EL MANUAL DEL SUPERPRONOSTICADOR
En todas las épocas y lugares siempre hubo augures y pitonisas.
Pronosticadores, adivinos, aprendices de Casandra.
Profetas de todo tipo.
Intérpretes de Nostradamus y demás escritos en clave.
El concepto de superpronosticador se basa en el trabajo del profesor Philip Tetlock.
Trabajaba en la Universidad de Pensilvanaia.
Es autor de un best seller sobre este tema.
Tetlock aseguro que los expertos de un determinado campo difícilmente superan a la adivinación al azar cuando pronostican acontecimientos futuros.
A partir de esa idea, organizó una competición para ver si existen personas capaces de mejorar las predicciones de los entendidos.
Según sus resultados, hay un 2 por ciento de personas que cuentan con la habilidad especial de prevenir el porvenir.
Para medir estas capacidades, se ha creado el Proyecto del buen juicio.
Donde cualquiera puede poner a prueba sus capacidades predictivas.
La organización que fundo Tetlock también organiza talleres en Estados Unidos y otros países, para mejorar las capacidades para pronosticar el futuro.
Un super pronosticador debe ser una persona abierta de mente.
Capaz de poner a prueba sus propias opiniones personales.
Debe ser introspectivo, autocrítico, curioso, analítico y hábil con las operaciones matemáticas.
Ese dos por ciento que podría ver el futuro con más claridad que los expertos, se le da bien dar un paso atrás y considerar puntos de vista distintos a los suyos.
La empresa Maybe, se dedica a este tipo de quehaceres.
La lección que debemos aprender de la investigación de Tetlock es que los expertos no siempre están seguros de lo que hacen.
Aunque lo parezca.
Y suelen ignorar mucho más de lo que admiten.
Incluso, asegura que hay que tener especial precaución con los expertos que aparecen en los medios de comunicación.
Otra forma de detectar expertos poco fiables es evaluando su capacidad para cambiar de opinión.
Existe la creencia popular de que una persona que cambia mucho de opinión es un veleta.
Alguien que no tiene las cosas demasiado claras.
Sin embargo, parece que Tetlock afirma lo contario.
Un experto fiable es el que admite sus errores y corrige el rumbo continuamente.
Según la nueva información que tenga.
La flexibilidad y la capacidad de tener diversos enfoques sobre un mismo asunto.
Deberían ser dos de las grandes cualidades de un experto.
Nadie compraría un coche que no girase en las curvas o que no diera marcha atrás.
Pues lo mismo ocurre con los vaticinios de los especialistas.
Tetlock pretende que los super pronosticadores mejoren sus habilidades mediante el trabajo en equipo.
Hay que aprender a criticar ciertos puntos de vista y a reconocer los sesgos cognitivos.
Así se mejora la honestidad de las predicciones.
Un buen escenario de prueba es el electoral.
Aquí vemos aparecer expertos de todo tipo.
Intérpretes de gestos, asesores de imagen, psicólogos, politólogos…
En su anterior ensayo, el autor los clasificó en zorros y erizos.
Los zorros saben poco de muchas cosas.
Y aceptan que la ambigüedad y la contradicción son aspectos necesarios en la vida.
Por otro lado, los erizos saben mucho de una cosa.
Suelen formular soluciones previsibles a problemas mal definidos.
Son los que demuestran mayor tenacidad y buscan imponerse en los debates.
En mitad del ruido y de la furia, el pronóstico político se adueña de los grandes medios.
El avance de las nuevas tecnologías intenta respaldar estos vaticinios.
El big data, la estadística, las simulaciones o el análisis electoral.
Sin embargo, Tetlock reunió más de 80.000 predicciones para su estudio.
Y sus conclusiones fueron claras.
Las personas que se ganaban la vida pronosticando en política o economía rara vez acertaban.
El exceso de confianza les lleva a equivocarse.
En definitiva, que los super pronosticadores son gente común.
Que no tiene acceso a información privilegiada.
Y que deberíamos de aprender de su modo de pensar.
De ver las cosas con una mente abierta, curiosa y autocrítica.
Y que ajustemos nuestros cálculos en función de la nueva información que tengamos de un tema.
Esa forma de razonar las cosas nos servirá más que mirar la bola de cristal.