólo con el Tzadik se completan las tefilot, como expliqué en otro lugar, pues todas las almas de Israel se consideran partes de la Presencia divina.
    Y ellas mismos son un mediador entre los mundos y HaShem (siendo así todas las almas dependen las unas de las otras e incluso el Tzadik también precisa de ellas). Con todo esto entenderás que (los de) Israel fueron ordenados y advertidos de no hacer ningún שיתוף Shituf (poner a alguien al mismo nivel de la Divinidad) y (ningún) mediador entre ellos y entre Hashem, pues verdaderamente no se encuentra entre ellos ningún mediador sino que ellos mismos son el mediador y la presencia Divina. Mas por el lado de los distintos niveles que hay entre ellos (las almas de Israel), cada uno por encima del otro, pues no hay dos hombre iguales como ya se sabe, y sobre todo el Alma del Tzadik (que estaría por encima de ellas, y por esta razón) les es imprescindible conectarse con él en sus Tefilot” (veElé Hamispatim, Simán 10, Letra 17). Resumiendo, diremos que existe una gran diferencia entre “utilizar” un mediador que nos acerque al Eterno y el verdadero sentido de “unirse con el Tzadik” para servir al Eterno junto a Él. A través de esta diferencia, somos conscientes de que nuestra conexión con el Eterno no depende de “mediadores” sino que es completamente directa, aunque para ello sigamos necesitando al Tzadik.
    Lo entenderemos mejor con un ejemplo que nos ofrece el mismo rabí Abraham: En un servicio sinagogal, el Tzadik ocuparía simbólicamente el lugar del cantor o jazán (shalíaj tsibur) quien expresaría la Tefilá u Oración (Amidá del musaf) en voz alta, rezando así por todo el tsibur (grupo). De esta forma, podríamos decir que las oraciones audibles del cantor son la expresión de la plegaria colectiva de toda la congregación, pues en un minián (grupo mínimo de 10 personas exigidas para el rezo) [32] no le damos las Tefilot (los rezos) al jazán (cantor) y él simplemente las eleva, sino que cada uno hace su tefilá ante HaShem dirigiéndose a Él directamente, pero es la tefilá (la oración) audible del Jazan (cantor) la que hace que las otras tefilot (oraciones) se eleven ante el Santo, Bendito sea, pues en el momento en que el cantor entona la oración, todo el tsibur (grupo) se halla unido a él y sus almas se hallan ligadas a él. Y es entonces cuando la tefilá (oración) del jazán (cantor) eleva consigo las Tefilot (oraciones) de los presentes. De forma similar, podríamos ver a todo Israel como un “minián” donde el “jazán” (cantor) sería el Mesías, y todos los que se hallan unidos a Él y sus almas ligadas a Él, consiguen que su servicio se eleve a través de las oraciones que Él entona.
    Y, como se dijo, no es que entreguen su servicio al jazán para que éste simplemente lo eleve, sino al unirse en su servicio al Tzadik por antonomasia, al único que es completamente digno y meritorio ante HaShem. Pues, como ocurre con el jazán comunitario, cuando el servicio de Israel es uno con el servicio del Mesías, sus Tefilot (rezos) suben sin demora ante el Santo, Bendito sea. Y esta es la misma idea que nos transmitían las palabras del Rebe de Lubavitch que trajimos arriba: “Israel, la Torá y el Santo, Bendito sea son uno” , y esto no significa que Israel se una a la Torá y la Torá se una al Santo, Bendito sea, sino que son realmente uno, también la unión que se crea entre los “jasidim” y el “rebe” es “una”, y no es como si dos cosas se vincularan una con la otra, sino que ambos se hacen verdaderamente uno; y el “Rebe” no es aquí un mediador que separa sino que une. Por ende, el jasid, su Rebe y Hashem, pueden llegar a unirse como uno,” Y así también lo hallamos expresado en los textos de Breslev que acompañan al Tikún Hakelalí (oración de rectificación del alma de Najman de Breslov) y que dice: “Me encuentro aquí presente para conectarme con los verdaderos Tzadikim de esta generación […] y especialmente con nuestro Rabí Tzadik, Fundamento del mundo, Manantial que fluye, Fuente de sabiduría, Rabí Najman […] que su mérito nos proteja a nosotros y a todo el Pueblo de Israel, Amén”. Al ser el jasid y su Rebe una sola cosa, cuando el primero recibe las bendiciones de parte de HaShem, no lo hace a través del Rebe, sino que llegan a él de forma, llamémosle, automática por ser ya uno con el Rebe.
    Y esta misma idea la encontramos en muchos lugares en los Escritos de Yeshua, como versa: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos, el que permanece en Mí y Yo en él, éste lleva mucho fruto” (Juan/Yojanán 15:5), y también: “Y Él (el Mesías) es la cabeza del cuerpo que es el Kahal (comunidad de creyentes)“ (Colosenses 1:18), y este es el motivo por el que el Berit Jadashá nos enseña a rezar en el nombre de Yeshua, como fue dicho: “Y todo lo que pidiereis al Padre en Mi nombre, esto haré” (Juan/Yojanán 14:13), como se explicará más adelante. Mediador de arriba hacia abajo: un canal de la revelación Divina Hasta ahora hemos hablado de la función mediadora del Mesías desde abajo hacia Arriba, ilustrándonos en la forma en cómo nuestro servicio al Eterno es elevado gracias a nuestra unión con Él. Ahora intentaremos explicar por qué el Mesías es también un mediador entre Dios y los hombres, es decir, desde “Arriba hacia abajo.
    En la parte sobre “Divinidad vs idolatría”, ya tuvimos ocasión de introducir brevemente algunos de estos conceptos y, por su su gran importancia, los desarrollaremos aquí con más extensión. De los escritos del Rashab resumiremos tres puntos que son vitales para entender la función del Mesías como mediador entre Dios y los hombres: A) Mediador que une y no que separa: El Rebe Rashab (Rabí Shalom Dover Shnerson) nos explica cómo podemos conciliar dos declaraciones, en apariencia contradictorias, por un lado Moshé Rabenu le dijo al pueblo de: “Cara a cara hablo el Eterno con vosotros” (Deuteronomio/Debarim 5:4) y en otro lado les expuso (Ídem 5:5): “Yo me paré entre el Eterno y entre vosotros en ese momento para deciros la palabra del Eterno” (Ma’amarim, 657, página 190). Para armonizar ambas declaraciones, el Rashab cita una enseñanza del Ariza”l (que ya citamos anteriormente) que habla de un aspecto intermedio llamado Yejidá, y nos explica que en verdad los hijos de Israel no podían recibir directamente la palabra de HaShem, pues, como dijeron los Sabios, en cada palabra enunciada por Dios sus almas salían de sus cuerpos.
    Por eso pidieron que fuera Moshé quien hablase con HaShem, haciendo así de intermediario entre el pueblo y la revelación divina, y nos sigue diciendo: “El poder que tiene este intermediario para unir estos dos aspectos (Dios e Israel) proviene de que el (propio) intermediario está compuesto (ya) de estos dos (mismos) aspectos, como está escrito de Moshé (quien es denominado) ‹Ish HaElokim› (varón de Dios) (Salmos/Tehilim 91:1 entre otros) y dice el Midrash “De la mitad para abajo hombre, de la mitad para arriba Dios”; y por eso fue el medio que a través del cual se dio la Torá” (de Arriba hacia abajo). Y el Rashab nos sigue explicando que Moshé es un mediador que une y no uno que separa, es decir, su intención no es que nos unamos a él y así poder tener beneficio de su gran apego al Creador, sino que su papel es mostrarnos al Creador mismo, y en nuestra unión con él, no recibimos de Moshé sino del propio Creador que se posa en él.
    La Presencia divina no se reviste en Moshé sino que pasa a través de él de forma pasajera Al decir “de forma pasajera” no queremos dar a entender que esta “Presencia” ha de ser breve o fugaz en el plano temporal, sino que apuntamos al concepto “ma’abar” (pasar por) al definir la función de este mediador, esto es, la Presencia Divina pasa a través de él pero no es parte de él. En este sentido, Moshé sería el “medio” y no el fin en sí mismo. Por eso, si dijéramos que Dios se inviste en él, diríamos que el propósito es hacer de Moshé un ser divino. Este segundo punto iría de la mano con el primero porque si, jas veshalom, dijéramos que Dios se inviste en Moshé automáticamente, éste vendría a ser un “mediador que separa”, más si decimos que la finalidad es la unión entre HaShem y el pueblo, entonces Moshé es “anulado” ante la luz de Hashem y es “un mediador que une”. Y el Rashab nos propone el ejemplo del embudo, ya que este utensilio no recibe el líquido para sí mismo sino que simplemente lo trasvasa hacia otro recipiente [33]. De la misma manera Dios habla a través Moshé al pueblo de Israel pero, en un sentido espiritual, no es Moshé el que habla, incluso cuando vemos escrito: “Estas son las palabras que hablo Moshé” (Deuteronomio/Devarim 1:1),ya que es Dios Quien en todo momento está hablando a través de Su “Siervo Fiel”.
    Sin el mediador no hubiéramos podido recibir la luz. A continuación, el Rashab resalta la función mediadora de Moshé la cual, hasta tal punto fue importante, que de no haber sido por ésta no hubiésemos podido recibir la luz de la Divinidad. De ahí que la unión y la cercanía del pueblo con Moshé resultara imprescindible, pues al ligarse espiritualmente al “Tzadik” es como si lo hubiesen hecho con el mismo Dios. Y esto fue así por cuanto el “Siervo Fiel” primero se anuló completamente ante el Santo, Bendito sea, para que de esta forma pudiera revelarse a través de él, como está escrito: “Moshé era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra” (Números/Bemidbar 12:3), y decía de sí mismo: “¿Qué somos nosotros?” (Éxodo/Shemot 16:7). Y acerca de esto, el Rashab nos propone el siguiente ejemplo: “Aquel que escribe cosas de su intelecto a través de la mano, no significa que el intelecto se revista en la mano y ésta escriba, sino que el intelecto solo se revela en la mano de forma pasajera (como vimos arriba), por eso es que la fuerza del movimiento que hay en la mano se halla completamente anulada ante la luz del intelecto y según (ordena) el intelecto así se mueve la mano para escribir. Mas el intelecto no podría escribir letras físicas sin tener la mano con la cual revelarse, y que le sirve como ‹mediador› para plasmar el intelecto abstracto en letras físicas Mediador de arriba abajo: el Mesías como la imagen de Dios El Mesías es la revelación misma de la esencia Divina, y a través de Él se muestra el Eterno para que Le conozcamos, como fue dicho: “Pues Él es la imagen visible del Dios invisible” (Colosenses 1:15) y también se declara: “Porque en Él reside corporalmente [34] toda la plenitud de la Deidad” (Ídem 2:9).
    Afirmaciones muy en la línea con las enseñanzas de los rabinos citadas arriba. “El rebe es la Atsmut dentro de un cuerpo”. Sin embargo, nada de esto nos lleva a entender (jas veshalom – Dios NO lo permita) que la persona del Mesías sea Dios, sino que es el lugar donde se muestra la revelación Divina. Él es “el mediador que une”, la realidad donde se revela el Creador constantemente, y este es el sentido “kasher” de estos conceptos, y así es como lo entendieron los sabios de Israel. Y entender la diferencia entre la revelación de Dios a través de Moshé y a través del Mesías, requeriría de un libro entero para explicar el concepto de “la Ley y la Gracia”; de por qué “la Ley a través de Moisés fue dada, más la gracia y la verdad vinieron por medio de Yeshua el Mesías” (Juan/Yojanán 1:17), pues en el futuro, la Torá no será una ley ajena a la naturaleza del hombre sino algo natural que brotará del mismo corazón del ser humano y la gente conocerá a HaShem y toda la tierra se llenará del Da’at (conocimiento) del Eterno, pues el Mashiaj revelará, no ya la Torá sino la Divinidad que contiene, esto es, a Dios mismo, y no a nivel de Aba (Jojmá) como en su día Moshé sino a nivel de Arij Anpín (Kéter); pues incluso Toma, el discípulo más reticente de Yeshua entendió esto y pudo llegar a exclamar: “Mi Señor y mi Dios” (Adoní veLokai) (Juan/Yojanán 20:28), conociendo que a través del Mesías glorificado se estaba revelando ante sus ojos el Santo, Bendito sea, y por eso alabó a Dios y no a Yeshua.
    Resumiendo, diríamos que existen dos tipos de “mediación”: una de Arriba hacia abajo y otra de abajo hacia Arriba. La primera sería la forma en como Dios se nos revela a través del “Mediador”, y la segunda consistiría en nuestro servició divino realizado también a través de ese “Mediador”. Y ambos pueden ser vistos e interpretados desde dos vertientes: del lado de la Santidad y del lado de la klipá. Del lado de la Santidad, de Arriba hacia abajo, es “el mediador que une”, mientras que del lado de la impureza es “el mediador que separa”. De abajo a Arriba del lado de la Santidad hablamos de la unión en un mismo cuerpo con el Tzadik, que es la cabeza, y el lado de la klipá nos ofrece un mediador a través del cual serviríamos a Dios al margen de esa unión (jas veshalom – Dios NO lo permita).
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/23/el-mesias-segun-la-tora-8/
    Elaborado por David Saportas
    17 min
  • El Mesías Según la Torá 7 - ¿ES EL MESÍAS DIVINO?
    ¿ES EL MESÍAS DIVINO?
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/22/en-mesias-segun-la-tora-7/
    Teniendo en cuenta el artículo anterior y habiendo hecho clara habdalá (separación) entre lo santo y lo profano, la verdad y la idolatría, pasaremos a reflexionar sobre algunos conceptos de divinidad relacionados con el Mesías. Como ya se dijo, conferir atributos divinos a un ser humano, pese a no ser un hecho frecuente, no resulta del todo extraño. La propia Torá nos declara como Moshé Rabenu es llamado “Dios”, como versa: Yo te he hecho Dios (Elokim) para faraón” (Éxodo/Shemot 7:1) y él mismo llegó a decir: “Y daré lluvia en vuestras tierras” [12] habiendo antes declarado: “Y será que si escucháis mis mandamientos, que yo os ordeno hoy para amar al Eterno vuestro Dios” (Deuteronomio/Devarim 11:22). También vemos que Moshé le dijo al pueblo: “Cara a cara habló el Eterno con vosotros” (Deuteronomio/Debarim 5:4), declarando a continuación: “Yo me paré entre el Eterno y entre vosotros en ese momento para deciros la palabra del Eterno”. Pero aquí el primer versículo no es como el segundo: ¿Habló el Eterno al pueblo “cara a cara” (בפנים פנים panim bepanim) o, por el contrario, Moshé se situó entre ambos (בין ben) “para declarar la palabra del Eterno”? ¿Acaso considera la Escritura que en aquel día de Matán Torá los que vieron a Moshé era como si contemplaran el mismo rostro divino, y los que escucharon sus palabras fue como si lo hiciesen del propio Dios? [13]
    Esta idea se nutre de significativos ejemplos, tanto del Tanaj como de la literatura rabínica, y así encontramos escrito en los Profetas con relación al “retoño justo de David” (el Mesías): “Y este es su nombre que le llamarán: el Eterno justicia nuestra (צידקנו ה-ו-ה-י Hashem Tsidkenu)” (Jeremias/Yermeyá 23:5- 6). Y también: “la casa de David será como Dios (Elokim), como el ángel de Hashem ante ellos” (Zacarias/Zejariá 12:8), [14]. Esto es, el Mesías es denominado YHVH (ADONAI) y Elokim. En las enseñanzas de los Sabios de Israel podemos hallar numerosas perlas que avalarían dichos misterios, pero antes de aproximarnos a estas fuentes se hacen necesarias algunas reflexiones previas debiendo plantearnos: ¿por qué conceptos como los ya citados: “la casa de David será como Dios” o el Mesías será llamado “el Eterno”, parecían claros y simples en el tiempo de los profetas, sin que nadie se escandalizara de ellos y, sin embargo, hoy en día nos acercan a ideas totalmente impensables para el pueblo de Israel?
    Resulta un hecho indudable que aunque los profetas difundieron sus palabras de forma pública, los pormenores que entrañaban estas enseñanzas fueron transmitidas tan solo a alumnos determinados capaces de aprenderlas incluso por sí mismo, como se declara: “y los sabios eruditos resplandecerán (Daniel 12:3) ¿quiénes son los ‹sabios eruditos›? Sino que se trata de un sabio que observa por sí mismo en asuntos que no pueden los (demás) hombres pronunciar con su boca” (Zohar Vayerá 23a). Como también nos ilustra la siguiente enseñanza: “¿no os he dicho (que no deben estudiarse las obras) de la Merkavá con uno, a menos que sea sabio y tenga entendimiento propio” (Jaguigá 14b). Con el tiempo, y a pesar de estas precauciones, dichos conceptos fueron cayendo irremediablemente en manos de extraños que los impurificaron, como está escrito: “Elokim vinieron goim a Tu herencia (najalateja) y contaminaron Tu santo atrio” (Salmos/Tehilim 79:1), y también: “extendió su mano el enemigo a todas las cosas preciosas, Ella ha visto entrar en su Santuario a las naciones” (Lamentaciones/Ejá 1:10).
    El acceso de los paganos a esta sabiduría condujo a segregarla de su santidad original, al adulterarla y mezclarla con sus propias creencias de idolatría. Al respecto citaremos las palabras del Ariza”l: “desde el día en que se destruyó el Bet Hamikdash y fue quemada la Torá, fueron entregados sus secretos y sus misterios a los Jitsonim (las fuerzas oscuras), y esto es llamado el exilio de la Torá por (causa de) nuestros muchos pecados” (Sha’ar Hakavanot Drushé Tikún Jatsot, Drush 1). Y desde entonces, además de no encontrar estos conceptos con frecuencia en los escritos rabínicos, si logramos hallarlos apenas logramos entenderlos y no es oculta la intención de los Profetas y de los Sabios al revelar dichos misterios pues, como dice nuestra cita, esta sabiduría fue traspasada a la impureza, llegando a convertirse en la doctrina fundamental de todas las religiones de Edom (occidente), corrompiendo la imagen de un Mesías judío hasta asimilarla (Dios no lo permita) a una divinidad de corte filo pagano:
    Adorando su imagen, comiendo “su carne” y bebiendo “su sangre” y muchas otras creencias y ritos que ellos sincretizaron desde sus anteriores dogmas de idolatría. Las palabras del Ariza”l nos ilustraban sobre la causa de esta situación, pues no es tan sólo que una religión de origen pagano suplante el concepto Mesías, inventándose nuevas doctrinas en torno a Él, en realidad son los pecados del pueblo de Israel los que causan el exilio de la Torá, y dicho exilio permite que conceptos que al principio eran santos cayeran en el ámbito de la impureza, y al no encontrarse ya en el terreno de la Santidad habría también dejado de pertenecerle. En consecuencia, no podemos hallar estos conceptos en la literalidad del texto sino únicamente en el Sod, en el nivel más recóndito de la Torá.
    Y sobre esta misma cuestión, también fue dicho: “Acerca de lo que dicen los cristianos que su dios descendió abajo y se vistió con un cuerpo humano para salvar, y que este era el mesías esperado, debes saber que su error nace de una verdad, pues el Mesías que se revelará en el futuro, se viste en el la Divinidad sin duda, y es el secreto de lo dicho: ‹Se puso sobre él el espíritu de HaShem› (Isaías 11:2), y es también el secreto de lo dicho: ‹Y la casa de David como Elokim, como ángel de HaShem ante ellos› (Zacarías/Zejariá 12:8), porque la Divinidad se viste en él y en verdad es como Dios en los mundos bajos. Sin embargo no es como (creen) su idea vana, (de) que el mismo Dios desciende y se revela en forma de hombre para salvar al mundo de su muerte. Sino que la verdad es como ya escribí, que el Mesías verdadero es un hombre de la raíz de Isaí, que la Divinidad se viste en el para abrir los ojos de los ciegos y salvar el mundo, y esta Divinidad que se viste en él le da fuerzas para aguantar sus sufrimientos” (rabí David Vali: Séfer Halikutim pág. 91).
    Estas palabras reafirman la idea de que los conceptos de divinidad mostrados en otras religiones tienen su raíz espiritual en la sabiduría de Israel. ¿Es posible que enseñanzas de este calibre puedan quedar relegadas al secreto? ¿No es acaso la palabra de Hashem “lámpara” a nuestros pies? (sobre Salmos/Tehilim 119:105). Una revelación a destiempo puede causar un gran daño espiritual, por esta razón debe ser guardada del común de los mortales para ser expuesta únicamente a un pequeño colectivo capacitado para recibirla, conforme a lo dicho: “Lloro rabí Shimón y dijo: ¡ay de mí si lo digo y ay de mí si no lo digo! Si lo digo sabrán los malvados como servir a su señor (en el sentido de servir a sus dioses), y si no lo digo perderán los javerim esta palabra” (Hakdamat HaZohar 11a). La ocultación serviría para evitar el perjuicio que esta “luz” pudiera causar en las personas, impidiendo además que conceptos de esta magnitud cayeran en el “exilio” al ser desarraigados de su fuente.
    Sobre esto nos enseña el Zohar: “Yo tengo labios incircuncisos” (Éxodo/Shemot 6:12). Se trata de un misterio: Moisés era la voz (קול kol) y la palabra (דבור dibur), su propia palabra se encontraba en el exilio y (por ello) se encontraba impedido de explicar con palabras” (Ídem Vayerá 25b): Como también dijo el salmista: “me enmudecí en silencio, me callé aún de lo bueno” (Salmos/Tehilim 39:2/3). A partir de aquí podemos entender mejor porque toda noción sobre la divinidad del Mesías (así como de los Tzadikim en general) quedó relegada al misterio, y aunque la bondad y la revelación del Santo, Bendito sea, nunca se apartó de Su pueblo Israel, este tema en concreto habría de permanecer durante siglos casi postergado.
    Mas ahora, en nuestros días, cuanto más nos acercamos a la Redención, contemplamos con asombro como los misterios sobre la “naturaleza” del Mashiaj se van revelando de forma casi exponencial, un proceso iniciado con aparición del Zohar (Siglo 13), y seguido por las revelaciones del Ariza”l (Siglo 15) y las enseñanzas del Ba’al Shem Tov (Siglo 18) junto con sus alumnos y los demás Sabios de la Kabalá; y este movimiento espiritual alcanzaría un amplio desarrollo a través de la Jasidut, donde todas estas ideas son ya expuestas abiertamente, como se verá a continuación [15]. Que fuesen tan pocos los que realmente tuvieron acceso a este conocimiento (como nos ilustraría la pequeña lista de los considerados por el Ariza”l como “Mekubalím verdaderos”) (véase Hakdamá LeSha’ar Hahakdamot) propiciaron que el pueblo de Israel anduviese ajeno a esta sabiduría. Cierto es que no puede ser aceptado en la Torá, aquella que recibió el pueblo de Israel en el monte Sinaí que (Dios nos libre) un hombre sea Dios, mas esta idea (tomada en una forma general) no puede ser la excusa para rechazar verdades espirituales profundas, las cuales llevan al hombre a la unidad con su Creador, y esto es así, por mucho que se parezcan o puedan llegar a recordarnos otros conceptos que son claramente errados, pues, “una vez que se completa con esto (que un hombre no es Dios) de un modo general, entonces se debe conocer (lo concerniente a la divinidad del Mesías) de un modo particular” (basado en Zohar Vayerá 25a).
    Para nuestra desgracia, muchos de los conceptos de esta sabiduría de santidad revelada a los profetas verdaderos “suena” demasiado parecida o familiar con esa otra procedente de la idolatría, rechazada de antemano por los Sabios de Israel. Al respecto, citaremos un famoso ejemplo, a priori incomprensibles bajo la actual coyuntura exegética: “Esta escrito (Éxodo/Shemot 34:20): ‹será presentado todo varón ante Mi rostro (פני panaí)›. ¿Quién es el rostro del Eterno? Es rabí Shimón Bar Yojai, que todo el que es varón entre los varones debe presentarse ante él (Zohar Bo 38a). Esta declaración escandalizó al Gaón Yabe”ts, quien en su libro Mitpájat Sofrim (citado en el Hagahot Nitzotsei HaZohar, letra Guímel) dijo al respecto: “Jas veShalom (Dios no lo permita) que estas sean palabras del Zohar”. Y modifico el texto para no interpretar la pregunta “¿quién es el rostro del Señor el Eterno?” en el sentido de que alguien personifica el semblante de Hashem, [16] cabe reseñar que el Yabe”ts no fue el único que interpretó este Zohar apartándolo de su sentido llano, huyendo así de las muchas dificultades “conceptuales” que presenta. Sin embargo, otros comentaristas se extrañaron de que se hubiera sacado el texto de su sentido literal sin haber, en su opinión, una razón para ello, como dice el Zohar Jay:
    “Porque los justos son el rostro de la Shejiná y de ello está lleno todo el Talmud […] y es algo sencillo (de concebir) y no entendí porque hicieron tanto ruido”. Llegados a este punto, repasaremos diferentes enseñanzas de los Sabios donde se abordan conceptos como la divinidad de los Tzadikim y, muy especialmente, la divinidad del Mashiaj, para señalar como esta sabiduría no les era ajena en absoluto.
    En el Talmud hallamos la siguiente declaración:
    ואמר רבה א”ר יוחנן: עתידין צדיקים שנקראין על שמו של הקדוש ברוך הוא, שנאמר: כל הנקרא ולכבודי בראתיו יצרתיו אף עשיתיו. (וא”ר) שמואל בר נחמני א”ר יוחנן +מסורת הש”ס: א”ר שמואל בר נחמני א”ר יונתן+: ג’ נקראו על שמו של הקדוש ברוך הוא, ואלו הן: צדיקים, ומשיח, וירושלים. צדיקים, הא דאמרן. משיח, דכתיב: וזה שמו אשר יקראו ה’ צדקנו. ירושלים, דכתיב: סביב שמונה עשר אלף ושם העיר מיום ה’ שמה אל תקרי שמה אלא שמה. א”ר אלעזר: עתידין צדיקים שאומרים לפניהן קדוש, כדרך שאומרים לפני הקדוש ברוך הוא, שנאמר: והיה הנשאר בציון והנותר בירושלים קדוש יאמר לו תלמוד בבלי מסכת בבא בתרא דף עה עמוד ב
    “Dijo rabí Yojanán: En el futuro los justos serán llamados con el nombre del Santo, Bendito sea, como está escrito: “Todo lo que es llamado en Mi nombre, para Mi gloria lo creé, lo formé e incluso lo hice”. Dijo rabi Shmuel hijo de Najmani, dijo rabí Yojanán: Tres fueron llamados con el nombre del Santo, Bendito sea y estos son: Los justos, el Mesías y Yerushalayim. Los justos como dijimos. El Mesías como está escrito (Jeremías/Yermeyá 23:6): Y este es el nombre que le llamará: el Eterno justicia nuestra (צדקנו ה-ו-ה-י Hashem Tsidkenu). Dijo rabí Eleazar: en el futuro se dirá delante de los justos “Santo” (kadosh), así como lo dicen delante del Santo, Bendito sea, como está escrito (Isaías/Yeshayá 4:3): “Y Será el que quede en Sión y quede en Jerusalén, Santo le será dicho” (Babá Batrá, 45b). Y sobre Yerushalayim fue dicho: “Y el nombre de la ciudad será desde aquel día: el Eterno (está) allí (שמה ה-ו-ה-י Hashem Shama)” (Ezequiel/Yejezkel 48:35).
