Poemas Peruanos

Poemas Peruanos

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Poemas Peruanos episodes

  • Emilio Adolfo Westphalen - Qué será más grande
    ¿Qué será más grande – el mar o la palabra con que lo nombramos?
    Decimos el mar y surgen diversos mares – los vistos experimentados gozados sufridos – e igualmente los apenas barruntados (acaso los más exaltantes) – pequeños o descomunales – plácidos o destrozándose a sí mismos en iras irreprimibles.
    Vemos en cambio el mar – y es el de siempre – irreconocible y desconcertante – una fantasmagoría de la realidad – pero igual al que por primera vez se interpuso en nuestro destino.
    2 min
  • Blanca Varela - Flores para el oído
    En todas partes hay flores
    acabo de descubrirlo escuchando
    flores para el oído
    lentas silenciosas apresuradas
    flores
    para el oído
    caminando por la calle
    que un hombre rompe con un taladro
    sentí el horror de la primavera
    de tantas flores
    abriéndose en el aire
    y cerrándose
    de tantos ecos
    negros rizados pétalos
    arrastrándose
    hasta el borde del mar de tierra
    recién abierto
    sé que un día de estos
    acabaré en la boca de alguna flor
    1 min
  • Jorge Pimentel - Balada para un caballo
    Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
    por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
    que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
    muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
    el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
    de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas
    por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
    de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
    arman expediciones para darme caza armados de perros policías
    y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
    y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
    por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
    Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo
    y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
    sobre las traseras y paralelamente y aun mismo ritmo
    antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.
    Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
    me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
    el que se ondea y es una música y es un torbellino
    de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
    van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
    en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
    de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
    calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
    Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
    tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
    espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
    desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
    Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.
    En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
    Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
    que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
    desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
    suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.
    Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
    de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
    y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
    que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
    que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
    realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
    y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
    aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
    En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
    y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
    con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
    parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
    suelo dar galopes hacia la vida. Allí
    donde mi presencia es esperada me hago realidad.
    Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
    me hago realidad en esos ojos que están cansados
    de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
    se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
    y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
    de mar de cielo de tierra.
    Mi figura domina la naturaleza.
    Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
    Cae la noche.
    Mi sombra se recobra.
    Las ramas crujen.
    Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
    Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
    se difunde con la noche se propaga se manifiesta.
    Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
    aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
    ¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
    El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
    Por esta época del año suelen cruzar manadas
    de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
    Recuerdo que logré darles alcance y me contaron
    que lograron salvarse de una cacería emprendida
    contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
    y que luego de ser sometidos al cubo de agua
    y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
    a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.
    y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
    descargas eléctricas, te manosean, te latigan
    con una fusta despellejándote. Y así durante
    un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
    de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
    sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
    a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
    en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
    te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
    tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
    manques te dispararán un balazo en la sien. Ya
    había galopado un buen trecho con la manada
    que huía despavorida y me dijeron que probablemente
    para el invierno pasarían por aquí para ir más
    al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
    lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
    por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
    me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
    me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
    de realizarme en un medio donde la civilización se mata
    y permanecen odios, prefijo ser caballo. Mojaré
    la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
    inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar
    hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,
    para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos
    anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
    y el campo sin límites.
    Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
    y de mi yegua
    y de mi potranco.
    9 min
  • Retablo - Marco Martos
    En un tiempo viví en Ayacucho,
    rincón de muertos que lo llaman.
    Salí de allí, por azar, en 1970,
    diez años antes del comienzo
    de la hecatombe.
    Vi la miseria con mis propios ojos
    en el Parque Sucre, San Juan Bautista.
    Acuchimay, en el mercado,
    y penetrando por las rendijas
    a las mismas casas de los ricos,
    mendigando. Algunos
    de mis conocidos de esos años
    están muertos o en prisión
    o andan por el mundo
    como kamikazes locos
    matando y dejándose matar
    por los soldados.
