PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

By TIM BENIYORKTechnology
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PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM episodes

  • PADRE NUESTRO, DE TODOS NOSOTROS
    Padre nuestro, de todos nosotros.
    De los pobres, de los sin techo, de los marginados y de los desprotegidos.
    De los desheredados y de los dueños de la miseria.
    De los que te siguen y de los que en ti ya no creemos.
    Baja de los cielos pues aqui esta el infierno.
    Baja de tu trono, pues aqui hay guerras, hambre y injusticias.
    No hace falta que seas uno y trino,
    con uno solo que tenga ganas
    de ayudar nos bastaria.
    Cual es tu reino? El Vaticano ? La banca ? La alta politica ?
    Nuestro reino es Nigeria, Etiopia, Colombia, Hiroshima.
    El pan nuestro de cada dia son las violaciones, la violencia de genero,
    la pederastia, las dictaduras y el cambio climatico.
    En la tentación caigo a diario, no hay mañana en la que no este
    tentado en crear un dios humilde, justo, un dios que este en la tierra,
    en los valles, los rios, un dios que viva la lluvia,
    que viaje a traves del viento y acaricie nuestra alma.
    Un dios de los tristes, de los homosexuales, un dios mas humano,
    un dios que no castigue, que enseñe,
    un dios que no amenaze, que proteja,
    que si me caigo, me levante, que si me pierdo, me tienda su mano,
    un dios que si erro no me culpe, y que si dudo, me entienda,
    pues para eso me doto de inteligencia, para dudar de todo.
    Padre nuestro, de todos nosotros, porque nos has olvidado
    Padre nuestro, ciego, sordo y desocupado.
    Padre nuestro, porque nos has abandonado.
    2 min
  • Por qué la gente no deja de creer en tonterías
    Todos hemos sido protagonistas de la frustrante situación de explicar con todo lujo de detalles por qué la creencia de alguien no tiene sentido. Se analizan las carencias de sus argumentos y se presentan las incontestables evidencias que refutan la creencia, incluso se hace todo con mucho tacto dando a la otra persona una salida sin humillación; pero nada, no hay manera. La gente no se deja convencer y se enroca en su postura. Primero algo dubitativa, aunque luego se le dibuja una sonrisa condescendiente —una sonrisa que he visto mil veces y que nunca ha dejado de parecerme siniestra— y adopta una actitud de completa cerrazón mental. No importa lo buen orador que seas. Ya podría tener a Carl Sagan explicándole con toda la poesía del mundo por qué no tiene razón, que esa persona no se va a bajar de su burro.
    También hay otro fenómeno muy relacionado, aunque más raro. No todos lo han visto, pero si lo anterior te deja boquiabierto ver esto te suele hacer replantearte toda esperanza en la humanidad: la radicalización como respuesta ante la evidencia en contra de una creencia. Existen personas, y grupos de personas, que en lugar de simplemente encerrarse en sus creencias ante la evidencia en contra mueven sus posturas hacia ideas cada vez más y más delirantes. Este fenómeno de suave deslizamiento hacia la completa irracionalidad es típico de sectas, y todos los que tienen tendencia a este tipo de proceso mental tienen muchas papeletas para acabar con los raelianos o tratando de quitarse engramas y comiendo placentas a la brasa con los cienciólogos —incluso los hay tan extremistas que llegan a covencerse de que Tom Cruise es un buen actor.
    El fenómeno psicológico que empuja a las personas a aferrarse a sus creencias, pese a que estas sean incompatibles con otras que posean, se denomina ‘disonancia cognitiva’ y ha sido bastante bien estudiado por la psicología.
    Tener razón es lo mejor de esta vida
    El término ‘disonancia cognitiva’ fue acuñado por Leon Festinger a raíz de sus estudios acerca del comportamiento de una secta apocalíptica de Chicago encabezada por una señora llamada Dorothy Martin. Esta secta basaba su creencia en una supuesta revelación dada a Dorothy —que ya había estado involucrada en la cienciología— mediante escritura automática. Creían firmemente que el 21 de diciembre de 1954 habría un gran diluvio universal que acabaría con toda la humanidad, pero que ellos sería salvados por extraterrestres —del planeta Clarion, para más detalles. A fin de demostrar su adherencia a la creencia los miembros del grupo dejaron a sus familias, sus trabajos y donaron todas sus pertenencias. Leon infiltró en el grupo a varios becarios —porque sí, los pobres becarios hacen estas cosas y otras mucho peores…— que fueron testigos con todo lujo de detalles de los vaivenes internos, las dudas y los mecanismos de autojustificación de los miembros del grupo.
    Evidentemente, ninguno de ellos se esperaba la deriva al fanatismo que pudieron observar. Los miembros más dubitativos acababan siendo los más fanáticos, y absolutamente toda disidencia era erradicada del grupo. Se dieron casos de luchas de poder entre Dorothy y otros miembros, que llegaron a usurpar en determinados momentos la posición de ‘el iluminado’, pero la creencia básica se mantenía firme. El momento clave llegó el 21 de diciembre. Los miembros esperaban sentados en el salón de casa de Dorothy a que llegaran a recogerlos. Nadie llegaba. Pasaron 4 horas en casi total silencio. Comenzaron los primeros lloros, los primeros intentos de justificación y las primeras dudas. Pero Dorothy ‘recibió’ otro mensaje desde Clarion: la espera del grupo y la firmeza de su creencia había hecho que salvaran al mundo del diluvio. Y ya está, con ello bastó para que la creencia fuera salvada y todos se sintieron orgullosos de ellos mismos.
    ¿Qué podemos extraer de la experiencia de Festinger? Varias cosas. Para empezar, que entre aquellos que creen en cosas absurdas se suelen crear grupos cerrados para retroalimentarse la creencia entre ellos. Se aíslan de toda crítica y de toda evidencia en contra. Este comportamiento es típico de algunas pseudociencias radicales, como la bioneuroemoción o la nueva medicina germánica, y basta con ver los grupos que existen en las redes sociales de terraplanistas o cosas igual de absurdas. Solos están expuestos a la crítica y a tener que sustentar su postura, pero en grupo se pueden venir arriba, escalando peldaños poco a poco hacia la completa irracionalidad.
    Por otro lado, que cuando una persona sostiene una creencia su primera reacción es desechar las disconfirmaciones. Es decir, si creo que me van a curar el cáncer con imposiciones de manos o con zumos de fruta y veo que otra gente va muriendo usando el mismo patrón de comportamiento, dichas personas tenderán a aferrarse a sus creencias. ¿Cómo lo harán? Pues recurriendo a lo que se suele denominar una ‘hipótesis ad-hoc‘. Estas hipótesis son elucubraciones sacadas de la manga que sirven para salvar una creencia. Por ejemplo, pensarán que las otras personas no han seguido bien el proceso o que su cáncer es diferente. Y no hace falta irnos a casos extremos, porque todos tenemos este comportamiento en nuestro día a día. Se trata de un sesgo cognitivo inherente al cerebro humano: así funcionamos y ya está. Nos aferramos a las creencias. Hay quien ha argumentado que se trata de un comportamiento evolutivamente seleccionado para hacer ciencia. Tú cree firmemente que no hay cocodrilos en el río y así, cuando trates de pasar y te coman, los demás podremos saber que los hay, incluidos tus allegados. No sé si me convence esta explicación, pero lo que es indudable es que los humanos podemos ser más tercos que mulas. Tenemos una tendencia innata a pasar de la hipótesis a la teoría de forma gratuita.
    Así, una ‘disonancia cognitiva‘ fue definida como la situación en la cual una persona sostiene dos creencias incompatibles, pero que son armonizadas por medio de una tercera, sacada de la chistera, que estabiliza el conjunto. ¿Por qué la gente fuma si está convencida de que fumar da cáncer de pulmón y mil cosas más? Porque desengancharse del tabaco no es ninguna proeza; no es que sea precisamente desengancharse de la heroína. Pues seguramente porque leyeron una vez una cosa en un blog de esos que parecen escritos por personas recién lobotomizadas, que decía que lo del cáncer de pulmón no estaba del todo claro. O porque ellos no fuman tanto como otros —porque, aunque ellos se fumen 3 cajetillas al día, siempre hay alguien que fuma en la ducha. Toda la evidencia de la que disponemos nos dice que la homeopatía es sólo agua con azúcar que no cura nada. Pero yo uso homeopatía. Luego, en lugar de escuchar esos estudios que han durado años y costado millones de euros, voy a escuchar a mi cuñado, que dice que él conoce a un tipo que tiene un amigo que se curó la disfunción eréctil con el agüita de marras. Tenemos una inclinación natural a tratar de compatibilizar nuestras creencias, que sean consistentes entre sí, y siempre es más fácil adoptar alguna hipótesis ad-hoc facilona que cambiar nuestro comportamiento.
    Hay un hecho muy relevante que hay que tener en cuenta cuando nos enfrentamos a disonancias cognitivas: su origen. No siempre tenemos disonancias de este tipo. Yo, por ejemplo, había creído siempre que el Aconcagua estaba en Chile, pero ayer mismo una chica argentina me explicó que no, que está en su país. Como lo hizo de una forma amable cambié mi creencia sin ningún problema. También había escrito toda mi vida ‘neardental’ y hace una semana, tras escribir un texto lleno de ‘neardentales’, me dijeron que la palabra correcta es ‘neandertal’. Esta ya me jodió más, pero como sacaron a relucir mi error con amabilidad no tuve mucho problema en aceptar que estaba equivocado. Al fin y al cabo, ¿qué más me da a mi dónde demonios está la montaña o cómo se escribe la palabra? Un disonancia cognitiva, que hace que la gente se cierre en banda, aparece cuando a las personas les interesa, por alguna razón, mantener esa creencia. Y a mayor interés, mayor será el esfuerzo irracional por rescatarla de la refutación.
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    Por ejemplo, si me hubieran tratado de humillar con el tema del neandertal podría haber recurrido al argumento de que la palabra no está regulada por la RAE; que se guía por el uso cotidiano y que muchísima gente la usa así. Evidentemente, la respuesta correcta es que había quedado como una auténtico gilipollas entregando un texto sobre neandertales escribiendo mal la palabra, pero siempre hay un subterfugio al que aferrarse. Pensemos en la secta de Dorothy. ¿Qué los empujaba a aferrarse con tanto ahínco a su creencia pese a las refutaciones continuas? Pues que existía un fuerte contenido emocional: habían regalado ya todas sus pertenencias, perdido a sus familias… la creencia tenía que ser cierta. Sí o sí y a todo coste. Porque de caso contrario habían echado sus vidas por la borda de la manera más absurda, por no mencionar el ridículo monumental en caso de no te acabes subiendo a la nave extraterrestre. Esta idea se plasma muy bien en la fábula de la zorra y las uvas: al fin y al cabo, si la zorra no hubiera sentido la humillación de haber sido vista por el pájaro nunca habría generado la disonancia.
    Cómo luchar contra una disonancia cognitiva
    La psicología nos puede dar algunas armas y pautas para intentar afrontar una discusión con alguien que tiene una disonancia cognitiva. Existen varios comportamientos básicos que no debemos cometer al ser contraproducentes:
    – No humillar a la otra persona: Hemos de recordar que las disonancias cognitivas son inherentes al cerebro humano. Ellas, ellos, tú, yo, nosotros, todos las tenemos. No se trata de falacias que uno pueda evitar, sino que es la manera en la que funciona nuestro cerebro. Por más rabia, risa o ganas de abofetear o defenestrar que tengamos, hemos de intentar mantenernos firmes y no perder las formas. No hay que hacerlo porque si llevamos el debate al plano personal y lo dotamos de contenido emocional, entonces convertimos el no tener razón en una humillación. Y la gente ante esto responde aumentando su nivel de disonancia cognitiva. Por ello, si estamos discutiendo con alguien que no quiere vacunar a sus hijos o con una persona que tiene une enfermedad grave y se va a poner en manos de algún chamán, hay que evitar frases como “eres un padre de mierda” o “eres subnormal”, aunque todos lo pensemos. Hay que hacer notar la gravedad de las consecuencias de su decisión pero sin perder las formas ni picar a la otra persona.
    * Lo de no humillar se aplica tanto en ese mismo momento como en el futuro. Muchas veces sucede que tenemos una discusión con alguien que cree en alguna tontería y, pasados meses, nos lo volvemos a encontrar. Empezamos a hablar y notamos que ha cambiado de parecer respecto a aquello. Bien, en ese caso lo mejor es pasar por encima del tema sin más. Querías que cambiara de opinión, ¿verdad? Pues ya has ganado. No hace falta meter el dedo en la herida, porque ello puede hacer que la persona vuelva a su creencia anterior.
    – Ser asertivo, pero no dar pasos atrás: No estás ante un rival común, estás ante alguien para el que cualquier pequeño resquicio puede valer con tal de salvar su creencia. Por ello, pese a que hay que ser asertivo y reforzar cuando la otra persona dice cosas con sentido, no hay que ser dubitativo. Si nos enredamos en un argumento o nos ven dudar ya es suficiente para ellos. Por eso, nunca hay que enfrentarse a una idea absurda sin tener preparado el tema de antemano. Hay que demostrar conocimientos sobre lo que se critica y si no se poseen lo mejor es buscarlos en otra persona: algún conocido que sí los tenga o contactar con gente que nos pueda echar una mano —el mundo de los blogs es un sitio muy adecuado para ello. Para ellos cualquier pequeña victoria vale oro puro, y hay que evitarlas.
    – Centrarse en las evidencias e ir a la raíz del problema: En lugar de humillar y atacar a la persona, hemos de tratar de mostrar las evidencias y explicarlas con detalle, ofreciendo siempre algo que llene el vacío de dejaría en la otra persona abandonar la creencia que tiene. Si vamos a hablar de ensayos clínicos, que sean de universidades y centros con nombres pomposos; y siempre explicar por qué esas evidencias son mejores que su opinión. Explicar cómo se consigue la evidencia, el rigor lógico que la ampara y el significado de los resultados. Vale la pena tomarse la molestia de hacerlo, pero siempre que lo hagamos hemos de atacar la raíz. La gente no sostiene creencias de forma aislada, sino conjuntos organizados y jerárquicos de ellas. Por ejemplo, si alguien cree que el pseudotrastorno de personalidad múltiple es real, en lugar de centrarnos en la falta de casos clínicos —que también— hay que ir a la misma inexistencia de los recuerdos reprimidos, lo cual nos llevará a criticar al psicoanálisis como la pseudociencia que es. No sirve de nada cortar ramas si el tronco sigue vivo.
