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  • El Retorno de los Brujos.Louis Pawels y Jacques Bergier.Las Civilizaciones Desaparecidas.II
    El Retorno de los Brujos Louis Pauwels y Jacques Bergier
    94
    alimenticios. No trabajamos para los débiles ni para los alérgicos, sino para todos aquellos que,
    según se dice, tienen estómago.
    Estamos persuadidos de que, en el estudio de las civilizaciones pasadas, hay numerosas
    denegaciones de prueba, exclusiones a priori, ejecuciones inquisitoriales. Las ciencias humanas han
    progresado menos que las ciencias físicas y químicas, y el espíritu positivista del siglo XIX impera
    aún como dueño, tanto más exigente cuanto que siente acercarse la muerte.
    La antropología espera su Copérnico. Antes de Copérnico, la Tierra era el centro del Universo.
    Para la antropología clásica, nuestra civilización es el centro de todo pensamiento humano, en el
    espacio y en el tiempo. Compadezcámonos del pobre primitivo, sumido en las tinieblas de la
    mentalidad prelógica. Quinientos años nos separan de la Edad Media y sólo empezamos a
    defenderla de la acusación de oscurantismo. El siglo de Luis XV prepara la Europa moderna, y son
    precisos los recientes trabajos de Pierre Gaxotte para que deje de considerarse aquel siglo como una
    barrera de egoísmo levantada contra el movimiento de la Historia. Nuestra civilización, como todas
    las otras, es una conjuración.
    El ramo de oro, de Sir James Frazer, es una obra voluminosa y que pesa. En ella se recoge el
    folklore de todos los países. Ni un instante ha pasado por las mientes de Sir Frazer que Pudiese
    tratarse de algo más que de curiosas supersticiones y costumbres pintorescas. Los salvajes atacados
    de enfermedades infecciosas comen el hongo penicillum notatum; es que buscan, por magia
    imitativa, aumentar su potencia ingiriendo aquel símbolo fálico. También el empleo de la digitalina
    es una superstición. La ciencia de los antibióticos, las operaciones en estado hipnótico, la obtención
    de lluvia artificial mediante la dispersión de sales de plata, por ejemplo, deberían ser causa de que
    empezasen a suprimirse ciertas prácticas «primitivas» del capítulo de «genuinidades».
    Sir Frazer, con la seguridad absoluta de pertenecer a la única civilización digna de este nombre, se
    niega a considerar que puedan existir técnicas reales, aunque de un orden distinto de las nuestras,
    entre los hombres «inferiores», y su Ramo de oro se parece a los mapas del mundo diseñados por
    iluminadores que no conocían más que el Mediterráneo: tapaban los blancos con dibujos e
    inscripciones: «País de los Dragones», «Isla de los Centauros»... Por otra parte, ¿no se apresura
    acaso el siglo XIX, en todos los terrenos, a disfrazar todos los blancos de todos los mapas e incluso
    los geográficos? Hay en el Brasil, entre el río Tapajós y el río Xingú, una tierra desconocida, tan
    vasta como Bélgica. Ningún explorador ha llegado hasta El Yafri, la ciudad prohibida de Arabia.
    Un día de 1943, una División japonesa armada desapareció sin dejar rastro en Nueva Guinea.
    Y, si las dos potencias que se reparten el mundo llegan a entenderse, el verdadero mapa del
    planeta nos reservará algunas sorpresas. Desde la existencia de la bomba «H», los militares están
    realizando en secreto un censo de las cavernas: laberinto subterráneo extraordinario en Suecia,
    subsuelo de Virginia y de Checoslovaquia, un lago escondido bajo las Baleares... Blancos en el
    mundo físico, blancos en el mundo humano. Aún no lo sabemos todo sobre las fuerzas del hombre,
    sobre los recursos de su inteligencia y de su psiquismo, y hemos inventado islas de Centauros y
    países de los Dragones: mentalidad prelógica, supersticiosa, folklore, magia imitativa.
    Hipótesis: otras civilizaciones pudieron ir infinitamente más lejos que nosotros en la exploración
    de las fuerzas parapsicológicas.
    Respuesta: no hay fuerzas parapsicológicas.