    No hablo de los jefes. De ellos no hablo.
    Conocí a un niño que murió
    en la isla El Frontón en 1986, siendo hombre,
    con trescientos de los suyos, asesinado.
    Tuve un amigo periodista
    que fue a Ayacucho en 1983
    en misión de servicio y junto
    con siete compañeros,
    en Uchuracay, murió asesinado.
    Pero los hombres de la costa cuando mueren
    tienen un nombre, una lápida,
    recuerdos, flores; los campesinos
    cuando mueren son números asesinados.
    Pienso también en los soldados
    que los llevan desde tan lejos
    (Saposoa, Iquitos, Tumbes)
    hasta Ayacucho a morir baleando.
    No me hables de la música de Huamanga,
    ni de la tersa piel de sus mujeres,
    ni del cielo lapislázuli.
    Ayacucho es la sombra de la muerte,
    una escalera interminable de cadáveres,
    la muerte misma trepando hasta mi corazón
    que vive todo el tiempo agonizando.
    3 min
  • Washington Delgado - Tibios azogues goteaban sobre el alba
    Tibios azogues goteaban sobre el alba
    mientras yo te negaba. Mientyras yo te negaba
    equivocandosueños, iluminando muerte
    caía de tus párpados.
    No te ví. No te vieron mis ojos?
    del amor que perdías.
    Que espejos construídos bajo la noche estricta
    han velado tus gestos de papel y de pluma,
    que noche construída paralela a mis ojos
    te cubre de cenizas.
    No hay nada sino un árbol y su sombra encendida.
    No hay nada sino un río encadenado al sueño.
    Hoy de pronto la herencia de ese país secreto
    que en tus ojos yacía y que tarde conozco.
    Tarde conozco todo lo que huía contigo.
    6 min
  • Carlos Germán Belli habla sobre su poesía y lee Asir la forma que se va
    Hay quienes creen en la Divinidad, únicamente acosados por el pavor ante la posible nada.
    Igualmente hay quienes adoran la forma artística ante el temor de que termine por
    desintegrarse para siempre. Pero en este caso la angustia no es la única causa, sino que
    a la vez hay una tácita devoción, tan antigua como los propios objetos estéticos. Es la
    fe en la forma, no por el riesgo del vacío, sino por el puro placer de disfrutarla.
    Igualmente como cuando se adora a la Divinidad por sí misma, y aun si no existiera. En
    realidad, ni espuria ni imputable a barrocos o parnasianos decadentes. No hay que
    avergonzarse de ella. No hay que reducirla a la postración. Obrar así no es otra cosa
    que renegar de nuestro continente. Porque los cuerpos en que moramos también poseen un
    contorno, también una estructura donde se encuentran en perfecto orden y concierto los
    secretos órganos vitales. Aferrémonos a ella, como nos aferramos a nuestra forma corporal,
    ante el embate del tiempo, ante la aproximación de la ineludible muerte.
    5 min
  • Antonio Cisneros - El monje loco
    Es hora de la luz
    ese foco de 25 vatios
    una pantalla de vidrio azul lañil y flegos amarillos
    separa al comedor de los arbustos
    y roquedales que anuncian el desierto.
    Es una luz de mala calidad
    por lo que el gran frutero repleto de naranjas
    es con las justas una gallina muerta.
    Los comensales en torno de la mesa
    devoran las costillas de cordero
    oscuros, silenciosos, como una mancha
    de aceite en la pared.
    Es la última cena.
    En esta habitación tan mal iluminada
    es imposible distinguir al divino Jesús.
    Aunque si dejamos de lado al comedor
    o cenáculo y nos hundimos con las
    rodillas negras en medio del desierto,
    podemos encontrar un corral de cangrejos
    en la arena mojada, un pomo con avispas
    y a las 6:50, hora del vidrio azul añil
    y flecos amarillos,
    la voz del monje loco,
    auspiciada por los jabones lux
    la ronca carcajada
    alalau, más fiera que las ropas de lana remojadas
    pegadas contra el cuerpo
    igual que un alarido en el fondo del mar.
