Poemas Peruanos

Poemas Peruanos

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Poemas Peruanos episodes

  • José Watanabe - Responso ante el cadáver de mi madre
    A este cadáver le falta alegría.
    Qué culpa tan inmensa
    cuando a un cadáver le falta alegría.
    Uno quiere traerle algo radiante o gustoso (yo recuerdo
    su felicidad de anciana comiendo un bife tierno),
    pero Dora aún no regresa del mercado.
    A este cadáver le falta alegría,
    ¿alguna alegría aún puede entrar en su alma
    que está tendida sobre sus órganos de polvo?
    Qué inútiles somos
    ante un cadáver que se va tan desolado.
    Ya no podemos enmendar nada. ¿Alguien guarda todavía
    esas diminutas manzanas de pobre
    que ella confitaba y en sus manos obsequiosas
    parecían venidas de un árbol espléndido?
    Ya se está yendo con su anillo de viuda.
    Ya se está yendo, y no le prometas nada:
    le provocarás una frase sarcástica
    y lapidaria que, como siempre, te dejará hecho un idiota.
    Ya se está yendo con su costumbre de ir bailando
    por el camino
    para mecer al hijo que llevaba a la espalda.
    Once hijos, Señora Coneja, y ninguno sabe qué diablos hacer
    para que su cadáver tenga alegría.
    2 min
  • Washington Delgado - Un caballo en casa
    Guardo un caballo en mi casa.
    De día patea el suelo
    junto a la cocina;
    De noche duerme al pie de mi cama.
    Con su boñiga y sus relinchos
    hace incómoda la vida
    en una casa pequeña.
    ¿Pero qué otra cosa puedo hacer
    mientras camino hacia la muerte
    en un mundo al borde del abismo?
    ¿Qué otra cosa sino guardar este caballo
    como pálida sombra de los prados abiertos
    bajo el aire libre?
    En la ciudad muerta y anónima,
    entre los muertos sin nombre, yo camino
    como un muerto más.
    Las gentes me miran o no me miran,
    tropiezan conmigo y se disculpan
    o me maldicen y no saben
    que guardo un caballo en mi casa.
    En la noche, acaricio sus crines
    y le doy un trozo de azúcar,
    como en las películas.
    Él me mira blandamente, unas lágrimas
    parecen a punto de caer de sus ojos redondos.
    Es el humo de la cocina o tal vez
    le desespera vivir en un patio
    de veinte metros cuadrados
    o dormir en una alcoba
    con piso de madera.
    A veces pienso
    que deberia dejarlo irse libremente
    en busca de su propia muerte.
    ¿Y los prados lejanos
    sin los cuales yo no podría vivir?
    Guardo un caballo en mi casa
    desesperadamente encadenado
    a mi sueño de libertad.
    3 min
  • Alejandro Romualdo - La infancia
    La infancia nos llena la cabeza de luciérnagas,
    De polvo las rodillas y los ojos nos cubre
    Dulcemente. La infancia nos llena las manos
    De globos y limosnas; la boca de pitos y azucenas
    Y nos cobre las espaldas con sus plumas de cigüeña.
    En la infancia son monarcas los ratones y los dientes.
    ¡Oh la infancia, la hora blanca del reloj,
    El tierno silabario, el bonete de los ángeles y el duende!
    Uno se siente nuevo, herido por un corcho,
    Muerto heroicamente sobre un caballo de madera:
    Amo mi infancia, mi corazón en pantalones cortos.
