Poesía en la arena

Poesía en la arena

By Eduardo AlcaláArts
Download on the App Store

Poesía en la arena episodes

  • Acuérdate de mí - José Ángel Buesa

    Cuando vengan las sombras del olvido

    a borrar de mi alma el sentimiento,

    no dejes, por Dios, borrar el nido

    donde siempre durmió mi pensamiento.


    Si sabes que mi amor jamás olvida

    que no puedo vivir lejos de ti

    dime que en el sendero de la vida

    alguna vez te acordarás de mí.


    Cuando al pasar inclines la cabeza

    y yo no pueda recoger tu llanto,

    en esa soledad de la tristeza

    te acordarás de aquel que te amó tanto.


    No podrás olvidar que te he adorado

    con ciego y delirante frenesí

    y en las confusas sombras del pasado,

    luz de mis ojos, te acordarás de mí.


    El tiempo corre con denso vuelo

    ya se va adelantando entre los dos

    no me olvides jamás. ¡Dame un recuerdo!

    y no me digas para siempre adiós.


    Imagen.

    Foto de Fondo creado por ijeab - www.freepik.es

    2 min
  • Poema 6 - Pablo Neruda

    Te recuerdo como eras en el último otoño.

    Eras la boina gris y el corazón en calma.

    En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.

    Y las hojas caían en el agua de tu alma.


    Apegada a mis brazos como una enredadera,

    las hojas recogían tu voz lenta y en calma.

    Hoguera de estupor en que mi sed ardía.

    Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.


    Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:

    boina gris, voz de pájaro y corazón de casa

    hacia donde emigraban mis profundos anhelos

    y caían mis besos alegres como brasas.


    Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.

    Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!

    Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.

    Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

    2 min
  • Para hallarte esta noche... - Julia de Burgos

    Para hallarte esta noche las pupilas distantes,

    he dominado cielos, altamares, y prados.
    He deshecho el sollozo de los ecos perdidos...
    tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.

    Siénteme la sonrisa. Es el último sueño
    de una espiga del alba que se unió a mi reclamo...
    Yo quiero que adelantes en espíritu y alas
    mi canción enredada de trinos y de pájaros.

    Te esperaré la vida. Levántame el ensueño.
    Mírame todo en ascuas. Recuéstate en mis labios.
    ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía,
    se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!

    Vuélvete la caricia. No quiero que limites
    tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio.
    Recorrerme es huirse de todos los senderos...
    Soy el desequilibrio danzante de los astros.


    Foto de Árbol creado por wirestock - www.freepik.es

    2 min
  • Saberte aquí - Mario Benedetti

    Podés querer el alba

    cuando quieras
    he conservado intacto
    tu paisaje
    podés querer el alba
    cuando ames
    venir a reclamarte
    como eras

    aunque ya no seas vos

    aunque mi amor te espere
    quemándose en tu azar
    y tu sueño sea eso
    y mucho más

    ésta noche otra noche

    aquí estarás
    y cuando gima el tiempo
    giratorio
    en esta paz ahora
    dirás
    quiero esta paz

    ahora podés

    venir a reclamarte
    penetrar en tu noche
    de alegre angustia
    reconocer tu tibio
    corazón sin excusas
    los cuadros
    las paredes
    saberte aquí

    he conservado intacto

    tu paisaje
    pero no sé hasta dónde
    está intacto sin vos
    podés querer el alba
    cuando quieras
    venir a reclamarte
    como eras
    aunque el pasado sea
    despiadado
    y hostil

    aunque contigo traigas

    dolor y otros milagros
    aunque seas otro rostro
    de tu cielo hacia mí.

    2 min
  • Recuerdo que el amor era una blanda furia - Eduardo Lizalde

    Recuerdo que el amor era una blanda furia

    no expresable en palabras.
    Y mismamente recuerdo
    que el amor era una fiera lentísima:
    mordía con sus colmillos de azúcar
    y endulzaba el muñón al desprender el brazo.
    Eso sí lo recuerdo.
    Rey de las fieras,
    jauría de flores carnívoras, ramo de tigres
    era el amor, según recuerdo.
    Recuerdo bien que los perros
    se asustaban de verme,
    que se erizaban de amor todas las perras
    de sólo otear la aureola, oler el brillo de mi amor
    ─como si lo estuviera viendo─.

    Lo recuerdo casi de memoria:
    los muebles de madera
    florecían al roce de mi mano,
    me seguían como falderos
    grandes y magros ríos,
    y los árboles ─aun no siendo frutales─
    daban por dentro resentidos frutos amargos.
    Recuerdo muy bien todo eso, amada,
    ahora que las abejas
    se derrumban a mi alrededor
    con el buche cargado de excremento.