    2 min
  • Roger Santiváñez - Escrito en la oficina
    Para escribir un poema
    sentado en la oficina.
    -Qué hacer
    revisando archivos, fichas, soledades
    de papel membretado y pelikanol?
    "Sí, Buenos Días"
    "De parte de quién?"
    Canción que fue a perderse por los hilos telefónicos, aullido de un perro
    en la vecindad.
    Esto es para llorar
    y no hay ningún consuelo
    entre papeles quemados en mi memoria
    y tableteo de metralletas en las zonas liberadas
    La canción queda varada por las innombradas
    calles, por las innombradas y silenciosas avenidas
    iluminadas amplias autopistas en la noche neón
    y mercurio sombras de neblina rocío de los
    cuerpos en el frío y la aproximación de la
    madrugada.
    Oh qué hacer
    los buses cansados se pierden en la distancia
    y no hay nada que se parezca a la vida ni
    a la muerte nada que merezca ser
    recordado ni escrito ni cantado
    entonces qué canto aquí en mi canto
    sino el vacío de las páginas en blanco
    los próximos poemas un juego inútil sensitivo
    para tocar como el viento urbano
    la falda de las muchachas
    y ya no habrá manera de recordar un amor
    de estampar el silencio en la mañana de Junio
    diosa de la belleza
    de los deseos y las apariencias inesperadas
    el tableteo de las máquinas calculadoras
    obsede mi suave esparcimiento solitario
    el olor a tinta fresca en la pituitaria
    me recuerda mi nombre mi oficio
    mi silencio de fiera repentina
    pero
    quien será qué será
    en estos días cuello de botella
    La ciudad es una concha gigantesca la bahía
    un mar que la golpea sin misericordia ni
    crueldad
    y yo la veo caminar bajo los árboles
    hacia la cita con su amante
    compacto el frío en las casacas ajustadas
    pero qué sola se ve una flor
    en su maceta
    entre 2 muros y el parquet
    (de nada para nadie en el hueco del amor)
    la flor se tiende sobre mí
    y acaricia la sombra de la luz
    en las baldosas y se deja remecer
    por el aire tibio que acaso llega
    desde dónde no sé
    sino que al salir me esperan
    las amplias avenidas silenciosas con semáforos
    y soledades de asiento roto en micro—bús
    al trote de un caballo
    la ciudad se extiende como una peste
    o una maldición
    y los relojes se acercan a las 12 m.
    al viento muerto que respiro
    como cáncer de monóxido
    4 min
  • Jorge Pimentel - Ballestas II
    sos ojos en algún lugar los he visto.
    Esos ojos recuerdan la noche en que súbitamente aparecieron
    destemplados tristes persistiendo en abatir a mis ojos.
    Pero esos ojos persisten
    y se confunden con los míos en un ritual cómplice
    se buscan afanosamente, quieren alcanzarse
    pero el esfuerzo no lo es todo, falta algo.
    Quizá todo esto no baste
    y se necesiten nuevos ritos para que mis ojos y los tuyos
    logren asirse cada vez más y más.
    Esos ojos ahora se alejan, retroceden.
    Pruebo otra vez por acercarme, recorro su misma
    oscuridad, pero es inútil.
    Si puedo ir y volver
    de la oscuridad y luego ascender hacia la luz por qué
    tus ojos no penetran al fresco y se tornan cristalinos
    o es que he de dejarlos en su rumbo hacia las sombras moradas
    y el fuego termine por consumirlos.
    Y mis ojos cómo sobreviven.
    Mis ojos que navegaron durante buen tiempo entre tinieblas
    hasta conectarse con el alba, o la posibilidad de salvación
    está en uno, en sus esfuerzos por sobreponerse a la hecatombe.
