Podcast de Misterios

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By ermakysevillaHistory
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Podcast de Misterios episodes

  • Los Fantasmas de la Posada Jamaica Inn.Pedro Amoros
    La Aventura del Misterio,reportaje investigacion de Pedro Amoros.
    ¿Qué es un fantasma?
    Cuando hablamos del mundo de los fantasmas, generalmente la cultura popular comprende todo un universo de espíritus que se manifiestan desde el más allá para comunicarse con el mundo de los vivos e intentar terminar algunas situaciones que se quedaron pendientes en sus vidas.
    Hay personas con ciertas facultades sensitivas, que dicen incorporar a este tipo de energías y que a través de sus cuerpos, son capaces de expresar sus comunicados e incluso en ocasiones pueden ayudar a que se manifiesten visualmente.
    Sin embargo, debido a ciertos factores desconocidos todavía para el mundo de la ciencia y de la parapsicología, en ocasiones se producen apariciones y manifestaciones físicas que son visibles, tanto por el ojo humano, como por determinados dispositivos de captación de imagen. Es entonces, cuando decimos que hemos visto un fantasma.
    Existen lugares cargados de leyendas y de situaciones pasadas, que nos invitan a sentir ciertos escalofríos nada más adentrarnos en ellos y que por determinadas razones parecen albergar entre sus muros, este tipo de energías, que se hacen visibles en forma de fantasmas o espectros.
    La antigua posada Jamaica Inn, es uno de ellos. Se encuentra ubicada en ela parte sur del Reino Unido, en el condado de Cornwall y más concretamente en Launceston dentro de la pequeña población de Bolventor.
    La posada fue construida en 1750, con el objeto de alojar a multitud de comerciantes que viajaban desde Lauceston hasta Bodmin ya que a menudo, en sus travesías les sorprendía la noche y éste, era uno de esos lugares que servía de reunión tanto a contrabandistas como a clérigos que hacían de la posada una especie de centro de comercio y de alojamiento.
    Se cree que el nombre de Jamaica Inn, fue adquirido por la gran cantidad de brandy y de ron, que los contrabandistas llegaron a pasar por la posada, ya que las costas de Cornwall, eran un punto estratégico para el contrabando entre piratas y comerciantes que traficaban tanto con el té, como con las bebidas alcohólicas.
    Una de las anécdotas más famosas que llevaron a la popularidad a esta curiosa y bonita posada, fue que la escritora Daphne Du Maurier, escribió una novela titulada Jamaica Inn, que inspiraría años después la visión cinematográfica del famoso Alfred Hitchcock que en 1939 realizó la película Jamaica Inn, que dicho sea de paso, fue la última que el afamado cineasta dirigió en Inglaterra.
    Del lugar se cuentan muchas historias de fantasmas y apariciones, sobre todo la relacionada con un extraño caso ocurrido hace ya muchísimos años. Cierto hombre, estaba tomándose una cerveza en la barra del bar de la posada y repentinamente salió dejando su bebida a medias. Al día siguiente lo encontraron muerto en extrañas circunstancias y a pesar de que intentaron averiguar tanto la causa de su muerte como el motivo, nunca nadie pudo explicar tan macabro acontecimiento.
    Desde entonces, son muchos los testigos que afirman que en el muro exterior de la posada, se aparece el fantasma de este personaje, que inmóvil y absorto del mundo que le rodea, parece mirar hacia el horizonte sin prestar atención a su entorno.
    También se cuenta que en el bar de este lugar, a veces se ve a una figura espectral que deambula por entre las mesas, y dice la leyenda, que se trata del fantasma de aquel hombre que acude para terminar la bebida que dejó a medias.
    En nuestro último viaje de investigación a este lugar, pese a que no conocíamos la historia de aquel hombre y de su espectro, realizamos un barrido fotográfico cuando en el lugar no había absolutamente nadie, tan solo nosotros. Y para nuestra sorpresa, cuando tomamos varias instantáneas de la preciosa barra del bar, en una de las fotografías, pudimos ver como en la parte derecha y tras la barra, aparecía algo muy extraño que en las otras imágenes no había quedado registrado, pese a que fueron tomas consecutivamente.
    Aunque posiblemente podríamos encontrar algún tipo de explicación, dada la exposición algo prolongada de la toma, tan solo serían conjeturas ante algo tan evidente, como que allí no había absolutamente nadie en el momento de realizarla, cosa que para nosotros nos lleva a concluir en la extrañeza de esta fotografía.
    Por otro lado y en un viaje realizado años atrás, también pudimos observar algo que nos llamó poderosamente la atención. Mientras estábamos sentados en una de las mesas, al apagar una colilla de cigarro en el interior de un cenicero, ésta, inexplicablemente y sin que nadie la tocase, saltó literalmente del interior del mismo cayendo junto a éste, ante nuestras atónitas miradas.
    Hay muchas personas que afirman haber sido testigos de curiosas apariciones fantasmales en la posada, destacando las habitaciones cuatro y cinco, pese a que toda la parte antigua de la misma, está completamente repleta de casos, anécdotas y narraciones de huéspedes que no han podido pegar ojo, por extraños sonidos, pasos y misteriosas apariciones que según ellos, parecen surgir de la nada y desvanecerse misteriosamente en el aire tal y como se han presentado. Y del mismo modo, muchos afirman que durante el silencio nocturno, se pueden escuchar extraños sonidos de carruajes y cadenas en diferentes lugares.
    Pese a lo bonito de la leyenda y de todo estos comentarios, que alimentan más nuestra imaginación que otra cosa, nuestra posición fue desde un principio totalmente objetiva, ya que queríamos comprobar si en realidad en este lugar había algo que lo hacía especialmente interesante desde el punto de vista paranormal, o por el contrario se trataba de una estrategia comercial para atraer al turismo tal y como hacen muchos otros establecimientos por estas tierras, sirviéndose de el entorno que les rodea.
    Pedimos a James, el amable gerente del hotel, que nos proporcionase una habitación interesante en la que hubiese ocurrido algo extraño, y éste nos alojó en la número tres sin más explicaciones. Cuando todo el personal se marchó y tras quedarnos solos en la pensión, comenzamos a realizar algunas grabaciones psicofónicas en diferentes estancias, situando nuestro centro de operaciones en la recepción, que era la antigua entrada a la posada.
    Una vez en nuestro estudio, cuando revisamos las grabaciones de un momento en el que nos situamos en el exterior, para grabar algunas escenas nocturnas de la fachada, nos percatamos de que el sistema de sonido de la cámara captó dos claras inclusiones psicofónicas perfectamente audibles diferenciadas de entre el sonido del viento que impactaba contra el micrófono.
