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By La Montonera prod.NewsPolitics
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Pol&Pop episodes

  • Pocos contra muchos. La política del siglo XXI
    Los pocos contra los muchos. ¿Con quién vamos? No es difícil elegir bando. Elegir bando es de hecho imposible. El bando es, más bien, una banda que te ponen cuando naces. De la cuna a la tumba, salvadas sean algunas experiencias welfaristas. Los locos años 70 del punk y de la movilidad social.
    Lo de elegir bando, en concreto. Con la plebe contra el patriciado. Con les cualquieres frente a la gente de buen nombre. Con los jornaleros contra los señoritos. Con las camareras de piso frente a los magnates hoteleros. En principio la cosa está clara. Por eso decidimos acudir a Nadia Urbinati, autora de Pocos Contra Muchos. El Conflicto Político en El Siglo XXI, publicado este año pasado por la editorial Katz.
    Sospechamos no obstante que Nadia torcería el gesto si viera esta introducción: estos muchachos no han entendido nada. Para esta politóloga italiana, la conveniente forma republicana de gobierno no funciona mal en esa contraposición entre los pocos y los muchos. En virtud de la que los pocos gobiernan y los muchos se preocupan de sus cosas, de estar tranquilos. Esos muchos que siempre han estado ahí, y unos pocos se los elige entre los más poderosos y los mejores de los muchos. Con todo, aunque los pocos son obviamente pocos, la ficción funcional de la representación de los muchos y la cosa política funciona razonablemente mientras existan: a) una cierta fluidez en la circulación del poder y b) caminos estructurados entre ese conflicto social basal y su conversión última en los cambios sociales, normas o políticas que dan una salida pragmática a ese conflicto. “¿Ha dicho usted huelga, deserción, contracultura? Llévese lo que quiera”.
    Y, si la cosa más o menos funciona, ¿cuál es el problema? El principal es un viejo conocido de este espacio: el egoísmo de los ricos y su renovadointerés en librarse de todos nosotros. ¿La secesión de los ricos otra vez en Pol&Pop? Sí, la secesión de los ricos otra vez.
    Va a ser que el aumento de la desigualdad, el desprecio a las condiciones de vida de los muchos y de la acumulación de los pocos ha ido rompiendo, laminan o, en plata, haciendo mierda esa comunidad elitista de intereses comunes que añora Urbinati. “Señora ministra de trabajo, suélteme el brazo, que mi reino no es de este mundo. Que, cuanto quiera, me desterritorializo al mejor postor y, si te he visto haciendo fortuna en los años de trabajo esclavo y monopolios franquistas, no me acuerdo”.
    Pero hay más. Rota esa comunidad política republicana, comunidad segregada y vertical, pero comunidad al fin y al cabo (llámese nación para que no se le vean mucho las costuras al invento), ¿qué cauce tienen las demandas y malestares de los muchos, por otra parte, crecientes? Pues reliarse un chaleco amarillo, plantar la tienda en la plaza más grande a la vista y abjurar de toda representación y vías de estructuración de esas demandas en medidas normativas o políticas concretas.
    La virtud principal de este libro es tomar en serio estos y otros problemas contemporáneos. La elitización y captura de los pocos que salen de los muchos a través mitologías como el gobierno de los mejores, por ejemplo. La inestabilidad de los liderazgos políticos en la democracia de audiencias, por poner otro. Se evita así este gesto que salvaría todos los defectos de nuestros sistemas políticos, proponiendo reconfiguraciones democráticas, igualitaristas o populistas que hacen abstracción de esta cesura material que divide de forma cada vez más evidente nuestras sociedades en patricios y plebeyos… El problema está, así, bien delimitado.
    Al mismo tiempo, la lectura de la historia y de las disrupciones políticas en curso de una politóloga asentada en la Universidad de Columbia incorporan los sesgos nostálgicos y funcionalistas propios de la cátedra. Si algo así como el Estado de Bienestar corporativo y tripartito, con esa capacidad de negociación colectiva en tiempo real existía, ocurrió, lo hizo sobre un sustrato de movilización y alternativas, nada enmoquetado y sobre todo nada ceñido a los pocos más presentables elegidos de entre los muchos. Del mismo modo, las movilizaciones actuales contienen esa ambivalencia que señala Urbinati, pero esta es mayor en el jardín europeo que en otras partes del mundo. Es fácil leer en otros movimientos, desde el 15M a la revuelta chilena, un programa de reformas que, con las tiranteces internas, mutaciones y capturas, se declina en fórmulas apartidistas pero también en el articulado completo de una nueva constitución. Es decir, que ni la república iba tan liviana ni los muchos el pirómano de este incendio.
