Poesía suelta

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By J. Oscar Ramírez V.ArtsBooks
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Poesía suelta episodes

  • Poema 48 de Toriiak Roloez con Toriiak Roloez

    Quiero cobijarme en tus labios,

    quiero resguardarme en la poesía que anuncian. 

    Quiero bailar danzas prohibidas, 

    en ellas volverme loca, 

    no estar cuerda más, 

    ser una lunática, 

    demente, 

    para nada normal. 

    Quiero ser tu secreto indecente. Quiero ser los matices de tu voz. Quiero quebrarme en tu aliento. Quiero volatilizarme en la inspiración de tus palabras, 

    del amor que nada en tus mares, del ADN que compone tus pensares. 

    Lo quiero todo, 

    no poco, 

    no nada. 

    Quiero la aterciopelada música de tus gemidos al decir mi nombre. Quiero tus silencios cargados. Quiero la electricidad de nuestras uniones. 

    Quiero marabuntas de emociones, todas intensas, 

    bruscas e ilógicas. 

    Enigmáticas, premeditadas y ansiadas. 

    Quiero la repetición del momento obseso, 

    del tormento ameno. 

    Quiero la lluvia de tu risa. 

    Lo quiero todo, 

    no poco, 

    no nada. 

    Nos quiero a nosotros, 

    no a ti, 

    no a mí. 

    A los dos. 

    Juntos. 

    Siempre.

    ...

    En esta ocasión nos acompaña Toriiak Roloez desde España 🇪🇸 con un poema que pertenece a su colección de poemas que recién ha publicado con el nombre "Poemas encarnados".

    Poema 48 de Toriiak Roloez

    ...

    ¡Si les gustó el poema pueden seguirla en sus redes sociales para que se lo hagan saber! 💻📱

    ¡Hasta el próximo poema!💚

    2 min
  • Llovimos tanto que me ahogué de Elvira Sastre

    Hablamos tanto de la lluvia que un trueno acabó atravesándome la garganta y tuve que escapar. Tu vida o tu corazón, me dijo alguien, quiero pasar mi vida en el suyo, le dije yo, pero eso no era posible, era tan imposible como un amor platónico cumplido, como tú y yo cumplidas, como tú, como pedirte que te quedaras después o vinieras antes, como mantenerte encendida al otro lado de la calle viéndote por la noche sin poder tocarte y no consumirme en el esfuerzo de querer tu imposibilidad al lado de mi almohada, como negarte a ti y no negarme a mí en el intento, como olvidar tu pelo, como fingir que no estás detrás de cada palabra que me perturba, como pretender saber no echarte de menos y conseguirlo, como asentir creyendo que es cierto eso de que es el frío el que hace las ausencias más largas cuando ahora la única que existe es la tuya en medio de este incendio de cenizas. Te acabas de ir y tus ruidos ya se escuchan por las noches. Era tan imposible -tan imposible como pedirte que te quedaras conmigo-. La tormenta me sorprendió contigo atrapada en la mirada, lanzando botellas al mar llenas de besos que nunca llegaban, que se extraviaban, que se equivocaban de puerto, que se rompían intentando llegar a mi boca y confundían mis barcos y me llenaban de cristales los labios que, pegados a la ventana, congelados, solo esperaban verte aparecer. Y entonces un día me dejé vencer, olvidé dónde buscarte, comencé a despegar tus nudillos de mis pulmones, me eché la sal de tu sudor perdido en los ojos, prohibí tu olor en mis domingos y escribí todos los antónimos de tu nombre en mis ventrículos, si no te olvido a ti no les olvidaré a ellos, y al final lo único que quedó fue un miedo tan inmenso como inconfesable y un deseo, solo quería marcharme de ahí y dejar de esperarnos, irme lejos, pensando que lejos es donde no estás, sin darme cuenta de que donde realmente estás es en mí, y que no te irás hasta que yo lo decida. Pero empezaba a tener frío y tú no venías a curármelo, así que tuve que pedirte sin decírtelo que me volvieras a dejar en tierra y siguieras con tu vuelo, pero antes quise hablarte del cielo que te rodea, de que cuando hablas realmente creo que los relojes carecen de sentido si no es para pararlos y escucharte un rato más -solo un ratito más, lo juro-, que tuve todos los continentes en mis bolsillos después de tu abrazo porque cuando tú respiras el mundo, a veces, se paraliza, y otras, en cambio, se tambalea, pero eso es algo que solo entendemos los que hemos visto a la poesía perder las comillas, que tu risa astilla las penas y que aunque nos encontráramos en medio de una guerra que por no querer luchar terminamos perdiendo, encontré la paz en tus maullidos, y fuiste algo así como volver a casa por primera vez después de perder mil batallas en la espalda. Quise decirte que mi papel siempre se redujo a contemplarte desde lejos y volverte tinta, que pudimos y aunque no fuimos siempre seremos -ojalá entiendas eso-, que nos hicimos el amor una noche que llovimos y por eso te llevaré conmigo siempre. Que ojalá la huida hubiera sido de tu cama a la mía, que ojalá la lucha se hubiera reducido a morderte las caderas y no a este cansancio lleno de ojeras mudas, que ojalá volviera a verte cada invierno de mi vida y vieras que contigo nunca tuve prisa porque conocerte es viajar y besar dulce y lento un día de invierno llenas de frío por fuera y de amor por dentro. Y que ojalá sonrías y no te culpes ni te castigues: tú cambias vidas, pero no destinos.

