El gran Woody Allen tuvo su propia opinión al decir: "¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo más importante ¿Habrá mujeres allí?"
La imagen del Infierno o del Inframundo varía según los países y las culturas. Cristianos, musulmanes, judíos, budistas o hinduistas creen en él, con sus variantes. ¿Es un lugar físico o un estado mental? ¿Está en este planeta o en un mundo paralelo? Con el Infierno nos pasa como con el diablo, tenemos una visión estereotipada del mismo que en gran parte procedente de las representaciones medievales (en las catedrales de Vezelay, León o Toledo se pueden ver en los dinteles de sus puertas cómo concebían el Juicio Final y el Infierno). Y muchos de esos estereotipos vienen del legado de Dante y su Divina Comedia y también del poeta inglés John Milton, que en El paraíso perdido describe el infierno como "un gran horno", cuyas llamas no ofrecen "ninguna luz, sino más bien una oscuridad visible". Dante ubicaba a Satanás en el fondo de de los nueve círculos concéntricos del Infierno,
Pero en los tiempos modernos, los cristianos se han vuelto cada vez más escépticos con respecto a la existencia del Infierno e incluso han perdido el miedo al mismo. Tanto es así que el 56,2% de los españoles ni siquiera cree en él. Una encuesta realizada en 2011 por la Compañía Global de Investigación y el Instituto de Investigaciones Sociales (Ipsos) con 18.000 personas encuestadas en 23 países, reveló que casi una cuarta parte de todo el mundo no cree en un Cielo o un Infierno.
Así que, sabiendo esto, "agárrense los machos" (expresión que ya casi no se utiliza) porque en La Escóbula de la Brújula vamos a adentrarnos por algunas de las muchas puertas que dice tener el Infierno (como el pozo de Darvaza, en Turkmenistán) para hablar de sus misterios y sus miedos, de sus creencias, de sus referencias literarias y de todo aquello que vaya saliendo al olor del azufre y al calor de las calderas de Pedro Botero.
Comprobaréis que el programa de hoy está que arde…