    Y leemos en el Midrash (Debarim Rabá, Vezot haberajá 11):
    ד”א מהו איש האלהים א”ר אבין מחציו ולמטה איש מחציו ולמעלה האלהים דברים רבה (וילנא) פרשת וזאת הברכה פרשה יא
    ¿Qué es “Ish haElokim” (hombre de Dios)? Dijo rab Abín: De la mitad hacia abajo (Moisés) es hombre y de la mitad hacia arriba Dios”.
    Y de vuelta al Talmud:
    ואמר רבי אחא אמר רבי אלעזר: מנין שקראו הקדוש ברוך הוא ליעקב אל? – שנאמר ויקרא לו אל אלהי ישראל. דאי סלקא דעתך למזבח קרא ליה יעקב אל – ויקרא לו יעקב מיבעי ליה, אלא ויקרא לו ליעקב אל, ומי קראו אל – אלהי ישראל תלמוד בבלי מסכת מגילה דף יח עמוד א
    “Dijo rabí Aja, dijo rabí Eleazar: ¿de dónde aprendemos que el Santo, Bendito sea, le llamó a Ya’akov Dios (El)? Como está escrito (Génesis/Bereshit 33:20): y le llamó Dios (אל El), Dios (להי-א Eloké) de Israel. Y si piensas que Ya’akob llamó al mizbéaj (altar) ‹Dios› (como indicaría el sentido llano del versículo, no es así, pues entonces) tendria que haber dicho: ‹Y le llamo Ya’akov›, por lo tanto (lo entendemos de la forma); Y le llamó a Ya’akov ‹Dios› (El), y quien le llamo ‹El›: el Dios (Eloké) de Israel” (Meguilá 18a).
    En el Talmud Yerushalmi se declara:
    וה’ בהיכל קדשו הא ר’ יצחק בר לעזר בכנישתא מדרתא דקיסרין תלמוד ירושלמי (וילנא) מסכת ביכורים פרק ג הלכה ג
    “Y el Eterno en Su santo atrio (Salmos/Tehilim 11:4), Este es rabí Itsjak hijo de Lazar en el Bet Midrash de Kesarín. (Es decir, ‹Y el Eterno› es rabí Itsjak, y ‹en Su santo atrio› es el bet midrash de Kesarim), Explico el Yafé Maré: ‹Y el Eterno en Su santo atrio› porque los justos son llamados por el nombre del Santo, Bendito sea” (Bikurim 3:3).
    Enseñanza muy en la línea con nuestro anterior Zohar.
    ר’ חלבו בן ר’ חילפי בר סמקאיי בשם ר”י בר ר’ סימון, וה’ המטיר על סדום זה גבריאל, מאת ה’ מן השמים, זה הקדוש ברוך הוא סימן ב בראשית רבה (וילנא) פרשת וירא פרשה נא
    “Y el Eterno hizo llover sobre Sedom (Génesis/Bereshit 19:24). Dijo rabi Jelbó hijo de rabí Jilfí hijo de Samkaií en nombre de R”i hijo de rabí Shimon: ‹y el Eterno hizo llover sobre Sodoma›: este es Gabriel. ‹De parte del Eterno desde el cielo› (ídem): Este es el Santo, Bendito sea” (Bereshit Rabá, Parashat Vayerá 52:2).
    הנה אלו שלש מחלוקות בדבר, שרבי יהודה ב”ר סימון ייחס השם הראשון לגבריאל, שהוא השליח לשחת, ונקרא השליח בשם השולח רמב”ן בראשית פרק יט
    Rabi Yehudá hijo de rabí Shimón interpretó este pasuk vinculando el primer nombre (YHVH (ADONAI) ) con el ángel Gabriel, quien es el enviado a destruir la ciudad, y “el enviado (מלאך mal’aj) es denominado por el nombre del que le envía” (rabi Moshé ben Najmán en su comentario a la Torá, Bereshit 19).
    ד”א וזכרתי את בריתי יעקב הה”ד ( שם /ישעיהו/ מג) ועתה כה אמר ה’ בוראך יעקב ויוצרך ישראל ר’ פנחס בשם ר’ ראובן אמר הקדוש ברוך הוא לעולמו עולמי עולמי אומר לך מי בראך מי יצרך יעקב בראך יעקב יצרך ככתוב בוראך יעקב ויוצרך ישראל ויקרא רבה (וילנא) פרשת בחקותי פרשה לו סימן ד
    “Recordé mi pacto (con) Ya’akov (Levítico/Vayikrá 26:42) ¿Qué es lo que está escrito (Isaias/Yeshayá 43:1): ‹Ahora así dice el Eterno tu creador Ya’akov, tu formador Israel›. Dijo rabí Pinjás en nombre de rabí Reubén: dijo el Santo, Bendito sea, a su mundo: mundo mío, mundo mío te diré quién es tu creador y quien es tu formador: Ya’akov es tu creador (y) Ya’akov es tu formador, como está escrito “Tu creador Ya’akov, tu formador Israel” (Vayikrá Rabá, Parashat Bejucatai 36:4).
    תאנא יומא חד הוה אתי רבי שמעון מקפוטקיא ללוד, והוה עמיה רבי אבא ורבי יהודה, רבי אבא הוה לאי והוה רהיט אבתריה דרבי שמעון דהוה רכיב, אמר רבי אבא ודאי (הושע יא יא) אחרי יהו”ה ילכו כאריה זוהר חלק א דף רכג/א
    “Un día iba rabí Shimón de Kapotkia hacia Lud, y estaban con él rabi Abá y rabí Yehudá. Rabí Aba estaba cansado y corría detrás de rabí Shimón que montaba a caballo. Dijo rabí Aba: ciertamente (Oseas/Hoshéa 11:10) “Detrás del Eterno (en alusión a rabí Shimón) caminarán, como leon” (Zohar Vayehí 223a).
    “Y le llamó Dios (El), Dios (להי-א Eloké) de Israel (Génesis/Bereshit 33:20): El Santo, Bendito sea, le llamo a Ya’akov Dios (אל El). Le dijo: Yo soy Dios en los (mundos) superiores y tú eres Dios en los (mundos) inferiores (Zohar Toledot 138b). “Rabí Yosé, rabi Yehudá y rabi Jiyá iban por el camino. Les encontró rabí Eleazar, cuando le vieron bajaron de sus burros. Dijo rabí Eleazar: Ciertamente vi el rostro de la presencia Divina (Shejiná), pues cuando un hombre ve a los justos de la generación y les encuentra, ciertamente ellos son el rostro de la presencia Divina (Shejiná). ¿Y porque fueron llamados el rostro de la presencia Divina? Porque la presencia se oculta dentro de ellos, ella en lo oculto y ellos en lo revelado. Y por cuanto ellos están cerca de la Shejina, son llamados su rostro” (Zohar Terumá 163b). Llegados a este punto, disponemos de suficiente perspectiva para asegurar que los Sabios de Israel llegaron a la conclusión de que un ser humano puede ostentar atributos divinos, sin que esto les escandalizara en absoluto y, a los ya citados, podríamos añadir otros muchos: Los patriarcas ocupan sin duda una posición fundamental en la revelación de Divinidad, pues son considerados junto al Rey David, los “soportes” de la Merkavá.
    Veamos algunos ejemplos: “Ven y mira: ¿de dónde se aprende que el Santo, Bendito sea, llamó a Jacob ‹Dios› (Elokim)? Le dijo: ‹tú serás Dios en lo bajo y Yo seré Dios en lo Alto›” Y de Abraham fue dicho: “Y cuando Él (Dios) terminó de hablar con él (Abraham), y ascendió Dios de ante Abraham (Génesis/Bereshit 17:22). (מעל meal, Lit. ‹desde encima de él› y esto) significa que los patriarcas son el carruaje (Merkavá) del Santo, Bendito sea” (Zohar Vayejí 213b). “Por eso Dios (Elokim) tu Dios (Elokeja) te ha ungido con óleo (Salmos/Tehilim 45:7/8). (Elokim) de Abraham e Isaac ‹tu Dios›” (Zohar Bo 37b). “Y te sacó de ante Él mismo, con Su gran poder de (tierra de) Egipto (Deuteronomio/Devarim 4:37) […] ‹Ante Él mismo› se refiere a Jacob […] Dijo rabí Jizquiyá: ‹Ante Él mismo› se refiere a Abraham” (Zohar Beshalaj 53a).
    Este mismo principio lo encontramos en las palabras de rabí Shelomó Elkabets (autor del cantico “Leja Dodi”) al final de su obra Brit HaLevi donde, juntamente con el libro fue impresa una respuesta a una pregunta de rabí Yosef Karo (Autor del Shuljan Aruj) acerca de un profundo secreto explicado en el Zohar. Después de que rabí Shelomó encontrara veinticinco dificultades en las palabras del Zohar, se dispuso a contestarlas introduciendo algunos conocimientos básicos (llamados Yesodot o fundamentos). En el primer fundamento explica que hay tres niveles de “Tzadikim” sobre los que se posa la Shejiná Nota Aunque traeremos una breve síntesis, el texto entre comillas es una traducción literal. El primer nivel se alcanza cuando el Tzadik, por mérito de su preparación y sus obras en el mundo terrenal, consigue ser un “canal” para que la Shejiná “fluya” a través de él a todo el mundo, y a través del Tzadik nosotros podemos recibir la Shejiná y “es por eso que los Tzadikim fueron llamados el rostro de la Shejiná”. Y esto ocurre “con cada Tzadik segun su nivel”.
    Del segundo nivel escribe: “Mas hay un nivel más grande que este, pues este que dijimos (el primer nivel) es solo cuando el Tzadik se prepara para que a través de él pase el shefa (es decir la luz) a nosotros, y también es el motivo para que fluya sobre ella (sobre la Shejiná) shefa del Tzadik Superior (es decir la Sefirá de Yesod de Atzilut). Sin embargo el nivel más grande que este (se da) cuando el Tzadik inferior es similar al Superior, y pasa a través de él este shefa a la Shejiná. Y este Tzadik es llamado el esposo de la Señora (Ba’alá deMatronita), pues de la misma manera que el esposo sustenta a su esposa, así este Tzadik da un gran shefa a la Shejina”. “Y aún hay un tercer nivel superior a este, que sólo lo pudo conseguir el mismo Moshé Rabenu, pues era tanta su pureza, que llego a ser como un asentamiento y una base para la Shejina, y ella se oculta dentro de él, como la Neshamá dentro del cuerpo, de manera que él y ella son una misma cosa, como el cuerpo y el Néfesh (alma) que al estar unidos son un solo hombre. Y ya explico algo similar rabí Yosef Gikitilia (autor de Sha’aré Orá) acerca (de Bamidbar 12:2): “¿Acaso sólo en Moshé habló HaShem?” y no dice “a Moshé” sino “en Moshé”, pues es como (la) base, asentamiento para la Shejiná, y ella habla dentro de él”.
    Resulta evidente que en el último siglo los colectivos que más han desarrollado estos conceptos son la jasidut de Breslav y los Rebes de Jaba”d [17]. Es necesario aclarar que no han sido tan sólo estas dos jasiduyot, pues en la jasidut en general hallamos estas enseñanzas con profusión, pero han sido en estos dos movimientos concretamente donde se ha hecho más hincapié en estos temas, desarrollando con extensión diversos conceptos espirituales sobre los Tzadikim en general y sobre el Mesías en particular. En sus escritos podemos encontrar estas ideas de forma muy detallada, pues esta sabiduría ha llegado a convertirse en la vida práctica de los jasidim, hecho que resulta especialmente evidente a partir del penúltimo Rebe, cuyo sucesor, el célebre rabí Menajem Méndel Shnerson, puso la venida del Mesías como estandarte de sus responsas. En los escritos de rabí Najman de Breslav podemos hallar enseñanzas de esta índole, veamos algunos ejemplos: “El Tzadik verdadero [18] escucha los suspiros de los que estan apegados a él, porque de él sale la vida para cada uno” (Likutei Moharán 8). “El Tzadik verdadero es un aspecto de ‹El lugar del mundo› [19] […]
    Y por eso no hay quien pueda juzgar al mundo sino solamente él, porque él (el Tzadik), es el lugar del mundo (y conoce el lugar de cada uno)” (Likutei Halajot, halajot del que hace un shalíaj para cobrar su deuda 5:18). “El dueño del mundo es el Tzadik verdadero” (Likutei Moharán, Tinianá 67). “Todos los actos del Tzadik verdadero, son actos del mismo Hashem, Bendito sea, pues él (Tzadik) se incluye en Él (el Santo, Bendito sea) [20]” (Likutei Halajot, Joshen Mishpat, Matsranut 4:13). “Es por eso que lo principal es acercarse al Tzadik verdadero, y estar unido a él en cada momento y en cada respiración y respiración que él respira, y atrae sobre sí espíritu de vida, recuerda inmediatamente que esa respiración que es su vida viene del Tzadik verdadero” (Likutei Halajot, halajot del que hace un shalíaj para cobrar su deuda, 3:2). El último rebe de Jabad, rabi Menajem Mendel Shnerson pronunció las siguientes palabras con ocasión del fallecimiento de su suegro, el rebe anterior:
    “Al partir el Tzadik (del mundo), se eleva a un orden de servicio que es incontablemente más elevado, y podríamos pensar que entonces ya no tendrá relación con nosotros. Sin embargo Rebi [21] (véase Ketubot 103a) nos enseñó que esto no es así, sino que incluso en su elevación más grande (dijo) ‹Necesito a mis hijos›. Y así como en la vida del Tzadik nos dirigíamos a él (para recibir ayuda) en los temas de hijos (representado en nuestra guemará por ‹la cama›) y en los temas de la vida (y salud, simbolizados aquí por) ‹la vela› (en correspondencia con Proverbios/Mishlé 20:27), y en los temas de sustento (aludidos por ‹la mesa›) así también ahora, (después de su muerte) todo está en su lugar, (es decir, aún podemos contar con él) tanto en lo que tiene que ver con lo material como en lo espiritual. Y algunos se preguntan cómo se puede hacer tal cosa ¿no es esto una forma de mediador? Mas la verdad es que, así como Israel, la Torá y el Santo, Bendito sea son uno, y no sólo que Israel se liga a la Torá y la Torá se liga al Santo, Bendito sea pues estos tres (literalmente) son uno en verdad. Así es el tema de la unión de los jasidim y el Rebe.
    Y de aquí inferimos que no es solamente como si dos cosas se unieran, sino que son verdaderamente uno. (En este sentido) el Rebe no sería un mediador que separa sino un mediador que une. Por ende, para un Jasid, él, el Rebe y Hashem (los tres) son uno. Por lo tanto no procede preguntar sobre la figura del “mediador”, pues es como si la esencia (Atsmut y Mahut) [22] descendiera (o reposara) dentro de un cuerpo, como también vimos expresado en el Zohar: “¿Quién es el rostro de YHVH (ADONAI)? Es Rashbi” (Likutei Sijot, parte 2, pag. 509). Y el Rebe sigue probando esta idea con numerosas citas de los sabios, muchas de las cuales ya citamos anteriormente. Al escuchar estas palabras, algunos colectivos ajenos a esta sabiduría llegaron a calificar esta jasidut como: “la religión más parecida al judaísmo”. Y siendo sinceros con nosotros mismos, hemos de reconocer que un mal uso de estos conceptos puede llegar a distorsionar los mismos pilares de la fe judía, hasta el extremo de que algunos de ellos, en vez de pronunciar la habitual fórmula “be’ezrat HaShem” (con la ayuda de HaShem), llegaron a proclamar: “be’ezrat HaRebe” (con la ayuda del Rebe).
    Y aunque se trate de una minoría, esto puede traer mucha confusión al pueblo de Israel. Paradójicamente, a las piedras del destruido Templo les son aplicados similares conceptos sin que esto nos extrañe demasiado, pero cuando estas afirmaciones son dichas acerca de un hombre nos comienza a sonar como algo cercano a la idolatría. Ninguna de estas enseñanzas resulta ajena a nuestra idea del Mesías pues, como ya se dijo, el Tzadik verdadero es un aspecto del mismo Moshé (quien es presentado en el Zohar como tipo del Mesías) y es llamado el “Mesías de la generación”; y es un hecho conocido que el último rebe de Jabad se refería a su suegro (el rebe anterior) como “el Mesías de la generación”. Llegados a este punto deberíamos preguntarnos: ¿pierde algo el judío promedio al alejarse de estos conceptos?
    Pues, si le pueden acarrear más mal que bien ¿por qué tendría que conocerlos? Similar cuestión podríamos plantearnos sobre los escritos de los discípulos de Yeshua o sobre las cartas de Shaúl Hatarsí (Pablo). Sabemos que ellos nunca negaron lo que era firme en todo Israel: que “HaShem es uno”, mas, por desgracia “algunas (ideas) difíciles de entender, las cuales los inconstantes y los indoctos tuercen, como también (hacen con) las demás Escrituras para su propia perdición (2 Pedro/Shimón Kefa 3:16) dieron lugar al error, lo que en pocas generaciones distorsionó y corrompió la santidad de estas palabras hasta engendrar doctrinas extrañas a la fe como la llamada “trinidad” y tantas otras. Por todo ello volvemos a plantearnos: ¿merece la pena asumir tantos riesgos? ¿Qué gana el judío de a pie leyendo estas cosas? Cuando meditamos sobre estas enseñanzas debemos, en primer lugar, ser conscientes de que se hallan avaladas por innumerables citas de los Sabios, y también debemos percatarnos de que existe una gran diferencia de criterio si son aplicadas a los sabios de Israel o a los rebes jasídicos o si, por el contrario, son con relación a Yeshua.
    Con los primeros (aunque haya alguna discrepancia) todo parece perfectamente asumible dentro del ámbito de Torá umitsvot, pero cuando se aplican a Yeshua los mismos conceptos son calificados directamente como idolatría. Nuestro gran desafío será poder acercarnos a ellos de manera “Kasher” para indagar y llegar a entender estos conceptos en profundidad y no bajo la superficial, y por demás frecuente, fórmula del rechazo a priori. Por ello, intentaremos (con la ayuda del Cielo) una aproximación previa a diferentes nociones que serán nuestras herramientas básicas para poder entenderlos.
    LAS NESHAMOT (ALMAS CELESTIALES)
    No podemos razonar sobre la naturaleza divina del Mesías sin hablar antes de la Neshamá, término que haría referencia al nivel (interno) más elevado del alma. El Tanáj define la parte espiritual del ser humano mediante diferentes apelativos, el primero sería el néfesh, expresión que haría referencia al estado vital del hombre o aliento de vida (néfesh jayá), llegando a ser sinónimo de “persona” o “individuo”. Después vendría el Rúaj que es una parte más espiritual y que traducimos generalmente como “espíritu”. Este nivel se relaciona con los sentimientos e intuiciones. Y, por último, la Neshamá que es el nivel del alma que conecta al hombre con su raíz espiritual en lo Alto. Al respecto los Sabios nos enseñan que la Neshamá es en sí una parte de la Divinidad (véase Job/Yob 31:2, Jélek Eloha MiMa’al, véase también Shefa Tal, principio de la Hakdamá, Tania cap. 2, entre otros). La primera vez que este término aparece en el Tanaj, lo hace con relación a Adam (Génesis/Bereshit 2:7), cuando Dios “insufló en su nariz un alma viviente (nishmat jayim)”.
    Resulta evidente que el Creador no tiene “pulmones” ni “boca” con los que insuflar aliento, pero en todos los casos en que el Tanáj atribuye de forma alegórica rasgos humanos al Creador, esto encierra profundos secretos, como explican los rabinos: que de la misma forma que el ser humano al soplar extrae de los más profundo de su ser la propia vitalidad (que es el aire de sus pulmones), análogamente Dios insufló a Adam algo que era parte de Él, y que salía (por así decirlo) de lo más profundo de su “Ser”, y esto es la “Neshamá”, como fue dicho en el Zohar: “Aquel que insufló, de Sí mismo insufló” (Ídem Nasó 123b). Sobre esta base, podríamos inferir que cualquier ser que contenga Neshamá alberga en su interior “algo” de la misma esencia del Creador, compartiendo, por así decirlo, aspectos de la naturaleza divina, como se declara: “Dioses sois (elohim atem)” (Salmos/Tehilim 82:6).
    En este sentido, que la descendencia de Jacob sea llamada “hijos de Dios” (Deuteronomio/Debarim 14:1) iría más allá de la simple metáfora, pues al compartir la misma naturaleza divina, esto les convierte en Sus hijos; de ahí el mandato dirigido a Israel de “imitar” a su Creador, como está escrito: “Sed santos porque Yo soy santo” (Levítico/Vayikrá 19:2, véanse Sotá 14a, 1 Pedro/Shimón Kefa 1:16). Quizás esta circunstancia no resulte tan evidente y en la práctica no siempre reconocemos en cada miembro del pueblo de Israel la capacidad de revelar “divinidad” aún albergando en su interior esa Neshamá cuya raíz es “esencia divina”.
    Los sabios nos enseñan que las diferentes almas se revelan a distintos niveles y este es el motivo de que cada persona se mueva en un determinado nivel espiritual, circunstancia aplicable a cualquier judío, ya sean nuestros patriarcas o a un individuo de a pie. Sin embargo, el caso de Israel es, por así decirlo, excepcional pues aunque algunas almas se hallen en niveles espirituales bajos, cada judío forma parte de un “alma colectiva” que está esencialmente conectada Dios (véase Tania 2), como se explicará más adelante. Con todo, se nos plantea la paradoja de que las almas, pese a estar conectadas en su raíz con la misma esencia del Creador, su grado de “divinidad” debe ser contemplado como algo “segregado” de Dios y aunque salen de la Divinidad y comparten Su naturaleza, no dejan de ser algo creado y, por ende, separado de Dios, lo cual les dejaría fuera de ser calificadas como “divinidad” como ya explicaron los rabinos (véase Tania, Iguéret Hakódesh 20).
    LAS NESHAMOT DE ATZILUT
    Los Sabios nos enseñan que hay neshamot que están vinculadas con Olam (mundo) Atzilut. A primera vista esto podría inducirnos a pensar que estas almas no han sido creadas sino “emananadas” desde el Creador, siendo en sí mismas algo divino. Aquí debemos aclarar algunos conceptos ya que las almas de Atzilut no son como las Sefirot de Atzilut que son llamadas “Divinidad”, pues el Santo, Bendito sea, se nombra a Sí mismo con ellas. Y el motivo de esto (según es explicado en Sha’aré Kedushá de rabi Jayim Vital) es que existen cuatro Majtsabot o Divisiones generales. El Majtsab más interno es el de las Sefirot, que por ser el más cercano al En Sof en el mundo de Atzilut podemos decir que las Sefirot son “Divinidad” [23] . No obstante, el lugar de las Neshamot ocuparía un Majtsab más externo, con una mayor separación respecto del En Sof. Debido a esto, las Neshamot que existen a nivel de Atzilut, pese a estar en un mundo que es “Divinidad”, ellas mismas no son “Divinidad” como sus homólogas Sefirot. Y esto en cuanto a las Neshamot de Atzilut, sin embargo vimos como a algunos Tzadikim muy específicos (como los patriarcas o el RaSBY) a veces si se les reconoce atributos divinos, hasta el punto de ser llamados con Nombres del Eterno.
    El libro Shefa Tal (véase Hakdamá), después de describir la esencia de las Neshamot como Parte de la Divinidad, declara: “Y tú estudiante, no te extrañes de este asunto, pues mucho más dijo (sobre esto) mi maestro y rabino Moshé Kordovero (véase Pardés, Sha’ar HaHejalot 12): ‹Y el tema de los patriarcas es aún más elevado, pues no son órganos sino que son toda la esencia de la Divinidad que se extiende a los mundos bajos›. Y ves, que escribe literalmente que los padres son la esencia de la Divinidad”. Y dice más adelante (el Shefa Tal): “Los completos Tzadikim, cuyas almas son emanadas del Atzilut del Santo, Bendito sea, como la neshamá de Adam Harishón, que seguro era emanada de la misma esencia del Atzilut, Bendito sea, que de él (Adam) fue dicho: ‹Y formó el Eterno Elokim al hombre, e insuflo en su nariz alma de vida›, y ya se sabe que Aquel que insufló, de Su misma esencia insufló. Y por cuanto el mismo Santo, Bendito sea, insufló en la nariz de Adam Harishon ‹alma de vida›, significa que su neshamá era (parte) de la misma esencia Divina”. Así pues, vemos que hay almas que, debido a su gran cercanía al Creador, comparten Su misma naturaleza, como ya se dijo: Vosotros sois dioses” (Salmos/Tehilim 82:6, véase Torat Shaklom Séfer Hasijot 167).
    EL ALMA DEL MESÍAS
    Enseñan los rabinos que alma del Mesías es la Yejidá (véase Likutei Torá Bereshit, sobre el pasuk: “Y caminó Noaj con Dios”, Kinat Hashem Tsebaot, citado más adelante); y para poder entender que es la Yejidá citaremos la siguiente enseñanza del Ariza”l: “Debes saber que cuando murió Janoj estaba a un nivel más elevado que Moshé, porque él es el rabino de Moshé y él es el ángel Zagazganel. Y también porque él alcanzó (el nivel de) Jayá, y Moshé (sólo hasta) Neshamá, pero el Mashiaj alcanzará Yejidá” (véase Likutei Torá Bereshit, sobre el pasuk: “Y caminó Noaj con Dios”). Las palabras que vamos a citar a continuación, constituyen quizás la mayor revelación que en medio de este largo Galut, hemos podido recibir desde la generación de los Tanaim hasta la nuestra. En ellas se encierran profundos secretos de la Torá que son difíciles de explicar. No pretendemos ahondar en sus enseñanzas (tarea arto dificultosa en cualquier otro idioma que no sea el hebreo) y que exigiría de un largo preámbulo de conocimientos previos. Tan sólo nos permitiremos tomar algunas “perlas”, para mostrar como estos secretos (aceptados por la generalidad del judaísmo) son perfectamente compatibles con los conceptos que revelaron Yeshua y Sus discípulos.
    Mas no empezaremos esta tarea sin advertir al querido lector que mucho hemos dudado antes de decidirnos a traducir estas palabras, pues somos conscientes del peligro de que puedan ser malentendidas o bien malinterpretadas, pues al nivel tan elevado en el que se mueve aquí el Ariza”l, un pequeño error de exégesis puede hacernos caer (Dios nos libre) en la herejía. Sea voluntad del Santo, Bendito sea, “guardar nuestra lengua del mal, y nuestros labios de hablar engaño” y que Él nos libre también de ser un “tropiezo delante del ciego”. Como versa: “En cada uno de estos cuatro aspectos particulares, hay un aspecto general que los contiene todos (es decir, a los cuatro particulares) y es un aspecto intermedio entre cada aspecto y aspecto (y que a su vez) los contiene a los dos. Y un ejemplo es lo que escribieron los Sabios de la naturaleza que entre lo inerte y lo vegetal está el Coral, y entre lo vegetal y lo vivo esta están los Adné Hasadé que son como un perro que crece de la tierra cuyo ombligo está enraizado en la tierra y de ahí recibe vida y cuando se corta su ombligo muere. Y entre el vivo (Jay) y el parlante (medaber) está el mono. Así, de la misma manera encontramos aquí que entre el Creador (Boré), Bendito sea, y lo creado (Nibrá, que es un aspecto que contiene toda la espiritualidad) hay un aspecto intermedio del que fue escrito (las siguientes declaraciones): ‹Hijos sois del Eterno vuestro Dios›, ‹Yo dije vosotros sois dioses›, ‹Y subió Dios desde encima de Abraham›. Y dijeron los Sabios: los Padres, ellos mismos son la ‹Merkavá›.
