Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión martes 30 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 18,9-10.14b.24-25a.30 - 19,3
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, Absalón se encontró frente a los hombres de David.
    Montaba un mulo y, al pasar el mulo bajo el ramaje de una gran encina, la cabeza se enganchó en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió adelante.
    Alguien lo vio y avisó a Joab:
    «He visto a Absalón colgando de una encima».
    Cogiendo Joab tres venablos en la mano, los clavó en el corazón de Absalón.
    David estaba sentado entre las dos puertas.
    El vigía subió a la terraza del portón, sobre la muralla. Alzó los ojos y vio que un hombre venía corriendo en solitario.
    El vigía gritó para anunciárselo al rey.
    El rey dijo:
    «Si es uno solo, trae buenas noticias en su boca».
    Cuando llegó el cusita, dijo:
    «Recibía una buena noticia el rey, mi señor: el Señor te ha hecho justicia hoy, librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti».
    El rey preguntó:
    «¿Se encuentra bien el muchacho Absalón?».
    El cusita respondió:
    «Que a los enemigos de mi señor, el rey, y a todos los que se han levantado contra ti para hacerte mal les ocurra como al muchacho».
    Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar. Decía al subir:
    «¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!»
    Avisaron a Joab:
    «El rey llora y hace duelo por Absalón».
    Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al oír decir que el rey estaba apenado por sus hijos.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 86(85),1-2.3-4.5-6 (R. 1a)
    R. Inclina tu oído, Señor, escúchame.
    V. Inclina tu oído, Señor, escúchame,
    que soy un pobre desamparado;
    protege mi vida, que soy un fiel tuyo:
    salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R.
    V. Piedad de mí, señor,
    que a ti te estoy llamando todo el día;
    alegra el alma de tu siervo,
    pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R.
    V. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
    rico en misericordia con los que te invocan.
    Señor, escucha mi oración,
    atiende a la voz de mi súplica. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. R.
    Evangelio
    Mc 5,21-43
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos
    EN aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.
    Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
    «Mi niña está en la últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».
    Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.
    Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero , en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar a Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando:
    «Con solo tocarle el manto curaré».
    Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza fe él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba:
    «¿Quien me ha tocado la mano?».
    Los discípulos le contestaban:
    «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quien me ha tocado?"».
    Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.
    Él le dice:
    «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».
    Todavía estaba hablando, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
    «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».
    Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
    «No temas; basta que tengas fe».
    No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa de ...
    10 min
  • Reflexión lunes 29 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 15,13-14.30; 16,5-13a
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, alguien llegó a David con esta información:
    «El corazón de la gente de Israel sigue a Absalón».
    Entonces David dijo a los servidores que estaban con él en Jerusalén:
    «Levántense y huyamos, pues no tendremos escapatoria ante Absalón. Vámonos rápidamente, no sea que se apresure, nos dé alcance, precipite sobre nosotros la ruina y pase la ciudad a filo de espada».
    David subía la cuesta de los Olivos llorando con la cabeza cubierta y descalzo. Los que le acompañaban llevaban cubierta la cabeza y subían llorando.
    Al llegar el rey a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba caminado y lanzando maldiciones. Y arrojaba piedras contra David y todos sus servidores. El pueblo y los soldados protegían a David a derecha e izquierda. Semeí decía al maldecirlo:
    «Fuera, fuera, hombre sanguinario, hombre desalmado. El Señor ha hecho recaer cobre ti la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino has usurpado. Y el Señor ha puesto el reino en manos de tu hijo Absalón. has sido atrapado por tu maldad, pues eres un hombre sanguinario».
    Abisay, hijo de Seruyá, dijo el rey:
    «¿Por qué maldice este perro muerto al rey, mi señor?
    Deja que vaya y le corte la cabeza».
    El rey contestó:
    «¿Qué hay entre ustedes y yo, hijo de Seruyá? Si maldice y si el Señor le ha ordenado maldecir a David, ¿quién le va a preguntar "Por qué actúa así"?».
    Luego David se dirigió a Abisay y a todos sus servidores:
    «Un hijo mío, salido de mis entrañas, busca mi vida. Cuánto más este benjaminita. Déjenle que me maldiga, si se lo ha ordenado el Señor. Quizá el Señor vea mi humillación y me pague con bendiciones la maldición de este día».
    David y sus hombres subían por el camino.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 3,2-3. 4-5.6-7 (R. 7b)
    R. Levántate, Señor; sálvame.
    V. Señor, cuántos son mis enemigos,
    cuántos se levantan contra mí;
    cuántos dicen de mí:
    «Ya no lo protege Dios». R.
    V. Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
    tú mantienes alta mi cabeza.
    Si grito invocando al Señor,
    Él me escucha desde su monte santo. R.
    V. Puedo acostarme y dormir y despertar:
    el Señor me sostiene.
    No temeré al pueblo innumerable
    que acampana a mi alrededor.
    Levántate, Señor; sálvame, Dios mío. R.
    Evangelio
    Mc 5,1-20
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
    Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
    Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante Él y grito con voz potente:
    «¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
    Porque Jesús le estaba diciendo:
    «Espíritu inmundo, sal de este hombre».