    50 min
  • 2023. El año en el que fuimos psoeizados. Especial año nuevo ft. Sororitrap
    Nuestro programa especial de Año Nuevo, donde repasamos las sensaciones que nos deja el 2023 y nuestras peliculas, series, libros y podcast favoritos.
    Recordarán las elecciones. Julio. Calor. Memes de perro sanxe. Un gobierno con mayoria absoluta full-fachaleco PP-VOX avanzando como una bala a velocidad supersónica en dirección a nuestra cabeza.
    Esquivamos la bala. Ha hecho falta una contorsión digna de Neo en Matrix y los mejores efectos especiales. Pero esquivamos la bala. Incredulidad. Épica. Remontada. Nuevo gobierno de coalición.
    Lo distinguirá usted en su entorno, entre sus amigas/os, antiguas compañeras de militancia, tertulianos y otras relaciones parasociales. Incluso en usted mismo/a. Es una sensación que oscila entre el entusiasmo, la impostura y la resignación cínica. Divierte pero envejece. Si reconoce los síntomas, efectivamente usted ha sido psoizado.
    Este término, molesto a primera vista, es también un síntoma de época. Otro término también molesto a primera vista. Indica la normalización definitiva de la lógica de coalición a escala gobierno nacional en Españá -hasta el momento la mutación/innovación política más profunda de nuestra generación- y la consolidación de un bloque de gobierno progresista. Lo que significa también un bloque más allá del propio gobierno. Para ello Sanchez ha dado pasos, movidos básicamente por el pragmatismo -que nadie se flipe tampoco demasiado- impensables en los rígidos límites del Régimen del 78.
    Indica que esto -dar pasos pragmáticos, consolidar bloques progresistas- resulta que inspira una épica y algo sexy en esa parte del pueblo español que no trabaja el fachaleco con entusiasmo. O que lleva fachaleco pero es del PNV o vota en Sant Gervasi. Esas derechas Km0 que la estupidez integrista del nacionalismo español es incapaz de integrar. En todo caso más épica y sexyness al menos que, por ejemplo, dar vergüenza ajena en cada ocasión que se te presenta.
    También coloca al PSOE -o mejor dicho, a Sánchez- como la única dirección estratégica del bloque, con sus oportunidades y, sobre todo fragilidades. Especialmente en lo que implica, a la izquierda, la dependencia estratégica y comunicativa.
    Tanto es así, que la construcción de aquello que es ajeno al ámbito institucional, que en este año también hemos visto proliferar este 2023, opera subrayando cada vez más su disposición antagónica -no-ser-institución/no-ser-inserte-aquí-su-crítica- favorita-. Lo cual, paradójicamente supone operar en una lógica de subalternidad tanto igual dependiente de ese diapasón Sánchez-Prisa, Algo muy lejos de la autonomía en cuanto a creación de nuevos mundos políticos.
    Sobre los problemas de la vergüenza ajena tendremos ocasión de hablar en el futuro. En ese sentido si les gusto 2023 les encantará 2024.
    Otra novedad que nos deja 2023, esta vez por la otra vertiente, es la creciente alienación de la derecha del tradicional marco del R78. Lanzamos esta intuición: la lógica destituyente en la que opera de manera cada vez más radical y convencida la derecha no puede dejar de tener efectos corrosivos sobre el R78, profundizando de forma inédita y cada vez mayor la crisis de régimen.
    Este fenómeno se manifiesta claramente en la consolidación del ayusismo madrileño. Las recientes manifestaciones en Ferraz y los señalamientos hacia figuras como el monarca o la policía, acusados de traicionar la constitución material de España, son tanto más indicativos del fenómeno.
    En definitiva, 2023 nos ha dejado el contexto de un nuevo punto de equilibrio inestable. Un año un poco meh, como las bolitas de coco. Con una derecha crecientemente separada del impulso a la gran restauración que le caracterizaba y con un PSOE-Sánchez como último hilo que conecta el presente con los últimos 40 años se abren muchas incógnitas que no se van a resolver en la escala interna, sino , con toda probabilidad, en las tendencias electorales y políticas más allá de la provincia España. El año que viene más 70 países, aka el 50% de la población mundial tiene elecciones. Asi que a) la turra de promete épica y 2) veremos consolidarse las tendencias de manera quizás más clara.
    En todo caso, si 2023 ha sido un año un poco meh también nos ha dejado un montón de series, películas, libros y podcast que hemos disfrutado y que compartimos con vosotros y vosotras este episodio. Como con amigas es mejor siempre, hemos invitado a las compañeras de Sororitrap podcast antysistem a compartir con nosotros las sensaciones que les deja 2023, sus momentos trash favoritos del año y todas sus recomendaciones culturales.