    En un momento, parece escucharse una voz diciendo algo similar a: ASERRANOF, algo de lo que todavía no hemos podido encontrar una explicación.
    Sin embargo, y poco después, la cámara volvió a captar una misteriosa voz en la que se parece entender la frase: ESTAS BUENÍSIMA.
    Evidentemente, ante ambas inclusiones, hemos de puntualizar que no había nadie por las cercanías del lugar y lógicamente si cualquiera de nosotros hubiese realizado algún comentario, hubiese quedado claramente registrado por el micrófono y con mucha más intensidad sonora.
    Otro detalle curioso, ocurrió cuando nos encontrábamos realizando algunas pruebas psicofónicas en la recepción. En un momento concreto, Paco Azorín me comentaba algo del lugar y de repente, pude escuchar con total claridad, una voz tras él, que por suerte quedó grabada en el micrófono de nuestra cámara y que aunque no hemos podido interpretar su significado, sin duda, nos deja un claro registro sonoro, de algo o alguien, que evidentemente no estaba allí en aquel momento.
    Esa noche, mientras estábamos durmiendo, algo nos sobresaltó e hizo que repentinamente nos despertásemos y nos inclinásemos. Con la penumbra de los faroles del exterior, y acompañado de sonoros pasos en el crujiente suelo de madera, pudimos distinguir la imagen de una niña salir de la habitación donde dormía la pequeña Naraya, y dirigirse hasta la puerta de la entrada, abrirla, disponiéndose a a salir. Tras llamarla por su nombre, la niña se dio lentamente la vuelta, con la cabeza cabizbaja y sin exclamar nada, volvió de nuevo a introducirse en la habitación mientras Naraya dormía tranquila y relajadamente.
    Al día siguiente, cuando James, el gerente, nos preguntó cómo habíamos dormido, le dijimos que muy bien, sin contarle nada al respecto. Tras ello, y con una sarcástica sonrisa en su rostro, nos contó que en nuestra habitación, muchos decían que se aparecía el fantasma de una niña, algo que nos dejó completamente petrificados.
    Lo cierto es que todo esto no nos dejó indiferentes, y tanto unos como otros, pudimos comprobar que, o por el efecto de nuestra propia sugestión, o quizás porque realmente aquella posada está literalmente encantada, ocurrió algo que jamás podremos olvidar.
    Pero como siempre me gusta decirles, piensen y saquen ustedes sus propias conclusiones.
    Texto y Guión: Pedro Amorós.
    16 min
  • La Quinta Esfera.cap16 La Estacion Fantasma de Chamberi
    Programa de esta tarde de viernes dedicado a la estacion abandonda del metro de Madrid ,convertida ahora en museo.pero conocida desde que se abandono por las anomalias y relatos que corren sobre ella,conocida como la estacion fantasma ,fue utilizada en la gerra civil como arsenal y refugio y en una explosion hubo varios muertos,Sara y Angel desde el estudio de radio Ritmo y Cris desde la propia estacion ,nos cuentan los supuestos casos paranormales que en ella han ocurrido.y para finalizar el programa se le da un repaso a la noticia del año la muerte de Bin Laden y todas sus incongruencias que no son pocas.
    57 min
  • Dagón de H.P.Lovecraft.
    "Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir."
    Es así como H.P. Lovecraft inicia esta narración que se mantiene siempre en primera persona.
    Dagón (derivado de la raíz semítica dag, que significa, "pez pequeño"). Era un dios filisteo del mar. En demonología ocupa la segunda categoría en la jerarquía infernal.
    19 min
  • Antiguos Astronautas 2.La Mision I&II.
    Si realmente antiguos alienígenas visitaron la Tierra, ¿quiénes eran y de dónde venían? Analizaremos posibles pruebas y creencias históricas procedentes de todo el planeta. Los dogón tienen conocimiento de una galaxia que afirman les fue entregada por su dios Amma; los hopi y los zuni veneran a los kachinas, dioses procedentes del cielo, cuyos tocados y vestimenta nos recuerdan a los cascos y la ropa de protección moderna. En otro rincón del mundo, las leyendas chinas nos hablan de Huangdi, el líder de la dinastía Han que llegó a la Tierra a lomos de un dragón volador amarillo. ¿No es más probable que ese dragón fuera una nave espacial? Los teóricos de la idea del antiguo astronauta creen que esos encuentros no fueron fruto del azar y que los extraterrestres no sólo interactuaron con nosotros sino que además cambiaron el curso de la historia de la humanidad.
    1 hr 25 min
  • Historias y Mitos sobre el Cabello, Los Guerreros de Xian y El Miedo al Viernes 13.
    El doctor Angel Goikoetxea nos cuenta simpáticas anécdotas sobre el esfuerzo que a lo largo de los siglos se ha realizado para cuidar, teñir y adornar el cabello, que a menudo ha sido también censurado e incluso causa de muerte. El arqueólogo Marcos Martinón Torres explica los hallazgos en el mausoleo del primer emperador chino, una ciudad enterrada de 50 km cuadrados custodiada por más de 7.000 soldados de terracota, los guerreros de Xian.
    50 min
  • Espionaje y terrorismo: 1- Fabrica de espias
    La NSA es la agencia más grande, más secreta y más tecnológicamente avanzada del mundo. Su misión: crear y descifrar códigos e interceptar señales extranjeras... Durante la Guerra Fría rodeó casi toda la Unión Soviética con puestos de escucha pero cuando cayó la URSS surgió un nuevo enemigo para el que no estaba preparada,El terrorismo internacional?y quieren hacernos creer que con los medios mas sofisticados en espionaje con satelites y toda la red mundial controlada se les escapa lo del 11 S,juzga por ti mismo.
    50 min
  • Tiempo Cero.Razas Malditas con Sebastia D,arbo y Druidas con Jesus Callejo.
    os presentamos el Primer programa de Tiempo Cero en Onda Peñes y la inaguracion de la nueva andanza conto con invitados como Jesus Callejo y Sebastia Darbo.dirigido y presentado porBruno Rodriguez y Salva Rebollo sin duda uno de los nuevos programas a tener en cuenta en el panorama Estatal Misterico,lo podeis escuchar todos los viernes en Onda Peñes.
