Recayente

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By Pista GalgodromoArts
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Recayente episodes

  • 41 Isabel 1
    Una amiga me presentó a Isabel
    que era bonita como muñeca
    y su sonrisa era blanca
    y sus ojos eran tan inocentes
    que daba miedo entrar.
    Nos quedamos de ver en una cafetería
    que era lo más cercano a su casa
    en los días de diciembre.
    Ella no había puesto árbol de navidad,
    así que tomé una hoja de papel
    y dibujé uno para ella.
    –Toma, le dije, –Ahora tienes un árbol para tu casa.
    6 min
  • 40 Morir varias veces
    Estaba en la carretera,
    un día,
    como tantos,
    iba con una chica en el automóvil,
    en la carretea,
    regresando o yendo, no recuerdo si era antes o después de acostarme para descansar de una relación fallida, no lo recuerdo, el departamento era pequeño, y las persianas eran verdes y las luces del farol se colaban en forma de líneas sobre la cama.
    5 min
  • 39 La ida de Vanessa
    Al poco tiempo se fue Vanessa,
    con su hija,
    sus muebles,
    su aroma amargo
    y se fue el último momento de mi infancia
    con la mujer que necesitaba amar.
    Así que no tenía mucho de nuevo,
    estaban las botellas de vino tinto que mezclaba con refresco de cola,
    y la música que me acompañaba.
    6 min
  • 38 La llegada de Vanessa
    Una noche me llamó Vanessa.
    Vanessa era una linda chica que había conocido en la secundaria
    y era la chica mas bella de esa escuela,
    o quizá la segunda,
    la otra era Julieta
    y tenía pecas en el pecho
    y en la espalda
    y era pelirroja,
    así que las paredes del salón estaban continuamente encendidas
    y los adolescentes comenzábamos a sentir el ardor entre las piernas por aquellas dos mujeres.
    7 min
  • 37 Marcelinda y el huracán
    Habían anunciado que el huracán entraría en la tarde del miércoles, así que todas las ventanas estaban tapeadas. Años antes la mitad de las casas habían sido arrasadas y casi todo se había perdido. Incluso, 9 meses después del paso del huracán aquel, nacieron varios niños… supongo que no perdieron el tiempo en aquel encierro de pánico y amor.
    En fin, estábamos esperando este nuevo huracán, había ido a comprar provisiones, las tiendas de autoservicio estaban vacías, o saqueras, que no hay mucha diferencia.
    10 min
  • 36 María a toda velocidad
    Me tocó preparar el estudio de grabación para María, no recuerdo la causa ni recuerdo el año, mucho menos el mes, tampoco conocía a María, pero llegó al estudio e hicimos algunas pruebas de locución. Era fantástica. Se le escapaba la vida en risas; la clase de chica que tiene prisa por hacer todo, además, era muy bonita. El cabello castaño andaba aquí y allá, en su espalda o en su frente y tenía la plática desbocada; era una chica simpática.
    Pensé que se iba a quedar con el trabajo, encajaba bien con todos los que estábamos en ese momento en la estación. A mi me había gustado, quizá por viva o por diferente.
    7 min
  • 35 Reflexión
    La tormenta seguía por la madrugada,
    y seguía al amanecer;
    había comenzado por la noche 
    y aún se escuchó un relámpago a las 7 de la mañana.
    Me encontraba con Rosario en la cama.
    Ella era una buena mujer. De lo mejor sobre la tierra. 
    Yo esgrimía poemas, a veces a máquina, a veces en computadora o a mano; estaba en un buen momento.
    6 min
  • 47 Poker de prendas
    Julia estaba en mi casa, había hablado con ella por teléfono
    –oye, –le dije–, deberíamos jugar póquer de prendas.
    Creí que no aceptaría. Aceptó.
    Pasé por ella a las 2 de la tarde, no habíamos comido, pero había una cantina surtida en mi casa. El departamento tenía una alfombra verde y el reproductor de música emita una pequeña luz azul.
    Comenzamos a jugar, cada tanto una prenda iba fuera. Los ases estaban de mi lado.
    Julia traía una pequeña ropa, sexy, con encaje negro sobre seda gris.
    6 min
  • 34 Ana
    La noche estaba empezando,
    como las anteriores, había más calor que compañía;
    de este lado aún tenía whisky.
    A veces la noche sólo es eterna para mi.
    Entonces Ana tocó a la puerta,
    abrí,
    la amé un poco antes de permitirle pasar,
    con la sonrisa primero,
    esa sonrisa que se podía comer con un beso largo,
    y el cuello que se dirigía hacia su escote,
    el cabello escurriendo por los hombros.
    Ana tenía el cuerpo suficiente para desconcertarme,
    o a cualquiera.
    5 min
  • 33 Aeropuerto
    Llegué al aeropuerto esperando mi futuro,
    fui directo al bar por una cerveza.
    No tenía prisa.
    Ya había esperado demasiado.
    Entre toda la gente que llegaba y se iba.
    recordé a Heidi,
    sus grandes ojos,
    su sonrisa
    y aquel asiento vacío que dejó en el avión.
    6 min

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En la decadencia de este personaje se encuentra su virtud.