    1 hr 5 min
  • La política de cualquiera. Microdosis de Jacques Rancière para superar la bajona
    Terminábamos el episodio anterior un poco mohínos (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/filosofia-criptobros-marco-aurelio-te-echa-bronca-no-ir-al-gimnasio). Si la hipótesis que elaboramos es cierta —que el renovado éxito en estos días de los estoicos romanos, y su propuesta de huida hacia el interior de nuestro yo, es el resultado de que entre ellos, chusma imperial, y nosotres, chusma contemporánea, compartimos una impotencia política que hace rimar nuestras experiencias— la cosa no está, ciertamente, para tirar cohetes. Pero la política tiene mucho de ambiente. No ciertamente de ese tipo de ambiente externo e inamovible, sino más bien como corrientes de aire que pueden hacerse circular de otros modos. Si se sabe cómo, claro. Por cierto, que aquí no se sabe.
    Pero, inasequibles al desaliento, hemos querido pensar de la mano de alguien, Jacques Rancière, que a sus 83 años está en condiciones de ofrecernos una visión de la política de largo alcance. Del ciclo largo que une y separa la segunda mitad del siglo XX y este tercio del siglo XXI, con sus altas y sus bajas, sus momentos de efervescencia, sus mayos del 68, sus 15M, y sus momentos de bajón. Un autor que a lo largo de su vida y su obra ha pensado, como decíamos, en la política de largo alcance (El odio a la democracia), en las relaciones humanas desde la igualdad (El maestro ignorante) y en la desnaturalización de los ciclos de explotación de la vida (La noche de los proletarios). Así que hemos aprovechado la traducción de este compendio de artículos de Jacques Rancière, “Los Treinta Ingloriosos. Escenas políticas 1991-2021”, de Katakrak, para aprender algo sobre nuestro futuro a partir del pasado más plano que recordamos en esas décadas de consenso, clausura de la historia y paranoia securitaria. Aprovechamos esta pausa (respira) para recordarte que puedes escuchar nuestro capítulo en la cajita de enlace justo encima de este artículo. Fin de la publicidad.
    Si un concepto se encuentra tergiversado en nuestro mundo es la igualdad. Noción abstracta, casi rutinaria. Casi como un objetivo al que, con todo cinismo, se hace ver como que nos dirigimos porque se sabe que apenas se da un paso por cada dos que se desandan. En Rancière, por el contrario, la igualdad no es el punto de llegada, sino la premisa de la relación —política, educativa, etc.— que puede provocar otra distribución de lo sensible. Es decir, una realidad donde cualquiera pueda participar en su composición efectiva. Dicho así, puede parecer bonito, pero se entiende mucho peor que si se invierte la fórmula y se mira a unas sociedades que condicionan ese formar parte de la ciudadanía al mérito. Que llevan al fondo de la habitación —si no a la cola que se forma fuera de la puerta— la palabra o la presencia de quienes no han pasado las pruebas del “merecer” nacional, educativo o estético. En estas sociedades, cada vez más, las condiciones de una vida decente se garantizan a los grupos de ciudadanos, cada vez menos, que “lo merecen” y se cierran a todas las demás.
    No es difícil ver aquí ya cómo tal jerarquización de la vida social va de la mano de una elitización de la democracia. Se consolida así una política en la que la masa de los y las cualesquiera es un peligro para la propia democracia, que se reduce a gestionar desde arriba los asuntos públicos y a representar a un pueblo estrecho y prefijado. Rancière opone a esto una política de la imaginación, pero no como el carnaval constante y callejero, sino como la producción de acontecimientos que interrumpen esa naturalización de la jerarquía y la exclusión que es el pasar de los días y del business as usual.
    Como aporte personal conclusivo, algo que no deja de sorprendernos es cómo el sentido común político va oscilando década a década entre los extremos de la política institucional a la movimentista y de vuelta a la primera. Como si el único menú de las opciones posibles fueran la alternativa entre el empacho y el ayuno. En este bamboleo del que no somos capaces de escapar, Rancière se sitúa del lado de la afirmación expresiva de la autonomía política que, a nosotros, nos deja con la pregunta de cómo, como masa de los cualquiera que somos, somos capaces también de hacer saltar de escala los procesos políticos más potentes. En todo caso, el problema y la pregunta, parece muchas, muchas y muches nos hacemos en la izquierda estos días. ¡Comenzamos! Puedes escuchar el programa completo aquí
    1 hr 11 min
  • Filosofía para criptobros: cuando Marco Aurelio te echa la bronca por no ir al gimnasio
    Levantarse pronto (más pronto), tirar burpees, vigilar lo que comes, vigilar lo que tocas, no masturbarte, alejarte del tabaco, del alcohol y de las grasas saturadas, pensar en el Imperio Romano, tener éxito. Apretar los dientes. Reiniciar el ciclo.
    Bajo el epígrafe de recetas para el triunfo, hemos visto crecer en los últimos años una amalgama de discursos que exponen una comprensión/forma de habitar y crear el mundo para el joven hombre blanco que empieza a asomar su cabeza a la adultez, con más temor a que se la corten que ganas de disfrutarla.