    Lavoiser declaró que no había meteoritos al declarar: «No pueden caer piedras del cielo, porque
    en el cielo no hay piedras.» Simón Newcomb demostró que los aviones no podrían volar, porquII
    Una hipótesis para la hoguera.-Donde el clérigo y el biólogo hacen payasadas.-Se necesita un
    Copérnico de la antropología.-Muchos blancos en todos los mapas.-El doctor Fortune no es
    curioso.-El misterio del platino fundido.-Cuerdas que son libros.-El árbol y es teléfono.-Un
    relativismo cultural.- Y ahora, ¿una buena historieta!
    Acción militante para la mayor apertura posible del espíritu, iniciación a la conciencia cósmica,
    la obra de Charles Hoy Fort inspirará directamente al más grande poeta de los universos paralelos,
    H. P. Lovecraft, padre de lo que se ha convenido en llamar «ciencia-ficción» y que se nos presenta,
    en realidad, al mismo nivel de las diez o quince obras maestras del género, algo así como la llíada y
    la Odisea de la civilización en marcha. Hasta cierto punto, el espíritu de Charles Hoy Fort inspira
    también nuestro trabajo. Nosotros no lo creemos todo. Pero creemos que todo merece ser
    examinado. A veces el estudio de los hechos conduce a la más amplia expresión de los hechos
    verdaderos. No se puede alcanzar algo completo practicando la omisión. Como Fort, nos
    esforzamos en reparar un cierto número de omisiones y aceptamos nuestra parte en el riesgo de ser
    tenidos por locos. Otros cuidarán de descubrir las buenas pistas de nuestra selva salvaje.
    Fort estudiaba todo lo que, aparentemente, había caído del cielo. Nosotros estudiamos las huellas,
    más o menos probables, que algunas civilizaciones desaparecidas hayan podido dejar sobre la
    Tierra. Y ello sin excluir ninguna hipótesis: civilización atómica muy anterior a lo que llamamos
    prehistoria, enseñanza procedente de habitantes de Fuera, etc. Como el estudio científico del pasado
    remoto de la Humanidad apenas ha empezado y reina en él la mayor confusión, estas hipótesis no
    son más inverosímiles ni están menos fundadas que las corrientemente admitidas. Lo importante,
    para nosotros, es dar a la cuestión un máximo de amplitud.
    No vamos a proponer una tesis sobre las civilizaciones desaparecidas. Vamos sólo a proponer a
    ustedes que consideren el problema siguiendo un nuevo método: no inquisitorial.
    Según el método clásico, hay dos clases de hechos: los condenados y los otros. Por ejemplo, las
    descripciones de ingenios volantes en textos antiquísimos, el empleo de fuerzas parapsicológicas
    entre los «primitivos» o la presencia de níquel en monedas del año 235 a. de J. C.
    36
    , son hechos
    condenados. Excluidos. Estudio negado. Hay dos clases de hipótesis: las molestas y las otras. Los
    frescos descubiertos en la gruta de Tassili, en el Sahara, representan principalmente personajes
    tocados con cascos de largos cuernos, de donde parten unos cohetes dibujados a base de millares de
    puntitos. Se dice que son granos de trigo, testimonio de una civilización campesina. Bien, pero nada
    lo prueba. ¿Y si se tratase de la representación de campos magnéticos? ¡Horror! ¡Espantosa
    hipótesis! ¡Brujería! ¡La camisa de azufre! ¡A la hoguera! Llevado al extremo, el método clásico, al
    que llamamos inquisitorial, conduce a resultados como el siguiente:
    Un clérigo indio, el reverendo Pravanananvanda, y un biólogo americano, el doctor Strauss, de la
    «John Hopkins University», acaban de identificar al abominable hombre de las nieves. Se trata pura
    y simplemente del oso pardo del Himalaya. Ninguno de los dos competentes sabios ha visto al
    animal. Pero declaran: «como nuestra hipótesis es la única que no es fantástica, debe de ser la
    buena». Se faltaría, pues, al espíritu científico, prosiguiendo vanas investigaciones. ¡Gloria al
    reverendo y al doctor! Sólo falta que comuniquen al yeti que es el oso pardo del Himalaya.
