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DUKE ELLINGTON:
THE COTTON CLUB ORCHESTRA
- New York, & February 3, 1927
East St. Louis Toodle-oo, Birmingham breakdown, Immigration blues, The creeper, New Orleans lowdown
Bubber Miley, Louis Metcalf (tp) Joe Nanton (tb) Edgar Sampson (as) Otto Hardwick (as,sop,bar) unknown (cl,ts) Duke Ellington (p) Fred Guy (bj) Mack Shaw (tu) Sonny Greer (d)
THE BLANTON WEBSTER YEARS
- Chicago, IL, March 6, 1940 & Hollywood, CA, May 4, 1940 (1); Detroit, MI, July 30, 1940 (2)
Jack the bear, Ko-ko, Morning glory, Concerto for Cootie, Cotton tail (1) Warm Valley (2), Take the A train
Rex Stewart (cnt) Cootie Williams, Wallace Jones (tp) Joe Nanton, Juan Tizol, Lawrence Brown (tb) Barney Bigard (cl,ts) Johnny Hodges (as,sop) Otto Hardwick (as,cl) Ben Webster (ts) Harry Carney (bar,cl,b-cl) Duke Ellington (p) Fred Guy (g) Billy Taylor, Sr., Jimmy Blanton (b) Sonny Greer (d) Herb Jeffries (vcl)
AT NEWPORT JAZZ FESTIVAL
- Newport, R.I., July 7, 1956
Diminuendo In Blue And Crescendo In Blue
Willie Cook, Cat Anderson (tp) Clark Terry (tp,flhrn) Ray Nance (tp,vln,vcl) Britt Woodman, Quentin Jackson, John Sanders (tb) Jimmy Hamilton (cl,ts) Russell Procope (cl,sop,as) Johnny Hodges (as) Paul Gonsalves (ts) Harry Carney (bar,cl,as) Duke Ellington (p) Jimmy Woode (b) Sam Woodyard (d)
EL LEGADO MUSICAL DE DUKE ELLINGTON
[Artículo solicitado por El Mercurio para celebrar el centenario de su nacimiento]
por Roberto Barahona
El Mercurio Domingo 18 de abril de 1999
Cuando Edward Ellington era niño, anunció a sus amigos frente a su casa en Washington DC: “Soy un grande y noble duque, y la gente acudirá a mí”. Duke Ellington lo logró haciendo música. Fue el compositor más versátil y prolífico de la historia del jazz. Lideró la banda más estable y duradera, actuando sin interrupción durante más de cincuenta años. Duke escribió más de 2 mil piezas, entre las que se incluyen baladas, conciertos sacros, blues, música para la danza, “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, etc. EI motivo de tal productividad lo explicó así: “Tú sabes cómo son las cosas. Llegas a tu casa convencido que te vas directo a la cama, pero te encuentras con el piano que te coquetea, tocas un acorde, y antes de que te des cuenta son las 7 de la mañana.
La diversidad y amplitud de su obra se debió en parte a la contribución de los músicos de sus bandas, a quienes Ellington escogió por la variedad de sus estilos y sus orígenes. Provenían de diversas regiones de Estados Unidos y llevaban consigo sus influencias regionales. Barney Bigard era de Nueva Orleans, Cootie Williams de Alabama, Johnny Hodges y Harry Carney de Boston, Juan Tizol era portorriqueño. Duke utilizó todos estos estilos y con frecuencia incorporó las ideas de sus músicos en sus composiciones. Muchas de las improvisaciones de ellos eran tan brillantes, que se transformaban en parte de los arreglos estables de la banda. Tanto apreciaba Ellington las personalidades musicales de los miembros de su banda, que escribía cada parte de una composición para resaltar el talento y la habilidad de músicos específicos, mezclando con gran imaginación las ideas de ellos con las suyas. Algunos de sus músicos permanecieron en la banda por más de treinta años.
Uno de los más importantes y notables compositores estadounidenses, Ellington rehusó aceptar barreras de ningún tipo en su obra. Un compositor ecléctico, cuya música podía ser muy negra y a veces muy blanca, como también beige, gris y de todos los tonos posibles. Además, refleja su personalidad: Ellington era un hombre de gran mundo, que adoraba la buena comida, vestirse bien y, especialmente, las mujeres bellas.
El corazón de Harlem
En 1923 se mudó a Nueva York convencido de alcanzar gran éxito, a pesar de carecer de estudios musicales. No tenía conocimientos de armonía, componía en el piano, tomaba lo que tocaba con la mano izquierda y lo orquestaba. Lo que Ellington logra con solo tres notas es impresionante. Su genio estaba en que sabía escoger cuáles serían las tres notas claves. Basta escuchar temas simples como “Isfahan” o “Warm Valley”. Ellington relata: “Escribí ‘Solitude’ de pie y en solo veinte minutos. ‘Mood Indigo’ lo hice en 15 minutos mientras mi madre cocinaba, sin embargo, ‘Sophisticated Lady’ me demoró más de un mes”.