    Si uno es aquella posibilidad
    te imploro, hombre, mujer, niño, joven, que venzas tu noche
    más oscura, porque aquí se te necesita y te necesitan otros
    que como tú ascendieron hacia la luz
    en plena noche.
    3 min
  • Rodolfo Hinostroza - Nudo borromeo
    Y ahora remontas rue Vavin subiendo a Montparnasse
    Hay un río que duerme otro que murmura
    Aquí Clayton hablaba de Loutine
    Los dorados temblores de Diana en el patio interior
    El cuerpo multiplicado en millares de copias
    Y un presagio de tormenta en la escalera
    Menos grave que en los años siguientes
    Y ahora todo resbala hacia Lo Real
    Había sido algo menos que una presencia
    Definida con tenacidad
    Al alba con las últimas luces de la fiesta
    La materia de los dioses extraviada en un recuento precipitado
    De tantos viajes tantos libros tantas mujeres
    La sombra helada de un libro que te acecha
    Mientras haces el amor en el bisel del espejo
    Las claves sumergidas en un catálogo de signos
    Te requiere por una vibración de encajes y deseos
    Como el vaho sobre el cristal del automóvil
    Londres un taxi palpitante a la puerta
    Una confidencia cubierta por el timbre del teléfono
    Forma insuficientemente percibida
    A través de las celosías de la casa
    Lo gris duerme su rapacidad vela
    Modo infinito en infinita parodia
    Y ahora tratas de recordar un acto significativo
    Que te hubiera matado
    Para que hacia él converjan las líneas del poema
    O el pavor de un sueño
    Donde olvidas tus huellas en las cosas
    Como si al crepúsculo tornaras la cabeza
    Viendo unas rayas difusas en la perspectiva
    Así cuando declina el viento de la noche
    Hay tal vez una playa con casetas de vidrio
    Y estudias el mecanismo de las olas
    Sobre la barrera que planta tu memoria
    Un dólar de plata por saberlo
    El sentido de la experiencia debe encontrarse allí
    Y yo debo entonces perseverar en el poema
    El Otro que yo he sido el Otro que estoy siendo
    Me debe ser designado en el poema
    En una de sus líneas (tal vez en ésta misma)
    El insolente sol trepa al solsticio
    Y se me hace saber que mi sombra se gasta
    Y una imagen recurre (la de Marianne)
    Como si el erotismo fuera capaz de definirme
    Como si buscase definición
    Deslizándome hacia el centro del poema
    Donde hay silencio y quietas placas de hielo
    Calles que no llevan nombre
    Miedo de tocarlo y no tocarlo y atravesarlo sin tocarlo
    Como una sombra de palabras
    Y hay líneas que se encurvan sobre el horizonte
    Otras sobre el crepúsculo
    Y acodado en las estepas mayores
    Buscas la conjunción de los sentidos
    En una sola epifanía
    La memoria como un espejo parabólico
    Descoyuntado por infinitos puntos de fuga
    Que recompone ahora una imagen de mujer
    De actos presenciados en Mallorca
    O en un pueblo belga que se llama Malone
    Cuyo sentido (si alguno existe) resistiría a la enumeración
    De imágenes dispersas
    De una noche en busca de rue Giordano Bruno
    Al fondo del distrito XIV y bajo la nieve
    O la de un lépero cagando sobre un puente en Comayagüela
    O de una noche caliente y desolada en Managua
    Un Luna-Park en trozos
    O caminando contra el viento a la entrada de Cerbère
    Buscando un maldito camión
    Y todavía
    Atravesando un campo de lavanda en el Luberón
    Con un vuelo de cuervos en el cielo cubiero
    Fascinado por la estupidez
    (Lo Real)
    Y el amor que no sobrevive a Lo Real
    Y poesía calla
    Puedes trepar a un bus hacer le tour du monde
    Hasta que tus desgracias se consuman
    Y te llenes los ojos de países
    Inexplicables como las mujeres
    Sombras frutas rmolinos
    Conversaciones a orillas de un catre
    Viajando hacia Entropía con un bolso de lona
    Borracho (y agresivo) cada día
    Dónde quedó el lugar de la emoción largamente buscado
