PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • SOBRE OPINIONES, CREENCIAS Y CIENCIA...
    Que nada se interponga entre usted y su opinión. Si tiene dudas, utilice lo ocurrido ayer en Chester in love, el programa de Risto Mejide, como guía.
    Mercedes Milá, invitada de la noche, compartió espacio con el bioquímico José Miguel Mulet, profesor de la universidad politécnica de Valencia, que rebatió en 2013 en su blog un libro que Milá defiende con ahínco, La enzima prodigiosa.
    El encuentro entre ambos transcurrió así:
    Se lo resumimos aquí. Mulet, en un alarde divulgativo infrecuente en nuestra televisión actual, explica a la audiencia y a la periodista lo que es una enzima (algo, por otro lado, que cualquier estudiante que haya superado la ESO debería tener claro) y señala que el libro referente de Milá está lleno de mitos como que la leche es perjudicial y que clorar el agua es nocivo. ¿La respuesta de Mercedes Milá? Que lea el libro (parece ignorar que Mulet ya escribió sobre él) y que adelgace, que para saber tanto de alimentos, está muy gordo.
    El agravio se puede analizar en pocas líneas. Imagínense que en lugar de Milá en ese sofá llega a estar sentado algún hombre. Imagínese después que en lugar de Mulet llegamos a tener frente a ese periodista imaginario a una científica. Y deduzca la que se habría armado con la salida de tono. Algo parecido a lo que ocurrió cuando aquel periodista trató de desacreditar a la por entonces futura alcaldesa de Barcelona señalando que estaba “gordita”.
    Pero lo preocupante del asunto no es ni siquiera cómo Milá despacha los argumentos del investigador, que no es más que una reacción orgullosa de una persona herida, que, en lugar de defenderse con argumentos, se defiende tratando de buscar una debilidad no en las palabras de su interlocutor, sino en su interlocutor mismo.
    Lo grave es ese mantra, que se deduce de la sonrisa autosuficiente de Milá durante todo el vídeo: que nadie ni nada se interponga entre usted y su opinión. Mercedes Milá tiene una opinión.
    Frente a ella, un científico. Uno de esos bichos raros que no tienen opiniones. O al menos no las consideran relevantes. Los científicos tienen hipótesis que prueban o refutan. Y que una vez probadas se mantienen gracias a su propia entidad, hasta que una posterior las desacredita.
    ¿Pero qué importa la ciencia cuando Mercedes Milá tiene una opinión?
    ¿Sabe quiénes tuvieron también una opinión? Los miembros de la Congregación del Santo Oficio que amonestaron a Galileo y le instaron a que abandonara la hipótesis de que la Tierra se movía. Los que contribuyeron a que Newton temiera por su vida después de enunciar la ley de la gravitación universal. Aquellos que se opusieron a la teoría de las especies de Darwin. Y esto por señalar tan solo casos que conocemos todos.
    ¿Sabe quiénes tienen también una opinión? Los del –que me perdone Miguel Ríos– blues del autobús naranja. Y los que practican y/o defienden las terapias de conversión.
    Todos ellos tienen una opinión, pero a todos ellos era muy fácil identificarlos antes, porque todos tenían algo en común: sus opiniones no se llamaban opiniones, se llamaban fe, dogma, creencias. Son los mismos que a lo mejor le dijeron en la escuela que si se masturbaba se iba a quedar ciego. Afortunadamente, ahora (en occidente) solo tienen una opinión, no la potestad para imponerla.
    Sin embargo, ahora abundan los dogmas disfrazados de opiniones. Hay para todos los gustos. La homeopatía, el reiki, la reflexología. Y cuesta identificarlos, porque ya no se deducen de las escrituras sagradas. Se deducen de las escrituras que se venden en el VIPS. Y se comercializan en las farmacias. Y los sustentan porcentajes y terminología de apariencia científica. Y el “a mí me funciona”, el “el secreto que los médicos no quieren que sepas” y todo tipo de teorías conspirativas que se cree a la primera de cambio ese que en otros contextos presume de que la iglesia no le engaña.
    Es en ese magma pseudocientífico donde resulta más fácil que nunca que usted se fabrique una opinión a su medida. La leche es mala. El pescado azul es malo. No, el malo es el blanco. ¿El gluten? Peor que la heroína. Hay unas semillas buenísimas para ponerse en las orejas, pruébelas. ¿Hidratos a partir de las siete de la tarde? ¡Está loco! Y guárdese del wifi, que le va a dejar estéril. No es bueno el wifi, no.
    Mercedes Milá tiene su opinión y no va a permitir que la ciencia se interponga entre su opinión y ella, porque igual que las famosas que se sientan en Sálvame tienen SU verdad, que no suele ser más que una mentira, Mercedes Milá tiene su ciencia. ¿Ha elegido usted ya la suya?
    No existe la tal enzima prodigiosa, incluso el bueno de Hiromi –su autor– lo reconoce, solo se la imagina (y con ello perpetra un título genial, y de paso un negocio que le ha reportado grandes beneficios).
    Él y solo él sospecha de su existencia y le atribuye propiedades que a la luz de la medicina actual solo pueden ser consideradas de milagrosas.
    Cualquier niño en sus últimos cursos de primaria, solo con los más elementales conocimientos de biología podría (debería) echar por tierra los argumentos de este libro. Lamentables en boca de un señor que ejerce la medicina.
    La obra está cuajada de despropósitos energético-holísticos buenrrollistas, que no tienen ningún respaldo en la ciencia. El autor miente más que escribe y para poner solo un ejemplo, baste este dato: es imposible contrastar la filiación profesional del autor, que él mismo se encarga de incluir en el prólogo. Allí dice ser profesor de cirugía en el Colegio Albert Einstein de Nueva York. Sin embargo, un portavoz de la institución ha negado a diversos medios que Shinya ejerza allí, pese a que la editorial sostiene que sí.
    Un extra: para dar buenos consejos en el terreno sanitario o, llegado el caso, de la nutrición no hace falta ni mentir ni recurrir a cuentos de hadas.
    12 min
  • LA ENZIMA PRODIGIOSA, MERCEDES MILA Y OTROS TIMOS PRODIGIOSOS SOBRE NUTRICION
    Si Mercedes Milà (que tanto sabe de nutrición…) recomienda “La enzima prodigiosa”, será por algo. Ahora bien, es posible que ese “algo” no guarde ni el más remoto vínculo con la alimentación.
    Cuando en una granja nos cruzamos con una ave que tiene el pico corto, grueso y arqueado, que luce una llamativa cresta roja, que “viste” un plumaje abundante y lustroso y que, encima, nos reta, arrogante, con un estridente “quiquiriquí”…¿la confundiríamos con un perro? ¿Podría ser, acaso, una serpiente de cascabel? ¿Tal vez una cucaracha mutante? Hasta un niño de dos años sabría reconocer a un gallo por el rabillo del ojo. Lamentablemente, la mayoría de la población todavía no es capaz de distinguir un libro de dietética mínimamente serio de un pasquín repleto de insultantes patrañas. Y eso que se parecen tanto como puedan asemejarse un gallo de color oro y una cucaracha negra. Prueba de ello es que los “top ventas” en la sección de dietética suelen ser inmorales mordiscos al intelecto, propios de rata de alcantarilla. A la vista de tanto charlatán suelto, nos preguntamos seriamente en qué universidad se impartirá la titulación en dietas milagro.
    Hemos hecho este largo circunloquio antes de entrar a valorar “La enzima prodigiosa”, el libro que se ha posicionado entre los más vendidos, porque hay tan poco de decir de él que puede resumirse en tres palabras: es una estafa.
    El título es una estafa, el contenido es una estafa y el autor (el japonés Hiromi Shinya) es un estafador. Aunque, quizá, el adjetivo se quede corto…
    Sugerir a los enfermos de cáncer que no se sometan a la quimioterapia (en su opinión, “las drogas de la quimioterapia son venenos mortales”) es algo más que una estafa. Y este señor, en el maloliente interior de su libro, lo hace. Aunque no es necesario abrir ni una página para oler a zombi recauchutado.
    Basta mirar la portada (también con el rabillo del ojo) para detectar el fraude. “La dieta del futuro que evitará las enfermedades cardíacas, curará el cáncer […]”. Un momento… ¿ha dicho “curará”? Eso ha dicho.
    Pues ya está, a otra cosa mariposa. Seguro que hay algún libro de Mafalda en la librería, muchísimo más didáctico. Por si Hijomi Shinya o Mercedes Milà no lo saben, existe un Real Decreto (Real Decreto 1907/1996) que prohíbe los “métodos” o los “remedios secretos” con pretendida finalidad sanitaria destinados a la curación de “enfermedades tumorales”. Aunque la verdad es que nos es igual lo que diga la legislación: ninguna dieta, ninguna enzima, ninguna energía telúrica, “cura” el cáncer. El cáncer lo cura, si puede, un oncólogo en toda regla. Quien lo dude que se lo pregunte al mayor panel de expertos en cáncer reunido hasta la fecha en un consenso, el que dio vida al “Diet and Cancer Report”. Y no es una recomendación retórica, se puede contactar con ellos enviando un mail a [email protected], tal y como ofrecen amablemente en su página web. No obstante, el equipo que hace posible “Comer o no comer” aconseja a sus fieles lectores que es mejor no molestarlos por una tontería así. ¿Llamaría usted a su dentista para preguntarle si la caries se cura saltando a la pata coja?
    El libro, cómo no, demoniza a los lácteos, blanco habitual de cualquier terapeuta alternativo que se precie. Para el autor la leche es “mala” para el organismo y “causa inflamación”. No opina lo mismo un rigurosísimo análisis publicado en abril de 2012 y llevado a cabo en Francia por parte de su Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la alimentación (ANSES), como se puede comprobar aquí.
    No perdamos más el tiempo con el libro, que la vida es muy corta y muy prodigiosa. Como nuestro afán es que la población deje de caer en las pegajosas redes que tienden los muchos estafadores dietético-nutricionales (o “enzimático-nutricionales”…) que nos rodean, vamos a hacernos eco de seis nutritivas pistas que acaba de ofrecer la FDA americana para detectar fraudes dietéticos:
    Sospeche cuando le prometan la cura de una amplia gama de enfermedades (por ejemplo, demencia senil, atrofia cerebral, aterosclerosis, disfunción renal, gangrena, depresión, la osteoartritis o, cómo no, el cáncer).