    2 min
  • Aunque bien sé que no me extrañas - Rubén Bonifaz Nuño

    Aunque bien sé que no me extrañas,

    aunque tengo la razón, me acuerdo:
    el cáncer terminó; te ausentas
    por todo lo mal que supe amarte.

    Ya fui desventurado cuando
    estuviste aquí, y en el momento
    donde te vas, me desventuro.
    La sola ventaja de estar ciego
    es acaso no poder mirarte.

    Ya morir sin arrepentimiento
    es mi esperanza, y te lo digo
    porque al fin te conozco;
    que si he pedido muchas cosas,
    pude pagar con sobreprecio
    las pocas que me fueron dadas.

    Mientras más mal te portas, mucho
    más te voy queriendo, y porque espero
    menos, me injurio y te acrecientas.
    Así tuvo que ser: de tanto
    que te procuré, me aborreciste;
    tan sólo pesares te he dejado.

    Raspaduras de celos, dudas
    que no opacaron la certeza
    de cuanto en ti me desolaba.

    Tú, como si nada, te diviertes;
    pero entristécete:
    si todos sabrán que estoy quemado,
    ninguno sabrá que por tus llamas.

    Vete como de veras; pierde
    el número atroz de este teléfono,
    la dirección que no aprendiste,
    aquel corazón tan despistado.

    Igual sigue siendo todo; nadie
    hay como tú, por mi fortuna;
    pero a nadie como tú he llegado.

    En el agua escrito y en el viento
    quedó el amor perpetuo. Sombras.
    Y me quemo, y de mejor violencia
    ─ay, mamá─ te alumbro al apagarme.

    Ya te conozco, ya obligado
    soy a bien quererte y despreciarme.
    Pero no, porque me da vergüenza;
    pero sí, porque me estoy muriendo
    sin voluntad ni penitencia.

    Y por todo: porque no quisiste
    permanecer, porque me olvidas,
    porque me voy tristeando, gracias
    te doy. Y por andar de noche.

    3 min
  • Dime - Jorge Luis Borges

    Dime por favor dónde no estás

    en qué lugar puedo no ser tu ausencia
    dónde puedo vivir sin recordarte,
    y dónde recordar, sin que me duela.

    Dime por favor en qué vacío,
    no está tu sombra llenando los centros;
    dónde mi soledad es ella misma,
    y no el sentir que tú te encuentras lejos.

    Dime por favor por qué camino,
    podré yo caminar sin ser tu huella;
    dónde podré correr, no por buscarte,
    y dónde descansar de mi tristeza.

    Dime por favor cuál es la noche,
    que no tiene el color de tu mirada;
    cuál es el Sol, que tiene luz tan sólo,
    y no la sensación de que me llamas.

    Dime por favor dónde hay un mar,
    que no susurre a mis oídos tus palabras.

    Dime por favor en qué rincón,
    nadie podrá ver mi tristeza;
    dime cuál es el hueco de mi almohada,
    que no tiene apoyada tu cabeza.

    Dime por favor cuál es la noche,
    en que vendrás, para velar tu sueño;
    que no puedo vivir, porque te extraño;
    y que no puedo morir, porque te quiero.

    2 min
  • Poema 20 - Pablo Neruda

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


    Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
    y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

    El viento de la noche gira en el cielo y canta.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

    En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
    La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

    Ella me quiso, a veces yo también la quería.
    Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
    Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

    Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
    La noche está estrellada y ella no está conmigo.

    Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Como para acercarla mi mirada la busca.
    Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

    La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
    Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
    Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

    De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
    Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
    Mi alma no se contenta con haberla perdido.

    Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
    y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

    3 min
  • Nocturno IV - José Ángel Buesa

    Nocturno IV


    Así estás todavía de pie bajo la lluvia,
    bajo la clara lluvia de una noche de invierno.
    De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa,
    de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.
    Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
    con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos
    y tu voz que nacía del fondo de tus ojos
    y tus manos cansadas que se iban en el viento
    y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles
    y la hoja aquella que te cayó en el seno
    y el rocío nocturno dormido en tus pestañas
    y engarzando diamantes en tu vestido negro.
    Así estás todavía lejanamente cerca
    desde tu lejanía de sombra y de silencio.
    Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia,
    de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño.
    La vida es tan pequeña que cabe en una noche.
    Quizá fue que en la sombra me encontré con tu beso
    y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia,
    el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.
    Si, me has dejado triste porque pienso que acaso
    ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo.
    Y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia
    con las manos temblando de frío y de deseo.
    Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes
    y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo,
    siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
    bajo la lluvia clara de una noche de invierno...

    2 min

About Poesía en la arena

From the publisher's feed

Lectura de poesía y relatos en español