    Nuestro método, consecuente con nuestra época (comparable en varios aspectos con el
    Renacimiento), descansa sobre el principio de tolerancia. Se acabó la inquisición. Nos negamos a
    excluir hechos y a rechazar hipótesis. Triar lentejas es una acción útil, pues las piedrecitas no son
    comestibles. Pero nada prueba que ciertas hipótesis excluidas y ciertos hechos condenados no sean
    36
    Se trata de las monedas acuñadas por el rey Eutidemus II, 235 años antes de J. C. (Scientific American, enero de 1960).
    21 min
  • El Retorno de los Brujos.Louis Pawels y Jacques Bergier.Las Civilizaciones Desaparecidas.I,b
    El Retorno de los Brujos Louis Pauwels y Jacques Bergier.
    secoya, pasadme las páginas de los candiles gredosos, multiplicadme por mil; entonces podré
    escribir con la amplitud que mi tema exige.»
    Compone su primera obra, El libro de los Condenados, en el cual, dice, se expone «cierto número
    de experimentos sobre la estructura del conocimiento». Esta obra apareció en Nueva York, en 1919,
    y produjo una revolución en los medios intelectuales. Antes de las primeras manifestaciones del
    dadaísmo y del surrealismo, Charles Hoy Fort introdujo en la Ciencia lo que Tzara, Bretón y sus
    discípulos iban a introducir en las artes y en la literatura: la rotunda negativa a jugar al juego en que
    todo el mundo hace trampa, la furiosa afirmación de que «hay otra cosa». Un enorme esfuerzo, tal
    vez no para pensar lo real en su totalidad, sino para impedir que lo real sea pensado de un modo
    falsamente coherente. Una ruptura esencial. «Soy un tábano que martiriza el cuero del conocimiento
    para impedirle que se duerma.»
    ¿Qué es El libro de los Condenados? «Un ramo de oro para los flagelados por la crítica», declaró
    John Winterich. «Una de las monstruosidades de la literatura», escribió Edmund Pearson. Para Ben
    Hecht, «Charles Hoy Fort es un apóstol de la excepción y el sacerdote engañador de lo imposible».
    Martin Gardner, sin embargo, reconoce que «estos sarcasmos están en armonía con las críticas más
    admisibles de Einstein y de Russell». John W. Campbell asegura que «hay en esta obra, al menos,
    los gérmenes de seis ciencias nuevas». «Leer a Charles Hoy Fort es cabalgar en un cometa»,
    confiesa Maynard Shipley, y Théodore Dreiser ve en él «la más grande figura literaria desde Edgar
    Poe».
    El libro de los Condenados no fue publicado en Francia
    34
    hasta 1955, y ello gracias a mis
    gestiones, que no fueron, por otra parte, demasiado diligentes. A despecho de las excelentes
    traducciones y presentaciones de Robert Benayoun y de un mensaje de Tiffany Thayer, que preside
    en los Estados Unidos la sociedad de Amigos de Charles Hoy Fort
    35
    , esta obra extraordinaria pasó
    casi inadvertida. Bergier y yo nos consolamos de la desgracia de uno de nuestros más queridos
    maestros, pensando que éste, en lo más profundo del supermar de los Sargazos celeste, donde sin
    duda mora, disfrutaría con este clamor del silencio que sube hacia él desde el país de Descartes.
    Nuestro antiguo coleccionista de mariposas sentía horror por lo fijo, lo clasificado, lo definido.
    La Ciencia aísla los fenómenos y las cosas para observarlos. La gran idea de Charles Hoy Fort es
    que nada es aislable. Toda cosa aislada deja de existir.
    Una mariposa liba en un clavel: es la mariposa más el jugo del clavel; es un clavel menos el
    apetito de la mariposa. Toda definición de una cosa en sí es un atentado contra la realidad. «Entre
    las tribus llamadas salvajes, se rodea de respetuosos cuidados a los simples de espíritu.
    Generalmente, se tiene la debilidad de espíritu. Todos los sabios empiezan sus trabajos con esta
    clase de definiciones, y en nuestras tribunas, se rodea a los sabios de atenciones respetuosas.»
    He aquí que Charles Hoy Fort, amante de lo insólito, escriba de los milagros, empeñado en una
    22 min
  • La otra cara de los mapas: 3- Depredacion y dominacion
    Descripción del documental
    A medida que nuestro mundo se contrae y la propiedad de los escasos recursos que quedan se hace cada vez más controvertida, la cartografía se ha convertido en una parte fundamental del conocimiento del siglo XXI. Incluso ahora, los satélites siguen en órbita alrededor de la Tierra recogiendo datos para la próxima generación de mapas. ¿Pero somos realmente conscientes de la verdadera importancia que tienen?.
