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By La Montonera prod.NewsPolitics
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Pol&Pop episodes

  • SUMAR 2077
    Nuestro editorial quincenal. Somos famosos en Pol&Pop por nuestro lema “no extender la bajona”. Pero -aih- ¿por qué me duele la tripa? ¿Qué es esa sequedad que me atraviesa la garganta? No extender la bajona no significa que los malestares no deban ser explicados y formar parte del debate público.
    A nadie se le escapa que SUMAR no está siendo exactamente la divertidísima fiesta que anunciaba el flyer. Sensación de deja vú ¿Cuando había sentido esto antes?
    Durante dos años levantaron el hype. Prometieron un juego no sólo guapísimo sino revolucionario. Una narrativa espectacular, una jugabilidad inédita, graficazos. Lo cierto es que el curriculum previo del equipo de desarrollo no podía ser mejor y lo que vimos en las demos y los eventos francamente prometía. Es cierto que la cosa iba teniendo retrasos pero desde el equipo se insistía en que aquí no iba a haber crunch: que un proyecto como este no podía hacerse con prisas sino con amor. Al final hubo prisas. Vaya si hubo prisas. Y muchísimo crunch. El producto, al día del estreno, estaba lleno de bugs. Lo más jodido, para todas las que estuvimos esperando tanto tiempo, es que suponía un downgrade brutal respecto a las demos. Podía ser majo, pero estaba lejos de ser revolucionario o innovador de ninguno de los aspectos que prometía serlo. Estoy hablando por supuesto de Ciberpunk 2077, pero lo cierto es que todo lo dicho vale, también, de metáfora para hablar de SUMAR,
    Si se quiere un poco más en serio triunfan estos días analisis y explicaciones del tipo “la izquierda pierda cuando…”. Preferimos sin embargo hacer la explicación en positivo. La izquierda es más potente, audaz y masiva cuando consigue encarnar, representar y canalizar la potencia popular. Esa cosa compleja, plural y contradictoria.
    Ojo, he dicho “encarnar” y “representar” y “canalizar”. Cada uno de estos verbos refiere a un conjunto de mecanismos diferentes de relación e interpenetración entre la base social y la estructura política institucional, entre el campo popular y la representación partidaria. No operan como sinónimos y es necesaria la concurrencia simultánea de casi todos ellos. Nadie dijo que esto fuera fácil.
    Dicho de otro, cuando a la capacidad de la conducción política de interpretar la voluntad, las pasiones, las preocupaciones y los estados de ánimo del país, se suma la acumulación, superposición y composición virtuosa de una multitud de dispositivos por los que permea, discurre y se distribuye (a veces en forma de ideas, a veces de propuestas, a veces en forma de personas) la inteligencia adquirida en las prácticas y los conflictos que tienen lugar, en una metáfora malísima, a pie de calle.
    De estos mecanismos algunos son sutiles, incluso abstractos, como la conformación de esferas de opinión , flujos de estados de ánimo, accesibles a veces sólo mediante la demoscopia incluso la pura genialidad; otros de tipo formal, como las primarias abiertas, los programas colaborativos; y otros intermedios; procesos de escucha, interpenetración y apertura entre movimientos sociales, mundo asociativo y estructura partido; por poner algunos ejemplos.
    Son estos mecanismos los que aportan, no sólo legitimidad, sino también densidad, alegría e, insistimos, una forma de inteligencia distribuida a los procesos políticos.
    Es difícil encontrar una definición precisa de en qué consiste la democracia. Aquí vamos a optar por esta: en el sentido plebeyo que le conferimos, la democracia consiste en la “desconstitución de la autocracia”. Una forma, necesariamente compleja, de decir lo siguiente: todo sistema político tiende a cerrarse sobre sí mismo, los actores que ocupan los puestos centrales de un proceso político están sometidos a la permanente tentación de forzar los mecanismos para excluir a los que se encuentran fuera. Es decir, tienden de manera casi necesaria -por gravedad- a constituirse como un grupo separado, que opera cada vez más en lógicas auto-recursivas,a responder a sus propios intereses (cada vez más separados) y a impermeabilizarse a la influencia externa. Esto no es una desviación o una corrupción del sistema. Es la lógica de su propia dinámica. La democracia se identifica con una serie de mecanismos formales (el sufragio, la participación) en cuanto constituyen los dispositivos de apertura o quiebre (al menos poner palitos en las ruedas) de esa lógica de cierre oligárquico presente en el sistema político. PD: es esto, precisamente, lo que significa, “desconstitución”.