    6 min
  • Los amorosos de Jaime Sabines

    Los amorosos callan.

    El amor es el silencio más fino,

    el más tembloroso, el más insoportable.

    Los amorosos buscan,

    los amorosos son los que abandonan,

    son los que cambian, los que olvidan.


    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

    no encuentran, buscan.

    Los amorosos andan como locos

    porque están solos, solos, solos,

    entregándose, dándose a cada rato,

    llorando porque no salvan al amor.


    Les preocupa el amor. Los amorosos

    viven al día, no pueden hacer más, no saben.

    Siempre se están yendo,

    siempre, hacia alguna parte.

    Esperan,

    no esperan nada, pero esperan.


    Saben que nunca han de encontrar.

    El amor es la prórroga perpetua,

    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

    Los amorosos son los insaciables,

    los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.

    Los amorosos son la hidra del cuento.


    Tienen serpientes en lugar de brazos.

    Las venas del cuello se les hinchan

    también como serpientes para asfixiarlos.

    Los amorosos no pueden dormir

    porque si se duermen se los comen los gusanos.

    En la oscuridad abren los ojos

    y les cae en ellos el espanto.

    Encuentran alacranes bajo la sábana

    y su cama flota como sobre un lago.


    Los amorosos son locos, sólo locos,

    sin Dios y sin diablo.

    Los amorosos salen de sus cuevas

    temblorosos, hambrientos,

    a cazar fantasmas.

    Se ríen de las gentes que lo saben todo,

    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

    de las que creen en el amor

    como una lámpara de inagotable aceite.


    Los amorosos juegan a coger el agua,

    a tatuar el humo, a no irse.

    Juegan el largo, el triste juego del amor.

    Nadie ha de resignarse.

    Dicen que nadie ha de resignarse.

    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

    la muerte les fermenta detrás de los ojos,

    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.


    Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,

    a mujeres que duermen con la mano en el sexo,

    complacidas,

    a arroyos de agua tierna y a cocinas.

    Los amorosos se ponen a cantar entre labios

    una canción no aprendida,

    y se van llorando, llorando,

    la hermosa vida.

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    Poema dedicado a Danny Lemus e Isabel Trejo.

    Que lo disfruten mucho, las tqm. 💖

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    4 min
  • Poema XV de Pablo Neruda

    Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

    y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

    Parece que los ojos se te hubieran volado

    y parece que un beso te cerrara la boca.


    Como todas las cosas están llenas de mi alma

    emerges de las cosas, llena del alma mía.

    Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

    y te pareces a la palabra melancolía.


    Me gustas cuando callas y estás como distante.

    Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

    Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

    déjame que me calle con el silencio tuyo.


    Déjame que te hable también con tu silencio

    claro como una lámpara, simple como un anillo.

    Eres como la noche, callada y constelada.

    Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


    Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

    Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

    Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

    Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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    Este poema es para mi amiga Aide Tenorio, un abrazo muy fuerte, muchos tqm. 🎁

    20 poemas de amor y una canción desesperada

    Poema XV

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    2 min
  • Espero curarme de ti de Jaime Sabines

    Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.


    ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.


    Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).


    Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

    2 min
  • Un sol de Alfonsina Storni

    Mi corazón es como un dios sin lengua,

    mudo se está a la espera del milagro,

    he amado mucho, todo amor fue magro,

    que todo amor lo conocí con mengua.


    He amado hasta llorar, hasta morirme.

    Amé hasta odiar, amé hasta la locura,

    pero yo espero algún amor-natura

    capaz de renovarme y redimirme.