    En el mundo posterior al Estado del bienestar de los años 1990s esa sucesión se percibiría como una condena. Un eslabón más de la larga cadena disciplinaria que iba de los ejércitos decimonónicos a la escuela, de la escuela a la fábrica, pasando por sus variaciones en la oficina o en la cárcel -tanto da- y de vuelta a la casa, donde ni la disciplina ni el simulacro cesan. De ahí huye, por ejemplo, Ewan McGregor al inicio de Trainspotting como de una maldición. Pero son los 90. En los 2020s la propuesta bro es abrazar esa disciplina y configurar la propia vida como un entrenamiento sacrificial para el éxito. O, mejor dicho, como un marcador del éxito.
    Es cierto también que salvo en los estratos más altos de las pirámides brocoachingueras, nadie percibe una relación muy fiable entre hacer abdominales y el éxito, ni siquiera en su reducción a dinero. ¿Cuál es, entonces, el porqué, el malestar o el deseo de esta gente?
    Vimos que Adriá Porta Caballé también andaba ocupado con la filosofía lladiana (https://catalunyaplural.cat/es/fuck-tienes-panza-llados-o-por-que-vivimos-en-una-epoca-estoica-imperial/) y hemos empezado junto a él una indagación sobre nuestro momento imperial, la pulsión por coleccionar medallas y ser hombre (vie)joven reactivo a esa cosa que te pasa por delante que es el feminismo, en esta tercera década de un siglo que está teniendo de to. Así le hemos dado forma a algunas hipótesis iniciales.
    1. Tiempos de guerra. Si el estoicismo u otras declinaciones de la filosofía clásica en tiempos imperiales tenía sentido era por su capacidad de ofrecer una salida a la incertidumbre de un pueblo que había perdido su capacidad de influir sobre el mundo. De antiguos ciudadanos convertidos en súdbitos. Un pueblo de esclavos, muchos de estricta titularidad de otros, todos, de las decisiones de una minoría que dirigía un mundo inabarcable. El estoicismo, como el escepticismo, el epicureísmo o el cinismo, son planteamientos que ajustan bien, y performan, la posición de esclavos y soldados que proliferan en tiempos donde todos somos esclavos y soldados. Donde grandes porciones de la vida pública han sido amputadas de la participación política ¿Te suenan de algo esos tiempos?
    2. Tokenización de la vida: el fin es la medalla. En un mundo en el que nada garantiza el éxito y nuestras posibilidades de controlar la propia vida se reducen, adoptar una rutina sacrificial sirve para encauzar ese excedente de energías en un ciclo improductivo, nihilista en cuanto a que su objetivo solo es la repetición y el propio sacrificio. En todo caso, si bien el ciclo no conduce al éxito por sí, sí puede conducir a medallas (relojes), marcadores (six-pack) y trofeos (coches, mujeres… así está la cosa) que nos eleven un tanto en la jerarquía interna de los esclavos y nos ofrezcan cierta certeza de que somos o seremos elegidos. Si algo está claro es que a esta vida no se viene por los loles.
    3. Lo personal es político, pero en versión refugio en los confines de la política. Lo personal es político modo bunker anti-zombies. Buscar cobijo en el trabajo de sí infinito, sin objetivo, sin producción, sin agenciamiento, como trayectoria alternativa al cansancio de la política, ese juego abierto de quienes pueden y no pueden a la vez. Retirada del mundo, hacia la soberanía del yo y del cuerpo como refugio ante la impotencia. Frente al juego infinito de la política, el juego infinito sobre sí mismo/a. Que al menos ofrece algún tipo de validación inmediata cuando te miras al espejo y tremendo biceps mi pana.
    4. La cosa es que este no es solo un problema bro, aunque el mundo bro haya presentado su candidatura para interpretarlo y ofrecer así un modo de vida adaptado. Nuestro reto no puede ser, por lo tanto, más pequeño que eso y, con ese fin, empezamos la conversación. Hoy en Pol&Pop, socialismo o criptomoneda.
    58 min
  • Capitalismo canibal
    No es pintoresco, no es exótico ni decorativo y, desde luego, no permite versiones de bisuteria como las que se pueden hacer con esa culebrilla alquímica tan mona que se muerde la cola hasta que se devora. No es un anillo, es el capitalismo, que también se devora a sí mismo. Y tú vas dentro.
    Este párrafo podría ser un buen resumen del libro que nos ocupa hoy: “Capitalismo caníbal. Cómo nuestro sistema está devorando la democracia y el cuidado y el planeta, y qué podemos hacer con eso” (Nancy Fraser, Siglo XXI editores, 2023). Pero si a ti, como a nosotros, te apasiona Nancy Fraser puedes seguir leyendo.
