PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • LAS MENTIRAS EN EL ETIQUETADO DE LA ALIMENTACION Y LA COSMETICA, ENTREVISTA
    Si alguien despertara del coma después de 20 años y lo llevaran de visita al supermercado es posible que sufriera un gran impacto psicológico. Para empezar, le costaría encontrar un bote de leche, un paquete de mantequilla o una bolsa de ensalada que contuviera únicamente lo que va buscando. Casi todos los alimentos incluyen un extra de Calcio, Vitaminas A, E y D o todo tipo de moléculas que prometen fortalecer sus huesos, sus conexiones neuronales o su salud dental. Vivimos en la época de los alimentos funcionales y los suplementos alimenticios y la falta de una regulación y supervisión de las administraciones ha convertido las estanterías del supermercado en la ley de la selva. En su libro "Vamos a comprar mentiras" (Cálamo, 2016), el investigador José Manuel López Nicolás denuncia este tipo de triquiñuelas que confunden al consumidor y erosionan la buena reputación de la ciencia.
    Más info
    Durante el Beer Runners Madrid se bebieron más de 3.000 litros de cervezaLa gran mentira de la cerveza saludable
    La gran mentira de la cerveza saludable
    ¿Ir contigo al supermercado debe ser un sufrimiento, no?
    Mi mujer no viene... Bueno, sí viene, pero me manda una hora antes porque me paro a mirar las etiquetas. Y la cosa llega al punto de que hay centros comerciales en los que cuando aparezco le dan un toque al guarda de seguridad.
    En el libro solo citas un ejemplo de buen hacer en la industria alimentaria, ¿la proporción es esta? ¿La inmensa mayoría de reclamos publicitarios de alimentos y cosméticos son mentira?
    La inmensa mayoría de los alimentos funcionales y complementos alimenticios utilizan estrategias que aunque sean legales no sirven para nada, son un desastre: confunden al consumidor y los que no lo confunden no hacen falta. Además, si como empresa crees que tu alimento hace todas esas cosas que dice, mándalo a que sea evaluado por la la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
    Cuéntame que es esto de la estrategia del asterisco, que por lo que veo es lo más frecuente.
    Consiste en coger un alimento funcional y añadirle ingredientes que no han sido evaluados y poner alegaciones saludables (health claims) alrededor de ese producto. Antes eso no estaba permitido, pero con la nueva ley basta con añadir el 15% de la cantidad diaria de un micronutriente que sí tenga una alegación positiva y ya puedes decir de todo. Y el truco es que ese micronutriente lo pones en una parte pequeña del envase.
    Al final en un chorro de limón tienes todo eso que te cuesta 300 euros en la tienda.
    O sea, te buscas la lista de lo que sí permite decir la EFSA, encuentras algo que te sirva y metes tus alegaciones por la puerta de atrás.
    Siempre pongo un ejemplo: el famoso DeMemory, que lleva jalea real, fatidilserina y otros ingredientes no evaluados. Sin embargo tiene fósforo, que sí tiene alegaciones, y eso le permite anunciar que es bueno para la memoria. Pero es que en una sardina tienes el mismo fósforo que en tres cajas de DeMemory.
    ¿Y no es más fácil atribuir las propiedades a la molécula que admite la EFSA y no dar tantas vueltas?
    Sí, pero el que fósforo o la vitamina B6 no llama la atención del consumidor. Todo el mundo sabe, o debería saber, que están por todos lados, en muchos alimentos. El caso más brutal es el de la vitamina C, que tiene 12 o 15 alegaciones aprobadas. Resulta que puedes encontrar en el mercado 15 productos totalmente distintos y todos tienen en común la vitamina C y cada uno de ellos utiliza una alegación distinta. Bueno para el sistema nervioso, para los dientes, para la alimentación saludable... Al final en un chorro de limón tienes todo eso que te cuesta 300 euros en la tienda.
    Sin conservantes, sin aditivos, sin porquerías... ¿La estrategia de las empresas de seguir el juego a las fobias del consumidor no es pegarse un tiro en el pie?
    Creo que tanto la industria alimentaria como cosmética tienen suficientes propiedades en sus productos sin necesidad de utilizar estas estrategias. No hace falta echar mierda a otros productos o incluso los propios. Si sacas una gama que dice que tus potitos son "Eco 100% sin pesticidas", ¿qué estás diciendo? ¿Que el resto de los potitos de tu gama llevan pesticidas y eso puede ser peligroso?
    ¿Para qué va a invertir una empresa en investigación si cualquiera puede incluir una alegación de salud falseada?
    Se crea una realidad al margen de los hechos, es como si la posverdad hubiera llegado antes al mercado que a la política.
    Esto es mucho más grave de lo que parece. Para mí sería un desastre que al final la gente pensara que solo son triquiñuelas o argucias para vender un producto y ganar unos céntimos. No. Esto está teniendo repercusiones en la investigación, el desarrollo y la innovación. Yo pertenezco a un grupo y las empresas alimentarias están dejando de investigar, porque no les interesa. ¿Para qué van a invertir un millón de euros en un producto cuando la competencia invierte 1 euro y con eso tiene una gama entera de productos?
    ¿Todo este desbarajuste se arreglaría regulando el sector alimentario como el de los medicamentos?
    Es la única forma. Para mí la educación no es suficiente, es necesaria, como la divulgación, pero hace falta paralelamente una legislación mucho más estricta y un control en el cumplimiento. Ahora son las grandes multinacionales las que están presionando para que se cambie el reglamento, porque cualquier empresa pequeña puede anunciar cualquier alegación de su producto sin invertir en investigación. Esta situación se está volviendo contra la industria y quieren cortar el rollo que ellas mismas empezaron porque se quedan sin valor añadido. Ahora mismo tú podrías sacar una hamburguesa con el peor aceite del mundo, pero le pones un poco de vitamina B6 y ya puedes decir que es la primera hamburguesa mundial que ayuda al normal funcionamiento del sistema inmunitario. La solución es que se instaure el perfil nutricional, que evalúa al producto en su conjunto.
    ¿Cada producto tendría que pasar su propia prueba? Eso es muy caro, ¿no?
    Exacto, y no interesa. Mejor le meto la estrategia del asterisco. Si te evalúan el producto ya no vas a poder poner nada. En el libro cito un producto poco conocido, contra el colesterol, que es el único que se ha atrevido a que le evalúen el producto entero.
    Y aunque se aprobara ese modelo, la alimentación funcional seguiría siendo un gran engaño porque sigue habiendo más propiedades en un melocotón que en cien productos.
    Correcto, aunque saliera un nuevo reglamento, estos productos seguirían siendo innecesarios.
    La industria argumenta: “como la gente no sabe comer, le damos estos suplementos que no hacen falta”
    Pero esto es un bofetón a la investigación en alimentos, se diría que trabaja para confundir.
    Es un bofetón a los alimentos funcionales. La posición de la industria es admitir que es cierto que en la nutrición normal tienes todos los ingredientes, pero es que la población no toma esa alimentación normal.
    O sea, les engañamos porque no saben comer.
    Como no saben comer, nosotros le damos esto. Para que en su alimentación al menos coman estos ingredientes. Pero lo que yo digo: si a un niño desde pequeño le enseñamos a no tomar una alimentación correcta, sino a suplirla con parches, ¿en qué momento de su vida va a cambiar y va a empezar a comer correctamente?
    Te quejas de que haya distintos organismos a nivel internacional con criterios diferentes. ¿Cómo daña esto a la confianza del consumidor?
    Ahí saltamos al campo de la seguridad. Una cosa es que sea un desbarajuste los productos nutricionales y en seguridad estamos en el momento de la historia en que más seguros podemos estar de los alimentos. Lo que no puede ser es que haya productos que estén prohibidos en EEUU y aquí no o al revés. Salvo que haya intereses comerciales muy fuertes.
    ¿Habría que crear un megaorganismo transnacional para regular estas cosas?
    Sí, hay que armonizar la legislación internacional en cuanto seguridad y funcionalidad de los ingredientes. Es absurdo que haya legislaciones absolutamente distintas.
    Del libro se deduce que hay empresas, como Actafarma, que se la cuelan sistemáticamente al consumidor, ¿no se puede hacer nada contra estas triquiñuelas?
    Que hay "engaño" no puedes decirlo, porque están cumpliendo la ley. El problema es la ley. Pero han encontrado un filón para sacar producto tras producto con esa estrategia. Me duele como científico que haya investigadores que se sumen a ese carro. Me da igual que sea Actafarma o Danone, Puleva...
    ¿Cómo se entiende que el CSIC sea cómplice de algunos de estos engaños al consumidor?
    No lo sé. Están haciendo un flaco favor a la ciencia todos aquellos científicos que se suman a ese carro. El CSIC aparece avalando los macroantioxidantes de una bebida de belleza (Beauty drink), pero te vas a la web de la EFSA y los macroantioxidantes no han sido evaluados por ningún sitio. En realidad incluyen vitaminas A, C, biotina y niacina y tiran otra vez de la estrategia del asterisco. ¿De verdad se deben prestar los científicos a esto? Yo no digo que los macroantioxidantes no sean positivos, pero si lo crees de verdad, ¿por qué no lo mandas a evaluar tu producto a la EFSA?
    Están haciendo un flaco favor a la ciencia todos aquellos científicos que se suman a ese carro.
    Supongo que lo que hacen es coger el camino más fácil.
    ¿Debe un científico coger el camino más fácil? Cuando les preguntas dicen que ellos en las estrategia del marketing no entran. Hombre, si aparece el CSIC por todas partes, ¿me estás diciendo que no tiene nada que ver?
    Lo de la cosmética es igual o peor que la alimentación, hay hasta una crema con rayos infrarrojos, ¿no?
    Con rayos bioinfrarrojos. Yo soy profesor de técnicas instrumentales y eso no lo he visto en la vida. En cosméticos el tema es mucho más sangrante porque la publicidad que se hace utilizando palabras científicas supera con mucho el tema de la alimentación... La diferencia con la alimentación es que hace dos o tres años apareció un reglamento contundente y muy serio, pero ¿qué ocurre? Que no ha surgido el policía, no han creado ninguna agencia que controle que ese reglamento se lleva cabo.
    Oye, ¿y por qué no me va a arreglar la piel el ADN de manzana? Eres un aguafiestas
    Bueno, no es porque lo diga yo, la que controla este tema es la Agencia Española del Medicamento, no hay una agencia de cosméticos. Y tuvo que salir a decir que el uso de células madre en este tipo de productos era fraudulento.
    Pues en una peluquería de mi barrio te implantan células madre por 8 euros.
    Lógico. El nuevo reglamento de cosméticos no permite nada de eso, pero como no se persigue, todo el mundo lo hace.
    Empecé el libro con el ceño fruncido y he terminado riendo a carcajadas. Cuéntame qué es la horchataterapia, por dios.
    Yo soy partidario de las terapias de belleza, lo que no soy partidario es de disfrazarlo de palabras científicas. Si a uno le da por bañarse en chocolate y le gusta, como si le da por chupar candados. Ahora, no me digas que los componentes del chocolate lo que hacen es inactivar los radicales libres... El caso más sangrante es la "horchataterapia ecológica". Se resume básicamente en que un tipo tiene una horchatería y un tipo tienen un spa, hablan y se ponen de acuerdo. Visto como está el mercado vamos a sacar un nuevo servicio, pensarían. Hasta ahí, perfecto. Pero luego están las propiedades beneficiosas que anuncian, con "aceites biosensitivos para incrementar tu capacidad sexual". La idea es meter en un solo producto la palabra bio, una palabra técnica y un tipo con una bata. Y si además le pones un sello de una universidad o una asociación médica ya tienes el pack completo. Creo que la clave está en que según las encuestas de la percepción social de la ciencia, la ciudadanía tiene cada vez más confianza en los científicos. Alguien se ha dado cuenta y quiere sacar tajada.
    Basta meter la palabra bio, una palabra técnica y un tipo con una bata. Alguien se ha dado cuenta de que la ciencia vende
    Pero que la sociedad que confía en la ciencia caiga en todos los engaños pseudocientíficos es una contradicción absoluta.
    Claro, por eso el gran miedo es que esas encuestas se vuelvan contra nosotros y los ciudadanos empiecen a hablar de las patrañas científicas. Alguien puede pensar "me he comprado esta crema que me iba a regenerar el ADN y al final era una tontería". Al final el propio consumidor se pone en contra de la ciencia, en lugar de en contra de las empresas que lo hacen mal.
    ¿Has tenido algún problema legal con el libro?
    Con empresas ni uno. Está revisado por abogados antes de salir. Sí que ha habido medios de comunicación que me han dicho empresas que no puedo citar y eventos donde no he estado porque había patrocinadores que cito en el libro. También ha habido empresas que han llamado a mi puerta y me han ofrecido dinero por hablar periódicamente bien de ellas.
    O sea, te han intentado comprar.
    Y he dicho que no, por supuesto. Pero la situación es complicada. Si llaman a tu puerta y dices que sí, te has vendido. Si dices que no, como he dicho siempre, te has ganado un enemigo.
    Para terminar, ¿algún consejo para el consumidor que vaya con menos tiempo que tú al supermercado?