Pasó varios años aprendiendo a ser líder, compositor, arreglista y pianista. Gran parte la aprendió de sus músicos, algunos de los cuales tenían más habilidad musical que él. Inicialmente, Ellington quiso capturar los sonidos, imágenes y ambiente de Harlem, los que transformó en una música rica y evocativa, pero distintivamente propia.
Se puede considerar que durante su carrera, Ellington tuvo tres importantes etapas. La primera empezó a fines de 1927, cuando obtuvo la seguridad del empleo y el prestigio de ser la banda en residencia del famoso Cotton Club en Harlem, lugar donde los mejores artistas negros entretenían a la elite neoyorquina, como también a gangsters de la época. Para deleitar a su público, que era exclusivamente blanco, el Cotton Club le exigía a Ellington que presentara shows con escenas cuasi-africanas. Para esto Ellington compuso música que llamó Jungle Music, o música de la selva (”Echoes of the Jungle”). Duke sobrevivió esos años intacto y con dignidad, una tarea poco fácil.
Nacimiento de un ídolo
A principios de los treinta, agudizó su talento e hizo sus primeros esfuerzos por componer obras de más larga duración. En esta época desaparecen los ritmos típicos de sus bandas más primitivas, que son reemplazados por texturas musicales ligadas por un pulso más sutil, pero no menos incisivo. Ellington comenzaba a experimentar y a desarrollarse como compositor y arreglador, teniendo ya varios hits a su haber. Dentro de esos éxitos populares están sus primeras obras maestras, las que revelan sutileza y solidez solo al escucharlas detenidamente. Composiciones de la época, como “It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got that Swing)”, revelan que la suya se había transformado en una poderosa y expresiva banda. Las transmisiones radiales del Cotton Club por cadena de costa a costa junto al gran número de exitosas grabaciones, permitieron a Duke sobrevivir durante los años de la Gran Depresión.
A medida que se hacia más famoso, sus composiciones comenzaron a tener más significado en cuanto a sus raíces, su experiencia y cultura afro-americana. La música de “Symphony in Black”, un filme de corta duración hecho en 1934, representa varias actividades de la vida de la comunidad negra de Estados Unidos, tema que Ellington utilizaría a través de su carrera. También, durante esta época, comenzó a escribir composiciones que se transformaron en estándares del repertorio popular estadounidense, tales como “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, “In a Sentimental Mood”, “Solitude”, “Prelude to a Kiss”. Muchas otras vendrían durante las próximas décadas.
Compañeros de lujo
Sus crecientes ambiciones artísticas requerían solistas más sofisticados. A fines de los treinta, Duke había acumulado una impresionante colección de músicos, la mejor que había tenido bajo su batuta. Estaba preparado para la segunda etapa de su gran carrera, la que se inicia cuando el joven y virtuoso contrabajista Jimmy Blanton se une a la banda; el mismo año en que comienza la larga residencia del primer mago del saxofón, Ben Webster. La Blanton / Webster Band de Duke Ellington funcionó durante tres años, de 1939 a 1942. Jimmy Blanton fue el primer gran solista en su instrumento. Su bello tono, agilidad sin igual, exactitud de entonación, gran swing y conocimiento armónico, lo convirtieron en modelo para una generación de contrabajistas. Tenía solo 21 años cuando Duke lo descubrió en 1939. Blanton enriqueció el sonido y enfoque rítmico de la banda e inspiró a Ellington en un período de gran productividad creativa. El bajo de Blanton fue un factor prominente en composiciones como “KoKo”, “Jack the Bear” y “Concerto for Cootie”. Los otros miembros de esa estelar banda fueron Johnny Hodges, Harry Carney en saxofón, el clarinetista Barney Bigard, los trompetistas Rex Stewart y Cootie Williams (quien fue reemplazado por Ray Nance en 1940) y los trombones de Joe Nanton, Juan Tizol y Lawrence Brown. Sonny Greer en batería y el pianista, como Ellington solía referirse a si mismo, completaban la banda. Vale hacer notar que estos músicos no solo eran grandes maestros en sus instrumentos, sino que también fueron importantes contribuidores a la historia del jazz. Sin embargo, todos ellos, sea Webster o Hodges o Cootie Williams, tocaron mucho mejor en la banda de Ellington que en otras situaciones. Existía una especie de inspiración mutua entre Ellington y sus músicos.