    Sospeche cuando aparezcan testimonios (Por ejemplo, "Se me curó la diabetes" o "Mis tumores se han ido”).
    Sospeche cuando le prometan soluciones rápidas. Pocas enfermedades o condiciones pueden ser tratadas rápidamente.
    Sospeche cuando aparezca la palabra “natural”. Es uno de los reclamos más comunes (y engañosos, ¿acaso no son los hongos venenosos la mar de naturales?).
    Sospeche cuando lea "descubrimiento científico”. Si se descubre una verdadera cura para una enfermedad grave, sería ampliamente difundida a través de los medios de comunicación y prescrita por los profesionales de la salud que le atienden cuando usted está enfermo.
    Sospeche cuando le hablen de teorías de la conspiración ("La industria farmacéutica y el gobierno están trabajando juntos para ocultar información acerca de una cura milagrosa"). Siempre es mentira. Una mentira que pretende distraer al lector de las obvias preguntas de sentido común acerca de la llamada “cura milagrosa”.
    El libro cumple todos los “preceptos”, y algunos más de regalo, como que nos vende (en la web que lo difunde) un listado de suplementos peligrosos y carísimos (¡equilicuá!). Para el GREP-AEDN, una de las características de las dietas fraudulentas es precisamente que “incluyen o se basan en el consumo de preparados que vende quien promueve el tratamiento dietético”. ¡Lagarto, lagarto!
    Por último, si Mercedes Milà lee estas líneas, le instamos a revisar dos frases más de la FDA. La primera es: “Un producto de salud es fraudulento si se promueve engañosamente como eficaz contra una enfermedad o condición de salud, pero no ha demostrado científicamente ser seguro y efectivo para ese propósito”. Le encaja como traje entallado al fraudulento libro “La enzima prodigiosa”, que deseamos fervientemente que caiga en un olvido todavía más profundo que el que sufrieron los habitantes de Macondo en “Cien años de soledad”, la novela de García Márquez (obra que siempre está bien recordar). La última frase de la FDA justifica nuestro anhelo: “El uso de tratamientos no probados puede retrasar la obtención de un diagnóstico que puede salvar la vida o la administración de medicación que realmente funciona”.
    Algo bueno del libro
    Si usted ya ha malgastado los 17 eurazos que cuesta el japonés libro y se está preguntando “dónde pongo lo hallado”, aquí va nuestra sugerencia: la mejor manera de recuperar la fe en los japoneses es practicar el milenario arte del origami, conocido en España como papiroflexia. Arranque con delicadeza las hojas del libro y haga gatos, grullas, conejos saltarines o flores de loto. Su estantería se lo agradecerá. Y nosotros (encima…) se lo tendremos en cuenta.
    7 de mayo de 2013
    P.D. (10 de mayo de 2013) Si se está preguntando cuál es la prodigiosa enzima (bautizada como "enzima madre"), debe saber que no la hemos mencionado por la simple razón de que no existe. Algo que reconoce el propio autor, por cierto: "En este momento la existencia de una enzima madre es todavía una teoría, pero tengo evidencias a partir de los datos clínicos que he reunido”. Evidencias que no cita y que no aparecen en ninguna de las bases de datos científicas conocidas. Acto seguido (en la línea siguiente), y como si tal cosa, el señor Hiromi Shinya (el "estafador", para que nos entendamos) abre un nuevo apartado, denominado “¿Por qué los medicamentos contra el cáncer no curan el cáncer?”. José Luis Sampedro, cuya sabiduría era inabarcable, afirmó en 2011 que "Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante". No crea usted en una enzima que ningún científico ha visto (ni verá), o acabará por creer que los medicamentos contra el cáncer no curan el cáncer, es decir no verá lo que tiene delante.
    P.D.2. (31 de mayo de 2013) ¿Le ha sabido a poco este enzimático texto? En tal caso no se pierda dos "reseñas" más: la de Juan Revenga (que recientemente nos ha concedido una estupenda entrevista) y la de José Miguel Mulet.
    12 min
  • 7 NEUROMITOS EN EDUCACION
    Durante varias décadas los educadores del todo el mundo han creído en una serie de mitos sobre el cerebro (Neuromitos), los cuales no tienen fundamento en las investigaciones científicas y que han servido para justificar ciertas prácticas poco eficaces de enseñanza o métodos no evaluados científicamente.
    Muchos de estos neuromitos son distorsiones sesgadas de hechos científicos, factores como las condiciones culturales, el lenguaje y el uso de fuera de contexto de la terminología han contribuido a la brecha entre neurociencia y educación.
    Estas conclusiones provienen de un estudio que aplicó una encuesta a maestros del Reino Unido, Turquía, Holanda, Grecia y China y el cual fue publicado en la Revista Nature Reviews Neurocience (Howard-Jones, 2014)
    El termino neuromito es atribuido a Alan Crockard, que lo acuño en la década de 1980 cuando se refirió a las ideas no científicas sobre el cerebro en la cultura médica. Actualmente se utiliza para denominar aquellos malentendidos o malinterpretaciones de los hechos científicos sobre la investigación del cerebro en otros contextos del saber, como lo sería la educación.
    Estos son algunos de los neuromitos más comunes en los que creen los educadores:
    1. Neuromito: Los Hemisferios cerebrales son independientes (Cerebro Derecho vs Izquierdo)
    Alrededor del 70% de los docentes encuestados aún considera que los hemisferios cerebrales pueden funcionar independientemente. Esta creencia se puede evidenciar en frases tales como: “hoy trabajaremos con el hemisferio derecho.”
    Este popular neuromito ha sido desmentido por el análisis de la evidencia de miles de escáneres cerebrales de resonancia magnética funcional (fMRR), que muestran como el cerebro funciona como un todo, desmiente la creencia sobre que algunas personas tienen personalidades que son más creativas ya que su hemisferio derecho es más activo, mientas otras al tener dominancia del hemisferio izquierdo son más analíticas y lógicas. (Nielsen et al. 2013)
    Neuromito
    2. Neuromito: Solo usamos el 10% de nuestro cerebro
    Cerca de la mitad de los que fueron encuestados creían que las personas sólo utilizan el 10% de su cerebro.
    Aunque pensar que tan solo usamos una pequeña porción de nuestra capacidad cerebral puede parecer reconfortante, al fomentar la creencia que poseemos un gran potencial oculto aun por desarrollar, un 90% de nuestra mente sin utilizar, el cual podría ser utilizado en caso de una lesión cerebral u ofrecer una milagrosa posibilidad de superación mental inimaginable, tal creencia resulta no ser más que un mito.
    Este neuromito solo ha servido para vender productos para mejorar el rendimiento cerebral, así como por psíquicos como Yuri Geller para explicar sus extraordinarios poderes ocultos para doblar cucharas.
    Este neuromito puede ser controvertido por los siguientes hechos:
    La investigación en neurociencia ha mostrado a través de imágenes de CAT, PET y fMRR que incluso cuando dormimos no existen áreas de nuestro cerebro que se apaguen.
    No tendría sentido evolutivo desarrollar un órgano de alto consumo energético para tan solo usar el 10%.
    El no utilizar ese 90% del cerebro implicaría que esas neuronas que no se usan pronto se atrofiarían y morirían.
    3. Neuromito: El Azúcar reduce la atención
    Cerca de la mitad de los profesores considera que los niños pierden su capacidad de atención después de consumir alimentos o bebidas azucaradas.
    El origen de este neuromito se ubica en las investigaciones iniciales sobre consumo de azúcar y el Trastorno por Déficit de Atención (TDAH).
    Las investigaciones que han intentado comprobar esta relación no han logrado resultados y su vínculo aun es débil.
    4. Neuromito: Estilos de Aprendizaje
    Más del 90% de los maestros cree que los estudiantes aprenden mejor si se les enseña de acuerdo a su estilo de aprendizajes preferido: auditivo, cinestésico o visual.
    Sin embargo dicha creencia no se basa en ninguna evidencia neurocientifica y no se puede afirmar que el aprendizaje mejora mediante la enseñanza acorde a los estilos individuales de aprendizaje.
    5. Neuromito: El cerebro se encoge por falta de agua
    Una cuarta parte de los docentes consideraba que si no se bebe de seis a ocho vasos de agua al día el cerebro se podía encoger, lo cual no es cierto.
    6. Neuromito: El ejercicio mejora la comunicación entre los hemisferios cerebrales
    Dos tercios de los profesores creían que una corta sesión de ejercicio ayudaba a mejorar de alguna manera la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales.
    Aunque el ejercicio puede resultar benéfico para el cerebro, no hay evidencia que éste pueda ayudar a mejorar la comunicación inter-hemisférica, por lo cual dicha afirmación carece de fundamento.
    7. Neuromito: Los Períodos críticos para el aprendizaje
    Alrededor de un tercio de los profesores creen que existen períodos críticos en los cuales deben ocurrir ciertos tipos de aprendizajes.
    Aunque es cierto que los niños son especialmente sensibles al aprendizaje en determinados periodos, esto no implica que no puedan seguir aprendiendo a lo largo de la vida, nuestro cerebro posee la capacidad de cambiar, lo que se denomina “plasticidad neuronal”.
    Un mito al respecto es que de 0 a 3 años es un periodo crítico durante el cual la gran mayoría del aprendizaje ocurre y luego el desarrollo del cerebro se lentifica. Esta idea ha generado ansiedad en cientos de padres y ha creado una carrera contra el tiempo para proporcionar una gran cantidad de estimulación a los niños antes de que sus sinapsis se detengan, además ha sido explotado por algunos fabricantes que ofrecen juguetes y productos para estimular el cerebro.
    Ni la investigación en desarrollo neurológico o neurociencia apoyan la idea de que solo la primera infancia pueda ser considerada como una época especial de aprendizaje, las investigaciones al contrario sugieren que el éxito de las intervenciones educativas dirigidas a mejorar el aprendizaje exigen de la atención sobre las necesidades y características especificas de los niños y el tipo de intervención.
