Cuando Jesús perdona a la mujer adúltera provoca la ira de los fariseos y estos le acusan de ser samaritano endemoniado, pues en realidad querían matarla. Los samaritanos creían en Dios, pero no con las normas religiosas del pueblo judío, por eso eran odiados por los fariseos, quienes eran más celosos de las costumbres y los ritos religiosos, que de una verdadera relación con Dios. Es por eso que vemos a Jesús, a partir del versículo 44 confrontarlos y decirle que eran hijos del diablo. Los fariseos eran capaces de matar por defender los ritos y las costumbres, mientras Jesús rompía todos los protocolos religiosos de la época. Su misión era amar, perdonar y reconciliar al hombre con Dios.
Aquel que pone costumbres, tradición, religión o protocolo por encima de la fe y la Palabra de Dios es el verdadero endemoniado, no conoce a Dios. El diablo está tan preocupado por defender el protocolo religioso, porque la Biblia dice que la tradición ha hecho la Palabra sin efecto. Debemos vivir por fe y no por normas de hombres, pues el Padre celestial rompe con toda norma cultural o religiosa para bendecirnos. Cada milagro de Jesús rompió con los patrones religiosos de la época, sin dejar de cumplir los mandamientos. Nuestra fe puede más que cualquier protocolo religioso que quiera imponer el hombre.
La viuda de Sarepta no conocía la ley, pero creyó la palabra dada por el profeta y fue prosperada. Naamán arrebató su milagro sin seguir el protocolo de la ley, solo creyó y fue sano. Si queremos alcanzar grandes victorias en Cristo Jesús debemos creerle a Él y Su Palabra, pues no es por obras, sino por fe.