Poesía en la arena

Poesía en la arena

By Eduardo AlcaláArts
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Poesía en la arena episodes

  • Rayuela (Cap. 7) Toco tu boca - Julio Cortázar

    Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

    Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

    3 min
  • Tu cuerpo está a mi lado - Jaime Sabines

    Tu cuerpo está a mi lado

    fácil, dulce, callado.
    Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
    con los ojos cerrados
    y yo te miro y fumo
    y acaricio tu pelo enamorado.

    Esta mortal ternura con que callo

    te está abrazando a ti mientras yo tengo
    inmóviles mis brazos.

    Miro mi cuerpo, el muslo

    en que descansa tu cansancio,
    tu blando seno oculto y apretado
    y el bajo y suave respirar de tu vientre
    sin mis labios.

    Te digo a media voz

    cosas que invento a cada rato
    y me pongo de veras triste y solo
    y te beso como si fueras tu retrato.

    Tú, sin hablar, me miras

    y te aprietas a mí y haces tu llanto
    sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
    Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
    se ponen a escuchar lo que no hablamos.

    2 min
  • Corazón coraza - Mario Benedetti

    Porque te tengo y no

    porque te pienso
    porque la noche está de ojos abiertos
    porque la noche pasa y digo amor
    porque has venido a recoger tu imagen
    y eres mejor que todas tus imágenes
    porque eres linda desde el pie hasta el alma
    porque eres buena desde el alma a mí
    porque te escondes dulce en el orgullo
    pequeña y dulce
    corazón coraza

    porque eres mía
    porque no eres mía
    porque te miro y muero
    y peor que muero
    si no te miro amor
    si no te miro

    porque tú siempre existes dondequiera
    pero existes mejor donde te quiero
    porque tu boca es sangre
    y tienes frío
    tengo que amarte amor
    tengo que amarte
    aunque esta herida duela como dos
    aunque te busque y no te encuentre
    y aunque
    la noche pase y yo te tenga
    y no.

    2 min
  • El mar y tú - Julia de Burgos

    La carrera del mar sobre mi puerta

    es sensación azul entre mis dedos,
    y tu salto impetuoso por mi espíritu
    es no menos azul, me nace eterno.

    Todo el color de aurora despertada
    el mar y tú lo nadan a mi encuentro,
    y en locura de amarme hasta el naufragio
    van rompiendo los puertos y los remos.

    ¡Si tuviera yo un barco de gaviotas,
    para sólo un instante detenerlos,
    y gritarle mi voz a que se batan
    en un sencillo duelo de misterio!

    Que uno en el otro encuentren su voz propia,
    que entrelacen sus sueños en el viento,
    que se ciñan estrellas en los ojos
    para que den, unidos, sus destellos.

    Que sea un duelo de música en el aire
    las magnolias abiertas de sus besos,
    que las olas se vistan de pasiones
    y la pasión se vista de veleros.

    Todo el color de aurora despertada
    el mar y tú lo estiren en un sueño
    que se lleve mi barco de gaviotas
    y me deje en el agua de dos cielos.

    2 min
  • Nocturno VI - José Ángel Buesa

    Así estás todavía de pie bajo la lluvia,

    bajo la clara lluvia de una noche de invierno.

    De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa;

    de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.


    Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,

    con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos.

    Y tu voz, que nacía del fondo de tus ojos,

    y tus manos cansadas que se iban en el viento...


    Y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles,

    y la hoja aquella que te cayó en el seno...

    y el rocío nocturno dormido en tus pestañas,

    y engarzando diamantes en tu vestido negro.


    Así estás todavía lejanamente cerca,

    desde tu lejanía de sombra y de silencio...

    Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia;

    de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño.


    La vida es tan pequeña que cabe en una noche.

    —Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso—.

    Y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia,

    el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.


    Sí. Me has dejado triste. Porque pienso que acaso

    ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo;

    y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia,

    con las manos temblando de frío y de deseo.


    Pero, aunque habrá otras noches cargadas de perfumes,

    y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo,

    siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,

    bajo la lluvia clara de una noche de invierno.

    3 min
  • El viento en la isla, Soneto LXIX - Pablo Neruda

    El viento en la isla.

    El viento es un caballo:

    óyelo cómo corre
    por el mar, por el cielo.

    Quiere llevarme: escucha
    cómo recorre el mundo
    para llevarme lejos.

    Escóndeme en tus brazos
    por esta noche sola,
    mientras la lluvia rompe
    contra el mar y la tierra
    su boca innumerable.

    Escucha como el viento
    me llama galopando
    para llevarme lejos.

    Con tu frente en mi frente,
    con tu boca en mi boca,
    atados nuestros cuerpos
    al amor que nos quema,
    deja que el viento pase
    sin que pueda llevarme.

    Deja que el viento corra
    coronado de espuma,
    que me llame y me busque
    galopando en la sombra,
    mientras yo, sumergido
    bajo tus grandes ojos,
    por esta noche sola
    descansaré, amor mío.