    Las explicaciones fáciles a menudo resultan más atractivas aunque sean erróneas, además pueden ser utilizadas por gran cantidad de comerciantes para ofrecer productos que pretenden estimular el cerebro, en otras palabras proporcionar mensajes simples sobre las edades criticas de aprendizajes maximiza rentabilidad de algunos a la vez que genera un neuromito.
    Otros neuromitos que algunos docentes creen incluyen:
    Beber regularmente bebidas con cafeína disminuye el estado de alerta,
    Problemas de aprendizaje no pueden ser aliviados por la educación.
    Paul Howard-Jones, autor del estudio, dijo:
    Estas ideas se venden con frecuencia a los profesores como sustentadas en la neurociencia, pero la neurociencia actual no puede ser usada para soportarlas.
    Estas ideas no tienen valor educativo y a menudo se asocian con las malas prácticas en el aula.
    11 min
  • DATOS Y ENTREVISTA SOBRE LA IDENTIDAD DE GENERO
    La plataforma Hazte Oír ha puesto en circulación un autobús con un mensaje tránsfobo: “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo". El autobús actualmente está en Madrid, pero recorrerá varias ciudades españolas. La asociación sostiene en Actuall, su página web, que las frases del autobús están ratificadas “por la ciencia médica”. Hemos hablado con una psiquiatra, una pediatra y una psicóloga para hacerles algunas preguntas muy básicas sobre la transexualidad y lo cierto es que Hazte Oír no da ni una.
    ¿Es cierto lo que dice el autobús? ¿La identidad sexual se corresponde con los órganos sexuales?
    “No tiene nada que ver -afirma al teléfono María del Pilar González Solano, pediatra y vicepresidenta de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha-. Una cosa es el sexo biológico, el que se asigna socialmente al nacer según nuestros órganos sexuales, y otra cosa es la identidad, es decir, si te sientes hombre o mujer. La identidad depende del cerebro”.
    Como apunta por correo electrónico la psicóloga Marta Pascual, “cuando nacemos nos asignan un sexo en función principalmente de unos caracteres primarios (genitales externos e internos, entre otros)". Pero lo que nos llevará a definirnos como niños o como niñas "es la experiencia vivencial; es decir, el cómo sentimos ese cuerpo que somos". En el caso de las personas transexuales, “la vivencia de su cuerpo no se corresponde con las estructuras que tiene”.
    Como recuerda la doctora Harriet Hall en este artículo, los órganos sexuales no son los únicos factores que “determinan el sexo y el género, y ninguno de ellos es un simple blanco y negro”. Hall menciona los cromosomas, los efectos de las hormonas intrauterinas, la educación, el comportamiento, la identidad e incluso el aspecto social (por ejemplo, ¿qué pronombre usa esa persona para referirse a sí misma?).
    "No hay un test simple que lo determine. No es una dicotomía, sino un espectro multidimensional”, escribe Hall. Ni siquiera hay una regla biológia clara para determinar el sexo de cada persona, recordaba EL PAÍS: ni cromosomas ni hormonas. Esto no quiere decir que la clasificación binaria no sea útil a menudo, ni que no sea habitual la concordancia de los factores que determinan el género, sino que estas categorías “no son absolutas”.
    ¿Cuándo se forma esta identidad sexual?
    “Aunque es posible que se dé antes, se empieza a palpar a partir de los dos años -explica González-. A partir de esa edad nos reconocemos como niños, niñas, los dos o ninguno”. La edad a la que se nota esta identidad puede variar para cada persona. La doctora compara este proceso con aprender a caminar, que comienza a ocurrir a los 12 meses, pero también puede darse de un modo normal a los 9 o a los 15.
    Esther Gómez, psiquiatra del Hospital Clínic de Barcelona, nos explica por correo electrónico que "la mayoría de las personas transexuales, no todas, explican que ya en la infancia se sentían diferentes, y tenían comportamientos, intereses o preferencias más características del otro sexo".
    Un error habitual en este tema es creer que la transexualidad solo es cosa de adultos, como recuerda Pascual: “La vivencia de una identidad trans aparece en la infancia”. Pascual apunta que a partir de los 6 años los niños adquieren la llamada “constancia sexual, que supone una autoclasificación clara”.
    ¿Es lo mismo identidad sexual y orientación sexual?
    No. Como explica Pascual, “identidad sexual es cómo nos definimos, sentimos y experimentamos como mujeres o como hombres”, mientras que la orientación sexual se refiere a “nuestro deseo erótico o sexual”. Por ejemplo, un hombre trangénero puede verse atraído por mujeres (e identificarse como heterosexual), pero también por hombres o por ambos.
    ¿Qué efectos tienen mensajes como los de Hazte Oír en los niños y niñas transgénero?
    “El mismo que cuando les persiguen en el patio del colegio o les desprecian los profesores, o cuando son estigmatizados y arrinconados por padres y hermanos”, explica González, que se pregunta por las personas que han participado en el diseño de ese autobús: “Si tienen en su casa a un niño o a una niña trans, ¿qué trato le van a dar? Le van a reprimir, a machacar, a martirizar”.
    Según datos recogidos por la Fundación Daniela, el 49% de los niños y adolescentes trans cuenta con apoyo de su familia, en comparación con el 79% en el caso de los CIS (cuya identidad se corresponde con el sexo asignado al nacer). En España, el 90% de los niños y adolescentes LGTB ha sufrido acoso escolar. Además de eso y según recogía EL PAÍS, más del 70% de los adultos transgénero está en paro. Las tasas de suicidio y de depresión son ocho y seis veces más altas en el caso de las personas transgénero que en la media de la población.
    Pero esta exclusión no es inevitable: González nos remite a un estudio publicado en la revista científica estadounidense Pediatrics, según el cual los niños trans que reciben el apoyo de su entorno no sufren más depresión que otros niños “y solo elevaciones mínimas en su ansiedad”. González nos recuerda que "los niños lo aceptan y lo entienden todo. El problema lo tenemos los adultos". En Verne recogimos también la experiencia de Cristina Palacios, madre de una niña transgénero: "Mi hija es trans y me gustaría que jamás le robásemos su alegría".
    Además de eso, este mensaje de Hazte Oír "no tiene ningún fundamento, y solo es fruto de una ideología no soportada por una realidad muy bien conocida. Genera confusión social", apunta la doctora Gómez.
    ¿Cuál es la diferencia entre transgénero e intersexualidad?
    Algunos, como la asociación Hazte Oír, confunden a menudo estos términos. Las personas con genitales intersexuales tienen una anatomía que no encaja en las definiciones típicas, lo que ocurre en uno de cada 2.000 nacimientos, según el National Center for Transgender Equality.
    Hay muchas clases: “Por ejemplo, algunas personas nacen con genes XY [definidos como hombres], pero tienen genitales femeninos”. Otras personas “pueden tener cromosomas XX, pero no un útero o una anatomía externa que no parezca ni masculina ni femenina de forma clara”. En Verne publicamos la experiencia de Gabriel J. Martín, en un artículo titulado “La barba me dio la razón: aunque me criaran como una niña, yo era un niño”.
    En cambio, la transexualidad tiene que ver con la identidad. Por lo general, una persona transexual nace con un cuerpo que encaja con lo que identificamos como hombre o mujer, pero sabe que su identidad de género es diferente.
    ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a su hijo transgénero?
    Gómez destaca la labor de muchos padres, tanto de forma individual como con asociaciones de padres como Chrisalys y la Fundación Daniela: "Están haciendo una gran labor de asesoramiento a otros padres y en las escuelas", ayudando a "entender los sentimientos de estas personas, prevenir su sufrimiento, y facilitar la aceptación social de la diversidad".
    Pascual recuerda que padres y madres deben acompañar a sus hijos “en su proceso de construirse como personas únicas”. Y les recuerda que “van a sentirse perdidos, no entenderán nada al principio, pero tienen que empezar por ver y reconocer lo que su niña o su niño les dice”, además de “buscar toda la información y el apoyo que necesiten para poder comprender y aceptar cómo se siente y quién es su hija o hijo”.
    Es decir, como resume González, “los padres deben ser padres. Deben cuidar y atender a sus hijos, para que crezcan sanos física y psicológicamente”.
    ¿La transexualidad es una enfermedad mental?
    "No, por supuesto que no es una enfermedad mental -explica la doctora Gómez, psiquiatra-, pero sí suele producir un importante sufrimiento psicológico".
    González añade que gran parte del sufrimiento causado a las personas transgénero ha venido causado por la “patologización” de la transexualidad. La pediatra subraya que “la transexualidad no es una moda. Existe desde siempre”, pero durante mucho tiempo “ha estado muy oculta, al estar prohibida o inhibida, lo que provocó mucho sufrimiento a muchas personas”.
    En cuanto a las supuestas terapias para que estas personas acepten el sexo asignado al nacer, “tienen la misma validez que las que pretenden modificar nuestra orientación sexual -afirma Pascual-. Son absolutamente estériles”. Gómez añade que estos métodos fueron abandonados".
    Entonces, ¿qué es la disforia sexual?
    Se trata de un término médico incluido en el DSM-5, el manual de psiquiatría de referencia. Este término se utiliza, como explica González, cuando una persona “se siente realmente mal con el género asignado, llevando a síntomas como la angustia y la desesperación”. La doctora recuerda que “no le pasa a todas las personas trans. Muchas admiten su cuerpo y no quieren operarse, por ejemplo”. Este manual de trastornos psiquiátricos no incluye el trastorno de identidad de género como enfermedad desde su quinta edición, publicada en 2013. Se trataba de una antigua reclamación de los transexuales, incluidos los entre 7.000 y 12.000 que viven en España.
    ¿Qué es el proceso de transición?
    “Es el proceso que viven aquellas personas transexuales que inician tratamientos a distintos niveles (estéticos, médicos, quirúrgicos, etcétera) para modificar sus caracteres sexuales primarios y secundarios, y pasar del sexo asignado al sexo vivido”, explica Pascual.