    No somos aquí ajenos a las legítimas demandas, de autopreservación, reproducción, visibilidad, de las organizaciones políticas en los procesos de confluencia (muchos menos a las ilegítimas, también es verdad). Ni siquiera a lo que los procesos políticos tienen de pura y desnuda relación de fuerzas y enfrentamiento. Incluso a los problemas derivados que tienen muchos de estos mecanismos que plantemos como necesarios, que introducen tanta riqueza y pluralidad como complejidad.
    No somos ajenos, por ejemplo, a los efectos de las primarias abiertas, en lo que tienen de constitución de facciones a la interna de las organizaciones, de agonismo y enfrentamiento entre compañeros y compañeras, los desgarros y heridas emocionales que pueden llegar a producirse, muchas veces a las puertas de procesos electorales. Cualquiera que haya estado atento o mínimamente participado en Podemos en el último ciclo es perfectamente consciente de lo letal que ha resultado en muchos territorios (y al conjunto del partido en los sucesivos Vistalegres). También es cierto que esto ha sido así quizás no sólo por la concurrencia de primarias abiertas y otras formas de sufragio, sino por una extraña estructura (“mucha” democracia por abajo y muy poca por arriba) por la cual los órganos salidos de los mismos, por diseño, no eran permeables a esa lógica democrática, y donde la facción ganadora en los órganos tenía plena capacidad de minorizar, excluir, incluso expulsar al resto.
    En todo caso somos tanto o más conscientes de las dinámicas que resultan cuando estos mecanismos están ausentes. Constitución de partidos de cuadros, lógicas políticas dirigidas por el oportunismo, subordinación a los proyectos oligárquicos, relación con los movimientos sociales de abducción y no de interpenetración, etc. Triunfo de una forma de inteligencia centralizada que, como hemos comprobado en el reciente ciclo político, demuestra escasa resiliencia a la fatiga, el acoso y el fallo.
    No somos demócratas por vicio, o por fetiche, sino por necesidad.
    El hecho de que en SUMAR, el actual proceso político en curso, no se encuentren, por diseño, desinterés o incapacidad no encuentren, a priori o de momento, casi ninguno de estos elementos resulta difícil de digerir. Lejos de la ilusión que podíamos proyectar. La razón de estado o de excepción, de unas elecciones generales repentinas, con las que se justifica un acuerdo de cúpulas al que sólo podemos asistir como espectadores, no se compadece con la memoria de dos años donde se dibujaba otra cosa y otra cosa podría haberse construido.
    Igualmente conscientes de que, en el esquema que hemos dibujado al principio, no sólo es necesario que concurra una estructura partidaria abierta, distribuida y permeable a la pluralidad. riqueza y potencia del campo popular sino, propiamente, también un campo popular activo y potente. Es más bien constatar que estamos ante el encuentro de los dos negativos de este modelo lo que produce la desazón de una situación de casi jaque mate.
    En este punto, como en otras muchas ocasiones, las dinámicas institucionales y populares se han dislocado. Conviene ahora aprovechar los avances y aprendizajes en cada terreno para no empezar de cero y volver a los mismas aporías: institución vs. calle, representación vs. activismo que comenzamos a deshilachar hace una década. Nuestros aciertos y errores han desplazado esas preguntas hacia terrenos más difíciles de transitar pero también mapas interesantes. Ante todo ninguna de las cuestiones abiertas con la primera gran crisis del siglo se ha clausurado con un "no hay alternativa",
    También es cierto que con los últimos updates el Ciberpunk ha quedado guapo, así que esperamos con ansiedad las próximas actualizaciones.