    Y le preguntó:
    «¿Cómo te llamas?».
    Él respondió:
    «Me llamo Legión, porque somos muchos».
    Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
    Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
    «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
    Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
    Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos.Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
    Mientras se embarcaba...
    8 min
  • Reflexión 28 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Dt 18,15-20
    Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca
    Lectura del libro del Deuteronomio.
    MOISÉS habló al pueblo diciendo:
    «El Señor, tu Dios, te suscita de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán . Es lo que pediste al Señor tu Dios, en el Horeb el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego para no morir".
    El Señor me respondió: "Está bien lo que han dicho. Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande.
    Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá"».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 95(94),1-2.6-7ab. 7c-9
    R. Ojalá escuchen hoy la voz del Señor:
    «No endurezcan su corazón».
    V. Vengan, aclamemos al Señor,
    demos vítores a la Roca que nos salva;
    entremos a su presencia dándole gracias,
    aclamándolo con cantos. R.
    V. Entren, postrémonos por tierra,
    bendiciendo al Señor, creador nuestro.
    Porque Él es nuestro Dios,
    y nosotros su pueblo,
    el rebaño que Él guía. R.
    V. Ojalá escuchen hoy su voz:
    «No endurezcan el corazón como en Meribá,
    como el día de Masá en el desierto;
    cuando sus padres me pusieron a prueba
    y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
    Segunda lectura
    1Co 7,32-35
    La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
    HERMANOS:
    Quiero que se ahorren preocupaciones: el no casado se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor, en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido.
    También la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, de ser santa de cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.
    Les digo todo esto para su bien; no para ponerles una trampa, sino para inducirlos a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. R.
    Evangelio
    Mc 1,21-28
    Les enseñaba con autoridad
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos
    EN la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.
    Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar:
    «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».
    Jesús lo increpó:
    «¡Cállate y sal de él!».
    El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:
    «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».
    Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
    Palabra del Señor.
    10 min
  • Reflexión sábado 27 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 12,1-7a.10-17
    He pecado contra el Señor
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, el Señor envió a Natán a ver a David y, llegando a su presencia, le dijo:
    «Había dos hombres en una ciudad, un rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas. El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una hija.
    Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa».
    La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán:
    «Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión».
    Entonces Natán dijo a David:
    «Tú eres ese hombre. Pues bien, la espada no se apartará de tu casa jamás, por haberme despreciado y haber tomado como esposa a la mujer de Urías, el hitita". Así dice el Señor: "Yo voy a traer la desgracia sobre ti, desde tu propia casa. Cogeré a tus mujeres ante tus ojos y las entregaré a otro, que se acostará con ellas a la luz misma del sol. Tú has obrado a escondidas. Yo, en cambio, haré esto a la vista de todo Israel y a la luz del sol"».
    David respondió a Natán:
    «He pecado contra el Señor».
    Y Natán le dijo:
    «También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás. Ahora bien, por haber despreciado al Señor con esa acción, el hijo que te va a nacer morirá sin remedio».
    Natán se fue a su casa.
    El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David y cayó enfermo.
    David oró con insistencia a Dios por el niño. Ayunaba y pasaba las noches acostado en tierra.
    Los ancianos de su casa se acercaron a él e intentaban obligarlo a que se levantara del suelo, pero no accedió, ni quiso tomar con ellos alimentos alguno.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 51(50),12-13.14-15.16-17 (R. 12a)
    R. Oh. Dios, crea en mí un corazón puro.
    V. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
    renuévame por dentro con espíritu firme.
    No me arrojes lejos de tu rostro,
    no me quites tu santo espíritu. R.
    V. Devuélveme la alegría de tu salvación,
    afiánzame con espíritu generoso.
    Enseñaré a los malvados tus caminos,
    los pecadores volverán a ti. R.
    V. Libérame de la sangre, oh, Dios,
    Dios, Salvador mío,
    y cantará mi lengua tu justicia.
    Señor, me abrirás los labios,
    y mi boca proclamará tu alabanza. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Tanto amó Dios el mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
    Evangelio
    Mc 4,35-41.
    ¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    AQUEL día, al atardecer, dice Jesús sus discípulos:
    «Vamos a la otra orilla».
    Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaron. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarlas de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.
    Lo despertaron, diciéndole:
    «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
    Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:
    «¡Silencio, enmudece!».
    El viento cesó y vino una gran calma.
    Él les dijo:
    «¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?».
    Se llenaron de miedo y se decían unos a otro:
    «¿Pero quién este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión viernes 26 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 11,1-4a.5-10a.13-17
    Me despreciaste y tomaste como esposa a la mujer de Urías
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    A la vuelta de un año, en la época en que los reyes suelen ir a la guerra, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel. Masacraron a los amonitas y sitiaron Rabá, mientras David se quedó en Jerusalén.
    Una tarde David se levantó de la cama y se puso a pasear por la terraza del palacio. Desde allí divisó a una mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso.
    David mandó averiguar quién era aquella mujer.
    Y le informaron:
    «Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Irías, el hitita».
    David envió mensajeros para que la trajeran.