    Que huyan de los productos SIN y los que se basan en el miedo. Si no eres celíaco, no compres sin gluten, no compres cosas sin aditivos o sin conservantes, huye de aquellos productos que abusen de palabras científicas en su publicidad, porque vas a gastar más y vas a tener un menor efecto. Sencillamente: no te compliques la vida.
    22 min
  • LAS TENDENCIAS TECNOLÓGICAS DEL 2017
    Michel de Nôtre-Dame, o Nostradamus, publicó sus famosas profecías por primera vez en 1555. Durante los siguientes cuatro siglos y medio, han sido muchos los que han continuado leyendo los acontecimientos históricos ajustándoles a lo que este teólogo francés pronosticó. Las cuartetas que dejó escritas son lo suficientemente crípticas como para poder hacer encajar (aunque sea a martillazos) casi cualquier cosa. Nostradamus es tal vez el más popular entre los videntes y su figura vuelve a ponerse de moda cada cierto tiempo, resucitada por quienes prefieren creer que todo está escrito antes que en la posibilidad de construir la realidad. Pero más allá de artes adivinatorias poco fiables, lo cierto es que hay quien tiene cierta sensibilidad para saber anticiparse a lo que vendrá. Y también que a medida que se acelera el tempo histórico es cada vez más complejo tratar de saber qué ocurrirá, ya no con siglos de antelación como presumía el profeta francés, sino simplemente a unos meses vista.
    En el terreno de las innovaciones tecnológicas siempre ha habido gente con un cierto olfato, un talento basado en la observación y una intuición especial para saber discernir entre lo que se impondrá y lo que quedará en el baúl de las curiosidades que no fueron. Sobre ese talento se han levantado unas cuantas fortunas y también se ha ayudado a que las sociedades se preparen para los cambios que vendrán. Pedro Diezma es uno de esos observadores. Durante más de una década se ha dedicado al desarrollo de software y a la consultoría tecnológica para distintas empresas. Es, además, uno de los mayores expertos mundiales en wereables technologies (ropas o dispositivos inteligentes) y en la Internet de las cosas (el próximo paso en la red que llevará a que todos nuestros objetos estén conectados). Como fundador y CEO de Zerintia Technologies y del Grupo Kebala, incubadora de negocios, Diezma está en contacto con las últimas innovaciones y estudios en el ámbito de las nuevas tecnologías.
    Esta experiencia le convierte en una de las voces más autorizadas en nuestro país para adelantarnos los dispositivos y las tecnologías que veremos crecer y consolidarse durante el próximo año. Entre la gran cantidad de novedades a las que tendremos que acostumbrarnos, Diezma destaca seis: la realidad aumentada y mixta, los complementos sensitivos para realidad virtual, mejores sensores en smartwatches y health bands, los asistentes virtuales manejados por voz, la Internet de las cosas y el aumento de las capacidades humanas a través de la robótica o la genética.
    Edición: Malu Barnuevo | Georghe Karja
    Texto: José L. Álvarez Cedena
    Transcripción de la conversación
    PEDRO DIEZMA
    00:18
    En el 2016 hemos visto aplicaciones como Pokémon Go, que han tenido mucho éxito y ha sido el inicio de llevar al público la realidad aumentada. Durante el próximo año veremos cada vez más empresa que utilizan en móviles y gafas inteligentes no solo realidad aumentada sino también realidad mixta. La realidad aumentada lo que hace es que en nuestra realidad pone piezas de información, pero son, por así decirlo, objetos que colocamos, pero la interactividad es muy limitada. La realidad mixta son gafas o móviles que tienen cámaras de profundidad que escanean todo nuestro entorno y sobre ese entorno colocan objetos virtuales en 3D. De tal forma que la interacción entre lo virtual y tu realidad queda perfectamente integrada. El futuro va a venir por lo que es la realidad mixta.
    PEDRO DIEZMA
    01:05
    Durante 2016 se han sacado dispositivos como el HTC o las Oculus Rift, el modelo final, o la Playstation VR. Entonces, el hardware ya lo tenemos y vamos a empezar a generar nuevos contenidos para darle un sentido a todos estos dispositivos y que lleguen al usuario. Pero no nos vamos a quedar ahí, porque realmente el potencial de la realidad virtual es la inmersión, es decir, sentir que estás en ese mundo. Entonces, si solamente cogemos dos sentidos, que son la vista y el oído, perdemos muchos otros. Pues en 2017 lo que veremos serán guantes que nos van a permitir tocar la realidad virtual, trajes, espacios virtuales donde nos podremos mover libremente en ese espacio… vamos a tener muchos complementos alrededor de la realidad virtual.
    PEDRO DIEZMA
    01:56
    En 2016 hemos visto que empresas como, por ejemplo, Pebble han desaparecido y sabemos que el hardware es complicado, sobre todo en relojes, y algunas empresas están empezando a ralentizar el lanzamiento de nuevos modelos. Pero sí es cierto que en 2017 va a haber otras empresas que van a empujar fuerte todo esto. Por ejemplo, Samsung o LG van a lanzar nuevos modelos y con diferentes gamas. Aunque la verdadera revolución de las pulseras fitness y relojes va a ser la incorporación de nuevos sensores. Vamos a ver cómo nos miden la presión sanguínea o la electricidad de la piel, y estos datos, que se aproximan más al ámbito médico, también los vamos a poder usar para mejorar nuestro historial médico y conocernos un poco mejor.
    PEDRO DIEZMA
    02:44
    La inteligencia artificial ya la estamos utilizando, ya tenemos dispositivos en el mercado como Amazon Echo o Google Home, que son asistentes virtuales que tenemos en nuestra casa, y les podemos hacer preguntas e incluso podemos controlar con nuestra voz diferentes elementos de nuestra casa como el termostato o incluso las luces. La interfaz del futuro va a venir por la voz, como medio de comunicarnos con esos bots, y luego hay un nuevo concepto que es el deep learning, que es que estos dispositivos, esta inteligencia artificial aprenda por sí sola.
    PEDRO DIEZMA
    03:18
    Internet of things al final son objetos conectados a la red para enviar información y poder hacer cosas. Ahí podemos tener drones conectados o robots conectados o plantas de producción conectadas. Internet of things es todo. Llegará un momento en que compremos unas zapatillas Nike que ya estén conectadas, o que nos pongamos un colgante que ya esté conectado con una serie de utilidades con nuestro reloj o nuestra chaqueta. Lo que vamos es a la hiperconectividad. Vamos a estar conectados con nuestro entorno, nuestro coche estará conectado, nuestro wearable estará conectado, nuestro móvil, por supuesto; pero también el entorno en el que nos movemos: nuestra casa… todo va a estar conectado. Esta conectividad a la que nos vamos a enfrentar en los próximos años va a generar ingentes cantidades de contenido que también vamos a tener que manejar y convivir con todo ello.
    PEDRO DIEZMA
    04:11
    Uno de los grandes movimientos que va a empezar es el del humano aumentado o empoderado utilizando la tecnología. Cuando hablamos de tecnología no hablamos de un chip que colocamos en el cerebro, sino que eso puede venir motivado tanto por la genética, la química, la electrónica o la mecánica. Podemos incorporar capacidades sobrehumanas a los humanos. Tenemos el biohacking, que lo que significa es incorporar objetos o chips a nuestro organismo. Vamos a poder, a nivel genético, cortar cadenas genéticas que nos puedan producir enfermedades, vamos a poder modificarnos genéticamente y darnos más capacidades, como el cansarnos menos; vamos a ser capaces de aprender cosas más rápido, incluyendo también la realidad virtual, con la que nos podemos poner unos cascos y aprender más rápido, potenciando también con cascos de estimulación. Pero será algo cuyo inicio veremos en 2017.
    12 min
  • A QUÉ ESPERAS...UN TEXTO DE RISTO MEJIDE
    A qué esperas. Sí, tú, no leas hacia otra parte. Mírame a las letras, que te estoy escribiendo a ti. Hoy me apetece cogerte por las solapas y sacudirte hasta despeinarte las cejas. Que a qué esperas, digo. Que igual no te has dado cuenta, pero desde que naces se te va la vida. Que igual no te has parado a pensar, que ya estamos en tiempo de descuento. Que el día menos pensado, alguien o algo nos dice que ya está. Que un día te vas, coño, que ese día podría ser ya.
    A qué esperas. Tu miedo te está ganando la partida. Cada segundo que dejas pasar sin hacerle frente, es un minipunto que sube a su marcador. Y la remontada se hace cada vez más difícil. Y aquí no hay prórrogas, ni tanda de penaltis, ni ná de ná. Recién acaba de empezar el partido y tú ya te estás metiendo goles en propia puerta. Y aún así me dirás que pretendes empatar.
    Que a qué esperas, te digo. Y aún te vas a creer que esto no va contigo. Nadie va a venir a buscarte. Nadie vendrá a sacarte de este letargo existencial al que llamas espera. Esperar para qué. Esperar hasta cuándo. O hasta quién. Nadie está pendiente de quien no tiene nada que hacer ni mucho menos de quien no demuestra que quiere hacerlo. La espera sólo va a hacerte más viejo, más agotado, menos ágil y más lejos de lo que realmente quieres, que te recuerdo que se mueve, que avanza, se va.
    No me digas que vendrán tiempos mejores. El mejor momento para hacer las cosas es ahora. No porque ahora sea mucho mejor que antes o después. Es porque es el único momento que realmente tienes. Lo demás es mentira. Lo demás vete tú a saber si volverá. Que no, que no te estoy diciendo que aproveches el tiempo, sino que dejes ya de esperar. Ni carpe diem ni leches. Que espabiles. Que venga, va.
    Esperar es decirle a tu vida que en realidad te van a sobrar días. Que ya se los podrían haber dado a otro. Porque tú no los piensas usar. Menudo desperdicio. Menuda decepción. Anda, aparta y deja sitio para los que vienen detrás. Porque jamás has estado solo, porque tú y tu generación tenéis sólo una ventana de oportunidad. Y por cierto, una edad. Estamos todos en una carrera de fondo a ritmo de sprint final: si no consigues que te persigan, te adelantarán.
    Que pase un tiempo prudencial, pensarás. Malas noticias, la prudencia ha muerto. La inmediatez es el nuevo estado de las cosas. La experiencia ya no es un grado, sino una cuenta atrás. Que la vida ocurre en directo, darling. Lo que llega tarde ya nadie lo escucha, ya ha pasado, ya no está. Y lo que no esté ocurriendo ahora es falso hasta que no se demuestre lo contrario. Y cuando se demuestre, será en otro ahora, será en otro ya.
    Con los años, además, te das cuenta de que la espontaneidad es lo único creíble, lo único real. Fíate sólo de lo que ocurra de forma espontánea y natural. De la gente que siempre dice lo que piensa, que suele ser la que no se para demasiado a pensar cómo te lo dirá. Hazlo o vivirás siempre colgado de un artificio. Hazlo o jamás volverás a escuchar ninguna verdad.
    Lo preparado es siempre fruto de alguna estrategia. O lo que es lo mismo, una conspiración. Y yo ya estoy cada vez más harto de conspirar. Creo en la gente que va de frente por la vida, la que no necesita estratagemas para triunfar. Si me quieres así, me adorarás. Y si no, eso es que nunca me has querido, ni me querrás.
    Por eso, te agarro hoy por las ganas y te digo que a qué esperas. Por eso te ruego que esto no lo leas como una amenaza. Que lo leas como un subidón vital. El que me da cada vez que me digo tira millas. El que siento cada vez que veo la suerte echada, que es lo mismo que ponerla a descansar. Porque ya no dependes de ella, porque ya no la esperas, porque ya te vas.
    A qué esperas. Dímelo porque cada vez estoy más convencido de estas dos frases que he dejado para el final.
    Morir es dejar la vida en espera.
    Vivir es decidir que la vas a buscar.
    6 min
  • CONSIDERACIONES GENERALES DEL INGLES VARIANTES, ESTANDARD, ACENTOS Y MUCHO MAS PARTE 2
    ¿Cuáles son las principales diferencias entre el inglés
    americano y el inglés británico?
    Aunque existen diferencias indudables entre el inglés americano y
    el británico, es importante no sobredimensionarlas ni exagerar
    tampoco la posible confusión que puedan provocar. Las diferencias
    gramaticales entre ambas variantes, por ejemplo, son mínimas, y las
    ortográficas no son tantas si tenemos en cuenta el número total de
    palabras al que nos referimos. Las semejanzas son mucho más numerosas
    y significativas que las diferencias.
    Como muchos aspectos de esas divergencias se comentan en las
    secciones correspondientes de este libro, presentamos aquí una visión
    general de las dos áreas que provocan mayor preocupación a
    los estudiantes de inglés.
    ? Vocabulario
    Es muy posible que si leemos uno o dos párrafos de, digamos, un
    libro de texto universitario, no estemos seguros de en qué variante
    del inglés está escrito. En efecto, aparte de las palabras que se tomaron
    prestadas, se crearon o se resucitaron del inglés antiguo para
    describir los distintas y novedosas realidades físicas de América
    (prairie, moose, pecan) y sus nuevos sistemas políticos y legales
    (statehouse, caucus, congressional), las diferencias de vocabulario
    entre el inglés británico y el americano suelen concentrarse en términos
    coloquiales de la vida diaria, como los nombres de alimentos:
    5.