    10 min
  • Pol&Pop 4x19. Vivir peor que nuestros padres
    La generación mejor preparada, más tolerante, viajada. Con más idiomas que las instrucciones de un microondas. Quienes han ampliado las fronteras de la imaginación familiar hacia sitios, ocupaciones y formas de convivencia desconocidas hasta entonces. O, también, la generación que se planta en los 30, que se planta en los 40 tirando del acumulado familiar, aprendiéndose las obligaciones del RETA o reciclando temarios de oposiciones de las colegas.
    La crisis de 2008 rompió las aspiraciones de mejora social de los descendientes de unas clases que empezaron los 70 como populares y acabaron el siglo como medias. Casi 20 años después de esa rutpura, en reuniones de amigos, vueltas al hogar familiar y grupos de wasap se empieza a amasar esa sospecha: vivimos y vamos a vivir - tampoco queda tanto, a no engañarnos – peor que nuestros padres.
    Azahara Palomeque, en el librito del mismo nombre editado por Anagrama, asume esta premisa de quien pertenece a la generación que es “un callo en al teleología del progreso”. Los análisis generacionales son problemáticos por cuanto que invitan a igualar en una misma situación a grupos que, de edad pareja, provienen de trayectorias e historias inasimilables. Se critican porque disuelven la conflictividad intrageneracional en un vínculo interclasista sazonado por algunas referencias culturales. Y, sin embargo, sigue siendo una variable fundamental en la manera de explicarnos nuestras vidas y un trampolín hacia distintas formas de politización, no todas ellas felices.
    Al coquetear con el marco del vivir peor, el primer campo de efectos adquiere forma de renta y tiempo: ausencia de tiempo y de renta para la vida, la hipoteca o el alquiler. Si a sus 30, los boomers de US acumulaban un 21% de la riqueza nacional, los treintañeros contemporáneos apenas alcanzan un 4%. ¿Cómo ha podido formarse, aun así, el espejismo de una vida mejor?
    El segundo campo de efectos del vivir peor es ambiental o del género propio del vivir. Vivir peor en 2023 atañe al respirar y al reproducirse. Es un campo de efectos fundamental porque obtura los atajos reaccionarios al malestar anterior. No se puede volver a quemar el mundo, ni el inmediato ni el que está al otro lado del globo, en el altar de ningún alto horno o de una nueva promoción urbanística.
    Combinados, estos dos campos de efectos conforman un sujeto que, al tiempo que digiere esa idea de que vivirá peor que sus padres, hilvana nuevas formas de vida colectivas que pueden, con una mano, buscar mejores jugadas, mientras que, con la otra, barajan de nuevo las cartas. No es una tarea pequeña ni que deba asumirse en solitario, así que allá vamos.
    48 min
  • Review de campaña: lo cuqui y lo fruncido
    La conversación pública no tira a golpe de originalidad, sino de testar y refinar explicaciones y soluciones que, si explican y solucionan algo, lo hacen por habitar en muchas cabezas y en muchos pies al mismo tiempo. Respecto al 28M han aparecido algunas claves explicativas que queremos descartar, afinar o asumir.
    Los logros. Una cuestión preliminar, en la que nos adentramos en el último post, (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/contrastes-elecciones-municipales-mayo-2023) es la dimensión estatal de la campaña, en todos los lugares que carecen de un ecosistema de medios y opinión pública singular. Anticipábamos que, en esos lugares, las alternativas de políticas públicas transformadoras apenas habían podido escapar de la casilla técnica, en contraste con la orientación populista y movilizadora de la derecha. Cuando el bloque de gobierno pretendía contrarrestar esto, se enfrentaba a una paradoja: que una mayoría supiera que el Gobierno había valido la pena, no implicaba que lo fueran a revalidar activamente. Caducado el escudo social frente a la pandemia, los logros deberían ser contra el alza de precios básicos, vivienda al frente, y la depreciación salarial y ahí la gestión no es tan brillante. En las campañas solo caben dos momentos: hoy y mañana.