    Descripción: Primer programa en nueva emisora Onda Peñes donde hablaremos de ciertas razas malditas junto al profesor D´arbo y la asocacion Vaqueiros de Alzada de Asturias. Hablaremos del mágico mundo de los Druidas de la mano de nuestro guía Jesus Callejo sin olvidarnos de nuestras secciones de mitologia, conspiranoia y leyendas de terror
    1 hr 58 min
  • El Retorno de los Brujos.Algunos Años en el Mas Alla Absoluto III
    III
    Donde se habla de P. J. Toulet, escritor menor. — Pero se trata de Artbur Machen. — Un gran genio descono­cido. — Un Robinson Crusoe del alma. — Historia de los ángeles de Mons. — Vida, aventuras y desdichas de Machen. — Cómo descubrimos una sociedad secreta inglesa. — Un Premio Nobel con antifaz negro. — La Golden Dawn, su filiación, sus miembros, sus jefes. — Por qué vamos a citar un texto de Machen. — Las casualidades se afanan.
    «Cuando se encuentran (generalmente en el bar) dos hombres que han leído a Paul Jean Toulet, se imaginan que ésta es una señal de aristocracia», escribía el propio Toulet.
    Pero ocurre que grandes cosas reposan sobre sus cabezas de alfiler. Gracias a este escritor me­nor y simpático, ignorado a despecho de algunos admi­radores fervientes, ha llegado hasta nosotros el nombre de Arthur Machen, apenas conocido por doscientas personas en Francia.
    A fuerza de escudriñar, nos hemos dado cuenta de que la obra de Machen, que comprende más de treinta volúmenes,1 es de un interés espiritual sin duda supe­rior a la obra de H. G. Wells.2
    Prosiguiendo nuestras investigaciones sobre Ma­chen, descubrimos una sociedad secreta inglesa com­puesta de espíritus de calidad. Esta sociedad, a la cual debe Machen una experiencia interior determinante y lo mejor de su inspiración, es desconocida incluso de los especialistas. En fin, ciertos textos de Machen, y so­bre todo el que os daremos a leer, arrojan una luz sobre una noción poco corriente del Mal, absolutamente in­dispensable para la comprensión de los aspectos de la historia contemporánea que estudiamos en esta parte de nuestro libro.
    Así, pues, si nos lo permitís, antes de entrar en el meollo de nuestro tema, os hablaremos de este hombre tan curioso. La cosa empezará con la pequeña historia literaria de un pequeño escritor parisiense, Toulet, y terminará con la apertura de una gran puerta subterrá­nea, detrás de la cual humean todavía los restos de los mártires y las ruinas de la tragedia nazi que conmovió al mundo entero. Los caminos del realismo fantástico, según podéis ver una vez más, no se parecen a los cami­nos ordinarios del conocimiento.
    1. En noviembre de 1897, un amigo, «bastante inclinado a las ciencias ocultas», dio a leer a Paul Jean Toulet la The Anatomy of Tobacco (1884), The Great God Pan (1895), The me of Souls (1906), The Hill of Dreams (1907), The Great Return (1915), The Bowmen (1915), The Terror (1917), The Secret Glory (1922), Strange Roads (1923), The London Adventure (1924), The Caming Wonder (1926), The Green Round (1933), Holy Terrors (1946). Postuma: Tales of Horror and the Supernatural (1948).
    2. El propio Machen se había dado cuenta de ello: «Ese Wells de quien me habla es ciertamente un hombre muy hábil. Incluso hubo un momento en que creí que era algo más.» (Carta a P..J. Toulet, 1899.) novela de un escritor de treinta y cuatro años, completa­mente desconocido: The Great God Pan. Este libro, que evoca el mundo pagano de los orígenes, no defini­tivamente extinguido, sino que perdura discretamente y nos arroja de vez en cuando su dios del Mal y sus dia­blos provistos de horcas, impresionó a Toulet y le deci­dió a entrar en la literatura. Se puso a traducir The Great God Pan, y, pidiendo prestado a Machen su de­corado de pesadilla, las malezas entre las que se oculta el Gran Pan, escribió su primera novela: Monsieur du Paur, hombre público.
    Monsieur du Paur fue publicado a finales de 1898, por la editorial Simonis Empis, y no tuvo el menor éxi­to. Desde luego, no es una obra importante, y nada sa­bríamos de ella si M. Henri Martineau, gran stendhaliano y amigo de Toulet, no hubiese resuelto, veinte años más tarde, reeditar esta novela a sus costas, en las edi­ciones del Diván. Historiador minucioso y amigo ab­negado, M. Henri Martineau quería demostrar que Monsieur du Paur era un libro inspirado por la lectura de Machen, pero, a pesar de ello, original. De este modo llamó la atención de unas pocas gentes de letras sobre Arthur Machen y su The Great God Pan, exhu­mando la escasa correspondencia entre Toulet y Ma­chen.1 En esto quedaron Machen y su inmenso genio: en la camaradería literaria de los comienzos de Toulet.
    En febrero de 1899, Paul Jean Toulet, que intenta­ba desde hacía un año publicar su traducción de The Great God Pan, recibió la siguiente carta del autor, es­crita en francés:
    1. Henri Martineau, «Arthur Machen et Toulet», correspon­dencia inédita. Le Mercare de France, n.° 4, enero de 1938. Henri Martineau, P.J. Toulet et Arthur Machen, Monsieur du Paur et le GranDieu Pan, Le Diván, París.
    Querido colega:
    Ya veo que no hay nada que hacer con The Great God Pan en París. Si así es, estoy realmente desolado, desde luego, por el libro en sí, pero, so­bre todo, porque había puesto mis esperanzas en los lectores franceses; pensé que si probaban The Great God Pan vestido a la francesa y lo encon­traban bueno, ¡tal vez habría encontrado mi pú­blico! Aquí, nada puedo hacer. Escribo y sigo es­cribiendo, pero es absolutamente igual que si lo hiciera en un escritorio monástico de la Edad Me­dia; es decir, que mis obras permanecen para siempre en el infierno de las cosas inéditas. Tengo en mi cajón un pequeño volumen de cuentos muy cortos, que titulo Ornaments in Jade. «Su librito es muy lindo —me dice el editor—, pero me es im­posible publicarlo.» También hay una novela, The Carden of Avallenius, de unas 65.000 pala­bras. «Es un arte sine peccato —dice el buen edi­tor—, pero chocaría a nuestro público inglés.» Y en este momento, estoy trabajando en un libro que también se quedará, estoy seguro de ello, en la isla del Diablo. En fin, querido colega, sin duda le parecerán trágicas (o mejor, tragicómicas) estas aventuras de un escritor inglés; pero, como le digo antes, tenía puestas esperanzas en su traducción de mi primer libro.
    Le Grand Dieu Pan apareció por fin en la revista La Plume, en 1901, y después fue editado gracias a esta revista.1 Pasó inadvertido.
    Sólo Maeterlinck se sintió impresionado: «Agra­dezco profundamente la revelación de esta obra bella y singular. Es, según creo, la primera vez que se ha inten­tado realizar la mezcla de lo fantástico tradicional o diabólico con lo fantástico nuevo o científico, de cuya mezcla ha nacido la obra más turbadora que conozco, pues afecta al mismo tiempo a nuestros recuerdos y a nuestras esperanzas.»