    500_dudas_Ingles.indd 27 18/07/16 13:11
    28 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    UK USA
    mermelada jam jelly
    galleta biscuit cookie
    patatas fritas chips fries/french fries
    patatas fritas de bolsa crisps chips/potato chips
    berenjena aubergine eggplant
    calabacín courgette zucchini
    Algunos de estos términos cotidianos se corresponden con realidades
    más modernas:
    UK USA
    acera pavement sidewalk
    ascensor lift elevator
    autopista motorway highway
    camión lorry truck
    grifo tap faucet
    móvil mobile/mobile phone cell phone
    No obstante, se puede producir cierta confusión cuando en ambas
    variantes se usa la misma palabra pero con distintos significados. Los
    términos utilizados para designar algunas prendas de vestir aportan
    buenos ejemplos. En el inglés británico, pants es un término genérico
    que engloba todo tipo de calzoncillos y bragas, pero en el inglés americano
    pants son ‘pantalones’, lo que los británicos llaman trousers.
    Los hombres americanos usan suspenders (‘tirantes’) para sujetar sus
    pants (‘pantalones’), pero las mujeres británicas (¡y algunos hombres!)
    usan suspenders (‘ligas’) para sujetar sus stockings (‘medias’).
    Algo parecido puede suceder también en las jergas coloquiales: si alguien
    dice ‘I’m pissed’, quienes hablen inglés británico entenderán
    que está borracho y quienes hablen inglés americano creerán que
    está enfadado (lo que los británicos llamarían estar pissed off).
    Otras diferencias son, a menudo, el resultado de que una palabra
    se pierda, sea sustituida o cambie de significado. El inglés americano,
    por ejemplo, ha conservado fall y gotten —el británico prefiere
    500_dudas_Ingles.indd 28 18/07/16 13:11
    Cuestiones generales 29
    autumn y got— y ha conservado también significados más amplios
    de palabras como sick (‘enfermo’) y mad (‘enfadado’), mientras que,
    en la actualidad, el inglés británico suele limitar el significado de
    sick a ‘sentir náuseas’ y el de mad a ‘loco’.
    ? Pronunciación
    En términos generales, los americanos tienden a hablar más despacio
    y su entonación varía de una forma y en una amplitud de registro
    menos dinámica que la de los angloparlantes británicos. Pero las diferencias
    de sonidos son más difíciles de generalizar porque a ambos
    lados del Atlántico se han producido cambios en la pronunciación
    desde que los primeros colonos se hicieron a la mar. En el sur
    de Inglaterra, la aparición de la Received Pronunciation (pronunciación
    estándar del inglés británico), por ejemplo, hace que palabras
    como fast y car compartan el mismo sonido vocálico, mientras que
    en Estados Unidos y en el norte del Reino Unido, palabras como
    fast, grass y bath tienen un sonido vocálico más plano, parecido al
    sonido de la a en español. Entre los cambios en el inglés americano
    —que, al tener menos acentos es más homogéneo— se encuentra el
    hecho de que palabras como father y bother suelen pronunciarse
    con la misma vocal, igual que sucede con las palabras cot y caught.
    Los hablantes británicos, independientemente de su acento, tienen una
    clara tendencia a omitir más sonidos, o a acortarlos, que los hablantes
    americanos. Los británicos normalmente pronuncian necessary como
    /?nes.?.sri/,|, ate suena /et/ y la primera parte de leisure es siempre el
    sonido de la /e/ inglesa breve /?le??/, no el sonido largo /?li???r/.
    La ausencia general de un sonido /r/ después de vocal (que quiere
    decir que pronuncian /ti?t??/ en vez de /tit??r/) y un mayor uso del llamado
    glottal stop (‘oclusión glotal’, el modo que en que se separan las
    dos partes de oh oh) en palabras como bottle (que suena /?b?.?l/), también
    son características propias de quienes hablan inglés británico.
    El inglés americano, por su parte, en palabras como student, presume
    y new omite el sonido parecido al de la y de you que a menudo
    precede al de la u /u:/:
    student /?stu:d?nt/ (USA) /stju:d?nt/ (UK)
    presume /pr??zu:m/ (USA) /pr??zju?m/ (UK)
    new /nu:/ (USA) /nju:/ (UK)
    500_dudas_Ingles.indd 29 18/07/16 13:11
    30 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    El inglés británico no omite ese sonido, aunque en los últimos cincuenta
    años se ha venido observando que los británicos más jóvenes
    no pronuncian los sonidos separadamente, sino que tienden a una
    forma intermedia y nueva, de modo que tune y Tuesday empiezan
    con el mismo sonido de China: tune /t?u:n/ y Tuesday /?t?u:de?/.
    PARA SABER MÁS
    Sobre la palabra sick ? 104.
    Sobre el uso de got y gotten ? 230.
    Sobre la pronunciación de la r ? 481.
    ¿Por qué suenan tan mal los hispanohablantes
    cuando hablan inglés?
    En términos generales, no suenan mal. Como media, los hispanohablantes
    no suenan mucho peor que los estudiantes de inglés procedentes
    de otros países. Tienen determinados problemas, pero eso
    es algo que le pasa a todo el mundo en todas partes. Lo que sí es
    cierto es que los hispanohablantes suelen ser bastantes duros consigo
    mismos respecto a su pronunciación, lo cual sería comprensible
    si esta fuera ininteligible, pero eso casi nunca sucede.
    A menos que se aprenda un idioma siendo muy joven, y que se pase
    mucho tiempo escuchando antes de intentar hablar —conviene recordar
    que empezamos a captar los ritmos del habla de nuestra madre
    antes de nacer: ¡por algo se llama “lengua materna”!—, es poco
    probable que nadie que aprende una segunda lengua llegue a sonar
    como un hablante nativo, así que conviene moderar las expectativas.
    Si la gente puede entendernos sin esforzarse demasiado (se
    puede saber por la cara que ponen, o por el número de veces que
    nos piden que repitamos las cosas) entonces, seguramente, lo estaremos
    haciendo suficientemente bien.
    Si acaso, es posible que los hispanohablantes dediquen demasiado
    tiempo a preocuparse por sonidos concretos. Pero, aunque es verdad
    que es importante pronunciar bien determinados sonidos —la
    diferencia entre /b/ y /v/, por ejemplo, o el sonido vocálico /?:/ que
    se puede oír en palabras como learn, her, girl, work, and turn, por
    6.
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    Cuestiones generales 31
    citar otros casos—, hay que tener en cuenta que la posibilidad de
    que alguien piense que uno ha dicho bitch en lugar de beach —o casos
    parecidos que se podrían plantear con otras parejas de palabras—
    es más bien remota debido al contexto en el que dichos vocablos
    aparecen.
    Yesterday was sunny so we went to the bitch.
    My boss can be a real beach sometimes.
    Estas dos frases son claramente absurdas, y siempre se entendería
    que lo que se quiere decir es:
    Yesterday was sunny so we went to the beach.
    My boss can be a real bitch sometimes.
    Por lo general, a los hispanohablantes que aprenden inglés les sería
    más útil pensar en la acentuación de las palabras inglesas (word
    stress) —se pronuncia resPONsible, no responSIble, por ejemplo— y
    en el ritmo del inglés. Los problemas con la acentuación en inglés
    suelen deberse a la aplicación a las palabras inglesas de patrones tó-
    nicos similares a los del español, cuando la palabra se parece en los
    dos idiomas, o al intento de pronunciar todas sus letras (en inglés,
    chocolate se pronuncia /?t??k.l?t/, con dos sílabas, no /?t??.k??.l?t/,
    con tres sílabas.
    Por su parte, el ritmo del inglés es, en gran medida, el resultado de
    algo parecido. En inglés, algunas palabras, especialmente aquellas
    cuya relevancia no se debe tanto a su significado sino a la función
    gramatical que desempeñan, no se suelen pronunciar con la misma
    fuerza que las palabras portadoras de significado. Una forma rápida
    y bastante aproximada de comprobarlo es entonar una frase al estilo
    Tarzán (Jane go home, por ejemplo). En la versión gramaticalmente
    correcta de esta misma frase (Jane is going home), son precisamente
    las palabras que elegiría Tarzán las que se pronuncian con
    mayor intensidad: JANE is GOing HOME.
    Una de las mejores maneras de practicar el ritmo del idioma es cantar
    canciones que tienen un ritmo muy marcado. El coro de Get
    Lucky, el tema que sacaron los Daft Punk hace algunos años, es un
    buen ejemplo; pero la mayor parte de la música disco, funk o dance
    es ideal para esto. ¡No hace falta decir que el mejor lugar para practicar
    es cuando vamos solos en el coche!
    16 min
  • Consideraciones generales del inglÉs variantes, acentos y mucho mas parte 1
    En el inglés, ¿quién decide lo que está bien y lo que está mal?
    El inglés no tiene una institución como la Real Academia Española
    y nunca la ha tenido, así que podría decirse que nadie decide lo que
    es correcto o incorrecto.
    Sin embargo, esta respuesta nos obliga a explicar en qué se basa un
    profesor de inglés, o nosotros mismos, los autores de este libro, para
    decir que una cosa está bien y otra mal. De modo que, tal vez, una mejor
    respuesta sería que todos y cada uno de los miembros de la comunidad
    angloparlante deciden. Eso no significa que uno pueda decir o
    escribir lo que se le ocurra. Significa que existe un consenso general
    sobre lo que es aceptable o no para quienes hablamos inglés.
    Como es fácil imaginar, un consenso general entre 360 millones de
    hablantes nativos no es algo perfectamente claro ni estructurado.
    Por ejemplo, la -s de la tercera persona en el present simple (he
    walks, no
    he walk) no cumple realmente ninguna función, pues, a
    diferencia del español, en inglés siempre tenemos las palabras he,
    she o it para indicar de quién estamos hablando. Este desorden no
    debería llevar a la conclusión de que el inglés es un idioma completamente
    carente de lógica. Incluso la ortografía inglesa, que es evidentemente
    compleja y difícil de dominar, en realidad tiene muy
    pocas excepciones auténticas (unas 400) y muchas de ellas han terminado
    siendo excepciones por distintas razones históricas, pero
    no siempre lo fueron.
    Sin embargo, aunque tal vez de una manera algo desordenada, los
    angloparlantes sí comparten una idea —y generalmente con gran
    convicción— de lo que es inglés y de lo que no lo es. Todos perciben
    la diferencia entre decir She’s done it y She’s been doing it, por ejemplo.
    O por qué being on time y being in time no son la misma cosa.
    1.
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    20 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    Y que
    It enough is no es correcto, pero It is enough sí lo es. Ese consenso
    significa que sí es posible hablar de la existencia de algo llamado
    “inglés estándar”.
    Evidentemente, al tratarse de un grupo de hablantes tan extenso
    existen variaciones, como también le ocurre al español. Lo que se
    considera aceptable en el inglés escrito no es necesariamente aceptable
    en el inglés hablado, y las distintas comunidades angloparlantes
    —de entre las cuales la del inglés americano y la del inglés británico
    son las más numerosas— discrepan en algunos aspectos. Sin
    embargo, eso solo significa que existe un estándar para el inglés hablado
    y otro para el escrito, y un estándar para el inglés americano
    y otro para el británico. Las semejanzas subyacentes entre todas
    esas variantes bastan para considerar que todas ellas son formas
    aceptables del inglés.
    Sobra señalar que no todos y cada uno de los angloparlantes se preocupan
    tanto por este tema, o se consideran cualificados, para estar
    constantemente diciendo lo que es o no es aceptable en inglés. A la
    hora de juzgar si el significado o el uso de una palabra son correctos,
    el hecho de que aparezcan recogidos en un buen diccionario
    suele considerarse una señal de que pertenecen al inglés estándar.
    Dicho esto, la verdad es que los diccionarios no suelen comentar
    cuestiones gramaticales; solo incluyen palabras, usos y significados
    cuando un número significativo de angloparlantes ya los utiliza.
    Describen, más que prescriben.
    En algunos casos, la gente también se guía por los manuales o libros
    de estilo. Estos pueden ser muy útiles, pero cubren un campo limitado:
    el del inglés académico o periodístico, por ejemplo. Y, como la
    palabra estilo sugiere, son más subjetivos que objetivos: un manual
    de estilo puede preferir OK, otro O.K. y un tercero okay.
    Así pues, decir lo que está bien o mal en inglés no siempre es sencillo:
    nadie lo decide, pero al mismo tiempo todo el mundo lo hace.
    Existen distintos tipos de inglés, y distintos contextos y opiniones
    a tener en cuenta. Todo lo cual viene a significar que, aunque hay
    cosas que ningún angloparlante diría —y que son, por tanto, claramente
    inaceptables— en muchos casos lo que existe son grados de
    aceptabilidad a considerar.
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    Cuestiones generales 21
    Para los estudiantes de inglés, lo mejor es empezar con lo que mayoritariamente
    es considerado aceptable y, por tanto, inglés estándar.
    A medida que vayan progresando podrán empezar a pensar qué
    tipos de inglés —hablado, escrito, británico o americano— serán de
    mayor utilidad para ellos y, en consecuencia, priorizar su aprendizaje
    de acuerdo con esas necesidades. Un buen profesor de inglés,
    al igual que un buen libro de consulta, solo puede ofrecerles la información
    que les ayude a tomar esas decisiones y a ser consecuentes
    con estas, pero, en último caso, son los estudiantes los que tienen
    que decidir qué variedad del inglés es la adecuada para ellos.