    La ola reaccionaria. Se señala que la derecha se encuentra mejor adaptada a la crisis sistémica, incluso en su composición partidista, en la que, eliminada Ciudadanos, el reparto de roles PP-Vox está bien engrasado y suma por ambos flancos sin hacerse daño ni tirar votos. Este topos requiere, no obstante, algún matiz.
    La derecha se ha enfrentado a las incertidumbres del presente -desigualdad, calentamiento global, régimen de guerra -, a partir de una vieja síntesis nostálgica, los enemigos de España, o de un delirio turbo-trumpista, el pucherazo. El efecto de esto no es sustituir a una verdadera propuesta política, que existe, en forma de individualización y privatización de las relaciones políticas y sociales, conforme al contractualismo neoliberal, sino conseguir los apoyos populares que esta última nunca tendría. El problema es que la inoperancia de esta última no es una cuestión técnica o evidente, sino política y, para hacerla visible, es imprescindible contrastarla con una propuesta política verdaderamente distinta. Si ese es el terreno donde se puede ganar, es momento de apostar ahí. La cuestión es cómo, lo que nos lleva al siguiente punto. El PSOE está atrapado entre una identidad que lo ata al régimen del 78 y unas condiciones de victoria que pasan desde hace años por desbordarlo y que languidecen al mismo ritmo que lo hacen estas últimas. No es un problema menor para la transición pero no es en sentido estrico el nuestro.
    Lo cuqui y lo fruncido. Estas dos metáforas han caricaturizado las dos grandes tendencias a la izquierda del PSOE. Aunque han servido como lanzaderas de fuego amigo, en realidad, pueden describir bien una tensión del presente: entre hacer propuestas que encajen bien en mentalidades mayoritarias aquí y ahora, y otras que desplacen esas mentalidades hacia contextos mejores. Disputar elecciones y avanzar estratégicamente, ofrecer gestión pero también imágenes e identidades de futuro movilizadoras. Pensar más allá de la remontada para hacer posible y a condición de hacer posible una remontada que no puede pasar de hoy. No hay presente sin futuro porque tampoco lo hay a la inversa.
    Cuando a este episodio le siga el próximo, ya habrá pasado el tiempo de la coalición electoral. Nosotros creemos que será, no porque quieran más o menos, sino porque lo habremos hecho obligatorio, pero creemos que debe ser en esta última clave. Es una clave que alude además a las personas que la harán funcionar porque solo una inteligencia colectiva más amplia que las familias internas de los partidos puede surfear esta doble naturaleza de la incertidumbre sin agotarla en el canjeador de marcas internas y perfiles mediáticos. No es una tarea fácil pero el premio merece la pena.
    1 hr 7 min
  • Crónica acelerada de actualidad (extracto)
    Contrastes de mayo
    En el último programa celebrábamos nuestra inclusión en El Salto Radio intentábamos tomarnos con humor la actualidad prelectoral. La risa reflejaba una incomodidad entre la relevancia y las oportunidades de estas elecciones, por una parte, y su percepción, lastrada por una conversación pública principalmente defensiva o incluso reaccionaria.
    Es reaccionaria la vuelta del debate a parámetros anteriores a la crisis de 2008 y al acontecimiento 15M. Esto no solo afecta a las referencias a bandas terroristas extintas, sino en general a la clasemedianización y tecnocratización del debate, al que se le ha sustraído la expectativa de que las ciudades o las Comunidades Autónomas pudieran ser punta de lanza de un cambio profundo, en el qué pero también en el cómo, al aprovechar una escala más próxima de la política para su democratización.
    Es defensiva, al definir como principal vector de movilización evitar ceder terreno ante peores fuerzas o mayorías absolutas o, en su caso, desafilar las propuestas para que ganen amplitud. Lo cierto es que todas ellas pueden ser adaptaciones sensatas al campo de batalla pero no encuentran posible hoy definirlo.