    – No alargar demasiado la conversación: Cuando estamos debatiendo con una persona que cree que la homeopatía tiene el más mínimo sentido, que J.J. Benítez es un gran periodista o que la teoría de la evolución es un cuento macabeo, alargar mucho la conversación crea una falsa sensación de simetría entre ambas posturas. Tú tienes a la razón, a la ley y a la evidencia de tu lado, mientras él o ella sólo tiene ideas peregrinas ya refutadas. Si estáis dos horas hablando la otra persona sólo refuerza su postura mientras tú vas debilitando la tuya.
    Lo mejor es ser rápido: sacar los tanques, enseñar la evidencia educadamente, pasarle por encima adelantándote a lo que vaya a decir la otra persona, hacer mucho hincapié en la gravedad de las consecuencias de su creencia y dedicar sólo un rato a refutar algunos de sus contraargumentos. Tras ello, recoger tus cosas e irte. No será inmediato ni fácil, pero, Dios mediante, algunas personas acaban haciendo una reevaluación crítica de sus creencias. Otras, en cambio, son casos perdidos que necesitarían ya un psicólogo especializado en pensamiento sectario o, en algunos casos, ser abordadas desde un punto de vista legal.
    21 min
  • LA SEXUALIDAD VISTA POR LA CIENCIA
    Todos los que tenemos la suerte de vivir en países desarrollados vemos la homofobia como algo casposo. Propio de viejos con pie y medio en la tumba, beatos de estos de cilicio y rosario, fachas, gays reprimidos, cabrones y pobres diablos en general. Todos tenemos en nuestro entorno amigos y compañeros homosexuales, y tiene más rechazo social el intolerante que el que decide hacer una excursión por la otra acera. Pero esto, lamentablemente, no retrata la situación de exclusión social y persecución a la que son sometidos los no-heteros en otras partes del mundo. Los mitos, los prejuicios y las actitudes violentas y degradantes siguen teniendo lugar a lo largo y ancho del globo.
    De hecho, la situación es realmente grave, con regiones que van en claro retroceso moral y político. El problema con los homosexuales es, en úlima instancia, un problema de ignorancia, y la ignorancia es un valor en alza en el mundo actual, a veces.
    En estas líneas quisiera hacer un breve repaso acerca de lo que sabemos y lo que es falso acerca de la homosexualidad. No quisiera que se convirtiera en un mero repaso de datos científicos, así que iré un poco más allá tratando de comprender por qué los estudios sobre este tema han sufrido de fuertes sesgos y censura. Hoy en día la ciencia nos dice muchas cosas sobre los homosexuales, cosas que nos ayudan a derriban mitos alrededor de ellos y de ellas, así como comprender el fenómeno en su verdadera naturaleza y dimensión.
    Breve historia de una injusticia
    La historia de los no-heteros fue durante muchos años dejada de lado e incluso ocultada. No ha sido hasta hace unos 40 años que ha comenzado a ser escrita por investigadores serios que se han dedicado a rastrear a la comunidad LGBT a lo largo de la evidencia histórica de la que disponemos. Dos cosas han quedado claras después de estos estudios: (1) En toda la historia y en todas las sociedades han habido individuos que se sentían sexualmente atraídos por gente de su mismo sexo, y (2) en casi todas las sociedades humanas se les ha acabado persiguiendo de una u otra manera. Eso sí, y como es habitual, tenemos bastantes más datos de los hombres que de las mujeres. Si la mujer como sujeto histórico ha sido tradicionalmente ninguneada, ya ni os cuento lo que ha sucedido con las mujeres lesbianas.
    Los romanos no perdían el tiempo.
    Nos han llegado registros de homosexualidad en Mesopotamia, Egipto, las culturas precolombinas, China, la India e incluso muy anteriores. De hecho, tenemos bastante evidencia de que en el paleolítico las prácticas homosexuales eran bastante comunes, como atestiguan pinturas rupestres en Dordoña, de más de 27 mil años, que escenifican a dos mujeres practicando tribadismo —también conocido como ‘la tijera’—, u otra en La Marche que representa un coito entre dos hombres —los franceses es que siempre han sido muy liberales. Tampoco es algo que sorprenda mucho a los especialistas, porque tenemos pinturas rupestres de orgías, tríos, voyeurismo, onanismo y casi todas las prácticas sexuales que nos imaginemos. No hemos innovado tanto en ese terreno como en otros.
    Safo y sus amiguitas, representadas en el siglo XIX.
    Si bien el término ‘bisexual’ es bastante sencillo de explicar al hacer referencia explícita al gusto de estas personas por obviar el sexo de la pareja con la que deciden intimar, los términos ‘gay’ y ‘lesbiana’ sí merecen un comentario.
    ‘Gay’ se comenzó a utilizar durante el siglo XIX en la Inglaterra victoriana, pero el término, al contrario que la creencia popular, no es propio del inglés. Significa ‘alegre’ o ‘pícaro’ y proviene del occitano, un idioma casi extinto hablado en el norte de España y sur de Francia.
    De hecho, en catalán tenemos el término ‘joia’ para la alegría —aunque su significado literal es complejo de traducir—, en francés está ‘joie’, y en castellano encontramos el término ‘gayo’ o ‘gaya’, aunque ya casi en desuso. Por su parte, ‘lesbiana’ hace referencia a la isla griega de Lesbos, donde vivió en el siglo VI a.c. la poetisa Safo de Lesbos —nótese que para las relaciones entre dos mujeres también se usa el término ‘amor sáfico’. Safo escribió poemas con un alto contenido homoerótico, y parece ser que se lo pasaba bastante bien con otras poetisas de su escuela.
    Vamos, que en Lesbos las chicas ni se aburrían ni se ocultaban. Así que términos como ‘marica’, ‘tortillera’, ‘bollera’ o ‘bujarra’ te los puedes ahorrar perfectamente. Aunque también es una buena posibilidad llamar a estar personas por su nombre, o hacer referencia a ellos por su color de pelo o su puesto de trabajo.
    Si bien es cierto que en zonas como Latinoamérica, el sudeste asiático y Oceanía las cosas han mejorado mucho, la situación del colectivo LGBT en el mundo musulmán y África es básicamente la misma que en la edad media.
    Son perseguidos, marginados, humillados y muchas veces condenados a muerte. Los homosexuales no son considerados ciudadanos, se ven obligados a vivir en la sombra y someterlos a ultrajes de todo tipo no sólo es algo normal, sino que es fomentado por los gobiernos y las instituciones religiosas. En casi todo occidente ya hasta bien entrado el siglo XX la homosexualidad estuvo prohibida, y casi todos los movimientos totalitarios se han ensañado con ellos: los nazis —que no sólo mandaron judíos a los campos de concentración—, los regímenes comunistas —la URSS y China especialmente—, las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo pasado, Mussolini, Franco y un largo y vergonzoso etc. En Estados Unidos la segración de los homosexuales también era muy fuerte, teniendo estos un estatus social y legal igual o inferior a la población negra.
    Durante los 50? y los 60? se comenzaron a crear varias organizaciones ‘homófilas’, integradas por gente de la comunidad LGBT y algunos ciudadanos con dos dedos de frente. Pero no fue hasta la década de los 70? cuando el movimiento cobra verdadera fuerza y comienza el denominado ‘movimiento de liberación LGBT‘. Los historiadores sitúan el comienzo de la revolución homosexual en los disturbios de Stonewall —conmemorados en el día del orgullo gay, y de ahí el carácter festivo y provocador de la celebración—, ocurridos en el barrio neoyorkino de Greenwich Village.
    La población homosexual montó la de Dios es Cristo en Nueva York durante varios días, hartos del trato recibido por el estado y la sociedad. Esta muestra de poder y hartazgo se replicó en varias zonas del mundo, y las victorias sociales de la comunidad LGBT no han se han detenido a lo largo y ancho de occidente.
    Nuestras constituciones reconocen la libertad sexual, existen marcos legales específicos para la homofobia, el matrimonio homosexual está reconocido en más de 19 países —sin contar aquellos con contemplan la unión civil—, y la inclusión social de la poblacióm LGBT marcha a buen ritmo. Si bien es cierto que existen países en nuestro entorno, especialmente los latinoamericanos que van en el tren de cola de la región, como Guatemala, Perú, Honduras o Venezuela, en los cuales la homofobia se sigue situando en niveles casi medievales.
    A día de hoy, además, existen muchos barrios habitados por la población LGBT que, lejos de constituir guetos, son siempre de lo mejorcito de las grandes ciudades europeas y norteamericanas. Ahí están los casos del Castro, de Schöneberg, de Grachtengordel, del propio West Village o del Soho londinense.
    Por si fuera poco, hoy en día estudiamos y agradecemos las aportaciones de gays, lesbianas y bisexuales en todas las ramas de la ciencia y el arte: Freddie Mercury, Margared Mead, Alan Turing, Miguel Angel, Sir Francis Bacon, Simone de Beauvoir, Oscar Wilde, Newton —bastante probable—, Tchaikovsky, Frida Khalo, Wittgenstein, Sofía Kovalevskaya entre otros cientos de miles.
    El caso de España es especialmente relevante a nivel mundial. Nosotros fuimos uno de los países de Europa occidental más atrasados socialmente, también respecto al trato hacia la comunidad LGBT, gracias a haber sido gobernados durante más de 40 años por un dictador. Sin embargo, hoy en dia España es el líder mundial en inclusión de la población homosexual. Fuimos el tercer país en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo y actualmente la tasa de aceptación y tolerancia de los españoles respecto a la homosexualidad es la más alta del mundo. Se sitúa en el 88%, altísima si la comparamos con el 76% de UK, el 77% de Francia o el 74% de los italianos.
    A esta libertad sexual se le une una política de inclusión social bastante seria durante los últimos 20 años, así como la existencia de zonas y ciudades enteramente declaradas gay-friendly —de hecho, Sitges o Ibiza son de los principales destinos turísticos de esta comunidad. El barrio madrileño de Chueca, que antaño era una zona degrada y a evitar, fue puesto en valor por la comunidad homosexual y actualmente es una de las mejores zonas de la capital. Junto al Gaixample de Barcelona son dos de los barrios gays más relevantes del mundo, con una magnitud e historia solo comparables con San Francisco o Nueva York. Sin duda, los españoles podemos y debemos sentirnos orgullosos de estos datos, y debemos luchar por mejorarlos cada vez más.
    ¿Es la homosexualidad algo natural?
    Un argumento homófobo muy habitual consiste en afirmar que este tipo de relaciones son ‘contranatura’. Esta idea ha sido ya totalmente refutada por la ciencia, que considera los comportamientos homosexuales como muy habituales en muchas especies y perfectamente explicables a día de hoy.
    Pero la sexualidad humana no es como la sexualidad de los conejos o de las hormigas: no mantenemos relaciones sexuales únicamente por razones reproductivas. Si bien es cierto que en otras especies se dan casos de individuos que gustan de tener encuentros sexuales con otros del mismo sexo, y que incluso es posible conseguir estos comportamientos en laboratorios con las hormonas adecuadas, lo cierto es que esas situaciones distan mucho del caso humano.
    Lo nuestro no es una contingencia hormonal o un caso aislado de lordosis inducida. Chutar a pierna cambiada o con las dos es un comportamiento sistemático, generalizado y multifactorial en nuestra especie.
    Teniendo en cuenta el país donde más abiertamente se trata el tema, en España el 15% de la población no se define como heterosexual. Eso en relación a la autoconcepción, pero, como comentaré más adelante, si atendemos a otros estudios es bastante posible que entre un 60% y un 70% tenga tendencias, como mínimo, homoeróticas. Eso es un montón de gente, y la explicación es compleja aunque, ya veréis, muy esperable.
    Para la biología evolutiva el tema fue un auténtico rompecabezas durante mucho tiempo. Si lo fundamental en materia evolutiva es conseguir transmitir a las siguientes generaciones tu carga genética, ¿cómo es posible que las de hombres que preferían que el macho alfa se los llevara al huerto, o las de mujeres que sólo querían jugar a la botella con las amigas, hayan podido seguir en el pozo genético humano?
    El tema de las lesbianas fue un poco más sencillo de resolver en estos primeros razonamientos, porque no es muy esperable que homo erectus o australopithecus hayan sido muy respetuosos con el consentimiento sexual de las hembras.
    Pero la homosexualidad masculina seguía siendo un misterio respecto a su eficacia. Se propuso entonces algo más ingenioso: los hombres homosexuales, en lugar de ir a cazar con el resto, se quedarían en el refugio a cuidar de la prole. Por ello, sus hermanos y sus primos tendrían más posibilidades de sobrevivir, y así se transmitirían sus genes de forma indirecta a las siguientes generaciones. Pero la hipótesis hacía aguas. Por un lado, aquello de que los homosexuales no pueden cazar porque son cobardes y débiles es una soberana tontería, y si vas a tumbar un mamut ya puedes sumar efectivos.
    Y, por otro, la tasa de supervivencia de hermanos y primos tenía que ser descomunal, casi del 100%. O todos los gays del paleolítico eran Rambo o las cosas no cuadran. Por si fuera poco con todo esto, si uno mira a nuestros primos cercanos como chimpancés o gorilas la ocurrencia de comportamientos homosexuales es dramáticamente baja en comparación con los alegres homo sapiens.
    Esta situación de misterio respecto a la homosexualidad se comenzó a resolver cuando, en 1929, Ernst Schwarz descubrió una comunidad de chimpancés bastante rara en las selvas del Congo. Más adelante descubrimos que no eran chimpancés, sino una especie nueva de gran simio que hoy llamamos ‘bonobos’, y para nuestro asombro descubrimos también que los bonobos son nuestros parientes vivos más cercanos.
    Bastó una simple ojeada a estos amigos para que el misterio de la sexualidad humana quedara despejado. Por decirlo de forma clara, resulta que los bonobos se pasan todo el santo día follando. El único tabú que tienen es el incesto entre parientes directos, pero fuera de eso hay homosexualidad tanto entre machos como entre hembras, orgías, sexo oral y todo lo que a uno se le pueda ocurrir.
    Los bonobos vivien en sociedades matriarcales y extremadamente pacificas, y uno de sus comportamientos fascinó especialmente a los etólogos: su actividad sexual se incrementa en gran medida ante el estrés. Cuando un macho se pone tonto se le apacigua con sexo; cuando hay problemas generalizados en el grupo, orgía; cuando las hembras tienen problemas entre ellas, aquí te pillo aquí te mato. Se descubrió que la clave para la paz y el orden social de los bonobos era el sexo como forma de relacionarse y relajarse. Al fin y al cabo, hacerlo relaja bastante y te hace ver la vida con mejores ojos; admitamos que lo de tener ‘mala follada’ tiene sentido.
