Recayente

Recayente

By Pista GalgodromoArts
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Recayente episodes

  • Reflexión
    La tormenta seguía por la madrugada,
    y seguía al amanecer;
    había comenzado por la noche 
    y aún se escuchó un relámpago a las 7 de la mañana.
    Me encontraba con Rosario en la cama.
    Ella era una buena mujer. De lo mejor sobre la tierra. 
    Yo esgrimía poemas, a veces a máquina, a veces en computadora o a mano; estaba en un buen momento.
    6 min
  • Ana
    La noche estaba empezando,
    como las anteriores, había más calor que compañía;
    de este lado aún tenía whisky.
    A veces la noche sólo es eterna para mi.
    Entonces Ana tocó a la puerta,
    abrí,
    la amé un poco antes de permitirle pasar,
    con la sonrisa primero,
    esa sonrisa que se podía comer con un beso largo,
    y el cuello que se dirigía hacia su escote,
    el cabello escurriendo por los hombros.
    Ana tenía el cuerpo suficiente para desconcertarme,
    o a cualquiera.
    6 min
  • Aeropuerto
    Llegué al aeropuerto esperando mi futuro,
    fui directo al bar por una cerveza.
    No tenía prisa.
    Ya había esperado demasiado.
    Entre toda la gente que llegaba y se iba.
    recordé a Heidi,
    sus grandes ojos,
    su sonrisa
    y aquel asiento vacío que dejó en el avión.
    6 min
  • Heridas, Alcohol y Abandono
    Había llegado a la ciudad, pero no encontraba mucho por hacer,
    el aire
    la violencia citadina
    los ruidos,
    los golpes en la noche a las mujeres en la casa de al lado
    los robos
    y bastantes cosas que estaban a mi alrededor;
    que siempre habían estado
    pero hasta ese momento parecían importarme.
    Yo no tenía nada.
    4 min
  • Las Islas del Mediterraneo
    He regresado al whisky
    mientras algunas tormentas de recuerdos
    me visitan en la madrugada.
    Tengo el número de un teléfono que no volveré a marcar.
    y hay una piel que no recorreré de nuevo, aunque, en realidad, nunca fui bien recibido.
    Aquello, más que un acuerdo, fue una invasión y un sentimiento que sólo yo aporté, aprovechando la confusión de la música y el alcohol,
    y los planes que nunca se realizaron.
    Ahora el mundo se está rompiendo.
    5 min
  • 46 No hay mujer decente
    No hay mujer bonita decente, no la hay, ni tampoco mujer desaliñada decente, no la hay; sencillamente no hay mujer decente; es cuestión de enfocar bien, encontrar el ángulo y ahí estará su crueldad, la naturaleza salvaje y cierta maldad.
    Y no hay caballero alguno dentro del hombre, sólo hay hipocresía y conveniencia.
    Supongo que nos merecemos unos a otros.
    5 min
  • 45 Grecia
    Estaba montado en el avión, era de noche, los motores rumiaban a medio despertar en las alas antes de elevarse con todas nuestros pensamientos, y con todo el olor a los conservadores de comida. Mariana fue a despedirme, no esperaba que fuera, pero llegó al último momento. Lo nuestro fue una buena idea que no funcionó, aún así llegó; todos tienen derecho a sentir remordimiento y despedir lo que no fue.
    Iba a Grecia, tratando de entender cómo se perdía la vida.
    9 min
  • 44 Muriel
    Muriel era delgada, de cabello negro y corto, tenía los ojos verdes.
    La conocí en una playa poco habitada, su sonrisa era pequeña y difícil de olvidar.
    Muriel caminaba desnuda, la arena pegada en su brazo y hombro mientras el mar acariciaba sus tobillos. Yo caminaba vestido, pantalón de mezclilla y playera negra, dos mundos diferentes camino a ser impactados.
    El vientre de Muriel se marcaba suavemente, el pequeño ombligo mediaba entre la locura y la sed de 34 grados centígrados.
    7 min
  • 43 El regreso del hijo del diablo
    Escribo esto después de haber estado con una mujer en la cama, una buena mujer, una especie de espíritu desbocado entre las sábanas.
    Habíamos bebido vino y la plática había estado bien, las risas se habían impregnado en las paredes, blancas, salpicadas de anécdotas.
    Una buena mujer, el cuerpo liso y abultado en fronteras, como roble invadido por nudos.
    Estábamos los dos y terminamos en la cama, ella sonreía y yo regresaba a la normalidad.
    6 min
  • 42 Isabel 2
    Isabel me siguió hasta el fin del mundo, justo donde termina la tierra y empieza el mar.
    Llegó vestida de manera sencilla, con la voz cargada de emoción; yo, por mi parte, era más hijo de puta que en cualquier otra ocasión.
    Fui por ella, la abracé y no la besé en los labios; que es lo que ella quería; aguardé el momento.
    5 min

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En la decadencia de este personaje se encuentra su virtud.