    Como recoge la web de la Fundación Daniela, que lucha contra la discriminación de niños y menores transexuales y con la que colabora la doctora González, “no hay una manera correcta de realizar la transición. Algunos niños y/o adultos llevan a cabo una transición social, realizando cambios en su manera de vestir, eligiendo el nombre con el que se sienten identificados, algunos también realizan tratamientos hormonales”. Cuando son adultos, pueden pasar por procedimientos médicos, como la reasignación de sexo. “Elegir o no pasar por cualquiera de estos tratamientos es algo que cada persona decide en función de sus necesidades o expectativas”.
    Por cierto, desde 2007, las personas transexuales pueden cambiar su nombre y sexo en sus documentos de identidad españoles sin necesidad de someterse a una operación de reasignación de sexo y sin procedimiento judicial. En algunos casos ya se ha admitido este cambio en documentos de niños.
    ¿Por qué es importante que una persona trans pueda escoger el baño público que le corresponde?
    “Todas las personas necesitan vivir y moverse en un entorno con el que se sienten identificados”, recuerda Pascual, a lo que González añade que se trata de “un derecho fundamental”. Y explica: “Todos los tratados internacionales sobre los derechos de los niños incluyen el derecho a ser quien es en todos los aspectos de su vida. Se trata además de un derecho de personalidad, no civil, por lo que no se puede ejercer por representación”.
    Hazte Oír se niega a esta medida con el argumento de que si las personas trans pueden usar el baño que quieran, los agresores sexuales aprovecharían para hacerse pasar por mujeres transgénero y colarse en su baño. Como explica PolitiFact, una web que se verifica la veracidad de declaracioes políticas, esto no es más que un mito: no ha habido incrementos en los delitos sexuales en los Estados y en los distritos escolares estadounidenses en los que se permitía a cada persona escoger el baño que considerara adecuado.
    Es más, como añade la revista Time, lo habitual es lo contrario: “El 70% de las personas transgénero han sido víctimas de insultos en un contexto de baños segregados y casi el 10% ha denunciado violencia física”. Las agresiones son consecuencia de no poder ir al baño que se corresponde con su identidad y parecer, precisamente, fuera de lugar. La revista añade: "Probablemente ya has coincidido en el baño con una persona trans sin saberlo".
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    18 min
  • MENOS COACHING Y MAS PSICOLOGIA
    Tal vez tengas algún libro en casa de los denominados de autoayuda. Lo reconozco, yo tengo varios, y alguno de ellos me gusta. Creo que han servido a más de una persona que conozco para reflexionar y ser más consciente de algunas cosas de son de cajón, de sentido común, que es el menos común de los sentidos. No son, ni mucho menos, la panacea para curar los males de la psique, pero en algunos casos suman y aportan una pizca de aire fresco que pueden ayudar a iniciar un cambio, a favorecerlo o a asentar algunos de los mensajes que los clínicos tratamos en la consulta. Pero no todo vale. Lo que no soporto son los libros escritos por supermanes (la mayoría narcisitos por no decir psicopatillas) en los que subyacen gruesos mensajes del tipo: “Si quieres, puedes” “El poder está dentro de ti” “Yo soy muy feliz y te digo cómo conseguirlo” “Puedes conseguir en esta vida cualquier cosa que te propongas” o “con mi libro la gente se cura”. Para flipar. No sabes lo que me joden estos mensajitos, ya sean en formato escrito o visual. Y te doy dos razones:
    Porque estos eslóganes son falsos, y sí, lo sé, es tan solo mi opinión. Aquí podríamos abrir un estéril debate dada la ambigüedad de la psicología y de la psiquiatría y algún colega podría decir justo lo contrario y nos perderíamos en lo secundario dejando de lado lo sustancial, que no es otra cosa que la engañifa social o la estafa psicológica.
    Si no consigues mejorar o salir del pozo en el que te encuentras después de haber leído algunas de estas lindezas, es que eres más tonto que Abundio. A lo de deprimido o ansioso puedes sumarle que eres un perfecto idiota y culpable por no mejorar.
    Ni existe la felicidad absoluta, ni puedes tener el control total sobre tus pensamientos y tus emociones; que no te vendan la moto.
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    Psicólogos, coaches, terapeutas y algo de felicidad.
    Hay una caterva de vendedores de felicidad, de humo y de brebajes mágicos que prometen felicidad eterna si te pones en sus manos o si te lees un pasaje de su librito recién salido al mercado que dan vergüenza ajena. Podría ser, que una noche de verano, tras ver un programa de TV estilo Cuarto Milenio o Cámbiame, estos sujetos con sus predicados vieron la luz, se reinventaron y decidieron lanzarse al bonito mundo de las emociones, del coaching o de lo psicológico con barnices de esoterismo ¡Joder, les podría haber dado por practicar el nudismo en algún retiro espiritual de fin de semana y dejar de tocar la psique del personal! Estos tipos o tipas, que en el mejor de los casos han hecho un cursillo intensivo sobre emociones, algún taller sobre Programación Neurolingüística PNL o de Inteligencia Emocional, son expertos en felicidad, emociones y salud mental. Algunos de ellos han hecho un par de cursos de formación no reglada que los ha convertido en ¡Oh milagro! terapeutas o Coaches con los que tratan (perdón, ellos no tratan, ellos trabajan y mejoran) al personal y les sacan la pasta. Sus herramientas son muy eficaces: un poco de intuición, intentar ayudar a los demás (vamos a creer que tienen su punto de bondad), una colección de cromos motivadores con lemas de todo a cien colocados en su muro de Facebook o en su página web, e imagen, mucha imagen. Mucho humo y pocas nueces.
    Si hay coincidencia con la realidad, esa es nuestra intención.
    Isabel, que casi llega a formar parte de la casa real española y se ha convertido en una experta en emociones, ha montado un tinglado o circo desde el que saca la pasta a todo quisqui que se deja. O el de Juan, un periodista que se quedó sin redacción, micrófono y cámara que lo grabara, y se ha reinventado en ¡Eureka! un gurú de la psique y de la felicidad que nos dice a los demás donde está el Santo Grial, la Luz y lo que hay que hacer para tocar el cielo (¿pasar por su despacho y contratarlo, además de leernos sus libros?) O el de Julián, un narciso que fue deportista de élite, que ha hecho unos cursos formativos en USA (lo que nos deslumbra cuando alguien utiliza vocablos en inglés, ¡qué catetos semos!) y se ha convertido en comunicador de éxito. De hecho, su libro cura a las personas de depresiones, rupturas, muertes de seres queridos,… Joder, yo llevo veintitantos años ejerciendo mi profesión y no hay terapia (da igual si eres psicodinámico, cognitivo conductual o ACT), que cure en ocasiones tamaño sufrimiento. Estos tipos pueden con todo. ¿He estado haciendo el gilipollas durante todo este tiempo después de cursar una licenciatura en psicología y tener cuatro másteres relacionados con mi profesión? Pues eso parece. Me voy a pillar a la de ya el libro de este crack y le voy a montar un altar en la consulta, con su foto y un par de velas, y me encomendaré a él, perdón, a Él, cuando la cosa pinte fea. Bueno, mejor dicho, a partir de ahora ya no le llamaré consulta, le llamaré despacho profesional de mejora personal. Lo veo.
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    Otra opción que te planteo es que puedes probar con la terapeuta María. Tras darse cuenta a los cuarenta años que ella lo que quería era ser psicóloga y ayudar a los demás, decidió ponerse a estudiar. ¿Una buena noticia, verdad? Claro, así lo sería si se hubiera ido a la Universidad, se hubiera matriculado en el grado de psicología y hubiera cursado los cuatro cursos de rigor más un máster (por cierto, un atraco a mano armada el Máster de Psicólogo General Sanitario). Pero hete aquí, que no. María se hace una españolada: me matriculo en unos cursos de terapeuta gestalt o coaching y cuando acabo, ya soy terapeuta o coach, ¡tampoco hay tanta diferencia entre un coach y un psicólogo, joder!
    Este tipo de sujetos y sus predicados, sin rigor científico alguno que avale sus diatribas y masturbaciones mentales, abren su despacho desde el que hacen constelaciones familiares, terapias neuroemocionales, repiten como papagayos frases supuestamente motivadoras extraídas de azucarillos del bar el que toman su café matutino, dan unos abrazos (igual pillo cacho) y no sé qué hostias más que no saben ni para qué sirven. Bueno sí, para sentirse bien consigo mismo y sacarle la pasta al personal con el que trabajan y al que supuestamente hacen crecer. Es la salud mental muchachos, pues más madera. También podríamos hablar de pediatras, cirujanos, filósofas, economistas, ingenieros, exdeportistas, agentes de bolsa y aristócratas que se ganan la vida dando lecciones magistrales sobre crecimiento personal y emociones. Y lo peor de todo es que no se ruborizan. Tranquilos, ya nos ponemos colorados nosotros. ¿Acaso los psicólogos hablamos de pediatría o de economía o nos dedicamos a opinar sobre los diferentes métodos de cirugía? Zapatero a tus zapatos y ya está bien del intrusismo en psicología. No todo vale amiguetes, es la salud mental nada más y nada menos.
    ¿Has pensado que el colectivo de psicólogos pasa por la Universidad (aunque la Universidad no haya pasado por más de uno que conozco), que generalmente ha ampliado sus conocimientos con un buen máster, tiene un colegio profesional que lo regula y al que puedes dirigirte en caso de que el profesional realice una mala praxis? Dentro de la psicología hay muchas escuelas y orientaciones desde las que los diferentes profesionales que la conformamos encuadramos los problemas del personal y creamos hipótesis de trabajo para que el paciente, cliente, persona o sujeto, mejore su satisfacción vital. Da igual si el profesional es psicodinámico, conductista, CognitivoConductual, sigue la Terapia de Aceptación y Compromiso o utiliza otra orientación; son profesionales con formación y expertos en el tema que nos ocupa. Si tienes problemas, estás pasando por un mal momento, o simplemente quieres crecer y mejorar en la vida o encauzarla mejor, psicología por favor. Pon un psicólogo en tu vida, será tu mejor coach. Menos coaching y más psicología, tu salud mental lo agradecerá eternamente.
    Este artículo ha sido escrito por Miguel Angel Rizaldos, Sonia Cervantes y Nacho Coller.