    No estoy diciendo que seamos iguales que los bonobos, ya que hemos evolucionado de forma algo diferente y somos bastante más belicosos y monógamos que ellos. Pero observarlos abrió una nueva manera de entender el sexo: como una forma de interacción social más allá de la reproducción.
    Si los seres humanos usamos el sexo como forma de comunicación, relación, establecimiento de jerarquías y resolución de problemas —porque a más fuerte haya sido la discusión más apoteósico es el de después, y eso es así—, entonces esa sería una buena explicación para la homosexualidad. Pero ello no deja a la sexualidad humana como repartida entre dos polos —heterosexual y homosexual—, sino como un conjunto de tonalidades de gris. Investigaciones posteriores han contrastado esta idea más allá de toda duda. Los seres humanos tenemos una tendencia natural hacia la bisexualidad, con individuos en los extremos de la campana de Gauss que sólo prefieren un sexo determinado. Ahora los números sí salen y la evidencia casa perfectamente con la explicación.
    Mucha gente que lea esto dirá “te acabas de pisar la boca porque yo soy más macho que Chuck Norris en un Hummer”. Bueno, hasta cierto punto el género es un constructo social. Hasta cierto punto, ojo, que el dimorfismo sexual humano existe y no es leve. En ciertas sociedades homófobas los heteros son cosas parecidas a Putin; los bisexuales más en lo negro o en el centro se disfrazan de heteros; los bisexuales más en lo blanco seguramente se hagan proctólogos o solistas de clarinete; y los pobres gays en lo blanco del espectro vivirán socialmente atormentados, soñando con escapar a Mykonos.
    El tabú de la virilidad y lo tontería de ‘los hombres no lloran y son máquinas sexuales’ hace que muchos oculten, repriman o no vean su forma de comportarse con algunos otros hombres. Todos conocemos casos en los que el oso de las cavernas resulta ser el oso del sauna gay los sábados. Es importante resaltar que la única forma de comportamiento y descarga sexual no es el coito, hay formas mucho más sutiles y socialmente aceptadas. Y si no, os reto a pasaros por un vestuario de fútbol después de una victoria —el fútbol en general es bastante homoerótico, incluida su prensa.
    En las chicas pasa algo parecido, aunque el espectro sexual —llamado ‘escala de Kinsey‘— se reparte de otra manera. Según nos dicen los estudios, casi todas las mujeres son bisexuales, con cierta cantidad menor de lesbianas y heterosexuales —sorprendentemente, algunos estudios bastante serios llegan al punto de negar la existencia, o la relevancia estadística, de las mujeres heterosexuales puras.
    Claro está que muchas no se califican a sí mismas como bisexuales; niegan sentirse atraidas por otras mujeres y siempre está el subterfugio de la ‘bicuriosa’ o del “es que bebí demasiado”. Pero nadie puede huir de la tecnología que usa la ciencia. Cuando nos excitamos sexualmente llevamos a cabo comportamientos inconscientes como la dilatación de las pupilas, mayor riego en la zona genital, palpitaciones, respiración agitada, etc.
    Todo esto se mide fácilmente con herramientas de psicofisiología. Por ejemplo, un reciente estudio con un diseño experimental bastante serio, llevado a cabo en Inglaterra con 500 mujeres, reveló que todas se excitaban ante estímulos sexuales femeninos, y que sólo una pequeña parte no lo hizo también ante masculinos. Ninguna heterosexual pura en el estudio y sólo unas pocas lesbianas.
    ¿La explicación a esto? Las mujeres humanas son auténticas maravillas respecto a sus habilidades de sociabilización; son mucho más hábiles que los hombres con el uso del lenguaje y sus habilidades de empatía emocional son también bastante superiores. Los hombres tendemos a establecer relaciones más jerarquizadas y competitivas, mientras que ellas, por lo general, mantienen los niveles de violencia bajos y los comportamientos filiativos altos.
    Esto se debe a que los hombres hemos evolucionado tratando de imponer nuestro esperma ante el de los demás, mientras que la estrategia evolutiva de ellas, al tener garantizada la reproducción, se ha basado más en la colaboración y la mutua protección. Esta sería una explicación evolutiva a la sorprendente tasa de bisexualidad femenina, que, como pasa con la de los hombres, sería ocultada bajo la fachada de formas de comportamiento social que pasan más desapercibidas. Al fin y al cabo, ellas no tienen que cargar con el estigma de la virilidad ni con la barrera del contacto físico.
    Las muy sanas bases biológicas de la homosexualidad
    De todo lo dicho hasta ahora se desprende la refutación de otra leyenda urbana: la homosexualidad no es una enfermedad. Es un rasgo más de la personalidad, como que te guste Melendi, Plácido Domingo, Los Beatles o ir a la playa, y no puede ser un trastorno porque es una forma extremadamente habitual de comportamiento sexual. No necesitan de terapia ni de las barbaridades que hacen algunos colectivos de fanáticos religiosos con los pobres chicos que caen en sus manos —muchos de ellos con historias trágicas de vidas destrozadas y suicidios. Los homosexuales están perfectamente bien tal como están. Además, a menos que los acosen o tiren desde tejados, los integrantes del colectivo LGBT pueden ser igual de felices o infelices que los heterosexuales.
    No hay ningún impedimento ni psicológico ni pedagógico para que las parejas homosexuales puedan adoptar o criar a un niño. El único impedimiento que tienen son los principios morales de la edad de bronce que algunos todavía mantienen y que las religiones perpetúan, y los prejuicios de aquellos que ni entienden lo que critican.
    Como se ha visto hay muchos casos, grises y matices en los comportamientos homosexuales —y cabe mencionar que sufrir abusos sexuales no te hace ni gay ni lesbiana, eso es una completa memez que mucha gente, de esta que no es capaz de caminar y comer chicle a la vez, aún cree.
    La ciencia ha demostrado ya que llamar a esto una ‘opción’ sexual no tiene sentido.
    Cabe decir que muchos de estos estudios se hacen con una prueba preliminar que elimina a bastante gente de la muestra, porque entre lo que manda la cabeza y lo que manda el pito, ya lo hemos visto, en ocasiones hay bastante desacuerdo.
    En estos grupos se sabe que hay implicaciones genéticas y embriológicas bien estudiadas. Al contrario que los bonobos, las mujeres humanas tienen un ciclo menstrual que les permite la fertilidad en casi cualquier momento, con lo cual sería esperable que la presión evolutiva empujara a los hombres hacia la herramienta social de la bisexualidad pero tirando hacia el límite hetero del espectro. Los gays, en cambio, son más complejos, y parece ser que se trataría de un efecto pleiotrópico. Esto es, que genes que regulan otras cosas tengan el efecto secundario de borrar la bisexualidad. Lo eficaz de tales genes supliría el efecto adverso en términos evolutivos. Respecto a diferencias neurológicas, sólo sabemos que los gays suelen tener diferente un núcleo hipotálamico en comparación con los heteros, y poco más hemos encontrado.
    Algo que cabe mencionar es que la homosexualidad masculina no tiene correlación con niveles bajos de testosterona. La testosterona está implicada en comportamientos como la competitividad, la dominancia, el riesgo en la toma de decisiones o la agresividad. Los gays no son menos competitivos o agresivos que otros hombres —y más de uno se ha llevado un par hostias por creer esto y confiarse.
    Lo que sí parece tener implicaciones hormonales es una forma más femenina de comportarse —lo que se suele llamar ‘pluma’ y que en realidad tiene mucho de constructo social. Pero esta forma de comportarse también se da en heterosexuales, y no tiene nada que ver con ser o no ser gay —aunque socialmente los gays pueden darle más rienda suelta. En el caso de la homosexualidad femenina, en cambio, sí parece ser que el efecto de la testosterona, sus niveles y el grado de sensibilidad ante ella, tiene implicación directa en el lugar del espectro sexual en el que tal o cual mujer se sentirá más a gusto.
    Y para terminar…
    Las formas de moralidad que tenga una sociedad pueden ser más o menos sofisticadas. En este sentido, una de las formas más primitivas es aquella que iguala lo asqueroso con lo malo. Aquello que consideramos asqueroso es altamente variable de una sociedad a otra. A mi me da bastante asco lo de comer caracoles, pero no lo es para muchas otras personas y no creo que esté mal hacerlo. Con la educación adecuada todo lo que implica intercambio de fluidos puede llegar a ser asqueroso, porque tenemos una cierta propensión innata a ello. Esta es la forma según la cual se comportan las morales religiosas y altamente conservadoras: a falta de datos sólidos y de sentido en sus argumentos apelan a que la homosexualidad les parece asquerosa. Pero es asqueroso para ellos, y a nivel moral es irrelevante siempre y cuando vivas en el siglo XXI.
    Por último, un consejo: no seas un tarado. Quiero decir, vivimos en este siglo, sabemos lo que sabemos y a nadie le importan tus prejuicios antediluvianos ni el origen etimológico del término ‘matrimonio’ —porque ‘acostarse’ etimológicamente es ‘acercarse a la costa’, pero bien que usas la palabra cuando te vas a dormir.
    Las palabras cambian, la gente se harta de que la traten mal y la moral avanza y se amplía su círculo de actuación. Hay gente a la que le encanta meterse en la cama de los demás: saber cómo se lo montan, con quién, en qué postura y por dónde. Métete en tus asuntos, preocúpate de tu propio cuerpo y no seas de esos chismosos sin vida que andan como dijo el perro del hortelano. Que ni viven ni dejan vivir en paz.
    Un gay, una lesbiana o una persona bisexual es mucho más que eso. Es una profesora, es un padre, es un experto en historia del arte o mil millones de cosas además de ese rasgo tan poco definitorio de su personalidad. Lo único que cambia en alguien por no ser hetero es que se excita sexualmente con personas de su mismo sexo. ¿Qué más da?
    42 min
  • LA PAZ DE LAS COSAS SALVAJES POEMA DE WENDELL BERRY
    Cuando el temor por el mundo crece en mí
    y despierto en la noche ante el menor sonido,
    preocupado por qué será de mi vida y de las vidas de mis hijos,
    voy y me acuesto allí donde el pato
    descansa en su belleza en el agua, y la garza real se alimenta.
    Entro en la paz de las cosas salvajes
    que no ponen a prueba sus vidas con la anticipación del dolor.
    Entro en la presencia del agua quieta.
    Y siento sobre mi cabeza a las estrellas ciegas al día
    esperando con su luz. Por un momento,
    descanso en la gracia del mundo, y soy libre.
    Poema original: The Peace of Wild Things
    When despair for the world grows in me
    and I wake in the night at the least sound
    in fear of what my life and my children’s lives may be,
    I go and lie down where the wood drake
    rests in his beauty on the water, and the great heron feeds.
    I come into the peace of wild things
    who do not tax their lives with forethought
    of grief. I come into the presence of still water.
    And I feel above me the day-blind stars
    waiting with their light. For a time
    I rest in the grace of the world, and am free.
    2 min
  • Una aproximacion a la figura historica de jesus de nazareth
    ¿Hay evidencia de la existencia histórica de Jesús?
    Oct. 24th, 2015
    Es sorprendente la seguridad con la que muchas personas afirman la existencia histórica de Jesús. No sólo creyentes, sino también agnósticos y ateos que tienen la creencia asumida sin haberse parado a pensar mucho en ello. Es lo que se da en clase de religión, lo que se asume muchas veces en los debates sobre el tema, y podríamos decir que es la postura por defecto. Por eso os propongo un ejercicio de pensamiento crítico: vamos a recopilar y a analizar toda la evidencia disponible y, después, a tratar de emitir un juicio informado.
    “Hay más pruebas de la existencia de Jesús que de la de Julio César”
    Esta frase es una de las más alucinantes que haya podido escuchar yo en una entrevista. Ha sido espetada por el señor catedrático de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Piñero —en varias ocasiones, además. Algunas declaraciones parecidas han sido realizadas por gente como F.F. Bruce —“ningún erudito serio se ha atrevido a postular la no historicidad de Jesús”—, E.P. Sanders o James Charlesworth.
    Esta gente no es tonta. Son personas que saben de historia y que están jugando muy fuerte. Así que una de dos: o tienen razón, o nos están colando un bulo tremendo basado en un argumento de autoridad proveniente del fervor religioso o de las ganas de vendernos libros —que hablan sobre el tema en su mayoría, y que se basarían en puras especulaciones de estar equivocados. El tema es importante al ser una creencia ampliamente extendida y promovida por la Iglesia Católica, así que voy a tratar de tomarme en serio sus palabras. Allá vamos:
    1) La primera aproximación a los personajes la haremos desde Wikipedia. No es una dato relevante, pero sí curioso, que la descripción de la vida de Jesús, siendo un personaje más estudiado, tenga 4338 palabras, mientras la de Julio César tiene 17356. Mal empezamos.
    De las 56 referencias que se han empleado para elaborar un relato de la supuesta vida de Jesús, 54 son referencias a la Biblia. Mientras que de las 166 que se emplean en la biografía de Julio César, deben de haber, por lo menos, referencias a 25 o 30 obras y muy pocas notas aclaratorias. Parece ser que Jesús se la juega todo a una carta, mientras que en el caso de su competidor hay una buena cantidad de fuentes autorizadas que parece que no se contradicen mucho.
    2) Hasta nuestros días han llegado al menos dos grandes obras escritas de puño y letra de Julio César: Comentarios sobre la guerra de las Galias y Comentarios sobre la Guerra Civil. Ambas obras indiscutiblemente de su autoría, sin ningún experto que lo ponga en duda.
    3) No hay razones para pensar que fanáticos con intereses ocultos pudieran habérselo inventado, y su vida no incluye ningún elemento especialmente fantasioso que levante sospechas.
    4) Cicerón, entre otros, fue coetáneo de Julio César, además de testigo ocular de su asesinato. Escribió unas famosas Primera y Segunda Filípicas en las que lo menciona directamente, relatando pasajes de su vida que son congruentes con información colateral. Nos ha llegado, además, un montón de correspondencia original entre los dos, además de correspondencia de Cicerón en la que habla de César.
    5) Cátulo, Salustio, Polión y Virgilio nos han legado testimonios de primera mano acerca de Julio César.
    6) Historiadores, escritores y biógrafos nacidos en la vejez o justo tras la muerte de Julio César, como Ovidio, Virgilio, Plutarco, Suetonio, Apiano, Lucano y Paterculus hacen referencia a, o escribieron extensas obras sobre, su vida. Todas ellas altamente congruentes y detalladas.
    7) Sabemos cuál fue el aspecto físico de Julio César, al conservarse una buena cantidad de bustos y monedas datados dentro de su periodo de vida. Además de un montón de datos arqueológicos que contrastan el relato de su vida.