    Los libros de Fraser tienen la virtud de ser directos, hacer partir la teoría crítica del sentido común, del realismo que llevamos dentro, porque nadie necesita una ristra de demostraciones para desvelar la crisis y los efectos del capitalismo. Basta con experimentos simples, que cualquiera puede hacer en casa: querer respirar, querer comer, querer dormir en una cama calentita, querer tener tiempo.
    Otra de las grandes contribuciones de Fraser, que reaparece aquí y allá en este libro, es su visión integral de la justicia, ese asunto del que no se discute en la política de izquierdas porque la moral es una enorme fuente de pasiones políticas, pero hemos convenido en que sea un asunto extra-político. Por supuesto, el texto de Fraser no necesita meter estas pullitas, se basta con recordar que una idea de justicia sin la adecuada articulación de los valores de redistribución, reconocimiento y representación produce monstruos.
    Ahora bien, este escenario de crisis constante, estructural, policéntrica no es suficiente para afectar de forma sería la legitimidad sistémica. Como una decena de marksfisheres nos han recordado, casi nadie cree que el capitalismo sea la mejor idea. De hecho, existe un entero sector de negocios basado sobre la premisa de que los más ricos se van a cargar el mundo y la gente les va a perder el cariño, de modo que tienen años para dar con un cohete de escape, construir un búnker, diseñar la varita mágica para que su jefe de seguridad no les esclavice.
    Si la perspectiva de la crisis de Fraser es brillante es porque descansa en una concepción ampliada del capitalismo y de su crisis: no se trata de un sistema económico, sino de una institucionalización extensa de un determinado orden social. En su estricta versión económica, el capitalismo tampoco era la pera, sino más bien ese régimen irracional y poco cercano a la libertad y a la buena vida de quien debe trabajar bajo el mismo. Pero esta perspectiva ampliada sube al máximo la apuesta. Así, a lo largo de las últimas décadas, Fraser ha identificado e historiado distintas esferas de la realidad social que el capitalismo se ha empeñado en excluir, como un medio para que las cuentas económicas y políticas le cuadren. En este ámbito de los pilares ¿no-económicos? Fraser sitúa a todos los pueblos, personas, territorios y riquezas que las economías centrales extraen sin compensación o con una compensación menor, debido a que existe un entramado colonial y racista, hacia fuera y hacia dentro, que permite esta expropiación acumulada.
    Entre estos pilares ¿no-económicos?, esta, por ejemplo, la esfera de la reproducción social. Esa conocida actividad de dar cuerda al mundo y a sus vivientes que se paga, cuando se hace, en peores condiciones que otras producciones, porque para eso está la virtud femenina, el amor, el contrato matrimonial, los linajes y la posibilidad de encalomar el ajuste de nuestros horarios imposibles a otras mujeres más pobres y con menos opciones.
    Otro tanto ocurre con las relaciones que el capitalismo adopta con la naturaleza: grifo o vertedero. Pozo sin fondo de materias primas (que es como se dice en económico “te voy a pagar un mojón y ya te lo devolveré caro como coche o barato como residuo”). Un otro constitutivo del nosotros prometeico.
    Y, por supuesto, existe toda una institucionalidad pública y común que lo protege, sostiene y amplía con distintos servicios públicos, saberes jurídicos y prácticas comunales estas actividades. En este contexto, crisis política no significa otra cosa que el viejo “no se os puede dejar solos”. Es decir, una necesidad creciente de romper el pacto social del bienestar y erosionar las bases de la democracia para poder orientar esas instituciones hacia el beneficio cortoplacista.
    Una perspectiva ampliada del capitalismo implica la inclusión de todos estos elementos en su análisis. Asimismo, entender que esas distintas esferas cuya subordinación hace posible que la institucionalidad capitalista profundice esa crisis estructural se alimentan y se constituyen de forma inescindible, como bien saben las resistencias a esas formas de injusticia.
    Encontramos aquí, al final del programa, este otro gran aporte de Fraser: la mejor forma de comprender el funcionamiento sistémico la han alcanzado las resistencias, cuando defienden la naturaleza y con eso su modo de vida y continuidad en el mundo, o cuando explican de qué manera la regulación de la extranjería es un producto de la misoginia tan intenso como el patriarcado intra-hogares. De este modo, la manera que propone la autora de diseñar una estrategia socialista, desde esa misma ambición sistémica, debe contar también con una noción ampliada de las alternativas, no solo economicista, y que se haga cargo de todas estas esferas. Es decir, un reto del volumen de nuestros problemas. Nos escuchamos.