    Y lo que (esto) significa es que hay un Nitzots (chispa) muy pequeño que es (en un aspecto) Elokut (Divino), que sale del último Nivel del Creador, y este Nitzots se inviste en la fuerza de otro Nitzots creado, que es una neshamá muy, muy fina, y este Nitzots se llama Yejidá, y en ella están las raíces de los cuatro aspectos de la Rujaniut que son NaRNa”J (Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jayá). Con esto entenderás lo que escribimos, que el Kéter es siempre un aspecto superior y no está incluido en ese mundo, sino que se parece a la corona del rey que está por encima de su cabeza y no es parte de su cabeza, y por eso (Kéter) no es parte de las Sefirot y en su lugar se cuenta al Da’at, que es recordado en el Séfer Yetzirá, y por todo eso a veces no lo contamos entre las diez Sefirot. Y esto puede ser explicado con lo que dijimos arriba: que hay un aspecto intermedio entre cada nivel y nivel, parecido a lo que escribieron los Sabios de la naturaleza, y los trajo el Rambán en el versículo: ‹Y la tierra estaba Tohu vaBohu›, y escribió también en nombre del Séfer HaBahir que antes de que se crearan los cuatro fundamentos creo un material llamado el Hiulí, que es algo preparado para recibir la forma de los cuatro fundamentos pero él no toma ninguna forma en absoluto, y lo que es antes de este Tohu es el Éfes (Cero) como fue dicho: ‹De Cero y Tohu le fue contado› (Isaías/Yeshayá 40:17).
    Y el tema es que el Ein Sof es llamado Éfes, porque no tiene ningún alcance, pues ahí no hay materia ni forma, y después de Él salió el Tohu, que es el Kéter, y después salió el Bohu, que contiene los cuatro fundamentos: Jojmá y Biná, Tiféret y Maljut. Y la explicación de esto es que es necesario que haya un nivel intermedio entre el Emanador y la emanación, porque hay entre ellos distancia como entre el Cielo y la tierra, y ¿cómo éste iluminará al otro? Y ¿cómo creará éste a éste que son dos extremos? Sino que es porque hay entre ellos un nivel intermedio que los une, y existe un aspecto que sea cercano también al Emanador y (a la vez) cercano a la emanación. Y este aspecto es el Kéter, que es llamado Tohu, pues en él no hay ninguno de los fundamentos (mencionados arriba), por eso no es insinuado en el nombre YHVH (ADONAI) sólo con la punta de la Yod.
    Sin embargo es un aspecto intermedio, como ya recordamos, pues el Kéter es como la materia llamada Hiulí, que tiene la raíz de los cuatro fundamentos de manera potencial pero no en la práctica, por eso se llama Tohu, pues Mathé (confunde) las mentes de los hombres, pues dice: nosotros vemos que no tiene ninguna forma, sin embargo vemos que es emanado y tiene potencialmente cuatro formas y, en consecuencia, puede ser llamado En Sof y Emanador como es la opinión de algunos mekubalím: que el Ein Sof es el Kéter y (aún así) también puede ser llamado Emanado, pues ciertamente el Ein Sof es superior a él, por eso acerca de él dijeron los Sabios: ‹De lo que está por encima de ti, no preguntes› (Jaguigá 13ª, citando Ben Sirá). Sin embargo, el objetivo de lo que queremos hablar es que el Kéter es un aspecto intermedio entre el Emanador y lo emanado, y el motivo es porque el último aspecto del Ein Sof es aquel que emanó a este aspecto que tiene la raíz de las diez Sefirot de manera oculta y de manera ‹sutil› que no puede ser más fina en toda la emanación, pues no hay por encima del Tohu nada aparte del Éfes absoluto.
    Sale de todo esto (que hemos dicho) que hay dos aspectos que son dos niveles: uno es el aspecto más bajo e inferior de todo el En Sof, como si dijéramos de manera metafórica que es la Maljut de la Maljut del En Sof, e incluso que no es así, pues no hay ninguna forma y sefirá en el Ein Sof (jas veShalom – “Dios” no lo permita)de ninguna manera, y solo para ‹adecuar› el oído hablaremos así. Y este aspecto se llama Kéter que, por un lado fue llamado por algunos mekubalím (como perteneciente al) Ein Sof y, por otro lado, fue llamado por algunos mekubalím ‹Kéter›, como parte de las diez Sefirot. Pero nuestra opinión no es como la de unos ni como la de otros, sino que (decimos que) es un aspecto intermedio entre el En Sof y los (mundos) emanados y hay en él un aspecto de (pertenencia al) En Sof y un aspecto (que lo calificaría) ‹Emanado›. Y estos dos aspectos son llamados Atik Yomín (como emanador) y Arij Anpín (como emanado) y los dos son llamados Kéter, como ya es sabido” (Ets Jayim, Sha’ar 42:1 MB).
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/22/en-mesias-segun-la-tora-7/
    Elaborado por David Saportas
    1 hr 7 min
  • El Mesías Según la Torá 6 - DIOS HECHO CARNE – DIVINIDAD DEL MESIAS
    DIOS HECHO CARNE – DIVINIDAD DEL MESIAS.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/21/el-mesias-segun-la-tora-6/
    ELOKIM VEELOKUT – EXPLICACIÓN KABBALISTA
    En aras de un acercamiento preciso al concepto “Divinidad” (en hebreo אלהות Elokut) debemos reflexionar sobre ciertas consideraciones previas. No deja de ser paradójico intentar describir al “Indescriptible” o pretender hablar de “Aquel a quien ninguna mente puede aprehender” (Leit majashabá tefisá baj kelal), pues no existe pensamiento capaz de alcanzarLo (véase Tikuné Zohar: Pataj Eliyahu). Nuestra mente limitada no puede describir con adjetivos finitos al En Sof que es por definición Infinito. Por otro lado, la Torá nos declara como, a pesar de ser eterno e intrascendente, Él interactúa con Su creación revelándose en nuestro mundo finito. Debido a esto los Sabios Le llamaron Hakadosh, Baruj hu: “El Santo”, esto es, Aquel que es separado e intrascendente, pero a la vez es denominado “Bendito” al interactuar en nuestro mundo finito. En respuesta a la citada paradoja, los Sabios nos enseñan a diferenciar entre el Creador mismo, a Quien (a falta de calificativos) llamaron En Sof (sin fin) y lo que serían Sus revelaciones (גילוים Guiluim). [1]
    La propia Torá nos enuncia diferentes Nombres y epítetos con los que el Creador se revela a Sus criaturas. Cada uno de ellos vendría a expresar un aspecto o matiz diferente dentro de dicha revelación, sin llegar nunca a manifestar Su misma esencia (llamada עצמות Atsmut) pues, como se dijo, Ésta es ilimitada y, por ende, no susceptible de ser descrita mediante conceptos limitados; y esta fue la voluntad del Santo, Bendito sea, cuando quiso revelarse a Sus criaturas. Algunas de estas revelaciones son Elohut, es decir, una expresión de “divinidad”, apareciendo en el Tanaj mediante locuciones del tipo: “Yo soy Adonai” (Isaías/Yeshayá 42:8) o “Yo seré vuestro Elokim” (Jeremías/Yermeyá 30:22), o la célebre declaración: Y me mostré a Abraham, a Itsjak y a Ya’acov con (o en) El Shadai, y Mi nombre Adonai (YHVH) no se lo di a conocer” (Éxodo/Shemot 6:3). [2] Pues el Santo, Bendito sea, quiso nombrarse a Sí mismo mediante estos atributos limitados y denominarse a través de ellos. En este sentido, son una expresión de divinidad, pues nos revelan al mismo Dios.
    No necesitamos ir a los libros de Kabalá para ilustrar esta idea, pues ya en la propia Torá vemos como el Creador se muestra a través de diferentes Nombres y Epítetos, y cada uno de ellos estaría vinculado a una forma concreta con la cual el Eterno desea revelarse a Sus criaturas pero, como se dijo, ninguno de estos Apelativos nos retrotrae a Su misma esencia, que es ilimitada, y por ello imposible de aprehender bajo conceptos finitos. Así también aparece escrito en el Midrash, como versa: “Le dijo Elokim a Moshé› (Éxodo/Shemot 3,16). Dijo rabí Aba hijo de Mamal, le dijo el Santo, Bendito sea, a Moshé, ¿Mi nombre pides conocer? Según mis acciones así me llamo, a veces me denomino con (el Nombre) El Shadai, con Tsevaot, con Elokim, con YHVH. Cuando juzgo a las creaciones me llamo Elokim, cuando hago guerra con los malvados me llamo Tsevaot, cuando hago suspender (demorar el castigo en aras de Su piedad) los pecados del hombre me llamo El Shadai, cuando tengo misericordia de Mi mundo me llamo YHVH, pues YHVH es el atributo de misericordia, como está escrito: ‹YHVH, YHVH, Dios dadivoso y misericordioso› (Éxodo/Shemot 34:6).
    Por eso dice: ‹Seré el que Seré› (ídem 3:14), es decir, que me llamaré según Mis actos (es decir según lo que ‹seré› en cada uno de ellos) (Shemot Rabá, 3:6). Así pues, el carácter de esta revelación ha de ser necesariamente de naturaleza limitada, pues la intervención divina quedaría restringida a la expresión de diversos atributos como la “justicia”, la “misericordia” etc. Todos ellos adscritos a conceptos finitos en el marco de nuestro mundo limitado. Por todo ello, fue voluntad del En Sof, Bendito sea, revelarse a través de estos atributos e incluso llamarse a Sí mismo con ellos, convirtiéndolos en Sus propias revelaciones. Sin embargo, es importante entender que éstos son solo una revelación y nunca el propio En Sof, para no caer en el error de que el Eterno está sujeto a “adjetivos” o “nombres” limitados como uno de nosotros. Bajo una mirada más profunda, llegaríamos a afirmar que en realidad todo es en sí mismo una revelación del En Sof, pues toda esta creación parte de una emanación del mismo En Sof (véase Ets Jayim 47: 1 y 2), Quien lo ha hecho todo y a la vez se oculta detrás de todo. [3] Y sobre esto dijo el Ariza”l: “Y ahora voy a explicarte en resumen el tema de los mundos en general, y pon mucha atención a estas palabras. Todo lo que hay en los mundos se puede dividir en dos aspectos, el primero es el En Sof, que es Creador. [4]
    Altísimo y Verdadero, que de Él emanaron todos los mundos, y todos los mundos emanados (Atsílut), creados (Beriyá), formados (Yetsirá), y hechos (Asiyá), todos emanaron de Él. Y todos ellos son causas causadas por Él, todos por igual. El segundo aspecto son todos los mundos que hemos recordado, y en ellos reside la ‹Esencia› (Atsmut) de las luces que, desde el En Sof, se extienden hasta ellos para iluminarlas y otorgarles existencia, y esto ocurre en todos los mundos desde el primer punto y el más elevado de todos hasta el punto más bajo de todos, que es esta nuestra tierra baja donde viven en ella los hombres. Y también los hombres que moran en este mundo bajo, absolutamente todos los mundos están compuestos de estos dos aspectos y son: la ‹Esencia› (Atsmut) de las luces que se ocultan dentro de los kelim (vasijas o recipientes). Sin embargo en ellas mismas (en referencia a las vasijas) hay diferencia entre la una y la otra, y todas en forma de causa y causante, por cuanto en el más alto, se fortalece en él la ‹Esencia› de la Luz (es decir que le ilumina con más fuerza) espiritualizándolo en gran manera, por lo tanto el aspecto de ‹kelí› o ‹vasija› que hay en él, es muy puro hasta que casi no podemos calificarlas de ‹kelí›, y solo es en comparación a la gran Luz que se encuentra en su interior, las denominamos ‹kelí› pero en comparación a los (otros) ‹recipientes› que se hallan por debajo de él es llamado ‹luz› (or).
    Y cuanto más bajo es el lugar de los mundos, uno debajo del otro, tanto así baja su nivel, por cuanto las luces que hay en ellos no son tan puras como las luces más altas por cuanto están alejadas [5] de su fuente, que es el En Sof, y también por cuanto estas luces vienen vestidas dentro de las luces que están delante de ellos (es decir que las luces en el mundo de Asiyá, hasta que llegan a iluminar en el mundo de Asiyá han sido revestidas por el resto de los mundos que vienen antes). Y así el otro aspecto de sus ‹kelim› se hacen gruesos y fuertes [6] (cuanto más grueso es el kelí menos luz deja que pase por él) hasta que nos encontramos con este mundo bajo cuya su luz es más escasa que en el resto de los mundos y sus kelim más gruesos y fuertes (en el sentido que son más fuertes que la luz y no la dejan pasar) más que todos los kelim que están por encima de ellos. Y el que medite en esto, cuando se abran sus ojos intelectuales, entenderá como todos los mundos son en un aspecto ‹vestiduras› del En Sof que se viste dentro de ellos, y también les envuelve, les hace vivir a todos y no hay nada fuera de Él y todos los mundos se atan con el Creador, y basta con lo que hemos dicho hasta ahora, por cuanto no es propicio revelar más sobre este tema” (Sha’ar Hakdamot 7a).
    En este sentido, podemos decir que toda la Creación (donde estaría incluido nuestro mundo) no es más que un “vestido” (לבוש lebush) que permite al En Sof, Bendito sea, revelarse en él. A veces es un ángel quien nos revela al Eterno y a Sus acciones (véase, por ejemplo: Éxodo – Shemot 3:2) o bien supervisa y sustenta el mundo a través de fenómenos naturales al enviar, por ejemplo, la lluvia a su tiempo. Incluso el hombre puede llegar a ser llamado הא להים – איש ish haElokim (Hombre de Dios) convirtiéndose cada una de sus acciones en una expresión de “divinidad” (como se explicará más adelante). Como aprendemos de las palabras del Ariza”l citadas anteriormente, tanto los Nombres de Dios, como éste nuestro mundo, constituyen en sí revelaciones mediante las cuales el Santo, Bendito sea, se muestra en Su mundo. Aún así, estos conceptos no deben ser entendido en forma literal, o estaríamos cayendo en la herejía panteísta, donde todo es “Dios”. Por esto, debemos hacer distinción entre las revelaciones de los Nombres y los actos del Eterno, con el resto de las revelaciones que son algo dividido del En Sof. Cierto es que el En Sof se revela en ellas, pero el En Sof nunca se llamó a Sí mismo con estas revelaciones, esto es, el En Sof nunca dijo ser un “ángel”, nunca dijo ser un “viento” y nunca dijo ser un “hombre”; y no sólo que nunca lo expresó de esta manera, sino que decir esto constituye un grave pecado de idolatría.
    Así pues, existen dos tipos de revelaciones: las que están unidas al En Sof, y las que están divididas del En Sof. La Torá nos permitió dirigirnos al En Sof únicamente a través de las revelaciones que están unidas a Él, que son Sus Nombres y Sus atributos. Pues de no ser así ¿de qué otra forma podríamos conocer y relacionarnos con nuestro Dios? Sin embargo, el Santo, Bendito sea, prohibió taxativamente dirigirnos a Él a través de esas otras revelaciones que están separadas de Él. Cuando decimos “separadas” nos referimos a que ya constituyen en sí mismas una identidad, por ejemplo, un ángel ya es en sí mismo una identidad, como también lo es un astro o un hombre. Si alguien quisiera adorar al Eterno postrándome (Dios nos libre) ante el sol, estaría adorando al mismo sol y también al Eterno pues, aunque Dios revela Su poder a través de dicha luminaria, los astros son una identidad separada del Eterno, más cuando yo adoro al Eterno dirigiéndome por uno de Sus Nombres, no adoro a dos entidades por cuanto “Él y Su Nombre son uno” (Pirké de Rabí Eliezer cap. 23, véase Sha’aré Kedushá 3:1).
    Aunque pueda resultar obvio, subrayaremos que aunque el Eterno se haya revelado con muchos Nombres, esto no significa que (jas veshalom – “Dios” no lo permita) existan muchos “dioses”, sino que hay un solo Dios y sólo a Éste adoramos, dirigiéndonos a través de los diferentes Nombres con los que Él se ha revelado. Los sabios de la Kabalá nos enseñan que los Nombres de Dios pertenecen al mundo de Atsilut (Emanación). Tal como su nombre indica, אצילות Atsilut no es algo separado del En Sof sino que “emana” (לאציל leatsil) de Él. Por eso todas las revelaciones del mundo de Atsilut son “uno” con el Ein Sof. Debido a esto el mundo de Atsilut es llamado también “el mundo de la Unidad”, por eso los diferentes Nombres de Dios se corresponden con las sefirot de este mundo en concreto. Los mundos inferiores, (Beriyá, Yetsirá y Asiyá בי״ע (son denominados “los mundos de la División”, pues a partir de ellos (de Beriyá, concretamente) las creaciones comienzan a existir separadas del Eterno, como nos lo indicarían sus propios nombres: Creación, Formación y Acción, según se desprende del texto bíblico (véanse Génesis/Bereshit 1 y 2, Isaías/Yeshayá 43:7): ברא Bará, יצר Yatzar y ויעש Vaya’as. Por esta razón no podemos atribuir ningún tipo de Divinidad a nada que se halle en los mundos de la división, pues al estar estos separados del En Sof, sería como decir (jas veshalom – “Dios” no lo permita) que existen “dos divinidades”.
    Aún así, cualquier lector familiarizado con la Biblia podría plantearse la siguiente pregunta: entonces ¿por qué los ángeles, el Templo o incluso el Mesías son llamados YHVH (véanse Éxodo/Shemot 12:29, Jueces/Shoftim 13:22, Jeremías/Yermeyá 23:6, Isaías/Yeshayá 9:6, entre muchos otros) ¿no significa esto que el mismo En Sof se revela en ellos? Rabenu Bejayé [7] en su comentario a la Torá afirma lo siguiente: “Y fue que todo el que buscaba al Eterno salía al Ohel Moed (Tienda de la Cita) que estaba fuera del campamento› (Éxodo/Shemot 33:8). (Más bien) tendría que estar escrito ‹Y todo el que buscaba a Moshé…›, de aquí aprendemos que Moshé es llamado con el Nombre Único (ה-ו-ה-י .(Y asimismo vimos que Ya’akov es llamado con el Nombre אל El (Génesis/Bereshit 33:20) […] Y de forma similar encontramos que Shem, el justo, fue llamado con el nombre Único. E igualmente el Rey Mesías es llamado con el Nombre Único como está escrito: ‹Éste es su nombre que le llamarán YHVH justicia nuestra” (Jeremías/Yermeyá 23:6). Y también Yerushalayim: ‹Y el nombre de la ciudad desde el día (aquel será) el Eterno (YHVH) está allí› (Ezequiel/Yejezkel 48:35), no leas שמה shama (allí) sino lee שמה Shema (su nombre).
    Y esto es así porque el que se apega y se une a algo es llamado por el nombre de aquello que se apega, y el enviado es llamado por el nombre del que le envía, y por eso vemos que los ángeles son llamados por el Nombre Único en muchos lugares en las Escrituras, como esta dicho (Génesis/Bereshit 18:13): ‹Y dijo YHVH a Abraham: ¿por qué se rió Sará?›, quien siendo un ángel se llama con el Nombre Único” (Comentario a Ki Tisá 33:7). Estas y otras muchas citas nos demuestran que no somos los primeros en hacernos estas preguntas. La citada enseñanza de Rabenu Bejayé nos invita a una profunda reflexión, pues si afirmamos que: “El que se apega y se une a algo es denominado por el nombre de aquello a lo que se apega, y el enviado es llamado por el nombre del que envía” ¿por qué entonces esta regla no se cumple siempre? Pues vemos como en muchas ocasiones en la Escritura ‹los enviados› no son llamados ‹por el nombre del que les envía›, y solo en algunas ocasiones ocurre esto, aquí cabría plantearse: ¿qué tienen de especial estos personajes que los diferencia de aquellos otros a los que no se aplica esta pauta? Acerca de esto, el Admor Hazakén escribió: “Y el tema es que los ángeles son enviados, [porque el ángel es llamado Shalíaj: enviado], como está escrito: ‹Y llamó el Nombre del Eterno que le hablaba a ella, y así volver volveré a ti› (Génesis/Bereshit 16,13). Porque es el mismo Or En Sof que se extiende y baja a cada uno según su nivel: (el ángel) Mijael en el jésed etc.
    Es decir, el ángel actúa a manera de kelí o recipiente de la luz Divina, la cual se extiende en él (incluso en los mundos de la división). Y por cuanto el mismo (ángel) es solo un Keli, quedaría anulado ante la luz (divina, pues) la luz es (lo) principal. Por eso se puede llamar a sí mismo con un lenguaje de Divinidad (como dice: ‹Volveré›, somo si se tratara del Eterno Mismo) pues (los ángeles) dicen esto a través de la Luz que se viste en ellos que es Divina, como está escrito en Pardés Rimonim 24:11” (Likutei Torá Bamidbar, Usfartem Lajem 11b). A tenor de lo expuesto, vemos que incluso en los mundos de la división (Beriyá, Yetsirá, Asiyá בי״ע (estas identidades separadas de la Divinidad, pueden revocar su propia personalidad de tal forma que, al venir sobre ellos la Luz del En Sof, quedarían anulados por completo, actuando a manera de vasijas transparentes a la manifestación de Dios; y esto hasta tal punto que la Divinidad se convierte en lo principal de ellos anulando su propia identidad que ni siquiera es nombrada, permitiendo así que la Divinidad Se revele y opere en los mundos bajos. De esta forma podemos llegar a entender por qué la Torá asimila conceptos divinos a seres creados como puedan ser los ángeles o incluso los hombres, y también a lugares concretos como “Yerushalayim” o “Bet El”. Llegados a este punto, debemos preguntarnos: si esto es así ¿en qué se diferencia de la idolatría? Antes de abordar el tema de la “divinidad” del Mesías anticiparemos, por así decirlo, el remedio a la enfermedad, marcando una clara diferencia entre lo que serían conceptos “kasher” sobre la Divinidad y esos otros procedentes de la idolatría: [8]
    EL CONCEPTO DE DIVINIDAD – SANTIDAD Vs IDOLATRÍA
    La Torá nos advierte en muchas ocasiones acerca de los peligros de la idolatría, como se declara (Deuteronomio/Debarim 4:15-20): Así, guardad diligentemente vuestras almas, ya que ninguna figura visteis el día en que YHVH os habló en Joreb en medio del fuego, no sea que os corrompáis y os fabriquéis escultura; imagen de algún ídolo con forma de hombre o de mujer, o figura de alguna bestia que está en la tierra, o figura de algún ave que vuela por los cielos, o figura de algún reptil que repta por el suelo, o figura de pez alguno que nade en las aguas debajo de la tierra. No sea que, alzando tus ojos a los cielos y viendo el sol, y la luna y las estrellas, todo el cortejo de los cielos, te dejes seducir y te postres ante ellos, y les rindas culto, siendo que YHVH tu Dios los ha dado como porción suya a todos los pueblos debajo de todos los cielos. La Biblia deja meridianamente claro que ninguna imagen puede ser relacionada con el Eterno, Quien está por encima de cualquier límite o definición, siendo cualquier relación entre Dios y los seres de los mundos de la escisión de naturaleza circunstancial y no esencial.
    Aunque algunas identidades separadas de la Divinidad son llamados YHVH, que es un Nombre adscrito al concepto “Eternidad”, esto no significa (Dios nos libre) que ellos en esencia sean eternos, sino más bien que la Eternidad esta “habitando” en ellos de manera eventual. Ellos por sí mismos no son divinos, ni siquiera comparten algún tipo de autoridad con el Eterno, más a Él le plació usar estas identidades como vasijas (Kelim) donde posar Su Divinidad y de esta forma poder revelarse, hablar o actuar a través de ellos. Resulta significativo que la “grandeza” de estas identidades (como podrían ser Mijael, Gabriel etc.) no reside en realidad en ellos mismos, sino en la medida que han podido anularse ante la grandeza del Santo, Bendito sea. Y es esta “anulación” (bitul) lo los convierte en vasijas capaces de contener la luz de Dios, llegando a ser totalmente transparentes, por lo que son llamados circunstancialmente por el Nombre de la Divinidad que se posa en ellos, como ya se dijo (véase el ya citado Likutei Torá de Admor Hazakén).
    Esta sería la manera “kasher” de ver las cosas y no el camino de la Idolatría, que rinde honor a la vasija misma, tratándola como una identidad independiente de la Divinidad convirtiéndola así en divina. [9] Mientras que desde el lado de la Santidad se contempla la auto-anulación y la humildad de los seres creados, desde la sitrá ס״א ajará (el lado de la impureza) vemos todo lo contrario: las entidades separadas adquieren importancia en sí mismas, haciendo que toda la atención se centre en ellas hasta llegar a difuminar la imagen del mismo Dios. [10]
    Lo ilustraremos con un ejemplo: la Torá nos dice que debemos temer al Templo, como versa: “Y Mi Santuario temerás, Yo soy el Eterno” (Levítico/Vayikrá 19:30). El respeto y reverencia que nos debe inspirar el Templo Sagrado no constituye un fin en sí mismo, pues se trata de un medio para temer al Eterno, como afirma el versículo, a manera de corolario: “Yo soy el Eterno”; como también dijeron los Sabios: “No al Templo debes temer sino a Aquel que nos ordenó acerca de él (para construirlo) (Maséjet Sofrim 3:17). Aunque podamos ver el Tanaj como los fieles se postraban delante del Arca del Pacto y también se dijera del Santuario: “Y matarás al novillo ante el Eterno, (en) la entrada de la Tienda de Reunión” (Éxodo/Shemot 29:11), Nadie en Israel pensó que el Tabernáculo, propiamente dicho, demandaba algún tipo de culto, sino que todo iba en la línea que ya hemos argumentado [11] (véase también Bamidbar Rabá 4:13). Así pues, basándonos en las enseñanzas de los Sabios de Israel, podríamos destacar tres puntos principales en la revelación de Divinidad en las identidades separadas.
    1. Es necesario precisar, en referencia a cualquier identidad “mediadora”, que nunca debemos pretender una unión íntima con ellas con el fin de conectarnos con Dios y recibir así Sus beneficios, pues su misión es mostrarnos al Creador mismo, y en cualquier interrelación que se establezca nos apegamos al “mediador” sino a Dios, que reside en él, por lo que no recibimos nada que sea suyo propio sino únicamente de Dios.
    2. La Presencia Divina no se reviste en estas identidades sino que pasa a través de ellas de manera eventual. Y esto es así con independencia del lapsus de tiempo que esto ocurra, ya sea un instante o mil años. De esta manera la identidad creada será siempre el medio pero nunca el fin. El medio: por ser el canal a través del cual Dios se revela, siendo el único fin la revelación propiamente dicha, esto es, el propósito es el mensaje y no el mensajero. Si por el contrario dijéramos que la Divinidad se reviste en ellas, diríamos que el fin que persigue la Divinidad es hacer “divinas” a estas identidades. Este segundo punto iría de la mano con lo ya expuesto en el primero porque si, jas veshalom, dijéramos que la Divinidad se inviste en estas identidades de forma habitual, siendo este el patrón o modelo, y no en aras de un objetivo concreto, entonces vendrían a ser “mediadores que separan”, pero si decimos que el propósito es alcanzar a través de ellas la unión entre nosotros y el Santo, Bendito sea, quedando éstas en un segundo plano, entonces son “mediadores que unen”.
    3. La función mediadora de estas identidades es para nosotros de vital importancia pues no podríamos recibir la luz de la Divinidad si no fuera a través de ellas, pues la unión con ellas supone la unión con el mismo Dios.
    Veamos ahora estos tres puntos desde la perspectiva de la idolatría:
    1. Estas identidades actúan aquí como mediadores que separan, pues partiendo de la idea de que la Divinidad es inalcanzable, podríamos pensar que la única forma de unirnos a Ella para recibir Sus bendiciones, sería a través del mediador y no directamente de la Divinidad.