    Gran parte de lo incierto de estas elecciones depende de cuál se considere el campo de juego. La derecha ha elegido orientarlas como un plebiscito sobre el Gobierno de España, mientras que la izquierda ha preferido declinarlas en regional-local. En lugares donde el imaginario político puede singularizarse hasta este último punto, como Valencia o Barcelona, la última estrategia parece funcionar. Mientras que en otros, que no alcanzan este punto, como Madrid, Zaragoza o muchas grandes ciudades andaluzas, el arrastre de lo nacional puede evaluar con dureza la decisión de la izquierda del PSOE de diferir la batalla relevante hasta las generales de final de año o de los barones socialistas de apartarse de ese Gobierno.
    Como dijimos hace una semana, estas elecciones que parece no le vienen bien a nadie contrastan con la oportunidad que surge de la incapacidad del régimen del 78 (o como usted prefiera llamarlo) de cerrar las vías de agua abiertas en 2015. En particular, la falta de tracción del PSOE en las grandes ciudades, a excepción de Sevilla o Coruña, da buena muestra de que la crisis política de 2010 no se ha cerrado y que las políticas de progreso dependen de la fortaleza de la alternativa a su izquierda que, en muchos sitios, se consolida como prevalente. Esta última sería buena sinopsis para tener el culo pegado a la butaca si no pareciera que este inicio de 2023 todo el mundo había quedado para hacer cosas mejores. A ver si el domingo sacamos un rato para esto.
    6 min
  • Hopepunk. Ciencia ficción contra la distopía
    Algo falla ahí fuera. Un poder absoluto se ha erigido sobre el equilibrio que regía el mundo. La escasez y la polución han convertido en excepcional el acto de disfrute más simple. Por supuesto, no todo está corrompido ni todo está dado en esta historia porque, de otro modo, no habría ni tensión ni conflicto y nadie continuaría con la lectura de lo que sigue, pero la manera en que se despliegan las ficciones dice mucho sobre cómo pensamos nuestra capacidad de transformar la realidad. Y nada nos interesa más que estos puentes entre la representación y la acción. Esta semana hablamos con una vieja amiga del programa, Mariana Rubio Albizu, sobre ficción y hopepunk
    Para resolver la distopía que presentamos al inicio, en nuestras elucubraciones fantásticas empezamos confiando en un héroe puro, en que su ingenuidad y ausencia de poder escondían un secreto o una cualidad única que le llevaría a iniciar un viaje para lbrarnos del mal. El viaje sería tortuoso -es decir, con varios volúmenes o secuelas- pero nuestro héroe llegaría a buen puerto guiado por una pulsión hacia el bien que sería... ¿cómo decirlo? heroica.
    Auque tal esquema nobelbright es tranquilizador y ha llenado tardes de palomitas resulta poco verosímil en un contexto como el nuestro, en el que resulta más fácil aceptar una guerra civil en mitad de una invasión de zombies congelados que seguir a un par de señores descalzos y ajenos a cualquier ejercicio físico saliendo de la campiña para salvar el mundo. Por eso, en los tiempos del realismo capitalista brotó el grimdark, un segundo itinerario de la historia inicial: el mundo va mal. Ok. Recibido. Pero eso no es más que el escenario en el que nuestros personajes van a tratar de satisfacer sus ambiciones. ¿Qué le pasa al mundo? Que yo no voy ganando. Poca motivación literaria más hace falta para desencadenar la acción y no sorprende que estas ficciones crudas, “realistas” y cínicas proliferen en la larga estela de la austeridad de la segunda década del siglo XXI.
    Es fascinante, sí. ¿Nos tragaremos la segunda temporada de The House of the Dragon? Sin pensarlo. Pero es asqueroso. Y por eso algunas autoras como Alexandra Rowland y una legión de lectoras se han empeñado en marcar un camino distinto para ese escenario inicial. ¿Todo va mal? Claro, ¿y qué vamos a hacer? ¿Esperar al héroe salvífico tocado por la gracia de dios? ¿consumirnos en la guerra sin fin de nuestras ambiciones personales? He aquí el espacio para el hopepunk, una especulación colectiva, tan tierna como afilada, de lidiar con las distopías del mundo, es decir, con el día a día. En el programa de esta semana, señalamos algunas de las referencias más interesantes del género, como Charlie Jane Anders, Cory Doctorow, Becky Chambers o Kim Stanley.Cory Doctorow, Becky Chambers o Kim Stanley Robinson.