    Tras un análisis crítico de la evidencia disponible puedo afirmar que me resulta de sentido común creer que Julio Cesar existió realmente. El mismo sentido común con el que afirmo la existencia de la Armada Invencible, Santiago de Chile o de los Rolling Stones.
    Vamos a ver el caso de Jesús. Voy a ir rápido y sin entrar en muchos detalles, porque quiero repasar de forma exhaustiva todas las evidencias que los creyentes en su existencia aducen a su favor.
    1) Supuesta evidencia cristiana: Ya de entrada toda evidencia de aquí está desautorizada al ser sesgada. Es como si tratamos de encontrar la evidencia de la existencia de Xenu en los libros de la cienciología, una entidad interesada en su existencia. Habremos de buscar esa evidencia en fuentes medianamente independientes. De todos modos, si analizamos el Nuevo Testamento encontraremos serias razones para dudar de su veracidad.
    1.1) Los evangelios canónicos: Tradicionalmente se cree que fueron escritos por los personajes que les dan nombre, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, se trata de compilaciones de historias que incluso están escritas en tercera persona. Marcos es del 70 d.c., Mateo más o menos del 80 d.c., Lucas del 90 d.c, y Juan del 120 d.c. Es decir, muy lejos de la supuesta muerte de Jesús y no suponen evidencia directa. No hay testigos, no hay referencias, no hay nada que no nos haga pensar que la historia que narran es totalmente inventada.
    1.2) Las epístolas de San Pablo: Sólo 7 son auténticas, escritas hacia el año 40 d.c. Pablo no pudo conocer a Jesús, y sorprendentemente ignora una enorme cantidad de detalles muy relevantes de su supuesta vida. Parece ser que Pablo elaboró una historia acerca de un tal Cristo que mezclaba rituales paganos de todo tipo -bautismo, última cena, gnosticismo. Es un tipo muy oscuro, que se autoproclama apóstol y afirma haberlo visto, siempre hablando desde apariciones y revelaciones. Pablo sólo habla de la cruz y de la resurrección, de nada más. Y, dato muy relevante, en ningún punto de sus epístolas sitúa a Jesús en la tierra. Siempre habla de forma metafórica, como si no se hubiera enterado que se supone que estuvo por aquí hacía 40 años.
    De hecho, se podría considerar que en lugar de constituir evidencia a favor de la existencia histórica de Jesús, las epístolas son evidencia en contra.
    1.3) Reliquias: La sábana santa es un fraude perfectamente estudiado. Es un disparate en términos anatómicos, la prueba del carbono-14 de 1988 fue demoledora para su credibilidad al declararla medieval, y, por si fuera poco, tenemos el testimonio de Pierre d’Arcis explicando al Papa los detalles de cómo Geoffroi de Charny había realizado la estafa sobre el año 1300 —de hecho, Clemente VII y hasta dos obispos que sabían de la historia de primera mano negaron vehementemente que la sábana fuera real. El resto de reliquias, como las millones de vera cruces, cálices y santos prepucios, no son reconocidos ni por la Iglesia en la actualidad.
    1.4) Evangelios apócrifos: Son muy posteriores, del siglo II – III. Si los canónicos son incongruentes, estos es que son una locura.
    1.5) Cosas de la Biblia que tienen sentido: La Biblia tiene datos, gente y hechos que tienen fundamento histórico, al ser referenciados por otros autores y tener evidencia arqueológica. Pero Jesús no es uno de ellos. No hay ninguna referencia seria a este señor fuera de la Biblia en todo el siglo I.
    1.6) Lo que se dice en el Antiguo Testamento se cumple en el nuevo: El argumento más absurdo de todos. Evidentemente si te inventas una historia puedes hacer que case con lo que se espera de ella.
    2) Supuesta evidencia no cristiana:
    2.1) Historia sospechosa: La vida de Jesús incluye elementos inverosímiles. Eventos maravillosos dignos de la mejor ciencia ficción que parecen haber pasado desapercibidos por todos en su época. Además, su vida es calcada a la de otros dioses de su entorno incluyéndolo en las llamadas ‘deidades de vida, muerte y resurrección’. La vida de Jesús sigue un patrón de acontecimientos muy parecidos a los de otros héroes y dioses antiguos, y ello hace pensar que fue creada sobre un antiquísimo arquetipo divino. De hecho, Jesús es el cuatro personaje histórico con mayor puntuación en la escala de Raglan.
    Vale la pena repasar un poco la vida de Krishna —deidad anterior a Jesús— para darnos cuenta de que las coincidencias levantan bastantes sospechas —los parecidos con Dionisio, Mitra y Horus son igual o más sorprendentes:
    El nombre se parece. Nacido de una virgen y anunciado por una aparición divina Su padre fue carpintero Un dirigente tirano quiso matarlo en un infanticidio masivo Era de ascendencia real Bautizado en el Ganges Hizo muchos milagros, entre ellos resucitar muertos y curar enfermos Predicaba con parábolas el camino hacia su padre Tuvo una vida ascética Murió crucificado Resucitó Ascendió a los cielos Era la tercera persona de una trinidad
    Volverá a la tierra en el futuro
    2.2) No se sabe nada del cristianismo primitivo: Ni de sus creencias ni de sus rituales. Pero se hacían llamar ‘los nazarenos’ —cero referencias a Jesús— y eran considerados una secta apocalíptica del judaísmo como otras muchas.
    2.3) Flavio Josefo: La flaviana es la referencia por antonomasia de los cristianos en busca de justificación histórica. La Iglesia y sus historiadores datan la referencia en el año 93 d.c., pero resulta evidente que el pasaje es una burda falsificación posterior. Flavio Josefo era fariseo, y qué iba a hacer un fariseo diciendo que Jesús era “un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo”. Además, los llamados ‘padres de la Iglesia’ hacen gala de un desconocimiento total de esta referencia, pese a la fama de Flavio.
    Sea todo el pasaje una falsificación o sólo una parte, en el mejor de los casos el texto sería 100 años posterior a la supuesta muerte de Jesús, y comenta al respecto de paso, sin dar ninguna referencia o muestra de rigurosidad y con el mero afán de caracterizar a los cristianos.
    2.4) Códices de plomo: Una burda falsificación que entremezcla dialectos sin ninguna lógica con una imagen de Jesús tallada hace menos de 50 años.
    2.5) Los rollos de Qumrán: Nunca he entendido esta supuesta evidencia. Estos manuscritos no hacen ninguna referencia a Jesús ni a ningún pasaje del Nuevo Testamento. Hay una parte en la que se alude a un tal “maestro de justicia” que podría ser cualquiera.
    2.6) Plinio el Joven: Plinio envió una carta al emperador Trajano para preguntarle qué hacer con los revoltosos cristianos. La carta es del año 113 d.c., y se limita a describir someramente las creencias de los cristianos sin juzgarlas como ciertas o falsas.
    2.7) El Talmud: Sólo hay un pasaje que podría ser referente a Jesús si se interpreta libremente, y la historia que se contaría de él es bastante llamativa. Se habla de un tal Yeshú, hechicero, hijo de una prostituta y con cinco discípulos. Los otros pasajes no se pueden interpretar como referentes a Jesús ni aunque le echemos toda la imaginación del mundo. Un rabino que, se supone, vivió en el año 100 a.c.; o un señor que fue apedreado no pueden ser Jesús. Por otro lado, la datación de estos pasajes es de alrededor del año 350 d.c., muy lejos como para construir evidencia alguna.
    2.8) Mara Bar-Serapion: Un manuscrito del siglo VI recoge una carta de un tal Mara Bar-Serapion a su hijo. La datación de la carta es tremendamente incierta, y podría ir desde el 73 d.c. hasta el siglo III y aún más allá. La referencia es otra interpretación imaginativa de los cristianos, que suponen que el “rey sabio de los judíos” del que se habla de pasada es Jesús.
    2.9) Tácito: La referencia de Tácito es la única que es bastante clara y que podríamos considerar como medianamente sólida ¿El problema? Que data del año 116 d.c., es decir, bastante lejos de ser una evidencia contundente y fiable de la existencia de Jesús. Además, Tácito habla de “un tal Cristo” y de las “supersticiones” de los cristianos. Lo hace de forma bastante ajena a ellos, siendo un escritor galo que posiblemente tuvo muy poco contacto con los cristianos y con su región de origen. No parece estar muy seguro de la existencia histórica de Jesús, ni tampoco muy interesado en el tema. El texto de Tácito se limita a contar lo que creen los cristianos y no apela a ninguna fuente.
    2.10) Luciano: Sátira del cristianismo que data del 165 d.c.
    2.11) Suetonio: Otra obra de la imaginación cristiana. Año 120 d.c., Suetonio menciona a un tal “Chrestus” que andaba siempre organizando tumultos. Interpretación fantasiosa de un nombre parecido y…¿estaba vivo Jesús en el 120 d.c.?
    2.12) Celso: Del siglo II. No sabemos nada de su obra, sólo los comentarios que hizo Orígenes de ella. Parece ser que era anticristiano, y que puede haber servido como fuente para la referencia del Talmud de que Jesús era hijo de un tal Pantero y de una prostituta. Es interesante que se diera cuenta de que la vida de Jesús es igual a la de otros dioses ya en aquellos años. Ni siquiera conocemos el texto original.
    2.13) Cabe mencionar que ni Justo de Tiberíades ni Filón de Alejandría, siendo supuestamente coetáneos de Jesús y habiendo escrito detalladas obras sobre sectas y ritos de su tiempo, le dedicaran ninguna referencia.
    3) Supuesta evidencia arqueológica:
    No la comentaré en profundidad, pero la divido en tres grupos. (1) Aquellas cosas cuyas implicaciones en la efectiva existencia de Jesús ha sido extralimitada —tumba de Pilatos y tumba de Caifás, por ejemplo—; (2) aquella que consiste en retorcer los descubrimientos hasta el extremo para que tengan que ver con Jesús —la supuesta casa de Pedro, la barca de Galilea, la supuesta tumba de la sagrada familia, etc.—; y (3) los fraudes, entre los que están todas las tonterías que se ofertan entre la inverosímil oferta turística de Jerusalén —como la casa de Jesús o el sitio de la última cena.
    Conclusiones a la luz de las evidencias
    Después de analizar la evidencia de la que disponemos me atrevo a afirmar que la creencia en la existencia histórica de Jesús está igual de fundamentada que la creencia en Bigfoot, en el Monstruo del Lago Ness o en el Rey Arturo —siendo este último caso especialmente interesante. Testimonios basados en especulaciones, que muchas veces no son de ni de primera ni de segunda mano —aunque es discutible en el caso de Jesús que muchas de las referencias constituyan testimonios—, apelación al folclore o a obras literarias, historias que violan el sentido común, y creencias que se sostienen en el dogmatismo y en la evaluación acrítica de la supuesta evidencia disponible.
    La historia es una ciencia —o debe tratar de serlo— y en ese sentido debe apoyarse siempre en evidencias para afirmar la existencia de alguna entidad o proceso. En ese sentido, y a la luz de la evidencia de la que disponemos, creo que podemos afirmar que Jesús no existió históricamente, y que afirmar lo contrario constituye un ejercicio de fe. Jesús sería una figura mitológica creada a fin de justificar las creencias de una secta judía, basada en un estereotipo divino muy antiguo, que pasó por Pablo, y cuya biografía fue generada poco a poco por medio de tradiciones orales hasta ser puesta por escrito en los evangelios canónicos.
    Lo que quisiera sacar a relucir con estas líneas es cómo la historia puede ser manipulada, y cómo gente de todo tipo puede llegar a sostener con absoluta seguridad una creencia que se fundamenta en aire, sólo porque ha sido mil veces repetida.
    Por Angelo Fasce
    26 min
  • DESPUES DE LA LLUVIA Y ...DEL AMOR POEMA Por Leufümanke
    La lluvia
    Me hace recordar,
    Las nostalgias,
    Los dolores,
    Los amores,
    Los olores,
    Las hemorragias,
    Todo eso,
    La lluvia,
    Me hace recordar.
    Tus ojos
    se me pierden,
    tu olor,
    no lo siento,
    tu sonrisa,
    no la hayo,
    tu amor,
    tu amor, es lejano…
    ¿Dónde estás?
    ¿Te fuiste?
    ¿Por qué lloras?
    ¿Por qué te escapas?
    ¿De mis colmillos?
    Mis dientes se me caen.
    Entonces,
    ¿De qué huyes?
    ¿De la vida?
    ¿De las alegrías?
    ¿O de mí?
    Si es de mí,
    No te preocupes,
    Olvídame,
    Sufriré,
    Pero,
    Se me pasará.
    Quizás,
    No te olvide,
    Quizás,
    No ame más,
    Quizás mi corazón se seque,
    Quizás, sólo quizás.
    Espero equivocarme.
    Pero anda tranquila,
    Tu no tienes culpa,
    Las guerras,
    Son de a dos
    ¿El amor?
    ¿Es una guerra?
    No lo sabía
    3 min
  • COACHING, FREAKING Y OTRAS COSAS QUE SON UN TIMO FELIZ
    Coaching: dominación, sectarismo y egos
    El coaching no es una pseudociencia. Es peor que eso. Es una práctica con tintes sectarios, de control obsesivo, basada en una filosofía de vida impracticable y contraproducente, ajena a todo control y que genera relaciones de dependencia que, según mi experiencia, rozan en ocasiones el sadomaso.
    Además me he documentado un poco —incluído ver algunos videos muy perturbadores a los que no les termino de encontrar la gracia. Evidentemente se trata de una relación de sumisión y dominancia más sutil que meterte en un baúl vestido de latex, pero esto del coaching muchas veces supone más un peligroso juego de rol de supresión de la voluntad que cualquier cosa parecida a la psicología. Y eso, en determinadas ocasiones, es un trampolín hacia el sectarismo.
    Y no sólo eso. La cosa no se limita a tener un origen vergonzante en un profesor de tenis medio lelo y en ser parte de los sueños lúbricos del Marqués de Sade, sino que supone además una ideología empresarial y económica agresiva e inhumana. Una ideología basada en la Felicidad —la felicidad de los que mandan, al menos— que pretende convertir al coachee —el aprendriz, padawan, incauto— en un ser pusilánime y dócil.
    Un ser que sonría y no se queje mientras persigue sueños de felicidad nirvánica que nunca llegarán y se deja la cartera y la voluntad en manos de un donnadie fracasado, con ínfulas de Señor Miyagi, que se autodeclara gurú y gran sabio de la vida, los negocios, la felicidad y el amor.
    A ver, explico las ideas un poco mejor porque ya estoy invadiendo Polonia y ni he dado el discurso.