    2. Al revestir la presencia divina a estas identidades, esto las convierte en identidades divinas persé.
    3. A consecuencia de lo dicho, estas identidades se hacen imprescindibles para la vida espiritual del idólatra, pues son divinas y, por ende, dignas de recibir servicio y adoración como si se tratara (Dios nos libre) del Creador mismo.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/21/el-mesias-segun-la-tora-6/
    Elaborado por David Saportas
    26 min
  • El Mesías Según la Torá 5 - EL MESÍAS DE ISRAEL Y LOS GENTILES
    EL MESÍAS DE ISRAEL Y LOS GENTILES
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/19/el-mesias-segun-la-tora-5/
    Lo siguiente dista muy lejos de ser opiniones personales. Es enseñanza de los Sabios de Israel que nos aporta luz sobre el “misterio” de la salvación de las naciones; Ellos interpretaban las palabras “burro” (jamor) y “asno” (atonot) como dos cáscaras o klipot, esto es, fuerzas espirituales del lado de la impureza. El mundo natural nos brinda un ejemplo para entender mejor estos conceptos: El fruto (perí) está recubierto por una piel o una cáscara (klipá) la cual debe ser retirada antes de poder comerlo. Los Sabios compararon el fruto con la kedushah (santidad) y a la cáscara con la sitrah ajaráh (el otro lado), conjunto de fuerzas malignas que actúan intentando desviar al hombre hacia caminos no buenos. Según Ets Jayim, las klipot serían cuatro: Tres de ellas absolutamente oscuras llamadas: Rúaj searah, Anán gadol y Esh mitlakájat, y aún una cuarta llamada klipat Nogah.
    En opinión de los comentaristas, la profecía que Jacob dirigió a las Tribus (Génesis 49) contiene una advertencia sobre los diferentes exilios que habrían de acontecer, y cada uno de estos tendría su raíz espiritual en el exilio de Egipto en el cual ellos se encontraban. Así pues el de Babilonia (Babel), el de Persia (Parás), el de Grecia (Yabán) y el más largo de todos, el de Roma (Edom), todos procederían espiritualmente del Exilio de Egipto, pues allí se encontraba “el nudo impuro de las naciones” todas las cáscaras o klipot de la corrupción y oscuridad de los pueblos (véase Zohar Vayehí 211b-212a) que operan en medio del mundo; Sin embargo, y a pesar de los evidentes peligros que entramaba, Dios le dijo a Jacob “no temas descender a Egipto”.
    El descenso de Israel a Egipto apuntaría, como se dijo, al misterio de la salvación de los gentiles; los sabios hablaron de “rescatar las chispas de santidad” que quedaron en esa tierra tras la marcha de Abraham; Y estas “chispas” nos insinúan también las almas de los gentiles que habrían de ser rescatadas de la idolatría y de la impureza. Todo este planteamiento nos sugiere varias preguntas: ¿Esta acción puede ser llevada a cabo únicamente desde el exilio? ¿Israel solo puede ejercer su comisión de “sacerdote” para los pueblos viviendo en medio de ellos? La expresión “goi kadosh” nos plantea la paradoja de aunar dos conceptos aparentemente incompatibles: Por un lado la consagración implica alejamiento y equidistancia, y por otra la condición de gentil, nos lleva a la idea de alguien que vive fuera de las lindes de los preceptos divinos. Aun así dijeron los sabios: “No exilió El Santo, Bendito Sea, a Israel entre las naciones, sino para que se añadieran guerim (conversos) (Pesajim 87b).
    En todo ello podríamos ver una insinuación a la comunidad de creyentes de entre las naciones, que llegarían formar un tipo de “unidad mística” con Israel. Shaúl hashalíaj, más conocido como el apóstol Pablo, recurrió a una hermosa metáfora para explicar este misterio (véase Romanos 11): Describió a Israel como “el olivo natural” el único capaz de dar fruto, y a las naciones como un estéril “olivo silvestre”. El vínculo entre ambos pueblos sería la fe en el Mesías. Esto supondría que los gentiles serían desgajados, a manera de ramas, de su árbol de origen para ser posteriormente injertados en el olivo de Israel donde podrían nutrirse de la “raíz y la rica sabia” que únicamente se halla en el Pueblo Escogido de Dios. Aquí Pablo nos habla de “primicias” o bikurim (ídem 11:16) en referencia a todos aquellos judíos que habían creído en el Mesías y también de “la masa restante”, en alusión a los judíos que no creyeron; Sin embargo, ambos colectivos son calificados de “santos” (kedoshim) a causa de la “raíz santa”, término que describiría ese vínculo eterno y especial que une a Israel con El Santo, Bendito Sea.
    LA SALVACIÓN DE LAS NACIONES
    Am y Goi.
    Jacob supo que José estaba vivo y que se hallaba en Egipto, y decidió ir a su encuentro (véase Génesis 45:28). Sin embargo hizo una parada en Be’ersheva para ofrecer sacrificios. Estando en este lugar, Dios se dirigió al patriarca, como versa: “No temas descender a Egipto porque allí Yo haré de ti (una) nación grande. Yo descenderé contigo a Egipto y Yo también te haré volver” (Ídem 46:3 y 4). Estos últimos años del patriarca supusieron para él un verdadero refrigerio en su azarosa vida, y a juzgar por la relevancia de sus palabras (véase ídem 46:48 y 49) alcanzó un nivel de profecía como nunca antes.
    Los sabios nos enseñan que la Shejinah (Presencia Divina) no mora sino en la tierra de Israel, sin embargo, Ésta salió juntamente con Jacob cuando fue a morar a Egipto, como versa: “Yo descenderé contigo a Egipto (Génesis 46:4), de aquí (conocemos) que la Shejinah descendió con él al exilio” (Zohar Vayigash 211a); Y también acompañó al pueblo de Judá en su exilio de Babilonia tras la destrucción del Primer Templo Sagrado o Bet HaMikdash (véase Ezequiel 10), como se declara: “Y a todo lugar al que fueron exiliados (los hijos de) Israel, la Shejinah se exilió con ellos” (Zohar Vayigash 211a).
    El mandato divino a Jacob reiteraba una promesa dada en su día a Abraham: “Yo hare de ti (una) gran nación” (Ídem 12:2). Esta expresión (en hebreo goí gadol) también puede ser traducida como un “gran gentil” pues la palabra goí es empleada normalmente en referencia a un no judío. Las Escrituras a la hora de referirse a Israel suelen usar el término Am (pueblo), pues Dios al dirigirse a Israel, les dice “Me seréis por pueblo: leam” (Levítico 26:12) y no legoí. Aunque esto no supone una regla estricta, es por lo general, la pauta seguida en la Biblia.
    En ocasiones las otras naciones reciben también el calificativo de “am”, en opinión del Rashbam y del Ba’al Haturim, esto haría referencia a los justos conversos y no los pueblos idólatras, ya que la misma Torá nos declara: “Hay amor por las naciones (amim)” (Deuteronomio 33:3). Parece interesante hacer mención de un versículo del Tanaj en la que los profetas usan el término goí en referencia a Israel para insinuar que ellos siguieron las costumbres de esos pueblos, como versa: “¿Acaso intentó Dios ir a tomar para Él pueblo (goi), de entre (otro) pueblo (goí)? (Deuteronomio 4:34). Al respecto dijeron los sabios: “Dijo rabí Yehoshúa: No está escrito sacar a un pueblo (am) de otro pueblo (goí) sino goí de goí, porque éstos (los hebreos) no eran circuncisos y éstos (los egipcios) lo mismo. El atributo de justicia (midat hadín), por lo tanto, se oponía a la redención. Finalmente venció el atributo de misericordia (midat harájamim) y aun sin méritos, Dios se apiadó de ellos” (Shir Hashirim Rabah 2:2).
    A manera de “puente” entre “am” y “goí” citaremos el siguiente pasaje: “Y vosotros seréis para Mí un reino de sacerdotes, y una nación consagrada (goi kadosh)” (Éxodo 19:6). En el servicio divino, la Torá define tres roles diferentes: El del Cohén o sacerdote, el del levita y el del israel común. De entre ellos, el de mayor santidad es, por supuesto, el del cohén, ya que éste era el único calificado para entrar en las cámaras interiores del Santuario. Por esta razón, nos resulta muy significativo que a criterios de una “consagración global” del pueblo de Israel, capaz de elevarlos a la categoría de “reino de sacerdotes” (mamléjet cohanim) se utilize la expresión “goi” (nación) en vez de “am” (pueblo), que resultaría mucho más afín al concepto de santidad.
    Una fe para las naciones.
    Que aquella incipiente fe el Mesías de Israel estuviese, por así decirlo, “rescatando” primero a los paganos que a Sus hermanos judíos, intrigó desde el principio a los discípulos, quienes procedían en su totalidad de la circuncisión. A esta circunstancia debemos añadir que el propio Yeshúa había definido sus prioridades al afirmar: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24), o la muy elocuente: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos” (Marcos 7:27).
    Ellos contemplaban con asombro como el Espíritu de Dios venía también sobre los gentiles, como versa: “Se quedaron atónitos de que el don del Espíritu Santo se hubiese derramado también sobre los gentiles” (Hechos 10:45). Este no era un tema en absoluto novedoso, ya desde antiguo los Sabios se habían preguntado por qué David alababa a Dios entre las naciones y no en Israel, como versa: “Por tanto yo Te alabaré entre las naciones, oh Eterno, y cantaré a Tu nombre (Salmos 18:50). El rey David dijo esto a través de su espíritu de santidad, cuando vio que la Gloria de El Santo, Bendito Sea, no ascendía a lo Alto y no era glorificado en el mundo, sino desde el flanco e las demás naciones” (Zohar Yitró 68b). Y también fue dicho: “Y será en aquel día que la raíz de Ishai estará puesta por pendón para los pueblos, será buscada por los gentiles y su lugar de descanso será glorioso” (Isaías 11:10, citado Romanos 15:12).
    No deja de resultar paradójico, que la raíz de Ishai, esto es, el Mesías, sólo llegue a ser divisa (nes) para los otros pueblos (amim), y lo es aún más que solo entre los gentiles (goim) pueda hallar Su lugar de reposo (menujah). La palabra “nes” (bandera, estandarte) también significa “milagro”, lo que vendría a insinuarnos que todas las señales que habría de realizar el Mesías, solo serían reconocidas fuera del pueblo de Israel, pues dijeron los rabinos: “No pienses que el Rey Mesías habrá de realizar milagros, prodigios o crear cosas nuevas en el mundo, resucitar muertos o cosa semejante; ¡No es así!” (Hiljot Melajim 11:3). Y respecto a la cuestión de que el Mesías no hallaría “un lugar de reposo (menujah) en medio de Su propio pueblo fue dicho: “Se alejó de mí el Consolador (menajem) que daría reposo a mi alma” (Lamentaciones 1:16) Y “Menajem” es un nombre del Mesías (Sanhedrín 98b).
    Al respecto parece significativa la siguiente enseñanza de los sabios donde podríamos hallar también una insinuación de estos misterios, como versa: “Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, para el pobre (ani) y para el extranjero (guer) lo dejarás” (Levítico 19:9 y 10). También está escrito: ‹Pobre› (ani), ‹montado sobre un pollino hijo de asna› (Zacarías 9:9); burro y pollino son dos coronas (del otro lado) que a través de ellas ejercen dominio los pueblos y que pertenecen al lado de la izquierda (rigor), el lado de la impureza. Y sobre lo que está escrito ‹pobre›: ¿Es que el Rey Mesías es llamado ‹pobre›? Sino que así dijo rabí Shimón: Ya que no posee nada propio y lo denominamos ‹Rey Mesías› (Mélej HaMashíaj). Es la luna sagrada en lo Alto que no posee luz (propia) sino (que la recibe) del sol y con todo esto, estará montado sobre un burro, sobre un pollino (que son) el poder de los pueblos, para subyugarlas, (entonces) se fortificará el Santo, Bendito Sea, en Su Lugar” (Zohar Vayehí 238a).
    Que el Mesías, en su acepción de “ben Yosef” como el Siervo sufriente de El Eterno, sea llamado “pobre” no es algo novedoso. Ya en la los escritos apostólicos es dicho de forma explícita, como versa: “El Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza” (Mateo 8:20). En el contexto donde esta declaración fue dicha, debemos entender que el Maestro quería advertir a un espectador, quizás demasiado entusiasta, que “seguirle a donde quiera que vaya” implicaba pagar el precio de una vida de austeridad y privaciones; Pero, como sabemos, las palabras de santidad tienen siempre sentidos ocultos que van más allá del tiempo y de las circunstancias en las que fueron pronunciadas.
    A este respecto, el apóstol Shaul, (Pablo), trae una enseñanza muy en la línea de lo expuesto por los Sabios, como se declara: “Porque ya conocéis la gracia (hajésed) de nuestro Señor el Mesías, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros fueseis enriquecidos con Su pobreza” (2 Corintios 8:9). ¿Puede acaso la pobreza de alguien enriquecer a otro? Las palabras del Shalíaj nos estarían insinuando uno de los tópicos del Zohar, el llamado “exilio de la Shejinah”; Pues existe una Shejinah de lo Alto, asociada a Biná, entendimiento, y que es considerada el “aspecto femenino superior”. Y hay una Shejinah que se encuentra exiliada en lo bajo; Ésta se correspondería con Maljut, reino, y es llamada “pobre”, pues no posee nada propio” y al igual que la luna, recibe y a su vez refleja la luz. Este concepto que se vería refrendado por la siguiente afirmación: “Nada hago por Mí mismo, sino que según Me enseñó el Padre, así hablo” (Juan 8:28).
    ¿El Mesías entre los gentiles?
    Siguiendo con la exposición alegórica del texto, las Tribus tuvieron que descender a Egipto para poder descubrir que aquel que presuponían “rey de los gentiles” era en realidad el Mesías ben Yosef quien había sido enviado por Dios a ese lugar “a fin de dar vida a mucha gente” (Génesis 50:20). Aún así nos preguntamos: ¿Por qué en Egipto? ¿Es posible revelar la santidad y pureza del “Tsadik”, del justo Mesías desde la klipá de Egipto que es, como se dijo, la madre de todas las cáscaras de corrupción e idolatría?
    Trasladándolo a nuestro contexto también deberíamos plantearnos si el pueblo de Israel será capaz de reconocer al Mesías siéndole anunciado desde la klipá de las naciones, y no desde el seno de Israel? La consecución de esta meta se nos plantea complicada; la “religión” de Faraón es en esencia sincretista y cualquier “mensaje” que pudiese enviar sobre la revelación del Mesías ha de venir necesariamente distorsionado, como nos ilustraría el siguiente ejemplo: “El Eterno es el Justo, y yo y mi pueblo somos los malvados” (Éxodo 9:27). Lo que a primera vista podría parecernos un atisbo de arrepentimiento o una proclamación de la Justicia de Dios, deja paso a otra realidad subyacente: “El Eterno es el Tsadik (Hashem haTsadik)”. En opinión de los comentaristas, una palabra precedida por un artículo determinado (como aquí la hei) siempre haría alusión a algo (o alguien) en concreto; Y ¿quién es el Tsadik por antonomasia? El Mesías ben Yosef, como versa: “El Justo, Mi siervo, justificará a muchos y cargará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).
    El Tsadik, esto es, el Mesías hecho hombre ¿es directamente “El eterno”? Al margen de otros aspectos de orden teológico sobre la procedencia del alma del Mesías como “El Fundamento del Mundo”, dicha afirmación debe ser señalada como paganizante. Y añade: “Y yo y mi pueblo somos impíos (harshaim)”. Veamos esta expresión con más detenimiento: En Harshaim podemos ver implícitas estas dos palabras:
    Yeshúa עשי
    Rimah המר
    Nota: Palabras en Hebreo que aquí por cuestiones de formato de texto aparecen escritas de izquierda a derecha (al revés de como debería ser de derecha a izquierda).
    El nombre “Yeshúa” escrito de modo carente (sin la letra à vav) nos plantearía (Dios nos libre) a un “mesías” desprovisto de naturaleza humana, pues dicha letra, de valor numérico seis, nos retrotrae “al primer Adam”, que fue creado precisamente en el día sexto. De hecho, eliminar la humanidad del Mesías es una herejía que circulaba ya en el tiempo de los apóstoles, como se declara: “Todo espíritu que no confiesa que Yeshúa el Mesías ha venido en carne, no procede de Dios, éste es el espíritu del anti-Mesías, el cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:3) y añade:
    “Porque muchos engañadores han salido al mundo, que no confiesan que Yeshúa el Mesías ha venido en carne. He aquí el engañador y el anti- Mesías” (2 Juan 7). Estas falsas doctrinas hallaron terreno fértil en naciones cuyo concepto de la “divinidad” era radicalmente distinto del manifestado en la Biblia, lo que llevó a distorsionar la realidad espiritual del Mesías, dando pie a las más variadas doctrinas.
    El siguiente vocablo, “rimah”, con su significado de “decepcionar, engañar o traicionar” nos ilustra sobre la manera (Dios no lo permita) en cómo “el adversario de las almas” ha querido mostrar siempre a Yeshúa entre el pueblo de Israel, para que estos lo viesen lo más alejado posible de la tradición judía e incluso de la revelación bíblica.
    A primera vista, hacer un especial hincapié en los atributos divinos manifestados a través del Mesías, puede parecernos una forma de “honrar al Rey” pero, como hemos visto, esta circunstancia puede convertirse en “terreno abonado” para la estrategia de “medias verdades” arquetípica del anti-Mesías. Esta circunstancia también podría de alguna forma llegar a menoscabar los méritos de Yeshúa, muy especialmente en lo que respecta a Su muerte en expiación, de la cual fue dicho: “Ahora os ha reconciliado en Su cuerpo de carne, por medio de la muerte” (Colosenses 1:21 y 22).
    El Midrash nos cuenta como la entrega de la Torá suscitó recelos entre los ángeles servidores, quienes cuestionaron que algo así pudiese ser puesto en las manos de un hombre. Moisés les respondió recordándoles que cada uno de sus mandamientos sólo podía ser cumplido en una dimensión terrenal, pues los ángeles ni comen, ni tienen padres, ni tampoco están sujetos a aspectos de pureza o contaminación.
    Moisés, como el primer goel (redentor) es tipo profético de Ese otro del cual fue dicho: “Subirá a Sión Redentor (goel), quien apartará la iniquidad de Jacob” (Isaías 59:20). Durante el tiempo que permaneció en el monte Sinaí (como figura del Cielo) no comió ni bebió a semejanza de los ángeles, pero cuando descendió volvió a ser un hombre “de carne y hueso”, el siervo de Dios que llevó la Ley a los hombres. Sin embargo, Moisés no era como el resto de los seres humanos, pues una impronta del resplandor de la Gloria divina quedaría reflejada en el rostro del único ser humano “que conoció a El Eterno cara a cara” (Deuteronomio 34:10, véase Éxodo 33:11). En un sentido alegórico, el Mesías también ocultó Su Gloria detrás de “un velo”, pues Él era “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15), por lo cual fue dicho: “Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente” (Éxodo 34:35) lo cual se vincularía proféticamente a este otro: “La apariencia de Su rostro se hizo otra y Su vestido blanco y resplandeciente” (Lucas 9:29). “Y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro” lo cual es figura de la ocultación de la Gloria de Dios tras las “vestiduras” de la humanidad del Mesías.
    Volvamos ahora a la profecía de Zacarías 9:9, la cual tuvo, según los Escritos apostólicos (véase Mateo 21), un cumplimiento literal con la entrada de Yeshúa en Jerusalén poco antes de la que sería Su última Pascua. Una observación atenta al pasaje nos aportará nuevas perspectivas sobre el tema:
    Los cronistas nos narran (véase ídem 21:1) como en las últimas etapas de Su viaje a Jerusalén, Yeshúa pasó por dos lugares: El primero era Betfagué, (Bet Pagué), esto es, “la casa de los higos” (véase Cantares 2:13) y el segundo el muy conocido monte de los Olivos o de las olivas (har Hazsetim)”.
    No puede ser casualidad que el Mesías, en Su cometido de Siervo sufriente de El Eterno, camino de la cita con Su propio destino, se detuviera en dos lugares cuyos nombres hacen alusión a dos árboles que son símbolos del Pueblo de Israel: “La higuera” y “el olivo”. La primera (Bet Pagué) describiría unos higos que no son comestibles por estar aún verdes, lo cual nos retrotrae a esa otra higuera a la que Yeshúa recriminó al día siguiente cuando no pudo comer de ella por no ser aun el tiempo (véase Ídem 21:19). La metáfora de la higuera baldía a la cual Dios pide frutos sin poder hallarlos, fue utilizada extensamente por los profetas (véase Jeremías 8:13, Yoel 1:7 entre otros); De la misma forma, es mencionado el olivo, como se declara: “Olivo frondoso, lozano, de hermoso fruto, llamó El Eterno tu nombre” (Jeremías 11:16).
    Existe un pasaje en la Biblia donde, a manera de alegoría, aparecen juntos la higuera y el olivo, como se declara: “Una vez los árboles fueron a ungir un rey para sí, y le dijeron al olivo: ven y reina sobre nosotros; Y los árboles le dijeron a la higuera ven y reina sobre nosotros”. La historia continua mencionando el otro árbol que simboliza a Israel: La vid, como versa: “Y los árboles le dijeron a la vid: Reina tú sobre nosotros”. En los tres casos la respuesta es la misma: Ninguno de estos árboles abandonaría lo que a su juicio constituía su propia esencia tan solo para “ondular sobre los árboles”. Por último se dirigen a la zarza, quien acepta ser su rey (véase Jueces 9:8-15).
    Aunque sea a manera de paréntesis al tema principal, este pasaje merece un comentario más extenso. ¿Quiénes son en esta historia los árboles? El mismo contexto nos dice que son el pueblo de Israel. Entonces ¿Quiénes son el olivo, la higuera y la vid? El mismo sentido llano del relato nos explica que son los candidatos a reinar sobre dicho pueblo; Y cada uno de los tres árboles propuestos nos insinuaría al Rey Mesías en distintas vertientes: El olivo, como productor del aceite (shémen) nos recuerda por su misma etimología al Mashíaj como el “Ungido”, esto es, aquel sobre el que se ha derramado el aceite de la unción (shémen hamishjah). En la cita de Jueces, dicho árbol describía su naturaleza en términos de “grosura (désen)” y “honra (cabod)” tanto hacia Dios como hacia los hombres.
    La figura de la higuera fue usada por Yeshúa como una señal de la proximidad del Reino mesiánico, como fue dicho: “De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama se ha puesto tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que Él (Mesías) está cerca, a las puertas” (Mateo 24:32 y 33).
    Algunos comentaristas han relacionado esta profecía con la fundación del moderno estado de Israel, que a manera de señal de los tiempos, marcaría los albores de la Redención; Pero también podía aplicarse al mismo Yeshúa, en el contexto del citado pasaje de los Jueces, donde le fue dicho a la higuera: “Ven y reina sobre nosotros” pues Él se refirió a Sí mismo como “el árbol verde” (Lucas 23:31). Las características del fruto de la higuera son definidas en el texto como “dulzura” (matek) y “fruto (o cosecha) bueno” (tenubah hatobah). Tomado en su conjunto podríamos ver aquí una expresión del atributo de Jésed (Gracia) manifestado a través del Mesías, como versa: “La Gracia (Jésed) y la Verdad (Emet) vinieron por medio de Yeshúa el Mesías” (Juan 1:17).
    No obstante, juntamente con este “dulzor” que nos brinda la posibilidad del establecimiento de la “Era Mesiánica” también se nos advierte acerca del dolor que implicaría el rechazo del Mesías, pues la palabra “higuera” (te’enah) nos insinúa también “lamento” (ta’aniyah).
    Pero de entre todos los árboles, la vid es probablemente la metáfora bíblica más conocida en referencia al pueblo de Israel, como fue dicho: “Ciertamente la viña de El Eterno de los Ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá (Yehudah) su plantío delicioso” (Isaías 5:7).
    No hallamos una mención explícita a “la vid” en los nombres de los dos lugares por los que pasó Yeshúa camino a Jerusalén, no obstante, la misma profecía de Jacob sobre el advenimiento del Mesías nos la traería a colación uniendo la figura profética del “pollino”, sobre el cual iría montado el Mesías, con la simbología de dicho árbol, pues fue dicho: “Atando a la vid su pollino” (Génesis 49:11).
    En la citada alegoría del libro de los Jueces, la vid argumenta delante de los otros árboles que su vino “alegra a Dios y a los hombres”. Además de con esta acepción, el vino es usado en las Escrituras como símbolo de juicio, los profetas se refirieron al lagar, recipiente donde las uvas son prensadas, como metáfora del rigor de Dios, como versa: “¿Por qué es rojo Tu vestido y Tus ropas como del que ha pisado en el lagar? He pisado Yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo” (Isaías 63:2 y 3). Yeshúa se refirió al producto de la vid como un símbolo de Su propia sangre, la cual iba a ser derramada para establecer a través de ella un “Nuevo Pacto” (haBerit haJadashah); Y esta sangre, como la más alta expresión del justo juicio de Dios sobre el mundo, iba a endulzar dicho rigor reestableciendo el vínculo entre el Cielo y la tierra que había sido roto a causa de las transgresiones de los hombres. Cabría preguntarse ¿Por qué para designar al “vino” se emplea aquí la palabra “tirosh” y no, la mucho más común “yayin”?
    Aunque ambos términos vienen a ser sinónimos, “tirosh” posee la acepción de “vino nuevo”, lo que nos aportaría una expresión de “frescura” asociada a ese “Nuevo Pacto”, por medio del cual la Ley sería puesta “en su mente y en su corazón” para que se cumpliese lo dicho: “Yo le seré a ellos por Dios y ellos Me serán por pueblo” (véase Jeremías 31:31-33).
    Siguiendo con el relato bíblico, vemos como al final los tres árboles (el olivo, la higuera y la vid) rechazan la propuesta de nombramiento real. A primera vista, podría parecernos que esta parábola no guardaría relación con un hipotético reconocimiento de Yeshúa como el Mesías de parte de Israel ya que, a tenor de las crónicas, el pueblo lejos de decirle “¡Ven y reina sobre nosotros!” más bien lo rechazó, como versa: “No escribas: El Rey de los judíos, sino que Él dijo: Soy Rey de los judíos” (Juan 19:21). Sin embargo detrás del empeño de “los árboles que iban a ungir rey para sí” podemos advertir la intención egoísta e interesada de estos, los cuales buscaban sus propios intereses y no los de Dios, como fue escrito: “Pero Yeshúa, conociendo que iban a venir para apoderarse de Él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte Él solo” (Juan 6:15).
    Los cinco mil hombres que se acercaron al Maestro en ese día con la intención de decirle “¡Ven y reina sobre nosotros!” buscaban a un rey “por la comida que perece” y no “por la comida que permanece para vida eterna” (ídem 6:27); deseando únicamente el “dulzor y “el fruto bueno” de la higuera en su búsqueda de rey, lo cual se hallaba muy, pero que muy lejos del propósito divino, pues en este caso, para ser nombrado rey “el olivo” tenía que dejar primero su “grosura” y su “honor”, esto es: “aquella Gloria que tuve contigo, antes que el mundo existiese” (ídem 17:5). Pero aquellos potenciales “súbditos” buscaban unos atributos muy concretos antes de calificar a alguien como su monarca, como ya dijimos: “No vayas a pensar que el Rey Mesías ha de obrar milagros y prodigios, y crear cosas nuevas en el mundo o resucitar a los muertos u otras cosas similares, ¡no es así!” (Yad: Hiljot Hamelajim 11:1).