    1. Reeditado en 1933 por Émile Paul, con un prólogo de Hcriri Martineau, es el único libro de Machen publicado en Francia.
    Arthur Machen nació en 1863 en el País de Gales, en Caerlsonon Usk, minúsculo pueblo que fue sede de la Corte del rey Arturo, y desde el cual los Caballe­ros de la Tabla Redonda partieron en busca del Grial. Cuando sabemos que Himmler, en plena guerra, orga­nizó una expedición para buscar el vaso sagrado (ense­guida hablaremos de ello), y cuando, para iluminar la historia nazi secreta, tropezamos con un texto de Ma­chen y descubrimos enseguida que este escritor nació en aquel pueblo, cuna de los temas wagnerianos, debe­mos decirnos una vez más que, para todo el que sepa ver, las coincidencias visten hábitos luminosos.
    Machen se instaló en Londres siendo muy joven, y allí vivió asustado, igual que Lovecraft en Nueva York. Estuvo unos meses de dependiente en una librería, después hizo de preceptor, y se dio cuenta de que era incapaz de ganarse la vida en sociedad. Se puso a escri­bir en medio de un extremado agobio material y de un infinito cansancio. Durante un largo período, vivió de las traducciones: las Memorias de Casanova, en doce volúmenes, por treinta chelines a la semana durante dos años. Heredó una pequeña suma a la muerte de su padre, que era pastor protestante, y, teniendo asegura­da la comida y el fuego por un tiempo, prosiguió su obra con el sentimiento creciente de que «un inmenso golfo espiritual le separaba de los otros hombres», y de que tenía que aceptar cada vez más esta vida de «Robinson Crusoe del alma». En 1895 se publicaron sus primeros relatos fantásticos. Son The Great God Pan y
    The Immost Ligth. Afirma en ellas que el Gran Pan no ha muerto, y que las fuerzas del mal, en el sentido mágico de la palabra, esperan constantemente a algu­nos de nosotros para llevarlos al otro lado del mundo. En este mismo tono, publicó al año siguiente La Pondré Blanche, que es su obra más sólida después de The Secret Glory, su obra maestra, escrita a los se­senta años.
    A los treinta y seis, después de doce años de amor, perdió a su esposa: «No hemos estado doce horas sepa­rados en estos doce años; puede, pues, imaginarse lo que he sufrido y sufro aún todos los días. Si deseo ver impresos mis manuscritos es para podérselos dedicar todos en estos términos: Auctoris Anima ad Dominam.» Vive ignorado, en la miseria, y con el corazón destrozado. Después de tres años, a los treinta y nueve, renuncia a la literatura y se hace actor ambulante.
    «Dice usted que no tiene mucho valor —escribe a Toulet—. Yo no tengo ninguno. Tan poco, que ya no escribo ni una línea, y creo que jamás volveré a hacerlo. Me he convertido en cómico de la legua; he subido al tablado, y en este momento actúo en Coriolano.»
    Vaga por Inglaterra, con la Compañía shakespeariana de Sir Frank Benson, y después ingresa en la del Teatro Saint James. Poco antes de la guerra del 14, tie­ne que abandonar el teatro y hacer un poco de perio­dismo, para poder subsistir. No escribe ningún libro. En la barabúnda de Fleet Street, entre sus atareados compañeros de trabajo, su extraño rostro meditabun­do, sus maneras pausadas y afables de erudito, hacen sonreír a los demás. Para Machen, según puede verse en toda su obra, «el hombre está hecho de misterio y para los misterios y las visiones». Lo sobrenatural constituye la realidad. El mundo exterior contiene pocas enseñan­zas, a menos que se mire como un depósito de símbolos y de significados ocultos. Sólo las obras de imaginación, producto de un espíritu que busca las verdades eternas, tienen posibilidad de ser obras reales y real­mente útiles. Como dice el crítico Philip van Doren Stern,
    «es posible que haya más verdades esenciales en los relatos fantásticos de Arthur Machen, que en todos los gráficos y en todas las estadísticas del mundo».
    Una aventura muy singular conduce de nuevo a Machen a la vida literaria. Gracias a ello, su nombre gozó de celebridad durante unas semanas, y la impre­sión que esto le produjo le decidió a terminar su vida como escritor.
    El periodismo le pesaba, y había perdido la afición a escribir para sí. Acababa de estallar la guerra. Hacía falta literatura heroica. Éste no era su género. The Evening News le pidió un artículo. Lo escribió a vuela plu­ma, pero siempre a su manera. Fue «The Bowmen» (Los arqueros). El periódico lo publicó el 29 de setiem­bre de 1914, el día siguiente a la retirada de Mons. Ma­chen había imaginado un episodio de esta batalla: san Jorge, con su resplandeciente armadura y al frente de unos ángeles que eran los antiguos arqueros de Azincourt, socorría al Ejército británico.
    Pues bien, docenas de soldados escribieron al pe­riódico: el señor Machen no había inventado nada. Ellos habían visto con sus propios ojos, ante Mons, a los ángeles de san Jorge incorporándose a sus filas. Po­dían atestiguarlo por su honor. Gran número de estas cartas fueron publicadas. Inglaterra, ávida de milagros en el momento de peligro, se conmovió. Machen fue ignorado cuando intentó revelar secretas realidades. Ahora, con una fantasía de pacotilla, conmovía a todo el país. ¿O sería que las fuerzas ocultas se levantaban y tomaban tal o cual forma a la llamada de su imagina­ción, tan a menudo ligada a las verdades esenciales, y que tal vez había realizado una profunda labor sin él saberlo? Machen repitió más de doce veces en los periódicos que su relato era pura invención. Nadie le creyó. En vísperas de su muerte, más de treinta años después, el gran anciano repetía sin cesar, en sus con­versaciones, esta extravagante historia de los ángeles de Mons.
    A despecho de su celebridad, el libro que escribió en 1915 no tuvo el menor éxito. Era The Great Return, meditación sobre el Grial. Después, en 1922, vino The Secret Glory, que es una crítica del mundo moderno a la luz de la experiencia religiosa. A los sesenta años, co­menzó una autobiografía original en tres volúmenes. Tenía algunos admiradores fervientes en Inglaterra y en América,1 pero se moría de hambre. En 1943 (tenía ochenta años), Bernard Shaw, Max Beerbohm y T. E. Elliot formaron un comité para reunir fondos con los cuales evitar que terminara en un asilo de indigentes. Pudo acabar sus días en paz, en una casita de Buckinghamshire, y murió en 1947. Siempre le había entusias­mado una frase de Murger. En La Vie de Bohéme, Marcel, el pintor, no tiene siquiera una cama.