    Tenis y sectas, el extraordinadrio poder relacional de la magufada
    En 1960 un tal Hans Ji Maharaj funda una secta denominada ‘Misión de la luz divina’ en la ciudad india de Patna. Los principios básicos de la secta son una especie de deformación del hinduismo con un alto contenido de culto a la personalidad.
    Hans ya era famoso en la India por ser un predicador que iba de ciudad en ciudad y por haber amasado una gran fortuna con ello —también tenía una casa llamada ‘casa del amor’ cuyas actividades parecen haber hecho honor al nombre de club swinger guarro que tenía.
    La secta de Hans basaba toda su doctrina en la búsqueda de la Felicidad, y casi todas sus acciones iban encaminadas a (1) hacer yoga y (2) reconocer que todo lo que salió de la boca de Hans es satsang y que él fue la fuente de sabiduría, dios en la tierra y autoridad última.
    De hecho, esta secta destructiva sigue viva en la actualidad.
    En 1966 Hans deja el liderazgo de la secta a su hijo Prem Rawat, que hoy en día es un conocido conferenciante de estos que aparecen de la nada cuando hay que rellenar algún acto que cuenta con mucho presupuesto, poco sentido y sesgos posmodernos —sí, habló en el Forum de Barcelona.
    Digamos que es el friki al que llamar cuando no pueden venir esos que se alimentan del sol. Prem tuvo el acierto de expandir la secta más allá de las fronteras de la India, buscando un nuevo mercado en los lisérgicos Estados Unidos de la New Age.
    El caso es que entre todos los mongos que decidieron unirse a su movimiento estaba un señor llamado Timothy Gallway. Ya se sabe que en EEUU tienen la extraña manía de darle becas para estudiar en la universidad al quarterback guaperas antes que al chaval necesitado del Bronx, y Timothy estudiaba en Harvard algo aunque su principal función dentro de la uni era ser el capitán del equipo de tenis.
    El principal postulado teórico de la secta dice que no eres Feliz porque no quieres.
    Porque el mundo es maravilloso y todo lo que pasa es bueno y una oportunidad.
    Timothy pensaba que se podía aplicar este pensamiento al deporte, afirmando que las partidas sólo se pierden cuando uno no está realmente convencido de que va a ganar.
    Vamos, que lo de entrenar, superarse y respetar las virtudes del rival es para pringaos. En este tiempo estudiando pseudociencias he visto de todo.
    Toda clase de libros inverosímiles. Pero no me cabe duda de que los libros fundacionales del coaching son de lejos la frikada más alucinante que uno puede encontrar en el mercado.
    Se trata de una serie de escritos en los que se mezcla técnica deportiva, psicología positiva, tonterías New Age del movimiento del potencial humano —con el que el coaching siempre ha mantenido profundas relaciones— y misticismo barato pseudohindú. Encabezan estos escritos nombres tan alocados como El juego interior del tenis, El esquí interior y El juego interior del golf.
    El coaching consiste, básicamente, en una especie de asesoramiento agresivo y altamente dominante. Mantiene la psicología positiva absurda y el principio de autoridad sectario de la Misión de la Luz Divina, pero traslada el satsang en el coach en lugar de mantenerlo en un único gurú.
    En la actualidad se ha convertido en un negocio multimillonario donde el intrusismo profesional respecto a la psicología es una constante, y se ha diversificado considerablemente.
    En un principio se contemplaba más bien desde una óptica deportiva, de ahí pasó a una empresarial, y ahora podemos encontrar coaching sexual, ontológico (¿?), personal, financiero, para liderazgo, para ligar e incluso hay una ‘especialidad’ dedicada en exclusiva a supuestos afectados por TDAH.
    Por supuesto existe también el neurocoaching, no vayamos a perdernos el rentable tren de las neurotonterías. El coaching en sí mismo es un mero ejercicio semisectario de dominación entremezclado con espiritualidad, pero sus alianzas con diversas pseudociencias actuales como la PNL y aquello de la ley de la atracción de El Secreto están siempre presentes.
    Pero esto no se hace de cualquier manera. Bueno, sí se hace de cualquier manera en la práctica, pero en teoría hay unos patrones a seguir:
    — Primero llamas a un coach. Por lo general algún pobre diablo que se cree más listo e interesante de lo que es. Entonces le cuentas tus problemas. Esta persona realiza ‘escucha atenta’, realiza un ‘diagnóstico’ sobre lo que te está pasando —básicamente lo que le de la real gana; pero recordemos que su magna opinión es la Verdad; es el jodido satsang. Esta persona diseña entonces un ‘camino’, con metas que irás cumpliendo en total dependencia del coach, al que debes recurrir en todo momento y pedir consejo en todos los ámbitos de tu vida.
    — Desaprendizaje: Hay que eliminar ideas preestablecidas y complejos. Todo aquello que no te deja cambiar debe salir volando por la ventana. Y eso incluye tu actitud negativa ante la vida —porque TODO en este vida es maravilloso y debes entender esto muy bien. Por supuesto, también deben salir volando las ‘personas tóxicas’, esas personas realistas que te atan al planeta tierra o que te puedan dar feedback crítico respecto a tu relación de dependencia y adoración hacia el coach. Quién es tóxico y quién no, sobra decirlo, es decisión del Iluminado. Este movimiento de aislar a la persona de sus allegados y seres queridos es una táctica típica de sectas.
    – Cambio: Una vez dejan de haber moros en la costa y ya está diseñado el plan de acción ‘que más te conviene’, hay que ponerse manos a la obra. En este punto el coaching es bastante tajante: actúa. Actúa, joder, actúa y no pienses; que pensar es de acabados y de personas que no conocen los caminos del tao, del Krishna, del Buda o de Mariana, relaciones públicas de discoteca y coach. Pensar cansa, es contraproducente en el proceso de iluminación y quema valiosa glucosa. Así que calla y come.
    – Reaprendizaje: Ahora eres alguien nuevo. Ahora sonríes ante las putadas, tus jefes no te tienen que aguantar, ligas mucho gracias a la PNL y a tu nuevo machismo enseñado por algún acosador en potencia, y te sabes el fiel perrito de tu coach. Aprende bien la lección y no vengas a reclamar reembolsos.
    – Institucionalización: Llámalo ‘táctica sectaria’, llámalo ‘predicación’, llámalo ‘meme tóxico con comportamientos epidemiológicos de tipo vírico’, pero ahora lo que tienes que hacer es anunciar la buena nueva a todo el mundo. Parte imprescindible del proceso es que captes nuevos clientes para tu coach o te conviertas ahora tú mismo en coach. Ya eres sabio, no lo olvides. Sé muy pesado: haz que los testigos de Jehová parezcan simples vendedores de potinges.
    Ni psicología, ni asesoramiento, ni sabiduría
    Cualquiera puede ser coach y darte consejos para lo que sea. Nadie lo regula y basta con poner un anuncio autoproclamándose como tal. Ese es el punto que separa esto del asesoramiento serio. Por ejemplo, uno tiene problemas financieros o un político debe tomar una decisión sobre sanidad siendo abogado de formación.
    En ese caso se recurre a un experto contrastado que oferta servicios de asesoramiento y te echa un cable. Un asesor financiero es alguien que realmente sabe del tema, o un experto en salud pública en el caso del político, y te asesoran en eso y en nada más.
    No esperes poder llamar a tu asesor fiscal a las 2 de la mañana para preguntarle cómo montártelo hoy con tu pareja o cómo encarar mañana la asamblea de vecinos de tu edificio. El coaching no es asesoramiento en este sentido. El coaching es guía espiritual y toma el lugar dejado por los curas.
    Respecto a la psicología, su relación es bastante parecida a la que tienen con ella los raritos de la terapia filosófica —que aún me mandan de vez en cuando sus muestras de aprecio por email: os mando un nada afectuoso saludo a todos, caraduras. Lo primero que separa al coaching y a la psicología es la falta total de estudios que lo avalen como una técnica efectiva para algo.
    Para empezar, cada cual hace lo que considera y no existe una técnica propiamente dicha. Hemos de recordar que el código deontológico de la psicología establece de forma taxativa y muy explícita que todas las técnicas que emplee un psicólogo serio, que no son todos, han de venir avaladas por evidencia científica. Y que todo psicólogo o programa de investigación es respetable si y sólo si a su vez respeta esta cláusula ética tan importante.
    Por otro lado, un psicólogo se encarga de aplicar estas técnicas contrastadas en relación a un problema determinado. Es decir, si vas por un problema de ansiedad te va a tratar eso y nada más. Aquí no hay gurús ni iluminados: lo que tienes en frente es un profesional sanitario que hace su trabajo de forma profesional y se limita a ello.
    Tu vida es tu vida y nadie tiene por qué guiarte como si fueras un niño sin capacidad para hacerse responsable de sí mismo. Esta actitud del psicólogo, que no la respetan los psicoanalistas, se debe a un intento por parte del código deontológico por evitar crear dependencia y relaciones duales.
    A un psicólogo no lo llamas fuera de horas de consulta ni te vas a ir de cervezas con él y, por supuesto, olvídate de relaciones sexuales raras: totalmente prohibidas. La psicología ha tenido muchos problemas en el pasado con las sugestiones iatrogénicas y ahora se evitan a toda costa. El coach, por su parte, abusa continuamente de su posición de poder, extralimitándose, creando dependencia, conflictos de intereses y alargando la relación todo lo que considere.
    Os voy a contar una experiencia personal sobre el coaching que creo puede ilustrar de qué va esto. Hace unos 5 años una exnovia me convenció para ir a un curso de dos días financiado con dinero público, de una organización cuasisectaria llamada ‘Desata tu Potencial‘. Me resistí bastante, pero en esa época creo que esa chica me hubiera convencido de unirme a la cienciología con sólo mover un poco el pelo y ponerme ojitos.
    Cabe decir en su defensa que a ella la convenció su hermana y que durante el freakshow que fue aquello me miraba con cara de ‘siento mucho haberte arrastrado a este infierno’. Desata tu Potencial es una organización montada sobre un montón de chavales jóvenes captados por medios sectarios de promesas de Felicidad y retroalimentación en la creencia que rendían culto a un estrambótico personaje llamado Juan Planes.
    Este tipo es un licenciado en márketing, que en realidad tengo entendido es un niñito mimado de familia-bien, ridículamente ególatra, que actúa de gurú en estos encuentros de autosuperación y coaching coercitivo. Es, básicamente, el dueño de Pollos Planesy en esa época tenía una cadena de arrocerías que quebró porque la comida era más mala que ingerir cianuro.
    Os recomiendo encarecidamente siempre investigar el pasado de los coaches. Son la gente más friki y turbia que os podáis imaginar, en su mayoría empresariuchos de medio pelo y aspirantes a famoso. Vais a encontrar intentos penosos de carreras musicales, relación con sectas y pseudociencias de la peor calaña y un montón de trapos sucios.
    El show consistía en un montaje muy parecido a una misa evangélica altamente sugestiva donde Juan enseñaba meditación trascendental, rudimentos básicos de autoyuda incluso para cosas serias y, cómo no, a manipular a mujeres para que se acuesten contigo —también tenía reservados algunos sabios consejos para satisfacer sexualmente a varias mujeres a la misma vez que me dejaron un poco descolocado.
    El contenido, además de ser bastante misógino, era un absoluto culto a la personalidad. Juan bailaba como un poseso, pedía aplausos continuamente para sí mismo por haber dejado de ser un obeso mórbido y ligar muchísimo, repartía descuentos para su restaurante y le contaba a la gente los secretos últimos del mundo y de la felicidad. El mensaje era dejar de ser quien eres.
    Porque sea lo que sea que seas, eres un sucio perdedor. A ver si me entiendes: no eres Juan Planes ni tienes un empresa de hamburguesas de pollo. Juan era más grande que Jesucristo y los Beatles juntos, un gurú de secta aleatorio sin mucho misterio. El momento álgido vino cuando puso el video aquel de Bruce Lee, el de ‘be water my friend‘. Sé agua; adaptate a lo que sea y sé siempre lo que los demás esperan de ti. Todo ello con mucha parafernalia orientalista de supresión del ego. Lo que viene siendo una secta, vamos.
    Yo miraba aquello desde una esquina con cara de pocos amigos, pero no sin dejar de sentir cierto respeto por Juan Planes, porque de tonto no tenía un pelo. El tipo era un pobre ignorante que había podido convencer a todo el mundo de que era un sabio, construir un séquito que incluía un harén considerable —me fijé en que el número de chicas en la organización era arrolladoramente superior— y tenía shows pagados con dinero público —porque se forraron en su momento por Valencia y alrededores— en los que podía sentirse el sexto rolling stone.
    Tenía más cara que espalda y se aprovechaba de la gente, pero menuda cara tenía. Siempre hay gente súmamente sugestionable que es víctima de aquellos más dominantes y engrandecidos, que ahora se hacen llamar ‘coaches‘, a los que sólo les basta algo de publicidad barata para captarlos —por cierto, me acabo de dar cuenta de que en este video sale uno de los directores de la secta fingiendo ser uno de los asistentes, patético.
    Sonríe, alelao
    Siempre he reservado un sitio especial a Oscar Wilde, uno de mis escritores favoritos. En El alma del hombre bajo el socialismo tiene una opinión muy inspirada: “Con frecuencia nos dicen que los pobres agradecen las caridades y beneficios que se les hacen. Pero, si algunos de ellos indudablemente lo hacen, los mejores de entre los pobres no son nunca agradecidos. Antes al contrario, son desagradecidos, descontentadizos, indóciles y hasta rebeldes. Y hay que reconocer que, después de todo, están en su perfecto derecho. Comprenden que la caridad es una forma absurdamente inadecuada de restitución parcial o un donativo sentimental, casi siempre acompañado de una tentativa impertinente de tiranizar su vida privada….
    En lo que se refiere a su descontento, un hombre que no estuviese a disgusto en tal ambiente y con una vida semejante sería un perfecto estúpido. La desobediencia, a los ojos de todo el que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre.”
    Estar descontento no es intrínsecamente malo.
    Ser rebelde, ser uno mismo y vivir tu vida con tus propias reglas, no es algo que esté mal. Y si tu jefe es un sátrapa, tu pareja se aprovecha de tu bondad y no te comprenden los que te rodean, cabe la perfecta posibilidad de que estés rodeado de idiotas que no estén a tu nivel. Ser sumiso y dócil es algo que sólo conviene a los que te van a explotar, empezando por el reverendo subnormal de tu coach.
    Algo curioso de esto del coaching es que muchos de ellos lo hacen gratis. Por el mero afán de controlar la vida de los demás y alimentarse el ego. Y esto lo digo de una forma totalmente subjetiva y desde mi propia experiencia: normalmente hay un alto contenido sexual en todo esto. El coaching está casi enteramente dominado por hombres testosterónicos con afán de dominar.