    Quizás tampoco encajase en los planes de aquel pueblo buscando su rey, que el Mesías tuviese primero que morir como un “cordero llevado al matadero” como el plan de Dios para reconciliarse con el mundo pues “désen” no es sólo la agradable grosura del aceite, sino que también estaría relacionado con las cenizas del Altar del holocausto (véase Números 4:13), símbolo profético del madero donde el Mesías habría de ser inmolado.
    Montado en un pollino.
    (Para entender lo siguiente bien se requiere ver las palabras mencionadas en hebreo)
    Se mencionó al principio de este artículo como los Sabios describían los términos “pollino (air)” y “asna (atonot)” como dos “coronas” del lado de la impureza usadas por los pueblos para ejercer su dominio espiritual sobre Israel. Desde esta perspectiva, podemos llegar a pensar que cualquier intento proveniente de las naciones para mostrar al Mesías a la descendencia de Jacob, vendrá cubierto por dos cáscaras o klipot llamadas “pollino” y “asna”. Veamos ambas palabras con más detalle:
    Pollino “air”: Vendría a insinuarnos desolación pues contiene la palabra (ruina), como versa: “Y Jerusalén vendrá a ser un montón de ruinas (iyim)” (Jeremías 26:18).
    La expresión (vocalizada como ir) es además el nombre de un ser espiritual, como se declara: “Un ir, consagrado que bajaba del cielo, y decía gritando: Cortad el árbol y quitad sus ramas! (Daniel 4:10/13). Este término que podríamos traducir como “vigilante o despierto” designa a un ángel que, a tenor de lo expuesto, tiene como
    misión cortar y destruir.
    Asna: atonot: Lit. “asnas” plural de atón. Siguiendo la misma línea, esta segunda “cáscara de impureza” viene también a sugerirnos destrucción, pues “atún” posee la acepción de “horno” como versa: “Y el que no se arrodille y adore en la misma hora, será arrojado en medio de un horno (atún) en llamas” (Daniel 3:6).
    Es significativo que en el texto de Zacarías al que hicieron referencia los Sabios, la palabra “asna” (en femenino plural) aparezca de la forma “atonot”, la cual estaría a medio camino entre su escritura completa (con dos vav) y la totalmente carente (sin ninguna vav); siendo las tres maneras de escritura corrientes en el Tanaj (Biblia). Veámosla con más detenimiento:
    Nota: De nuevo se recuerda que debido al formato de texto aquí usado, las palabras escritas en hebreo quedan mal escritas de izquierda a derecha y no como debería ser a la inversa.
    Atonot תו-נ-תא
    La primera (et) nos insinúa al Mesías glorificado, como fue dicho (Revelación1:8): “Yo soy el Α alfa y la Ω omega (Lit. la A álef y la tav)”, es decir, la primera y última letra del alfabeto hebreo. Esto haría referencia a Su acepción de Mashíaj ben David, como también se declara: “He aquí el León de la tribu de Judá, el renuevo de David (Tsmaj David)” (Ídem 5:5), pues fue dicho: “Et de Arriba es el poder de la totalidad de las veintidós letras (de la A álef a la tav), que hizo surgir “Et” ante Elokim (Zohar Bereshit 29b).
    Las dos últimas letras formarían el milui (escritura completa) de la letra T tav, lo que vendría a insinuarnos la muerte expiatoria del Mesías como “El Fundamento del Mundo”, pues tav aludiría a “muerte” (mávet) y como última letra del alefato nos retrotrae a conceptos de conclusión y consumación. Es interesante volver sobre un pasaje de las Escrituras donde esta letra aparece escrita de forma completa, pues su etimología procede de la expresión tavah, que significa “marca” o “señal”, como versa: “Pasa por dentro de la ciudad, por dentro de Jerusalén y pon una señal (tav) sobre la frente de los hombres que gimen y se lamentan” (Ezequiel 9:4). Si seguimos leyendo el texto vemos como esta “señal” preservaría la vida de los que la llevan, pues esta “marca” (tavah) sería un remez (insinuación) del madero donde moriría Yeshúa, ya que incluso su iconografía nos sugiere una “cruz”, pues antes de que en los tiempos de Esdras el hebreo adoptase la escritura aramea cuadrática, su forma no era T sino +.
    = ת
    Y de esta “marca” está escrito “sobre las frentes” (mitsjot).
    Mitsjot – תו חצמ
    Lo cual puede ser leído como Tsmaj (renuevo), que es un apelativo del Mesías (véase Jeremías 23:5) de nuevo junto a una letra tav escrita en su forma completa:
    Tsmaj-Tav – ות – חמצ
    Lo que podríamos parafrasear como “la señal del Mesías”. Como también se declara: “Y por Su herida (ubajaburató) fuimos nosotros sanados” (Isaías 53:5). Lo cual podría leerse de la siguiente forma:
    Ubajaburató – בורבחות
    Vav-bet–javur-tav – ות – רבח – ב – ו
    Esto es: “Y (ve) por (be) (su) herida (jabar) (en el madero tav) fuimos nosotros sanados”.
    Jabar (herida) tiene también la acepción de jaber (amigo), lo que nos llevaría a las palabras de Yeshúa: “Nadie tiene mayor amor que este: Que Uno ponga Su vida por Sus amigos (javerim)” (Juan 15:13).
    El siguiente versículo vendría a redundar sobre dicha idea: “Yo anuncié y salvé (vehoshati)” (Isaías 43:12):
    Vehoshati – ועשוהתי
    “Y salvé (vehoshati)” se puede leer como “Yeshuah“ (salvación) y una letra “tav”: H
    Yeshuah-tav – ות – העושי
    Lo que nos retrotrae de nuevo a la idea de una “marca” (tavah) de “salvación”.
    Todo ello nos hablaría del Mesías en Su acepción de Mashíaj ben Yosef” aunque estrechamente vinculado a Su vertiente de Mashíaj Ben David” pues, como se dijo, “tsmaj” (renuevo) haría referencia al “Hijo de David”, según anunciaron los profetas: “Y levantaré a David un renuevo” (Jeremías 23:5, véase también Isaías 11:1).
    Aunque son dos los cometidos que ha de llevar a cabo, el Mesías es solo uno, como se declara (Isaías 11:6): “Se recostarán el becerro (Mashíaj ben Yosef) y el León (Mashíaj ben David)”.
    Volviendo a la palabra “atonot” (asnas), vemos como al separar las expresiones Et y Tav, nos queda en medio una letra nun.
    Atonot – תאנתו – Et-Nun-Tav – ות-נ-תא
    Los Sabios enseñan que la nun, por su valor numérico cincuenta, sería una expresión del Yóbel o Jubileo, lo cual nos retrotrae a conceptos de libertad y redención, como versa: “Y santificaréis el año cincuenta y proclamaréis libertad en la tierra para todos ” (Levítico 25:10).
    Sobre el Yóbel y su relación con el número cincuenta, nos parece interesante la siguiente enseñanza: ”Las cuarenta y nueve facetas de la Torah se corresponden con las cuarenta y nueve letras del Shemá Israel: Las seis palabras de la unificación suprema:
    (1.Shemá – 2.Israel – 3.HaShem – 4.Elokenu – 5.HaShem – 6.Ejad) asociadas a la vav suprema (en relación a Tiferet-belleza); Y las segundas seis palabras (1.Barúj – 2.Shem – 3. Kevod – 4.Maljutó – 5.Leolam – 6.Vaed) asociadas a la segunda vav del Tsadik (en correspondencia con Yesod-fundamento).
    En los cuarenta y nueve portales (de Binah-entendimiento asociados a esas dos vav) hay en medio una álef (pues la letra vav completa puede escribirse de las formas: WYW y àAà). El Tzadik cae (Lit. muere “mat”) delante del malvado (Proverbios 25:26) ¿Y quién provocó esto? La letra álef pues te han sido otorgados cincuenta portales menos uno (en referencia al valor numérico de álef que es uno) (véase Rosh Hashanah 21b).
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/19/el-mesias-segun-la-tora-5/
    Elaborado por David Saportas
    50 min
  • El Mesías Según la Torá 4 - EL MESIAS BEN YOSEF.
    EL MESIAS BEN YOSEF.
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/17/el-mesias-segun-la-tora-4/
    Lo siguiente es parte de lo que enseñan los Sabios de Israel sobre Mashiaj de palabras mismas del Zóhar, el ARI, el Talmud y demás fuentes de la Kabbalá. Comparen con lo que usualmente usa el rabinismo de la masa para descalificar a conveniencias muchas de las pruebas mesiánicas al respecto de lo aquí se presenta como evidencia misma de lo que verdaderamente está escrito y revelado….
    Y es una muestra minúscula de lo gigantesco que hay al respecto. Simplemente, si usted conoce del tema y del debate infantil que la “masa” del judaísmo ortodoxo oficial distorsiona en sus argumentaciones ti Mashiaj, conecte, y entonces concluya con objetividad y honestidad con actitud de amor a la verdad.
    Ver la siguiente serie para mayor contexto sobre la religión de las masas y la verdadera interpretación de la Torá.
    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158978781047425&id=524627424
    Parashot Vayetze a Vayikhi – Mesías Hijo de Yosef
    Yosef y Akher
    “Y llamó su nombre Yosef, diciendo: HaShem me añadirá otro hijo” (Gn 30, 24).
    La palabra “Akher” (otro) contiene varios secretos en esta parte.
    Otro hijo (Ben Akher) – esto es, otro hijo al lado de Yosef (Targum Pseudo Yonathan). Esto es, “un hijo extraño” (un hijo que no será aceptado por sus hermanos, porque un hereje se llama “Akher”). Este es “un hijo posterior” (alguien que vivirá en el futuro, en días posteriores, yamim akharonim). “Akher” también hace alusión al hecho de que será contado como la descendencia de Rachel, aunque será de “Otro” (Akher); por lo tanto, se le llamará por el nombre: “Mesías ben Ephraim”, o “Mesías ben Yosef”.
    Yosef el Redentor
    Yosef dijo a sus hermanos: “Estoy a punto de morir y Dios se acordará de ustedes (pakod yifkod) y los hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Itzjak y a Yakov” (Gn 50:24 ).
    Sus palabras “pakod yifkod” – ‘Dios se acordará de ti’ – no fueron solo sus palabras de despedida, sino las mismas palabras que Moisés usó más tarde para anunciar la redención que Yosef había predicho (Midrash HaGadol 50:24, cf. Ex 13:19 ).
    ¿Y quién los redimirá del destierro? El primero fue Moisés nuestro maestro, y el último, el Mesías.
    “Mesías ben Yosef” es el proceso de redención; una redención a semejanza de Yosef, como está escrito: “y llamó su nombre Yosef diciendo: HaShem me añadirá otro hijo” (Gn 30:24). Luego, en el Fin de los Días, tendrá que dar paso a un concepto más final: “Mesías ben David”, de quien se dice que tiene el alma del mismo Moisés, como está escrito: “HaShem levantará … un Profeta como yo”. A él debes oír ”(Dt 18, 15)).
    “La función esencial del Mesías ben Yosef es preparar a Israel para la redención final, ponerlos en la condición apropiada a fin de despejar el camino para que venga el Mesías ben David” (Saadia Gaon, Emunot veDeot8: 6).
    Como hemos visto en el parashot anterior, el archienemigo de Yakov / Israel es Amalek = Edom = Esav = Samael = Satan, y el Mesías lo derrotará a su debido tiempo.
    Como nuestros sabios entienden por las palabras del Profeta, es el Mesías ben Yosef quien luchará contra Edom = Seir = Satan = Inclinación al Mal.
    “La casa de Yakov será un fuego, y la casa de Yosef una llama, y ​​la casa de Esav rastrojo, los quemarán y los consumirán, y no habrá sobreviviente de la casa de Esav” (Ovadiah 1:18 ).
    “La progenie de Esav será entregada sólo en manos de la progenie de Yosef” (Baba Bathra 123b).
    “La casa de Yosef será una llama para consumir la casa de Esav; por tanto, no temeré a Esav y sus legiones ”(Targum Pseudo Yonathan).
    El Mesías ben Yosef morirá en batalla contra la inclinación al mal, como está escrito: “Un animal malo lo consumió” (Gn 37:33) y también: “Y Yakov lloró muchos días por su hijo” (Gn 37:34). El “animal malo” es el Seir (que significa cabra, y también demonio, siendo también el monte de Edom, y el aspecto de Esav cuando nació). El “animal malo” es también la serpiente que tentó a Eva, que es Amalek y Samael. En el secreto de: “Me mirarán a causa de aquél a quien traspasaron, y llorarán por él como quien llora por un hijo único” (Zacarías 12:10; cf. Sukka 52a).
    Pero, ¿realmente muere el Mesías ben Yosef? Ciertamente no. Porque está escrito: “Od Yosef Hai” – “Yosef sigue vivo” (Gn 45:28). Como toda la redención depende de su papel, el Mesías ben Yosef vive. Incluso cuando muere, vive, así lo enseñaron nuestros sabios: “Los justos, incluso después de la muerte, son llamados vivos” (Berakhot 18b).
    De esto también está escrito: “Hizo su sepulcro con los impíos… Si su alma se ofrece como asham [ofrenda por la culpa], verá semilla y prolongará sus días” (Is 53:10).
    Sin embargo, desde nuestro punto de vista y perspectiva, debemos tratar de traer con nuestras obras la redención completa (esto es; Mesías ben David, el Rey Mesías), para que el Mesías ben Yosef no muriera a manos de Armilus (el fuerza que es el líder del Erev Rav – multitud mixta – que intenta separar a Israel de la redención del Mesías). Este es el secreto de la oración de la Amidá: “establece rápidamente el trono de tu siervo David” (Arizal).
    Si las acciones de Israel fueran dignas, Ben Yosef no debería morir físicamente, como está escrito: “Hoy, si escuchas mi voz”. Es decir, si escuchan mi voz hoy como nación, el Mesías ben David vendría hoy (ya que todas las profecías dependen del comportamiento de Israel) (véase Shemot Rabbah 25:16).
    Como enseñaron nuestros sabios: “Si Israel es digno, vendrá con las nubes del cielo” y “si Israel no es digno, el Mesías vendrá montado en un burro” (Sanh 98b). Así se enseña en una tradición: “El que ve un burro en su sueño debe esperar la salvación porque dice: ‘He aquí, tu Rey viene a ti triunfante, victorioso, humilde y montado en un burro’” (Berajot 56b; Zacarías 9:9). Pero, ¿es Israel digno de acelerar la venida del Mesías ben David? No en el pasado, por eso se necesitaba a Ben Yosef, porque está escrito: “Todos nosotros como ovejas nos descarriamos, cada uno se apartó por su camino, y el Señor cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros” (Is 53: 6-7); y este versículo se refiere al Mesías (Sanh 98b; David Kimkhi).
    Yosef no es reconocido
    Si Israel no acepta y no reconoce al Mesías, será Ben Yosef. Porque está escrito:
    “Yosef reconoce a sus hermanos, pero ellos no lo reconocen a él” (Gn 42: 8). Porque dicen ¿Reinarás sobre nosotros? (Gn 37: 8)
    “En su generación y en cada generación, el Mesías ben Yosef reconoce a sus hermanos, pero ellos no lo reconocen a él. Esta es una obra de Satanás, que oculta los atributos del Mesías ben Yosef … si Israel hubiera reconocido a Yosef … habrían sido completamente redimidos ”(Vilna Gaon; Kol haTora 2:39).
    Sin embargo, esto se hace para traer la salvación, porque está escrito: “Dios me envió antes que tú para preservar la vida” (Gn 45: 5). “Para salvar vuestras vidas con una gran liberación” (Gn 45:7).
    Yosef no es aceptado por sus hermanos, como se insinúa en la frase: “Ben Akher” (un hijo hereje) (Gn 30:24). Ahora observe cómo el nombre “Yosef” se insinúa en el texto cuando la Torá dice:
    “Y le aborrecieron aún más” (Gn 37:5).
    “VaYosifu Od Sno oto” – ויוספו עוד שנא אתו
    Ben Yosef trae la unificación
    Observe cómo la palabra “Yosifu” incluye claramente el nombre de “Yosef”, cubierto con dos letras Vav a la izquierda y a la derecha.
    ¿Por qué el Mesías sufriente se llama “Ben Yosef”? Porque “le añaden más odio”.
    En kabbalá, la Vav (6) correspondiente a la Vav del Nombre Sagrado, es la personificación de las emotivas Sefirot llamadas: ‘Zeir Anpin’ – la pequeña cara, la semejanza que está ante el Santo, la Torá primordial, representada como un “Naar” – נער– un joven de cabello negro (véase Zohar 3: 132a; Bahir 106; véase Cantar de los Cantares 5:11); en las personificaciones familiares, Zeir Anpin se llama el “Hijo”. Que Dios llame a alguien “mi Hijo” significa que sus cualidades son las de “Zeir Anpin”; a esto se refiere con las palabras: “Israel es mi hijo” (Ex 4, 22).
    Yosef era un Naar (Gn 41:12) y en su tentación sexual, protegió el lugar del pacto del pecado; debido a que evitó dañar el Pacto de fundación (el lugar donde se hace la circuncisión), fue llamado Tzadik (Justo; Amós 2:6).
    La Torá enseña que profanar el lugar del Pacto trae separación de la Presencia Divina (la Shekhina). Esto se encuentra en las palabras:
    “Si hay entre vosotros un hombre que no esté limpio a causa de una emisión impura de ‘semilla’ por la noche, saldrá del campamento y se quedará allí” (Dt 23:10) “Porque el Señor tu Dios anda en medio de tu campamento … por lo tanto, tu campamento debe ser sagrado, para que Él no vea nada indecente y se aparte de ti ”(23:15 [14]).
    Y así el rey David oró después del pecado sexual: “No eches de mí tu presencia, ni me quites tu Santo Espíritu” (Salmo 51:11).
    Entonces, Yosef representa la Sefirá de ‘Yesod’ (fundación) como está escrito: “El Justo (es decir, Yosef) es la fundación del mundo (es decir, Yesod)” (Prov 10:25). Esta es la puerta a través de la cual Zeir Anpin (el Hijo) se une con Malkhut (Nukva, la Novia).
    Cuando la justicia se activa trayendo Alegría a Dios, estos dos se acoplan y luego la figura mesiánica personifica al “Hijo”, Yesod (en realidad ‘Zeir Anpin’ como un todo) y la nación de Israel personifica a Malkhut, la novia. Así está escrito sobre el Mesías: “Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado” (Salmo 2: 7), y de Israel se dice: “Alégrate, hija de Sion… viene tu rey” (Zac 9: 9); y también: “Toda gloriosa es la hija del rey … será llevada al rey” (Sal 45:14).
    En la kabbalá cósmica, con respecto a las edades del Universo, Vav corresponde al sexto día de la creación, la sefirá de Yesod (Yosef), la conexión entre los mundos físico y espiritual. La reunión de chispas y rectificaciones que deben realizarse antes de que venga el Rey Mesías.
    Entonces, en la palabra: “VaYosifu” (Gn 37: 5), la primer Vav es el primer Adán, destinado a ser Justo, creado a la imagen de Dios. La palabra media, “Yosef” es Mesías ben Yosef, el canal hacia la Vav final, ya que su misión es unir a Zeir Anpin con Nukva, el Hijo con la Novia (Kol haTora 2). Y la Vav final es el Mesías ben David, el Rey Mesías. “VaYosifu” en Gematria equivale a “a su imagen” del versículo: “Dios creó al hombre a su imagen” (Gn 1:27).
    ויוספו = בצלמו = 168
    Todas las “Toldot” (generaciones genealógicas) de la Biblia están escritas gramaticalmente de manera defectuosa con una Vav faltante excepto dos: La “Toldot del cielo y la tierra” (Gn 2: 4) y la “Toldot de Peretz” (Rut 4:18). Estos se refieren a Adán y el Mesías, ya que el “Toldot del cielo y la tierra” relata la creación de Adán y Peretz es el antepasado del rey David y del Mesías. Estos son los dos Vavs a cada lado de la palabra “Yosef” en “vaYosifu”.
    Exilio y redención
    Así que volvamos a nuestra porción, “y lo odiaron aún más” (Gn 37, 5). Literalmente el texto dice: “Y le añadieron más odio”.
    La palabra: “Más allá” – “Od”. Se usa en el texto 4 veces y este contiene otro secreto.
    Se usa cuando sus hermanos odian a Yosef (37: 5, 8), y se usa cuando Yosef soñaba. Curiosamente, parece superflua o innecesaria la forma en que se inserta la palabra “Od” en el texto:
    “Y siguió soñando con otro sueño”: ‘vayaKhalom Od khalom akher’ (Gn 37: 9).
    Parece que dado que la palabra “akher” (otro) se usa al final, la palabra “Od” (más) es innecesaria. De la misma manera, Yosef decide decir a sus hermanos: “Hineh, khalamti khalom od” – “He aquí, soñé otro sueño” (37: 9), en lugar de “Soñé otro sueño”. Es como el escritor vio necesario incluir 4 veces la palabra “Od” en esta porción, y recuerde que esto fue dictado a Moisés por Dios.
    El término Od (nuevamente, más adelante) alude a los cuatro exiliados: egipcio (el primero), babilónico, griego y romano (el actual). Como está escrito:
    “Por cuatro [rebeliones de Israel] no perdonaré, porque vendieron con dinero al justo” (Amós 2: 6). Pero así como la palabra “Od” se usa primero negativamente y luego positivamente, también implica la redención. Como está escrito:
    “Otra vez (Od) se oirá… en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén… la voz de la novia… porque haré volver la cautividad de la tierra como al principio” (Jer 33: 10- 11).
    Cuerpo y Alma del Mesías
    En cuanto a la interpretación de que el Mesías ben Yosef es llamado hijo de Yosef aunque no necesariamente proviene de la simiente de Raquel, como ella dijo: “HaShem me agregará otro hijo” (Gn 30:24) …
    Yosef (Gn 41: 40-44) se describe como “virrey” (Mikveh Yisrael cap.13 y Sefer haYasher). El término usado por nuestros sabios: “virrey” o “segundo del Rey”, en hebreo es: “Mishne laMelech”.
    Quien es el rey. El Rey alude a ambos, Dios y David; como está escrito: “Viva mi señor el rey David para siempre” (1 Reyes 1:31), y también: “Servirán a Hashem su Dios y a David su rey, a quien yo levantaré para ellos” (Jer 30: 9). Obviamente David representa: el Mesías ben David, el Rey Mesías.
    Yosef es “MiSHNeH laMelech”. Esta oración es una alusión al “Alma de / para el Rey” –NeSHaMaH laMelech. Entonces el Mesías ben Yosef es el Alma y el Mesías ben David es el cuerpo. Y el cuerpo y el alma deben unirse. Porque es todo uno.
    Mishne laMelech – משנה למלך
    Neshamah laMelech – נשמה למלך
    “Ben Yosef y Ben David son dos funciones diferentes de la misma persona” (sefer Hizyonot p. 160).
    El Mesías ben David es el cuerpo del Mesías que viene de la tierra; de la simiente del rey David. El Mesías ben Yosef es el Alma del Mesías y viene del Cielo; de Dios; como se alude en el versículo: “El aliento de nuestras narices es el Mesías de HaShem” (Lam 4:20); que alude al Aliento de Vida, es decir, La Neshamá (el Alma) que Dios le dio desde dentro a Adán (Gn 2: 7).
    En un aspecto místico, toda nuestra conexión con el Creador proviene de los méritos del Alma del Mesías (es decir, ben Yosef). Como está escrito: “Él inspirará el temor de Dios” (Is 11: 3) y también: ‘amas la justicia y rechazas la maldad, por eso Dios, tu Dios, te unge (es decir, te hace Mesías)’ (Sal 45: 7). Como el cuerpo no puede permanecer sin el alma, el Mesías ben David personifica al Mesías ben Yosef. Es todo uno.
    Debido a que el hombre destinado a ser el Mesías (es decir, el Mesías ben David) aunque nace naturalmente en este mundo, recibe del Gan Edén (del Cielo) toda el alma del Mesías (el Mesías ben Yosef), haciéndole darse cuenta de que él es el Mesías (el Mesías de Yitzhak Luria). Comentario sobre el Zohar Shemot 8b).
    Tomado y Adaptado de Xus Casal
    David Saportas Liévano
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/17/el-mesias-segun-la-tora-4/
    Escrito y elaborado por David Saportas
    16 min
  • El Mesías Según la Torá - Introducción
    “La Torá Que Un Hombre Aprende En Este Mundo Es Vanidad En Comparación Con La Torá Del Mesías”.
    Kohelet Rabbah 11: 7
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://co.ivoox.com/es/upload-podcast_u1_1_1.html?option=1
    Es increible como un tema que tiene matices de entendimiento infinitos en trascendencia y que se ha evidenciado en aparente correspondencia con dicha afirmación según se constata en todo el debate de interpretación del judaísmo, el cristianismo, el fariseismo, el rabinismo (ortodoxo, jasídico, conservador, liberal, etc) durante cientos y miles de años, aún NO pueda ser conciliado de la forma más simple imaginada a pesar que la información y la erudicción no sea un impedimento. Me refiero al razonamiento más simple, y que no obstante estando a la vista de todo el estudio biblíco, a la vista de todos los sabios, a la vista de todo erudito, a la vista de todo lo irrefutablemente escrito en la Torá, en su simpleza aparece invisible y es ignorado. Y es increible que no se deduzca la revelación del Mashiaj siendo evidente y siendo el corazón de todos los infinitos caminos de la Torá y del propósito de su misma revelación en todo su contexto que incluye las aclaraciones del Nuevo Testamento. Todo se examina del lado del judaísmo con profundidades complejas y reveladoras irrefutablemente maravillosas. Todo se aborda de forma única y especial en clara demostración de la capacidad del pueblo judío como poseedor natural de la revelación de la Torá. Lo increible es como se desvanece todo lo que se demuestra evidenciado cuando se trata de la revelación mesiánica y neotestamentaria.
    Por ejemplo: De nada sirve estudiar el Zohar como tema separado de todo el contexto, si no se sabe a dónde apunta; es decir al Mashiaj. El entendimiento de la creación no se puede desligar del entendimiento de nuestra naturaleza intrinsica; por eso el Zohar se entiende en el Etz Jaim (Arbol de la Vida explicado en el trabajo del Isaac Luria – El Arizal) y de ahí el porqué se desprende todo el propósito de la Creación en la figura de Mashiaj. El entendimiento luego se torna irrefutable ante el peso de la evidencia, los razonamientos y la armonia del contexto total. A esto se le llama simplemente revelación Divina… “El padre lo dice” . No significa infantilmente solamente que una vocecita te dice en la cabeza que “Jesus es el mesias”. Significa que sólo después de un arduo estudio sincero, lo que es evidente y destellante se VE. Es la gracia de que el mismo Eterno le abra los ojos a uno a lo que adquirió como mérito (su búsqueda e investigación). Nada se percibe, ni se ve en este mundo sin que haya de “arriba” un decreto de apertura o cierre de ojos para ver y entender, o no ver y vivir en confusión. Aplica para absolutamente todo el mundo y para todo. Como cuando se buscan las llaves de la casa y 100 veces se busca en el mismo lugar sin verlas… Y de pronto se ven. Siempre estuvieron ahí y sin embargo no las veía. Igual a como explican el pozo de agua que vió Hagar en el desierto con Ishmael. El pozo siempre estuvo ahí.