    «"¿Dónde descansáis, pues?" —le pregunta su casero—. "Señor —responde Marcel—, descanso en la Providencia."»
    En los alrededores de 1880 se fundan en Francia, en Inglaterra y en Alemania, sociedades secretas, órdenes herméticas, en las que se agrupan personalidades vigo­rosas. Todavía no se ha descubierto la historia de esta crisis mística posromántica. Y debería hacerse. En ella se encontraría el origen de ideas, que a su vez han de­terminado corrientes políticas.
    1. En Inglaterra, Paul Jordán Smith le encomia en un capítulo de su libro: On Strange Altan (Londres, 1923). Henri Martineau se­ñala que, en 1925, se forma en América una sociedad alrededor de su nombre y que se le dedican artículos bastante numerosos. Ya en 1918 Vincent Starett le había dedicado un libro: Arthur Machen, a novelist of actasy and sin (Chicago). Después de su muerte, apareció una obra de W. F. Gekle: Arthur Machen, weaver of fantasy (Nueva York).
    En las cartas de Arthur Machen a P.J. Toulet, en­contramos estos dos pasajes singulares. En 1899:
    «Cuando escribí Pan y La Pondré Blanche, no creía que tan extraños acontecimientos hubiesen ocurrido jamás en la vida real, y ni siquiera que hubiese sido po­sible que ocurriesen. Pero después, y muy reciente­mente, se han producido en mi propia existencia expe­riencias que han transformado por completo mi punto de vista a este respecto... Ahora estaré siempre conven­cido de que no hay nada imposible en el mundo. Su­pongo que no hace falta añadir que ninguna de mis ex­periencias tiene relación con imposturas tales como el espiritismo o la teosofía. Pero creo que vivimos en un mundo de gran misterio, de cosas insospechadas y ab­solutamente asombrosas.»
    En 1900:
    «Le diré algo que le divertirá: envié El Gran Dios Pan a un adepto, un ocultista avanzado, que encontré, sub rosa, y el cual escribe: El libro demuestra en gran manera que, por el pensamiento y la meditación, más que por la lectura, ha alcanzado usted un cierto grado de iniciación independientemente de las órdenes y de las organizaciones.»
    «¿Quién es este adepto? ¿Y cuáles eran aquellas ex­periencias'?»
    En otra carta, después de un viaje de Toulet a Lon­dres, Machen le escribe:
    «Mr. Waite, a quien gustó usted mucho, me encar­ga que le transmita sus saludos.»
    El nombre de este amigo de Machen, que tan pocas amistades tenía, nos llamó en seguida la atención. Wai­te fue uno de los mejores historiadores de la alquimia y un especialista de la orden de los Rosacruz.
    21 min
  • El Retorno De Los Brujos .2ªParte. Algunos Años en el Mas Alla Absoluto
    Todas las canicas en el mismo saco. — La desesperación del historiador. — Dos amantes de lo insólito. — En el fondo del lago del Diablo. — Un antifascismo que le­vanta, viento. — Bergier y yo ante la inmensidad de lo extraño. — También Troya era una, leyenda. — La his­toria atrasada. — De lo visible vulgar a lo invisible fantástico. — Apólogo del escarabajo de oro. —Se pue­de oír la resaca del futuro. — Hay algo más que la fría mecánica.
    Durante la ocupación, vivía en París, en el barrio escolar, un viejo muy original que se vestía como un burgués del siglo xvn, leía sólo a Saint Simon, comía alumbrándose con antorchas y tocaba la espineta. No salía más que para ir al colmado y a la panadería, cu­briendo con un capuchón su peluca empolvada y vis­tiendo una hopalanda que dejaba ver sus medias negras y sus zapatos con hebillas. El tumulto de la Liberación, el tiroteo y la agitación popular le molestaron. Sin comprender nada de lo que pasaba, pero agitado por el miedo y la indignación, salió una mañana al balcón, con su pluma de oca en una mano y flotando su peche­ra al viento, y gritó, con la fuerte y extraña voz del so­litario:
    —¡Viva Coblenza!
    La gente no comprendió, viendo sólo lo singular de su actitud; los vecinos, excitados, tuvieron la impresión instintiva de que un hombre que vivía en otro mundo tenía pacto con el mal; el grito parecía alemán, subie­ron, derribaron la puerta, le apalearon, y el hombre murió.
    Aquella misma mañana un joven capitán de la Re­sistencia, que acababa de conquistar la Prefectura, mandaba cubrir de paja la gran alfombra del despacho y disponer en haces los fusiles, a fin de sentirse vivir en un cuadro de su primer libro de Historia.
    A la misma hora, se descubría en los Inválidos la mesa, los trece sillones, los estandartes, las ropas y las cruces de la última asamblea de los Caballeros de la Or­den Teutónica, bruscamente interrumpida.
    Y el primer carro del Ejército Leclerc franqueábala puerta de Orleáns, signo aplastante de la derrota alema­na. Lo conducía Henri Rathenau, cuyo tío Walter ha­bía sido la primera víctima del nazismo.
    De este modo, una civilización, en un momento histórico, y a la manera de un hombre embargado por la más viva emoción, revive mil instantes de su pasado, según un orden y en una sucesión aparentemente in­comprensibles.
    Giraudoux explicaba que, habiéndose dormido un momento en la trinchera, mientras esperaba la hora de ir a relevar a un camarada muerto durante un reconoci­miento, le despertaron unos pinchacitos en el rostro: el viento había desnudado al muerto, había abierto su car­tera y proyectaba sus tarjetas de visita, cuyos cantos golpeaban la mejilla del poeta. En aquella mañana de li­beración de París, las tarjetas de visita de los emigrados de Coblenza, de los estudiantes revolucionarios de 1830, de los grandes pensadores judíos alemanes y de los Hermanos Caballeros de las Cruzadas, volaban con muchas otras, sin duda, en el viento que arrastraba los sones de la Marsellesa.
    Si sacudimos la cesta, todas las canicas salen a la su­perficie en desorden, o mejor, según un orden y unos razonamientos cuya determinación sería de una com­plicación infinita, pero en los que podríamos descubrir infinidad de esos encuentros chocantes e iluminadores que Jung llama coincidencias significativas. La admira­ble frase de Jacques Riviére es aplicable a las civilizacio­nes y a los momentos históricos: «Al hombre le ocurre, no lo que se merece, sino lo que se le asemeja.» Un cua­derno escolar de Napoleón termina con estas palabras: «Santa Elena, pequeña isla.»