    57 min
  • Memeceno. La era del meme en internet.
    “¿Cómo es posible que un meme tenga el potencial de contar una experiencia histórica siendo una estructura tan antinarrativa?”.
    El meme es la forma singular y mínima de comunicación por internet. O de obturar la comunicación, según se quiera. Nadie que nos conozca un poco tiene dudas de que, cuando cae en nuestras manos un libro como este del que entresacamos la primera frase del post (“Memeceno. La era del meme en internet”. Alvaro Lopez Pajares. coord; La Caja Books), se nos hace la boca agua entre el revival de los tiempos salvajes de internet, la sobreinterpretación de nuestro entretenimiento en redes y la búsqueda de las formas de intervención comunicativo-política más eficaces.
    El meme – y lo que es más, el memmaker, la hacedora de memes, la persona encargada de esparcir esas píldoras – ha exigido a sus productoras y usuarias, más que sentido del humor, más que postgrados en diseño gráfico, una sincronía con su tiempo y sus conversaciones que constituyen una forma virtuosa de estar e intervenir en internet. Y una forma agotadora, full full time y con una promesa de remuneración difusa, a criterio de las secciones de marketing de las multinacionales o de la visibilidad otorgada por la plataforma.
    De este destello anti-narrativo se puede entresacar, por supuesto, un arco dramático. Una era del proto-meme forero, inaccesible a la descodificación desde fuera. Una fase de ascenso y esplendor, de destilado de ironía, troleo y distancia todo aquel - casi todo el mundo, vamos – que no conocía o no podía usar esa baraja de sentidos, que hacían alusión a otros sentidos, en mitad de conversaciones globales. Por supuesto, el meme contó con una fase límite, en la que el acontecimiento pandemia – confinamiento hacía poco pertinente la ética distante del meme-maker y del meme-adicto. Hasta hoy, la época del hipermeme. No de personas sobre las que se hacen memes, sino de personas que son memes, que matarían por ser memes y llegar hasta el último móvil del planeta porque este es ya, valoraciones aparte, un nuevo idioma.
    En este capítulo hablamos con Álvaro Pajares sobre sus relaciones con el meme y sus tesis al respecto. De hecho, el libro en cuestión, como nuestra práctica cotidiana, está marcada por la pregunta sobre los límites de esta forma de acción para intervenir sobre nuestra realidad. ¿Qué significa compartir memes cuando las propias marcas se personifican en esas interacciones “graciosas”, extraen y agotan en pocas horas alguna idea genial?
    ¿Qué nuevos sentidos críticos o políticos se pueden articular con estas técnicas en mitad de una competición global por la atención que suspende la política en una hiperpolitización tan constante como banal? Pero, claro, si decir, si memear tiene estos efectos, es susceptible de estas capturas, ¿cabe callar, en mitad de una guerra de maquinarias lingüísticas? Como es algo que solo puede pensarse juntes, subimos el archivo y seguimos juntas la conversación.
    58 min
  • Crónica sentimental de la actualidad política
    La ilusión, el miedo, la esperanza, el cansancio. Los sentimientos son tan parte de la política como el interés y los valores, como las estrategias y las jugadas de ajedrez. En una crónica sentimental del ciclo político abierto en 2011, hablaríamos de autoestima, de ambición e incluso de adicciones pero también hay momentos de fango y de desafección. En los últimos años se ha iniciado un periodo de inflación prolongada de estos sentimientos que no termina de concluir y que explica cada vez más proporciones de nuestra relación con la política.