    Imagen: Imagen de Freepik
    58 min
  • Argentina, elecciones y giros de guión
    La vida política argentina ha vivido en estado de plot twist en los últimos meses. La situación económica y la tematización política de la seguridad daban por cantado una recuperación del gobierno de derechas. La elevación mediática de un influencer contradictorio, pero útil a muchas facciones, irrumpió con fuerza al ganar las PASO, unas primarias abiertas que delimitan la contienda electoral de la primera vuelta. Una presidencia, tres votaciones. No está mal para un país que se dice cansado de la política.
    Y cuando todo parecía perdido, cuando, como dicen en Acepto ofertas, tienes a una oponente superada -Bulrrich- y a otro que es el ministro de economía de un país con la inflación al 150%, ocurre el gol del cojo y ese ministro -Massa- te gana la primera vuelta.
    Como ya hicimos para entender las presidenciales colombianas que ganaron Gustavo Petro y Francia Márquez (https://www.ivoox.com/pol-amp-pop-s03xe19-colombia-mas-alla-elecciones-audios-mp3_rf_88611824_1.html), invitamos a Luciana Cadahia, filósofa política de la Universidad Católica de Chile y miembro del IECCS (https://www.ieccs.es/), para poder seguir este guión endiablado.
    Uno de los principales puntos de interés de estos meses es el levantamiento del perfil de Javier Milei, a partir de una exposición continuada en distintos formatos de televisión, una sucesión de mensajes epatantes, por lo demás incompatibles entre sí, y muchos apoyos confiados en que la derecha debía contar con un plan B. En las presidenciales latinoamericanas, con las diferencias entre Hernández en Colombia, Katz en Chile o, antes, Bolsonaro en Brasil, se ha consolidado el surgimiento del outsider, cuya gestualidad rupturista no esconde mayor novedades respecto a la política tradicional de la derecha pero que permite movilizar unas fuerzas desencantadas con las recetas neoliberales, austeras y de mayor dependencia exterior.
    Por otro lado, la remontada de Massa y la posibilidad de que pueda superar este round de todos contra él descansa en su capacidad para, distanciándose del kichnerismo, volver a encarnar la lucha argentina por su soberanía, frente al dominio de la deuda externa y la subordinación de la vida hacia el interior. Sería mucho adelantar qué va a pasar, en una historia que ha dado ya muchas vueltas de campana, pero este buen tino pundonor con el que darle la vuelta a lo que las encuestas dan por perdido se está convirtiendo en una tradición transcontinental. Hablamos.
    50 min
  • La supervivencia de los más ricos
    Ver post en El Salto:
    https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/supervivencia-ricos
    En tu calidad de gurú tecnológico y de medios digitales, te trasladan por medio mundo hasta un misterioso y lujoso lugar del desierto. Te ponen delante de un reducido grupo de milmillonarios. Te pagan una pasta, claro. Si no, de qué. Todo para preguntarte…. bueno, pues si tienes alguna brillante idea para evitar que, tras el colapso, su equipo de seguridad no decida pegarles un empentón y hacerse con el poder. Por supuesto, se da por descontado tanto el colapso como el impulso saqueador de los congéneres expulsados al otro lado de cada valla.
    Resulta que “Cómo demonios hemos llegado hasta aquí” es una premisa excelente para explorar en un libro. Y esa persona, convocada por los milillonarios a resolver el viejo problema de la movilidad de las relaciones de poder, a cerrar el juego eterno de la política como se parchea un bug, es Douglas Rushkoff. Y el libro en el que indaga cómo hemos llegado a esto La supervivencia de los más ricos: Fantasías escapistas de los milmillonarios tecnológicos (Capitán Swing, 2023). Como habrá adivinado, querido lector, estimada lectora, es, además, el libro que reseñamos en este capítulo.
    Para referirse a esta forma segregacionista de ver el mundo —capaz de que a señores blancos de entre 40 y 60 años les parezca más verosímil instalarse en Marte que mejorar las relaciones con sus vecinos— Rushkoff acuña el término de la Mentalidad. Es verdad que, aunque hemos leído el libro con atención, nosotros no sabemos muy bien cuando esa Mentalidad es una creación específica de Silicon Valley y cuando la racionalidad capitalista instrumental de toda la vida ecualizada al modo California. En todo casó pensamos que lo primero es más interesante y permite al autor recorrer las ideas escapistas de los milmillonarios más locas y las formas más singularmente dañinas de leer el presente y diseñar nuestro futuro.
    Oscilando entre una especie de survivalismo full luxury high-tech y el aceleracionismo místico, frente a esas ideas de colapso y guerra civil no hay —porque la Mentalidad no aprende ni propiamente piensa— una solución distinta a las mismas que se han aplicado hasta el colapso. Intensificar una solución desde la tecnología que disuelva el problema. Aplicarla en un campo nuevo de las relaciones sociales o el espacio-tiempo recién conquistado para que no exista competencia. Colonizar ese campo hasta que sea natural esa forma de entenderlo. Proteger esta metodología de las tendencias de la masa a querer ocuparse de estas cosas a partir de otros parámetros, como el parámetro democracia o el parámetro poder-respirar. Repetir el proceso.