El fin de la década también coincidió con la aparición de Billy Strayhorn, un brillante y joven arreglador que se unió a la banda en 1939. Strays, como lo llamaba Duke, se convirtió en el colaborador principal de Ellington. Billy Strayhorn era capaz de complacer a Ellington en cualquier tarea musical que este le encomendaba y tenía el talento de reflejar su estilo y manera de componer, pero al mismo tiempo manteniendo sus propios conceptos innovadores, los que se adaptaban a las necesidades de Ellington. La carrera de Strayhorn fue la de trabajar para Ellington, sin interrupción durante el resto de su vida. Algunas de las más sobresalientes composiciones que naturalmente se asocian con Ellington son de Strayhorn como “Lush Life”, “Chelsea Bridge”, “Passion Flower” y “Blood Count”, aunque Ellington no siempre lo registró como autor.
En los años 40 Duke inició una serie de conciertos anuales en el Carnegie Hall. El primero, celebrado en enero de 1943, fue una ocasión auspiciosa no solo para Ellington sino también para el jazz. Fue un concierto hecho bajo condiciones que solo se pudieron reproducir muchos años después. En esa época, un concierto de jazz en una sala donde normalmente solo se presentaba música docta era una novedad. Benny Goodman había sido el único en el Carnegie Hall, pero habían transcurrido cinco años antes de que se escuchara nuevamente jazz en esa sala. Ellington aprovechó la ocasión para estrenar su primera obra de larga duración, “Black, Brown and Beige”. Duke la describe como un pieza que refleja la historia paralela de los afro-americanos. En su forma original, “Black, Brown and Beige” duraba cerca de una hora. Fue su obra más ambiciosa, espectacular y exitosa hasta ese momento, lo cual le permitió dedicarse de lleno a ese tipo de composiciones por el resto de su carrera.
Lamentablemente, si le pedimos a cualquier aficionado a la música de Ellington que mencione algunas de sus más importantes composiciones, sin duda incluiría la siguiente letanía: ‘Sophisticated Lady’, ‘In a Sentimental Mood’, Don’t Get Around Much Anymore’, ‘It Don’t Mean a Thing If It Ain’t Got That Swing’. Cada una merece un lugar privilegiado en los estándares de la música popular moderna de los Estados Unidos. Sin embargo, ninguna se aproxima al nivel artístico de sus composiciones como ‘Such Sweet Thunder’, Deep South Suite’ o ‘New Orleans Suite’. Estas obras épicas, y otras similares, fueron muy importantes para Ellington, quien pasó gran parte de su carrera tratando de extender el jazz más allá de la composición de tres minutos con improvisaciones simples, hacia un ámbito de composiciones más serias y de mayor peso.
Newport 1956
Por varios motivos la popularidad de Ellington se desvaneció a fines de los cuarenta. La pérdida de músicos clave, la huelga de grabación que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, el boicot por parte de las cadenas radiales y el cambio del gusto musical del público, tuvieron un efecto negativo en Ia banda de Ellington. En 1951 partieron Johnny Hodges, Sonny Greer y Lawrence Brown, señalando la etapa de menos éxito de la carrera de Duke. Su hijo Mercer relata que en varias ocasiones durante esa etapa la banda actuó con un público de menos de treinta personas. Ellington conseguía mantener su banda a sueldo solo con los derechos de autor que recibía de sus composiciones. A pesar de su falta de popularidad y éxito comercial, las grabaciones de esa época revelan una banda llena de vitalidad, que explora nuevas ideas y al mismo tiempo recicla las antiguas en forma sorprendente.
El Festival de Jazz de Newport de 1956 señaló la vuelta de Ellington y nuevamente se convirtió en una respetable personalidad del jazz. Su tercera y última etapa se inicia con el retorno triunfante de Johnny Hodges y el solo de 26 coros del saxofonista Paul Gonsalves en la composición ‘Diminuendo and Crescendo in Blue’, que enloqueció al público en Newport. El sello Columbia editó poco después la grabación hecha en ese festival, la cual rápidamente se convirtió en gran éxito comercial. De hecho, es el disco que más se ha vendido de los cientos que grabó Duke Ellington con sus bandas.
Si bien esta etapa, que duró hasta los años 60, no llegó a los niveles artísticos alcanzados por Ellington en las anteriores, está marcada por su gran productividad. La muerte de Strayhorn en 1967 tuvo un efecto devastador en Duke. Varios proyectos estaban a medio camino, y el no tener a Strayhorn a su lado obligó a Ellington a trabajar el doble de lo que estaba acostumbrado. De algún modo la muerte de Strayhorn estimuló su creatividad, y durante este período Duke se concentró en escribir sus suites, obras de larga duración. Poco a poco Ellington se tornaba más y más hacia la introspección y concentraba sus esfuerzos en la música sacra, la que culmina con sus tres “Sacred Concerts” (1968). Al respecto, Ellington comenta: “He tocado en night clubs, en las más famosas salas de conciertos del mundo y con las mejores orquestas sinfónicas, pero siempre lo hice para ganarme la vida. Pero cuando toco música sacra, lo hago para mí, es algo personal, no es para mi carrera. Es lo más importante de mi vida”.
