Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión jueves 6 de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 12,18-19.21-24
    Ustedes se han acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    No se han acercado a un fuego tangible y encendido, a
    densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta;
    ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron
    que no continuase hablando.
    Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: «Estoy temblando de miedo».
    Ustedes, en cambio, se han acercado al monte Sion, ciudad
    del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles,
    a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos
    en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección,
    y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 48(47),2-3ab.3cd-4.9.10-11 (R. 10)
    R. Oh, Dios, meditamos tu misericordia
    en medio de tu templo.
    V. Grande es el Señor
    y muy digno de alabanza
    en la ciudad de nuestro Dios,
    su monte santo, altura hermosa,
    alegría de toda la tierra. R.
    V. El monte Sion, confin del cielo,
    ciudad del gran rey;
    entre sus palacios,
    Dios descuella como un alcázar. R.
    V. Lo que habíamos oído lo hemos visto
    en la ciudad del Señor del universo,
    en la ciudad de nuestro Dios:
    que Dios la ha fundado para siempre. R.
    V. Oh, Dios, meditamos tu misericordia
    en medio de tu templo:
    como tu nombre, oh, Dios,
    tu alabanza llega al confín de la tierra.
    Tu diestra está llena de justicia. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Está cerca el reino de Dios; conviértanse y crean en el Evangelio. R.
    Evangelio
    Mc 6,7-13
    Los fue enviando
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los
    espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para
    el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni
    dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no
    una túnica de repuesto.
    Y decía:
    «Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayan
    de aquel sitio. Y si un lugar no los recibe ni los escucha,
    al marcharse sacudan el polvo de los pies, en testimonio
    contra ellos»,
    Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión miércoles 5 de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 12,4-7.11-15
    El Señor reprende a los que ama
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Todavía no han llegado a la sangre en su pelea contra
    el pecado, y han olvidado la exhortación paternal que les
    dieron:
    «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor,
    ni te desanimes por su reprensión;
    porque el Señor reprende a los que ama
    y castiga a sus hijos preferidos».
    Ustedes soportan la prueba para su corrección, porque Dios
    los trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus
    hijos?
    Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino
    que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a
    los ejercitados en ella.
    Por eso, fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, y caminen por una senda llana: así el pie
    cojo, no se retuerce, sino que se cura.
    Busquen la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor..
    Procuren que nadie se quede sin la gracia de Dios, y que
    ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando
    a muchos.
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 103(102),1-2. 13-14.17-18a (R. cf. 17)
    R. La misericordia del Señor dura por siempre,
    para aquellos que le temen.
    V. Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios. R.
    V. Como un padre siente ternura por sus hijos,
    siente el Señor ternura por los que le temen;
    porque él conoce nuestra masa,
    se acuerda de que somos barro. R.
    V. La misericordia del Señor
    dura desde siempre y por siempre,
    para aquellos que le temen;
    su justicia pasa de hijos a nietos:
    para los que guardan la alianza. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Mis ovejas escuchan mi voz-dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
    Evangelio
    Mc 6,1-6
    No desprecian a un profeta más que en su tierra
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían
    sus discípulos
    Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga;
    la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
    «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le
    ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos?
    ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de
    Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
    Y se escandalizaban a cuenta de él.
    Les decía:
    «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre
    sus parientes y en su casa»,
    No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.
    Y se admiraba de su falta
    de fe.
    Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión martes 4 de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 12,1-4
    Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia,
    en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos
    asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra
    fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a
    la derecha del trono de Dios..
    Recuerden al que soportó tal oposición de los pecadores, y
    no se cansen ni pierdan el ánimo.
    Todavía no han llegado a la sangre en su pelea contra el
    pecado.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 22(21),26b-27.28+30.31-32 (R. 27b)
    R. Te alabarán, Señor, los que te buscan.
    V. Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
    Los desvalidos comerán hasta saciarse,
    alabarán al Señor los que lo buscan.
    ¡Viva su corazón por siempre! R.
    V. Lo recordarán y volverán al Señor
    hasta de los confines del orbe;
    en su presencia se postrarán
    las familias de los pueblos.
    Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
    ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.
    V. Mi descendencia lo servirá;
    hablarán del Señor a la generación futura,
    contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
    «Todo lo que hizo el Señor». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. R.