    Son mucho más que simples representaciones gráficas de nuestros alrededores, también son los faros que nos han guiado para saber quiénes somos y cómo entendemos el mundo en el que vivimos. Los mapas han sido fuerzas impulsoras decisivas para el cambio individual y colectivo, gracias a ellos se han definido pueblos, se han comenzado guerras, se han construido fortunas y han mostrado la pobreza.
    Cada episodio aborda un desafío tecnológico nuevo en el campo de la cartografía y sus consecuencias inmediatas en la humanidad. Odisea te presenta un apasionante viaje a través de la historia de la cartografía, desde las primeras indicaciones del arte rupestre hasta las últimas imágenes de Google Earth.
    51 min
  • Construir lo imposible: Egipto (Cap 1) Documental de Historia
    Descripción del documental
    Un grupo de expertos se propone un reto fuera de lo común:
    trasladarse mentalmente al antiguo Egipto para saber cómo pensaban y trabajaban.
    Así descubriremos cómo se construyeron las pirámides, los obeliscos, la Sala Hipóstila de Karnak, el Valle de los Reyes y el desaparecido Faro de Alejandría.
    49 min
  • Luces y Sombras - 28-04-2011 - Desclasificación de documentos... ¿mintieron ayer o mienten hoy?
    Han desclasificado Expedientes secretos del FBI, de la CIA, de la NSA..... que alegria ¡¡¡¡ JA ..
    ¿¿¿Han desclasificado que cayo un Ovni en Roswell ??? ¿Han desclasificado que han existido contactos con civilizaciones extraterrestres? Y??????
    Que pena que nos sigan considerando borregos y que nos echen migajas de información.... ¿Para ocultarnos que ?
    Es curioso que ya no se hable de los problemas del norte de Africa, es curioso que el cambio climatico no sea ya importante, es curioso que ya no se diga nada sobre el desastre nuclear en Japon, es curioso encontrar en un diario digital nacional la noticia (por encima naturalmente) de que han violado a mas de 1000 mujeres en el Congo. ¿cuando? ¿en la ultima semana no?.... porque las violaciones y los muertos en esa zona a consecuencia del Coltan se cuentan por millones ¡¡¡ O que cada vez hay mas gente sin recursos que les cuesta conseguir un trozo de pan para comer.
    Pero..... ahora la noticia es "Cayo un Ovni en Roswell en los años 40" .........
    La conspiración no creo que sea la ocultación de esos datos, sino la carnaza que nos dan para que no miremos en ninguna otra dirección.
    Y esto como siempre es solo mi opinión
    1 hr 49 min
  • La Sima .Pio Baroja.
    LA SIMA
    El paraje era severo, de adusta severidad. En el término del horizonte, bajo el cielo inflamado por nubes rojas, fundidas por los últimos rayos del sol, se extendía la cadena de montañas de la sierra, como una muralla azuladoplomiza, coronada en la cumbre por ingentes pedruscos y veteada más abajo por blancas estrías de nieve.
    El pastor y su nieto apacentaban su rebaño de cabras en el monte, en la cima del alto de las Pedrizas, donde se yergue como gigante centinela de granito el pico de la Corneja. El pastor llevaba anguarina de paño amarillento sobre los hombros, zahones de cuero en las rodillas, una montera de piel de cabra en la cabeza, y en la mano negruzca, como la garra de un águila, sostenía un cayado blanco de espino silvestre. Era hombre tosco y primitivo; sus mejillas, rugosas como la corteza de una vieja encina, estaban en parte cubiertas por la barba naciente no afeitada en varios días, blanquecina y sucia.
    El zagal, rubicundo y pecoso, correteaba seguido del mastín; hacía zumbar la honda trazando círculos vertiginosos por encima de su cabeza y contestaba alegre a las voces lejanas de los pastores y de los vaqueros, con un grito estridente, como un relincho, terminando en una nota clara, larga, argentina, carcajada burlona, repetida varias veces por el eco de las montañas. El pastor y su nieto veían desde la cumbre del monte laderas y colinas sin árboles, prados yermos, con manchas negras, redondas, de los matorrales de retama y macizos violetas y morados de los tomillos y de los cantuesos en flor...
