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Or


Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
Una idea.
Una idea incandescente se me vino esta mañana,
una antorcha que flameaba en lo alto de mi mente,
pero sola y sin refuerzos talvez pierda la batalla
ya librada de hace tiempo por tu brillo y un cobarde.
Un cobarde que vacila entre el olvido y tras la nada,
que vacila tras tus pasos y tu melódica mirada,
que se pierde encandilado tras el grito de tus ojos,
que se aturde enceguecido tras el brillo de tu nombre,
que se esconde tras las letras de algún otro nombre
y aún así no se atreve a gritar de quién se esconde,
que hace frente tan valiente a enredadas tempestades
y se escapa como un niño al descubrirse a tu lado,
que amanece al medio día y se duerme al despedirte,
que susurra tan potente y que grita tan despacio,
que camina tan de prisa y con los ojos bien cerrados,
sin valor por la cornisa que conduce a tu palacio.
Una idea de coraje se me vino esta mañana,
de sentarnos frente a frente y quitarme el camuflaje,
de soplar mis emociones y transformarlas en palabras,
en palabras que te expliquen como cae el agua helada.
Una idea tan sublime como tantas que me diste,
tan tardía y predecible como tantas he tenido,
pero sola y sin refuerzos de valor y otros aliados
ha perdido la batalla,
ya es de noche,
ya te fuiste.
Happy new year
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Te amo por ceja
Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas
que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente
lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando
se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo
lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es
también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.
Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría. Encendió un nuevo fósforo.
Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico pesebre: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas.
http://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/la%20vendedora%20de%20fosforos.pdf
En ti la tierra
Pequeña
Poema V
Para que tú me oigas
Mi tierno secreto está sepultado para siempre en mi alma.
Mi corazón palpita todavía frecuentemente
para corresponder a los latidos del tuyo;
pero luego tiembla guardando un profundo silencio.
Mi llama es como la luz eterna de una lámpara sepulcral,
cuya débil claridad se oculta a todos los ojos.
La fría oscuridad de la desesperación no la apagará jamás,
aunque sus rayos sean tan inútiles como si nunca hubieran existido.
Acuérdate de mí; nunca pases cerca de mi sepulcro
sin hacer memoria de aquel cuyas cenizas se hallan allí encerradas.
El único tormento que mi corazón no podría tolerar
sería el que me olvidaras.
Escucha los últimos acentos de una voz moribunda.
La virtud no impide que se compadezca a los muertos.
Concédeme la sola gracia que te he pedido: una lágrima,
la primera y la última recompensa de tu amor.
No decía palabras.
No decía palabras,
Donde habite el olvido.
Donde habite el olvido,
La caricia perdida
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
Alma desnuda
Soy un alma desnuda en estos versos,
Cuento.
https://ciudadseva.com/texto/algo-muy-grave-va-a-suceder-en-este-pueblo/
Soneto de la dulce queja
Tengo miedo a perder la maravilla
Alba
Mi corazón oprimido
La culpa es de uno
Quizá fue una hecatombe de esperanzas,
Enamorarse y no
Cuando uno se enamora las cuadrillas
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