Medicina cuántica: logorrea que mata
Sólo hay algo que tenga más tirón que lo neuro: lo cuántico. Lo cuántico está de moda. Lo cuántico parriba, lo cuántico pabajo. Lo cuántico en el telediario, en la tertulia esa en la que hablan de la Pantoja, en las facultades de filosofía. Y todos son expertos, todos se contradicen y dicen cosas raras, pero todos tienen razón.
Con lo cuántico se gana pasta y notoriedad. Lo tántrico ya está out.Y me alegro, porque el rollo tántrico me parecía una tortura inhumana. Y luego está lo de la medicina cuántica que, además de ser parte de eso tan New Age que es el misticismo cuántico, es un dolor de cabeza para los físicos y los médicos (serios). Y es muy peligrosa.
Es peligrosa porque la explotación del prestigio de la ciencia resulta una herramienta muy potente si lo que se quiere es manipular a las personas, especialmente si estas personas están en un estado vulnerable.
Y al caso de lo cuántico, además, se suma el enorme desconocimiento que se tiene acerca de esta teoría. Una teoría que, dejando de lado las enormes complicaciones de sus herramientas matemáticas, en principio no es más complicada que cualquier otra.
El problema de la mecánica cuántica es que una comprensión pobre de la teoría da pie a unas interpretaciones fantasiosas y alucinadas que, además de no tener nada que ver con lo que dice la propia teoría, suelen llevar a misticismos, pseudociencias, gurús y a todo tipo de escoria pseudointelectual.
Aunque esto tampoco es algo nuevo. Al fin y al cabo, la teoría de la evolución tampoco es intuitiva en absoluto y por ello es tan sencillo que las interpretaciones más intuitivas sean más fácilmente comprendidas por un público sencillo de manipular.
Esa es, de hecho, una de las características de la pseudociencia: ofrecer versiones de la realidad científica que casen mejor con lo que la gente se siente cómoda escuchando, versiones cutres que creen la falsa apariencia de comprensión del mundo por parte del oyente.
Para nosotros es mucho más complejo escuchar un ‘no sé’ o un ‘no lo entiendes’ que un ‘esto es magia’ o ‘eres el puto amo, dame tu dinero’. Somos así. Pero vamos, que los fenómenos específicos de la mecánica cuántica ni son místicos, ni son nada religioso, ni son nada trascentente, ni son nada que, de momento tenga aplicaciones reales en nuestras vidas. La teoría está en pañales en ciertos sentidos, hay cosas raras y complejas de entender, y ya está.
El problema básico que me he encontrado al hablar de medicina cuántica es que es imposible encontrar una definición medianamente sólida de lo que es.
De hecho, hay algunas páginas y blogs tan raros que creo que hoy no voy a pegar ojo. Todos hacen cosas diferentes y algunos ni hablan de cosas propiamente cuánticas pese a ponerse el rótulo. Otros usan las típicas máquinas de charlatán —como el potenciador Graham, el estimulador electro-neural transcutáneo, el supercargador cerebral o el configurador sincro-energizante de ondas cerebrales, que tan de moda estuvieron en su momento.
Lo que hay es un mónton de verborrea que entremezcla misticismo —especialmente hindú y chino—, con palabras sacadas de contexto relacionadas con la mecánica cuántica y muchísima logorrea incomprensible.
Las técnicas que usan no están claras. A veces son imposiciones de manos, a veces es algo parecido al análisis bioenergético, a veces se llama ‘medicina o terapia cuántica‘, a veces se llama ‘biocuántica‘. A veces se basan en una tal vibración o resonancia, lo cual supone un error de bulto basado en confundir la mecánica cuántica con la hipótesis de las supercuerdas.
A veces dicen que es un ‘método ontológico’ y no entiendo en qué mundo eso podría tener sentido alguno. A veces la verborrea se centra en cuestiones mente-cuerpo, con mucha falacia de apelación a la tradición.
Esto sería un intento de definición de lo que suele ser la medicina cuántica: un ejercicio de charlatanería extrema que habitualmente explota el orientalismo y la atracción por las supercherías chinas e indias tratando de fundamentarlas en un lenguaje críptico que, se supone, remite a la mecánica cuántica de un modo terriblemente desviado.
¿Qué es toda esta movida de ‘lo cuántico’?
La mecánica cuántica es una teoría fisica que explica y predice el comportamiento de los componentes más pequeños de la realidad —al menos de los más pequeños de los que tenemos noticia a día de hoy.
En este sentido, se aplica a electrones, protones, y fermiones y bosones en general.
Cosas tremendamente pequeñas cuyo comportamiento no es el habitual en el mundo macrocópico en el que nos movemos.
Todo esto, claro está, nos resulta tremendamente complejo de comprender, pero al mundo no le interesa lo intuitivo que nos pueda parecer.
Si así fuera todos seríamos físicos aristotélicos y dualistas cartesianos y la ciencia no tendría sentido.