    En la hondonada del monte, junto al lecho de una torrentera llena de hojas secas, crecían arbolillos de follaje verde negruzco y matas de brezo, de carrascas y de roble bajo. Comenzaba a anochecer, corría ligera brisa; el sol iba ocultándose tras de las crestas de la montaña; sierpes y dragones rojizos nadaban por los mares de azul nacarado del cielo, y, al retirarse el sol, las nubes blanqueaban y perdían sus colores, y las sierpes y los dragones se convertían en inmensos cocodrilos y gigantescos cetáceos. Los montes se arrugaban ante la vista, y los valles y las hondonadas parecían ensancharse y agrandarse a la luz del crepúsculo. Se oía a lo lejos el ruido de los cencerros de las vacas, que pasaban por la cañada, y el ladrido de los perros, el ulular del aire; y todos esos rumores, unidos a los murmullos indefinibles del campo, resonaban en la inmensa desolación del paraje como voces misteriosas nacidas de la soledad y del silencio.
    -Volvamos, muchacho -dijo el pastor-. El sol se esconde.
    El zagal corrió presuroso de un lado a otro, agitó sus brazos, enarboló su cayado, golpeó el suelo, dio gritos y arrojó piedras, hasta que fue reuniendo las cabras en una rinconada del monte. El viejo las puso en orden; un macho cabrío, con un gran cencerro en el cuello, se adelantó como guía, y el rebaño comenzó a bajar hacia el llano. Al destacarse el tropel de cabras sobre la hierba, parecía oleada negruzca, surcando un mar verdoso. Resonaba igual, acompasado, el alegre campanilleo de las esquilas.
    -¿Has visto, zagal, si el macho cabrío de tía Remedios va en el rebaño? -preguntó el pastor.
    -Lo vide, abuelo -repuso el muchacho.
    -Hay que tener ojo con ese animal, porque malos dimoños me lleven si no le tengo malquerencia a esa bestia.
    -Y eso, ¿ por qué vos pasa, abuelo?
    -¿ No sabes que la tía Remedios tié fama de bruja en tó el lugar?
    -¿Y eso será verdad, abuelo?
    -Así lo ha dicho el sacristán la otra vegada que estuve en el lugar. Añaden que aoja a las presonas y a las bestias y que da bebedizos. Diz que la veyeron por los aires entre bandas de culebros.
    El pastor siguió contando lo que de la vieja decían en la aldea, y de este modo departiendo con su nieto, bajaron ambos por el monte, de la senda a la vereda, de la vereda al camino, hasta detenerse junto a la puerta de un cercado. Veíase desde aquí hacia abajo la gran hondonada del valle, a lo lejos brillaba la cinta de plata del río, junto a ella adivinábase la aldea envuelta en neblinas; y a poca distancia, sobre la falda de una montaña, se destacaban las ruinas del antiguo castillo de los señores del pueblo.
    -Abre el zarzo, muchacho --gritó el pastor al zagal.
    Este retiró los palos de la talanquera, y las cabras comenzaron a pasar por la puerta del cercado, estrujándose unas con otras. Asustóse en esto uno de los animales, y, apartándose del camino, echó a correr monte abajo velozmente.
    -Corre, corre tras él, muchacho -gritó el viejo, y luego azuzó al mastín, para que persiguiera al animal huido.
    -Anda, Lobo. Ves a buscallo.
    El mastín lanzó un ladrido sordo, y partió como una flecha.
    -¡Anda! ¡Alcánzale! -siguió gritando el pastor-. Anda ahí.
    El macho cabrío saltaba de piedra en piedra como una pelota de goma; a veces se volvía a mirar para atrás, alto, erguido, con sus lanas negras y su gran perilla diabólica. Se escondía entre los matorrales de zarza y de retama, iba haciendo cabriolas y dando saltos. El perro iba tras él, ganaba terreno con dificultad; el zagal seguía a los dos, comprendiendo que la persecución había de concluir pronto, pues la parte abrupta del monte terminaba a poca distancia en un descampado en cuesta. Al llegar allí, vio el zagal al macho cabrío, que corría desesperadamente perseguido por el perro; luego le vio acercarse sobre un montón de rocas y desaparecer entre ellas. Había cerca de las rocas una cueva que, según algunos, era muy profunda, y, sospechando que el animal se habría caído allí, el muchacho se asomó a mirar por la boca de la caverna. Sobre un rellano, de la pared de ésta, cubierto de matas, estaba el macho cabrío. El zagal intentó agarrarle por un cuerno, tendiéndose de bruces al borde de la cavidad; pero viendo lo imposible del intento, volvió al lugar donde se hallaba el pastor y le contó lo sucedido.