    Lo interesante es cuánto de esta forma de entender e intervenir sobre el mundo al modo de una charla TED ha invadido nuestros imaginarios políticos. La confianza en que una minoría de los mejores -véase también los expertos-, con una mayor capacidad para establecer prioridades y desenredar los nudos de las decisiones, va a adelantar soluciones de consenso capaces de resolver nuestros problemas es frecuente. Y todo ello al margen de la política, del conflicto, el esfuerzo de ponerse de acuerdo o implicar a la naturaleza obtusa de la masa y surfear la complejidad de los procesos sociales.
    Como es obvio, la tecnopolítica no se agota aquí. Por una parte, lo digital tiene ya una participación tan alta en nuestra vida como lo familiar, lo estatal o lo propio de la economía de mercado, de modo que no puede extraerse de nuestros análisis ni herramientas. Por otra parte, los avances en cibernética o teoría de sistemas que dieron lugar al salto computacional y al predominio de lo digital, no tienen una única declinación en este modo abstracto, unidireccional y, en ese sentido, totalizante, de hacer, sino que son origen también de formas complejas, sostenibles y autorrecurrentes de completar ciclos, identificar patrones, enfrentar la entropía y conectarnos como parte de un sistema nervioso, mucho más que de un delirio individualizante que se sube al cohete de los elegidos. ¡Disfrutadlo!
    57 min
  • De la España de las piscinas al malestar en las ciudades
    ¿Alguien puede creer que se están vaciando las ciudades cuando todo está lleno? Cuando es imposible alquilar un piso —de comprar, ni hablamos— o improvisar un plan que incluya alguna entrada. Pues parece que sí, que hasta 30 capitales de provincia han perdido población en la última década y que esa gente que usted ve ahí ocupando el hueco en el que querría ubicarse no vive allí. Sean turistas, teletrabajadores del norte de Europa o familias que se han ido a vivir a una urba, PAU, torre, casa, masía, parcela, etc.
    A Jorge Dioni López, autor de «La España de las piscinas» (Arpa), con quien inauguramos este inicio de temporada, le sorprendió en 2019 que no se prestara demasiada atención a ese éxodo de familias treinta y cuarentañeras con niños/as hacia localidades suburbiales porque era el sitio que podían pagar o porque querían vivir una vida supuestamente más tranquila en un lugar a más/menos media horita de coche del centro. Querer y poder —o querer, basicamente, lo único que puedes— son, en el fondo, las dos caras de nuestra manera ideologizada de vivir las ciudades. Por eso, Jorge Dioni indagó algo más en este fenómeno y publicó este mismo año «El malestar en las ciudades» (Arpa) para explicar cómo han cambiado nuestra manera de habitar y sentir como nuestra la ciudad.
    Lo que identifica al respecto es un modelo neoliberal que no rehabilita y hace más accesible los barrios consolidados, sino que insta a la dispersión de las nuevas generaciones hacia barrios alejados, a veces como penínsulas de las antiguas ciudades, solo vinculadas a ellas por carreteras, a veces en nuevas o viejas localidades, ahora agigantadas. La ciudad ya no es sobre todo el espacio de producción, como tampoco de habitación. La ciudad es la marca-agencia que pretende capturar inversores y atraer turistas. Es decir, mira paradójicamente primero a los de fuera: los no-habitantes marcan el ritmo de la ciudad.
    En ello hay mucho de neoliberalismo, pero también de neoconservadurismo. Se sigue que esa otra gente para la que se hace la ciudad es mejor que nosotros. Por eso se queda con los mejores sitios. Por eso nuestras formas de vida, tal como proliferaron durante el Estado del bienestar en los barrios obreros y/o en estilos de vida y familias plurales, quedan subordinados en favor de la única forma familiar compatible con cierto bienestar: 2 personas, 2 sueldos, 2 coches, quizá 2 hijos/as.
    Esa forma de vida que cada vez más se identifica también con un lugar de vida —la periferia de las urbanizaciones— prescribe y proscribe formas de vida y produce formas de pensar. Sobre la relación de lo individual y lo colectivo. De lo público y lo privado. Es decir, sobre la sanidad, la educación, el transporte, las relaciones de clase y la democracia.
    El chiste del neoliberalismo es hacer pasar todo esto por una aspiración individual de vivir tranquilitos, con los tuyos, ir donde quieras y echar una cervecita de vez en cuando. Es decir, hacerlo pasar por alegría. Y a nosotros nos pierden los chistes. Volvimos.