    PARA SABER MÁS
    Sobre la diferencia ente on time e in time ? 321.
    Sobre la diferencia entre el present perfect y el present perfect continuous ?179.
    Sobre OK, O.K. y okay ? 494.
    ¿Por qué no tiene el inglés algo parecido
    a la Real Academia Española?
    Lo más cerca que estuvo el inglés de tener una Real Academia fue a
    principios del siglo XVIII, época que coincide con la de la fundación
    de la Real Academia Española, en 1713. Aquellos que presionaban
    para que el inglés tuviera una academia eran, como en el caso de
    España, los influidos por los modelos de la Académie française
    (1635) y la Accademia della Crusca (1582) italiana y los que compartían
    la creencia generalizada en la época de que ordenándolo y catalogándolo
    todo —desde la historia natural hasta el comercio, pasando
    por la ciencia y el arte— podrían comprenderlo y controlarlo.
    Esa búsqueda de orden y estabilidad era muy comprensible en los
    británicos, que seguían teniendo muy presentes en la memoria una
    larga serie de grandes turbulencias. A las guerras de los Tres Reinos,
    que habían terminado en 1651, les siguió la restauración de la
    monarquía con Carlos II, en 1660, y no mucho después, en 1688, la
    Revolución Gloriosa. Este último acontecimiento estableció finalmente
    tanto el poder del Parlamento como el de la Iglesia Anglicana,
    además de influir en la revuelta de Boston de 1689, que puso en
    marcha los acontecimientos que llevaron a la Guerra de Indepen-
    2.
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    22 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    dencia americana, un siglo más tarde. Además, el aumento de la alfabetización
    entre la población preocupaba a las clases gobernantes,
    que pensaban que este hecho podría empeorar las cosas todavía
    más. Por ello aumentó el deseo por parte de dichas clases gobernantes
    de controlar la lengua.
    El deseo de estandarizar y regular el inglés también se vio alimentado
    por algo que hoy en día resulta familiar: la percepción de que
    el idioma había empeorado respecto a lo que había sido en el pasado.
    De un modo muy parecido a lo que ocurre en la actualidad, había
    gente que se quejaba de que los neologismos que se iban incorporando
    y la jerga coloquial estaban destruyendo el idioma. En
    aquella época, la preocupación estaba relacionada con la tendencia
    a acortar las palabras —tal y como se observaba en la reducción de
    los tiempos verbales de pasado a una sola sílaba (por ejemplo, pronunciar
    loved como /l?vd/, en lugar de /l?v.ed/, o usar extra, en lugar
    de la versión completa extraordinary— y el creciente uso de palabras
    nuevas como bully y mob. El hecho de que, actualmente,
    todas ellas formen parte del inglés estándar explica por qué se acabó
    pensando que la existencia de una academia era, si no inútil, al
    menos innecesaria.
    En 1712, el conocido autor Jonathan Swift escribió A Proposal for
    Correcting, Improving and Ascertaining the English Tongue, donde
    planteaba la necesidad de crear una Real Academia para regular el
    inglés. Sin embargo, pese a representar la culminación de un movimiento
    bastante popular, acabó en nada, seguramente debido a que
    la corte estaba más preocupada por la enfermedad y posterior
    muerte de la reina Ana Estuardo en 1714.
    Sin embargo, aunque se perdió esa oportunidad, los intentos de estandarizar
    y regular el inglés no se detuvieron. En 1775, Samuel Johnson
    publicó el primer gran diccionario de la lengua inglesa —en
    cuya introducción, curiosamente, dejó escrito: “Tongues, like governments,
    have a natural tendency to degeneration” (‘Las lenguas,
    como los gobiernos, tienen una tendencia natural hacia la degeneración’)—
    y los intentos de establecer normas gramaticales continuaron.
    No cabe duda de que esa labor tuvo considerables efectos
    positivos: muchas de las normas implantadas en ese período todavía
    regulan lo que se considera correcto o incorrecto en la actualidad.
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    Cuestiones generales 23
    Sin embargo, también es verdad que algunas de esas decisiones fueron
    algo arbitrarias, y que la tendencia a recurrir al latín y al francés
    como referentes, en lugar de partir del uso real del inglés, generó
    una considerable confusión y bastantes anomalías; una de las más
    persistentes fue, quizás, la alteración de significado experimentada
    por will y shall y su catalogación como formas de futuro verbal. Por
    consiguiente, no resulta sorprendente que la tendencia empezara a
    cambiar. En efecto, la idea de que la lengua se encuentra en un
    constante estado de cambio —y que por ello las autoridades deben
    conformarse con describir, en lugar de intentar controlar y regular—
    ya empezaba a oírse en la década de 1760, en voces como las de
    Joseph Priestly y George Campbell.
    En la actualidad no existe el menor deseo de contar con algún tipo
    de organismo encargado de regular o estandarizar el inglés, lo cual
    seguramente tiene menos que ver con la sensación de que dicha
    institución apenas conseguiría retrasar los cambios —en el mejor de
    los casos— que con el rechazo general a los reguladores, como
    ejemplifica la cultura del libre mercado de la economía anglosajona.
    Existe, evidentemente, un determinado número de personas
    que piensan que los neologismos y la jerga coloquial están destruyendo
    el inglés y añoran unos tiempos en los que el inglés era mucho
    mejor que el que tenemos ahora, tiempos que, curiosamente,
    siempre coinciden con sus años de infancia. Sin embargo, después
    de haberse comprobado en la práctica que un organismo de este
    tipo puede resultar inútil a la hora de conseguir sus objetivos (en
    España lo vemos muy claramente por las protestas que levanta cada
    cambio introducido por la RAE), todo el mundo se conforma con
    discutir sobre lo que está bien o mal en inglés —y sobre lo que haga
    falta— en bares, pubs, columnas de prensa y foros de internet, con
    la seguridad que proporciona saber que, en realidad, la discusión
    tendrá muy pocas consecuencias.
    PARA SABER MÁS
    Sobre el uso de shall ? 206.
    Sobre el uso de will ? 185, 186.
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    24 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    ¿Dónde se habla el mejor inglés?
    El inglés carece de un referente de calidad absoluta respecto al cual
    se puedan evaluar las distintas variantes del idioma, de modo que
    es imposible decir que un grupo de angloparlantes nativos habla un
    inglés mejor que el de otro grupo de angloparlantes nativos.
    A diferencia de muchas otras lenguas (el castellano respecto a Castilla,
    por ejemplo), el inglés no puede asociarse a una determinada
    zona del Reino Unido y eso significa que no se puede pensar que el
    inglés que allí se habla pueda ser considerado mejor o más puro, de
    ninguna de las maneras. El inglés originario fue una mezcla de dialectos
    que distintas tribus germánicas trajeron al territorio que actualmente
    configura el Reino Unido (no solo Inglaterra) en torno al
    siglo V y que, de forma natural, se mezclaron con la lengua celta de
    los conquistados. La posterior y considerable influencia de vikingos
    y normandos —por nombrar solo dos aportaciones— sobre el inglés
    tampoco se puede asociar a ninguna zona concreta del Reino Unido.
    De hecho, incluso en nuestros días, cuando el inglés que se habla
    a lo largo y ancho de las islas británicas ha alcanzado el mayor grado
    de homogeneidad que ha tenido nunca, persisten antiguas diferencias
    regionales, especialmente en pronunciación. Los orígenes
    de muchos de esos dialectos y coloquialismos locales también se
    remontan a la época de la invasión vikinga, lo que significa que no
    se les puede considerar menos auténticos que el inglés moderno
    que, de manera mayoritaria, hablan los británicos de la actualidad.
    La cantidad y amplitud de los cambios experimentados por el inglés
    británico en los últimos trescientos años, aproximadamente, invalidan
    también los intentos de presentar al inglés americano como
    más moderno o inferior al inglés que se habla en Gran Bretaña. El
    uso americano de gotten, y la pronunciación americana de una expresión
    como hard winter /hard w?nt?r/ son en realidad más antiguos
    que el got del inglés británico y la pronunciación de la misma
    expresión (/ha:d wint?/) en gran parte de Inglaterra.
    A pesar de todo, podemos encontrar británicos que, con aire de
    superioridad, declararán que el inglés americano es inferior. Pueden
    llegar a decir que ellos fly off the handle (‘perder los estribos’,
    ‘ponerse como locos’) cuando detectan el uso de americanismos en
    el inglés británico y que se niegan a sit on the fence (‘no mojarse’,
    3.
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    Cuestiones generales 25
    ‘mirar los toros desde la barrera’), sin darse cuenta de que esas dos
    expresiones, además de muchas otras, son, en realidad, de origen
    americano. En efecto, la aportación del inglés americano al vocabulario
    cotidiano del inglés británico es tan amplia que las acusaciones
    de inferioridad resultan poco convincentes: si el inglés americano
    es tan inferior, ¿por qué adopta el británico tantas palabras y
    expresiones suyas? Además de crear nuevos verbos a partir de sustantivos
    ya existentes (exit, feature, interview, pressure), o de recuperar
    palabras que el inglés británico había perdido (hire, quit, overly;
    y la frase I guess), hay muchas creaciones americanas que
    actualmente forman parte del inglés estándar británico de todos los
    días (babysitting, bossy, cafeteria, commuter, cute, disc jockey [DJ],
    intern, punk, seafood, tuxedo).
    Por otra parte, ahí está la literatura americana, que ha dado autores
    como Emily Dickinson, Robert Frost, Maya Angelou, Herman Melville,
    Edgar Allen Poe, John Steinbeck, Mark Twain, Toni Morrison,
    Allen Ginsberg, Harper Lee y Walt Whitman —por nombrar solo a
    unos pocos— que salen más que bien parados en cualquier comparación
    con autores británicos; algo que demuestra, sobre todo, que,
    en manos de la persona adecuada, cualquier variante del inglés puede
    ser fresca, hermosa y estimulante.
    PARA SABER MÁS
    Sobre la pronunciación de la r ? 381.
    Sobre el uso de got y gotten ? 230.
    ¿Es mejor aprender inglés americano o inglés británico?
    Depende enteramente de los intereses de cada uno. La idea de que
    una variante de un idioma es intrínsecamente mejor que otra es un
    error, generalmente basado en diversos prejuicios y falacias. Los
    angloparlantes británicos expresan perfectamente lo que quieren
    decir, al igual que los angloparlantes americanos, y ambos colectivos
    se comunican constantemente el uno con el otro sin mayor dificultad.
    De hecho, es más probable que el londinense medio diga
    que le cuesta más entender a alguien con un marcado acento de
    Newcastle que a alguien con acento de Nueva York.
    4.
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    26 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    Hablando de acentos: a menos que uno sea muy joven, es poco probable
    que se adquiera un acento especialmente británico o americano,
    así que basar la decisión en el acento no es el mejor punto de
    partida. Esto no es una mala noticia —Antonio Banderas y Penélope
    Cruz han ganado millones hablando un inglés que no suena ni británico
    ni americano—; decimos, simplemente, que existen factores
    más realistas e importantes a considerar que pretender sonar como
    Benedict Cumberbatch o Scarlett Johansson.
    Un factor importante es tener acceso al idioma, y está claro que es
    bastante fácil oír y leer inglés americano. Es la variante que predomina
    en internet, y la mayoría de las películas y las series de televisión
    que vemos —o queremos ver— se hacen en Estados Unidos.
    Para cualquiera que quiera aprender inglés esto supone una gran
    ventaja: nunca ha sido más fácil acceder a un inglés real, natural y
    contemporáneo. Es verdad que el inglés británico tampoco es difícil
    de encontrar en la red, o en películas y series televisivas, pero la sola
    cantidad de inglés americano que circula por ahí supone, en efecto,
    una diferencia: en España, pocos profesores de inglés tienen que
    enseñar el significado de la palabra cookie, pero sí tienen que hacerlo
    con biscuit, su equivalente británica.
    Dicho esto, la razón por la que la palabra biscuit aparece en las clases
    de inglés es porque, en España, los profesores —nativos o no—
    suelen hablar inglés británico, lo que significa que los libros de texto,
    diccionarios, etc., suelen centrarse en la variante británica. Esa
    es la razón por la que muchos de los españoles que estudian inglés
    tienen más facilidad para entender el inglés británico: el lugar donde
    lo escuchan con mayor atención es en clase de inglés y el profesor
    habla normalmente con acento británico.
    Por razones meramente geográficas, se puede decir lo mismo del
    resto de Europa. El resultado es que si hablamos con un cliente de
    Frankfurt, Oslo o Roma, lo más probable es que a ellos también les
    resulte más familiar el inglés británico. Eso no significa que las diferencias
    entre ambas variantes sean excesivas o que, en realidad,
    no se acabe hablando el llamado International English: una forma
    de inglés que ya tiene en cuenta el hecho de que ninguno de los interlocutores
    es hablante nativo y que, por tanto, no siempre se ajustará
    a lo que un hablante nativo considera estándar.