    14 min
  • LOS NEUROMITOS LAS LEYENDAS URBANAS EN LA EDUCACION
    Neuromitos, ya su nombre me gusta. Todo lo que suena a neuro tiene su parte de marketing hecha. ¿Y qué es un neuromito? Una interpretación errónea de los datos disponibles desde la neurociencia (otra vez neuro) que se ha aplicado con poco acierto a la educación. Serían como las leyendas urbanas del neuroaprendizaje.
    Estas investigaciones están un poco anticuadas, tienen más de 10 años, pero viendo que el mito no remite, cobran total actualidad.
    ¿Sabían ustedes que sólo utilizamos un 10% de todo nuestro cerebro? Si lo sabían, siento la decepción. Nos encontramos ante uno de los más potentes neuromitos. Hay numerosas evidencias con gran acuerdo entre la comunidad científica que aseguran que nuestro cerebro está perpetuamente ocupado. Incluso cuando algunas células cerebrales no están implicadas en procesos de recibir información, también esas trabajan. Por tanto, no utilizamos nunca sólo el 10% de nuestro cerebro; si así fuese, de hecho, estaríamos en un estado vegetativo. Y no es lo que parece.
    ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? El bulo comenzó porque en 1890, un neurocirujano italiano, retiró partes de cerebros de pacientes psiquiátricos para observar si había alguna diferencia posterior en sus comportamientos. Se empezó a expandir el mito, cuando Albert Einstein hizo una entrevista en radio en 1920 contando los resultados de aquel experimento, para animar a la población a pensar más. Posteriormente varios publicistas tras la Segunda Guerra Mundial repartían folletos por las casas con este malinterpretado experimento, revistiéndolo del eslogan: sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. Estamos por debajo de nuestras posibilidades.
    Por supuesto, numerosos estudios avalan que nuestro cerebro es plástico, que no nacemos con una capacidad prefijada, sino que podemos trabajar por mejorarla, pero no usamos el 10%. La plasticidad es un proceso dinámico en el que está implicado el cerebro en toda su complejidad.
    ¿Y qué me dicen de los distintos estilos de aprendizaje? ¿Sabían ustedes que hay varios estilos, y que cada niño aprende mejor mediante uno de ellos? Pues de nuevo la decepción del neuromito. Durante mucho tiempo se ha creído que había chavales que aprendían mejor mediante distintos medios sensoriales: visual, auditivo o cinestésico. Debido a esto, muchos profesores han ajustado durante años su enseñanza a estos estilos, intentando primero descubrir cómo aprendían mejor, y luego adaptando su enseñanza a ello.
    Pero como ocurría con el famoso 10%, hay consenso en la comunidad científica sobre la falsedad de esto. Todos los niños aprenden de la misma manera. Nos explicamos. Es obvio que hay mil maneras de aprender una misma cosa. Mil maneras individuales. La cantidad de maneras de aprender parece no tener límites. Pero la asunción que se toma falsamente es que la información que llega mediante una modalidad sensorial es procesada en el cerebro para ser aprendida de manera independiente a la información que procede de otra modalidad sensorial. Esto no es cierto porque va en contra de la interconectividad natural del cerebro.
    Además, cuando los profesores han modificado sus estilos de enseñanza para adaptarse a esos tres estilos de aprendizaje, los resultados de aprendizaje de los chavales no mejoraron. Todos los seres humanos procesamos principalmente la información de manera visual. Se demuestra fácilmente con los niños ciegos de nacimiento. Cuando aprenden Braille (modalidad cinestésica) no se activan las áreas cinestésicas del cerebro, sino aquellas cortezas visuales que los niños dedican al aprendizaje del lenguaje escrito.Si algún profesor nos está leyendo, ha de saber que este cuento tiene su parte de realidad.
    Las pedagogías multisensoriales tienen mucha efectividad. Lo cual es distinto a decir que cada niño tiene su estilo de aprendizaje. Cuando la maestra desde siempre ha leído en voz alta al niño mientras le señalaba cada palabra al mismo tiempo, esto producía mejor aprendizaje. Asimismo, un Power Point es útil porque simultáneamente se presenta información congruente mediante la vista y el oído.
    Sólo hemos presentado dos famosos neuromitos, pero tendríamos que hablar también de las inteligencias múltiples, o de la estimulación temprana, la cual, por cierto, fue creada para ayudar a niños con indicios de posibles daños en el Sistema Nervioso Central. No para todos.
    Todos los neuromitos comparten dos cosas: la creencia de que más es mejor, y que la especificidad es mejor. Para que no nos engatusen más con anuncios sobre el bebé más inteligente, o el método más específico al estilo "innato" de aprender de nuestros niños, John Geake, propone dos recomendaciones: buscar validez científica antes de aplicar nada en el aula y mantenernos escépticos ante las panaceas educativas. Si se nos tienen que caer mitos, que sean neuromitos.
    Otro mito es que se puede aprender algo sin esfuerzo. Pero eso da para otro post.
    10 min
  • SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA...UN POEMA DE LUIS CERNUDA
    Si el hombre pudiera decir lo que ama,
    si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
    como una nube en la luz;
    si como muros que se derrumban,
    para saludar la verdad erguida en medio,
    pudiera derrumbar su cuerpo,
    dejando sólo la verdad de su amor,
    la verdad de sí mismo,
    que no se llama gloria, fortuna o ambición,
    sino amor o deseo,
    yo sería aquel que imaginaba;
    aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
    proclama ante los hombres la verdad ignorada,
    la verdad de su amor verdadero.
    Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
    cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
    alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
    por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
    y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
    como leños perdidos que el mar anega o levanta
    libremente, con la libertad del amor,
    la única libertad que me exalta,
    la única libertad por que muero.
    Tú justificas mi existencia:
    si no te conozco, no he vivido;
    si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
    3 min
  • QUEBRANTAHUESOS_-QUIROPRÁCTICOS-Y-PSEUDOCURANDEROS-PARTE-2
    Palmer, la quiropráctica y sus víctimas
    By Escrito por MJS|Mar. 1st, 2017
    Muchas de las autoproclamadas "terapias alternativas"tienen como principal ventaja el que, si bien el único beneficio que pueden aportar es debido al efecto placebo, al menos no pueden causar daños graves a sus víctimas directamente (aunque sí indirectamente cuando el charlatán le dice a sus víctimas que no vayan al médico, que no confíen en la medicina y sugerencias de ese tipo). Los "terapeutas alternativos" sueltan rollo mientras el cuerpo se cura solo, lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones. Y cuando no se cura, fingen demencia y se hacen a un lado (y ni siquiera suelen asistir a los funerales de sus "pacientes").
    Daniel David Palmer, inventor de la quiropráctica
    (Foto D.P. vía Wikimedia Commons)
    La homeopatía de Hahnemann, que se ha demostrado que no funciona para nada, tuvo en sus años la ventaja de que era mucho menos perjudicial que las otras supersticiones médicas con las que competía: lavativas, sangrías y la administración de sustancias potencialmente mortales, ya que a principios del siglo XIX no había una medicina con bases científicas. (Cuando la hubo, gracias a Pasteur y los verdaderos investigadores médicos, la homeopatía debería haber seguido el camino de las lavativas, las sangrías y otras supersticiones.)
    La acupuntura, si el acupunturista es cuidadoso y usa los principios básicos de la asepsia (en la que no cree la medicina china, por cierto, pero tontos, tontos no son), tampoco puede ser muy dañina. Otras formas de magia representativa como la reflexología podal, por no mencionar tonterías como la cromatoterapia (curar con colores) o la aromaterapia (curar con olorcitos), la magnetoterapia (curar con imanes) y la imposición de manos, son igualmente inocuas.
    La herbolaria, tan del gusto de la tribu del New Age (los niueicheros), sí tiene peligros, especialmente por sobredosis de algunas sustancias y por poder ocasionar alergias, hipervitaminosis y otras afecciones que van de moderadas a serias.
    Pero hay una "terapia alternativa" que es perfectamente capaz de dejarlo a usted cuadripléjico (o tetrapléjico) con gran efectividad y aunque usted esté perfectamente sano: se trata de la quiropráctica.
    Los orígenes y la teoría
    La "quiropráctica" fue propuesta en 1895 por un vendedor de comestibles y "curandero magnético" llamado Daniel David Palmer. Como en muchos casos de terapias alternativas, Palmer construyó todo un castillo de delirios basado en una sola observación de un solo caso.
    Según lo cuenta el propio Palmer, a fines de 1895 lo fue a ver un tal Harvey Lillard, quien había quedado sordo desde que tuvo un tirón muscular 17 años antes. Palmer notó que el paciente tenía una vértebra prominente y lo convenció de que dejara a Palmer reposicionarla. Palmer lo hizo, Lillard volvió a oir y así nació una teoría completa.
    (Evidentemente, un paciente con una vértebra tan notoriamente desplazada seguramente tiene mucho más de qué preocuparse que del oído, sobre todo porque los nervios que van al oído no pasan por la columna vertebral, sino que pertenecen a los llamados "pares de nervios craneales", que se distinguen precisamente por salir directamente al cráneo. Y, evidentemente, realinear una vértebra como dice haberlo hecho don Daniel David no es tan fácil como meter en su sitio un hombro dislocado. Dicho de otro modo, todo el relato es más sospechoso que un zorro dando serenata en un gallinero.) La teoría que Palmer procedió a sacarse de la manga dice, en lo esencial, que existe una energía vital llamada "inteligencia innata" que controla la salud y que fluye por la espina dorsal, y que las enfermedades son causadas por interferencias en el flujo de la inteligencia innata debidas a pequeñas desviaciones o "subluxaciones" de la columna vertebral. Al manipular la columna, se libera el flujo de inteligencia innata, y ésta cura todo, conserva la salud y el equilibrio del cuerpo. Uno supondría que, para probar todo eso, don Daniel David se embarcó en un intenso estudio científico de las subluxaciones, la caracterización de la inteligencia innata, del análisis de su flujo y esas cosas. En realidad, lo que hizo Palmer fue, en menos de dos años, abrir una escuela de quiropráctica y empezar a cobrar por enseñar su ocurrencia.