La repentina muerte de Johnny Hodges en 1970 marca el principio del declive de la banda y de Ellington. Continuó grabando y haciendo giras, produciendo buena música, pero en esas grabaciones la banda ya no brilla y ocasionalmente el cansancio de Ellington es notorio. Sin embargo, aún hacia el final, hay momentos en que el sonido es espectacular y tan impresionante como el de épocas anteriores.
Las obras más largas
La contribución de Ellington al arte y a la cultura musical del mundo es enorme, especialmente si además de sus miles de composiciones se le suman sus varias óperas, un par de ballets, y más de diez shows musicales. Su estilo fue único. Es imposible categorizarlo, ya que nunca se adhirió a un tipo especifico de música. Ellington creó un tipo de jazz que era propiamente suyo. Su banda no solo tenía un repertorio que era tan rico como diverso, sino que mantuvo su energía creativa al más alto nivel durante más de cinco décadas. La influencia de Ellington es evidente en otras bandas y músicos prácticamente desde los años treinta, desde las bandas de la era del swing hasta los compositores del avant-garde. Como pianista, su estilo influenció a músicos del calibre de Thelonious Monk y Cecil Taylor.
Hoy, cuando el mundo de la música se prepara para celebrar el centenario del nacimiento de Ellington, el 29 de abril, la inmensa obra de este genio yace casi intocada. El público, y muchos músicos, adoran sus piezas más cortas, pero tienen escasa noción de la existencia de sus trabajos más imponentes. La King Brand Co. de Nueva York, la más importante editora de la música de Ellington, comenta que solo se vende una copia al año de sus obras más largas. Agrega que en su total no han vendido más de 100 copias de ninguna de las piezas de más duración.
Las razones de esta anomalía son tan numerosas como frustrantes. Ni Ellington ni su personal se tomaban la molestia de preservar las partituras, principalmente porque los músicos conocían la música de memoria y porque al prolífico compositor le importaba más escribir nuevas piezas que documentar las anteriores. Es por esto que el repertorio de la banda estaba mal documentado. Aún hoy, partituras pobremente preservadas y casi sin editar se almacenan en las bodegas del Smithsonian Institute en Washington, D.C. Para recuperar una pieza como la ‘New Orleans Suite’ o la ‘Toot Suite’, sería necesario transcribirla usando como fuente una grabación. Esto implica transportar nota por nota de la grabación a la partitura, una tarea sumamente lenta que requiere el trabajo de un músico con gran habilidad para transcribir. David Berger, co-propietario de King Brand Co., lo ha hecho con más de una docenas de composiciones.
De cualquier modo, durante la vida de Ellington, y aún hoy, los músicos han evitado tocar estas piezas. Principalmente, según Berger, porque la música es demasiado compleja y los músicos no tienen el talento necesario que ella requiere. De acuerdo con William Russo, cuya Chicago Jazz Ensemble se dedica a tocar las composiciones de más envergadura de Ellington, lo mismo sucede con los críticos, quienes no entienden esta música tan sofisticada.
Pero, mientras Russo y su Chicago Jazz Ensemble y Wynton Marsalis con la Lincoln Center Jazz Orchestra se mantengan trabajando, y mientras intelectuales como Gunther Schuller, David Baker y Berger sigan dirigiendo bandas de jazz por el mundo, la música de Ellington se escuchará, aunque solo sea esporádicamente. “La musica de Count Basie es más fácil de entender, la de Glenn Miller es más popular, pero finalmente la música de Ellington es la que perdurará”, sostiene Berger.
Roberto Barahona es director de jazz de la Radio Beethoven (96.5 FM). Su programa “Puro Jazz” se transmite los domingos a las 23 hrs. [Desde el 2010 de lunes a viernes a las 21:00].
CHET BAKER QUINTET “FIVE FROM ‘65: THE QUINTET SUMMER SESSIONS”
- Englewood Cliffs, N.J., August 23, 25 & 29, 1965
Go-go, Grade “A” gravy, So easy
Chet Baker (flhrn) George Coleman (ts) Kirk Lightsey (p) Herman Wright (b) Roy Brooks (d)
“Five From ‘65: The Quintet Summer Sessions” de Chet Baker es una caja de cinco álbumes que grabó en en el Van Geder Studio durante una semana en agosto de 1965. La caja fue reeditada en vinilo por New Land Records en septiembre de 2025. Los álbumes originales, lanzados individualmente por Prestige Records en 1965, documentan un período de transición para Baker. Muestra su regreso a los Estados Unidos después de un tiempo en Europa y presenta un sonido más crudo y duro, que contrasta con su anterior estilo de jazz genial.