    Es una lástima que el historiador juzgue indigno de su ciencia el consignar y examinar estas coincidencias que entreabren bruscamente una puerta sobre otra cara del Universo en que el tiempo no es ya lineal. Su ciencia lleva retraso en la relación con la ciencia en general, que, tanto en el estudio del hombre como en el de la materia, nos muestra unas distancias cada vez más re­ducidas entre el pasado, el presente y el porvenir. Unas vallas cada vez más delgadas nos separan, en el jardín del destino, de un ayer totalmente conservado y de un mañana enteramente formado. Nuestra vida, como dice Alain, «se abre a grandes espacios».
    Existe una florecilla extremadamente delicada y be­lla que se llama saxífraga umbría. Se le llama también «la desesperación del pintor». Pero ya no desespera a ningún artista, desde que la fotografía y otros muchos descubrimientos han librado a la pintura de la preocu­pación por el parecido externo. El pintor menos joven de espíritu, no se sienta ya ante un ramo como solía ha­cer antaño. Sus ojos ven algo distinto del ramo, o me­jor, su modelo le sirve de pretexto para expresar, por medio de la superficie coloreada, una realidad oculta a la mirada del profano. Trata de arrancar un secreto a la creación. Antaño, se hubiera contentado con reprodu­cir las apariencias tranquilizadoras y, en cierto modo, participar en el engaño general sobre los signos exterio­res de la realidad. «¡Ah! ¡Esto ha sido escupido!» Pero el que escupe está enfermo. En el transcurso de este medio siglo, no parece que el historiador haya evolu­cionado como el pintor, y nuestra historia es tan falsa como lo eran un seno de mujer, un gatito o un ramo de flores bajo el pincel petrificado de un pintor confor­mista de 1890.
    «Si nuestra generación —dice un joven historia­dor— quiere examinar con lucidez el pasado, tendrá ante todo que arrancar las máscaras tras de las cuales los artífices de nuestra Historia permanecen ocultos... El esfuerzo desinteresado realizado por una falange de historiadores en favor de la simple verdad es relativa­mente reciente.»
    El pintor de 1890 tenía sus «desesperaciones». ¿Y qué decir del historiador de los tiempos presentes? La mayoría de los hechos contemporáneos se asemejan a la saxífraga umbría: son la desesperación del histo­riador.
    Un autodidacta delirante, rodeado de algunos mega­lómanos, rechaza a Descartes, barre la cultura humanista, aplasta la razón, invoca a Lucifer y conquista Euro­pa, fallando por poco en la conquista del mundo. El marxismo arraiga en el único país que Marx juzgaba árido. Londres está a punto de perecer bajo una lluvia de cohetes destinados a alcanzar la Luna. Las reflexiones sobre el espacio y el tiempo desembocan en la fa­bricación de una bomba que aniquila doscientos mil hombres en tres segundos y amenaza con aniquilar la propia Historia. ¡Saxífragas umbrías!
    El historiador empieza a inquietarse y a dudar de que su arte sea practicable. Consagra su talento a la­mentarse de no poder ejercitarlo. Es lo que suele verse en las artes y las ciencias en los momentos de sofoca­ción: un escritor trata en diez volúmenes de la imposi­bilidad del lenguaje, un médico estudia cinco cursos para explicar que las enfermedades se curan solas. La Historia pasa por uno de estos momentos.
    M. Raymond Aron, rechazando con gesto cansado a Tucídides y a Marx, declara que ni las pasiones huma­nas, ni la economía de las cosas bastan para explicar la aventura de las sociedades. «La totalidad de las causas determinantes de la totalidad de los efectos —dice, afli­gido— rebasan la comprensión humana.»
    M. Baudin del Instituto, confiesa: «La Historia es una página en blanco, que los hombres pueden llenar como les plazca.»
    Y M. René Grousset lanza al cielo vacío este cánti­co, casi tan desesperado como bello:
    «Lo que llamamos Historia, o sea la sucesión de imperios, de batallas, de revoluciones políticas, de fe­chas sangrientas en su mayoría, ¿es realmente la Histo­ria? Os confieso que yo no lo creo, y que, al hojear los manuales escolares, suelo borrar con el pensamiento más de una cuarta parte...
    »La Historia verdadera no es la del vaivén de las fronteras. Es la de la civilización. Y la civilización es, de una parte, el progreso de la técnica, y, de otra, el pro­greso de la espiritualidad. Podemos preguntarnos si la Historia política, en buena parte, no es más que una historia parásita.
    »La Historia verdadera es, desde el punto de vista material, la de la técnica, disfrazada por la Historia po­lítica que la oprime, que usurpa su lugar y hasta su nombre.
    »Pero la Historia verdadera es, todavía más, la del progreso del hombre en su espiritualidad. La función de la Humanidad consiste en ayudar al hombre espiri­tual a desprenderse, a realizarse; en ayudar al hombre, como dicen los hindúes en frase admirable, a convertir­se en lo que es. Ciertamente, la Historia aparente, la Historia visible, la Historia superficial, no es más que un osario. Si no hubiese más que esto, sólo tendríamos que cerrar el libro y esperar la extinción en el nirvana.. Pero yo creo que el budismo ha mentido y que la His­toria no es esto.»
    El físico, el químico, el biólogo, el psicólogo, du­rante los últimos cincuenta años, han recibido grandes choques, yendo a dar, también ellos, con las saxífragas umbrías. Pero hoy no manifiestan ya la misma inquie­tud. Trabajan, adelantan. Estas ciencias tienen, por el contrario, una extraordinaria vitalidad. Comparad las construcciones arácneas de Spengler y de Toynbee con el movimiento torrencial de la física nuclear. En cam­bio, la Historia está atascada.
    Las razones son sin duda múltiples, pero ésta nos atrae particularmente:
    Mientras el físico o el psicoanalista abandonaron resueltamente la idea de que la realidad era necesaria­mente satisfactoria para la razón y optaron por la reali­dad de lo fantástico, el historiador permaneció encerra­do en el cartesianismo. No es siempre ajena a ello una cierta pusilanimidad eminentemente política.
    Se dice que los pueblos felices no tienen Historia. Pero los pueblos que no tienen historiadores, francoti­radores y poetas son más infelices: están asfixiados, traicionados.
    Al volver la espalda a lo fantástico, el historiador se encuentra a veces impulsado a fantásticos errores. Si es marxista, prevé el hundimiento de la economía ameri­cana en el momento en que los Estados Unidos alcan­zan su más alto grado de estabilidad y de fuerza. Si es capitalista, señala la expansión del comunismo en el Oeste en el momento en que Hungría se subleva. En cambio, en otras ciencias, la predicción del porvenir a base de los datos del presente, obtiene cada vez mejores resultados.