    No está por demás traducir una frase que revela la modestia, el rigor y la visión de don Daniel David Palmer: Yo soy el originador, la fuente primaria del principio esencial de que la enfermedad es el resultado de demasiado funcionamiento o de no suficiente funcionamiento. Yo creé el arte de ajustar las vértebras, usando las apófisis espinosas y transversales como palanca, y le dí nombre de Quiropráctica al acto mental de acumular conocimiento, la función acumulativa, correspondiente a la función vegetativa física (el crecimiento de lo intelectual y lo físico) junto con la ciencia, arte y filosofía. Ahora la siguen más o menos dos mil quiroprácticos. Yo fui quien combinó la ciencia y el arte y desarrolló los principios de la misma. Yo he respondido la antigua pregunta: ¿qué es la vida?
    Hipérbole, pues, no le faltaba a don Daniel David, pero quizá se justifique que creamos que exageró un poco.
    El caso es que su escuelita sigue viva y cobrando pese a que no se ha podido conseguir nunca que los quiroprácticos definan con precisión qué es la "inteligencia innata", qué es una "subluxación", qué relación hay entre cada "subluxación" y las distintas enfermedades, cómo se corrigen realmente con sus "ajustes" las "subluxaciones" (además de hacer que las articulaciones chasqueen, cosa que los pone muy felices, aunque no cambien realmente la posición de los huesos) y otras cosillas que parecen importantes.
    Uno de los momentos más altos de la Asociación Nacional de Quiropráctica de los Estados Unidos, fue cuando a mediados de los años 50, cuando la epidemia de poliomielitis estaba en su clímax y se promovía la vacuna antipolio de Jonas Salk para inmunizar a los niños contra la poliomielitis, dicha asociación hizo una intensa campaña contra la vacuna antipolio, recomendando en su lugar "ajustes quiroprácticos" para evitar y tratar la enfermedad.
    El caso es que, al paso de los años, todos los "hueseros" tradicionales y diversos curanderos, masajistas y niueicheros diversos dicen que hacen "quiropráctica" sin ajustarse exactamente a la teoría de Palmer, mientras que entre los propios quiroprácticos hay distintas corrientes y grupos que se dedican a morderse los tobillos mutuamente por motivos políticos, para obtener representatividad, para ganar miembros en sus asociaciones y demás, pero siempre unidos en la lucha por llevar clientes a sus consultas. El aprovechamiento de la ingenuidad de estos personajes ha llegado a ser delirante. Pese a que ellos solían decir que las "subluxaciones" no se podían detectar mediante Rayos X (y siempre han mantenido en secreto la forma en la que ellos detectan una supuesta subluxación), cuando bajo presión popular el seguro médico estadounidense aceptó pagarle a los quiroprácticos por sus inútiles atenciones, estableció que sólo serían válidas las subluxaciones identificables en radiografías. Los quiroprácticos se reunieron rápidamente y ¡milagro, milagro! de pronto las subluxaciones se veían en las radiografías, los quiroprácticos entregaron sus "criterios" inventados a toda prisa y empezaron a cobrar.
    Para cobrar, empezaron a realizar cantidades ingentes de radiografías a sus pacientes, en particular niños, al grado de que la Sección pediátrica de la Asociación médica de Alberta, Canadá levantó la voz de alarma por los riesgos de cáncer y otros daños que pueden sufrir los niños a los que los quiroprácticos radiografían para cobrar.
    Ajustes y derrames por el mismo precio
    Muchos son, por desgracia, los informes de perjuicios gravísimos ocasionados a la médula espinal y sus tejidos adyacentes por los "ajustes" bárbaros que exige la práctica de esta bárbara disciplina, sobre todo en Estados Unidos que es donde medra la mayoría de los quiroprácticos.
    Así, tenemos informes en revistas científicas de parálisis diafragmática producto de la manipulación cervical quiropráctica, libros completos sobre la quiropráctica vista desde la perspectiva de las víctimas, organizaciones de víctimas de la quiropráctica en el Reino Unido (donde se relatan casos de horror como el de un derrame del tallo cerebral a consecuencia de un "ajuste" quiropráctico o el de una disección bilateral de las arterias vertebrales a cargo de otro curandero quiropráctico), e incluso afirmaciones como la del Stroke Consortium, un grupo de 100 investigadores médicos canadienses, que en un estudio de 65 víctimas de derrames, casi un tercio tenían su origen en manipulaciones quiroprácticas.
    Todo lo cual no ha detenido a los quiroprácticos en su lucha contra las vacunas, todo hay que admitirlo.
    Tirar del cuello, girarlo violentamente, hacer restallar las vértebras o hacer cualquiera de las cosas que los quiroprácticos llaman "tratamiento" son acciones que tienen todas el potencial de causar graves daños, muchos irreparables, entre ellos la muerte del cliente.
    Ciertamente, en muchas intervenciones médicas está en riesgo la vida del paciente. Pero en tales casos se conoce perfectamente el porcentaje de riesgo, se informa al paciente y se hace todo lo posible por disminuir dicho riesgo ajustando multitud de variables, desde la dosificación de un medicamento hasta el tiempo máximo en que debe realizarse una intervención quirúrgica. Es decir, el riesgo es conocido y admitido por los médicos y por sus pacientes.
    Sin embargo, en el caso de la quiropráctica, todas las asociaciones quiroprácticas coinciden en que sus manipulaciones están tan bien "estudiadas" (a saber por quién y dónde, no hay estudios) que no representan ningún riesgo.
    Por ello, el paciente entra al quiropráctico creyendo que está yendo a experimentar un tratamiento sano, inocuo, "natural" y utilísimo, sin pensar en que unos minutos después puede encontrarse confinado para siempre en una silla de ruedas, cuando no como protagonista de un funeral. Y, precisamente porque los quiroprácticos "se oponen" a la medicina y porque según ellos sus manipulaciones "no tienen ningún riesgo", en sus consultorios no hay nada que pudiera ayudar a salvarle la vida a los clientes que se les quedan en la mesa quiropráctica: ni adrenalina, ni desfibriladores, ni abatelenguas, ni equipo de traqueotomía ni ninguna de esas cosas que, por otro lado, al cabo de cuatro años de estudios en sus inútiles escuelas de quiropráctica, tampoco saben usar estos charlatanes.
    El contacto charlatanesco
    De acuerdo con la "Ley de la capilaridad de la imbecilidad" o "Ley de universalización de la estupidez" que enunciamos aquí cuando hablamos de la patraña de la fotografía Kirlian, Toda afirmación de una pseudociencia será rápidamente puesta al servicio de todas las pseudociencias y esoteriqueces. Y la quiropráctica no es una excepción.
    No sólo resulta ahora que cualquier masajista se autoproclama "quiropráctico", sino que la quiropráctica se ve adicionada con otras formas de la charlatanería curanderista: moxibustión, reflexología podal, acupuntura, meditación, yoga e, incluso, como en el caso de la extrañísima doctora Maddalena Galliani, cosas tan irreales como la "medicina futurista" o los "fenómenos asociados con el campo taquiónico".
    (Aquí vale una pausa. Los "taquiones" son partículas subatómicas teóricas cuya característica sería que podrían viajar a una velocidad mayor que la de la luz y que en teoría tendrían una energía infinita. Es un interesante y muy abstruso divertimento en física, pero aún no existe ni una prueba de que los taquiones existan, mucho menos que haya un "campo taquiónico" localizado que los emita... pero como suele ocurrir con las ideas teóricas y más complejas de la física, la industria del ocultismo tomó la parte sensacional de la idea, borró la parte donde decía que se trataría de partículas "teóricas", que no hay pruebas de que existan y que serían un fenómeno subatómico, y procedió a venderlo de varias formas, incluida, claro, la sanación mágica con nombre impresionante. No, hay, pues, doctora guapita, ningún fenómeno asociado al campo taquiónico, como no sea en los vastos confines de su desfachatez.)
    Por supuesto, ya que las radiografías y otros métodos no demuestran ni las "subluxaciones" ni los efectos de los "ajustes", los quiroprácticos no han tardado en afirmar que los efectos de la quiropráctica se demuestran con fotografía Kirlian, que es como decir que el origen paranormal de un rostro en el piso se demuestra porque nos lo dijo un espíritu en una psicofonía.
    La quiropráctica también tiene su sección "productos", es decir, a las empresas que ofrecen maquinitas y aparatos "autoquiroprácticos" con precios tan accesibles como el que puede ver abajo a la izquierda, un moderno potro de tormento de diseñador por sólo 10.560 dólares que se usa en "clínicas de crecimiento", o la máquina del chi (después de todo, la "inteligencia innata" de Palmer y el chi de la superstición china podrían estar relacionados). Y, por supuesto, los quiroprácticos echan mano del omnipresente galvanómetro, que se usa para medir la resistencia eléctrica de la piel y que se usa como parte del poco confiable polígrafo, al que los cienciólogos o dianéticos llaman E-metro y aseguran que lo inventó su fundador y que un tal Guy Coggins rebautizó "Aura Camera 6000", lo conectó a un programa que transformaba las mediciones de resistencia galvánice en imágenes y empezó a vender, claro, "fotografías del aura". Los quiroprácticos, por su parte, lo usan para diagnosticar misteriosas "alergias ocultas" contra determinados alimentos (que no se sabe cómo se relacionan con el flujo de la inteligencia innata por la columna vertebral, pero eso son minucias cuando hablamos de los millones de dólares que entran a las arcas de los quiroprácticos.
    Y todo esto sin mencionar las clínicas de quiropráctica para mascotas que florecen felices, especialmente en los EE.UU. y Canadá.
    Otra teoría de la enfermedad no apoyada en ningún dato experimental. Otra terapia chiflada. Otro grupo de vivos que se forran los bolsillos... la historia no sería nueva a no ser por la estela de paralíticos que han dejado atrás en su camino de supercherías.