    La voz (era una voz?) en los farallones de La Herradura
    Sucio cobalto mar
    Los versos aullados al viento
    O la vigilia sobresaltada en un hotel de Ibiza
    Y todo suspendido a esa enorme extrañeza
    De estar aquí haciendo precisamente eso
    Quizá en suma
    La larga perplejidad
    Que incita al mundo a ser lo que es
    Nunca lejos ni cerca
    Nunca Real
    Y el viento que se caga en la noticia
    Segando los sonidos
    De pura insensatez has preferido una vida brillante
    (Brillante’)
    Peloteando entre psiconalistas vagos guerrilleros
    Artistas espléndidas mujeres pilares de bistró
    Lectores de novelas policiales
    Cambiando dos por una Marché d´Aligre
    Dos Francis Rick contra un buen Ambler
    Cuatro Carter Brown contra dos Stara
    Una docena de Chase (siempre es lo mismo) contra
    Lady in the Lake
    O Red Harvest o La Reine des Pommes o Wincherly Woman
    La escena de las fresas la escena del pico de hielo
    El torpe asesinato del marido
    Y las manchas de sangre dulzona sobre el piso encerado
    Un laberinto de enaguas y de manos
    Cáchame cáchame
    No tendremos mañana
    Porque mañana no existe para nadie
    Tú eres Tú porque yo lo he querido
    Y El Mundo (El Arcano XXI) te pertenece
    No es sino un modo de pasar por El Diablo (VIII)
    Errando entre las sillas al alba de la fiesta
    Inmerso en una hecatombe de palabras
    Un espejo te entrega lo idéntico y lo otro
    Una puerta una noche
    Si soy el que deseas y deseas a otro
    Soy Otro
    Y cuando te deseo no deseo ser otro
    Librado a la madera de los sueños
    No tendremos mañana
    Como quien asume una pasión inconsecuente
    Con la seguridad de ver borrarse los fantasmas
    A la llegada del alba
    Tú y Yo
    Aturdidos huyendo por las alcantarillas
    A La Paz (Baja California) o a Formentera
    Cris el Sevillano en dos días dio la vuelta a la Isla
    Jean-Marie se colgó en el fondo de un pozo
    Frank cogió a martillazos a dos guardias civiles
    Mi Reina Armada destruyendo los rangos de peones
    Un triángulo de luz polvorienta en cada mano
    Del 1 al 0 al 1
    Y ahora Mi Reina es presa de la angustia
    En un túnel como una tripa viva
    Que se abre sobre una playa donde un hombre desnudo medita
    El Amor y La Paz
    California Dreani´
    Un sueño en jeans T-shirts
    Playas tornasoladas de soles anaranjados (Wesselmann)
    La sombra de viejos automóviles traqueteando
    Hacia un presente perpetuo
    Une Ile entre le Ciel et l´Eau
    O un lago azul e inmenso
    El ágape que cura las heridas
    Y el perezoso sol calentando mi cuerpo que no tiene
    Orgullo ni deseo
    Un paquete de vidas reventadas por presencia de Lo Eterno
    El Big-Bang repercute sus últimos ecos
    Y la gente deriva hacia todos los suburbios del planeta
    Vagando meditando gozando predicando
    Rompiendo el delicado equilibrio entre Idea y Deseo
    Un último sobresalto de Occidente
    Antes del encadenamiento de las guerras
    Las heladas estrellas se agrupan del lado de La Osa
    Ella ha desaparecido
    (Quién es Ella dónde está Ella)
    No confundas tu soledad y la suya
    Cuando tires las tres monedas por seis veces
    SUNG
    Esta línea muestra al sujeto vacilante frente a la disputa
    Vuélvela estudio de los dictados celestes
    Abate sus deseos agresivos
    Reposa en la firmeza y corrección
    Habrá buena fortuna
    Abate tus deseos abátelos te digo
    Así podrás acceder a la contemplación
    Y el mundo rodará sin ti
    Por una vez
    Y verás gotear las estaciones
    En un cielo Ile-de-France
    Tendido en un camastro fascinado
    Por una constelación de manchas de humedad
    Las nubes dibujan carneros castillos
    Una majada de fantasmas desciende el Huascarán
    Trisca en torno de un ojo de agua
    Pisoteando el diván del analista
    Repita eso
    (Eso?)