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    Soneto LXIX

    Tal vez no ser es ser sin que tú seas,

    sin que vayas cortando el mediodía

    como una flor azul, sin que camines

    más tarde por la niebla y los ladrillos,

    sin esa luz que llevas en la mano

    que tal vez otros no verán dorada,

    que tal vez nadie supo que crecía

    como el origen rojo de la rosa,

    sin que seas, en fin, sin que vinieras

    brusca, incitante, a conocer mi vida,

    ráfaga de rosal, trigo del viento,

    y desde entonces soy porque tú eres,

    y desde entonces eres, soy y somos,

    y por amor seré, serás, seremos.



    3 min
  • Misterio - Manuel Acuña

    Si tu alma pura es un broche

    que para abrirse a la vida

    quiere la calma adormecida

    de las sombras de la noche;


    si buscas como un abrigo

    lo más tranquilo y espeso,

    para que tu alma y tu beso

    se encuentren sólo conmigo;


    y si temiendo en tus huellas

    testigos de tus amores,

    no quieres ver más que flores,

    más que montañas y estrellas;


    yo sé muchas grutas, y una

    donde podrás en tu anhelo,

    ver un pedazo de cielo

    cuando aparezca la luna.


    Donde a tu tímido oído

    no llegarán otros sones

    que las tranquilas canciones

    de algún ruiseñor perdido.


    Donde a tu mágico acento

    y estremecido y de hinojos,

    veré abrirse ante mis ojos

    los mundos del sentimiento.


    Y donde tu alma y la mía,

    como una sola estrechadas,

    se adormirán embriagadas

    de amor y melancolía.


    Ven a esta gruta y en ella

    yo te daré mis desvelos,

    hasta que se hunda en los cielos

    la luz de la última estrella.


    Y antes que el ave temprana

    su alegre vuelo levante,

    y entre los álamos cante

    la vuelta de la mañana,


    yo te volveré al abrigo

    de tu estancia encantadora,

    donde el recuerdo de esa hora

    vendrás a soñar conmigo...


    Mientras que yo en el exceso

    de la pasión que me inspiras

    iré a soñar que me miras,

    e iré a soñar que te beso.

    2 min
  • Orillas del amor - Luis Cernuda

    Como una vela sobre el mar

    resume ese azulado afán que se levanta
    hasta las estrellas futuras,
    hecho escala de olas
    por donde pies divinos descienden al abismo,
    también tu forma misma,
    ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
    resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
    hasta las nubes sus olas melancólicas.

    Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
    yo, el más enamorado,
    en las orillas del amor,
    sin que una luz me vea
    definitivamente muerto o vivo,
    contemplo sus olas y quisiera anegarme,
    deseando perdidamente
    descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
    hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

    2 min
  • Los Amorosos - Jaime Sabines

     Los amorosos callan.

    El amor es el silencio más fino,
    el más tembloroso, el más insoportable.
    Los amorosos buscan,
    los amorosos son los que abandonan,
    son los que cambian, los que olvidan.

    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.

    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.

    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
    Los amorosos son la hidra del cuento.

    Tienen serpientes en lugar de brazos.
    Las venas del cuello se les hinchan
    también como serpientes para asfixiarlos.
    Los amorosos no pueden dormir
    porque si se duermen se los comen los gusanos.
    En la oscuridad abren los ojos
    y les cae en ellos el espanto.
    Encuentran alacranes bajo la sábana
    y su cama flota como sobre un lago.

    Los amorosos son locos, sólo locos,
    sin Dios y sin diablo.
    Los amorosos salen de sus cuevas
    temblorosos, hambrientos,
    a cazar fantasmas.
    Se ríen de las gentes que lo saben todo,
    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
    de las que creen en el amor
    como una lámpara de inagotable aceite.

    Los amorosos juegan a coger el agua,
    a tatuar el humo, a no irse.
    Juegan el largo, el triste juego del amor.
    Nadie ha de resignarse.
    Dicen que nadie ha de resignarse.
    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
    la muerte les fermenta detrás de los ojos,
    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

    Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
    a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
    complacidas,
    a arroyos de agua tierna y a cocinas.
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida,
    y se van llorando, llorando,
    la hermosa vida.

    4 min
  • Destino - Rosario Castellanos

    Matamos lo que amamos. Lo demás

    no ha estado vivo nunca.

    Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

    un olvido, una ausencia, a veces menos.

    Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia

    de respirar con un pulmón ajeno!

    El aire no es bastante

    para los dos. Y no basta la tierra

    para los cuerpos juntos

    y la ración de la esperanza es poca

    y el dolor no se puede compartir.


    El hombre es animal de soledades,

    ciervo con una flecha en el ijar

    que huye y se desangra.


    ¡Ah! pero el odio, su fijeza insomne

    de pupilas de vidrio; su actitud

    que es a la vez reposo y amenaza.


    El ciervo va a beber y en el agua aparece

    el reflejo de un tigre.

    El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve

    —antes que lo devoren—(cómplice, fascinado)

    igual a su enemigo.


    Damos la vida sólo a lo que odiamos.


    Imagen

    Foto de Patrón creado por chevanon - www.freepik.es

    2 min

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