    1 hr
  • Contra el mito del colapso ecológico. Entrevista a Emilio Santiago
    ¿Qué intuición tienen sobre el futuro —climático, político, existencial— las personas que, nacidas en las últimas décadas, se han socializado en la hegemonía política neoliberal y en el dominio cultural de las distopías? El colapso, claro.
    Explica Emilio Santiago, con quien charlamos en este episodio sobre su libro “Contra el mito del colapso ecológico”, que aquel se caracteriza por ser un cambio abrupto en las condiciones de funcionamiento de nuestras sociedades. Disrupción que se expresa de forma singular en el cortocircuito de servicios infraestructurales y en su garantía por parte del estado, y que se produce como resultado de crisis sucesivas y relacionadas de los sistemas energéticos, climáticos, alimentarios o biológicos.
    También por la inevitabilidad del colapso como suceso principal. De este modo no conviene tanto dirigir la acción política a evitarlo, sino a mitigar sus efectos. A adaptar nuestras formas de vida a una realidad que conoceremos la mayoría de quienes leemos este texto. A colapsar mejor. Poco sorprendente que, en tiempos de atención escasa, dominio tecnocrático y aislamiento y espirales radicalistas, este sea un marco creciente para leer el presente y una perspectiva dominante dentro del movimiento ecologista.
    No se trata solo de impugnar esa predicción sobre la fatalidad del colapso, sino de analizar, comprender y denunciar sus sesgos. Su encabalgamiento con los deseos y las fustraciones políticas. Los principios y las consecuencias de este tipo de discursos, sus límites como vector de organización de una política ecologista de masas. Que es, por otra parte, algo distinto a no advertir de los enormes riesgos e incertidumbres a las que nos enfrentamos en muchos campos.
    O lo que es lo mismo, si no se entiende que tanto los volúmenes de la crisis ambiental como sus efectos políticos son materia de la virtud, de la fuerza y de la fortuna humanas, la consecuencia es una desbandada comunitarista, en el mejor de los casos, y lo más probable una salida individualista, prepper y madmaxiana en busca de sombra, huerto y búnker. Al contrario, aquí hemos venido a jugar.
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  • Hace 150 años todo esto era república
    ¿Cómo un evento de nuestra historia merecedor de admiración por las vanguardias internacionales y cuna de las más avanzadas innovaciones democráticas puede ser, siglo y medio después, sinónimo de caos, extremismo y ridículo en la plaza de la opinión pública?
    En este episodio, nos cogemos de la mano de Gerardo Pisarello y de su último libro “La República inesperada”, ed. Escritos contextatarios, para adentrarnos, junto con otras investigaciones recientes, en la apoteosis del XIX español. En su vertiente de historiador constitucional, Pisarello empieza recordando la aversión del franquismo no solo a la experimentación republicana, sino al conjunto de un siglo XIX que desmiente la idea de la excepcionalidad española, mostrando en cambio a nutridos sectores democratizadores y modernizadores y centrando la singularidad española, más bien, en el vigor de unas fuerzas reaccionarias que, por ejemplo, conservaban una composición esclavista y tradicionalista fuerte incluso en el final de siglo.
    Frente a estas, la I República no es, por inesperada ante la espantada de Amadeo de Saboya, un acontecimiento aleatorio, sino el resultado de una larga tradición que aunaba las reivindicaciones sociales y democráticas en las juntas locales y los clubes que habían protagonizado todos los éxitos de la resistencia y los avances democráticos del siglo. La tragedia del primer proyecto republicano, pinzada entre una reacción inaccesible a las reformas y unas bases democráticas en el extra-cortesanas impacientes de reformas, no le resta valor como fuente de innovación y aprendizajes políticos que llegan hasta hoy.
    Hoy resuena el vínculo entre mayores cotas de igualdad material y de profundidad democrática, no por la virtud moral de lo segundo, sino por la necesidad de que grupos concretos encarne, implementen y defiendan las reformas frente al inmovilismo y la reacción. Hacen eco las limitaciones de los partidos de notables y de la dinámica cortesana, así como del propio derecho constitucional y social de trayectoria descendente para confiar, conectar y aliarse en sentido fuerte con una bases populares que tiene por exteriores y que operan con una pluralidad difícil de procesar en el conmutador de Madrid. Se filtra en el presente la necesidad de aprovechar los momentos de desorientación y debilidad de la reaccón para introducir las reformas sistémicas y de, en momentos de reflujo, no erosionar las propias bases en honor de concesiones que no ofrecen avances, sino que solo hacen más fuertes a los oponentes en detrimento de los propios.
    Quizá sea por todo eso que, en plena precampaña, diga más de nuestro presente un libro sobre los caminos alternativos de la historia decimonónica que las entrevistas en prime time y a nosotros nos guste enmarcar la actualidad que os lleváis de editorial en esta conjugacióndel futuro anterior.
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