    8 min
  • QUEBRANTAHUESOS_-QUIROPRÁCTICOS-Y-PSEUDOCURANDEROS-PARTE-1
    Palmer, la quiropráctica y sus víctimas
    By Escrito por MJS|Mar. 1st, 2017
    Muchas de las autoproclamadas "terapias alternativas"tienen como principal ventaja el que, si bien el único beneficio que pueden aportar es debido al efecto placebo, al menos no pueden causar daños graves a sus víctimas directamente (aunque sí indirectamente cuando el charlatán le dice a sus víctimas que no vayan al médico, que no confíen en la medicina y sugerencias de ese tipo). Los "terapeutas alternativos" sueltan rollo mientras el cuerpo se cura solo, lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones. Y cuando no se cura, fingen demencia y se hacen a un lado (y ni siquiera suelen asistir a los funerales de sus "pacientes").
    Daniel David Palmer, inventor de la quiropráctica
    (Foto D.P. vía Wikimedia Commons)
    La homeopatía de Hahnemann, que se ha demostrado que no funciona para nada, tuvo en sus años la ventaja de que era mucho menos perjudicial que las otras supersticiones médicas con las que competía: lavativas, sangrías y la administración de sustancias potencialmente mortales, ya que a principios del siglo XIX no había una medicina con bases científicas. (Cuando la hubo, gracias a Pasteur y los verdaderos investigadores médicos, la homeopatía debería haber seguido el camino de las lavativas, las sangrías y otras supersticiones.)
    La acupuntura, si el acupunturista es cuidadoso y usa los principios básicos de la asepsia (en la que no cree la medicina china, por cierto, pero tontos, tontos no son), tampoco puede ser muy dañina. Otras formas de magia representativa como la reflexología podal, por no mencionar tonterías como la cromatoterapia (curar con colores) o la aromaterapia (curar con olorcitos), la magnetoterapia (curar con imanes) y la imposición de manos, son igualmente inocuas.
    La herbolaria, tan del gusto de la tribu del New Age (los niueicheros), sí tiene peligros, especialmente por sobredosis de algunas sustancias y por poder ocasionar alergias, hipervitaminosis y otras afecciones que van de moderadas a serias.
    Pero hay una "terapia alternativa" que es perfectamente capaz de dejarlo a usted cuadripléjico (o tetrapléjico) con gran efectividad y aunque usted esté perfectamente sano: se trata de la quiropráctica.
    Los orígenes y la teoría
    La "quiropráctica" fue propuesta en 1895 por un vendedor de comestibles y "curandero magnético" llamado Daniel David Palmer. Como en muchos casos de terapias alternativas, Palmer construyó todo un castillo de delirios basado en una sola observación de un solo caso.
    Según lo cuenta el propio Palmer, a fines de 1895 lo fue a ver un tal Harvey Lillard, quien había quedado sordo desde que tuvo un tirón muscular 17 años antes. Palmer notó que el paciente tenía una vértebra prominente y lo convenció de que dejara a Palmer reposicionarla. Palmer lo hizo, Lillard volvió a oir y así nació una teoría completa.
    (Evidentemente, un paciente con una vértebra tan notoriamente desplazada seguramente tiene mucho más de qué preocuparse que del oído, sobre todo porque los nervios que van al oído no pasan por la columna vertebral, sino que pertenecen a los llamados "pares de nervios craneales", que se distinguen precisamente por salir directamente al cráneo. Y, evidentemente, realinear una vértebra como dice haberlo hecho don Daniel David no es tan fácil como meter en su sitio un hombro dislocado. Dicho de otro modo, todo el relato es más sospechoso que un zorro dando serenata en un gallinero.) La teoría que Palmer procedió a sacarse de la manga dice, en lo esencial, que existe una energía vital llamada "inteligencia innata" que controla la salud y que fluye por la espina dorsal, y que las enfermedades son causadas por interferencias en el flujo de la inteligencia innata debidas a pequeñas desviaciones o "subluxaciones" de la columna vertebral. Al manipular la columna, se libera el flujo de inteligencia innata, y ésta cura todo, conserva la salud y el equilibrio del cuerpo. Uno supondría que, para probar todo eso, don Daniel David se embarcó en un intenso estudio científico de las subluxaciones, la caracterización de la inteligencia innata, del análisis de su flujo y esas cosas. En realidad, lo que hizo Palmer fue, en menos de dos años, abrir una escuela de quiropráctica y empezar a cobrar por enseñar su ocurrencia.
    No está por demás traducir una frase que revela la modestia, el rigor y la visión de don Daniel David Palmer: Yo soy el originador, la fuente primaria del principio esencial de que la enfermedad es el resultado de demasiado funcionamiento o de no suficiente funcionamiento. Yo creé el arte de ajustar las vértebras, usando las apófisis espinosas y transversales como palanca, y le dí nombre de Quiropráctica al acto mental de acumular conocimiento, la función acumulativa, correspondiente a la función vegetativa física (el crecimiento de lo intelectual y lo físico) junto con la ciencia, arte y filosofía. Ahora la siguen más o menos dos mil quiroprácticos. Yo fui quien combinó la ciencia y el arte y desarrolló los principios de la misma. Yo he respondido la antigua pregunta: ¿qué es la vida?
    Hipérbole, pues, no le faltaba a don Daniel David, pero quizá se justifique que creamos que exageró un poco.
    El caso es que su escuelita sigue viva y cobrando pese a que no se ha podido conseguir nunca que los quiroprácticos definan con precisión qué es la "inteligencia innata", qué es una "subluxación", qué relación hay entre cada "subluxación" y las distintas enfermedades, cómo se corrigen realmente con sus "ajustes" las "subluxaciones" (además de hacer que las articulaciones chasqueen, cosa que los pone muy felices, aunque no cambien realmente la posición de los huesos) y otras cosillas que parecen importantes.
    Uno de los momentos más altos de la Asociación Nacional de Quiropráctica de los Estados Unidos, fue cuando a mediados de los años 50, cuando la epidemia de poliomielitis estaba en su clímax y se promovía la vacuna antipolio de Jonas Salk para inmunizar a los niños contra la poliomielitis, dicha asociación hizo una intensa campaña contra la vacuna antipolio, recomendando en su lugar "ajustes quiroprácticos" para evitar y tratar la enfermedad.
    El caso es que, al paso de los años, todos los "hueseros" tradicionales y diversos curanderos, masajistas y niueicheros diversos dicen que hacen "quiropráctica" sin ajustarse exactamente a la teoría de Palmer, mientras que entre los propios quiroprácticos hay distintas corrientes y grupos que se dedican a morderse los tobillos mutuamente por motivos políticos, para obtener representatividad, para ganar miembros en sus asociaciones y demás, pero siempre unidos en la lucha por llevar clientes a sus consultas. El aprovechamiento de la ingenuidad de estos personajes ha llegado a ser delirante. Pese a que ellos solían decir que las "subluxaciones" no se podían detectar mediante Rayos X (y siempre han mantenido en secreto la forma en la que ellos detectan una supuesta subluxación), cuando bajo presión popular el seguro médico estadounidense aceptó pagarle a los quiroprácticos por sus inútiles atenciones, estableció que sólo serían válidas las subluxaciones identificables en radiografías. Los quiroprácticos se reunieron rápidamente y ¡milagro, milagro! de pronto las subluxaciones se veían en las radiografías, los quiroprácticos entregaron sus "criterios" inventados a toda prisa y empezaron a cobrar.
    Para cobrar, empezaron a realizar cantidades ingentes de radiografías a sus pacientes, en particular niños, al grado de que la Sección pediátrica de la Asociación médica de Alberta, Canadá levantó la voz de alarma por los riesgos de cáncer y otros daños que pueden sufrir los niños a los que los quiroprácticos radiografían para cobrar.
    Ajustes y derrames por el mismo precio
    Muchos son, por desgracia, los informes de perjuicios gravísimos ocasionados a la médula espinal y sus tejidos adyacentes por los "ajustes" bárbaros que exige la práctica de esta bárbara disciplina, sobre todo en Estados Unidos que es donde medra la mayoría de los quiroprácticos.
    Así, tenemos informes en revistas científicas de parálisis diafragmática producto de la manipulación cervical quiropráctica, libros completos sobre la quiropráctica vista desde la perspectiva de las víctimas, organizaciones de víctimas de la quiropráctica en el Reino Unido (donde se relatan casos de horror como el de un derrame del tallo cerebral a consecuencia de un "ajuste" quiropráctico o el de una disección bilateral de las arterias vertebrales a cargo de otro curandero quiropráctico), e incluso afirmaciones como la del Stroke Consortium, un grupo de 100 investigadores médicos canadienses, que en un estudio de 65 víctimas de derrames, casi un tercio tenían su origen en manipulaciones quiroprácticas.
    Todo lo cual no ha detenido a los quiroprácticos en su lucha contra las vacunas, todo hay que admitirlo.
    Tirar del cuello, girarlo violentamente, hacer restallar las vértebras o hacer cualquiera de las cosas que los quiroprácticos llaman "tratamiento" son acciones que tienen todas el potencial de causar graves daños, muchos irreparables, entre ellos la muerte del cliente.
    Ciertamente, en muchas intervenciones médicas está en riesgo la vida del paciente. Pero en tales casos se conoce perfectamente el porcentaje de riesgo, se informa al paciente y se hace todo lo posible por disminuir dicho riesgo ajustando multitud de variables, desde la dosificación de un medicamento hasta el tiempo máximo en que debe realizarse una intervención quirúrgica. Es decir, el riesgo es conocido y admitido por los médicos y por sus pacientes.
    Sin embargo, en el caso de la quiropráctica, todas las asociaciones quiroprácticas coinciden en que sus manipulaciones están tan bien "estudiadas" (a saber por quién y dónde, no hay estudios) que no representan ningún riesgo.
    Por ello, el paciente entra al quiropráctico creyendo que está yendo a experimentar un tratamiento sano, inocuo, "natural" y utilísimo, sin pensar en que unos minutos después puede encontrarse confinado para siempre en una silla de ruedas, cuando no como protagonista de un funeral. Y, precisamente porque los quiroprácticos "se oponen" a la medicina y porque según ellos sus manipulaciones "no tienen ningún riesgo", en sus consultorios no hay nada que pudiera ayudar a salvarle la vida a los clientes que se les quedan en la mesa quiropráctica: ni adrenalina, ni desfibriladores, ni abatelenguas, ni equipo de traqueotomía ni ninguna de esas cosas que, por otro lado, al cabo de cuatro años de estudios en sus inútiles escuelas de quiropráctica, tampoco saben usar estos charlatanes.