    Amor que fructifique mi desierto

    y me haga brotar ramas sensitivas,

    soy una selva de raíces vivas,

    sólo el follaje suele estarse muerto.


    ¿En dónde está quien mi deseo alienta?

    ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?

    Vulgar estorbo, pálido follaje

    distinto al tronco fiel que lo alimenta.


    ¿En dónde está el espíritu sombrío

    de cuya opacidad brote la llama?

    Ah, si mis mundos con su amor inflama

    yo seré incontenible como un río.


    ¿En dónde está el que con su amor me envuelva?

    Ha de traer su gran verdad sabida…

    Hielo y más hielo recogí en la vida:

    Yo necesito un sol que me disuelva.

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    Este poema es dedicado a Jéssica Facio amiga de universidad muy dedicada e inteligente. 

    Espero que te guste mucho Jess. 

    Te quiero mucho, abrazos. 

    "Alfonsina Storni

    (Capriasca, Suiza, 1892 - Mar del Plata, Argentina, 1938) Poetisa argentina de origen suizo. Alfonsina Storni pasó a ocupar un lugar destacado en el panorama literario hispanoamericano por la fuerza con que aparece en sus versos la afirmación de una mirada femenina sobre el mundo."

    Fuente: biografíasyvidas.com

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    2 min
  • Solo en sueños de Jaime Sabines

    Sólo en sueños,

    sólo en el otro mundo del sueño te consigo,

    a ciertas horas, cuando cierro puertas

    detrás de mí.

    ¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,

    y ahora estoy preso en su sortilegio,

    atrapado en su red!

    ¡Con qué morboso deleite te introduzco

    en la casa abandonada, y te amo mil veces

    de la misma manera distinta!

    Esos sitios que tú y yo conocemos

    nos esperan todas las noches

    como una vieja cama

    y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.

    Me gusta decirte lo de siempre

    y mis manos adoran tu pelo

    y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.

    Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,

    y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.

    A veces lo recuerdo. A veces

    sólo el cuerpo cansado me lo dice.

    Al duro amanecer estás desvaneciéndote

    y entre mis brazos sólo queda tu sombra.

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    Solo en sueños de Jaime Sabines, 

    esta vez, volvemos a escuchar las letras de Sabines recordando que, solo en sueños estarás conmigo. 

    "Jaime Sabines Gutiérrez fue un querido y respetado poeta y político mexicano, nacido en Tuxtla Gutiérrez el 25 de marzo de 1926 y fallecido en Ciudad de México el 19 de marzo de 1999. Su padre, Julio Sabines, fue uno de los responsables de su amor por la poesía, y probablemente de su personalidad sencilla y accesible, una de las razones de su éxito en vida. A los 19 años comenzó a estudiar medicina, para darse cuenta poco tiempo después de que su lugar estaba en la Literatura. Resulta curioso que tanto su esposa como sus cuatro hijos tuvieran nombres que comenzaban con "j", inicial del nombre de su padre, así como del suyo propio y el de sus tres hermanos."

    Fuente: poemas-del-alma.com

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    2 min
  • Casida de la tentadora de Jaime Sabines

    Todos te desean pero ninguno te ama.

    Nadie puede quererte, serpiente,

    porque no tienes amor,

    porque estás seca como la paja seca

    y no das fruto.


    Tienes el alma como la piel de los viejos.

    Resígnate. No puedes hacer más

    sino encender las manos de los hombres

    y seducirlos con las promesas de tu cuerpo.

    Alégrate. En esa profesión del deseo

    nadie como tú para simular inocencia

    y para hechizar con tus ojos inmensos.

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    Jaime Sabines Gutiérrez nació en Chiapas, México, el 25 de marzo de 1926.

    Poeta y político, está considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX en México.


    Esta vez les traigo este poema espero que sea de su agrado. 

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    1 min
  • No te salves de Mario Benedetti

    No te quedes inmóvil

    al borde del camino

    no congeles el júbilo

    no quieras con desgana

    no te salves ahora

    ni nunca

    no te salves

    no te llenes de calma

    no reserves del mundo

    sólo un rincón tranquilo

    no dejes caer los párpados

    pesados como juicios

    no te quedes sin labios

    no te duermas sin sueño

    no te pienses sin sangre

    no te juzgues sin tiempo


    pero si

    pese a todo

    no puedes evitarlo

    y congelas el júbilo

    y quieres con desgana

    y te salvas ahora

    y te llenas de calma

    y reservas del mundo

    sólo un rincón tranquilo

    y dejas caer los párpados

    pesados como juicios

    y te secas sin labios

    y te duermes sin sueño

    y te piensas sin sangre

    y te juzgas sin tiempo

    y te quedas inmóvil

    al borde del camino

    y te salvas

    entonces

    no te quedes conmigo.