El nuevo lanzamiento de vinilo audiófilo fue remasterizado y cortado directamente de las cintas mono analógicas originales por Kevin Gray. La caja de cinco álbumes originales, todos grabados con la misma excepcional banda formada por músicos que energizaron la actuación de Baker con un vigoroso sonido hard-bop en fliscorno y voz: Saxofón tenor: George Coleman Piano: Kirk Lightsey Bajo: Herman Wright Batería: Roy Brooks
TODD MARCUS “ON THESE STREETS”
- Baltimore, 2018
On The Corner, Pennsylvania Avenue Hustle, Covered In Snow
Todd Marcus (cl-b) Warren Wolf (vib & drums) Paul Bollenback (g) George Colligan (p) Kris Funn (b) Eric Kennedy (dr).
Todd Marcus, uno de los pocos músicos dedicados exclusivamente al clarinete bajo, ha forjado una voz singular que combina el jazz moderno con un profundo respeto por la tradición.
Sus composiciones, escritas para formaciones que van de dúos a conjuntos de diez músicos, suelen incorporar sonoridades de Oriente Medio inspiradas en su herencia egipcio-estadounidense. Pero el arte de Marcus trasciende la música: desde hace más de dos décadas vive y trabaja en Baltimore, donde ha contribuido a revitalizar un antiguo barrio deteriorado, transformándolo en un núcleo de esperanza y comunidad.
Ese compromiso social se refleja en *On These Streets*, un álbum que, a través de nueve temas, canaliza las luchas y aspiraciones de los habitantes de su vecindario. En esta obra lo acompañan el vibrafonista Warren Wolf, el guitarrista Paul Bollenbeck, el pianista George Colligan, el bajista Kris Funn y el baterista Eric Kennedy.
WALTER BLANDING QUINTET “THE OLIVE TREE”
- Brooklyn, NY, December 6, 1999
Never too late, Worry later, The olive tree
Ryan Kisor (tp) Walter Blanding (ts) Farid Barron (p) Rodney Whitaker (b) Rodney Green (d)
En 1999, Walter Blanding, un joven saxo tenor, hizo su debut en un disco con una espléndida presentación de quinteto de estándares, piezas de jazz de Fatas Waller, Thelonious Monk y Wayne Shorter, y varias de sus composiciones originales. Se le unen sus colegas de la Orquesta de Jazz Lincoln Center de Wynton Marsalis, el pianista Farid Barron, el bajista Rodney Whitaker y el trompetista Ryan Kisor. En la batería, Rodney Green.
WALTER DAVIS, JR. “DAVIS CUP”
- Englewood Cliffs, N.J., August 2, 1959
S make it, Loodlelot, Minor mind
Donald Byrd (tp) Jackie McLean (as) Walter Davis, Jr. (p) Sam Jones (b) Art Taylor (d)
Walter Davis Jr. (1932–1990) fue un pianista y compositor estadounidense ligado al lenguaje del hard bop. Originario de Richmond, Virginia, creció en Newark, Nueva Jersey, donde comenzó a destacar en la escena local. A mediados de los años cincuenta se unió a Art Blakey and the Jazz Messengers, grupo con el que consolidó su reputación como un pianista de gran fuerza rítmica y sensibilidad del blues. Davis también colaboró con figuras como Charlie Parker, Jackie McLean, Donald Byrd y Sonny Rollins.
Su estilo combinaba la intensidad del bebop con una profundidad armónica muy personal, reflejo de su admiración por Bud Powell y Thelonious Monk. Aunque grabó relativamente poco como líder —destacan “Davis Cup” (Blue Note, 1960) e “In Walked Thelonious” (1983)—, su influencia fue notable entre sus colegas. Fue además un talentoso compositor y maestro que legó piezas memorables dentro del repertorio del jazz moderno.
Volvió a los Jazz Messengers en 1975 antes de liderar su propio grupo en Nueva York. “Davis Cup”, grabado en 1959 y publicado por Blue Note en 1960, es el único álbum como líder de Walter Davis Jr. en esa época. Acompañado por Donald Byrd en trompeta, Jackie McLean en saxo alto, Sam Jones en contrabajo y Art Taylor en batería, el disco captura el espíritu vibrante del hard bop en su mejor momento. Todas las composiciones son de Davis, quien demuestra una voz compositiva sólida, llena de energía y lirismo. Temas como “Millie’s Delight” y “Sweetness” destacan por su estructura elegante y su empuje rítmico. “Davis Cup” es un testimonio claro del talento subestimado de su autor.
