
Sign up to save your podcasts
Or


Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
Sólo en sueños.
Sólo en sueños,
Me dueles.
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Nocturno
Todo lo que la noche
Todo lo que la sombra
Todo lo que el silencio
Todo lo que el deseo
Y todo lo que el sueño
¡Todo!
Inventar la verdad
Pongo el oído atento al pecho,
El texto no cabe completo, así que dejo esta liga para su lectura
Traducción de Julio Cortázar.
https://narrativabreve.com/2017/02/el-cuervo-allan-poe-en-estado-puro.html
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
Quiero guardar tu tacto
Quiero, cuando las venas se adormezcan,
Quiero de la mordaza de tus labios
De tu perfil de poma y sembradura
Quiero que tu presencia me ilumine,
Quiero en el margen quieto de lo sido
Porque tu tacto tiene
Y si es que acaso
No pude marcharme ilesa de la noche
¿Quieres que mienta?
curioso
dices:
y pasa la ternura de tu verbo
y pasas la mano por mi cabello
Un día el lobo se dio cuenta de que los hombres lo creían malo.
—Es horrible lo que piensan y escriben —exclamó.
—No todos —dijo un ermitaño desde la entrada de su cueva, y repitió las parábolas que inspiró San Francisco. El lobo estuvo triste un momento, quiso comprender.
—¿Dónde está ese santo?
—En el cielo.
—¿En el cielo hay lobos?
El ermitaño no pudo contestar.
—¿Y tú qué haces? —preguntó el lobo intrigado por la figura escuálida, los ojos ardidos, los andrajos del ermitaño en su duro aislamiento. El ermitaño explicó todo lo que el lobo deseaba.
—Y cuando mueras, ¿irás al cielo? —preguntó el lobo conmovido, alegre de ir entendiendo el bien y el mal.
—Hago por merecer el cielo —dijo apaciblemente el ermitaño.
—Si fueras mártir, ¿irías al cielo?
—En el cielo están todos los mártires.
El lobo se le quedó mirando, húmedos los ojos, casi humanos. Recordó entonces sus mandíbulas, sus garras, sus colmillos poderosos, y de unos saltos devoró al ermitaño. Al terminar, se tendió en la entrada de la cueva, miró al cielo limpiamente y se sintió bueno por primera vez.
Te espero cuando la noche se haga día,
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
añorando aquellos días
Es triste hablar así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules,
He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
He deambulado por montañas horadadas de cavernas
He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
He frecuentado las tumbas de los siglos,
Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
From the publisher's feed