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    Mario Benedetti, nace, en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó (República Oriental del Uruguay), el 14 de septiembre de 1920. Sus padres, Brenno Benedetti y Matilde Farugia lo bautizan con cinco nombres: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno.


    Y por si fuera necesario decir, no te salves, por favor. 

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    2 min
  • Despedida de Paul Géraldy

    Conque entonces, adiós. ¿No olvidas nada?

    Bueno, vete... Podemos despedirnos.

    ¿Ya no tenemos nada qué decirnos?

    Te dejo, puedes irte... 

    Aunque no, espera, espera todavía

    que pare de llover... Espera un rato. 


    Y sobre todo, ve bien abrigada,

    pues ya sabes el frío que hace allí afuera.

    Un abrigo de invierno es lo que habría

    que ponerte... ¿De modo que te he devuelto todo?

    ¿No tengo tuyo nada?

    ¿Has tomado tus cartas, tu retrato? 


    Y bien, mírame ahora, amiga mía;

    puesto que en fin, ya va uno a despedirse.

    ¡Vaya! No hay que afligirse;

    ¡vamos!, ¡no hay que llorar, qué tontería! 


    ¡Y qué esfuerzo tan grande

    necesitan hacer nuestras cabezas,

    para poder imaginar y vernos

    otra vez los amantes

    aquellos tan rendidos y tan tiernos

    que habíamos sido antes!


    Nos habíamos las vidas entregado

    para siempre, uno al otro, eternamente,

    y he aquí ahora nos las devolvemos,

    y tú vas a dejarme y yo voy a dejarte,

    y pronto partiremos

    cada quien con su nombre, por su lado...

    Recomenzar... vagar...

    vivir en otra parte…


    Por supuesto, al principio sufriremos.

    Pero luego vendrá piadoso olvido,

    único amigo fiel que nos perdona;

    y habrá otra vez en que tú y yo tornaremos

    a ser como hemos sido,

    entre todas las otras, dos personas.


    Así es que vas a entrar a mi pasado.

    Y he de verte en la calle desde lejos,

    sin cruzar, para hablarte, a la otra acera,

    y nos alejaremos distraídos

    y pasarás ligera

    con trajes para mí desconocidos.

    Y estaremos sin vernos largos meses,

    y olvidaré el sabor de tus caricias,

    y mis amigos te darán noticias

    de "aquel amigo tuyo".


    Y yo a mi vez, con ansia reprimida

    por el mal fingido orgullo,

    preguntaré por la que fue mi estrella

    y al referirme a ti, que eres mi vida,

    a ti, que eras mi fuerza y mi dulzura,

    diré: ¿cómo va aquella?


     Nuestro gran corazón, ¡qué pequeño era!

    Nuestros muchos propósitos, ¡qué pocos!;

    y sin embargo, estábamos tan locos

    al principio, en aquella primavera.

    ¡Te acuerdas? ¡La apoteosis! ¡El encanto!

    ¡Nos amábamos tanto!


    ¿Y esto era aquel amor? ¡Quién lo creyera!

    De modo que nosotros -aún nosotros-,

    cuando de amor hablamos

    ¿somos como los otros?

    He aquí el valor que damos

    a la frase de amor que nos conmueve.

    ¡Qué desgracia, Dios mío que seamos

    lo mismo que son todos! ¡Cómo llueve!


    Tú no puedes salir así lloviendo.

    ¡Vamos!, quédate, mira, te lo ruego,

    ya trataremos de entendernos luego.

    Haremos nuevos planes,

    y aun cuando el corazón haya cambiado,

    quizá revivirá el amor pasado

    al encanto de viejos ademanes.


    Haremos lo posible;

    se portará uno bien. Tú, serás buena,

    Y luego... es increíble,

    tiene uno sus costumbres; la cadena

    llega a veces a ser necesidad.


    Siéntate aquí, bien mío:

    recordarás junto de mí tu hastío,

    y yo cerca de ti mi soledad.

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    #Despedida poema de Paul Géraldy.

    #PaulGéraldy fue un poeta y dramaturgo francés cuyo nombre real era Paul Lefèvre que nació en París.

    La versión de piano le pertenece a Peder B. Helland. Pueden seguirlo en sus redes sociales. 

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    5 min

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