Recayente

Recayente

By Pista GalgodromoArts
Download on the App Store

Recayente episodes

  • La Cabaña
    Cada tanto Jorge odiaba el castellano, esa lengua impuesta por sus padres, a quienes también les fue impuesta, y así durante tantas generaciones, que ya se había olvidado lo correcto. Lo único que Jorge encontraba apacible era escuchar el canto de los árboles, después de eso el silencio llegaba y Jorge dormía cómodo en él
    Jorge prefería el lenguaje que había inventado con Maria, en el que se comunicaban con mínimos movimientos, variaciones en las comisuras de sus labios, y gemidos en cabalgata desbocada que terminaban con las flores del jardín húmedas por la mañana.
    9 min
  • El Cementerio
    Movió una roca, luego otra, una más después.
    Sebastian se recargó en la lápida, descansando del dolor que le provocó dormir.
    Sentado, se mantuvo respirando el aire de los muertos, luego el polvo, después el olor a hierva mojada, a pasto recién cortado, a viento salido entre árboles y piñones.
    Vio sus manos llenas de grietas, en cada grieta había un campo de espigas doradas en las que se adivinaban pisadas marcadas por los hombres del cultivo, dueños de manos recias, endurecidas por el uso de la hoz, y en las manos de esos hombres había otras grietas, con campos de espigas doradas.
    8 min
  • El Edificio
    Soledad miró el edificio que se levantaba enfrente de ella; apenas lo estaban construyendo.
    Veintidós pisos de concreto gris, terroso y lúgubre. Grandes cintas anaranjadas impedían que los cuerpos de los trabajadores cayeran uno a uno, el aire cruzaba libre de un lado a otro.
    Meses más tarde el edificio habría de ser terminado.
    6 min
  • Miedo
    Estaba encerrado en el armario, dejándose cobijar por el frío y tapado hasta el cuello por las sombras; todos estaban ahí: los recuerdos.
    Afuera llovía, porque cuando suceden las cosas importantes, siempre está lloviendo.
    Cansado de todos los meses, de los eslabones de tela y algodón, de los días sin fin y los árboles desnudos, de los hurtos y los sábados con mañanas de doce o catorce horas, de recordar el tiempo pasado y las reuniones en las que el fútbol valía la pena, como después ya no fue.
    5 min
  • 20 El bar del escape
    Era una época extraña, por la noche hacía frío, y algunas veces llovía, otras no.
    Salía del trabajo, caminaba por esas calles que descansaban del paso de los automóviles, y de tanta gente enojada sin culpar a nadie.
    Esa noche pude haber ido a casa, ponerle whisky al agua mineral,
    escuchar música, y esperar a que la madrugada degollara las pocas horas de sueño que restaban; pero decidí seguir de largo hasta el bar.
    7 min
  • 19 El mundo de Beatriz
    Max tenía la vida partida, fue así desde que supo lo de Beatriz y no estuvo en el momento en que ella cayó al suelo, de la nada, un viernes de marzo en el pasillo de la escuela, los libros cayeron con ella, pero fueron los únicos que pudieron levantar. Max nunca se perdonaría eso; desde entonces caminaba lento y veía a la gente como si lo sentenciaran con la mirada, los pasos, o el mismo silencio.
    El silenció siempre acompaña a los hombres con pena.
    8 min
  • 18 Noticias del hospital
    El Hospital estaba lleno, la gente entraba y salía, algunos llorando como lloviznas, otros solos en el desierto.
    Los doctores evitaban hacer contacto visual para poder recorrer los pasillos sin ser interrumpidos o encontrar resentimientos y atenciones.
    Se acercaba una ambulancia, pero unas cuadras cuadras antes de llegar la sirena guardó silencio; el hombre que llevaban, un señor caucásico de cuarenta años, que había sido acuchillado en un costado, murió pidiendo hablar con su esposa, necesitaba decirle que sabía todo sobre ella y Roberto, pero que no importaba, el también se acostaba con Carmen desde hacía tiempo.
    5 min
  • 17 El temblor
    La bandera que colgaba en la ventana cayó al momento del temblor.
    En la recamara, Ruben, Penelope y Alondra estaban desnudos; despertaron una encima de otra y ambas ancladas en la espalda de Ruben.
    Una de las paredes recibió el peso del edificio, Penelope pudo ver cómo nacía una grieta y cómo avanzaba, recorriendo todo el muro, dejándole una cesárea marcada en el yeso.
    8 min
  • 16 Los deseos de la piedra
    Aventó una piedra al río, la piedra saltó tres veces antes de hundirse y formar parte del suelo del arroyo, Penélope pidió tres deseos.
    El primero: Ir a los casilleros del almacén, como se lo indicaba el mensaje y encontrar la carta en la que supiera que ya todo estaba bien.
    El segundo: Entrar en la tienda del tío Alberto, robar una navaja, una linterna y un puñado de billetes; se lo merecía el bastardo ese.
    Y tercero: Que Alondra también se hubiera animado a escapar. Eso lo sabría si la encontraba en el almacén, donde estaban los casilleros.
    6 min
  • 15 Nono
    Nono estaba sentado en la última roca que se encontraba antes del comienzo del mar; después estaba el desierto.
    Nono miraba las lineas del mar como si fuera la primera vez. Escuchaba el ruido del oleaje, sentía el agua que salpicaba al reventar de las olas, y se emocionaba cuando a sus pies pasaban algunos peces.
    7 min

About Recayente

From the publisher's feed

En la decadencia de este personaje se encuentra su virtud.