    Así sucede con Mashiaj. Está ahí para el que lo busca como debe ser. ¿Y quién y qué es? No es la revelación en la clipa llamada Jesus; pero si es su cara escondida llamada Yeshua. ¿Es acaso el mismo personaje? Respuesta: Si y No, dependiendo el contexto en como se aborde la respuesta. NO lo es si se asume como la identidad egipcia que ha presentado el cristianismo durante casí 1900 años. Pero SÍ es el personaje neotestamentario histórico, sólo que distorsionado en la sitrá ajará (el otro lado) y escondido con el nombre de Yeshu a la mayoría del pueblo judío oficial. Todas la explicaciones están al alcance y sin embargo el velo por un lado y la impureza por el otro no lo deja ver absurdamente a las víctimas de estos designios. Todo está practicamente revelado. Sólo hay que hacer el mínimo esfuerzo requerido (que es mucho para nosotros). Obviamente no tiene nada que ver con las interpretaciones desconectadas de la raiz de cualquier secta cristiana y mesiánica (por más que se disfrace de hebrea). ¿Quiere saber qué significa confesar con la boca? Habrá que estudiar a fondo el zohar y recorrer la “escalera” de subida y bajada con el corazón adecuado, amor por la verdad, temor al Eterno y sin jugar a la religión, sea cual sea con la cual muchos se sienten a gusto.
    El primer paso es encontrar a Mashiaj; pero ahí apenas empieza la tarea en el llegar a la identidad, y que dicho sea de paso, ya practicamente parecería titánica en el esfuerzo a lo que uno está acostumbrado. No se puede pensar que se tiene amor por la verdad cuando son los paradigmas y prejuicios de nuestra personalidad y tradición las que deciden con qué actitud se acerca uno mismo al conocimiento. Descalificar lo desconocido por intuición, por odio, por costumbre, por arrogancia, por facilidad, por intereses personales, por tradición, por autojustificación, por lo que sea, etc, es lo mismo que desconocerse a uno mismo en sus profundidades infernales y creerse bueno con autojustificaciones falsas. Es lo mismo que el negacionismo de la realidad que se ve de forma aplastante y generalizada en el mundo, en nuestras vidas y en la interpretación de la realidad desde siempre y más aún hoy día en época de “Plandemia” genocida del corona virus desde hace año y medio. Simplemente evidencia psicótica de pérdida de la razón y la objetividad honesta de mente y corazón. Es lo que se ha constatado particular y especificamente en este tema desde el advenimiento del Mesias, tanto de parte del judaismo oficial como del cristianismo, donde la objetividad y el amor porla verdad en este sentido brilla por su ausencia. Tanto el uno como el otro se acercan al conocimiento o doctrina oponente con prejuicio y malicia anticipada y sin intento de pagar el precio por el entendimiento en aras del cielo (Le Shem Shamaim o Lishmá como enseñan los kabbalistas).
    Encontrar a Mashiaj con el esfuerzo derivado de búsqueda honesta y denodada ya implica haber alcanzado mucho entendimiento. Ahí empieza la lucha por permanecer en ese grado de entendimiento para vivirlo. Como dice el salmista: ¿Quién subirá al monte de Adonai; y más aún, quién podrá sostenerse allí? Subir el monte de Adonai es “llegar al padre” en lenguaje evangélico, sólo a tráves de Mashiaj. Esto no tienen nada que ver con las versiones cristianas. Pero al margen de la explicación, “quedarse allí” ¿qué significa? Esto requiere de más Zohar, de más Etz Jaim, de más transito de la “escalera” y el trabajo interno en donde uno hace su parte y Mashiaj hace la suya. No que sea fácil. Es más dificil aún. Como se dice apocalipticamente: “el que persevere hasta el fin, ese será salvo”. Entonces, cabe la pregunta: ¿Dónde están los muertos en “cristo”? ¿Acaso han existido? ¿dónde están las semillas que si calleron en buena tierra y si dieron fruto? ¿Cuándo se es salvo? ¿Siempre salvo? Mucho Zohar, Etz Jaim, Escalera y Espíritu de Verdad de Gracia para responder estas preguntas. Ello implica acceder a los secretos más escondidos de la cosmologia Divina en el Tiempo. ¿Fácil no? Y mientras tanto, la gran mayoría sólo quiere jugar a la religión sin entender los tiempos que estamos viviendo.
    Jugar a la religión es un absurdo y la falta de entendimiento en los términos del discernimiento entre el bien y el mal para escoger la vida, debe verificar coherencia en la concepción maxima de verdad y justicia en relación con el significado de Mashiaj, salvación, rectificación, días finales, milenio, sátanas, resurrección, infierno, guilgulim, novia, esposa, pacto, olamim, razas, extraterrestres, reino de los cielos, rebelión, decodificaciones proféticas y matemáticas, diagnóstico del judaismo y verificación con la escritura (análisis intenso), búsqueda de lo fundamental, coherencia de testimonio y propósito, verificaciones multifaceticas de todo tipo y sentido común, etc. Son innumerables facetas de comprensión, ensable y armonia completa de verificación.
    Quien ha sufrido los caminos arduos honesto de la busqueda entenderá lo siguiente. Quien NO los haya vivenciado dificilmente podrá entenderlo, mucho menos verlo con buenos ojos. El prejuicio sera la prueba evidente de actitud. Y diré lo que diré como conclusión de antecedentes que podrían muy bien no ser una característica individual, ni exclusivamente personal, sino que puede aportar algo de luz reflexiva de lo que significa abordar el tema más trascendente de nuestra existencia, si es que es para uno. Personalmente entré y salí como 20 veces del estudio de las doctrinas cristianas. Fue mucha la argumentación antimisionera y antimesianica que estudié. Y en sus momentos fue en apariencia muy certera. Pero al mismo tiempo siempre avancé en el estudio ortodoxo y kabbalista judío. Y en la medida que avancé siempre, siempre tuve que revisar la contrargumentacion que se sustentó en la incoherencia selectiva. Es decir, tengo que decir, que encontré mucha argumentación arrogante de lado y lado. Del cristianismo era de suponer; ¿pero del judaismo? eso siempre me afectó por mi condición como judío, pues siempre percibí niveles y niveles de autojustificación y falta de amor a la verdad. Inclusive en sabios. Pues constantemente hubo preguntas sin respuestas. Y más aún ignorancias agendadas.
    La búsqueda debe ser intensa. Y las respuestas siempre están para el que busca. La misma kabbalá lo establece…. Si alguien te dice que buscó y no encontró, no le creas. No se trata de creencias. Se trata de certezas. No hay excusa para no encontrar y ENTENDER. El que busca, encuentra (como dice el dicho popular). Y es obligación buscar y por consiguiente ENTENDER… Por eso tenemos ojos, oídos, boca, piernas, manos y cerebro. Ese es el propósito de nuestras almas y de nuestras vidas. Para eso nacimos. Porque si nacimos para depredar, comer, dormir, reproducción, sexo, poder, honor, ego, etc, y obtener sólo placer físico y confort, no deberíamos tener cerebro que nos diferencie de los animales. El abismo entre el ser humano y el animal (siendo los animales adorables y dignos de todo respeto y cuidado) es abismal en términos del intelecto y el espíritu. Un animal no puede producir filosofía; mucho menos teología y frutos del espíritu (que significa conocer a Dios). Para ello fue que se reveló la Torá al pueblo judío y que luego ha sido conocida como la Biblia. Y al Mashiaj se le debe buscar al principio en dicha Biblia, siguiendo con los requisitos expuestos anteriormente.
    Sólo anticipo que el contexto verificable para encontrar la certezas de la verdad no sólo existe, sino que es redundante. Está al alcance de todo el que busca. Pero se debe pagar el esfuerzo de la búsqueda. Ahí está el mérito que se juzgará digno de recompensa (por cierto, se necesitarán una cuantas de miles de horas de estudio comprometido con la sabiduría esencial, una vez se llegue a ella, para entender la última frase en su verdadera magnitud; y es literal). Está escrito desde hace siglos en la Biblia que “al final” no habrá nada que vaya a quedar escondido y no vaya a ser revelado. Todo saldrá a luz para vergüenza de los incrédulos; también que los “sabios” brillarán como las “estrellas”, mientras que el profano se pierde en un mar de confusión, perplejidad y miedo. ¿Quién es quién en esta sentencia? ¿Cómo se interpreta? ¿Acaso se puede ver? ¿Quién lo puede ver y entender? Por supuesto siempre será más que predecible la contra-argumentación bíblica con las típicas evidencias innegables de las perversiones y matanzas llevadas a cabo en el nombre Dios de las religiones hasta el día de hoy. Y peor aún con las infinitamente ignorantes interpretaciones descalificativas de la biblia tanto del “dios castigador cavernicola” que manda “matar” en su nombre (antiguo testamento), como de las escrituras neotestamentarias; así se haya popularizado la predica por el cristianismo de otro “dios”, aunque sea de “amor”.
    Si se tratase de interpretaciones literales estúpidas sería irracional seguir dicha escritura al pie de la letra sin contexto, con un “hombre hecho del polvo”, una “mujer sacada de la costilla” y “una virgen embarazada por el espíritu”. La lista es extensa en este sentido para la auto-satisfacción de crítica bíblica desconectada del entendimiento y el lenguaje codificado que esconde los secretos de la existencia. Y no solo se trata critica bíblica secular humanista, sino critica de judíos a cristianos y de cristianos a judíos como se señaló anteriormente (en todas sus vertientes). Así vemos en redes, en youtube, etc, a personajes supuestamente estudiosos dizque judíos disfrazados de jasidicos haciendo criticas al nuevo nestamento en niveles verdaderamente patéticos de discernimiento, lenguaje, expresión, estructura, etc, cuando se sabe cuáles son los niveles excelsos que hay detrás del jasidismo verdadero (sus verdaderos sabios). A la inversa también se constata. Algo he escrito de esto en muchos de los articulos que comparto en este blog. Es deprimente ver no sólo las inconsistencias y absurdos que delatan lo que estoy reseñando, sino peor aún percatarse de la condición humana que subyace en arrogancia, cinismo, osadia e imaginación en quienes se evidencian publicamente con lo inmediatamente anterior dicho. Al final todo es muy infantil y egocéntrico.
    Todos nos juramos en cielo. De eso no cabe duda. Ya se sea religioso o secular. Las justificaciones sobre abundan. El compromiso con el entendimiento es jarto al parecer. Lindos los libros, pero en la biblioteca. Que se cumpla la conocida sentencia rabinica que dice que “todo Israel tiene su parte en el mundo venidero” lo obliga a uno a confrontarse con uno mismo a través del conocimiento (bajar al infierno como dice el libro “Shamati” como un yo-yo). ¿Fácil, no es cierto? Si no se hace el trabajo, eso es imposible. Mientras tanto, todo aquél disfrazado de religioso judío no se preocua por nada, pues pertenece al “club” por definición al “mundo venidero”. ¿Seguro? Pertenecer a un ejercito requiere de arduo entrenamiento y mucho sufrimiento, cuando la batalla es obligada. Si no se entiende que bajar al mismo infierno es percatarse que se vive en una GUERRA sin cuartel, es entregarse de pies y manos a la matanza al enemigo. Es NO conocer al enemigo. Es vivir en una fantasía enfermiza. Hay todo tipo de psicopatías fantasiosas. Incluso la del fariseismo en la cual vive tristemente el pueblo judío de la promesa y la carne por herencia desde hace 2000 años. Entender estas realidades sin el concurso del nuevo testamento es imposible (obviamente no hablo de cristianismo, mucho menos de avalar la consigna cristiana y antisemita del fariseo).
    Lo escrito por la Torá y los Sabios de Israel, escritó está. Siempre estuvo y sigue estando en las manos de Dios. ¿De verdad creen que entienden qué y quién es Dios? Por favor… Un poco más de humildad. Conoce al Dios de tus padres requiere un trabajo de GUERRA. No es irresponsable, ni desprevenidamente, ni mucho menos por las curvas que se accede a la revelación. Y menos sin Mashiaj. Que Israel TODO sea salvo (como se expresa tener parte en el mundo venidero en el nuevo testamento) significa un protocolo de guerra. No es algo personal. No es jugar a la religión por mi lado. No es pertenecer a una comunidad, ni hacer conversión, ni ser sólamente una buena persona, ni ser sanado en las heridas, ni sólamente ser restaurado personalmente, ni pedir prosperidad financiera, ni ser bendecido, ni sentirse pleno por hacer mitzvot, ni andar en patines con una suca en Sucot, ni hacer uno su propio shabat (el shabat de Hashem), ni ser un erudito en halajá, ni esperar que Dios haga conmigo lo que tenga a bien (mientras yo cumplo muy juicioso mitzvot porque me pliego a mi AMO), ni ser todo corazón y descalificar las mitzvot, etc, etc. Todo lo anterior justificativo puede ser infinito si se quiere. Pero NO ES biblico.
    Y lo primero es lo primero. Antes que el Zohar se debe conocer todo el Tanaj y el Nuevo Testamento (así no se hayan alcanzado niveles superiores de entendimiento). No se entra por el décimo piso a una casa. Se debe entrar por el primer piso, de lo contrario se es salteador. No es escritural empezar por arriba de manera INTEGRAL EN TODO EL CAMINO DE PESHÁT A SOD Y SOD PESHÁT. Las explicaciones integrales SI EXISTEN. Hay que buscarlas y entenderlas. No hacer esto es jugar con piezas del rompecabezas, pensando que se ve todo el rompecabezas sin haberlo armado. Cual niño o peor aún. El tema es multidimensionalmente integral. Y ahí está el secreto de “todo Israel será salvo”.
    Y TODO ISRAEL SERA SALVO no significa que se nace con neshamá y se es salvo por decreto. No significa que se adquiere neshamá y se es salvo y uno a uno van calificando. La lectura escritural interpretada a la luz de los requisitos señalados y su asociación con la realidad, indica con alta probabilidad de certeza que se trata de una MISION DE GUERRA DE “RESCATAR” A MASHIAJ BEN YOSEF DE ROMA. Mashiaj está sentado en Roma. La salvación personal también se obtiene en conjunto total con Israel. ¿Cómo podemosinterpretar lo individual con su opuesto de O TODOS o NINGUNO? Respuesta muy compleja. El prerequisito es restaurar a YESHUA y liberarlo de la esclavitud en ROMA. Estas conclusiones no me las invento. Espero poder mostrarlo en la serie de artículos. El pueblo judío ha tenido más de 40 falsos mashiaj a lo largo de su historia. Y al que más se le odia viceralmente es a Yeshua (Y hay que ver la sedicia que existe detrás en la percepción judía). Hay que ver como el “sabio judío” o erudito, pierde toda su sapiencia y sentido común cuando viene a interpretar cualquier tema del nuevo testamento o Yeshua. El sentimiento antimashiaj (anticristo si se quiere para ser más venenoso) es irracional, viceral y odioso. Lo he visto y estudiado a profundidad. Conozco los debates. ¿Los conocen ustedes?
    Hay que ver como los eruditos actuales atacan por ejemplo a Izhak Shapira y a Yehzkel Italkin (para citar 2 ejemplos de rabinos judíos que identifican a Yeshua y los secretos que aquí se citan). ¿Es acaso lo mismo que cristianismo y/o mesianismo? ¿Entonces debemos avalar al cristianismo y demás variaciones? Respuesta: No… Nada que ver. ¿Tiene acaso el cristianismo y Roma, el papa demoniaco y demás al mashiaj? ¿Restaurar al mashiaj es sólo ante los ojos de los judíos? ¿Qué significa la restauración de Mashiaj? ¿Se puede restaurar a Mashiaj sin el pueblo de la promesa? ¿Me debe dar pena ante un judío? ¿quién es judío? ¿Y las naciones? ¿desecho Hashem a las naciones? ¿Creyéndose judío se siente superior? ¿Se cree mejor? ¿Sabe a qué juega? ¿Se cree mejor que los 24.000 estudiantes de Akiva que murieron por Sinat Jinam siendo “perfectos” en su “servicio a Hashem” en el segundo templo, como sepulcros blanquedos según diagnóstico del mismo Dios? ¿Se cree por encima de Dios llamando “chucho” o “lechuga” el “timzum” del mismo Hashem como figura de mashiaj? ¿Lo entiende o se lo imagina? ¿Habla su prejucio? ¿Entiende qué significa MASHIAJ? ¿De verdad se cree erudito a pesar de sus prejuicios y evidencia de ignorancia al jamás haber transitado estos caminos de forma objetiva y honesta?
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    Escrito y elaborado por David Saportas
    23 min
  • Interpretaciones Mesiánicas 4 - EL HIJO PRODIGO – LA VERDAD Y EL FARISEISMO.
    EL HIJO PRODIGO – LA VERDAD Y EL FARISEISMO.
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/15/interpretaciones-mesianicas-4/
    Prosiguiendo con esta serie de artículos relacionados con las interpretaciones mesiánicas neotestamentarias acorde a la Torá con palabras en lenguaje denominado “cristiano” sobre el papel del conocimiento en nuestra existencia, vuelvo y resalto el hecho de uso del lenguaje usado por ser el más conocido referente a dichas escrituras. De nuevo se hace necesario aclarar que no se deben hacer asociaciones históricas, ni literales a las descripciones y palabras de los textos para las Enseñanzas del Reino de los Cielos (es decir el Nuevo Testamento). Por ejemplo: Las grandes masas de personas que han accedido a las escrituras judías (llamadas cristianas) del Nuevo Testamento, inmersas en su condición mundana no rectificada, sin conocimiento alguno y con un bagaje cultural y personalidad corrupta, se han atribuido el derecho a juzgar e interpretar la condición de “Escribas y Fariseos” sin siquiera sospechar el muy alto nivel de referencia terrenal moral, intelectual y de compromiso con las búsquedas de espiritualidad y verdad de estas personalidades. De hecho la palabra fariseo hoy día se convirtió en un sinónimo de insulto para designar una condición humana hipócrita y perversa. Nada más alejado de la realidad, siendo los Fariseos una de las sectas judías de la época más santas, justas, piadosas y fieles a la búsqueda de la voluntad de Dios. De hecho, la secta de los Esenios nació de los mismos Fariseos. Personajes que comparados con nosotros serían como arcángeles, siendo nosotros menos que simios. De ese tamaño sería la comparación para empezar.
    Es necesario analizar el capítulo 15 de Lucas para reinstalamos en el escenario en que se da, primero la parábola del Hijo Pródigo, e inmediatamente después la del Mayordomo Infiel. “Fariseos y Escribas” murmuran porque Yeshua come con publícanos y pecadores. De acuerdo con la parábola, la idea que se pretende asociar a la práctica santa “exterior” obligatoria de la religión, hace que los actos de Yeshua sean un pecado en la decodificación de la parábola. Esto requiere de muy extensas explicaciones que sólo son posible entenderlas después de adquiridos amplios conocimientos de la palabra revelada (Torá) y explicada por los sabios de Israel. Por fuera del judaísmo es imposible entender los verdaderos significados. Dicen: “Éste a los pecadores recibe, y con ellos come.” Yeshua responde con la parábola de la Oveja Perdida, que es así: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a la que se perdió hasta que la halle? Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso: Y viniendo a casa junta a los amigos y a los vecinos diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.” (Lucas 15:4-7).
    A primera vista esto puede parecer muy sencillo, pero dista mucho de serlo. La narración se refiere a un hombre que va y busca lo que se le ha pérdido hasta que lo encuentra y lo lleva a casa. Y en la interpretación que da, dice que se trata de un pecador que se “arrepiente”. ¿Cuál es la conexión? Veamos lo que se dice en la parábola del dracma pérdido, que sigue a la anterior: “¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere un dracma, no enciende el candil y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarlo? Y cuando lo hubiere hallado junta las amigas y las vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he hallado el dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Lucas15: 8-10)
    En ambas parábolas, el tema principal es el encuentro de uno entre muchos. Y este uno, cuando se le encuentra, está relacionado con la “metanoia” (arrepentimiento, retorno, cambio de mente, nacer de nuevo, teshuvá). Tanto la oveja como el dracma representan algo perdido, y su encuentro se explica como “arrepentimiento”, palabra esta que es la más usada en estos textos, aunque no exacta como lo es la palabra hebrea “Teshuvá” o “Retorno” que implica muchos más conceptos para considerar todo el significado que habría que abordar para entender. O sea que estas dos parábolas son una explicación adicional de lo que significa la metanoia, la transformación de la mente. Puesto que “arrepentirse” o más exactamente la “Teshuvá” es un hecho íntimo en el hombre, las parábolas han de tener por fuerza un significado igualmente íntimo. La oveja perdida es algo que se ha perdido en el hombre, y que el hombre mismo ha de encontrar. Igual cosa con el dracma. Y ha de subrayarse una vez más que en ambos casos lo perdido se designa con el número uno. Por consiguiente, este hallazgo de lo que es uno define el significado de que la metanoia ocurre en el hombre. Deja lo mucho para poder hallar lo uno que falta.
    Estas dos parábolas se dan sobre un fondo externo, como con tanta frecuencia ocurre en los Evangelios. “Como de costumbre, los fariseos censuran a Yeshua”; esta es una referencia a un estado intimo espiritual de aquél que está en el proceso de búsqueda de unión con su creador. Es un estado de muy alto nivel y es precisamente a este aspecto que se refiere la enseñanza. Hay muchos aspectos muy sutiles “psicológicos” que intentarán poner obstáculos a la rendición y sumisión a Dios. A estos aspectos se les podrá clasificar y denominar de múltiples formas como espíritus, demonios, klipot, huestes, etc. Temas que son ampliamente explicados por los sabios de Israel acorde a la Torá revelada. Ya quisiese uno llegar a las alturas espirituales de un fariseo (por si acaso). De hecho hace parte del proceso de “asención” que al apostre también deberá ser superado. Nacer de nuevo no es de ninguna manera un proceso ni fácil, ni automático. Milagroso sí, pero la norma es después de hacerse el trabajo individual, y es precisamente ahí en donde se podrá entender la gracia.
    Censuran a Yeshua. En este caso porque come con publícanos y pecadores. Esto como se dijo, requiere de extensas explicaciones para entenderlo. De modo que estas dos parábolas se interpretan a menudo como algo que se refiere a ellos, a los pecadores. Yeshua vino a salvar a los pecadores. La oveja perdida significa uno de ellos, y es posible que los noventa y nueve se refieran a una actitud personal que auto concluye que “no necesitan arrepentimiento”. ¿Qué significa entonces la censura de fariseos a Yeshua? Si Yeshua representa no sólo desde el punto de vista arquetípico dicha esencia en alma de “despertar” y retornar a Dios, sino que también es una realidad interna que bien podría llamarse “el Mashiaj Interno” en uno, entonces ¿Quiénes son los fariseos que se oponen? ¿Qué aspecto del alma representa?
    En el original griego, esta frase dice literalmente “no les interesa el arrepentimiento”. Es una ironía. Quienes continuamente se justifican y se imaginan justos y virtuosos, consideran que no tienen nada de que arrepentirse, y así el arrepentimiento no les interesa, no lo quieren y no lo necesitan. Son gentes de opiniones fijas y sus ideas ya se han enquistado en ellas. Para estas personas cualquier cambio en la manera de pensar es un imposible, por la sencilla razón de que no hay nada en ellos que o quiera o lo busque. En su sentido más externo, este episodio significa que sólo un hombre entre cien siente la necesidad de un nuevo entendimiento de su propia vida, y la necesidad de hallar un significado nuevo para su existencia. Los restantes están satisfechos de sí mismos y nada buscan, pues se sienten justos. Ahora bien, este razonamiento también es aplicable a nivel individual en cada uno de nosotros, pues tal y como se explica en la Kabbalá Luriánica, hay una correspondencia entre los aspectos externos y generales de la realidad y el mundo con los aspectos internos e individuales en nosotros, así como en nuestro propio ser existen las naciones y el estado de Israel. Se recomienda ampliar estos conceptos estudiando la serie de Kabbalá Luriánica de este blog. Como se ve y se podrá constatar en la medida que se profundicen estos estudios, nunca se trata de interpretaciones literales, ni mucho menos de interpretaciones religiosas sectarias y dogmáticas.
    De nuevo y por si acaso, “arrepentimiento” no se relaciona de forma exclusiva con remordimiento, llorar amargamente y darse golpes de pecho. Si esto ocurre aunado con el verdadero significado del arrepentimiento, entonces podrá ser real y establecer la conexión cielo-tierra. Recordemos es un cambio de mente con claridad diáfana de la Verdad. Tener conciencia de dicha verdad bien puede generar sentimientos que pueden dejarlo a uno en shock. Este es el entendimiento emocional requerido, para que se denomine como “principio” del retorno. Las parábolas mencionan la designación fariseo. Recordemos lo dicho anteriormente que dichas palabras provienen de personajes provenientes y conocedores de las profundidades de los secretos de la Torá pertenecientes a la secta de los esenios que a su vez provenían de los mismos fariseos. Ellos hablan en términos que son de su propia naturaleza, de su propia vivencia, de su propio nivel; de aquellos obstáculos que identifican a su nivel (nivel prácticamente celestial si nos referenciamos como seres terrenales). Hablan de lo que ellos mismos han identificado como último obstáculo a superar. Incluso en estos niveles de altura gigantesca espiritual hay remanentes espirituales “demoniacos” que quieren impedir el éxito en el renacimiento. ¿Qué podríamos decir de la interpretación antisemita de todos aquellos que han difamado al pueblo santo y los fariseos?
    Lo anterior bien podría ser la razón del porqué el pueblo judío es enemigo y reactivo a las escrituras neotestamentarias. No solamente es debido a la historia y evidencia de casi 2000 años de antisemitismo cristiano, sino además a que quizás por razones de rechazo a Mashiaj en su primera manifestación pública, su entendimiento maravilloso en todos los demás tópicos inconmensurables de Torá, se nublaron en este aspecto mesiánico al mismo nivel de los demás pueblos y naciones, percibiendo al igual que los gentiles de forma antisemita a sus mismas escrituras. En otra parte Yeshua dice que nada puede evolucionar internamente a menos que su “justicia” sea superior a la de los fariseos. De otro modo, todo cuanto haga será siempre de la misma calidad. Los religiosos exteriores no tienen nada real, son todo imitación. Cuanto hacen lo hacen para acumular méritos o recibir elogios, o bien por temor a perder la reputación. Este aspecto es el aspecto negativo que vive en el hombre, que incluso aún puede subsistir en personajes tan elevados como el fariseo. Quien obra partiendo de eso, no obra con nada que le sea genuino, nada real en sí mismo, sino que todo lo hace debido a diversas y complejas consideraciones externas según sea su situación, según sea lo que digan otros, según lo que su orgullo le permita o lo que le haga ser más estimado o le haga llamar más la atención.
    De modo que Yeshua dice a los fariseos: “¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.” (Lucas 11:43) Y en otras partes los define como aquellos que aman “más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.” (Juan 12:43). Si esta es la esencia religiosa sin conciencia del trabajo que subyace detrás de los procesos de transformación conscientes obligatorios, entonces en esta esencia no hay nada real; y si no hay nada real en un hombre, no podrá ver lo que es real. Podrá combatir la tiranía, predicar el arrepentimiento y hasta morir heroicamente, pero no será él quien lo haga. En esta clase de hombres, en todos nosotros, existe únicamente la verdad a la que apunta tal rasgo, la verdad de la propia situación, del mérito personal y cosas por el estilo. Y si de pronto nos viéramos privados de este mundo exterior, si de pronto desapareciese con todos sus valores, propósitos, ambiciones y restricciones, no nos quedaría casi nada; en realidad, nada. Lo importante aquí es poder discernir la enseñanza oculta. Las escrituras judías transformadas en doctrina cristiana han sido a través de los siglos manipuladas y tergiversadas. Esto es demostrable redundantemente. Y tristemente bajo influencia no muy santa, direccionadas hacia el antisemitismo. Las connotaciones anti torá y antisemitas de Yeshua al fariseísmo, distan mucho de ajustarse al verdadero conocimiento que deba ser extraído de todo lo que proviene de la Torá (como en este caso, también los Evangelios).