    Cada vez que he conocido un caso, sea el servicio que sea, el coach acaba metiéndose en los asuntos de cama de sus sumisos/as. Y, de esto también he tenido bastante noticia, muchas veces también se acaban metiendo en sus bragas.
    Si tienes algún problema acude a un profesional, que en los casos que suele tratar el coaching será normalmente un psicólogo. Es posible que acudas al psicólogo y que este te mande a casa y te diga que no tienes nada. Eso es porque no tienes nada. Porque no necesitas de ninguna intervención. En ese caso deja de darle vueltas al asunto. Si tienes ganas de que te dominen, cómprate 50 Sombras de Grey.
    Y si lo quieres materializar, acude a un club de estas cosas y déjate de tonterías de coaching. Porque aquí sólo te vas a dejar el dinero y, en el mejor de los casos, te van a dejar a medias.
    Por Angelo Fasce
    25 min
  • LA COMPETENCIA QUE FALTA POR ENSEÑAR
    Adolf Eichmann fue uno de los mayores criminales de guerra que el mundo ha conocido. Su papel en la Alemania nazi consistía en organizar el traslado de millones de judíos al exterminio. Como hoy sabemos, su trabajo fue terriblemente eficaz. Para él, era una cuestión de estadísticas, de objetivos... se trataba de números y no de seres humanos. Así lo planteó cuando fue encausado en Jerusalen: "No tuve ninguna relación con la matanza de judíos. Jamás di muerte a un judío, ni a persona alguna, judía o no. Jamás di órdenes de matar a nadie".
    Lo cierto es que Eichmann, en su infancia, aprendió hebreo y tuvo amigos en la comunidad judía. Según los informes psiquiátricos, no era un fanático antisemita. Más bien dibujaban a un "hombre normal": padre de familia ejemplar y funcionario cumplidor. Este perfil llamó la atención de Hannah Arendt, una joven investigadora que trató de buscar explicaciones. Su trabajo se plasmó en uno de los más importantes ensayos del siglo XX: Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal (1963). Arendt concluyó que los criminales de guerra no son necesariamente psicópatas, totalmente diferentes de la gente normal.
    Una de las causas que lleva a alguien normal a cometer atrocidades es lo que Arendt definió como "el déficit de pensamiento". Para explicar el concepto, la autora distingue entre CONOCER y PENSAR. "Conocer" consiste en acumular información. Esto posibilita la elaboración de teorías o la resolución de problemas técnicos. "Pensar" es ir más allá de los datos...
    Pensar permite discernir entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo. Permite tener un diálogo interior, reflexionar críticamente sobre nuestras propias acciones. Catherine L´Ecuyer
    "Aprender a pensar es fundamental para no repetir este terrible episodio de la historia", podría ser la moraleja que nos conduce a la cuestión clave: ¿Se desarrolla esta competencia en la escuela?
    A finales de la década de los noventa, la Unión Europea propuso que el alumnado de todos los países miembro desarrollaran una serie de competencias esenciales, que en nuestro sistema educativo se concretan en las siguientes (Orden ECD/65/2015):
    a) Comunicación lingüística.
    b) Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología.
    e) Competencias sociales y cívicas.
    f) Sentido de iniciativa y espíritu emprendedor.
    g) Conciencia y expresiones culturales.
    Muchos profesionales de la educación pensamos que FALTA UNA competencia. Una nueva competencia relacionada con la dimensión filosófica, que contribuya a desarrollar la inteligencia, la capacidad para discernir, el pensamiento crítico...
    La filosofía tiene como función desarrollar el “pensamiento crítico”, es decir, el que se encarga de saber si algo es verdadero o falso, racional o no, fundado o infundado. Y esta competencia es imprescindible para una sociedad libre, porque sólo el pensamiento crítico nos libera del adoctrinamiento, la propaganda o los prejuicios. José A. Marina
    6 min
  • LA TEORIA DE LA EVOLUCION VS LA TONTEORIA DEL DISEÑO INTELIGENTE
    Voy a jugar fuerte para comenzar este texto: la teoría de la evolución es la teoría científica más importante que tenemos. Lo es porque es aquella que se encarga de explicarnos a nosotros mismos; la que responde a la pregunta acerca de qué es el ser humano. Y resulta que es hermosa. Hermosa, grandiosa como ninguna otra teoría. Y nos encumbra, junto a nuestros primos, como uno de los productos más fascinantes y maravillosos de la naturaleza. Además, es una de las teorías científicas más desarrolladas, congruentes y avaladas por las montañas de evidencia que la apoyan. La teoría de la evolución es un hecho. Podemos discutir pequeños detalles, pero negar que somos frutos de miles de millones de años de evolución biológica es un acto de profunda irracionalidad.
    Pero la gente es irracional. Irracional y egocéntrica. Y por esa razón, a muchas personas y colectivos no les gusta la teoría de la evolución. Ellos no quieren una explicación que los ‘rebaje’ a simios y a ser parte de la naturaleza: quieren un relato grandilocuente en el cual un creador, normalmente bajo la forma de un macho alfa celestial, los ha creado. Un relato que los encumbre como dominadores de la naturaleza, poseedores de un alma sobrenatural, y que, además, no les haga pensar mucho. Quieren un relato facilón que explique el origen del ser humano según esquemas mitológicos y mágicos, que puedan entender sin hacer mucho esfuerzo cerebral. Porque pensar, aunque sea una actividad que da los frutos más importantes de esta vida, cansa y llega a aburrir.
    En este texto me propongo analizar la forma más sofisticada hasta la fecha de negacionismo del hecho evolutivo: el diseño inteligente. Para ello, haré primero un definición no exhaustiva de la teoría de la evolución —con no exhaustiva me refiero a que va a ser un esquema que, aunque pretende ser riguroso, no tiene pensado abarcar más que ideas básicas. Tras ello, hablaré del diseño inteligente, repasaré sus argumentos y los rebatiré brevemente. Acabaré con algunas reflexiones finales. Y con el esquema básico expuesto y esta breve introducción en la que espero haberos enganchado a la lectura de lo que resta de escrito, vamos allá.
    El árbol de la vida
    (Apartado destinado a quienes quieran repasar nociones acerca de la teoría de la evolución)
    La teoría de la evolución fue desarrollada por Charles Darwin, que fue, sin temor a equivocarme, una de las figuras históricas más fascinantes que nos ha legado la historia de la ciencia; así como una de las mentes más brillantes que han caminado sobre la tierra. Darwin no era inteligente porque supiera muchas cosas, sino porque era un trabajador incansable y una persona con una capacidad de pensamiento analítico realmente sobrecogedora. No fue una persona que tuviera grandes títulos en prestigiosas universidades, sino un gran observador, trabajador en equipo y viajero; además de un apasionado de la vida animal. La vida de Darwin cambió cuando se embarcó en el Beagle, un barco de la marina real británica que en su segunda expedición circunnavegó la tierra. Darwin entró a la expedición en calidad de naturalista, para colaborar en la investigación de la fauna que se fueran encontrando. Esto hizo que pasara una enorme cantidad del tiempo de la expedición en tierra firme, observando y recolectando animales, y también que tuviera mucho tiempo para leer —especialmente relevantes fueron sus lecturas de Malthus y Lyell— y reflexionar sobre sus hallazgos.
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    Una de las primeras notas de Darwin en la que aparece lo que hoy conocemos como ‘árbol filogenético’.
    Así, hacia mediados de la década de 1830 Darwin ya había pensado, sobre la base de otros estudiosos anteriores a él como Lamarck o su propio abuelo Erasmus Darwin, que las especies sufrían cambios progresivos que las hacía evolucionar en el tiempo hasta convertirse en otras distintas. Esta es la base de la teoría de la evolución, que consiste en las siguientes ideas fundamentales:
    1) Los individuos luchan por la supervivencia, compitiendo entre sí por los recursos, el espacio y, en última instancia, por la posibilidad de reproducirse.
    2) La descendencia guarda rasgos parecidos con sus progenitores, que han sido aquellos individuos exitosos a la hora de reproducirse. Estos rasgos hacen que aumente la eficacia de ese linaje —la capacidad para reproducirse y sobrevivir—, pero también aparecen cambios imprevistos que pueden ser buenos o malos en relación al ambiente.
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    Vale, normalmente la lucha no es tan espectacular, pero se capta la idea.
    3) La selección de los rasgos más eficaces durante largos períodos de tiempo —la vida lleva evolucionando más de 3500 millones de años— hace que, de forma lenta y gradual, las especies vayan cambiando hasta convertirse en otras.
    Como vemos, la teoría de la evolución se ocupa del surgimiento y evolución de las especies, no de la aparición de la vida —esa teoría se denomina ‘evolución química’, y, aunque parecida en su algoritmo general, no es propiamente evolución biológica darwiniana. Los ejemplos para ilustrar estas ideas básicas podrían ser muchos. Propongo algunos:
    1) Una jirafa nace con el cuello más largo que el resto de individuos cercanos. Es capaz, por ello, de alimentarse mejor al alcanzar hojas más altas. Al estar mejor alimentada es más fuerte, compite mejor con otros machos y puede reproducirse más. Poco a poco, sus genes van colonizando toda la población cuyo ambiente selecciona así a los individuos de cuello largo.
    3) Dos poblaciones de pinzones son separadas por islas. En cada isla viven flores diferentes, en una de forma alargada y en la otra de forma chata. Los pinzones que viven en la de las flores alargadas serán naturalmente seleccionados hacia un pico largo, porque ello aumenta su capacidad para sobrevivir.
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    Explícale a este que las mujeres humanas son complejas…
    2) Las hembras de una especie se aparean con aquellos machos que tienen colores muy vistosos o estructuras muy incómodas, porque tener colores vistosos te hace una presa fácil y haber sobrevivido a esta condición es un indicativo de que eres un macho cuya herencia es muy interesante. Poco a poco, por influencia de la selección inconsciente de las hembras, los machos pueden desarrollar formas tan inverosímiles como la cola de los pavos reales o los colores de las aves del paraíso —habitualmente a estos procesos se les denomina ‘selección sexual’.
    Con el desarrollo de la genética se vivió la denominada ‘síntesis neodarwinista’, que explicaba muchas de las cosas que había dicho Darwin pero ahora en términos genéticos más específicos —muchas otras no, porque Darwin se equivocaba en algunos puntos. Así, la selección natural afectaría a la expresión de los genes —al ‘fenotipo’—, pero la evolución se daría al nivel del genotipo. Este quiere decir lo siguiente: puedes aumentar tu eficacia, por ejemplo, aprendiendo una técnica de caza, pero esta no será transmitida a tus hijos porque no forma parte de tu información genética. Si acaso, lograrás pasar a tu estirpe los genes que hicieron que seas especialmente listo, en el caso de que hayan sido genes y no, por ejemplo, haber estado cerca de una buena fuente de alimento por casualidad. El proceso evolutivo consiste, en última instancia, en que los cambios ambientales y de comportamiento van seleccionando los genes que mejor preparen al fenotipo para sobrevivir y reproducirse en el nuevo entorno.
    Cabe hacer varias matizaciones al proceso evolutivo:
    – Las especies se diferencian de forma gradual. Esto quiere decir que hay momentos en el proceso evolutivo en el que dos poblaciones son más o menos la misma especie —por ejemplo, dos razas diferentes. La diferencia clave tiene lugar cuando dos poblaciones emparentadas dejan de poder reproducirse entre sí. Hay varias razones para que esto suceda, pero la definitiva, con la que prácticamente no hay vuelta atrás, es que los gametos de ambas poblaciones ya no sean capaces de generar un cigoto por razones genéticas o de cariotipo —es decir, que las semillitas de mamá y papá ya no sean compatibles de lo diferentes que son. De todos modos, el concepto de especie es tremendamente neblinoso, y muchas veces decidir si dos individuos son o no de la misma especie es materia de puro consenso.
    – Todo este proceso no tiene ningún fin. La evolución se da simplemente porque las especies compiten y el ambiente selecciona a los más aptos. Todas las especies de la tierra están igual de evolucionadas, pero lo han hecho para adaptarse a entornos diferentes. El ser humano no es el último eslabón de la evolución, hacia lo que tiende el proceso, sino una mera ramita más en el árbol de la vida como cualquier otra. Los chimpancés están igual de evolucionados que nosotros, sólo que lo han hecho para entornos selváticos mientras nosotros quedamos aislados en cierto momento en un entorno de sabana —de ahí que caminemos bípedos, no estemos hechos para trepar árboles, sudemos para regular el calor y seamos capaces de correr grandes distancias tras una presa, entre otras cosas.
    – La evolución es un proceso tremendamente derrochador. Las diferencias entre un individuo y otro —ya sea por mutación o por recombinación en el caso de la reproducción sexual— muchas veces son muy azarosas. Muchos de estos individuos con cambios no adaptativos perecerán. Esto puede parecer cruel, pero a la naturaleza le da exactamente lo mismo.
    Que la evolución pueda ser un proceso cruel no quiere decir que tenga que dar lugar, necesariamente, a individuos crueles. Los individuos pueden colaborar y ser altruistas, siendo esta una estrategia evolutiva muy común. No siempre ser el más agresivo o el más dominante es lo que da mejores resultados; hay estrategias extremadamente exitosas mucho más sofisticadas. Los chicos buenos a veces triunfan, se llevan a la más guapa y tienen los mejores trabajos; los chicos malos a veces terminan en la cárcel, apuñalados o con trabajos mal remunerados.
    – Pese a lo dicho sobre lo azaroso de las mutaciones o de la meiosis —el 50% de genes que acabarás pasando a tus hijos es una auténtica lotería—, el proceso en sí mismo no lo es. Por ejemplo, puede haber un individuo con una mutación tremendamente eficaz que muera por el impacto de un rayo, o que no encuentre ningún macho. O, quizás, un individuo muy poco agraciado que tenga su día de suerte. Pero, en líneas generales, pese a estos casos de poca relevancia estadística, la selección natural tiene lugar por serias y bien fundamentadas razones. Por ello, somos fruto de la evolución, no del azar. Nuestra presencia aquí es de todo menos azarosa.
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    Evidencia fósil de la evolución de las ballenas y los hipopótamos desde un antepasado común.