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    Cuestiones generales 27
    No obstante, para la mayoría de los estudiantes de inglés, el International
    English es más un resultado que un objetivo: la gente quiere
    hablar inglés estándar y, aunque saben que cometen errores, su
    objetivo es no cometerlos. Donde más claramente queda esto de
    manifiesto es en los exámenes: nunca favorecen ni discriminan al
    inglés británico o al americano. De hecho, lo que todos los examinadores
    buscan es la coherencia: o inglés británico o inglés americano,
    pero no una mezcla de los dos. Puede que esto no nos ayude a
    decidirnos, pero al menos sirve de consejo para que, si aún no hemos
    tomado una decisión, sepamos que, probablemente, en algún
    momento tendremos que hacerlo.En el inglés, ¿quién decide lo que está bien y lo que está mal?
    El inglés no tiene una institución como la Real Academia Española
    y nunca la ha tenido, así que podría decirse que nadie decide lo que
    es correcto o incorrecto.
    Sin embargo, esta respuesta nos obliga a explicar en qué se basa un
    profesor de inglés, o nosotros mismos, los autores de este libro, para
    decir que una cosa está bien y otra mal. De modo que, tal vez, una mejor
    respuesta sería que todos y cada uno de los miembros de la comunidad
    angloparlante deciden. Eso no significa que uno pueda decir o
    escribir lo que se le ocurra. Significa que existe un consenso general
    sobre lo que es aceptable o no para quienes hablamos inglés.
    Como es fácil imaginar, un consenso general entre 360 millones de
    hablantes nativos no es algo perfectamente claro ni estructurado.
    Por ejemplo, la -s de la tercera persona en el present simple (he
    walks, no
    he walk) no cumple realmente ninguna función, pues, a
    diferencia del español, en inglés siempre tenemos las palabras he,
    she o it para indicar de quién estamos hablando. Este desorden no
    debería llevar a la conclusión de que el inglés es un idioma completamente
    carente de lógica. Incluso la ortografía inglesa, que es evidentemente
    compleja y difícil de dominar, en realidad tiene muy
    pocas excepciones auténticas (unas 400) y muchas de ellas han terminado
    siendo excepciones por distintas razones históricas, pero
    no siempre lo fueron.
    Sin embargo, aunque tal vez de una manera algo desordenada, los
    angloparlantes sí comparten una idea —y generalmente con gran
    convicción— de lo que es inglés y de lo que no lo es. Todos perciben
    la diferencia entre decir She’s done it y She’s been doing it, por ejemplo.
    O por qué being on time y being in time no son la misma cosa.
    1.
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    20 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    Y que
    It enough is no es correcto, pero It is enough sí lo es. Ese consenso
    significa que sí es posible hablar de la existencia de algo llamado
    “inglés estándar”.
    Evidentemente, al tratarse de un grupo de hablantes tan extenso
    existen variaciones, como también le ocurre al español. Lo que se
    considera aceptable en el inglés escrito no es necesariamente aceptable
    en el inglés hablado, y las distintas comunidades angloparlantes
    —de entre las cuales la del inglés americano y la del inglés británico
    son las más numerosas— discrepan en algunos aspectos. Sin
    embargo, eso solo significa que existe un estándar para el inglés hablado
    y otro para el escrito, y un estándar para el inglés americano
    y otro para el británico. Las semejanzas subyacentes entre todas
    esas variantes bastan para considerar que todas ellas son formas
    aceptables del inglés.
    Sobra señalar que no todos y cada uno de los angloparlantes se preocupan
    tanto por este tema, o se consideran cualificados, para estar
    constantemente diciendo lo que es o no es aceptable en inglés. A la
    hora de juzgar si el significado o el uso de una palabra son correctos,
    el hecho de que aparezcan recogidos en un buen diccionario
    suele considerarse una señal de que pertenecen al inglés estándar.
    Dicho esto, la verdad es que los diccionarios no suelen comentar
    cuestiones gramaticales; solo incluyen palabras, usos y significados
    cuando un número significativo de angloparlantes ya los utiliza.
    Describen, más que prescriben.
    En algunos casos, la gente también se guía por los manuales o libros
    de estilo. Estos pueden ser muy útiles, pero cubren un campo limitado:
    el del inglés académico o periodístico, por ejemplo. Y, como la
    palabra estilo sugiere, son más subjetivos que objetivos: un manual
    de estilo puede preferir OK, otro O.K. y un tercero okay.
    Así pues, decir lo que está bien o mal en inglés no siempre es sencillo:
    nadie lo decide, pero al mismo tiempo todo el mundo lo hace.
    Existen distintos tipos de inglés, y distintos contextos y opiniones
    a tener en cuenta. Todo lo cual viene a significar que, aunque hay
    cosas que ningún angloparlante diría —y que son, por tanto, claramente
    inaceptables— en muchos casos lo que existe son grados de
    aceptabilidad a considerar.
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    Cuestiones generales 21
    Para los estudiantes de inglés, lo mejor es empezar con lo que mayoritariamente
    es considerado aceptable y, por tanto, inglés estándar.
    A medida que vayan progresando podrán empezar a pensar qué
    tipos de inglés —hablado, escrito, británico o americano— serán de
    mayor utilidad para ellos y, en consecuencia, priorizar su aprendizaje
    de acuerdo con esas necesidades. Un buen profesor de inglés,
    al igual que un buen libro de consulta, solo puede ofrecerles la información
    que les ayude a tomar esas decisiones y a ser consecuentes
    con estas, pero, en último caso, son los estudiantes los que tienen
    que decidir qué variedad del inglés es la adecuada para ellos.
    PARA SABER MÁS
    Sobre la diferencia ente on time e in time ? 321.
    Sobre la diferencia entre el present perfect y el present perfect continuous ?179.
    Sobre OK, O.K. y okay ? 494.
    ¿Por qué no tiene el inglés algo parecido
    a la Real Academia Española?
    Lo más cerca que estuvo el inglés de tener una Real Academia fue a
    principios del siglo XVIII, época que coincide con la de la fundación
    de la Real Academia Española, en 1713. Aquellos que presionaban
    para que el inglés tuviera una academia eran, como en el caso de
    España, los influidos por los modelos de la Académie française
    (1635) y la Accademia della Crusca (1582) italiana y los que compartían
    la creencia generalizada en la época de que ordenándolo y catalogándolo
    todo —desde la historia natural hasta el comercio, pasando
    por la ciencia y el arte— podrían comprenderlo y controlarlo.
    Esa búsqueda de orden y estabilidad era muy comprensible en los
    británicos, que seguían teniendo muy presentes en la memoria una
    larga serie de grandes turbulencias. A las guerras de los Tres Reinos,
    que habían terminado en 1651, les siguió la restauración de la
    monarquía con Carlos II, en 1660, y no mucho después, en 1688, la
    Revolución Gloriosa. Este último acontecimiento estableció finalmente
    tanto el poder del Parlamento como el de la Iglesia Anglicana,
    además de influir en la revuelta de Boston de 1689, que puso en
    marcha los acontecimientos que llevaron a la Guerra de Indepen-
    2.
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    22 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    dencia americana, un siglo más tarde. Además, el aumento de la alfabetización
    entre la población preocupaba a las clases gobernantes,
    que pensaban que este hecho podría empeorar las cosas todavía
    más. Por ello aumentó el deseo por parte de dichas clases gobernantes
    de controlar la lengua.
    El deseo de estandarizar y regular el inglés también se vio alimentado
    por algo que hoy en día resulta familiar: la percepción de que
    el idioma había empeorado respecto a lo que había sido en el pasado.
    De un modo muy parecido a lo que ocurre en la actualidad, había
    gente que se quejaba de que los neologismos que se iban incorporando
    y la jerga coloquial estaban destruyendo el idioma. En
    aquella época, la preocupación estaba relacionada con la tendencia
    a acortar las palabras —tal y como se observaba en la reducción de
    los tiempos verbales de pasado a una sola sílaba (por ejemplo, pronunciar
    loved como /l?vd/, en lugar de /l?v.ed/, o usar extra, en lugar
    de la versión completa extraordinary— y el creciente uso de palabras
    nuevas como bully y mob. El hecho de que, actualmente,
    todas ellas formen parte del inglés estándar explica por qué se acabó
    pensando que la existencia de una academia era, si no inútil, al
    menos innecesaria.
    En 1712, el conocido autor Jonathan Swift escribió A Proposal for
    Correcting, Improving and Ascertaining the English Tongue, donde
    planteaba la necesidad de crear una Real Academia para regular el
    inglés. Sin embargo, pese a representar la culminación de un movimiento
    bastante popular, acabó en nada, seguramente debido a que
    la corte estaba más preocupada por la enfermedad y posterior
    muerte de la reina Ana Estuardo en 1714.
    Sin embargo, aunque se perdió esa oportunidad, los intentos de estandarizar
    y regular el inglés no se detuvieron. En 1775, Samuel Johnson
    publicó el primer gran diccionario de la lengua inglesa —en
    cuya introducción, curiosamente, dejó escrito: “Tongues, like governments,
    have a natural tendency to degeneration” (‘Las lenguas,
    como los gobiernos, tienen una tendencia natural hacia la degeneración’)—
    y los intentos de establecer normas gramaticales continuaron.
    No cabe duda de que esa labor tuvo considerables efectos
    positivos: muchas de las normas implantadas en ese período todavía
    regulan lo que se considera correcto o incorrecto en la actualidad.
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    Cuestiones generales 23
    Sin embargo, también es verdad que algunas de esas decisiones fueron
    algo arbitrarias, y que la tendencia a recurrir al latín y al francés
    como referentes, en lugar de partir del uso real del inglés, generó
    una considerable confusión y bastantes anomalías; una de las más
    persistentes fue, quizás, la alteración de significado experimentada
    por will y shall y su catalogación como formas de futuro verbal. Por
    consiguiente, no resulta sorprendente que la tendencia empezara a
    cambiar. En efecto, la idea de que la lengua se encuentra en un
    constante estado de cambio —y que por ello las autoridades deben
    conformarse con describir, en lugar de intentar controlar y regular—
    ya empezaba a oírse en la década de 1760, en voces como las de
    Joseph Priestly y George Campbell.
    En la actualidad no existe el menor deseo de contar con algún tipo
    de organismo encargado de regular o estandarizar el inglés, lo cual
    seguramente tiene menos que ver con la sensación de que dicha
    institución apenas conseguiría retrasar los cambios —en el mejor de
    los casos— que con el rechazo general a los reguladores, como
    ejemplifica la cultura del libre mercado de la economía anglosajona.
    Existe, evidentemente, un determinado número de personas
    que piensan que los neologismos y la jerga coloquial están destruyendo
    el inglés y añoran unos tiempos en los que el inglés era mucho
    mejor que el que tenemos ahora, tiempos que, curiosamente,
    siempre coinciden con sus años de infancia. Sin embargo, después
    de haberse comprobado en la práctica que un organismo de este
    tipo puede resultar inútil a la hora de conseguir sus objetivos (en
    España lo vemos muy claramente por las protestas que levanta cada
    cambio introducido por la RAE), todo el mundo se conforma con
    discutir sobre lo que está bien o mal en inglés —y sobre lo que haga
    falta— en bares, pubs, columnas de prensa y foros de internet, con
    la seguridad que proporciona saber que, en realidad, la discusión
    tendrá muy pocas consecuencias.
    PARA SABER MÁS
    Sobre el uso de shall ? 206.
    Sobre el uso de will ? 185, 186.
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    24 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    ¿Dónde se habla el mejor inglés?
    El inglés carece de un referente de calidad absoluta respecto al cual
    se puedan evaluar las distintas variantes del idioma, de modo que
    es imposible decir que un grupo de angloparlantes nativos habla un
    inglés mejor que el de otro grupo de angloparlantes nativos.
    A diferencia de muchas otras lenguas (el castellano respecto a Castilla,
    por ejemplo), el inglés no puede asociarse a una determinada
    zona del Reino Unido y eso significa que no se puede pensar que el
    inglés que allí se habla pueda ser considerado mejor o más puro, de
    ninguna de las maneras. El inglés originario fue una mezcla de dialectos
    que distintas tribus germánicas trajeron al territorio que actualmente
    configura el Reino Unido (no solo Inglaterra) en torno al
    siglo V y que, de forma natural, se mezclaron con la lengua celta de
    los conquistados. La posterior y considerable influencia de vikingos
    y normandos —por nombrar solo dos aportaciones— sobre el inglés
    tampoco se puede asociar a ninguna zona concreta del Reino Unido.
    De hecho, incluso en nuestros días, cuando el inglés que se habla
    a lo largo y ancho de las islas británicas ha alcanzado el mayor grado
    de homogeneidad que ha tenido nunca, persisten antiguas diferencias
    regionales, especialmente en pronunciación. Los orígenes
    de muchos de esos dialectos y coloquialismos locales también se
    remontan a la época de la invasión vikinga, lo que significa que no
    se les puede considerar menos auténticos que el inglés moderno
    que, de manera mayoritaria, hablan los británicos de la actualidad.
    La cantidad y amplitud de los cambios experimentados por el inglés
    británico en los últimos trescientos años, aproximadamente, invalidan
    también los intentos de presentar al inglés americano como
    más moderno o inferior al inglés que se habla en Gran Bretaña. El
    uso americano de gotten, y la pronunciación americana de una expresión
    como hard winter /hard w?nt?r/ son en realidad más antiguos
    que el got del inglés británico y la pronunciación de la misma
    expresión (/ha:d wint?/) en gran parte de Inglaterra.