ALBERT “TOOTIE” HEATH “TOOTIE’S TEMPO”
- Rhinebeck, NY, December, 2012
The Charleston, Charade, Stompin’ at the Savoy
Ethan Iverson (p) Ben Street (b) Albert “Tootie” Heath (d)
Albert “Tootie” Heath (1935–2024), baterista y el menor de los legendarios hermanos Heath —junto a Percy y Jimmy—, con quienes formó el célebre grupo Heath Brothers. Nacido en Filadelfia, se destacó desde joven por su swing natural, su elegancia al acompañar y su versatilidad. A lo largo de su extensa carrera tocó con figuras como John Coltrane, Thelonious Monk, Nina Simone, J.J. Johnson y Herbie Hancock. Su estilo combinaba precisión rítmica con una sensibilidad profunda hacia la melodía. Además de ser un músico solicitado, Tootie fue un educador y guardián del legado del jazz moderno hasta sus últimos días.
Las oportunidades para que los músicos de jazz toquen junto a las leyendas del género son cada vez más escasas. Aprender de esos grandes maestros fue esencial para el desarrollo del jazz y su evolución. “Tootie” Heath no solo fue un puente hacia la era dorada del jazz, sino también una figura clave en la evolución de la batería durante uno de los períodos más creativos del género.
Junto al pianista Ethan Iverson y el contrabajista Ben Street, Heath formó un trío que duró más de cinco años. Tootie’s Tempo, es un disco que refleja la interacción del grupo dentro del lenguaje que Heath dominó: el bebop. Miembro de la célebre familia Heath —junto a sus hermanos Percy y Jimmy—, Tootie fue un músico solicitado por su capacidad para moverse entre el bebop y hardbop a las propuestas más vanguardistas.
FRANK ROSOLINO “FREE FOR ALL”
- Hollywood, CA, December 22, 1958
Twilight, Chrisdee, Star dust, Free for all, There is no greater love
Frank Rosolino (tb) Harold Land (ts) Victor Feldman (p) Leroy Vinnegar (b) Stan Levey (d)
Frank Rosolino (1926–1978) fue un virtuoso trombonista, admirado por su asombrosa técnica, tono brillante y capacidad de improvisación. Nacido en Detroit, comenzó su carrera profesional en las big bands de Bob Chester y Gene Krupa antes de integrarse a la orquesta de Stan Kenton, donde ganó reconocimiento internacional. Su estilo ágil y expresivo lo convirtió en uno de los grandes solistas del trombón moderno, junto a J.J. Johnson y Carl Fontana. Radicado en Los Ángeles desde los años cincuenta, colaboró con luminarias como Shelly Manne, Howard Rumsey y Supersax. Rosolino también fue un destacado músico de sesión y un improvisador de gran lirismo y humor.
En 1959 grabó Free For All, uno de los pocos discos que lideró. Acompañado por músicos de la Costa Oeste, Harold Land, Victor Feldman, Leroy Vinnegar y Stan Levey, el disco captura a Rosolino en un momento clave, transitando del trabajo en grandes orquestas a un formato más íntimo, dejando un testimonio vibrante del talento de un músico que merecía mucho más reconocimiento.
RONNIE CUBER “FOUR”
- New York ?, February, 2018
Battery blues, Sidewinder, Motivation
Ronnie Cuber (bar) Brian Charrette (org) Ed Cherry (g) Adam Nussbaum (d)
Ronnie Cuber (1941–2022) fue uno de los grandes maestros del saxofón barítono en el jazz moderno, un músico de potencia desbordante y groove inconfundible. Su sonido, áspero y flexible, podía moverse con igual soltura entre el bebop, el soul-jazz, el latin jazz y el funk. Nacido en Nueva York, Cuber comenzó su carrera tocando con Marshall Brown y pronto se integró a las bandas de Maynard Ferguson y George Benson, además de participar en grabaciones históricas con Eddie Palmieri y la Afro-Caribbean Jazz Octet. A lo largo de su carrera, también dejó huella como sesionista en el jazz fusion y el pop, colaborando con figuras como Steely Dan, Paul Simon y Frank Zappa. En sus propios discos, Cuber demostró un estilo incisivo y elegante, siempre al servicio del ritmo y la energía colectiva. Su legado reafirma al barítono como un instrumento de fuerza expresiva y sorprendente versatilidad.