    Es decir que el “hombre” sustentado en una esencia asociada a lo exterior, se derrumbaría, se esfumaría o quedaría muy poco de él. Y lo que quedara no tendría ni la menor semejanza con lo que conocíamos. Así que volvamos a las parábolas que tratan de la idea de dejar los muchos a fin de poder hallar lo uno. ¿Cómo podremos entenderlas? Para tratar de entenderlas imaginemos a un hombre que tiene en su poder un número de balas y quiere disparar a un blanco. Ensaya con una, con otra, con una tercera, y falla. Examina las balas y, entonces, con gran asombro descubre que una de ellas lleva su nombre o tiene alguna marca especial que al punto reconoce como propia. Emplea esta bala y aun sin hacer una puntería muy cuidadosa, da en el blanco. Esta es una bala que le es propia, y porque lo es no yerra con ella.
    La palabra que en los Evangelios se traduce como pecado quiere decir, literalmente, en el original griego, “errar el blanco“, como cuando se lanza un dardo a un punto y no se da en él. Y de su significado de errar el blanco llegó a pasar a la idea de fallar o errar en el propósito de uno, en el sentido de cometer un error. Esto no es novedad de los evangelios. La misma palabra TORÁ significa en hebreo “errar en el blanco”, entre muchos otros significados. En todo ser humano hay una fase convencional, adquirida en la vida y que no le es propia. O, si tomamos la idea adjudicada a la parte negativa del Fariseo (nosotros en el nivel terrenal más alto posible), todo lo que hagamos partiendo de él será siempre una pretensión. No lo hacemos partiendo de lo que es genuino en el hombre. Todo el que hace un esfuerzo desde lo que no le es propio, o todo el que hace algo desde lo que no es él mismo, solamente consigue errar el blanco, pues no emplea lo único que puede tener buen éxito. No nace el esfuerzo desde lo que en él es real, verdadero. Y esto es, efectivamente, lo perdido. Esto es lo primero que hemos de entender antes de proseguir en la consideración de estas parábolas y la forma como se conectan con las que les siguen.
    Ahora bien; se hace necesario resaltar que todo el párrafo anterior NO es de fácil entendimiento. Se descontextualiza de sus verdaderos significados de forma inmediata para todo aquél que no tiene conocimiento profundo de Torá. Y esto sucede porque inmediatamente se asociará imaginativamente cualquier conclusión a nuestro estado terrenal caído en todas sus posibles variaciones y matices (y que ya quisiésemos que por lo menos fuera calificado de “fariseo”). Cuando se hace la referencia que la “hipocresía farisea” proviene de un esfuerzo que NO es propio, no se puede concluir entonces que cualquier esfuerzo de mejoramiento personal en nuestro estado actual NO corregido, por ser precisamente simulado o ficticio a fuerza debido a nuestra naturaleza terrenal, entonces es invalido y descalificable con insinuaciones o conclusiones peyorativas, como si fuésemos mejor por ese sólo hecho de juicio en “viga ajena”. Efectivamente “lo propio” pertenece a nuestra “alma celestial” (Neshamá), y esta no será nuestra hasta que la propiciemos en este “Olam Hasé”. NO será parte de uno a menos que nosotros mismos trabajemos por ella y no podemos suponer que ya la tenemos si nunca nos hemos esforzado por ella. Si usted no conoce esta información o no la entiende, no podrá suponer que la tiene. Será sólo imaginación proveniente de su maldad. Como se dice en las mismas escrituras neotestamentarias: “Satanás se disfraza de ángel de luz”. Sucede en nuestra condición como fariseos y de forma gigantesca y mayor por fuera de los conocimientos de la Torá. Se conoce como “Humanismo”.
    El humanismo no tiene fundamento espiritual. No se trata de ser buenas personas. Ser buenas personas es parte del paquete, pero sólo es una pequeña parte. Es una consecuencia del Servicio al Creador. El humanismo no es garantía de nada, pues no incluye el temor a Dios, fundamento de toda sabiduría. Hay prerrequisitos que sólo se cumplen a través del conocimiento de la Torá y la conexión con Israel. El objetivo de nuestras vidas aquí es perseguir el mundo venidero a través de los mandamientos y preceptos (con toda la lucha que esto supone); así como con todo acto bueno de eternidad. El objetivo es cambiar nuestra esencia interior y no nuestra relación con el mundo exterior. Una vida “perfecta” auto justificándose como ser “espiritual” sin ser “fariseo” (como se califican a ellos mismos los cristianos y muchos otros) y NO confrontar nuestro ser esencial (lo más probable no rectificado y como tal malvado), no significa que no se tiene inclinación al mal que vencer. Si no hay conflictos y luchas vencidas NO hay “semillas” que llevar al mundo de la VERDAD, o sea, el “Mundo Venidero”. Hay un trabajo por repetición que hacer y cuyo nivel más alto es el del “fariseo” como etapa final y previa a adquirir la verdadera espiritualidad como valor propio. Para profundizar en las sutilezas muy profundas de estos conceptos se recomienda se estudien los artículos de éste blog titulados “Por qué creer en la Torá 8 y 9” y cuyos links de enlace dejo a continuación.
    En el capítulo 18 de Mateo, la parábola de la oveja perdida se da en una forma un tanto distinta y aparentemente con un contenido diverso. Esto es algo que ocurre muy a menudo en los Evangelios y tales discrepancias aparentes constituyen un serio tropiezo para las mentalidades que toman estas ideas al pie de la letra. Discutirán afirmando que, puesto que las narraciones no coinciden palabra por palabra y coma por coma, y ya que no tienen la misma contextura, no puede haber “verdad” en ellas. Su error estriba en suponer que la verdad sea tan sólo la confirmación del hecho externo o del suceso histórico. Esto es muy común verlo en diferentes frentes de ataque tanto a las escrituras neotestamentarias, como contra la Torá. Se entiende que el secularismo humanista cuya existencia es netamente al 100% sensual y desconectada de las realidades espirituales, caiga en estos ataques al mismo entendimiento de otro orden; lo que es verdaderamente inaceptable e increíble es que suceda lo mismo en el rabinismo anti mesiánico y más específicamente anti Yeshua. Se supondría que toda la erudición e ilustración rabínica (que es incuestionable) calificaría al rabinismo en otro nivel al secular en este aspecto. Y no obstante, aquí la definición “farisea” se hace más que explícita como confirmación profética.
    La verdad no es de un solo orden. La verdad física es un nivel de la verdad. Y resulta evidente que las parábolas no representan una verdad física ni hechos que sean todo lo literales que indican sus títulos. La verdad de la parábola de la oveja perdida no descansa en un pastor de carne y hueso que tenía exactamente cien ovejas y perdió exactamente una. La verdad que contienen las parábolas es de otro orden. De un orden espiritual y psicológico. Esto significa que dichas parábolas tienen que ver con la vida interior del hombre, con una verdad interna. Gran parte de la verdadera enseñanza de Mashiaj acerca del hombre y de su posible evolución está contenida en las parábolas. Y visto que lo más importante era dar esta enseñanza, fueron incluidas en la versión general del “drama cristiano” ahí donde hay ocasión de hacerlo. Esta es una de las razones por las cuales no hay uniformidad en ellas. El significado de una parábola no puede agotarse con una sola interpretación. Pero si uno no hace ningún esfuerzo por captar su significado, la parábola no podrá “trabajar” en nuestra mente. Las parábolas se diseñaron de tal modo que pasen del nivel literal de la mente (de aquel nivel de la mente sensual que exige pruebas visibles de todo) y lleguen a la comprensión interior, que es el único punto de partida para el crecimiento del hombre interior. Pues el hombre es su comprensión. La transformación de la mente NO es cosa fácil.
    De modo que puede decirse que la parábola se creó para que el hombre piense. Y a menos que el hombre empiece a pensar de cierto modo y por sí mismo, la “metanoia” (cambio de mente) le será imposible y no podrá comenzar su evolución. Esta es la razón por la que Yeshua puso tanto énfasis en el “arrepentimiento” (metanoia) como el primer paso indispensable. Y de nuevo; este no es un énfasis nuevo en la Torá. Es simplemente la afirmación o confirmación del concepto vital de la Torá llamado “Teshuvá” (Retorno). En la versión de Mateo, la parábola de la oveja perdida no aparece en el marco ya tan familiar en que los fariseos censuran la conducta de Yeshua. La contextura del tema en este caso tiene que ver con un pequeño, o un niño, a quien no hay que escandalizar. Los discípulos preguntan: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” Yeshua llama a un niño y lo pone en medio de ellos y les dice: “De cierto os digo que si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere a tal niño en mi nombre, a mí recibe. Y cualquiera que escandalizare a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en lo profundo de la mar.” (Mateo 18:3-6)
    Se produce un cambio de significado con relación a la idea de pequeño. Al comienzo se emplea el término griego “paidion” que efectivamente significa “niño”. Pero cuando Yeshua dice: ‘Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí”, el término griego cambia a “mikros”, que significa pequeño, chico, como microscópico. Ya no se refiere a los niños, sino a quienes han comenzado a seguir a Mashiaj y ya tienen cierto entendimiento; mejor dicho, a los que han comenzado a entender a través de lo que en ellos es pequeño. Se refiere a aquellos en quienes ha empezado ya el proceso de la “metanoia” (cambio de mente). Más adelante, y luego de haber dicho que es necesario que vengan escándalos, dice: “más ¡ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!”, y agrega: “Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado? Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.” (Mateo 18:10-14)
    De suerte que la oveja perdida es el pequeño. En esta parábola se relaciona a uno que se ha perdido con “la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos.” Hacia este uno se dirige la voluntad de Dios, o bien es éste el único que puede conectar al hombre con el “cielo”. “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.” Y aunque en este caso no se menciona el “arrepentimiento”, hemos de tener presente lo que ya se ha dicho: “antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis, igualmente”. Quiere decir que quien no alcanza aquel estado que se llama “arrepentimiento”, la metanoia; perecerá inevitablemente. Es decir… Quien NO hace Teshuvá. Pero la Gracia de Dios comienza a obrar sobre quien se “arrepiente”, y esto tiene que ver con el hallazgo de lo que se ha perdido o descarriado.
    Si ahora recordamos a aquel verso del Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”, y lo aplicamos nuevamente en su sentido interno, al estado interior del hombre, podremos ver que se refiere al “cielo” en el hombre; mejor dicho, a aquella posibilidad que tiene el hombre de colocarse bajo un nuevo orden de influencias que se definen como la voluntad de Dios. En esta parábola esto se vincula con el hallazgo de lo que el hombre ha perdido, con este uno, y del que expresamente se dice que no es la voluntad del cielo que se pierda. Se puede hacer otra analogía: Supongamos que alguien quiera extraer oro de la tierra. Para hacerlo tendrá que utilizar algún instrumento. Pero el instrumento sólo será un medio para dicho fin. La finalidad es extraer oro, y una vez hallado el oro, el instrumento deja de tener utilidad. En más de un sentido, los Evangelios ven al hombre de una manera muy similar a esta analogía. Consideran que tal cual es, está perdido. Pero que en él hay algo tan precioso como el oro. Al principio tiene que aprender a vivir en el mundo y obtener del mundo un instrumento que le permita vivir. Pero, desde el punto de vista de los Evangelios esta no es su finalidad, su propósito, su fin.
    El instrumento que el hombre adquiera en la vida puede ser bueno como malo: y si es malo, nada hay en él que pueda llevarlo más allá de sí mismo. Todo lo bueno que adquiera en la vida no le es realmente propio, no le pertenece, sino que constituye su primera etapa, una etapa que le es absolutamente necesario alcanzar con relación a la totalidad de la enseñanza de la evolución humana. Esta faz que el hombre adquiere, faz que no le es propia y que, a la vez, le permite desempeñar alguna fundón útil en la vida, a comportarse con decencia, a cumplir con sus deberes, etc., no es el punto desde el cual puede evolucionar. Pero, a menos que se forme, no será posible que haya en él un crecimiento interior o evolución que lo lleve a la rectificación. Todo este aspecto de la vida del hombre que, como ya se ha dicho, puede ser bueno y útil y que ha de adquirirse en la vida mediante la educación y preparación, ya que sin él nada puede ocurrirle, puede llamarse, grosso modo, “los otros noventa y nueve”. Es aquella parte del hombre que no necesita arrepentirse. Y no lo necesita porque no puede adelantar. Aunque tenga esta faz bien construida, con los mejores medios y por las mejores influencias de la vida externa, no está, sin embargo, vivo.
    Lo anterior bien puede ser la forma en como los Evangelios hablan de lo podríamos denominar “las semillas requeridas para el mundo venidero” que se han referenciado anteriormente aquí. Muchas posibles interpretaciones son aplicables, y todas con el mismo significado expuesto. Nuestro cuerpo y realidad en la que nos movemos son un medio y no un objetivo. Son los otros 99 mencionados de las parábolas en cuestión. De igual forma, el mundo y todos sus placeres y sufrimientos son el reto a vencer y a usar a nuestro favor para producir “semillas de vida”. Son igualmente los 99, así como también si asocia el concepto, lo serían todos los preceptos o mandamientos, el estudio, los actos de bien, las repeticiones de rectificación, los servicios religiosos, los rezos, los sacrificios, etc. Lo importante es ese “uno perdido”, la “semilla”, la “conexión” con el cielo, la conexión con “Mashiaj”, la conexión con el “Alto Keter” (si hablamos en términos kabbalistas), “ir al Padre”, “tener al Padre”, “conocer al Padre”, etc.
    Son muchas las alegorías bíblicas que pueden traerse a colación con el mismo significado. Si tenemos esto en cuenta podremos percatarnos que se abren frente a nuestros ojos y entendimiento (si usted es conocedor de la biblia) numerosos versículos que siempre han causado confusiones debido a sus interpretaciones “blanco y negro”, como aquellas de versículos donde se dice “NO quiero sacrificios sino obediencia”, tal como dice en Sal 51:16-17; 1 Samuel 15:22; 1 Samuel 15:22; Salmos 40:6-8; Proverbios 21:3; Isaías 1:11-21; Jeremías 7:21-24; Oseas 6:6; Amós 5:20-27; Miqueas 6:6-8; Mateo 12:7; Marcos 12:33; Hebreos 10:1-18; Romanos 12:1; Romanos 6:13; 1 Pedro 2:5. En el cristianismo se ha interpretado todos estos versículos como una negación de la “Ley” y el “Servicio Levítico”. Por el otro lado, el judaísmo ha considerado la interpretación cristiana que pone énfasis supuestamente en el “Espíritu”, como un ataque a la Torá (que efectivamente si lo es), dando por ello a manera de mecanismo de defensa la descalificación de la conexión espiritual (supuestamente cristiana) que se está analizando. Los dos extremos, igualmente equivocados y desconectados.
    Humanísticamente hablando, o en el mejor de los casos farisaicamente, por muy bueno que usted sea (o lo seamos todos nosotros), se halla de todos modos muerto o perdido desde el punto de vista de la enseñanza de Yeshua; que no es otra cosa que la misma enseñanza de la Torá, conocida y registrada en numerosas obras de judaísmo tanto anteriores a la época del primer siglo, como posteriores. Hay registros de estas enseñanzas con múltiples variaciones y asociaciones muy valiosas que hacen parte del inmenso legado del pueblo judío, como el pueblo del libro para alcanzar la vida eterna. No es en vano que la misma Torá atestigua del pueblo judío su role como “Luz las Naciones”. Las mismas palabras de Yeshua registradas en los Evangelios también lo atestiguan… “La Salvación viene de los Judíos“. En Juan 4:22 el versículo dice textualmente “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos”. Aunque parece fácil de entender el versículo, sin embargo se constata que después de casi 2000 años de dicho enunciado casi nadie lo entiende, o simplemente es ignorado a la mejor manera del negacionismo de la disonancia cognitiva, con tal de no reconocer nada que tenga que ver con el pueblo judío; así lo diga el mismo Mesías de Israel, o el personaje que se idolatra en la mente de los cristianos.
    Este versículo merecería un estudio extenso por aparte, pues esconde muchos secretos a ser revelados. No son solo sentencias de relleno como suelen interpretar las escrituras sin excepción los cristianos, y en este caso dada su animadversión a los textos neotestamentarios, los judíos también. Principiando con aclarar que la sentencia es literal con referencia a que la “salvación viene de los judíos”. Por supuesto entender esto requiere primero que se tenga claro qué significa, qué y quién es un judío. Y segundo saber y entender qué es lo que “adora” y “sabe” el judío. El mismo Yeshua como Mesías con sus propias palabras se clasifica dentro de la designación y denominación de lo que es un “Judío”, al afirmar “nosotros adoramos lo que sabemos”.
    Sólo como mención de paso y para no desviarse del énfasis de estudio en este artículo, se escucha siempre de parte de cristianos, mesiánicos o de aquellos pseudo eruditos disfrazados de judíos que el significado del versículo se refiere a que Yeshua nació dentro del pueblo judío y que ello significa que la “salvación” viene de los judíos. Afirmación que de entrada es ilógica con el misma forma del versículo, pues es el mismo Yeshua quien lo enuncia de forma no personal. Él NO dice “La salvación viene de mí”, lo cual adicionalmente nos introduce en otro debate más complejo y extenso… “¿De dónde viene la Salvación? Pero ese es otro tema para después. Sin entrar en demostraciones (que sí existen), se está afirmando en dicho versículo que “sin judíos NO hay salvación”, y NO se está haciendo referencia a un momento especifico y coyuntural histórico. Tiene que haber en cada generación “judíos” que propicien la salvación. Sin judíos simplemente NO hay creación. Esto último ya lo he mencionado en algunos de mis artículos del blog y se ha explicado. Y no es imaginación, como nada de lo que aquí escribo y referencio. Todo siempre deberá tener su sustento y disertación asociada a lo revelado en la Torá. La redención final depende del pueblo judío. Quien tiene la redención “obstaculizada” o contenida es el mismo pueblo judío que no conecta con el alto Keter, que es Mashiaj, y por lo cual NO entra a la luz a “éste mundo”. Tema que se explica ampliamente en la verdadera Kabbalá.
    Es indispensable comprender que la vida conduce al hombre solamente a una etapa de su posible evolución hacia la rectificación. Y toda la enseñanza de los Evangelios, y otras similares, que tratan acerca del hombre en su más íntimo sentido, se refieren a esta mayor evolución, que empieza con la metanoia. Pero para poder desaparecer, para volverse un niño pequeño, para buscar lo que ha perdido, tiene que ir necesariamente contra todo lo que cree ser, contra cuanto ha hecho y contra lo que estima más valioso de su carrera. Esto para nada significa que se sustente dichas afirmaciones en la fantasía o lo que buenamente nos imaginemos. Podemos atestiguar de forma masiva en mundo hoy día, como estamos inundados de propuestas fantasiosas de este tipo de supuestas espiritualidades. Este tema para nada es imaginativo y se sustenta en el CONOCIMIENTO de la Torá exclusivamente. Muchas corrientes filosóficas han llegado a las conclusiones evangélicas en cuestión de la citada “metanoia” o cambio de mente. Están en lo correcto. Por ejemplo los trabajos de autores del “cuarto camino” son muy valiosos en estos diagnósticos y aportan discernimiento. Muchos de estos trabajos conectan incluso con las escrituras neotestamentarias. Sin embargo, todos yerran en su desconocimiento de la Torá como el prerrequisito fundamental. Podrá profundizar un poco más sobre las fantasías de las corrientes supuestamente espirituales en el artículo de este blog denominado “La Falsedad del Mundo 1” perteneciente a la serie “Tora y Verdad” y cuyo enlace dejo a continuación:
    La Falsedad del Mundo 1
    Esta faz, “los noventa y nueve”, no precisa arrepentirse por la sencilla razón de que no lo necesita. Para que el hombre pueda trocar su cimiento interior y comenzar de un modo enteramente nuevo; para “volverse” o librarse de sus muy razonables sentimientos de mérito, debe emprender una lucha que ni siquiera podría empezar a menos que vea todo lo hecho sólo como un medio que le conduce a otro fin. Y acerca de este fin hablan los Evangelios en casi todas sus líneas. Aun después de haber estado tres años en contacto directo con Yeshua HaMashiaj, los discípulos no habían pasado por el “arrepentimiento”. Así las últimas palabras que Yeshua dice a Pedro son: “Yo he rogado por ti, porque tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:32).
    El término griego que aquí se emplea es “epistrepho” y significa justamente “volverse”, como en el caso del hijo pródigo: volver en sí. Ya se ha reseñado continuamente y se debe volver a hacer: Esto es lo que originalmente en hebreo se denomina “Teshuvá”. El camino de retorno; de retorno al padre. Habrá que saber primero que significa Teshuvá. Hay tratados y tratados escritos por los sabios de Israel que ahondan en los insondables significados del Retorno. No puede ser lo que uno se imagine. Se requiere conocimiento; el profundo conocimiento de la Torá. No piense que es levantar la mano en una iglesia, o solamente “confesar con la boca”. Hay una ayuda de arranque que tiene que ver con ello. No se lo imagine. Toca aprenderlo. Y sólo se recibe la chispa de arranque como ayuda inicial (una pequeña semilla si se quiere), pero el trabajo y responsabilidad es suyo e individual. No solamente las escrituras neotestamentarias, sino por toda la Torá y en los escritos de los sabios de Israel se hacen referencias al respecto. Por ejemplo, el famoso debate de si “una vez salvo, siempre salvo”.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/15/interpretaciones-mesianicas-4/
    Escrito y elaborado por David Saportas
    57 min
  • Interpretaciones Mesiánicas 3 - PILATOS – LA VERDAD INDIVIDUAL EN EL MUNDO DE LA MENTIRA
    PILATOS – LA VERDAD INDIVIDUAL EN EL MUNDO DE LA MENTIRA
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/11/interpretaciones-mesianicas-3/
    La narrativa o historia neotestamentaria que se pretende en este articulo analizar es la del encuentro de Yeshua con Pilatos. La interpretación de este relato en la superficie y según se constata históricamente dentro de la historia del cristianismo conjuntamente con las consecuencias de percepción de las masas derivadas de estos textos, es claro que con relación a los propósitos tanto de este blog, como de la misma serie que aquí se comparte de interpretaciones mesiánicas neotestamentarias, y teniendo como introducción los dos anteriores artículos de la misma, se hace obligado anticipar que este relato tiene muchas contaminaciones y prejuicios de interpretación con tendencias no sólo típicamente antisemitas, sino de distorsión.
    Se sugiere por consiguiente no sacar conclusiones de forma superficial y tomarse el tiempo para entender y asimilar lo aquí planteado. Se deberá acotar que cualquier interpretación literal de narrativa histórica no tiene ninguna relevancia. Principiando con que los escritos son enteramente judíos y corresponden a las enseñanzas kabbalistas profundas acerca del alma que diferentes escuelas de la época siempre produjeron como testimonio de la dedicación única del pueblo judío a la interpretación decodificada de la Santa Torá. En este caso son los estudios kabbalistas de la escuela de los esenios y de donde surgieron los textos del mal llamado “nuevo testamento”. Textos que en el transcurso de 3 siglos fueron usurpados y modificados por personas ajenas al judaísmo y transformados en una enseñanza modificada denominada cristianismo. Tema para dilucidar extensamente posteriormente desde el punto de vista de las evidencias históricas. Esta ignorancia y resultado histórico ha sido causa de generar el milenario antisemitismo cristiano. Se trata de encontrar la Verdad… Y de esto trata dicho relato de encuentro.
    En su conversación con Yeshua, Pilatos le pregunta: “¿Qué cosa es verdad?” El episodio se transcribe de esta suerte: “Así que Pilatos volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Yeshua y díjole: ¿Eres tú el rey de los judíos?, respondióle Yeshua: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilatos respondió: ¿Soy yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí: ¿Qué has hecho? Respondió Yeshua: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos: ahora, pues, mi reino no es de aquí. Díjole entonces Pilatos: Luego ¿rey eres tú? Respondió Yeshua: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Dícele Pilatos: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y díceles; Yo no hallo en él ningún crimen.” (Juan 18:33-38)
    Pilatos ni espera que se le conteste a lo que ha preguntado. En el cuadro en que Juan lo presenta, sale otra vez a la multitud (los judíos). Pero esta acción, como todo cuanto de él se dice a propósito del juicio de Yeshua, indica la respuesta a su propia pregunta acerca de la verdad. La narración pone de relieve el tipo de hombre a que corresponde Pilatos. Muestra lo que a este tipo le significa la verdad. A primera vista, Poncio Pilatos es un personaje enigmático. Pero en realidad se trata de un hombre para quien la verdad es cuestión de política; y por muy bien educado, ilustrado y humano que sea un hombre así, obrará en todos los casos de la misma manera en el momento crítico. Sea lo que fuere lo que piense y sienta en privado, evitará toda responsabilidad personal, todo juicio independiente, e irá siempre hacia la multitud. Yeshua dice a Pilatos: “Todo aquel que es de la verdad oye mi voz.” Y Pilatos pregunta: “¿Qué cosa es verdad?” Y se va hada la multitud. Su verdad es la multitud. Y aunque sabe que Yeshua no es culpable de ningún crimen, no obra de acuerdo con su conocimiento. Lo que decide su conducta es el griterío de la multitud. Para él, eso es lo correcto, pues tal es su verdad. Aun cuando cada cual tiene una idea diferente de la verdad, sea lo que fuere lo que el hombre llama la verdad, será siempre lo que le parezca bien. Y eso hará.
    Teniendo en cuenta lo escrito en los dos artículos anteriores, para Nicodemo, la verdad era cuestión de los sentidos. Comienza a creer en la verdad de Mashiaj apoyándose en los milagros que ha visto con sus propios ojos. Y Yeshua le dice con toda claridad que está equivocado y que su punto de partida es del todo inútil. Para Pílalos, en cambio, la verdad es cuestión de cálculo, prudencia y transacción; sin embargo, sabe mucho más. Teme obrar sobre la base de lo que sabe y siente. De suerte que, según lo presenta Mateo 17:24, se dice que “se hacía más alboroto, y tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; Mírenlo vosotros”. Y este Pilatos es el mismo a través de los siglos. En el Evangelio Apócrifo titulado El Evangelio de Nicodemo o los Hechos de Pilatos, se retratan con mayor énfasis los esfuerzos que hizo Pilatos por librar a Yeshua. Esta narración contiene un incidente en el que Pilatos aparece hablando a solas con Yeshua, y le pregunta: “¿Qué haré contigo?”, y Yeshua le responde: “Obra conforme te ha sido dado”. Pilatos pregunta nuevamente: “¿Cómo me ha sido dado?” Y Yeshua le responde: “Los profetas profetizaron mi muerte y mi resurrección”. Yeshua tenía que morir y Pilatos debía condenarlo.
    Este extraño episodio indica que Yeshua en realidad pidió a Pilatos que lo condenase a muerte, y aun cuando Pilatos parece no haberlo querido, Yeshua mismo le ayudó con lo que le dijo a solas, aquello de que obrase como al fin obró. Aparte de otras muchas razones, este episodio ha dado lugar a que haya opiniones muy profundas de que el drama de Mashiaj fue, efectivamente, un drama actualizado y representado en la vida real, consciente y con toda deliberación, y por razones sumamente precisas. En este sentido, cualquiera puede leer en la versión de Juan, en la que se indica que aunque Pilatos quería librar a Yeshua, el propio Yeshua había advertido a menudo a sus discípulos de la muerte que tenía predestinada. Y a la luz de estos nuevos pensamientos la totalidad del drama evangélico cambia, y cambian también su importancia y su significación, de modo que ya no nos es posible imaginar a Yeshua HaMashiaj (Jesucristo) en la condición de simple víctima de un mundo cruel, ni podemos adoptar el punto de vista sentimental por el destino que le cupo. De nuevo, lo importante del relato son las enseñanzas que hay implícitas para el alma. Estas son enseñanzas que provienen de una de las sectas más esotéricas de la época y cuyas metodologías son bien conocidas solamente en los ámbitos judíos. Todo el drama es netamente judío con implicaciones universales.