    Evangelio
    Mc 5,21-43
    Contigo hablo, niña, levántate
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a
    la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor
    y se quedó junto al mar,
    Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al
    verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
    «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre
    ella, para que se cure y viva».
    Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
    Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía
    doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos
    y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez
    de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y,
    acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto,
    pensando:
    «Con solo tocarle el manto curaré».
    Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó
    que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había
    salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la
    gente y preguntaba:
    «¿Quién me ha tocado el manto?».
    Los discípulos le contestaban:
    «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me
    ha tocado?"».
    Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho
    esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido,
    se le echó a los pies y le
    confesó toda la verdad.
    Él le dice:
    «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de
    tu enfermedad».
    Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe
    de la sinagoga para decirle:
    «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
    Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la
    sinagoga
    «No temas; basta que tengas fe»,
    No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
    Llegan a casa del jefe
    de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y
    se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:
    «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está
    muerta; está dormida».
    Se reían de él. Pero él los echó a todos y, con el padre y la
    madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba
    la niña, la cogió de la mano y le dijo:
    «Talitha qumin» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
    La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía
    doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.
    Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran
    comer a la niña.
    Palabra del Señor
    8 min
  • Reflexión lunes 3 de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 11,32-40
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    ¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los
    profetas; estos, por fe, conquistaron reinos, administraron
    justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de
    leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos.
    Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el
    rescate, para obtener una resurrección mejor.
    Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a
    espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados -el
    mundo no era digno de ellos-, vagabundos por desiertos
    y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.
    Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron
    lo prometido, porque Dios tenía preparado algo mejor a
    favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la
    perfección.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 31(30),20.21.22.23.24 (R. 25)
    R. Sean valientes de corazón
    los que esperan en el Señor.
    V. Qué bondad tan grande, Señor,
    reservas para los que te temen,
    y concedes a los que a ti se acogen
    a la vista de todos. R.
    V. En el asilo de tu presencia los escondes
    de las conjuras humanas;
    los ocultas en tu tabernáculo,
    frente a las lenguas pendencieras. R.
    V. Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
    prodigios de misericordia
    en la ciudad amurallada. R.
    V. Yo decía en mi ansiedad:
    «Me has arrojado de tu vista»;
    pero tú escuchaste mi voz suplicante
    cuando yo te gritaba. R.
    V. Amen al Señor, fieles suyos;
    el Señor guarda a sus leales,
    y a los soberbios los paga con creces. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. R.
    Evangelio
    Mc 5,1-2
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la
    otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
    Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre
    los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es
    que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y
    cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos,
    y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la
    noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
    Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
    «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes»
    Porque Jesús le estaba diciendo:
    «Espíritu inmundo, sal de este hombre».
    Y le preguntó:
    «¿Cómo te llamas?».
    El respondió:
    «Me llamo Legión, porque somos muchos»,
    Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
    Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
    «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
    Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos: y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
    Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y
    en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
    Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
    Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado a
    endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
    Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el
    demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no
    se lo permitió, sino que le dijo:
    «Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha
    hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
    El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis...
    7 min
  • Reflexión Domingo 2 de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Ml 3,1-4
    Lectura de la profecía de Malaquías.
    ESTO dice el Señor Dios:
    «Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí.
    De repente llegará a su santuario el Señor a quien ustedes andan buscando;
    y el mensajero de la alianza en quien ustedes se regocijan,
    miren que está llegando, dice el Señor del universo.
    ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada?
    Pues es como fuego de fundidor, como lejía de lavandero.
    Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata,
    y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.
    Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén,
    como en tiempos pasados, como antaño».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 24(23),7.8.9.10 (R. cf. Dn 3,53a)
    R. El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, héroe valeroso,
    el Señor valeroso en la batalla. R.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, Dios del universo,
    él es el Rey de la gloria. R.
    Segunda lectura
    Hb 2,14-18
    Lectura de la carta a los Hebreos
    LO mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre,
    así también participó Jesús de nuestra carne y sangre,
    para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo,
    y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.
    Noten que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles.
    Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos,
    para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere,
    y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación,
    puede auxiliar a los que son tentados.
    Palabra de Dios.
    Evangelio
    Lc 2,22-40 (forma larga
    Lectura del santo Evangelio según san Lucas
    CUANDO se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
    Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
    Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
    «Ahora, Señor, según tu promesa,
    puedes dejar a tu siervo irse en paz.
    Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
    luz para alumbrar a las naciones
    y gloria de tu pueblo Israel».
    Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
    «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
    Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
    Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión sábado 1º de febrero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 11,1-2.8-19
    Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios
    Lectura de la carta a los Hebreos
    HERMANOS:
    La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
    Por ella son recordados los antiguos.
    Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía. Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
    Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
    Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia». Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal Lc 1,69-70.71-72. 73-75 (R. cf. 68)
    R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
    porque ha visitado a su pueblo.
    V. Suscitándonos una fuerza de salvación
    en la casa de David, su siervo,
    según lo había predicho desde antiguo
    por boca de sus santos profetas. R.
    V. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    realizando la "misericordia
    que tuvo con nuestros padres,
    recordando su santa alianza". R.
    V. Y "el juramento que juró
    a nuestro padre Abrahán".
    Para concedernos que, libres de temor,
    arrancados de la mano de los enemigos,
    le sirvamos con santidad y justicia,
    en su presencia, todos nuestros días. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
    Evangelio
    Mc 4,35-41
    ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    AQUEL día, al atardecer, dice Jesús sus discípulos:
    «Vamos a la otra orilla". Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole:
    «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?». Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión viernes 31 de enero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 10,32-39
    Soportaron múltiples combates. No renuncien, pues, a la valentía
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    Recuerden aquellos días primeros, en los que, recién
    iluminados, soportaron múltiples combates y sufrimientos:
    unos, expuestos públicamente a oprobios y malos tratos;
    otros, solidarios de los que eran tratados así. Compartieron
    el sufrimiento de los encarcelados, aceptaron con alegría
    que les confiscaran los bienes, sabiendo que tenían
    mejores y permanentes.
    No renuncien, pues, a su valentía, que tendrá una gran
    recompensa.
    Les hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios
    y alcanzar la promesa.
    «Un poquito de tiempo todavía
    y el que viene llegará sin retraso;
    mi justo vivirá por la fe,
    pero si se arredra le retiraré mi favor».
    Pero nosotros no somos gente que se arredra para su
    perdición, sino hombres de fe para salvar el alma.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 37(36),3-4.5-6. 23-24.39-40 (R. 39a)
    R. El Señor es quien salva a los justos.
    V. Confía en el Señor y haz el bien:
    habitarás tu tierra y reposarás en ella en
    sea el Señor tu delicia,
    y él te dará lo que pide tu corazón. R.
    V. Encomienda tu camino al Señor,
    confía en él, y él actuará:
    hará tu justicia como el amanecer,
    tu derecho como el mediodía. R.
    V. El Señor asegura los pasos del hombre,
    se complace en sus caminos;
    si tropieza, no caerá,
    porque el Señor lo tiene de la mano. R.
    V. El Señor es quien salva a los justos,
    él es su alcázar en el peligro;
    el Señor los protege y los libra,
    los libra de los malvados y los salva
    porque se acogen a él. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
    Evangelio
    Mc 4,26-34
    Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
    «El reino de Dios se parece a un hombre que echa
    semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta
    de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él
    sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los
    tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano
    está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
    Dijo también:
    «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos?
    Con un grano de mostaza: al sembrarlo
    en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de
    sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y
    echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
    Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.
    Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión jueves 30 de enero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 10,19-25
    Llenos de fe, mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos y fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad
    Lectura de la carta a los Hebreos
    HERMANOS, teniendo libertad para entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jesús, contando con el
    camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros a
    través de la cortina, o sea, de su carne, y teniendo un gran
    sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con
    corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de
    mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura.
    Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos,
    porque es fiel quien hizo la promesa.
    Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras; no faltemos a las asambleas,
    como suelen hacer algunos, sino animémonos tanto más
    cuanto más cercano ven el Día.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 24(23),1-2.3-4ab. 5-6 (R. cf. 6)
    R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
    V. Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
    el orbe y todos sus habitantes:
    él la fundó sobre los mares,
    él la afianzó sobre los ríos. R.
    V. ¿Quién puede subir al monte del Señor?
    ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
    El hombre de manos inocentes y puro corazón,
    que no confía en los ídolos. R.
    V. Ese recibirá la bendición del Señor,
    le hará justicia el Dios de salvación.