    A pesar de todo, podemos encontrar británicos que, con aire de
    superioridad, declararán que el inglés americano es inferior. Pueden
    llegar a decir que ellos fly off the handle (‘perder los estribos’,
    ‘ponerse como locos’) cuando detectan el uso de americanismos en
    el inglés británico y que se niegan a sit on the fence (‘no mojarse’,
    3.
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    Cuestiones generales 25
    ‘mirar los toros desde la barrera’), sin darse cuenta de que esas dos
    expresiones, además de muchas otras, son, en realidad, de origen
    americano. En efecto, la aportación del inglés americano al vocabulario
    cotidiano del inglés británico es tan amplia que las acusaciones
    de inferioridad resultan poco convincentes: si el inglés americano
    es tan inferior, ¿por qué adopta el británico tantas palabras y
    expresiones suyas? Además de crear nuevos verbos a partir de sustantivos
    ya existentes (exit, feature, interview, pressure), o de recuperar
    palabras que el inglés británico había perdido (hire, quit, overly;
    y la frase I guess), hay muchas creaciones americanas que
    actualmente forman parte del inglés estándar británico de todos los
    días (babysitting, bossy, cafeteria, commuter, cute, disc jockey [DJ],
    intern, punk, seafood, tuxedo).
    Por otra parte, ahí está la literatura americana, que ha dado autores
    como Emily Dickinson, Robert Frost, Maya Angelou, Herman Melville,
    Edgar Allen Poe, John Steinbeck, Mark Twain, Toni Morrison,
    Allen Ginsberg, Harper Lee y Walt Whitman —por nombrar solo a
    unos pocos— que salen más que bien parados en cualquier comparación
    con autores británicos; algo que demuestra, sobre todo, que,
    en manos de la persona adecuada, cualquier variante del inglés puede
    ser fresca, hermosa y estimulante.
    PARA SABER MÁS
    Sobre la pronunciación de la r ? 381.
    Sobre el uso de got y gotten ? 230.
    ¿Es mejor aprender inglés americano o inglés británico?
    Depende enteramente de los intereses de cada uno. La idea de que
    una variante de un idioma es intrínsecamente mejor que otra es un
    error, generalmente basado en diversos prejuicios y falacias. Los
    angloparlantes británicos expresan perfectamente lo que quieren
    decir, al igual que los angloparlantes americanos, y ambos colectivos
    se comunican constantemente el uno con el otro sin mayor dificultad.
    De hecho, es más probable que el londinense medio diga
    que le cuesta más entender a alguien con un marcado acento de
    Newcastle que a alguien con acento de Nueva York.
    4.
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    26 Las 500 dudas más frecuentes del inglés
    Hablando de acentos: a menos que uno sea muy joven, es poco probable
    que se adquiera un acento especialmente británico o americano,
    así que basar la decisión en el acento no es el mejor punto de
    partida. Esto no es una mala noticia —Antonio Banderas y Penélope
    Cruz han ganado millones hablando un inglés que no suena ni británico
    ni americano—; decimos, simplemente, que existen factores
    más realistas e importantes a considerar que pretender sonar como
    Benedict Cumberbatch o Scarlett Johansson.
    Un factor importante es tener acceso al idioma, y está claro que es
    bastante fácil oír y leer inglés americano. Es la variante que predomina
    en internet, y la mayoría de las películas y las series de televisión
    que vemos —o queremos ver— se hacen en Estados Unidos.
    Para cualquiera que quiera aprender inglés esto supone una gran
    ventaja: nunca ha sido más fácil acceder a un inglés real, natural y
    contemporáneo. Es verdad que el inglés británico tampoco es difícil
    de encontrar en la red, o en películas y series televisivas, pero la sola
    cantidad de inglés americano que circula por ahí supone, en efecto,
    una diferencia: en España, pocos profesores de inglés tienen que
    enseñar el significado de la palabra cookie, pero sí tienen que hacerlo
    con biscuit, su equivalente británica.
    Dicho esto, la razón por la que la palabra biscuit aparece en las clases
    de inglés es porque, en España, los profesores —nativos o no—
    suelen hablar inglés británico, lo que significa que los libros de texto,
    diccionarios, etc., suelen centrarse en la variante británica. Esa
    es la razón por la que muchos de los españoles que estudian inglés
    tienen más facilidad para entender el inglés británico: el lugar donde
    lo escuchan con mayor atención es en clase de inglés y el profesor
    habla normalmente con acento británico.
    Por razones meramente geográficas, se puede decir lo mismo del
    resto de Europa. El resultado es que si hablamos con un cliente de
    Frankfurt, Oslo o Roma, lo más probable es que a ellos también les
    resulte más familiar el inglés británico. Eso no significa que las diferencias
    entre ambas variantes sean excesivas o que, en realidad,
    no se acabe hablando el llamado International English: una forma
    de inglés que ya tiene en cuenta el hecho de que ninguno de los interlocutores
    es hablante nativo y que, por tanto, no siempre se ajustará
    a lo que un hablante nativo considera estándar.
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    Cuestiones generales 27
    No obstante, para la mayoría de los estudiantes de inglés, el International
    English es más un resultado que un objetivo: la gente quiere
    hablar inglés estándar y, aunque saben que cometen errores, su
    objetivo es no cometerlos. Donde más claramente queda esto de
    manifiesto es en los exámenes: nunca favorecen ni discriminan al
    inglés británico o al americano. De hecho, lo que todos los examinadores
    buscan es la coherencia: o inglés británico o inglés americano,
    pero no una mezcla de los dos. Puede que esto no nos ayude a
    decidirnos, pero al menos sirve de consejo para que, si aún no hemos
    tomado una decisión, sepamos que, probablemente, en algún
    momento tendremos que hacerlo.
    31 min
  • CÓMO RECONOCER QUE UNA TERAPIA DETERMINADA PUEDE SER UNA ESTAFA
    Si una terapia es milenaria, energética o natural, es un timo
    By Luis Alfonso Gámez|Jun. 7th, 2016
    Proliferan en nuestro entorno las terapias alternativas, que se llaman así porque, simplemente, nunca han podido demostrar que sean más efectivas que el placebo. Si algún día una terapia alternativa demuestra que funciona, pasará a ser medicina. Por eso, cuando hablamos de medicina, alternativa es la primera palabra que indica que algo no es digno de confianza. Si una terapia es alternativa, es que nunca ha curado a nadie más allá del cura, cura, sana, culito de rana. Ésa es la primera idea que nos tiene que quedar clara. La segunda es que, aunque no se adjetive como alternativa, si una terapia entra dentro de cualquiera de los siguiente apartados, también es un timo.
    1. Milenaria, tradicional y oriental
    Un hombre se somete a acupuntura en un hospital universitario de Pekín. Foto: Reuters.La esperanza media de vida al nacer es hoy en España de 83 años -3 más en el caso de las mujeres-, sólo por detrás de Japón. En 1901 se situaba en menos de 35 años y en 1930 superaba los 49, mucho más que dos de los países con los que se vinculan habitualmente las terapias tradicionales y orientales, India y China, donde era entonces de 29 y 32 años, respectivamente. Treinta años después, en China era de 42 años, en India de 43 y en España de 69, sin acupuntura, reiki, medicina ayurvédica ni nada parecido.
    Con la medicina científica -más la potabilización y el saneamiento de aguas y el control de los alimentos- nos ha ido muy bien en España, como al resto de los países de nuestro entorno y del denominado Occidente, que abarca hasta Australia y Japón. Los países de origen de las llamadas terapias milenarias, tradicionales y orientales empezaron a ganar en esperanza de vida con la llegada de la medicina científica. Cuando disfrutaban exclusivamente de sus terapias tradicionales, que tanto nos seducen en Occidente, se morían bastante antes que nosotros. Como dice el médico Vicente Baos, miembro del Círculo Escéptico, “los chinos no quieren saber nada de las tonterías de antes y aquí se las compramos acríticamente”.
    Por cierto, milenario también es someter a la mujer al hombre, tradicional es que los padres decidan con quién deben emparejarse sus hijas y oriental, el sistema de castas indio. ¿Nos traemos también todo eso a la España del siglo XXI?
    2. Natural
    Lo mismo que la agricultura no es natural, no hay ninguna terapia natural porque no lo hay que poner una inyección, operar a corazón abierto o radiar un tumor, pero tampoco lo hay en pinchar con agujas, elaborar preparados homeopáticos o flores de Bach ni otras cosas por el estilo. Que algo sea natural significa para mucha gente que ese algo es bueno, aunque el mercurio, el arsénico y la estricnina sean también naturales… y la muerte sea lo más natural del mundo. Los partidarios de las denominadas medicinas alternativas se refieren a ellas también como naturales por una mera cuestión de mercadotecnia: saben que eso hará a mucha gente más propensa a confiar en su bondad, que sólo es tal para el bolsillo de quienes las practican.
    Los creyentes en lo natural son los mismos que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor y que, según nos hemos ido alejando de la naturaleza, hemos ido deshumanizándonos y enfermando. La Historia, y la vida de los humanos que en la actualidad subsisten como en épocas remotas, demuestra que gozamos de mayor calidad de vida cuanto más nos apartamos de la naturaleza, que no es la madrecita buena de la que hablan algunos. Por cierto, que nadie inteprete esto como un voto a favor de que se arrase el planeta hasta convertirlo en una especie de Trántor o Coruscant. Hay que conservar el medio y la biodiversidad, y también conviene que dejemos de multiplicarnos como hasta ahora por el bien del planeta, que es el nuestro.
    3. Energética
    El autor, en plena sesión de reiki. Foto: Aitor Gutiérrez.Energía es otra palabra mágica de los charlatanes desde hace décadas. Si hiciéramos caso a los parapsicólogos y los llamados médicos alternativos, hay innumerables formas de energía esperando a que los físicos las descubran. Porque, ojo, las energías de las que estamos hablando son indetectables con la tecnología actual, dicen quienes, sin embargo, aseguran sentirlas. Los practicantes de las denominadas terapias energéticas (reiki, quiropráctica, acupuntura, radiestesia, feng shui…) sostienen que curan enfermedades redirigiendo esa energía mediante pases de manos o con artilugios como agujas.
    En 1996, una niña de 9 años, Emily Rosa, demostró que los practicantes del toque terapéutico -la variante estadounidense del reiki- no detectan nada. Lo hizo con un sencillo experimento en el que cada sanador y ella se sentaban a una mesa, enfrentados y separados por el cartón a modo de biombo. Dos agujeros en la base de éste, permitían que las manos del terapeuta pasaran al otro lado, apoyadas sobre la mesa y con las palmas hacia arriba; pero el cartón impedía que viera nada. La niña echaba entonces una moneda al aire para decidir sobre qué mano del sujeto pondría una de las suyas, preguntaba al sanador cuál de sus manos percibía un campo energético humano y lo apuntaba todo en el cuaderno. Los terapeutas acertaron en 123 (44%) de 280 intentos. Los resultados del trabajo se publicaron en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana.
    Los experimentos que durante siglos se han hecho con los radiestesistas -también llamados zahorís, rabdomentes y, últimamente, geobiólogos- han dado los mismos resultados que el de Emily Rosa. Así que, ya sabe, si alguien le dice que practica una terapia energética, es un timador.
    4. Cuántica
    Como la mecánica cuántica es prácticamente incomprensible para alguien que no sea físico, se ha convertido en el último refugio de los charlatanes. Es a las pseudoterapias lo que los universos paralelos a la ufología. Hubo un tiempo en que los ufólogos situaron el origen de los tripulantes de los platillos volantes en el Sistema Solar. Según el ser humano fue explorándolo, los extraterrestres se fueron alejando y ahora ya se situán en otras realidades o universos paralelos: así salvan los ufólogos el escollo de que ni nuestros telescopios ni nuestros sistemas de vigilancia hayan detectado nunca una nave alienígena acercándose a la Tierra.
    Tradicionalmente, los homeópatas han dicho que sus preparados, en los que no hay ninguna molécula de principio activo, funcionan gracias a la memoria del agua, pero, de un tiempo a esta parte, dado el descrédito de esa ridícula idea -¿cómo le borran la meoria al agua antes de usarla?, ¿cómo sabe el agua lo que tieen que recordar y lo que no?-, se han refugiado en la mecánica cuántica. “No tenemos la última respuesta de cómo funciona la homeopatía; pero sí sabemos cómo no: a través de los mecanismos clásicos de molécula-receptor. Los que decís que la homeopatía no es científica os apoyáis en conceptos y argumentos del siglo XIX. Hoy, la ciencia que explica cómo funciona el Universo es la física cuántica”, me dijo en 2011 el médico y homeópata Guillermo Basauri durante un encuentro privado auspiciado por Boiron. Yo le pregunté: “¿Me estás diciendo que los mecanismos de la homeopatía se encuentran en la física cuántica?”. “¡Claro!”, respondió.
    En marzo del año pasado, le comenté esa conversación al físico español Juan Ignacio Cirac y me dijo, asombrado: “Creo que mi cara lo dice todo, ¿no? No soy ningún experto (en homeopatía), pero las explicaciones que he visto que dan de la homeopatía a través de la física cuántica no tienen, desde luego, nada que ver con la física cuántica que los físicos cuánticos hacemos”. Lo mismo puede decirse del resto de las pseudoterapias y de los productos milagro que llevan el adjetivo cuántico, que se ha convertido -fuera de la física- en otro detector de charlatanes.