    Partiendo de una millonésima de gramo de pluto­nio, el físico nuclear traza el proyecto de una fábrica gigante que funcionará según lo previsto. Partiendo de algunos sueños, Freud arroja sobre el alma humana una luz como jamás se viera antes. Y es que Freud y Einstein realizaron, en el primer momento, un esfuer­zo colosal de imaginación. Pensaron en una realidad totalmente distinta de los datos racionales admitidos. Partieron de esta proyección imaginativa, establecie­ron conjuntos de hechos que la experiencia ha venido a confirmar.
    «En el campo de la ciencia aprendemos cuan gran­de es la extrañeza del mundo», dice Oppenheimer. Estamos persuadidos de que esta admisión de la extrañeza enriquecerá la Historia.
    No pretendemos en absoluto llevar al método his­tórico las transformaciones que para él deseamos. Pero creemos que el pequeño ensayo que vais a leer puede prestar algún servicio a los historiadores futuros. Sea por impulsión, sea por repulsión. Hemos querido, al elegir como tema de estudio un aspecto de la Alemania hitleriana, señalar vagamente una dirección útil para otros temas. Hemos pintado flechas en los árboles a nuestro alcance. No pretendemos haber hecho transi­table todo el bosque.
    Hemos procurado reunir hechos que un historia­dor «normal» rechazaría con cólera u horror. Nos he­mos convertido por un tiempo, según la linda frase de Maurice Renard, en «amantes de lo insólito y escribas de milagros». Esta clase de trabajo no es siempre cómo­da para el espíritu. A veces, nos hemos tranquilizado pensando que la teratología, o estudio de los mons­truos, donde se inspiró el profesor Wolff a despecho del recelo de los sabios «razonables», puso en claro más de un aspecto de la biología. Y otro ejemplo nos ha servido de apoyo: el de Charles Hoy Fort, el malicioso americano del que ya os hemos hablado.
    Dentro de este espíritu fortiano hemos realizado nuestras investigaciones de ciertos acontecimientos de la Historia reciente. Y así, por ejemplo, hemos creído digno de atención el hecho de que el fundador del na­cionalsocialismo creyese realmente en el advenimiento del superhombre.
    El 23 de febrero de 1957, un hombre rana buscaba el cuerpo de un estudiante ahogado en el lago del Diablo, en Bohemia. Volvió a la superficie, pálido de espan­to, incapaz de pronunciar una palabra. Cuando hubo recobrado el habla, explicó que acababa de ver, bajo las aguas frías y densas del lago, una formación fantasma­górica de soldados alemanes de uniforme, una caravana de carros enganchados, con sus caballos en pie.
    «¡Oh, noche!, ¿qué son esos guerreros lívidos...?» En cierto modo, nosotros también nos hemos sumergido en el lago del Diablo. De los anales de Nuremberg, de millares de libros y de revistas, y de testi­monios personales, hemos sacado una colección de extrañezas. Hemos organizado nuestro material en función de una hipótesis de trabajo que acaso no pueda elevarse a la dignidad de teoría, pero que un gran escri­tor inglés desconocido, Arthur Machen, ha expresado vigorosamente:
    «A nuestro alrededor existen sacramentos del mal, como existen sacramentos del bien, y yo creo que nues­tra vida y nuestros actos se desarrollan en un mundo insospechado, llenos de cavernas, de sombras y de mo­radores crepusculares.»
    El alma humana ama el día. Pero también ama la noche, con igual ardor, y este amor puede conducir a los hombres, como a las sociedades, a acciones crimina­les y catastróficas que aparentemente desafían a la ra­zón, pero que resultan explicables si uno se coloca en cierto punto de vista. Enseguida precisaremos esto, ce­diendo de nuevo la palabra a Arthur Machen.
    En esta parte de nuestra obra, hemos querido suminis­trar la materia prima de una historia invisible. No sere­mos los primeros. Ya John Buchan había señalado sin­gulares corrientes subterráneas en los acontecimientos históricos. Una entoinóloga alemana, Margare! Boveri, tratando a los hombres con la frialdad objetiva que de­dica a la observación de los insectos, ha escrito una His­toria de la Traición en el siglo XX, cuyo primer volumen lleva por título Historia Visible, y el segundo, Historia Invisible.
    Pero, ¿de qué historia invisible se trata? El término está lleno de trampas. Lo visible es tan rico y, a fin de cuentas, está tan poco explorado, que siempre se puede encontrar en él hechos justificativos de cualquier teo­ría, y se conocen innumerables explicaciones de la his­toria por la acción oculta de los judíos (de los francma­sones, de los jesuítas o de la Banca internacional). Estas explicaciones nos parecen primitivas. Por lo demás, nos hemos guardado muy bien de confundir lo que llama­mos realismo fantástico con el ocultismo y las fuerzas secretas de la realidad con la novela de folletín. (Sin em­bargo, hemos observado muchas veces que la realidad carecía de dignidad, pues no se libra de lo novelesco, y que no se podían eliminar ciertos hechos con el pretex­to de que parecían salir, precisamente, de Una novela de folletín.)
    Hemos acogido, pues, los hechos más chocantes, con la reserva de autentificarlos. A veces, hemos prefe­rido exponernos a parecer sensacionalistas o aficiona­dos a lo sorprendente, antes que prescindir de tal o cual aspecto aparentemente delirante. El resultado no se pa­rece en nada a los retratos de la Alemania nazi general­mente admitidos. No es culpa nuestra. Una serie de acontecimientos fantásticos constituían el objeto de nuestro estudio. No es corriente, pero sí lógico, pensar que detrás de estos acontecimientos pueden ocultarse realidades extraordinarias. ¿Por qué habría de tenerla Historia el privilegio, sobre todas las otras ciencias mo­dernas, de poder explicar todos los fenómenos de ma­nera satisfactoria para la razón?
    Nuestro retrato, ciertamente, no está conforme con las ideas recibidas, y, además, es fragmentario. No he­mos querido sacrificar nada a la coherencia. Lo cual es, por lo demás, una tendencia muy reciente de la Histo­ria, al igual que la tendencia a la verdad:
    «Aquí y allá aparecerán lagunas: el lector debe pen­sar que el historiador de hoy ha abandonado el antiguo concepto según el cual se alcanzaba la verdad cuando se habían colocado, sin huecos ni sobrantes, todas las pie­zas del rompecabezas que se construía. Para él, el ideal de la obra histórica ha dejado de ser el bello mosaico completo y liso: más bien lo concibe como un campa­mento de excavaciones, con su caos aparente en que se yuxtaponen las búsquedas inciertas, las colecciones de pequeños objetos evocadores y, aquí o allá, las bellas resurrecciones de conjunto y las obras de arte.»