Parte de la culpa de esto es de la propia naturaleza, que es rara de por sí, pero otra buena parte la tiene la forma como se enseña física en los colegios. Nos meten en la cabeza el modelo clásico de las bolas rojas dando vueltas al rededor de una bola grande hecha de bolas blancas y azules juntas y nos dicen que eso es un átomo.
Pero en realidad esas bolas no son bolas, sino cosas muchísimo más raras, que se comportan de una forma que en nada se parece a bolas y que, además, están a una distancia realmente increible unas de las otras. Existe un grave déficit de enseñanza de la ciencia, no sólo de su propia naturaleza, sino de las mismas teorías científicas.
La mecánica cuántica habla de movimientos de neutrones y de cosas por el estilo, no de las estupideces que venden como ‘cuántico’ por ahí, como si la mente, el amor o la salud pudieran ser definidas por funciones de onda, o como si pudiéramos crear la realidad deseándolo, o cosas aún más disparatadas.
No tiene nada que ver ni tu estado de ánimo, ni con tu estado de salud, ni con el dinero que hayas malgastado en comprar las porquerías de Deepak Chopra. Es misterioso porque no sabemos qué es lo que pasa exactamente, pero no hay que extralimitar sus implicaciones.
El dominio de la psicología es la conducta humana, el de la etología la conducta animal, el de la biología la materia orgánica, el de la química las reacciones químicas, el de la historia los acontecimientos sociales pasados, etc. Por su parte, el dominio de la mecánica cuántica es el comportamiento de las partículas subatómicas, nada más que eso.
Y si tiene fenómenos curiosos, estos fenómenos aparecen sólo a ese nivel. Cada ciencia es reina de su propia colina, pero sólo de su colina. Aunque se establezcan colaboraciones, reducciones o síntesis, la colina de cada cual es la colina de cada cual.
No existen las teorías del todo.
Ahora veremos lo que pasa con las neurotonterías. Unas neurotonterías muy presentes en facultades muy alejadas de la biología, donde también abunda lo cuántico, y a veces hasta se besan entre ellas apasionadamente como en el caso de la inefable neurociencia cuántica.
Pero bueno, yo esto lo llevo viendo mucho tiempo en intentos más sutiles de fantochada intelectual, como tratar de explicar una teoría biológica en términos de una física, de hacer que la filosofía sea una ciencia, o demás cosas por el estilo.
No tiene ningún sentido hablar de ‘medicina cuántica’ como no tiene ningún sentido hablar de ‘quimiolingüistica’ o de ‘historia física’. Cada ciencia en su propia colina, y la cuántica aún no está en condiciones ni de realizar muchas alianzas ni de salir de su dominio, algo que, además, no debería tener que hacer.
El alma imparte realidad a la progresiva expansión del cerebro
La frase que encabeza esta sección final la he sacado del generador aleatorio de frases de Deepak Chopra, el principal impulsor de la medicina cuántica.
No significa nada y aún así es posible que tenga más sentido que la mayoría de las tonterías que suelta por ahí en persona.
Don Deepak es, básicamamente, un fantoche que afirma poder curar el SIDA y el cáncer empleando imposiciones de manos —cuánticas, ojo, no te vayas a pensar que esto es reiki de chichinabo.
Un tipo que debería estar en la cárcel hace bastante tiempo. Lo suyo es de una verborrea tan desaforada y de una cara tan dura que cuesta creerlo. Aunque en nuestro entorno tenemos a Jodorowsky, que vendría a ser su versión en castellano.
Se ha creado toda una industria millonaria, con congresos de locos incluidos, en la que distorsiones de la mecánica cuántica se mezclan con espiritualismo, frases de autoayuda dignas de Paulo Coelho después sufrir un traumatismo craneoencefálico y bobadas por el estilo que hacen que todo esto sea un cóctel muy, MUY, peligroso.
Porque con la salud de la gente no se juega. No existe nada así como la ‘medicina cuántica’. Lo que sí existe es la ‘pseudomedicina cuántica’ y malas personas. Eso último a montones. Así que nada de energías raras, nada de máquinas absurdas con nombres pedantes, nada de resonancias o de vibraciones patológicas (¿?), y nada de supuestos desajustes bioeléctricos o lo que sea eso.
¿Por qué no, simplemente, hacerse responsable de uno mismo, crecer de una buena vez, dejar de dar vergüenza ajena al resto de la humanidad e ir al médico? Ya sabemos que el sistema educativo no es tan bueno como debería, pero tampoco hace falta consagrar la propia existencia a hacer patente esa triste realidad.
La buena medicina funciona, cuesta una millonada y nos permite unos estándares de vida —junto a muchas otras cosas relacionadas con la ciencia— que se los llegas a contar a gente del siglo XII —cuando mandaba la gente como Chopra— y pensarían que te acabas de caer del caballo. Es que en este caso no hace falta ni discriminar: si alguien dice la palabra ‘cuántico’ en una consulta sal corriento y ya está.
Por Angelo Fasce