    Saber exactamente como sucedió en el aspecto histórico es un tema aparte. No podemos tener certezas en ese sentido. Se requieren de extensas disertaciones para poder abordar dicha empresa o estudios. Como se ha mencionado anteriormente, la interpretación de la realidad no es tan sencilla como pensamos, ni mucho menos literal a nuestros sentidos. Descifrar el cómo es el verdadero desarrollo de los acontecimientos que se denominan y se aceptan como la escueta realidad histórica no es algo que podamos afirmar como metodología. En los estudios de la verdadera Kabbalá se aborda este tema de maneras impensables para las mentes capturadas en la ilusión de la realidad palpable. Los escritos del kabbalista Friedrich Weinreb a quien he mencionado en muchos de mis artículos y grabaciones de audio que comparto en este blog, explican muchos de estos misterios. Descifrar la realidad con nuestros sentidos y paradigmas aceptados de nuestra alma es precisamente la característica de muerte que nos define sin vida. Creemos que entendemos cuando no entendemos nada, así como creemos que estamos vivos, cuando realmente no lo estamos. Es esto lo que significa que para nacer de nuevo, tengamos que resetear por completo nuestro entendimiento y nuestra mente. Se trata de que instalemos en nuestra alma y en nuestra mente un nuevo “Software” de funcionamiento.
    Si el relato nos dice que Yeshua fue entregado por los “judíos”, que había una “multitud”, ¿qué significa exactamente ello? ¿Es acaso descripción de lo acontecido históricamente? ¿Qué podemos confirmar y qué no? ¿Vale la pena intentar descifrar la verdad en esto? ¿Es acaso el concurso de la historia del cristianismo por 1900 años en la humanidad y el impacto sobre los judíos algo para ser desestimado? Yeshua HaMashiaj tenía que morir cumpliendo la parte o el papel que representaba. Y Pilatos, siendo el tipo de hombre que era, y fiel a la verdad que le afectaba más imperiosamente, obró conforme a lo prescrito en el drama. En el mismo evangelio apócrifo de Nicodemo o Pilatos, se dice algo más y es esto: “Y Pilatos pregúntale: ¿Qué es verdad? Y respondiéndole, Yeshua dice: la verdad es del cielo. Pilatos dícele: ¿No hay, pues, verdad en la tierra? Y Yeshua respondiendo dice a Pilatos: Tú mismo atestiguas cómo quien dice verdad es juzgado por quienes tienen potestad en la tierra”. Lo que tal vez no se entienda a menudo es que Yeshua impartió una enseñanza especial de la que únicamente quedan los fragmentos reunidos en los Evangelios. Y aun en estos fragmentos que se han conservado, se muestra que tal enseñanza dista mucho de ser un llamado a ser píos, sino que se trata de una práctica precisa, que se apoya en un conocimiento también preciso, con ideas igualmente precisas acerca de las posibilidades que el hombre tiene de establecer un contacto con un estado superior de sí mismo.
    Se trata de una práctica interna. Un trabajo interior que el hombre ha de realizar en sí mismo cuando su mente comienza a despertar y su conciencia interior a hacerse activa. El hombre empieza entonces a darse cuenta de lo que realmente es, y cuál es su verdadera situación en la tierra. La perfección o evolución del hombre no puede llevarse a cabo a menos que emprenda este trabajo interior y lo realice con respecto al entendimiento de ciertas ideas precisas. Una persona que siempre miente, que vive roída por la vanidad, una que está siempre llena de su propia virtud y justicia, o de odio, etc., no es persona capaz de evolucionar en semejante condición. Y no por razones exclusivamente morales, sino porque su vida psíquica está distorsionada o mutilada. Por supuesto que la Torá nos instruye acerca de la importancia de entender una Creación Moral como parte de un contexto mayor infinito en sabiduría.
    Si así se les ve a dichas personas, los Evangelios hablan acerca de estas mismas llamándolas los lisiados, cojos, ciegos, sordos, etc. NO es algo exclusivamente literal. Hay que recordar lo que ya se ha explicado en otros artículos de este blog (por ejemplo en la serie Torá y Verdad), que todo lo manifestado como físico tiene su origen en lo espiritual y obedece a un diseño y propósito creacional. Se debe tartar de conectar todo el conocimiento posible como una unidad e intentar zafarse de los lazos de la ilusión fragmentada. Por consiguiente, la verdad se refiere a la rectificación de nuestra almas y esta posible evolución interior hacia su a su meta, que el Evangelio denomina el Reino de los Cielos. Se refiere al estado o condición interior del hombre, o sea a la clase de hombre que es. No hace falta reflexionar mucho para poder advertir que el hombre que siempre miente, o que está lleno de odio, no podrá desarrollarse debidamente dentro de los términos del desarrollo de una vida exterior ordinaria; y nada bueno podrá venir de un hombre con una vida interior distorsionada. Desde aquí es posible ver que hay otros muchos rasgos y cualidades, o falta de cualidades, que obstaculizan al hombre interiormente, y acerca de lo cual se precisa un conocimiento especial.
    Pues si existe un nivel superior en el hombre, y también un posible contacto con dicho nivel, y si los hay que lo han logrado, fuerza es que también exista un conocimiento especial relativo a su desarrollo y, por lo mismo, cierta forma de verdad que lo apoye. Y acerca de este conocimiento y forma de verdad tratan los Evangelios. Por esta razón se ha dicho más de una vez que Yeshua impartió “una enseñanza precisa” que empieza con la metanoia (cambio de mente) y conduce al renacimiento. Este conocimiento es Torá. Los Evangelios no es más que el nombre con denominación “cristiana” en español dado a un nivel de conocimiento de la Torá. Se le ha llamado de varias formas. Se asocia a diferentes tipos de enseñanzas. Esa es la “forma” y como tal tiene su importancia como método. Lo importante como siempre se encuentra en el contenido. Dicho contenido o fruto será el mismo sin importar como se llame, ya sea “Besorá”, “Evangelio”, “Kabbalá Luriánica”, “Torá”, “Zohar”, etc, etc. Las etiquetas son importantes en funciones específicas, pero NO son el objetivo. Como lo he anotado una y otra vez, no se trata de aspectos religiosos, ni mucho de jugar en la superficie a ello.
    Yeshua dice muchas cosas importantes acerca de tal enseñanza, y algunas de ellas son difíciles de entender. Pero siempre relaciona la “verdad” con su enseñanza. O sea que la verdad empieza con el conocimiento de su enseñanza. A cierta altura expresa: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió… El que habla de sí mismo su propia gloria busca; más el que busca la gloria del que le envió, éste es el verdadero” (Juan 7:16-18). ¿De cuál doctrina habla?…. Habla de la Torá. Y lo que continuamente repite y procura dejar en claro es que lo que él enseña no constituye un conocimiento que el hombre pueda obtener de su contacto ordinario con el mundo. Como lo hemos visto ya, el Evangelio Apócrifo hace que Pilatos pregunte si hay o no verdad en la tierra; Yeshua le responde que si la hubiera, las gentes no querrían crucificarle. Aun en otra parte dice: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” (Juan 8:23). Esta sólo mención esconde muchos secretos y una cosmología que es factible decodificar de la biblia, pero que está muy bien escondida. Si quiere saber a qué se hace referencia deberá estudiar la serie de nuestro pasado cósmico que aquí en mi blog he publicado y que a continuación dejo el link de enlace respectivo.
    Este y otros pasajes del Evangelio demuestran lo que por verdad se significa en ellos; la verdad es lo que conduce al hombre al logro de rectificación de aquella condición interior de desarrollo, o mejor dicho hacia un estado o condición superior de sí mismo, que se define con el término renacimiento, y que en Juan 8:32 se menciona como libertad. “Y conoceréis la verdad y la verdad os libertará.” Mención esta que no es novedad de las escrituras neotestamentarias. Es un verdad que está reseñada en la Torá de principio a fin. Hay, pues, una verdad que no convierte al hombre en un esclavo, ni le ata cada vez más al poder del mundo exterior, como era el caso de Pilatos. Esta Verdad es la TORÁ. Esta es la verdad que le hace libre. Pero, puesto que la verdad se percibe solamente por medio de las ideas, se sigue de ello que el conocimiento ha de venir antes que la verdad, pues la verdad nace del conocimiento como una experiencia personal. Se puede impartir o dar conocimiento, pero su verdad sólo puede verla el individuo, cada individuo en sí y por sí mismo.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/11/interpretaciones-mesianicas-3/
    Escrito y elaborado por David Saportas
    18 min
  • Interpretaciones Mesiánicas 2 - LA MUJER DE SAMARÍA – AGUA Y VERDAD
    LA MUJER DE SAMARÍA – AGUA Y VERDAD
    Ver artículo escrito completo en mi blog:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/10/interpretaciones-mesianicas-2/
    Este artículo es continuación del anterior de esta misma serie de interpretaciones mesiánicas neotestamentarias. Se sugiere leer la primera parte para continuar con este. Y de nuevo se hace la siguiente aclaración: Lo siguiente está escrito con palabras en lenguaje denominado “cristiano” sobre el papel del conocimiento en nuestra existencia, por el hecho de ser el lenguaje más conocido popularmente. Es la forma escrita más divulgada de traducción al español y no se pretende abordar las enseñanzas que deban ser decodificadas del texto en base a la metodología de la exactitud tanto de las traducciones al español, ni su confiabilidad textual literal original, etc. Dichos métodos son válidos, pero NO son las únicas herramientas disponibles para abordar los textos neotestamentarios. Hay una herramienta que va más allá de las limitaciones de la incertidumbre de la metodología estricta textual (como se hace y es requisito exclusivamente en la Torá de Moshé y el Tanaj) y es la capacidad de extraer secretos no obstante la posible contaminación e “inexactitudes no confiables” de forma de los textos a partir del conocimiento de Torá, que a pesar de todo, siempre queda escondido para ser revelado. Tal cual sucede con la extracción del oro de una mina.
    Si quiere profundizar sobre las afirmaciones anteriores, se sugiere se lean los artículos de este Blog referentes al “anti mesianismo rabínico”. Una última aclaración antes de proseguir; los estudios aquí abordados no se corresponden con enseñanzas gnósticas (por si acaso alguien se confunde en ese sentido). Entrar a explicar dichas sutilezas que clasificarían este entendimiento en lados opuestos y extremos de error sería muy extenso. No es lo mismo gnosticismo y la revelación oculta de la Torá (sea cual sea su lenguaje).
    Prosiguiendo con el artículo anterior: ¿Qué se quiere decir con la palabra agua? En la frase: “el que no naciere de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”, es evidente que la palabra tiene un sentido especial y corresponde a un lenguaje que se emplea de una manera especial. En la narración del diálogo entre Yeshua y Nicodemo no se dice nada que indique su significado. Pero en otras partes del Nuevo Testamento sí se la emplea de una manera muy especial, como en la narración de la entrevista de Yeshua con aquella mujer de Samaría que había ido en busca de agua a la fuente de Jacob. Esta conversación es muy semejante a la que tuvo Yeshua con Nicodemo. Y nuevamente da cierto significado a la palabra agua. La narración dice así:
    “Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Yeshua, cansado del camino, así se sentó a la fuente. Era como la hora de sexta. Vino una mujer de Samaría a sacar agua: y Yeshua le dice: Dame de beber. (Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.) Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Respondió Yeshua y díjole: Si conocieses el don de Dios y quien te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva. La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde pues tienes el agua viva? ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos y sus ganados? Respondió Yeshua y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: más el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed ni venga acá a sacarla. Yeshua le dice: Ve, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Yeshua: Bien has dicho, no tengo marido; porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.” (Juan 4, 6-19)
    En los versículos citados, la conversación parece consistir de dos partes desconectadas; y si tienen alguna conexión, no es evidente. La primera parte termina ahí donde la samaritana pide el agua maravillosa de que le habla Yeshua. Pero, como en el caso de Nicodemo, que tomó la idea del renacimiento muy literalmente, aquí parece que ella también toma algo al pie de la letra. Y la segunda parte comienza inmediatamente. Yeshua de pronto le pide que llame a su marido. ¿Por qué lo hace? Y ¿qué conexión puede tener con la primera parte? Cosa extraña parece que Yeshua, luego de haber hablado de “vida eterna” y del “agua viva” que la proporciona —o sea, tras haberse referido a los niveles del más alto significado— se rebaje a un nivel ordinario de censura moral para acusar a la mujer, que sacaba agua de una fuente, de no estar casada y de haber tenido cinco maridos. Pero, si el tema es una boda en el sentido de la unión de dos cosas y de la que nace una tercera y nueva, ya que todo nacimiento es el resultado de la unión de dos aspectos, veremos que en este episodio hay una conexión que elimina el ridículo que surge cuando se la toma literalmente. Entonces puede verse que la segunda parte deriva de la primera, y a la vez ajusta la situación del hombre con respecto a las ideas que Yeshua enseña, y también con respecto a las ideas que deriva del mundo exterior por medio de los sentidos.
    Procuremos hallar esta conexión evitando su sentido literal y sensorial. Yeshua dice a la mujer que ha tenido cinco maridos, y añade: “el que ahora tienes no es tu marido”. ¿Qué idea encierra esto? La de una unión errada. Esta idea viene en pos de la idea de un entendimiento errado. Pues Yeshua acaba de referirse al “agua viva” y ha advertido a la mujer que quien bebiere del agua que ella saca volverá a tener sed, pero el que beba del agua que él le dará no volverá a tenerla. Como lo demuestra su respuesta, ella ha tomado esta idea al pie de la letra: “Señor —le dice—, dame esta agua para que no tenga sed, ni venga acá a sacarla.” Esta contestación indica que hay algún malentendido. La idea de que trata Yeshua elude a la mujer. Ella responde con su propia idea, muy diferente, tal como Nicodemo contestó con su propia idea. Es que el hombre puede pensar únicamente a base de las ideas que conforman su mente, su entendimiento. Si otra persona le habla de ideas que no posee, el resultado es un malentendido, o bien, si quiere entender, lo hará equivocadamente.
    Tanto Nicodemo como la samaritana representan a personas que se hallan a un bajísimo nivel de entendimiento, para quienes el significado es sensual. Y cualquier parábola que se refiera a esta clase de personas incluye, necesariamente, todos los elementos que corresponden a semejante aspecto literal. Pero también representan cierto estado de la mente o nivel de pensamiento y entendimiento, y de este modo empiezan a pasar del nivel físico de las gentes externas y visibles a un sutil nivel de entendimiento psicológico. Pues cualquier estado típico de la mente, o cualquier etapa de entendimiento a que la gente llega en el transcurso de su experiencia de la vida, siempre es un hecho psicológico o interno y muy distinto a cualquier apariencia exterior. Vale expresar, muy distinto de lo que vemos como objetos externos que nos muestran los cinco sentidos. Sin embargo, las parábolas de los Evangelios empiezan siempre en un nivel sensual, como también las ideas que le corresponden. Si se les toma de esta manera, como hechos sensuales, parecen tratar únicamente de apariencias: es decir, de reyes, viñas, maridos, o de una persona llamada Nicodemo, o de una mujer samaritana que va a una fuente concreta a fin de sacar agua para beber. En otras palabras, una parábola comienza siempre en el primer nivel de significado, aquel que la persona ha adquirido mediante su contacto con la vida. Este es el nivel sensual, de significado sensual, y las ideas que le corresponden son las que permiten al hombre vivir y tratar en el mundo conforme a su inteligencia natural.
    La enseñanza de Yeshua HaMashiaj (Jesucristo) es de un nivel de significado diferente, que se refiere a la adquisición de ideas enteramente nuevas y a propósitos e interpretaciones de la vida igualmente nuevos; hace referencia a lo que se ve a la luz de una posible “evolución” (más exactamente “rectificación”) individual y que el hombre lleva en sí como una posibilidad, pero a la que no da cumplimiento por medio de la vida, ni por la mera adaptación al mundo exterior, cuyos sucesos siempre cambian y que en el tiempo pasan de un momento a otro. Yeshua trata acerca de otra categoría de hombres, de una condición diferente y nueva de su mente, de una nueva integración o etapa de entendimiento. Y esta nueva etapa, o nuevo nivel, está siempre conectado, no con el tiempo, sino con la palabra eterna de que hablaremos más adelante.
    Mas para que el hombre pueda ir más allá o pasar por sobre sí mismo, y así por encima de las ideas conforme a las cuales vive —para que pueda, ante todo, pasar por la “metanoia”— (cambio de mente, nacer de nuevo) le es preciso hallar las ideas y formas de la verdad que le conduzcan en dicho sentido. Es natural suponer que si en el hombre existe de una manera latente una categoría superior de sí mismo, que aguarda a que se la penetre, ha de haber también una ciencia, un conocimiento preciso y una práctica referente al logro de tal estado o categoría. Es lo mismo que cuando se quiere aprender matemáticas, es menester hallar cierto conocimiento preciso, ciertas ideas adecuadas y formas de la verdad que tengan una relación efectiva con esta posibilidad. La posibilidad de adquirir un conocimiento no puede actualizarse si el hombre está unido a ideas erradas, si acude a un maestro que esté también equivocado, o sea, a quien nada sabe de matemáticas. Sin duda alguna este concepto también estaría asociado a lo dicho por el mismo Yeshua en Marcos 2:21 que dice: “Nadie coloca un parche nuevo en ropas viejas. De lo contrario el parche nuevo se encogería y se despegaría de la ropa vieja y la rasgadura sería peor”.
    Esto es más que evidente en todo el sincretismo que se constata todas las vertientes religiosas llamadas “cristianas” nacidas de la Torá que se mezclaron con todo tipo de creencias paganas hasta el día de hoy. El más evidente ejemplo lo vemos en el catolicismo y más enfáticamente en el Vaticano. Exactamente se puede interpretar y aplicar el mismo concepto a la parábola del vino nuevo en odres viejos; Mateo 9:17; Marcos 2:22; Lucas 5:37. Y que dice así: 37. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres; entonces el vino se derramará, y los odres se echarán a perder. 38 El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Así, tanto el vino como los odres se conservan. 39 Y nadie que haya bebido el vino añejo, quiere beber el nuevo, porque dice: “El vino añejo es mejor.” Este último versículo (39) merecería un estudio extenso por aparte. ¿A qué estamos acostumbrados sino es al “vino añejo” (nuestro actual ser)? ¿Quién quiere cambiar de forma de pensar acaso? ¿A qué nos aferramos con uña y diente? ¿Qué es lo defendemos hasta la muerte, sino son nuestros paradigmas de vida y preconcepciones más queridos?
    Acudir a falsos maestros y doctrinas erradas será el caso de ciegos guiando a ciegos. Y Yeshua representa, en cuanto Mashiaj, el nivel más elevado de hombre; toda su enseñanza trata acerca de lo que hay que pensar y de lo que no hay que pensar, de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer a fin de poder alcanzar ese nivel superior, tal desarrollo íntimo, y someterse a esta posible rectificación y evolución individual inherente al hombre. Sin dicha rectificación y evolución, conforme Yeshua mismo lo dijo, todos perecerán por igual. Por ello también se nos dijo que “aunque parezcamos vivos, muertos estamos” si no nacemos de nuevo. Es lo que también se conoce en términos más exactos de la Torá como “teshuvá” (el retorno) y que erradamente se interpreta como “arrepentimiento”. Concepto éste que no es exacto en toda la dimensión requerida de entendimiento.
    Es de repetir que esta no es la idea que las personas tienen ordinariamente de la religión. Los religiosos siempre asumen una interpretación literal y poco se esfuerzan en descifrar los niveles de decodificación de las escrituras hebreas escondidos (en subida) hasta llegar al significado oculto y luego retornar (en bajada) paso a paso de nuevo al significado (más profundo aún) de la narración literal. Supongo que serán muy pocos quienes hayan pensado y concluido que la mujer de Samaría representa el alma del hombre.
    Hay que saber que antes de pretender entender los secretos del espíritu y nuestra existencia espiritual, hay que conocernos desde todos los aspectos psicológicos y saber que es a través de estos aspectos que se manifiesta el espíritu. También podríamos llamar a este requisito como autoconocimiento o más exactamente bajar a nuestro propio “infierno”. Esto lo he reseñado múltiples veces en muchos artículos de este blog. Psicológicamente hablando ¿Qué es el alma del hombre? Es la concentración de sus intereses, deseos e impulsos. Todo esto representa aquello donde lleva lo que considera mejor, lo más verdadero. El hombre “idealmente” siempre se esfuerza en pos de lo que él considera lo más veraz, real, bueno y deseable. Psicológicamente hablando, el alma del hombre es su “amor” más profundo, lo que le es más imperioso, su fuerza más energética. El alma de un avaro es su “avaricia”. Ve el oro en sí como la finalidad de la vida. El ambicioso ve su finalidad en escalar la situación “más eminente, o en tener el mayor poder externo o el mayor número de posesiones. Un ser vano desea la mayor adulación y halago de la vida exterior. O bien el hombre ama las comodidades, el comer y beber. Y aún más profundamente, el alma de la persona es el amor que siente hacia sí mismo. El alma es el mayor de los significados del hombre natural.
    Así en el relato en cuestión, como “alma” del hombre, se presenta a la samaritana como a quien ha tenido cinco maridos. Es la que ha estado casada a los cinco sentidos en su búsqueda de lo que considera lo mejor y más verdadero. Y ahora vive con uno que no es su marido. “El que ahora tienes no es tu marido.” ¿Qué puede significar esto? Sólo puede significar un estado del alma en que el contacto con el mundo exterior a través de los cinco sentidos ya no le sujeta con la misma fuerza de antes, ni le fascina. Es el punto o la altura en que el alma se vuelve, vagamente, hacia otros intereses. Quizás a ciertas filosofías, o a determinadas formas de lo que se llama “ocultismo”. O bien a cierta imaginación. Y lo hace a fin de calmar su sed con una verdad diferente a la de los sentidos. La samaritana representa aquí un estado del alma que está tratando de buscar significados diferentes a los materiales. Es el inicio. Por lo menos está en proceso de búsqueda. Es por esta razón interpretativa del alma y característica narrativa, rudimentaria y fundacional matrix estructural que los samaritanos eran muy próximo a los judíos. Ser judío es un estado del alma de acercamiento a la verdad. Los samaritanos son ese estado inicial de acercamiento (y no se trata sólo de los aspectos físicos e históricos) a la búsqueda espiritual verdadera. Algo que las naciones NO tienen aún.
    En esta narración, que sólo puede ser una parábola y no la relación de un hecho como anécdota, vemos que el “alma” sedienta está en tal condición cuando encuentra a Yeshua (el Mesías de Israel). Y Yeshua le dice que aquello que ahora tiene no es su marido. La “verdad” que sigue no le pertenece realmente, y que se trata de una “unión” falsa. Ahora nos es posible advertir por qué razón Yeshua le habló primero del “agua viva”. Se refería a una verdad capaz de satisfacer al alma errante. Y esto significa una categoría de verdad que puede conducir al hombre al logro de su crecimiento interior y a su desarrollo, cuando haga efectiva la unión, reconociéndola y viviéndola. Toda la parábola tiene que ver con la verdad. Si se estudia la forma en que se emplea el término “agua”, se verá que tiene realmente cuatro significados, cada uno de los cuales yace detrás o por encima del anterior, como ocurre con el significado de todas las parábolas. Primero, el nivel más externo y sensual. Esta es el agua común y corriente. Dicho nivel crea o construye el marco. El segundo nivel es el que connota el agua como cierta clase de verdad, como aquella que se apoya en los cinco sentidos. A su propio nivel, esta es una verdad real, porque se le aplica el término matrimonio. El tercero es un nivel de opinión, o teoría, pura imaginación que no se califica de maridaje sino de una falsa relación, de una relación equívoca, que no puede conducir a ninguna parte. Finalmente, se tiene el cuarto nivel, el significado de aquel orden de verdad, ideas y prácticas que convienen a la persona interiormente y la llevan a un grado de ser vivo; son las que forman una fuente viva de significados, siempre nuevos y frescos, de suerte que jamás se esté sediento.
    Todo esto último reseñado no es sino una forma diferente de expresar lo que se ha enseñado en la verdadera kabbalá desde hace milenios con los secretos del “PARDES” y que efectivamente hace referencia al “Jardín del Edén” (también conocido popularmente como el “Paraíso”). La palabra se conforma con las iniciales de las palabras hebreas “Peshat”, “Remetz”, “Drash” y “Sod”. Hay que resaltar o recordar que el hebreo en líneas generales se escribe sin vocales. Esta “metodología” no es un método por sí mismo; es una realidad estructural de la realidad que va desde lo superficial que es percibido por los 5 sentidos, hasta el nivel oculto no percibido sensorialmente; es decir es el camino hacia los mundos espirituales y nada tiene que ver con los sentidos. Así que vaya olvidándose de volverse espiritual con las practicas conocidas dizque espirituales de “yoga”, “nirvana”, “meditación trascendental”, “yagé”, drogas”, “reiki”, prácticas de “nueva era” paganas, “canalizaciones”, etc, etc con las cuales nos vemos día con día más inundados. Todo esto mencionado (y lo no mencionado) son esencialmente experiencias sensoriales no obstante lo sutiles que puedan ser. Ya he referenciado esto en otras series de artículos de este blog, como por ejemplo en la serie de “Kabbalá Luriánica” y de “Realidades Sensoriales y Espirituales”. Se recomienda especialmente leer el siguiente artículo sobre “requisitos para acceder a la espiritualidad”:
    La espiritualidad NO es un aspecto sensorial persé basado en los sentidos físicos. Claro que se siente, pero se asienta en el entendimiento. En un nuevo lenguaje e interpretación de la realidad. Es un nuevo nacimiento que incluye se tenga que volver a aprender a hablar y a pensar. Tal cual como lo hace un niño en nuestro mundo actual cuando nace y se desarrolla para poder percibir y entender su entorno. Yeshua mismo lo dijo en Mateo 18:3 “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Nacer del agua es un nuevo entendimiento y ello requiere el esfuerzo por el conocimiento verdadero. ¿Acaso no está escrito también… “Mi pueblo se perdió por falta de conocimiento”? La esencia de nuestra alma se define por el ENTENDIMIENTO de su realidad. De esta forma y en los términos kabbalistas en el acrónimo de la palabra PARDES las letras se corresponden a los 4 principales niveles del conocimiento. P=Peshat, que significa el significado literal de Torá (en su escritura original hebrea), R=Remetz, que significa el significado asociativo, el D=Drash, que significa el alegórico, y el nivel S=Sod, que es el nivel oculto y secreto. Estos niveles por supuesto que deben ser explicados mucho más extensamente. Son multidimensionales.
    Lo que se denomina “revelación” y “conocimiento” al ser definidos y provenientes de la fuente absoluta, sin contaminación, proporcionan la herramienta inicial para el seguimiento del derrotero de entrada a los frutos que se presuponen esperan al hombre en las dimensiones superiores. Desde ese punto de vista, y una vez confirmado con suficiente sabiduría, nos percataremos que el asunto va más allá de lo conocido actualmente como religión. Es algo infinitamente más complejo. Las bases fueron reveladas, pero sólo es posible transitarlas “sin fatiga” con la alegría y pasión de la comprensión. El entendimiento produce placer. Es la misma base de la teoría del placer (llenar el vacío). Este tema (como cosa rara) también es muy extenso y complejo. No se trata de descalificar al cristianismo persé. El cristianismo ha cumplido un papel en lo referente a la lucha de fuerzas que permiten el diseño de la Creación. ¿Cómo entenderlo? Definitivamente, nunca en la superficie.
    Ver texto completo en siguiente link:
    https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/06/10/interpretaciones-mesianicas-2/
    Escrito y elaborado por David Saportas
    26 min

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