    APARECIDO EN MAGONIA: LUIS ALFONSO GAMEZ
    http://magonia.com/2016/06/07/terapia-alternativa-milenaria-energetica-natural-cuantica-timo/
    14 min
  • CONTRA LA DICTADURA DEL BIENESTAR ARTICULO
    Contra la dictadura del bienestar
    Dec. 30th, 2016
    Resiliencia, mindfulness, wellness o sanación son palabras a las que nos hemos visto cada vez más expuestos en los últimos años. Su presencia parece decirnos que adquirir buen tono muscular no basta y que hoy en día la misión imperiosa es alcanzar un nivel de felicidad aceptable. La pregunta obvia que surge es si este estado de plenitud es medible, y de serlo, para qué fines se emplearían los datos obtenidos. Esta es precisamente la preocupación central del ensayo La industria de la felicidad, de reciente aparición en la editorial Malpaso. Su autor, el académico británico William Davies, repasa la historia del interés por medir la intensidad del bienestar psicofísico desde el asombro que le causó comprobar que la ciencia conductual y la neurociencia se presentaban como una explicación verosímil de la crisis financiera mundial. En su estudio, Davies hace un recorrido por las aportaciones de los pensadores Bentham, Jevons, Seyle y Frederick W. Taylor –a quien se podría considerar el primer consultor de empresas de la historia–, pues fueron ellos quienes situaron la concepción de un hedonismo calculador en el centro del mercado a través del estudio psicológico del trabajo en las primeras décadas del siglo XX. Siguiendo esta pista, Davies explora también otra de sus principales inquietudes: la sensación de que el sistema neoliberal está culpando al individuo por no ser feliz, al mismo tiempo que se elude analizar el contexto en el que esta infelicidad sucede. De esta culpabilización surgen, en opinión del autor, las exhortaciones mediáticas que nos instan a salir de nuestra zona de confort, a arriesgarnos y a hacer realidad nuestros sueños, como si todo ello fuese única responsabilidad del individuo.
    En sintonía con las ideas de Davies están las de la socióloga Eva Illouz, que ha estudiando en profundidad las emociones en el capitalismo, y en particular el amor romántico. llouz, en ensayos como El consumo de la utopía romántica (Katz, 2009), reconoce que las leyes de la oferta y la demanda han penetrado en el campo de los afectos para quedarse: las relaciones económicas han adquirido un carácter profundamente emocional y las románticas se definen con frecuencia empleando modelos económicos y políticos de negociación e intercambio.
    Contra la dictadura del bienestar
    Otro autor cercano a estas premisas es Terry Eagleton, quien en su ensayo Esperanza sin optimismo (Taurus, 2016)critica la banalidad del pensamiento positivo y el modo en que éste ha contribuido a eludir las preguntas esenciales acerca del progreso moral y social que podemos esperar sin hacernos falsas ilusiones.
    En 2012, la periodista estadounidense Barbara Ehrenreich publicó Sonrie o muere (Turner), otro alegato contra el omnipresente pensamiento positivo en sector laboral y en el de la salud –su propia experiencia como enferma de cáncer de mama le facilitó su trabajo de campo en este aspecto–. Ehrenreich coincide totalmente con Davies en cuanto a los usos de este pensamiento positivo como "forma de control social del empleado en el centro de trabajo, un aguijonazo para que sus resultados alcancen niveles cada vez más altos." Su estupor hacia los mensajes que invitan a considerar un despido laboral o un cáncer como una "oportunidad para crecer" es otro de los motores de este ensayo, en el que también recibe algunos palos la industria que comercializa productos como ositos de peluche, sudaderas, gorras y tazas de café con mensajes que invitan a las afectadas por el cáncer de mama a mostrarse optimistas.
    Al libro de Ehrenreich le ha surgido un epígono español en versión novela gráfica: Que no, que no me muero (Modernito Books, 2015), firmado por la escritora María Hernández Martí y el ilustrador Javi de Castro. En sus páginas, la protagonista y narradora, Lupe, da cuenta de su experiencia tras serle detectado un cáncer de mama que la condujo por un laberinto de pruebas y tratamientos médicos, siempre animada por un elenco de profesionales de la salud, familiares y amigos que le instaban a mostrarse permanentemente optimista. En una de las solapas del volúmen, la autora presenta su declaración de intenciones: "En este libro se cuenta cómo en estos últimos años he tenido muchísimas oportunidades para desplegar una paciencia maravillosa, zen, elegantísima, de esa que te ilumina de inteligencia y te embellece y sirve de inspiración a los demás. Y cómo las he desaprovechado todas."
    Contra la dictadura del bienestar
    Para esos momentos en los que el sujeto contemporáneo se ha de sostener en situaciones muy cambiantes en las que cuenta solamente consigo mismo, las ayudas que se le ofrecen vienen con frecuencia en formato de libros de autoayuda y superación; este recurso biblioterapéutico es el que analiza la argentina Vanina Papalini en su estudio Garantías de felicidad (Adriana Hidalgo, 2015). Papalini sostiene que el cuerpo genera síntomas relativos a la sociedad a la que pertenece, y que en el momento actual, el contraste con los frecuentes discursos sociales que versan sobre el placer y las difíciles condiciones de vida de muchos individos crea una brecha que a su vez sirve de nicho de mercado para estos libros, que ejercen una verdadera labor terapéutica para generar algo de "felicismo" en el individuo, como lo llama el periodista Toño Fraguas, y contra el que se posiciona en su libro ¿Existe la felicidad? (Plaza & Janés, 2015). "Lo que me mueve a escribir es el hecho de que la felicidad se haya convertido en un negocio", afirma Fraguas. Su misión es desenmascarar charlatanes que le sacan partido económico a nuestras debilidades, incluidos los creadores de objetos cotidianos como tazas, libretas o trapos de cocina con lemas positivos que se tornan casi en órdenes, señalados también por el dedo implacable de Barbara Ehrenreich.
    Lo que se desprende de estos textos no es un canto al malhumor y a la queja destructiva, sino una reflexión hacia cómo las instituciones deciden lo que significa ser felices en cada periodo histórico. Por eso, tras estas lecturas, quizá nos lo pensemos dos veces antes de proporcionar datos sobre nuestros hábitos alimentarios y de sueño en la aplicación Salud de nuestros teléfonos.
    12 min
  • LA CASUALIDAD NO EXISTE SOLO LA PROBABILIDAD
    Fin al mito de las casualidades: no existen, son matemáticas
    Dec. 22nd, 2016
    Ganar la lotería cuatro veces, toparte con un amigo en la otra punta del mundo... Nos parece azar, pero se puede medir. Un rompedor libro desvela los mitos (y las 'mates') de las coincidencias.
    26/12/2016 16:45
    Un soleado domingo de junio de 1929, la escritora Anne Parrish paseó por las tiendas de libros de segunda mano de la ribera del Sena en París. Allí, en una estantería semiescondida, detectó un título que le resultaba familiar: Jack Frost y otras historias. Tras un breve regateo con el tendero, compró la obra de Helen Wood por un franco y volvió con su marido, que la aguardaba sorbiendo vino tinto en un bar. «¡Es uno de mis libros favoritos de infancia!», le dijo.
    El hombre ojeó el libro y, tras unos minutos, se lo devolvió con gesto estupefacto. Allí, en una de las primeras páginas, se leía la siguiente frase en la letra abigarrada de una niña: «Anne Parrish, 209 North Weber Street, Colorado Springs, Colorado». Sí, se trataba de su propia copia de infancia, que había vuelto a sus manos décadas después por una casualidad tan apabullante que parece imposible.
    ¿Cuál es la posibilidad de que ocurra algo así? Para la mayoría, se trata de una mera pregunta retórica. Sin embargo, Joseph Mazur, profesor emérito de Matemáticas en el Marlboro College de Vermont (EEUU), decidió dar con una respuesta concreta. Y la obtuvo: según él, había una posibilidad entre 3.331 de que Parrish recomprara su libro esa mañana. «Es decir, es ligeramente más fácil a que te salga un póker en el primer reparto de cartas», explica el científico, autor de Fluke, uno de los ensayos matemáticos más exitosos del año.
    La tesis de Mazur es sencilla: que las coincidencias más llamativas de nuestra vida no son tan extrañas como parecen. En muchos casos, se explican por simples matemáticas. Y si estos sucesos nos resultan tan sorprendentes es por dos motivos: porque no entendemos cómo funcionan las leyes de la probabilidad... y porque, en el fondo, nos encanta creer que las casualidades existen.
    «El mundo es tan grande, tan extraño y da tanto miedo que las historias de casualidades nos hacen sentir más seguros», explica Joseph Mazur al otro lado del teléfono. «Cuando nos encontramos a un conocido en la otra punta del mundo, no hacemos un análisis frío de las probabilidades de que eso ocurra. Simplemente, nos reconforta sentir que hay una especie de mano que guía nuestros pasos».
    En su libro, el matemático enumera todo lo que tuvo que ocurrir para que Anne Parrish se reencontrara con Jack Frost: que viajara a París, que dedicara una mañana a comprar libros usados, que su vieja copia estuviera en una de las tiendas que visitó y que ella lo viera en la estantería. Luego, tras analizar al detalle la biografía de la escritora, asigna una probabilidad a que ocurriera cada una de ellas. Y, tras computar todos los factores con una ecuación, alcanza su veredicto: «Era muy poco probable que sucediera... pero no tan inaudito como parece a primera vista».
    Mazur basa gran parte de sus cálculos en la Ley de los Grandes Números, postulada hace tres siglos. En resumen, dice que si un experimento se realiza un número suficiente de veces, acaban saliendo los resultados más insospechados. O aún más resumido: si algo puede suceder, acabará sucediendo.
    Por poner un ejemplo: si un mono teclea al azar en una máquina de escribir, ¿acabará escribiendo un soneto de Shakespeare? La respuesta es que sí... aunque quizá tardaría varios millones de años. Sólo la probabilidad de que escriba al tuntún la palabra inglesa «shall», con la que arranca uno de sus poemas más populares, es de una entre 11,88 millones. Así que completar los 14 versos del soneto es una posibilidad infinitesimal... pero existente.
    Este es el mismo principio que utilizan los hackers para descifrar contraseñas. Mediante algoritmos y potentes computadoras, ensayan billones de potenciales combinaciones hasta que consiguen asaltar tu email. Por eso, las contraseñas largas y con símbolos extraños son más seguras que las cortas y sólo con letras. Igual que a un mono le resulta más fácil teclear «shall» que todo un soneto.
    Si todo esto es así, ¿por qué nuestro cerebro se empeña en atribuir a la magia los acontecimientos extraordinarios? «La culpa es de nuestra memoria selectiva», cuenta Mazur. «Cada día, hay miles de millones de coincidencias que no ocurren y no las recordamos. Pero las que sí ocurren, como la compra del libro de Parrish, se quedan grabadas a fuego en nuestra mente, las contamos en fiestas... Y acabamos llamando coincidencias a hechos que son meras probabilidades matemáticas».
    Es lo que el ensayista y financiero Nassim Nicholas Taleb, creador de la teoría de los cisnes negros, ya había explicado en su obra Las trampas del azar (Ed. Paidós). Según él, los seres humanos tenemos una incapacidad congénita para asimilar la probabilidad de los acontecimientos cotidianos. Y la explicó con un ejemplo clásico de la probabilística: la paradoja del cumpleaños.
    Imagina que estás en una sala con 23 personas y te preguntan cuál es la probabilidad de que dos de ellas tengan el mismo cumpleaños. Si no tienes formación matemática, lo más habitual es que digas un porcentaje inferior al 10%, cuando la cifra real supera el 50%. «Con 23 personas, se pueden formar 253 parejas distintas: es contraintuitivo, pero es muy fácil que dos de ellas hayan nacido el mismo día», explica Mazur.
    Algunos pensarán que el matemático es un simple aguafiestas. Que quiere arruinarnos la ilusión de las casualidades -ese «¿no es alucinante?» con el que reaccionamos a estas historias- con su racionalidad extrema. Pero Mazur sostiene lo contrario: que al analizar las coincidencias, pretende darles la relevancia que tienen, más allá de la mera anécdota.
    Incluso lanza una carambola que le cambió la vida y que no sabe -o quizá no quiere- diseccionar: cómo conoció a su esposa, Jennifer. «Fue en una marcha contra Vietnam con cientos de miles de personas», dice. «Ella estaba justo a mi lado, nos pusimos a hablar... y lo demás es historia. Sí, ya sé que podría haber conocido a otras muchas mujeres en mi vida. Pero me gusta pensar que ella es mi alma gemela y me estaba esperando ahí».
    12 min
  • DATOS PARA EL OPTIMISMO EN EL 2017 LA PARADOJA DEL PROGRESO
    Las paradojas del progreso: datos para el optimismo
    Dec. 30th, 2016
    Los datos señalan que la humanidad está en la mejor situación de su historia y, sin embargo, la mayoría cree que el mundo empeora. Los políticos populistas están aprovechando esta percepción ignorando que estamos mejorando en todos los parámetros. El 81% de los votantes de Donald Trump creen que, hace 50 años, se vivía mejor, que el mundo era un lugar mejor. Una opinión que podría definirse como reaccionaria: cree que los cambios están empeorando las cosas.