Aunque su estilo recordaba a figuras como Pepper Adams o Nick Brignola, también dejó huella en la música latina y en innumerables grabaciones de pop como solicitado músico de sesión. Nació en Nueva York en 1941 y a los 21 años ya formaba parte de las agrupaciones de Slide Hampton. Durante los años sesenta trabajó con nombres de peso como Maynard Ferguson, George Benson, Lionel Hampton, Woody Herman, Lonnie Smith y Eddie Palmieri.
Su disco Four, registrado en diciembre de 2019, lo muestra al frente de un cuarteto de lujo integrado por Ed Cherry en guitarra, Brian Charette en el órgano Hammond B3 y Adam Nussbaum en batería. Un trabajo que refleja toda la solidez y experiencia de este versátil músico.
MCCOY TYNER “PLAYS DUKE ELLINGTON”
- Englewood Cliffs, NJ, December 7, 1964
Duke’s place (1), Solitude, Searchin’ (1), Mr. Gentle and Mr. Cool
McCoy Tyner (p) Jimmy Garrison (b) Elvin Jones (d) Johnny Pacheco, Willie Rodriguez (perc-1)
McCoy Tyner (1938–2020) fue un pianista extraordinario cuyo sonido definió una era del jazz moderno. Miembro esencial del cuarteto clásico de John Coltrane, Tyner aportó una fuerza rítmica y una profundidad armónica que transformaron el lenguaje del piano jazz. Su toque combinaba acordes abiertos, escalas modales y una espiritualidad que parecía trascender lo técnico. Nacido en Filadelfia, fue influido por Bud Powell, pero rápidamente forjó un estilo propio, inconfundible. Tras su paso por el grupo de Coltrane, desarrolló una carrera solista ejemplar. Tyner fue un explorador incesante: cada acorde suyo parecía empujar hacia lo desconocido.
Su estilo, basado en el blues, con acordes sofisticados y una mano izquierda explosiva y percusiva, llegó mucho más allá de lo convencional y se convirtió en uno de los pianistas más reconocibles de la música improvisada. Sus aportes armónicos y su poderosa manera de trabajar el ritmo forman parte del vocabulario de la mayoría de los pianistas de jazz. Nacido en 1938 en Filadelfia, creció dentro de la escena de jazz y R&B de los años cincuenta.
Un proyecto especialmente atractivo es McCoy Tyner Plays Ellington’s Music, donde, acompañado por Jimmy Garrison en contrabajo, Elvin Jones en batería y dos percusionistas caribeños, ofrece un repertorio de piezas de Duke Ellington. Un disco brillante que muestra tanto su vínculo con la tradición como la fuerza de su estilo original.
RALPH PETERSON “THE ART OF WAR”
- Brooklyn, NY, January 16, 2001
Inner sanctum, Freight train, Smoke rings
Jeremy Pelt (tp,flhrn) Jimmy Greene (ts,sop) Orrin Evans (p) Eric Revis (b) Ralph Peterson (d)
Ralph Peterson Jr. (1962–2021) fue uno de los bateristas más intensos y comprometidos del jazz contemporáneo. Nacido en Nueva Jersey, se formó bajo la tutela de Art Blakey y más tarde se convirtió en uno de sus herederos más directos. Dueño de una energía explosiva y un pulso infalible, combinó la tradición del hard bop con una búsqueda constante de renovación. A lo largo de su carrera grabó más de veinte discos como líder, además de acompañar a figuras como Terence Blanchard, Branford Marsalis, Betty Carter o Roy Hargrove. Maestro respetado en Berklee College of Music, Peterson fue también un ejemplo de resiliencia: luchó durante años contra el cáncer sin abandonar los escenarios ni el estudio.
En The Art of War del 2001, su debut para el sello Criss Cross, Peterson retoma el formato de dos vientos y sección rítmica con el que inició su carrera discográfica en 1988. Su propuesta mezcla la energía arrolladora de Art Blakey con un enfoque moderno cercano al espíritu de Miles Davis.
Para esta grabación se rodeó de un grupo de esa época jóvenes talentos: Jeremy Pelt en trompeta, Jimmy Greene en saxos tenor y soprano, Orrin Evans en piano y Eric Revis en contrabajo. Todos le dan forma a un sonido intenso y lleno de matices. El resultado es uno de los discos más vibrantes y con mayor swing de Peterson en años, una muestra de vigor creativo y de su firme lugar dentro del jazz contemporáneo.
KENDRICK SCOTT’S ORACLE “CORRIDORS”
Rhinebeck, NY, January 22 & 23, 2022
What Day Is It?, Corridors, Your Destiny Awaits
Walter Smith, III (ts) Reuben Rogers (b) Kendrick Scott (d,vcl)
El baterista y compositor Kendrick Scott presenta con Corridors su tercer álbum para Blue Note Records y, al mismo tiempo, su primer trabajo en formato de trío junto al saxofonista Walter Smith III y el contrabajista Reuben Rogers, ambos compañeros de su banda Oracle, fundada en 2006.