    Si toda política tiene dos horizontes, uno estratégico y objetivo hacia el que caminar y otro energético y subjetivo con el que hacer el camino, el sentimentalismo político habla de un desacople entre los dos horizontes. Las expectativas del gobierno de coalición de 2019 se han cumplido, el bloque progresista en que descansa parece sólido y, aunque la propia expresión de “la izquierda del PSOE” señala la subordinación simbólica en que nos movemos, tal espacio, ni existía antes con la densidad con la que existe ahora ni disfrutaba de una mala salud de hierro electoral, con proporciones de entre el 16 y el 19% en las encuestas, que no pueden exhibir otros espacios. Y, a pesar de eso o en mitad de eso, la desafección.
    El marco mental e histórico del desencanto sigue pensando sobre nuestras concepciones política, como una pasión reactiva a la normalización de la fuerza popular acumulada durante los 60 y 70 del siglo pasado pero también como una desembocadura trágica de los ciclos de transformación, que se ha exhibido desde los agentes encantados con ese desencanto, hasta formar lo que llamaba Mar Padilla en nuestro episodio sobre el asalto al Banco Central como El Desencanto TM. Estamos a un paso, por lo tanto, de que el peso de ese marco histórico, unido al interés de la resistente cultura de la transición y a la búsqueda de nuevos nichos políticos, pacten el El Desencanto. Remake y se disuelva el ciclo institucional en la miseria del 10% y una generación de cuarentañeros en busca de nuevas cosas por ilusionar.
    La desafección no puede proceder, entonces, de esa situación electoral, sino más bien del alejamiento del horizonte ético-democrático del 15M, entendido no como técnica de participación concreta, sino como devenir mayoría plural que no suma sino mezcla a las partes; a la postre la única garantía de que la Troika de turno no pueda torcer el brazo a unas pocas personas, por bien que representen la pasión de las muchas. En este sentido, las diferencias programáticas, metodológicas o identitarias que se exhiben en el espacio de nuevas y viejas marcas, al recibirse como ejercicios coyunturales de segmentación de mercados, no pueden afectar, sino en la polaridad de hooligan o de persona callada-responsable que es consciente de la relevancia y la fragilidad del momento. Por eso nos hemos tenido que poner sentimentales.
    49 min
  • Asalto al Banco Central
    En 1981, tres meses después de que se diera el golpe de Estado del 23F, el atraco a un banco pudo desembocar en la disolución de la Guardia Civil. Esto, junto a muchas otras cosas, lo cuenta Mar Padilla en su libro “Asalto al Banco Central”, de la editorial Libros del K.O. y, si nos parece extraño o materia de la mejor conspiranoia es porque el ambiente de aquel año es inverosímil y, por ello, imposible de reproducir 40 años después.
    Hablamos con Mar Padilla para que nos explique cómo se recuerda desde el archivo y la entrevista un país en el que el Ministerio de Defensa no tenía un edificio, sino que era una delegación transhumante por las sedes de las regiones militares; una mañana normal de sábado en Barcelona, salías a 20 atracos; algunos butroneros eran financiadores de movimientos revolucionarios, confidentes de la policía y bastante amiguis de facciones involucionistas, a veces a lo largo de un mismo par de años y, finalmente, un grupo de asaltantes tenían que fingir que pretendían liberar a Tejero sublevando a parte de la Guardia Civil para escaparse con la pasta por las alcantarillas, mientras el país que estaba afuera no podía sino creérselo.
    Queríamos recuperar la historia del asalto a la sede del Banco Central en Barcelona el 23 de mayo de 1981 porque es una de esas historias que si las proponen en una serie, como en La Casa de Papel, te lanzan el guión a la cara por inverosímil. Un grupo de atracadores deja abierta la puerta a que las autoridades políticas, los medios y el país crean que continúan el golpe del 23F para ganar, 200 rehenes mediante, el tiempo, la atención mediática y su hija, la delicadeza policial, que les permita hacer un túnel hacia las alcantarillas y, de ahí, a su base. Con el dinero entre las manos y la ejecución de uno de los tocomochos de mayores dimensiones de la historia. Todo lo que nos permite hablar de conspiraciones y de los motivos para creer en ellas. La clase política, porque no dudaba de que algo se cocía en todos los frentes; los medios, porque el clickbait no se inventó ayer y el conjunto social, porque para quien tiene un martillo en la cabeza todo son clavos y la historia de la transición fue mucho más abierta y bamboleante que la sucesión de astucias que nos vendió Victoria Prego en 13 VHS negros de señores que fumaban en habitaciones tapizadas.