    Esta visión está lejos de limitarse a los votantes de Trump. La percepción de que el mundo retrocede, de que nos dirigimos hacia una suerte de caos, es amplia. Según un estudio del Instituto Motivaction, el 87% de la población mundial cree que, en los últimos 20 años, la pobreza global ha permanecido igual o ha empeorado.
    La paradoja es que los datos dejan claro que esta es una idea falsa. El mundo no empeora, mejora.
    No significa esto —vaya por delante— que el mundo sea un lugar perfecto. Ni siquiera un buen lugar. Padecemos injusticias, guerras, hambre y violencia. Una minoría de la población posee la mayor parte de la riqueza, mientras 760 millones —el 11% más pobre— sobreviven con menos de 2 dólares al día. La pobreza es cotidiana. Pero de todos los escenarios globales que hemos conocido (no imaginado o deseado, sino conocido) este es el mejor.
    "La gente es más rica, goza de mayor salud, es más libre, dispone de mayor educación, es más pacífica", explica Steven Pinker
    El científico cognitivo y profesor de Harvard, Steven Pinker, es uno de los autores que han aportado más datos en defensa de esta tesis. Su libro Los ángeles que llevamos dentro trata de demostrar que vivimos en la época más pacífica y próspera de la historia. “La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad que nunca antes”, señala Pinker a EL PAÍS. “Todas las estadísticas señalan que mejoramos. En general, la humanidad se encuentra mejor que nunca”.
    El escritor e historiador sueco Johan Norberg es otra de las voces destacadas de esta corriente de pensamiento. Defiende en su libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future (Progreso: diez motivos para mirar hacia adelante) que el capitalismo es el sistema que más ha hecho progresar al ser humano y que vivimos en el mejor momento de nuestra historia. “El mundo está mejorando rápidamente. De hecho, nunca antes el mundo mejoró así de rápido. Por cada minuto de esta conversación, cien personas salen de la pobreza”, explica.
    Los datos respaldan estas afirmaciones.
    Nos muestran, por ejemplo, que los adultos disfrutan en la de vidas más largas y que la mortalidad infantil se ha dividido entre cuatro. En 1960, según datos de la OMS y el Banco Mundial, de cada cinco niños uno se moría antes de cumplir cinco años; ahora sobreviven 19 de cada 20.
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    La riqueza también se ha multiplicado. Desde 1980 el porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema se ha reducido a una cuarta parte. En el sur de Asia la sufrían el 50% y ahora el 15%. En el este de Asia y el Pacífico, la pobreza extrema pasó de afectar al 80% (cuatro de cada cinco personas) a apenas el 3,5%.
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    La alfabetización va camino de ser universal: en 1980 todavía el 44% de las personas sobre el planeta no sabían leer y escribir; ahora son sólo el 15%, según datos de la OCDE y la UNESCO. Además se está cerrando la brecha entre la educación que reciben los hombres y las mujeres de todo el mundo. En España cicatrizó en 2005. Muchos de estos datos provienen de la web Our World in Data, un proyecto que recopila indicadores para mostrar cómo están cambiando las condiciones de vida de las personas en todo el mundo.
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    Desde los años ochenta se han reducido las guerras. La violencia retrocede: en las sociedades agrícolas causaba alrededor del 15% de todas las muertes, según el pensador israelí Yuval Harari, autor de Sapiens. De animales a dioses. Durante el siglo XX provocó el 5% y hoy sólo es responsable del 1% de la mortalidad global.
    Por qué no vemos este progreso
    Si los datos muestran mejora, ¿por qué existe la percepción de que empeoramos? Hay muchas respuestas. Todas correctas y ninguna completa. La primera es que somos más críticos, mucho menos tolerantes ante los errores e injusticias del sistema. Nunca antes la humanidad había sido tan exigente consigo misma. Cosas que hoy nos parecen intolerables eran la norma: en 1980, el 54% de los españoles pensaba que ser homosexual era injustificable (esa cifra ha bajado hasta el 8%). Esta exigencia nos hace sentir que no mejoramos (o que, al menos, no mejoramos lo suficiente).
    "Nos enteramos de una mala noticia cada minuto. Por eso creemos que son más frecuentes", dice Norgerg
    Johan Norberg añade otra respuesta: “Tenemos mejor acceso a las noticias y a la comunicación que nunca. Y en los medios, las malas noticias son las que venden. Nos enteramos de alguna mala noticia o algún nuevo incidente cada minuto. Los desastres y las tragedias no son algo nuevo, pero los móviles y las cámaras sí lo son. Y esto hace que nos dé la impresión de que esos horrores son más frecuentes de lo que eran”.
    Steven Pinker coincide: “Mientras el número de incidentes o desastres no baje hasta cero, siempre habrá alguno para publicar. Cada cosa que sucede es tremendamente visible hoy en día”. Así, las crisis económicas y de migrantes, los horrores del ISIS o el yihadismo (París, Bruselas, Estambul…) han entrado casi a diario en nuestros hogares a través de muchos y muy diversos canales. Hoy en día seguimos al minuto un golpe de Estado en Turquía mientras terminamos la cena. La percepción, el poso final que queda por culpa de estas tragedias, es que hemos alcanzado cotas de horror inéditas. Los datos —que dicen lo contrario— quedan sepultados bajo la oleada de malas noticias.
    A todo esto cabe sumar otro factor: la nostalgia. “Cuando la gente piensa en ‘los buenos tiempos’, se retrotrae a la época en la que crecieron, una época en la que no tenían que pagar facturas, no tenían hijos ni responsabilidades”, explica Norberg. Quizás lo que añoramos no es el mundo de nuestra juventud sino nuestra juventud misma.
    Hay una última teoría planteada por algunos científicos y que, grosso modo, defiende que no estamos hechos para ser felices. La evolución nos dotó de una biología que nos impide estar absolutamente satisfechos, porque así nos mantiene activos, curiosos, despiertos y ambiciosos.
    Arma para los políticos
    El debate entre percepción y datos no pasaría de eso, de un debate, si no fuera porque la creencia de que el mundo empeora se usa con fines políticos. Si el mundo empeora, mejorarlo exige cambiar el sistema (aunque el sistema, o partes del mismo, siempre según los datos, nos hacen ir a mejor). Quien se oponga a cambiarlo todo será alguien que se opone a frenar el empeoramiento del mundo. Es decir, un egoísta, un inmoral, o un irresponsable. O todo a la vez. “Los políticos populistas nos quieren asustados y difunden mitos sobre amenazas inmediatas para nuestra supervivencia y modo de vida. Porque saben que la gente asustada quiere construir muros y votar a hombres fuertes que prometen mantenernos a salvo”, reflexiona Norberg.
    España ha retrocedido debido a la crisis, pero pocos indicadores nos llevan más allá del año 2000
    ¿Qué pasa con la crisis? Muchos políticos esgrimen la crisis como evidencia de que vamos a peor. Y, en cierto modo, tienen razón. En España parece aventurado decir que vivimos mejor que en el año 2005. Este país atraviesa la crisis más grave en décadas y ha retrocedido en los últimos años debido al bache económico. Pero eso no implica que, en términos generales y a largo plazo, estamos empeorando. El PIB por habitante está al nivel de 2004. Pocos indicadores nos han devuelto más allá de 2000 y muchos no han dejado de mejorar. Se trata de alteraciones puntuales —que provocan sufrimiento a miles de individuos, claro—, pero que forman parte de un proceso que abarca siglos.
    Lo explica Pinker: “Hay periodos de subidas y bajadas, que, en general, no llegan a alterar una progresión sostenida. Por ejemplo, la tasa de crimen en Estados Unidos creció un poco el año pasado con respecto al anterior, pero en general la tendencia en global es de descenso. Otro ejemplo: la cifra de muertos por guerras aumentó tras 2011, debido a la guerra de Siria, pero siguió siendo mucho más baja que en los 50, los 60, los 70, los 80 y los 90”.
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    Al pensar en la crisis, además, solemos olvidar que el mundo no es sólo Occidente. Mientras Europa y Estados Unidos padecían la recesión, en otras partes el progreso no sólo no se detuvo sino que se aceleró. Entre 2005 y 2013, en el conjunto del planeta, la pobreza extrema se redujo a la mitad. La esperanza de vida aumentó en 3 años y se redujo la mortalidad infantil en todos los continentes.
    La paradoja de la desigualdad
    Por supuesto hay peros, asteriscos que poner al progreso sostenido de la humanidad. Uno es la desigualdad. Las diferencias han aumentado en muchos países ricos, como Estados Unidos, Alemania o Suecia. En el caso de España, ese aumento ha hecho que sea uno de los países con rentas más desiguales de la UE.
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    Pero de nuevo se antoja necesario mirar fuera de nuestras fronteras. Si lo hacemos veremos que la desigualdad global no crece, sino que se reduce. El motivo es que millones de personas en China, India y otros países han escapado de la pobreza. “Los pobres se están enriqueciendo más rápido que los ricos”, explica Pinker. Según cálculos de Tomas Hellebrandt y Paolo Mauro, en un trabajo para el Peterson Institute for International Economics, la desigualdad de renta se ha reducido de 69 a 65 puntos entre 2003 y 2013. Las diferencias entre ricos y pobres globales son muy grandes, pero se están estrechando.
    Además la relación entre desigualdad y pobreza ha cambiado. “La desigualdad aumenta porque los ricos tienen más sin que esto —y por primera vez en la historia de la humanidad— suponga que los pobres tengan menos”, explica el economista Branko Milanovic, autor de Los que tienen y los que no tienen (Alianza Editorial) y Global inequality: A new approach for the age of globalization. “La riqueza puede crecer sin que afecte a la subsistencia de gran parte de la población”. Durante siglos no hubo crecimiento y, por tanto, la riqueza de unos era la pobreza de otros. Esto ya no es así.
    “Hay otro punto”, añade Johan Norberg. “La desigualdad se suele medir sólo en dinero, pero hay más ángulos. Bill Gates es diez millones de veces más rico que tú, ¿pero su vida es diez millones de veces mejor que la tuya? No lo creo. Sí, tiene un avión privado, pero probablemente use el mismo móvil que tú y el mismo ordenador que tú. Y seguramente no vivirá 30 años más que tú y no tiene un 99% menos de probabilidades que tú de que sus hijos mueran antes de los 5 años. En cosas no económicas es posible que haya más igualdad. Por ejemplo en educación o acceso sanitario”.
    Pinker aún va más lejos: “La desigualdad económica no es un un problema fundamental; la pobreza lo es. Si las personas están más sanas, bien alimentadas, y disfrutan sus vidas, no importa cómo de grande sea la casa de J. K. Rowling. Y las tasas de pobreza global están cayendo”.
    Pero ¿qué es mejorar?
    Pongamos el ejemplo de una tribu del Amazonas que hace 100 años vivía en medio de la jungla sin que nadie ni nada perturbara su existencia. El año pasado una empresa maderera acabó con su hábitat. El mundo, tal y como lo conocían, ha acabado de forma traumática para ellos. ¿Cómo aseverar que para esta tribu el mundo ha progresado? No existe una concepción irrefutable sobre lo que se considera progresar. Es indudable que vivimos más, hay menos pobreza, más confort y menos violencia. ¿Pero somos más felices?
    Algunos pensadores como Yuval Harari plantean este debate. ¿Es más feliz hoy un minero de Siberia que un cazador-recolector de hace veinte mil años? Resulta imposible saberlo. Un acuerdo para medir si la humanidad ha progresado es saber si hemos mejorado en los parámetros que exigimos para ser felices. Es decir, si nuestros gobiernos nos van concediendo lo que les llevamos siglos pidiendo: buena salud, educación, confort, tiempo de ocio, libertad. Sucesivos estudios han observado que, en general, los países donde tienen estas cosas las personas se dicen más felices, consideran que han progresado.
    Como especie, como civilización, como mundo, hemos avanzado hacia lo que consideramos progreso, hacia lo que hemos perseguido y entendemos como un mundo mejor. Seguimos lejos de un mundo perfecto o ideal, si es que existe. Pero los datos nos dicen que, a pesar de percepciones —interesadas o no—, avanzamos por el buen camino. Aunque cueste creerlo, aunque falte mucho por andar.
    15 min
  • RAZONES PARA SER OPTIMISTAS EN EL 2016 FELIZ AÑO 2017
    En un año marcado por la incertidumbre y las noticias inquietantes, la cultura ha seguido dando pruebas de resistencia y vitalidad. Así lo demuestran estas listas de lo mejor de la temporada elaboradas por el equipo de Icult, que, como cada año, nacen con la pretensión de hacer un (subjetivo) balance, recuperar momentos memorables, reivindicar el valor de manifestaciones creativas que tal vez nos pasaron desapercibidas en su día y, sobre todo, abrir debates.
    Las mejores películas internacionales del 2016
    Las mejores películas nacionales del 2016
    Los mejores montajes escénicos del 2016
    Las mejores series internacionales del 2016
    Las mejores series nacionales del 2016
    Los mejores discos internacionales del 2016
    Los mejores discos nacionales del 2016
    Las mejores exposiciones del 2016
    Los mejores libros del 2016
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