El proyecto nació a partir de un encargo de Rio Sakairi para la Artist Fellowship Series 2020 de The Jazz Gallery y fue concebido durante el confinamiento. En ese contexto, Scott comenzó el proceso de escritura con una pregunta aparentemente simple: ¿qué está haciendo la gente dentro de sus casas? De esa reflexión surgió la idea de los “pasillos” o corridors, como metáfora del aislamiento y también inspirada en el largo corredor de su departamento en Nueva York.
A diferencia del sonido envolvente y lleno de capas armónicas que caracterizaba a Oracle, donde el piano y la guitarra eran fundamentales, Corridors representa una vuelta a lo esencial, un espacio más desnudo y directo. Scott, que ha acompañado a figuras como Charles Lloyd y Terence Blanchard, demuestra plena soltura en este formato, aportando profundidad rítmica y riqueza de texturas en su batería.
El tema que abre el disco, “Whose Day is It?”, combina un aire de canto folclórico africano con un torbellino rítmico de bajo y batería. Smith III desarrolla su solo con claridad y naturalidad, sin buscar protagonismo.
RAMSEY LEWIS TRIO “SONGS FROM THE HEART RAMSEY PLAYS RAMSEY”
c. 2009
To know her is to love her, Clouds in reverie, The Glow of her charm
Ramsey Lewis (p) Larry Gray (b) Leon Joyce (d)
Nacido en Chicago en 1935, Lewis creció en un entorno musical alentado por su padre, director del coro de su iglesia. En su juventud formó el Ramsey Lewis Trio junto a Isaac “Redd” Holt y Eldee Young, alcanzando gran popularidad en los años sesenta con varios éxitos que superaron el millón de copias vendidas. A lo largo de su carrera, refinó el formato clásico de trío de piano, bajo y batería, desarrollando un estilo elegante y distintivo, influido también por otro gran pianista de Chicago: Ahmad Jamal.
La discográfica Concord Jazz presenta Songs From the Heart: Ramsey Plays Ramsey, el debut del icónico pianista y líder de banda Ramsey Lewis para el sello. A sus 74 años, Lewis seguía plenamente activo y con un renovado impulso creativo, plasmado en esta colección refinada de composiciones originales escritas durante un período de dos años.
El álbum incluye música de dos proyectos encargados por el Festival Ravinia, en Highland Park, Illinois: ocho piezas provienen del ballet To Know Her (2007), creado para la Joffrey Ballet Company, y cuatro de la suite Muses and Amusements (2008), interpretada junto al Turtle Island Quartet.
Songs From the Heart es además la primera grabación del trío de Lewis en cinco años, con el bajista Larry Gray y el baterista Leon Joyce, e incluye también cuatro piezas en formato de piano solo. Para el pianista, este disco marca un punto de inflexión: el hallazgo de una nueva voz como compositor.
RON HORTON “A PRAYER FOR ANDREW”
Brooklyn, NY, June 2 & July 15, 2016
Venture inward, Dusk (1), Hill country
Ron Horton (tp,flhrn,comp) Marty Ehrlich (as1,bcl1) John O’Gallagher (as) replaces Ehrlich, Marc Mommaas (ts) Frank Kimbrough (p) Dean Johnson (b) Tim Horner (d) Andrew Hill (comp)
Hay algo decidido, casi obstinado, en la música de Andrew Hill. Cada nota parece una declaración. Su obra no es áspera ni improvisada: es indeleble, profundamente pensada.
En A Prayer for Andrew —el primer lanzamiento doble de Newvelle Records— el trompetista y fliscornista Ron Horton rinde homenaje al legendario pianista, mentor y amigo, con un sexteto de primera línea formado por músicos cercanos a Hill: el recordado Frank Kimbrough en piano, Marty Ehrlich y John O’Gallagher en saxos altos, Marc Mommaas en tenor, Dean Johnson en contrabajo y Tim Horner en batería.
El álbum combina poderosas interpretaciones de composiciones de Hill con obras originales de Horton inspiradas en su legado. Este proyecto revela un ángulo distinto de la música del pianista, equilibrando la historia con una mirada contemporánea.
Horton, conocido por su trabajo en el Herbie Nichols Project y por una sólida trayectoria como líder, demuestra aquí su sensibilidad y profundidad artística. Sus solos, siempre expresivos y precisos, confirman que este tributo no solo honra a Andrew Hill, sino que también prolonga su espí
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