    – La teoría de la evolución no es sólo una teoría. Está avalada por miles, cientos, millones, de evidencias. Por trasatlánticos, por rascacielos, por montañas de evidencias. Todo casa, todo es altamente congruente. Hemos incluso visto casos de evolución en tiempo real —por no mencionar los casos de selección artificial: un creacionista con perro es, al fin y al cabo, un hipócrita. La evidencia zoológica casa con la geológica, que casa con la genética, que casa con la paleontológica y con casi cualquier estudio serio que se haga. La evolución es un hecho. La imagen que deja acerca de la vida es aún más impresionante que la de las religiones. La vida se abre paso por la tierra, diversificándose y adaptándose con complejos y enrevesados procesos que dan lugar a nuevas especies, todas ellas, en mayor o menor medida, primas.
    ¿Que dice la teoría de la evolución sobre nosotros? Lo que dice que es somos animales; parte del árbol de la vida. Que compartimos ancestros comunes y somos fruto del mismo proceso general que dio lugar a los dinosaurios, los lobos o el césped. Seres del superreino eucariota; cordados; vertebrados; tetrápodos; de la clase de los mamíferos; del orden de los primates; del infraorden de los simios —lo que habitualmente denominamos como ‘monos’—; de la familia de los hominidae; y únicos representantes vivos del género homo. Nuestros primos vivos más cercanos son, en este orden, los bonobos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. Aunque antaño teníamos otros primos mucho más cercanos, como los neandertales, los denisovanos o los pequeños hombres de Flores.
    Espero, pues, que con esta brevísima explicación queden más o menos claras las ideas básicas de la teoría de la evolución por selección natural. Y que se hayan despejado dudas sobre, por ejemplo, por qué los chimpancés no evolucionan en humanos —comprender este hecho es la prueba de fuego; si no puedes dar una respuesta te animo a leer la explicación otra vez con esa cuestión en la cabeza.
    El contraataque de la superstición
    Darwin era perfectamente consciente de que la publicación de sus ideas sería un antes y un después en nuestra forma de entender la vida. De hecho, pese a tener ya su teoría bastante bien desarrollada, sufrió un tortuoso proceso de indecisión respecto a su publicación. Se enfermó, se adentró en estudios un poco absurdos y comenzó una espiral de comportamientos erráticos que los historiadores no saben muy bien cómo interpretar. Darwin no era un ateo militante, era una persona sensible a la no le gustaba demasiado discutir y que quería mucho a su familia, especialmente a su esposa que era una cristiana convencida —aunque la imagen de su esposa como la de una fanática no tiene ningún sentido: lo cierto es que era una mujer muy culta e inteligente, que siempre fue muy comprensiva con los perturbadores descubrimientos de su marido. A veces, cuando hablaba sobre sus ideas con sus amigos, decia que hablar de ello era “como confesarse culpable de asesinato” —para entender la olla a presión que era la casa de los Darwin durante esa época la película La Duda de Darwin es una obra muy interesante.
    Finalmente, y bajo el influjo de la presión constante de sus allegados y de la carta de Alfred Russel Wallace, que había desarrollado la misma teoría y se disponía a publicarla, escribió y publicó un 24 de noviembre de 1859 El Origen de las Especies. Un dato curioso del libro es que en ningún momento menciona al ser humano —sólo una pequeña referencia al final. El libro trata de exponer la enorme cantidad de evidencia que Darwin había recopilado y la potencia explicativa de su teoría, pero siempre manteniendo cierta corrección política. Las reacciones fueron inmediatas y la sociedad victoriana de la época se escandalizó. ¿Cómo era posible que este tal Darwin pusiera en duda el fijismo bíblico —la idea de que Dios creó a las especies y se han mantenido inmutables? ¡Y encima osa insinuar que somos parientes de los monos! Darwin nunca participó activamente en los debates posteriores. Sí lo hicieron sus amigos, como el inagotable Thomas Huxley, y los choques dialécticos fueron realmente furibundos.
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    Caricatura de la época ridiculizando a Darwin.
    “Si tuviera que elegir por antepasado entre un pobre mono y un hombre magníficamente dotado por la naturaleza y de gran influencia, que utiliza sus dones para ridiculizar una discusión científica y para desacreditar a quienes buscaran humildemente la verdad, preferiría descender del mono.” (Huxley al Obispo de Oxford ante la pregunta acerca de si el mono en su familia provenía por el lado de su padre o de su madre. La leyenda cuenta que una mujer se desmayó).
    Lo cierto es que el darwinismo ganó la partida fácilmente a la posición negacionista. Pese a la confrontación frontal que no ha dejado de recibir nunca por parte de los creyentes en dogmas religiosos, en pocas décadas la idea de la evolución de las especies por selección natural, siguiendo el algoritmo de descendencia y selección, se aceptó con práctica unanimidad en los círculos académicos. El debate evolución vs. creacionismo fue bastante sencillo para la biología —aunque ahí siguen, con aquellos que creen que la tierra tiene menos de 10 mil años para corroborarlo—, pero los fanáticos religiosos no se quedaron quietos tras ser desenmascarados —nunca lo hacen, que para eso son fanáticos.
    Al darse cuenta de que el creacionismo antievolutivo no tenía la más mínima posibilidad de hacer frente a una teoría del calibre y la evidencia de la teoría de la evolución, los defensores de la intervención de Dios en la creación del ser humano tomaron otra estrategia. Esta vez aceptaban la evolución como un hecho innegable, pero generaron una serie de pseudoproblemas a la teoría en los cuales colocaban la mano divina; al más puro estilo del Dios de los pseudohuecos. La evolución se convertía así en un proceso teleológico guiado por la mano de Dios, y llamaron a esta idea con el nombre de ‘diseño inteligente’, como pasaría a denominarse al creacionismo pseudocientífico desde mediados de los 80?.
    El diseño inteligente está íntimamente ligado a la ultraderecha estadounidense, aunque se ha ido expandiendo por todo el mundo. Pugna con bastante fuerza por meterse en las clases de biología de los colegios, lo que parece ser su mayor aspiración: infectar la mente de los más jóvenes con ideas delirantes. No se trata, objetivamente hablando, de un punto de vista científico de ningún modo, dado que sus afirmaciones muchas veces son incontrastables y se niegan a aceptar la evidencia. Se trata de una pseudociencia de manual. De hecho, es una de las pocas pseudociencias oficiales, al haber sentencias judiciales en firme que así lo dictaminan. Al fin y al cabo su postura consiste en suponer erróneamente que los seres vivos son como los artefactos humanos: ingenios creados para un fin en particular. Esta idea viene de la escolástica medieval, presente de forma especialmente clara en los argumentos de Tomás de Aquino sobre la existencia de Dios. Los seres vivos no hemos sido ‘diseñados’ por nadie —y si lo hemos sido, vaya mierda de diseñador es Dios, porque tenemos más fallos que una escopeta de feria.
    Sus principales argumentos son los siguientes:
    1) La ‘complejidad irreductible’: Este es el argumento más famoso. Consiste en postular que, tal como están dispuestos los sistemas biológicos en los seres vivos, si uno quita una parte del mismo algunos dejan de funcionar. La complejidad del sistema no puede reducirse sin que sus propiedades se vean afectadas. Recordemos que la teoría evolutiva dice que no hay grandes saltos en el proceso, sino que es lento y paulatino. Lo que vienen a decir es que si pensamos que las alas de los pájaros se han desarrollado poco a poco, ¿qué utilidad tenían antes de poderlos hacer volar? Bueno, la respuesta a esto de cualquiera con algo de capacidad de razonamiento sería sencilla: planear. ¿Y antes de planear? Servir de paracaídas. ¿Y antes de eso? Bueno, no es tan difícil nacer con una membrana entre brazos y piernas, ¿no? La evolución suele ser un ejercicio de chatarrería, donde se aprovechan estructuras preexistentes para distintos fines en distintos momentos.
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    No vuela, pero peor es nada.
    El ejemplo paradigmático de este supuesto problema es la apelación al flagelo bacteriano. El flagelo bacteriano es una estructura en forma de cola que usan algunas bacterias para moverse. Funciona como una hélice, lo cual es curioso, y tiene una estructura realmente interesante por lo eficaz e ingenioso de su funcionamiento. Ellos defienden que el sistema sólo puede funcionar como funciona con todas las piezas, y quizás es verdad. Pero, ¿por qué tendría que haber funcionado antes como funciona ahora? Podría haber funcionado como un flagelo o cilio eucariota, o secretando alguna sustancia, o incluso haber tenido otra función ajena al desplazamiento. Uno escucha estos argumentos tan pobres y no puede evitar sorprenderse de lo desesperada que está esta gente por salvar la mano de Dios como para refugiarse en los flagelos de las bacterias.
    El argumento clásico es el del ojo. Se supone que el ojo es demasiado perfecto como para ser producto de la selección natural —lo cual no es cierto, dado que tiene varios puntos ciegos y otras cosas de diseño francamente deficiente. Además, los ojos no evolucionaron porque ver cuadros en el Museo del Prado o ver la última de Star Wars sea más eficaz. Lo hicieron porque lo es reconocer luz, formas y figuras de todo tipo, y un 1% de detección de luz es mejor que 0%. Son tan adaptativos que hay más de 20 líneas evolutivas de ojos totalmente diferenciadas -es decir, los ojos de los pulpos y los nuestros se han desarrollado de forma totalmente autónoma, por evolución convergente, porque nuestro antepasado comun carecía de ellos.
    2) La ‘complejidad especificada’: Este argumento afirma que todo aquello que presente complejidad especificada ha de ser fruto, necesariamente, de un diseñador inteligente. Por ejemplo, una letra no tiene complejidad y una lista arbitraria de ellas es compleja, pero no específica. Una palabra, en cambio, es compleja y específica, y es fruto de seres inteligentes. Este argumento lo extrapolan al código genético, que es un recetario para la síntesis escalonada y ordenada de las proteínas que conforman nuestro cuerpo durante el desarrollo embrionario y el resto de nuestra vida. El ADN, decimos, contiene ‘información’, y hay un lector —normalmente los ribosomas— que se encarga de leerlo —mediado por el ARN mensajero.
    Dembski considera —porque le da la real gana, no por otra cosa—, que toda complejidad especificada con probabilidad menor al 10% no puede ser fruto de la selección natural. Evidentemente, la probabilidad de que el ADN se conforme de forma precisa para poder guiar el desarrollo de un animal es muy baja, con lo cual… tachán… Dios lo tiene que haber escrito.
    El argumento de Dembsky es todavía más flojo que el anterior. El problema básico reside en dos puntos. (A) ¿Por qué todo aquello con baja probabilidad no puede ser fruto de la selección natural? ¿Es más probable que un dios más allá del tiempo y del espacio, con tres personalidades y dudoso gusto por los genocidios con lluvia, creara el ADN, o que este sea fruto de la selección natural paulatina? No soy experto en probabilidad, así que dejo las respuestas a vuestro juicio. Y (B), además, su cálculo se basa en la idea de que la probabilidad de la existencia de nuestro ADN es la misma que si tiráramos al aire 20 mil genes y estos cayeran ordenados según están en nuestros cromosomas. Una idea absurda, muy absurda, incluso para él. El código genético es producido por miles de millones de años de selección genética, por prueba y error, y se va afinando según este algoritmo hasta tener la configuración que se requiere para formar un sapo, un ser humano o un armadillo.
    3) El argumento de universo afinado: Con este no me voy a liar mucho, porque es una mera bomba de intuiciones sin mucho sentido. Dice que el universo es sorprendentemente perfecto para la existencia del ser humano. En efecto, incluso pequeñas variaciones en las características fundamentales del universo —por ejemplo, más proporción de materia oscura— harían que los seres humanos no pudiéramos habitarlo. Pero es que la respuesta es tan sencilla como darse cuenta de que si habitamos el universo es justamente porque es así. Nosotros nos hemos adaptado a él, no él a nosotros. En física esto se llama ‘principio antrópico’.
    Algunas palabras finales
    Una vez se entiende cabalmente la teoría de la evolución por selección natural, ya no hay vuelta atrás. Es todo tan elegante, lógico y explicativo, que todos estos argumentos del diseño inteligente quedan reducidos a sinsentidos desde la primera lectura. La educación científica es tremendamente importante para desarrollar individuos con capacidades de razonamiento crítico, pero en el caso de la teoría de la evolución todo se vuelve especialmente delicado. No comprender esta teoría es no comprender qué eres, quién es tu familia y de dónde vienes. Incluso tiene implicaciones respecto al sentido de la vida. Dado que la vida en sí misma no tiene el sentido bíblico de ser un valle de lágrimas, cada cual es libre de crear su propio sentido vital, independientemente de lo que digan los curas y fanáticos. Dejar que esa gente asalte las mentes de los niños con sus ideas sectarias es el peor favor que podemos hacerles. Porque si se esfuerzan tanto para que la idea del origen divino siga viva, aunque sea parasitando a la ciencia, no es por otra cosa que por el control. Son ideas que les permiten controlar a las personas distorsionando su propia autoconcepción.
    Yo estoy muy orgulloso de ser un animal. Muy orgulloso de ser un mono, porque ser un mono es de puta madre. Prefiero ser un mono libre y autónomo que el producto de laboratorio de algún dios caprichoso que, por alguna extraña razón, necesita que lo adore, me someta y le baile el agua. Me siento bastante mejor siendo un mono que un esclavo, la verdad. Porque el hecho de que estemos vivos no deja de ser fascinante aún quitando de la ecuación lo del jardín con la serpiente que hablaba. Al fin y al cabo, quién iba a decirles a las primeras moléculas autoreplicantes de este planeta que iban a poder estar aquí, como estoy yo ahora mismo, escribiendo estas líneas y siendo consciente de lo que soy y de dónde vengo.
    ¿Cuál es el problema, al fin y al cabo, de ser animales? Porque, sinceramente, si tienes un problema con mis amigos los animales tienes un problema conmigo.
    Bibliografía complementaria:
    La mejor introducción a la teoría de la evolución, y una de las obras científicas y literarias cumbres de los últimos tiempos, es El Gen Egoísta, de Richard Dawkins.
    Para una introducción un poco más compleja aunque accesible, La Peligrosa Idea de Darwin, de Daniel Dennett, es un libro extraordinario.
    Para la historia del diseño inteligente el Denying Evolution de Massimo Pigliucci es un detallado repaso.
    Para refutaciones en detalle de los argumentos creacionistas en todas sus versiones El Relojero Ciego, también de Dawkins. Y El genio de Darwin es un documental realmente extraordinario sobre el tema, dividido en tres capítulos donde se aborda el diseño inteligente en el útimo.