    La memoria se posa sobre un campo de trigo
    Y los caballos trotan en torno de la era
    Encerrados en un domo dorado
    Tu padre bebe chicha de jora
    Y tú aloja fresca
    Y más tarde la luna rondará la Casa-Hacienda
    Polvo de leche luz
    Tus sábanas se prolongan en nevados
    Repita eso
    El poema graffiti sobre un largo monólogo
    El tema del baúl el tema del poeta atormentado
    Por la Sombra del Padre
    Un calembour dudoso colgado de la manga
    (Nunca tocará fondo porque es forma)
    La hora de las visiones ha pasado
    Quién sabe lo que sabe quien no sabe
    Hay una teoría de círculos concéntricos
    Puesta para evitar un encuentro frontal
    Que ya tuvo lugar
    Que apareció como un azahar en el verano
    Calmando mis sentidos crispados en la espera
    En el sous-bois las armas
    Esparciendo un sonido metálico en el aire transparente
    Lustros
    Y a la mañana siguiente un trapecio de niebla
    Sube al Medio del Cielo
    El halcón malherido voltijea sobre el techo del mundo
    Suspendido del verbo
    Que se balancea como un fruto
    Demorando en caer
    Y te consumes fuera de la palabra
    Que tal vez se alimenta a sí misma
    En inflorescencia perpetua
    Y así entorpeces la demostración
    Empantanado en una noche sin fin
    O detenido en un mediodía perfecto
    Un bocado de viento en las colinas
    Una ventana abierta en la plaza del pueblo
    Que designa un imposible deseo
    Y el tiempo el viento amargo
    Huye entre tu camisa
    Como un recuerdo agudo y olvidado
    Así un día en el embarcadero de Santiago Atitlán
    O cierta ven en Uxmal
    Indescifrable tu memoria en ruinas
    Fuera de tema borracho como un Lord
    Contiguo a una galaxia burlona y superior
    Más ebria que la noche bamboleante
    Ceñida a tu cintura hincándote las uñas
    Mientras circulan retazos de ciudades
    Ramalazos de luces en el puerto
    El esplendor vacante de tu cuerpo
    Animal expulsado de la música
    Más acá del Edén donde no hay luz ni noche
    Sino incredulidad de cada gesto
    Como quien sobrevive sin saberlo
    Y hay un valle que cierra el horizonte
    Un río que la brisa acerca
    Y una mujer desnuda en la terraza
    Tomando sol
    Nada es real salvo Lo Real
    Desdeñoso irascible parpadeante y sumiso
    Eternamente anclado
    Plantado frente al río que murmura
    Que tu vida se despliega y se agota
    En la incesante perfección de su diferencia
    A causa de Entropía
    Obedecida y pronto contradicha
    Por una dimensión confusa y vegetal
    Y el azar te convoca para jugar un rol figurante
    En el chalet de abajo
    Y en un delirio de provisiones y de ropa limpia
    Olorosa a lavanda
    Viajas en tus palabras
    Y tus palabras viajan.
    15 min

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Audios para luchar contra el tráfico, la soledad, la falta de tiempo para aprender un poema y aquel mito que cuenta que el peruano no lee. Se publican semanalmente poemas recitados en la voz del autor, en la medida de lo posible. Creative Commons (CC)