    El físico sabe que las pulsaciones de energía anor­males, excepcionales, han revelado la fisión del uranio y abierto, por ello, un campo infinito al estudio de la radiactividad. Nosotros hemos buscado las pulsaciones de lo extraordinario.
    Un libro de Lord Russell, de Liverpool, Breve historia de los crímenes de guerra nazis, publicado once años después de la victoria aliada, sorprendió a los lectores franceses por su tono de extremada sobriedad. En este libro, los hechos horribles hablaban por sí solos, y los lectores advirtieron que seguían sin comprender nada de tanta guerra. Expresando este sentimiento, un emi­nente especialista escribió en Le Monde:
    «La cuestión que se plantea es saber cómo todo esto fue posible en pleno siglo xx, y en regiones que pa­san por ser las más civilizadas del Universo.»
    Es singular que tal cuestión, esencial, primordial, se plantee a los historiadores doce años después de la apertura de todos los archivos posibles. Pero, ¿de veras se plantea? No es seguro. Al menos, todo ocurre como
    si procurasen olvidarla, en el momento de ser evocada, obedeciendo así al movimiento de opinión establecido,
    y al cual molesta semejante cuestión. Y así sucede que el historiador da testimonio de su tiempo, al negarse a
    hacer historia. Apenas ha escrito: «La cuestión que se plantea es saber...», cuando se apresura a levantar una
    ráfaga de viento para alejarla. .
    «He aquí —añade enseguida— lo que hace el hom­bre cuando es abandonado al impulso de sus instintos desencadenados y a la vez sistemáticamente pervertidos.»
    ¡Extraña explicación histórica, esta evocación del misterio nazi según los grandes moldes de la moral co­mente! Sin embargo, es la única que se nos ha dado, como si hubiese una vasta conspiración de las inteli­gencias para hacer de las páginas más fantásticas de la los resortes de la acción de los hombres, de sus creen­cias o de sus realizaciones. Así, hemos estudiado cier­tos trabajos de la sección oculta de los servicios de in­formación alemanes. Esta sección confeccionó, por ejemplo, un largo informe sobre las propiedades mági­cas de los campanarios de Oxford, que, en su opinión, impedían que las bombas cayeran sobre dicha ciudad. Es indiscutible que hay en ello una aberración, pero también lo es que esta aberración hizo estragos entre hombres inteligentes y responsables, y que este hecho arrojó luz sobre algunos puntos de la historia visible y de la invisible.
    En nuestra opinión, los acontecimientos tienen a me­nudo razones de ser que la razón desconoce, y las lí­neas de fuerza, de la Historia pueden ser tan invisibles y al propio tiempo tan reales como las líneas de fuerza de un campanario magnético.
    Podemos ir más lejos. Nos hemos aventurado por un terreno en el que esperamos que los historiadores del porvenir se adentrarán con medios superiores a los nuestros. Hemos intentado aplicar a la Historia el prin­cipio de los «enlaces no casuales» que el físico Wolfgang Pauli y el psicólogo Jung propusieron reciente­mente. A este principio me refería hace un momento al hablar de coincidencias. Según Pauli y Jung, aconteci­mientos independientes entre sí pueden tener relacio­nes sin causa y, no obstante, significativas a escala hu­mana. Son las «coincidencias significativas», «signos» en los que los dos sabios ven un fenómeno de «sincro­nización» que revela lazos insólitos entre el hombre, el tiempo y el espacio, y que Claudel llamaba magnífica­mente «la fiesta de las casualidades».
    Una enferma está tendida en el diván del psicoana­lista Jung. Padece desórdenes nerviosos muy graves,
    pero el análisis no progresa. La paciente, encerrada en su espíritu realista hasta el extremo, aferrada a una es­pecie de ultralógica resulta impenetrable a los argu­mentos del médico.
    Una vez más, Jung ordena, aconseja, suplica:
    —Abandónese, no trate de comprender, y cuénte­me sencillamente sus sueños.
    —He soñado con un escarabajo —responde por fin la dama, en un susurro.
    En el mismo momento, suenan unos golpecitos en el cristal. Jung abre la ventana, y entra en la estancia un hermoso escarabajo dorado, haciendo zumbar sus éli­tros. Impresionada, la paciente cede al fin, y puede co­menzar el verdadero análisis, que proseguirá hasta la curación.
    Jung cita a menudo este acontecimiento verídico que parece un cuento árabe. Nosotros creemos que en la historia de un hombre, como en la Historia a secas, existen muchos escarabajos de oro.
    La completa doctrina de la «sincronización», construi­da en parte sobre la observación de tales coincidencias, podía acaso cambiar totalmente el concepto de la His­toria. Nuestra ambición no va tan lejos ni se remonta tanto. Lo que queremos es llamar la atención sobre los aspectos fantásticos de la realidad. En esta parte de nuestra obra, nos hemos entregado a la búsqueda y a la interpretación de ciertas coincidencias que nos parecen significativas. A otros pueden no parecerles así.
    Aplicando a 1a Historia nuestra concepción «realis­ta-fantástica», hemos realizado un trabajo de selección. Hemos elegido a veces hechos de poca importancia, pero chocantes, porque hasta cierto punto, buscamos la luz de la aberración. Una irregularidad de unos segun­dos en el movimiento del planeta Mercurio basta para derribar el edificio de Newton y justificar a Einstein. De la misma manera creemos que algunos de los he­chos que hemos descubierto pueden hacer necesaria la revisión de la estructura de la Historia cartesiana.
    ¿Puede emplearse este método para prever el por­venir? También soñamos en ello. Chesterton, en El hombre que fue jueves, describe una brigada de Policía política especializada en poesía. Se evita un atentado porque un policía comprende el sentido del soneto. Detrás de las gansadas de Chesterton se ocultan gran­des verdades. Las corrientes de ideas que pasan inad­vertidas al observador oficial, los escritos y las obras que no llaman la atención de los sociólogos, los hechos sociales demasiado minúsculos y absurdos a sus ojos, anuncian acaso con mayor seguridad los aconteci­mientos venideros que los grandes hechos visibles y los movimientos de ideas manifiestos, de los cuales se preocupa.
    El clima de espanto del nazismo, que nadie puede prever, había sido anunciado en los terribles relatos, La mandragora y En el horror, del escritor alemán Hans Heinz Ewers, que debía convertirse en poeta oficial del régimen y escribir el Horst Wessel Lied. No es imposi­ble que ciertas novelas, poemas, cuadros y estatuas, no advertidas siquiera por la crítica especializada, nos pre­senten, en forma increíblemente minuciosa, las figuras exactas del mundo de mañana.
    21 min

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