    1 min
  • Martín Adán - Diario de poeta
    Tú adelante vas, con paso vivoY la muerte que te sigue adondequiera,Tú fatal como el agua de derivo,Al almo mundo que es la luz entera...Sin estricto ciprés ni desbordadaRosa ni sombra alguna la quimera.Túadelante vas, ¡ay!, porque en cadaForma late el Origen y a tu obscuraNoche echó su chispa ya alborada...Tu breve vida, que dura, que dura...La agonía que te ahoga y resuella,Que es vivaz muerte que tu paso apura...Astro siniestro tu creciente estrella,De tu hoy la inacabable madrugada,Donde, tú cegato, buscas la huellaHumanal de algún dios... y no ves nada.¿A aquel cielo que quepa tu respiroO al tesoro de en la ínsula extraña?...¡Ay!, tú siempre con vuelo del vampiroY con avidez de la musaraña...¡A eternidad de eviterno, Poeta,Tiempo tuyo que sea casa tuya,Casa capaz!... ¿ninguna la perfeta?Y vagas tú por entre duro y bullaDe la ciudad que en ti alcanzó su asiento,Llevado tú por una voz no cuya.Vas y vives así vivir, ya lento,Ya raudo,ya en burdel, ya en oficina,Como can que procura su alimento.Y todo, voluntad, asaz, divina...Real al ver... muro en la morada...Cruel el cisne... bajo la rosa, espina...Y a todo ya la mente desatada,La que rebusca en pos de aquel su tacto...La bestia pronta que no sabe nada,Que nada sabe sino por el acto...Y luz de madrugada cenicienta...De rescoldo lívido, desmedido,La Muerte, que te impide y que te tientaComo lo haría cactus florecido...¿En dura concreción de luz primeraFlor increíble, encima y en abismo,
    Esplenderá, Cactus, tu primavera,Tu ser por alegría, tú yo mismo.¿Yo, vivo eterno ya cuando yo muera?...Y en fango de constante madrugada,Tu verso brota, súbito y fungoso...Tu propio amanecer que bulle en cadaReal creándote lo realpasmoso...Sombra ardiendo, tenaz... ese murmullo...Ese alarido... eso oído en vano.Diáfano y trágico, ese verso tuyo...Un lirio de agua intruso en tu pantano...Alba y penumbra que se expande... subeQuizás... pero tú pintas en tu muro,A fuego y conespátula, tu nube...Esa nube feliz del verso puro,Nave del rayo que por él se irisa...¿Vivir ya tu peligro... tu seguro...Tú, Poeta, volando con la driza?¡Ay, acá cada forma es con un nombre,Y es cada nombre simple y como exento;Acá, Poeta, donde cabe el hombreComún con su cuadrado pensamiento!Y así, al azar de poesía inquieta,Descuidado de real y de sujeto,Vas inventando el Mundo tú, Poeta,Libre él ya de confín y de secreto.Y vuela ya tu voz a voz no oída,Tu invocación de en plática desierta:A muerte que te falta y que es tu vida:
    —
    «Tú, Muerte, tú mi vida, tú mi puerta...»Ciego, buscas a Amor amando a tientas,Y te quedas allí donde te evadesDe ti mismo: tú siempre representasLo trágico de todas las mitades.Y tú repites tu torpe, tu vanoBatir de tiburón en albufera...Perfecto el tiburón... el deshumano...Breve la mente... larga la carrera...No otra el alma que el cuerpo sin desgano.Y esa tu actualidad, que desparece...Y esa gana de eterno y desmedidoQue crece en ti como la uña crece,Afuera del recuerdo y del olvido...Y el mundo real y su imaginería,Ese hueso real que tu alma encierra...Sí, tú vas adelante todavía
    8 min
  • Emilio Adolfo Westphalen - César Moro
    Por un campo de miga de pan se alarga desmesuradamente una
    manecilla de reloj
    Alternativamente se iluminan o se apagan en ella unos ojos de cangrejo
    Al contraluz emerge una humareda de pestañas caladas
    Y dispuestas como una torre que simulara una mujer al desvestirse
    Otros animales más familiares como el hipopótamo o el elefante
    Hallan su camino entre el hueso y la carne
    Una red de ojos de medusa impide el tránsito
    Por el arenal que se extiende como una mano abandonada
    A cada paso una bola de marfil dice si el aire es verde o negro
    Si los ojos pesan iguales en una balanza cruzada de cabellos
    Y encerrada en un acuario instalado en lo alto de una montaña
    Rebalsando a veces y arrojando a veces como una catapulta
    Cadáveres rosados o negros o verdes de niños a los ocho extremos
    Cadáveres pintados según las cebras o los leopardos
    Y que al caer se abren tan hermosamente como una caja de basura
    Extendida en medio de un patio de mármol rosado
    Atrae a los alacranes y a las serpientes de aire
    Que zumban como un molino dedicado al amor
    Aparte un hombre de metal llora de cara a una pared
    Visible únicamente al estallar cada lágrima.
    4 min
  • El sueño del pongo - José María Arguedas
    El propio Arguedas lee su cuento El sueño del pongo en la versión castellano. Este cuento nació en base a una historia que le contaron unos campesinos en uno de los tantos viajes a los que estaba acostumbrado en su labor de etnógrafo.