    Esta es la generación que busca al Señor,
    que busca tu rostro, Dios de Jacob. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. R.
    Evangelio
    Mc 4,21-25
    La lámpara se trae para ponerla en el candelero. La medida que usen la usarán con ustedes
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:
    «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín
    o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto;
    no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga
    oídos para oír, que oiga».
    Les dijo también:
    «Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la
    usarán con ustedes, y con creces. Porque al que tiene se
    le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
    Palabra del Señor.
    6 min
  • Reflexión miércoles 29 de enero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 10,11-18
    Ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    TODO sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de
    ningún modo pueden borrar los pecados.
    Pero Cristo, "después de haber ofrecido" por los pecados un
    único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
    Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a
    los que van siendo santificados. Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo.
    En efecto, después de decir:
    «Así será la alianza que haré con ellos
    después de aquellos días»,
    añade el Señor:
    «Pondré mis leyes en sus corazones
    y las escribiré en su mente,
    y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas».
    Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los
    pecados.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 110(109),1.2.3.4 (R. 4bc)
    R. Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.
    V. Oráculo del Señor a mi Señor:
    «Siéntate a mi derecha,
    y haré de tus enemigos
    estrado de tus pies». R.
    V. Desde Sion extenderá el Señor
    el poder de tu cetro:
    somete en la batalla a tus enemigos. R.
    V. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
    entre esplendores sagrados;
    yo mismo te engendré, desde el seno,
    antes de la aurora». R.
    V. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
    «Tú eres sacerdote eterno,
    según el rito de Melquisedec». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre. R.
    Evangelio
    Mc 4,1-20
    Salió el sembrador a sembrar
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo
    que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el
    gentío se quedó en tierra junto al mar.
    Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
    «Escuchen: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo
    cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo
    comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde
    apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó
    enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por
    falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los
    abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto
    cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
    Y añadió:
    «El que tenga oídos para oír, que oiga».
    Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le
    preguntaban el sentido de las parábolas.
    Él les dijo:
    «A ustedes se les ha dado el misterio del reino de Dios;
    en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas,
    para que "por más que miren, no vean, por más que oigan,
    no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados"»
    Y añadió:
    «¿No entienden esta parábola? Pues cómo van a con
    todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay
    unos que están al borde del camino donde se siembra la
    palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se
    lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben
    la semilla como terreno pedregoso; son los que al escuchar
    la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no
    tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad
    o persecución por la palabra, enseguida sucumben.
    Hay otros que reciben la semilla entre abrojos; estos son
    los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la
    seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los
    invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros
    son los que reciben la semilla en tierra buena; escuchan
    la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del
    sesenta o del ciento por uno».
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión martes 28 de enero de 2025. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hb 10,1-10
    He aquí que vengo para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad
    Lectura de la carta a los Hebreos.
    HERMANOS:
    La ley, que presenta solo una sombra de los bienes futuros
    y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca
    hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras
    año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.
    Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los
    ministros del culto, purificados de una vez para siempre,
    no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?
    Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año
    tras año, los pecados. Porque es imposible que la sangre
    de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
    Por eso, al entrar él en el mundo dice:
    «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,
    pero me formaste un cuerpo;
    no aceptaste
    holocaustos ni víctimas expiatorias.
    Entonces yo dije: He aquí que vengo
    -pues así está escrito en el comienzo del libro
    acerca de mí-
    para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».
    Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos,
    ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según
    la ley.
    Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
    Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
    Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados
    por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez
    para siempre.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 40(39),2 y 4ab.7-8a.10.11 (R. cf. 8a y 9a)
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
    V. Yo esperaba con ansia al Señor;
    él se inclinó y escuchó mi grito.
    Me puso en la boca un cántico nuevo,
    un himno a nuestro Dios. R.
    V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y, en cambio, me abriste el oído;
    no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
    entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
    V. He proclamado tu justicia
    ante la gran asamblea;
    no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. R.
    V. No me he guardado en el pecho tu justicia,
    he contado tu fidelidad y tu salvación,
    no he negado tu misericordia y tu lealtad
    ante la gran asamblea. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya.
    V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
    Evangelio
    Mc 3,31-35
    El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
    La gente que tenía sentada alrededor le dice:
    «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
    Él les pregunta:
    «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»
    Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
    «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad
    de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
    Palabra del Señor.
    7 min

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.