    -¡Maldita bestia! -murmuró el viejo-. Ahora volveremos, zagal. Habemos primero de meter el rebaño en el redil.
    Encerraron entre los dos las cabras, y, después de hecho esto, el pastor y su nieto bajaron hacia el descampado y se acercaron al borde de la sima. El chivo seguía en pie sobre las matas. El perro le ladraba desde fuera sordamente.
    -Dadme vos la mano, abuelo. Yo me abajaré -dijo el zagal.
    -Cuidiao, muchacho. Tengo gran miedo de que te vayas a caer.
    -Descuidad vos, abuelo.
    El zagal apartó las malezas de la boca de la cueva, se sentó a la orilla, dio a pulso una vuelta, hasta sostenerse con las manos en el borde mismo de la oquedad, y resbaló con los pies por la pared de la misma, hasta afianzarlos en uno de los tajos salientes de su entrada. Empujó el cuerno de la bestia con una mano, y tiró de él. El animal, al verse agarrado, dio tan tremenda sacudida hacia atrás, que perdió sus pies; cayó, en su caída arrastró al muchacho hacia el fondo del abismo. No se oyó ni un grito, ni una queja, ni el rumor más leve. El viejo se asomó a la boca de la caverna.
    -¡Zagal, zagal! -gritó, con desesperación.
    Nada, no se oía nada.
    -¡Zagal! ¡ Zagal!
    Parecía oírse mezclado con el murmullo del viento un balido doloroso que subía desde el fondo de la caverna. Loco, trastornado, durante algunos instantes, el pastor vacilaba en tomar una resolución; luego se le ocurrió pedir socorro a los demás cabreros, y echó a correr hacia el castillo. Este parecía hallarse a un paso; pero estaba a media hora de camino, aun marchando a campo traviesa, era un castillo ojival derruido, se levantaba sobre el descampado de un monte; la penumbra ocultaba su devastación y su ruina, y en el ambiente del crepúsculo parecía erguirse y tomar proporciones fantásticas. El viejo caminaba jadeante. Iba avanzando la noche; el cielo se llenaba de estrellas; un lucero brillaba con su luz de plata por encima de un monte, dulce y soñadora pupila que contempla el valle.
    El viejo, al llegar junto al castillo, subió a él por una estrecha calzada; atravesó la derruida escarpa, y por la gótica puerta entró en un patio lleno de escombros, formado por cuatro paredones agrietados, únicos restos de la antigua mansión señorial. En el hueco de la escalera de la torre, dentro de un cobertizo hecho con estacas y, paja, se veían a la luz de un candil humeante, diez o doce hombres, rústicos pastores y cabreros agrupados en derredor de unos cuantos tizones encendidos. El viejo, balbuceando, les contó lo que había pasado. Levantáronse los hombres, cogió uno de ellos una soga del suelo y salieron del castillo. Dirigidos por el viejo, fueron camino del descampado, en donde se hallaba la cueva. La coincidencia de ser el macho cabrío de la vieja hechicera el que había arrastrado al zagal al fondo de la cueva, tomaba en la imaginación de los cabreros grandes y extrañas proporciones.
    -¿Y si esa bestia fuera el dimoño? -dijo uno.
    -Bien podría ser -repuso otro.
    Todos se miraron, espantados.
    Se había levantado la luna; densas nubes negras, como rebaños de seres monstruosos, corrían por el cielo; oíase alborotado rumor de esquilas; brillaban en la lejanía las hogueras de los pastores. Llegaron al descampado, y fueron acercándose a la sima con el corazón palpitante. Encendió uno de ellos un brazado de ramas secas y lo asomó a la boca de la caverna. El fuego iluminó las paredes erizadas de tajos y de pedruscos; una nube de murciélagos despavoridos se levantó y comenzó a revolotear en el aire.