    El contacto charlatanesco
    De acuerdo con la "Ley de la capilaridad de la imbecilidad" o "Ley de universalización de la estupidez" que enunciamos aquí cuando hablamos de la patraña de la fotografía Kirlian, Toda afirmación de una pseudociencia será rápidamente puesta al servicio de todas las pseudociencias y esoteriqueces. Y la quiropráctica no es una excepción.
    No sólo resulta ahora que cualquier masajista se autoproclama "quiropráctico", sino que la quiropráctica se ve adicionada con otras formas de la charlatanería curanderista: moxibustión, reflexología podal, acupuntura, meditación, yoga e, incluso, como en el caso de la extrañísima doctora Maddalena Galliani, cosas tan irreales como la "medicina futurista" o los "fenómenos asociados con el campo taquiónico".
    (Aquí vale una pausa. Los "taquiones" son partículas subatómicas teóricas cuya característica sería que podrían viajar a una velocidad mayor que la de la luz y que en teoría tendrían una energía infinita. Es un interesante y muy abstruso divertimento en física, pero aún no existe ni una prueba de que los taquiones existan, mucho menos que haya un "campo taquiónico" localizado que los emita... pero como suele ocurrir con las ideas teóricas y más complejas de la física, la industria del ocultismo tomó la parte sensacional de la idea, borró la parte donde decía que se trataría de partículas "teóricas", que no hay pruebas de que existan y que serían un fenómeno subatómico, y procedió a venderlo de varias formas, incluida, claro, la sanación mágica con nombre impresionante. No, hay, pues, doctora guapita, ningún fenómeno asociado al campo taquiónico, como no sea en los vastos confines de su desfachatez.)
    Por supuesto, ya que las radiografías y otros métodos no demuestran ni las "subluxaciones" ni los efectos de los "ajustes", los quiroprácticos no han tardado en afirmar que los efectos de la quiropráctica se demuestran con fotografía Kirlian, que es como decir que el origen paranormal de un rostro en el piso se demuestra porque nos lo dijo un espíritu en una psicofonía.
    La quiropráctica también tiene su sección "productos", es decir, a las empresas que ofrecen maquinitas y aparatos "autoquiroprácticos" con precios tan accesibles como el que puede ver abajo a la izquierda, un moderno potro de tormento de diseñador por sólo 10.560 dólares que se usa en "clínicas de crecimiento", o la máquina del chi (después de todo, la "inteligencia innata" de Palmer y el chi de la superstición china podrían estar relacionados). Y, por supuesto, los quiroprácticos echan mano del omnipresente galvanómetro, que se usa para medir la resistencia eléctrica de la piel y que se usa como parte del poco confiable polígrafo, al que los cienciólogos o dianéticos llaman E-metro y aseguran que lo inventó su fundador y que un tal Guy Coggins rebautizó "Aura Camera 6000", lo conectó a un programa que transformaba las mediciones de resistencia galvánice en imágenes y empezó a vender, claro, "fotografías del aura". Los quiroprácticos, por su parte, lo usan para diagnosticar misteriosas "alergias ocultas" contra determinados alimentos (que no se sabe cómo se relacionan con el flujo de la inteligencia innata por la columna vertebral, pero eso son minucias cuando hablamos de los millones de dólares que entran a las arcas de los quiroprácticos.
    Y todo esto sin mencionar las clínicas de quiropráctica para mascotas que florecen felices, especialmente en los EE.UU. y Canadá.
    Otra teoría de la enfermedad no apoyada en ningún dato experimental. Otra terapia chiflada. Otro grupo de vivos que se forran los bolsillos... la historia no sería nueva a no ser por la estela de paralíticos que han dejado atrás en su camino de supercherías.
    14 min
  • CEREBROCENTRISMO, EDUCACION Y PRENSA AMARILLA
    Neuroeducación, una disciplina de todo a cien.
    Pareciera que a veces los medios de comunicación serios no fuesen más que prensa amarilla cuando informan sobre noticias científicas, especialmente aquellas que tienen que ver con temas relacionados con la educación y la psicología. Me refiero a ejemplos como este, este, este o este.
    En la mayoría de esos casos, a partir de estudios concretos de la fisiología y la estructura cerebral se habla con una seguridad pasmosa -poco propia de la prudencia que caracteriza a la ciencia- de infalibles conclusiones y consejos prácticos para padres, alumnado y docentes . A pesar de los problemas metodológicos y de diseño experimental , a pesar de los problemas de replicabilidad y de validez externa e interna que están demostrando tener muchos de estas investigaciones (por ejemplo aquí, aquí y aquí), y a pesar de los problemas epistemológicos de base que presentan (aquí o aquí), estos estudios tienen una gran difusión por parte de medios de comunicación globales de mucha influencia en nuestra sociedad. Al mismo tiempo estas noticias fortalecen neuromitos que suelen tener una gran aceptación y acogida entre la población general y entre padres, madres, psicólogos, educadores o maestros y otros profesionales que se dejan deslumbrar por la moda cool del cerebrocentrismo y que militan con entusiasmo en esa nueva ola, mas efectista que efectiva, empeñada en aplicar en las escuelas la neuroeducación, el coaching, el mindfullness, etc. tal y como lo cuentan en la prensa, confundiendo lo bueno con lo nuevo y la realidad con el deseo.
    Al Cesar lo que es del Cesar.
    No dudo de que muchos neurocientíficios sean magníficos profesionales, excelentes científicos y doctores llenos de buenas intenciones, y que realizan un trabajo importante. Pero creo que no pocas veces cuando hablan de educación se lían y se precipitan cuando lanzan orientaciones prácticas y realizan algunas afirmaciones categóricas (a veces disparatadas y sin ningún apoyo en la evidencia) sobre cómo se debe enseñar en las escuelas. Los expertos en metodología y en educación son (o deberían ser) los profesores, y no los neurocientificos, ni los coach, ni los bioneuroeducadores, ni los expertos en mindfullness, en inteligencia emocional, ni los políticos, ni los oradores estrella,..
    El cerebro no se emociona, ni recuerda, ni aprende, somos las personas las que lo hacemos. Claro, es necesario para ello una persona con un cerebro, pero también con unos sentidos, y una biografía y un contexto.
    Esto no es negar la importancia y la necesidad de la neurociencia, es tan solo señalar que la educación, el aprendizaje, el comportamiento, las relaciones sociales, el arte, la creatividad,….. y la neurociencia implican niveles de estudio diferentes. No se invalidan por tanto una disciplina a la otra, simplemente están respondiendo a preguntas diferentes y los riesgos aparecen cuando se responde taxativamente desde la neurociencia a preguntas que deberían responder los profesionales de la enseñanza y el aprendizaje.
    Que el cerebro humano no haya cambiado en los últimos 15000 años, como dice el Dr Francisco Mora, no quiere decir que no sean totalmente diferentes los niños del paleolítico a los del S.XXI. Posiblemente un neurocientífico al microscopio no sea capaz de distinguir el cerebro de un niño al de otro, ni sus imágenes en funcionamiento o su estructura, pero te aseguro que un buen profesor sí será capaz de diferenciarlos e incluso de adaptar con buen criterio su forma de enseñarles con dos métodos totalmente diferentes a pesar de que el cerebro sea exactamente el mismo.
    De Mágico González a Bernini
    Un nivel de conocimiento implica saber cómo funciona el cerebro humano, otro nivel diferente saber cómo aprendemos las personas. Se trata de dos conocimiento relacionados, pero requieren análisis y respuestas desde campos verbales distintos. En última instancia, la física, la química y la biología están en la base de cualquier elemento de la naturaleza, de cualquier ser vivo o de cualquier comportamiento, sin embargo no podemos reducir, entender o explicar los cómo y los porqués de la música de Mozart, de los goles de Mágico Gonzalez, o del Rapto de Proserpina de Bernini tan solo en función de la ley de la gravedad, de las moléculas de carbono, del adn o los circuitos neuronales de Mozart, de Mágico González o Bernini.
    La neurociencia puede llegar a identificar inequívocamente cuánto tiempo y qué parte del cerebro se activa cuando un niño se emociona o atiende, pero esas imágenes no pueden explicar porqué el niño atiende o se emociona, ni la función o el significado de esa emoción o de un recuerdo para ese niño concreto. Esto requeriría un análisis contextual coherente que tenga en cuenta otras muchas variables y que ayude a darle sentido a esos datos neurológicos. Sin este análisis, leer las imágenes coloreadas del cerebro y derivar conclusiones tajantes para la educación puede ser poco más que leer los posos del café para interpretar la personalidad. Aconsejar, a partir de algunas observaciones realizdas en situaciones controladas, que las clases no deberían extenderse más allá de 10 minutos, no sólo refleja tener un gran desconocimiento de la educación y de lo que ocurre en los salones de clase, sino que además es limitar las tremendas posibilidades de esos niños y sus cerebros. Se puede ser un excelente neurocientífico y un pésimo profesor.
    La necesaria paciencia de la ciencia y la medicalización de la educación.
    No se trata de un enfrentamiento de una parte de la psicología-educación frente a la neuroeducación, hay reconocidos científicos del cerebro que se toman con mucha más parsimonia esto de sacar conclusiones precipitadas a la vida cotidiana y de hacer interpretaciones de sus hallazgos. Explica bien muchas de estas cosas la neurocientífica Molly Crockett en este TED.
    Creo que se está “biologizando” y medicalizando demasiado la educación y el aprendizaje y creo que eso no es bueno. Creo que se trata de un reduccionismo mecanicista demasiado simple que no explica bien la complejidad multicausal del aprendizaje, del desarrollo y el comportamiento humano. Creo que los profes necesitamos una aproximación al tema menos cerebrocéntrica, basada en la evidencia y más humanista.
    Nota: Si te interesa esto de la educación, y el día 17 de marzo estás cerca de Bilbao, tal vez te resulte más útil acercarte a estas jornadas que muchos tratados sobre neuroeducación. Yo no me lo perdería, ¡mala suerte estar tan lejos!.
    12 min

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