    Por Angelo Fasce
    30 min
  • FISIOTERAPIA, CRUJEHUESOS Y MASAJEADORES DE CARTERAS
    Sin final feliz: quiropraxia, osteopatía y reflexología
    Feb. 5th, 2016
    ¿A quién no le gusta un buen masaje? No sé a vosotros, pero a mi me hace uno mi pareja en el momento adecuado —o, lo que es aún mejor, en el inadecuado— y veo bastante difícil que la cosa acabe con la ropa puesta. Lo enormemente placentero de la práctica ha hecho que se desarrollen determinadas pseudoterapias usando masajes y manipulaciones del cuerpo. Las tres prácticas que voy a comentar en estas líneas están bastante relacionadas, y fueron contempladas dentro del mismo grupo en el informe sobre pseudoterapias elaborado por el ministerio español de sanidad hace unos años. De ahí que yo también las comente como un todo.
    Tanto la osteopatía como la reflexología y la quiropráctica son bastante peligrosas y ninguna de ellas ha probado efectividad terapeutica para absolutamente ninguna dolencia. Se basan en principios mágicos ajenos a la racionalidad y a la evidencia, y explotan un antiguo estereotipo de nuestra sociedad: el del ‘huesero’ —especialmente la quiropráctica. Ese señor que iba por los pueblos y te ‘ponía las cosas en su sitio’ con un masaje y ruidos raros que uno no sabía muy bien de dónde salían. Sin embargo, pese a lo inocuo que parecen a primera vista, lo populares que son y lo socialmente aceptadas que están, la lista de afectados por estas prácticas es realmente ingente. Hay muchas personas que se han quedado en una silla de ruedas o han salido muy mal paradas después de ponerse en las manos de uno de estos curanderos. Curanderos que no suelen tener la formación suficiente para hacer este tipo de manipulaciones corporales en zonas muy delicadas, y que no son regulados por ningún código deontológico o institución sanitaria.
    Nuestro amigo el fisioterapeuta
    Estas tres prácticas usurpan el lugar del fisioterapeuta —y en menor medida, el del traumatólogo. La fisioterapia es una rama de la medicina que se encarga de realizar intervenciones terapéuticas mediante el ejercicio terapeutico o con masajes, cambios de temperatura, etc. Con ello, el ‘fisio’ te puede ayudar a recuperarte correctamente de una lesión, acelerar el proceso de curación, paliar el dolor, prevenir dolencias futuras y otras mil maravillas.
    Los fisioterapia es una cosa muy seria. Se enseña en programas muy exigentes dentro de facultades universitarias, está incluida en el sistema sanitario público, los practicantes están regulados por colegios profesionales y se han de regir por un código deontológico muy exigente. Además, todas y cada una de las prácticas que aplica un fisio han de venir avaladas por evidencias científicas respecto a su eficacia. Evidencias que cuestan bastante dinero y esfuerzo, y que son obtenidas por investigadores muy rigurosos que, además, tienen su propio código deontológico. En definitiva, que los fisios son profesionales sanitarios como la copa de un pino, al mismo nivel que los enfermeros, los médicos o los psicólogos sanitarios.
    ¿Y los quiroprácticos, osteópatas y reflexólogos? Ellos no son profesionales sanitarios, ni están avalados por nadie, ni su nivel de conocimientos puede ser previsto. Los fisioterapeutas, médicos, la gente seria en general, no puede usar estas técnicas al no estár avaladas cientificamente. Llevarlas a cabo es violar su código deontológico y les puede acarrear serias consecuencias. Por ello, si algún médico te manda al reflexólogo: denúncialo ante su colegio. Todos estos curanderos, aunque se disfracen de gente seria, con bata y bien leída, están al mismo nivel que los acupuntores o los psicoanalistas. Vamos, que como profesionales sanitarios tienen la misma credibilidad que esa gente que oferta masajes por la playa y de paso te vende mecheros.
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    La liga de la reflexología, la osteopatía y la quiropráctica.
    ¿Conoces a alguien con dos dedos de frente que se deje tocar la espalda en la playa por un señor que vende helados y camisetas falsas de Barça? Entonces, ¿por qué vas al osteópata? Si estás estresado acude a un masajista en algún centro confiable; si tienes algo acude al médico y, si procede, que te derive al fisio; y si no tienes nada quédate en casa y ponte la tele, una película o sal a ligar. Te recomiendo Gandía Shore, las de Los Vengadores y que seas educado pero directo: tus únicos enemigos sois tú mismo y la friendzone —y no juegues con los sentimientos de la gente, que está feo. Pero, por favor, no te expongas a que esta gentuza te deje mal parado con un mal movimiento o haciéndote evadir el tratamiento serio.
    Las alocadas aventuras de los masajes pseudocientíficos
    Ya he dicho que esta gente se aprovecha de un estereotipo cultural, pero, además, se aprovechan de que muchos dolores son episódicos: tal como vienen, se van. El dolor es algo complejo y su percepción varía mucho según bastantes variables. Es un mensajero: su función es avisarnos cuando algo va mal en el cuerpo. Si te quemas, estás en una mala postura o te rompes algo, el cuerpo, con la activación de los ‘nociceptores’, que están al lado de otros receptores que se encargan de percibir el calor o la presión, manda un mensaje al cerebro a través de tu médula espinal —dentro de tu columna vertebral— que dice “amigo, algo va mal, date cuenta y actúa porque tal como va la cosa no transmitimos nuestros genes ni de coña”. Evidentemente, el mensaje tiene mayor efecto si trae consigo una sensación profundamente desagradable que todos —con excepción de las masoquistas— atendemos con la máxima premura. Es tan adaptativo que la gente que nace sin poder sentir dolor suele tener una esperanza de vida muy corta y se hacen daño incluso durmiendo.
    El dolor es una sensación altamente variable por varias razones. Primero que nada, porque se ve muy afectada por el efecto placebo. Este efecto, cuando tiene lugar por la liberación de opioides endógenos debido a alguna sensación agradable, afecta al tronco del encéfalo, que es donde se unen el cerebro y la médula que trae la desagradable buena nueva. Los opioides —que actúan de forma muy parecida al opio y la heroína— hacen que el tronco se convierta en una comuna hippie donde nadie está dispuesto a trabajar y a arrimar el hombro para llevar el mensaje a la parte del cerebro que regula la consciencia. El mensaje es llevado por la trabajadora médula desde la fuente del dolor, pero se encuentra al entrar al cerebro con un montón de funcionarios de la delegación de gobierno un viernes a las 18:00. El mensaje no llega del todo bien y la sensación de dolor disminuye. El efecto placebo no es ninguna broma: puede ser muy potente para los dolores y es importante tenerlo en cuenta en una terapia, pero no es una terapia en sí mismo. Lo será todo aquello por encima del placebo.
    En segundo lugar, porque los caminos del dolor son misteriosos. El estudio científico del dolor es uno de los más complejos de la neurociencia, y, pese a todo el trabajo que se hace en los laboratorios, a veces simplemente se va sin decir adiós o en ocasiones nunca se termina de ir. Muchas veces la gente que acude al quiropráctico o al osteópata sienten que su dolor ha remitido. Esto puede pasar tanto por el efecto placebo como por una falacia de cum hoc ergo propter hoc, en la cual se atribuye al pseudoterapeuta haber ocasionado la desaparición del dolor. Pero sabemos a ciencia cierta que estas prácticas no tienen ningún efecto más allá del placebo.
    Quiropráctica
    En muchas culturas hay gente que se encarga de ‘ponerte los huesos en su sitio’. ¿Hace falta que vayamos a que nos acomoden los huesos? Depende. Si te sientes bien, no. Tienes todo en su sitio. Si te has caído y se te ha salido el brazo o tienes un dedo mirando a Cuenca: corre y que te lo pongan donde debe estar. La quiropraxia explota la idea de que si tienes una enfermedad es porque algo te falla en el sistema músculo-esquelético. Y cuando digo “una enfermedad” no me refiero sólo a dolores de cabeza o a tener un nosequé indeterminado; me refiero a problemas pediátricos, cáncer, depresión, enfermedad de Parkinson, inmunodepresión, etc. Vamos, que juegan fuerte. Es lo que suele pasar cuando una pseudoterapia no tiene rechazo social bien establecido y cada vez se van atreviendo a más.
    La quiropráctica suele ser presentada como milenaria y muchas veces viene asociada a culturas asiáticas. Pero de eso nada. Tiene su origen en Iowa en el año 1895, de la mano de David Daniel Palmer. Este señor, se supone, le curó la sordera de otro señor acomodándole una vértebra —algo totalmente imposible anatómicamente. A raíz de esa historia delirante Mr. Palmer, verdulero de profesión, decidió que “el 95% de las enfermedades eran causadas por una subluxación lumbar”.
    Te estarás preguntando, ¿y que coj**es es una subluxación? Es fácil de explicar: nada. No existen. Las subluxaciones no se corresponden con nada que sepamos de la columna o del sistema nervioso. Si vas al quiropráctico te va a examinar con cara seria y te va a decir que tienes una subluxación, pero se lo está inventado. No se puede tener una subluxación como no se puede tener un desequilibrio del ying y el yang o un recuerdo reprimido. Es la vieja técnica de inventarse enfermedades para pseudocurarlas. Palmer suponía que en la espalda estaba representado todo el cuerpo, y que ‘tratando’ una subluxación ahí te podía curar casi cualquier cosa que tengas. Igual que la reflexología y el vudú, tiene mucha magia representativa.
    18. La cuna de judas
    La Santa Inquisición: claro antecedente de la quiropráctica.
    La quiropráctica consiste entonces en una serie de movimientos violentos en la columna y el cuello a fin de ‘curarte’ esa subluxación. Mientras más ruido hagan estos movimientos, mejor, porque más parece que te están haciendo algo que vale la pena. Todo esto duele considerablemente y es altamente peligroso. La quiropráctica, de hecho, es una de las pseudoterapias que más afectados deja a su paso. Un giro violento del cuello te puede dejar en una silla de ruedas, y manipular la columna sin saber lo que se hace puede hasta seccionarte la médula. Es muy peligroso y hay bastantes, muchísimos, casos documentados de muerte a causa directa de la quiropráctica. Por supuesto, su supuesta efectividad como terapia no ha sido nunca validada para ninguna dolencia, aunque algún estudio saca algo para lumbalgia sin estar del todo claro —hay la misma cantidad de evidencia, de hecho, a favor de que genera infartos cerebrales. Es todo tan poco científico que la quiropráctica fue entendida ya por su creador como una religión.
    Osteopatía
    La osteopatía se parece bastante a la quiropráctica, con la que comparte muchas cosas. Pero estos no están tan bien organizados, y con el pasar de los años, en lugar de optar por el camino de impostarse como ciencia de la quiropraxis, los osteópatas han derivado al misticismo más ridículo. En este caso El Iluminado es un tal Andrew Taylor y la fantochada esta nació también a finales del siglo XIX. Andrew cuenta una historia muy triste según la cual vio morir a sus allegados en la guerra civil estadounidense; razón por la cual decidió convertirse en un magufo y timar a la gente enferma cual vendedor de crecepelo —sí, yo tampoco he terminado de entender nunca la lógica interna de la historia.
    Así que, como es habitual, se inventó toda esta parafernalia inspirándose para el título en la homeopatía. A diferencia de la quiropráctica, aquí en lugar de darte una buena paliza haciéndote crujir los huesos se hace hincapié en los músculos y el tejido blando —aunque te retuercen el pescuezo de todos modos. Dado que casi no tiene doctrina, la osteopatía ha ido incorporando todas las tonterías imaginables hasta convertirse en un auténtico mierdal de pseudociencia. Cosas cuánticas se entremezclan con memoria celular, se incorpora psicogenealogía, rebirthing, dietas de estas locas… han echado mano de casi todas las cosas absurdas que se te ocurran. ‘Osteópata’ es, básicamente, el término que usan los aspirantes a fisioterapeutas que no aprobaron la selectividad, se pegaron demasiados botellones en la facultad o creían que Enrique de Vicente es un tipo cool. No tienen ni idea de lo que hacen y, por lo general, su mercado está en el dolor, los trastornos psicológicos y los respiratorios. Todo con un buen montón de verborrea New Age.
    Lo poco que queda de la ostepatía, además de ser un masaje raro y peligroso que te puede dejar bien jodido, es que los tejidos generan enfermedades —así en abstracto— y que hay que tratar a la gente como un ‘todo’. Esto los lleva a centrarse en los tejidos conjuntivos —aquellos que unen, por ejemplo, músculos o huesos— en base a estiramientos de todo tipo. Estirarse está muy bien, pero hacer un mal estiramiento te puede hacer mucho daño. Si bien es cierto que la osteopatía no deja tantos afectados como la quiropráctica, sí hay bastantes casos documentados de gente que ha quedado mal parada. Lo que es seguro es que te van a robar el dinero y que es un fraude respecto a su eficacia terapéutica.
    Reflexología
    Me he dejado esta para el final porque es la más inocua de las tres. Hay bastantes cursos de reflexología, incluso públicos, y en general se le presta poca atención. Aunque también encierra sus peligros debido a la evasión de tratamiento. Muy extendida entre perroflautas, estudiantes de filosofía frustrados y gente en paro tras reventar la burbuja inmobiliaria, su base doctrinal consiste en que en los pies —y a veces también en las manos o la nariz— estarían reflejadas todas las partes del cuerpo. ¿Te duele la cabeza? Te masajeo el dedo gordo. ¿Ya no te pone tu marido? Nada, eso se pasa con unos buenos pases por el talón. Y así es como le venden masajes en los pies a pobres incautos. Aunque, a veces, los reflexólogos quieren jugar en la Champions League y se centran en cosas graves.
    Reflexología-podal
    La idea del homúnculo podal es una aberración desde el punto de vista neuroanatómico —tanto como el feto invertido en las orejas de la auriculoterapia. El sistema nervioso autónomo es toda una compleja red nerviosa repartida por el cuerpo que intercambia mensajes con el cerebro. La arquitectica del sistema hace que todo acabe pasando por la médula espinal. Los nervios de los pies van a la base de la médula, donde suben por la espalda directos al cerebro. No existe una conexión directa entre estos y los ojos o las manos. La cosa se limita a subir y a bajar. A veces se dan casos de ‘dolor referido’, cuando, por ejemplo las vías de cierta parte de un brazo en cierto momento del camino al cerebro se entremezclan con las del pecho, haciendo que este confunda el mensaje —por esa razón nos duele el brazo cuando vamos a tener un infarto. Pero este tipo de fenómenos no justifican las locuras que afirma la reflexología. Aunque tampoco es una sorpresa que sean locuras, porque se las inventó de la nada hace unos cien años un señor llamado William Fitzgerald. Nuevamente, 0% de evidencias de que sea una terapia para algo.
    En conclusión, mucho cuidado con esta gente porque con las cosas de la espalda y del cuello no se juega. Y si quieres un masaje: que te lo haga tu novio/a, que siempre es más divertido.
    Por Angelo Fasce
    22 min

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