    -¿Quién abaja? -preguntó el pastor, con voz apagada.
    Todos vacilaron, hasta que uno de los mozos indicó que bajaría él, ya que nadie se prestaba. Se ató la soga por la cintura, le dieron una antorcha encendida de ramas de abeto, que cogió en una mano, se acercó a la sima y desapareció en ella. Los de arriba fueron bajándole poco a poco; la caverna debía ser muy honda, porque se largaba cuerda, sin que el mozo diera señal de haber llegado. De repente, la cuerda se agitó bruscamente, oyéronse gritos en el fondo del agujero, comenzaron los de arriba a tirar de la soga, y subieron al mozo más muerto que vivo. La antorcha en su mano estaba apagada.
    -¿Qué viste? ¿Qué viste? -le preguntaron todos.
    -Vide al diablo, todo bermeyo, todo bermeyo.
    El terror de éste se comunicó a los demás cabreros.
    -No abaja nadie -murmuró, desolado, el pastor-. ¿Vais a dejar morir al pobre zagal?
    -Ved, abuelo, que ésta es una cueva del dimoño -dijo uno-. Abajad vos, si queréis.
    El viejo se ató, decidido, la cuerda a la cintura y se acercó al borde del negro agujero. Oyóse en aquel momento un murmullo vago y lejano, como la voz de un ser sobrenatural. Las piernas del viejo vacilaron.
    -No me atrevo... Yo tampoco me atrevo -dijo, y comenzó a sollozar amargamente.
    Los cabreros, silenciosos, miraban sombríos al viejo. Al paso de los rebaños hacia la aldea, los pastores que los guardaban acercábanse al grupo formado alrededor de la sima, rezaban en silencio, se persignaban varias veces y seguían su camino hacia el pueblo. Se habían reunido junto a los pastores mujeres y hombres, que cuchicheaban comentando el suceso. Llenos todos de curiosidad, miraban la boca negra de la caverna, y, absortos, oían el murmullo que escapaba de ella, vago, lejano y misterioso.
    Iba entrando la noche. La gente permanecía allí, presa aún de la mayor curiosidad. Oyóse de pronto el sonido de una campanilla, y la gente se dirigió hacia un lugar alto para ver lo que era. Vieron al cura del pueblo que ascendía por el monte acompañado del sacristán, a la luz de un farol que llevaba este último. Un cabrero les había encontrado en el camino, y les contó, lo que pasaba. Al ver el viático, los hombres y las mujeres encendieron antorchas y se arrodillaron todos. A la luz sangrienta de las teas se vio al sacerdote acer­carse hacia el abismo. El viejo pastor lloraba con un hipo convulsivo. Con la cabeza inclinada hacia el pecho, el cura empezó a rezar el oficio de difuntos; contestábanle, murmurando a coro, hombres y mujeres, una triste salmodia; chispo­rroteaban y crepitaban las teas humeantes, y a veces, en un momento de silencio, se oía el quejido misterioso que escapaba de la cueva, vago y lejano.
    Concluidas las oraciones, el cura se retiró, y tras él las mujeres y los hombres, que iban sosteniendo al viejo para alejarle de aquel lugar maldito. Y en tres días y tres noches se oyeron lamentos y quejidos, vagos, lejanos y misteriosos, que salían del fondo de la sima.
    24 min
  • Cultura Megalítica, la Sinestesia e Historia de los Visigodos en Hispania.
    El profesor Josean Mujika, explica las características de las construcciones megalíticas conservadas en Euskal Herria. El neurólogo Juan Manuel García, describe qué es la sinestesia, la confusión sensorial al percibir determinados estímulos. Y Alberto Pérez, de la revista 'Despertaferro', repasa la historia de los pueblos godos y del reino visigodo en Hispania.
    51 min
  • Lugares Magicos de España y Portugal.Jesus Callejo.
    y seguimos con el gran Jesus Callejo gracias a los componentes de la Asociacion Don Cecilio de Sevilla ,siguiendo con el homenaje que le hicieron al Maestro Cebrian en el verano del 2009,conferencia donde Jesus sigue regalandonos parte de su sabiduria en forma de lugares y anecdotas de la Ibereia mas magica.
    1 hr 38 min

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