    Esa distancia nos ha permitido entender el material del que están hechas las conspiraciones, las que llevaban gafas de concha y las que empiezan por Q, y percibir un resto de esa velocidad de época TransiciónTm que desembocó en un - no menos TM - Desencanto, la primera gran resaca antes de las resacas por excelencia de los 90. Como no sabemos explicarlo mejor, nos gustaría, en fin, que nos acompañaráis en este viaje.
    49 min
  • Antifeminismos
    La atención mediática sobre el 8M de este 2023 mosquea. Ahora que se ha reposado el polvo de los especiales y las campañas, puede verse en crudo la presentación de los hechos: un relato de meses de luchas intestinas, devenir partido de las reivindicaciones y declinar en la fuerza “real” del movimiento feminista desde el pico de 2018. El hecho es que la realidad de las calles en el 8M desmintió todo ese trabajo de construcción de marco y bajada de línea durante meses. Así que fin del foco mediático, apaguen la luz morada y a otra cosa.
    Pero en Pol&Pop no queremos dejarlo pasar, así que hemos invitado a Maria Medina-Vicent, profesora de la Universitat Jaume I, de Castelló, y experta en discursos y éticas feministas, para hablar de esta cuestión. No tanto del feminismo como de sus antagonistas: los enfoques antifeministas.
    A nadie se le escapa la proliferación reciente de títulos y discusiones sobre este tema. Estas semanas cumple 4 años el libro de nuestras amigas de Proyecto UNA, “Leia, Rihanna y Trump. De cómo el feminismo ha transformado la cultura pop y de cómo el machismo reacciona con terror”, (Descontrol, 2019) y a este se han sumado referencias sobre todo anglosajonas, como “Hombres (blancos) cabreados: La masculinidad al final de una era” (Michael Kimmel, Barlin, 2019); el reciente “Los hombres que odian a las mujeres Incels, artistas de la seducción y otras subculturas misóginas online” de Laura Bates (Capitán Swing, 2023) u “Odio a las mujeres. Incels, malfollaos y machistas modernos” de Susanne Kaiser (Katakrak, 2022).
    Estos títulos describen y critican la formación de una cultura política de hombres blancos agraviados y autoenunciados como víctimas por el avance del feminismo y de otros grupos subordinados. Pero también por la crisis del modelo de bienestar y del neoliberalismo. Es decir: de sus propias expectativas de ser los primeros de la fila, como lo habían sido algunos de sus padres y sus ídolos cinematográficos. Sin embargo, si podemos elegir – y podemos elegir porque para eso el pódcast es nuestro – lo interesante es menos ese sentimiento de agravio que la manera como intentar legitimarse. Y sobre todo hacer de él una elección política.
    El antifeminismo no es interesante por ser un sentimiento, sino por haberse convertido en el pegamento principal de todo tipo de grupo reaccionarios, mezclado en dosis variables con aportes fundamentalistas, nacionalistas, raciales o incluso obreristas. Es esta elección política la que ha impactado sobre nuestra realidad en los últimos años y sobre la que conviene centrarse si queremos comprender los efectos de los feminismos más allá de la pura reacción y abrir las posibilidades de algo más feliz, creativo y libre que el antifeminismo. Una cadena de alianzas de los grupos recientemente desplazados del centro del tablero con los desplazados de forma tradicional en vez con los de arriba para venderse como la primera línea de defensa a cambio de parar un poco el reloj. Comenzamos.
    46 min

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Un podcast donde damos rienda suelta al triángulo de nuestras cosas favoritas: la política, la cultura pop y la actualidad. @podcastpol