    11 min
  • Domingo de Ramos - Chacalón
    Porque eres a través del día una ruma suavemente adormecida
    Como una canción de Paul Anka como una freak inútil
    Como accionar que tu corazón se mueva homosexualmente
    A través de una anticipación que lo anula todo
    Tú debes tener un transeúnte que te mira infantilmente
    En diagonal a plano y por revés
    Un extraño dentro de tu extrañeza
    Limpia acostada y lampiña como una maja
    Caminando sola y abierta frente al lente de un paparazzi
    Detenida y perra
    Fracturada íntegramente como esta lengua entre tribus vaporosos
    Desplazada en el vídeo clip
    De Chacalón in the city
    Music & soul of The Comas donde estas pedaleando contra el suelo
    En coreografía con peces rabiosos a la sombra de árboles mayores que yo
    Mientras muero in flammas puerilmente como un perro de Lautréamont
    Muero a propósito a duras penas azulejado por tus pezones que se disgregan
    Como rocallas en las esquinas Estas imposible negra mía
    pita de mis trompos Oh fly ruca mía fly pacharacaza mía fly fly
    entre los cascajos rojo-indio de ese cerro
    ahora gris como tu pelo al viento
    al viento marrón-bizarro
    que levanta tu vestido como tu errante camino
    como derrubiando tu edad
    que reluce tiernamente entre las piedras
    Tú eres mi destejida náusea
    Mi sonrisa paraquense
    Vertiginando en mis concavidades
    3 min
  • Antonio Cisneros - Un viaje por el río Nanay
    No es en esos meandros, donde viven los peces de agua dulce, que yo el gran capitán broadcaster destajero, con cien pesos al mes mien-tras navego y ciento treinta cuando estoy en tierra, he sentido terror por lo que resta de mi ordinaria vida. El terror a las garras del tigre, frías rodajas de cebolla cruda, lo sentí más bien en la terraza de ese bar tenido por alegre, amasijo de piernas y traseros bajo el ardiente el sol, a pocos metros de la Plaza de Armas, resbaloso igual que la cubierta de un crucero barrido por las olas, clavado en una roca sobre el río Nanay.
    Estamos en la época del año en que las tortugas desovan en la playa y luego se sumergen río abajo como si huyeran (o se avergonza- ran) de sus crías, es decir unos quelonios cegatones y fofos, buenos para estofarlos a partir del medio año de edad. Ají pipí de mono. Revuelo de las faldas de algodón abiertas en el muslo hasta esas ancas saladas y perfectas. Un coleóptero transita entre la luz. Se hace papilla. Y, sin embargo, quieto es el vuelo del martín pescador sobre las aguas quietas. Nada hace sospechar los turbulentos cardúmenes de peces, girando en lo profundo como moscas en torno al orificio enloquecido de una dora- da real.
    También hay un silencio cerril azul de Prusia. Detrás de las per-sianas de madera, unas veinte cabezas de ganado cebú se sobajean con tal solicitud que todo hace pensar en un perverso pacto, más oscuro que una deuda de juego o una historia de amor. Por lo demás, tan sólo hay que mirar cómo descienden las aguas del Nanay al pie de mi ventana para saber que tenemos casi 40 grados a la sombra y 90 % de humedad. Ahora sé que en los grandes calores debo alejarme de las mantas de lana y de los cuerpos que dan horrible sed y calientan el aire.
    De pronto, sin qué ni para qué, termina el pastizal bajo la nie- bla. Allá donde el paisaje es un grabado con fresnos, eucaliptos y matas de geranio. Hay además una mujer salpicada por las altas mareas que revientan contra los farallones. Está casi desnuda y observa una manada de delfines a prudente distancia. En realidad hay muchas cosas más. Pero ninguna es tuya, diabético tedioso. Calla y aprende. Sólo posees algunas unidades de insulina y una piara de cerdos amarillos.
    4 min
  • Blanca Varela - Me sobrevivirán
    Me sobrevivirán
    me sobrevivirán aguja vaso piedra
    hormigas afanosas
    me sobrevivirán
    donde yo deje de estar pasará la sombra del sol
    y muchas palabras de boca a boca
    tejerán sin mi aliento sinsentidos
    veo el árbol lleno de granos rojos
    que ocupará tu lugar
    mi hora suspendida
    en el eterno crepúsculo que exhalo
    todo esto y algo más que no veremos
    sobre el mar que nos veía
    ola suspendida estrella mortecina
    vino empozado en tu mano
    gesto que el aire enfría y diluye
    témpano luminoso del corazón
    que ausente palpita
    y nadie nadie sabe por qué
    se ahueca el aire
    con su latido
    1 min

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Audios para luchar contra el tráfico, la soledad, la falta de tiempo para aprender un poema y aquel mito que cuenta que el peruano no lee. Se publican semanalmente poemas recitados en la voz del autor, en la medida de lo posible. Creative Commons (CC)