    Ella volvió a su casa.
    Quedó encinta y mando este aviso a David:
    «Estoy encita».
    David, entonces, envió a decir a Joab:
    «Mándame a Urías, el hitita».
    Joab se lo mandó.
    Cuando llegó Urías, David le preguntó cómo se encontraban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.
    Luego le dijo:
    «Baja a tu casa a lavarte los pies».
    Urías salió del palacio y tras él un regalo del rey. Pero Urías se acostó a la puerta del palacio con todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa.
    Informaron a David:
    «Urías no ha bajado a su casa».
    David le invitó a comer con él y le hizo beber hasta ponerle ebrio.
    Urías salió por la tarde a acostarse en su lecho con los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.
    A la mañana siguiente David escribió una carta a Joab, que le mandó por Urías.
    En la carta había escrito:
    «Pongan a Urías en primera línea, donde la batalla sea más encarnizada. Luego retírense de su lado, para que lo hieran y muera».
    Joab observó la ciudad y situó a Urías en el lugar en el que sabía que estaban los hombres más aguerridos.
    Las gentes de la ciudad hicieron una salida. Trabaron combate con Joab y hubo bajas en la tropa, entre los servidores de David. Murió también Urías, el hitita.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 51(50),3-4.5-6a.6bc-7.10-11 (R. cf. 3a)
    R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
    V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
    por tu inmensa compasión borra mi culpa;
    lava del todo mi delito,
    limpia mi pecado. R.
    V. Pues yo reconozco mi culpa,
    tengo siempre presente mi pecado.
    Contra ti, contra ti solo pequé,
    cometí la maldad en tu presencia. R.
    V. En la sentencia tendrás razón,
    en el juicio resultarás inocente.
    Mira, en la culpa nací,
    pecador me concibió mi madre. R.
    V. Hazme oír el gozo y la alegría,
    que se alegren los huesos quebrantados.
    Aparta de mi pecado tu vista,
    borra en mí toda culpa. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
    Evangelio
    Mc 4,26-34
    Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que él sepa cómo
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
    «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semillas en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego le espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete en la hoz, porque ha llegado la siega».
    Dijo también:
    «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
    Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explica todo en privado.
    Palabra del Señor.
    10 min
  • Reflexión jueves 25 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Hch 22,3-16
    Levántate, recibe el bautismo que, por la invocación del nombre de Jesús, lavará tus pecados
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
    En aquellos días, dijo Pablo al pueblo:
    -«Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como vosotros mostráis ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo a la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase, para que los castigaran.
    Pero en el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía:
    ´´Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?``
    Yo pregunté:
    ´´¿Quién eres, Señor?``
    Me respondió:
    ´´Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues``.
    Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz.
    Yo pregunté:
    ´´¿Qué debo hacer, Señor?``
    El Señor me respondió:
    ´´Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer``.
    Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco.
    Un cierto Ananías, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo:
    ´´Saulo, hermano, recobra la vista``.
    Inmediatamente recobré la vista y lo vi.
    Él me dijo:
    ´´El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados``».
    Palabra de Dios.
    O bien:
    Hch 9,1-22
    Te dirán lo que tienes que hacer
    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
    En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.
    En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
    -«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
    Preguntó él:
    -«¿Quién eres, Señor?»
    Respondió la voz:
    -«Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer».
    Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
    Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
    -«Ananías».
    Respondió él:
    -«Aquí estoy, Señor».
    El Señor le dijo:
    -«Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
    Ananías contestó:
    -«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
    El Señor le dijo:
    -«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas.
    Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
    Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
    -«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuendo venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo».
    Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le ...
    9 min
  • Reflexión miércoles 24 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 7,4-17
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
    «Ve y habla a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?
    Desde el día en que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, yo no he habitado en casa alguna, sino que he estado peregrinando de acá para allá, bajo una tienda como morada. Durante todo el tiempo que he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso me dirigí a alguno de los jueces a los que encargué pastorear a mi pueblo de Israel, diciéndoles: ´Por qué no me construyen una casa de cedro?´".
    Pues bien, di a mi siervo David: "Así dice el Señor del universo. Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel.
    He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra.
    Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel.
    A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.
    En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.
    Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
    Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si obra mal, yo lo castigaré con vara y con golpes de hombres.
    Pero no apartaré de él mi benevolencia, como la aparté de Saúl, al que alejé de mi presencia. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre"».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 89(88), 4-5.27-28.29-30 (R. 29a)
    R. Le mantendré eternamente mi favor.
    V. Sellé una alianza con mi elegido,
    jurando a David, mi siervo:
    Te fundaré un linaje perpetuo,
    edificaré tu trono para todas las edades. R.
    V. Él me invocará: «Tú eres mi padre,
    mi Dios, mi Roca salvadora»;
    y lo nombraré mi primogénito,
    excelso entre los reyes de la tierra. R.
    V. Le mantendré eternamente mi favor,
    y mi alianza con él será estable.
    Le daré una posteridad perpetua
    y un trono duradero como el cielo. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra vive para siempre. R.
    Evangelio
    Mc 4,1-20
    Salió el sembrador a sembrar
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar, Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.
    Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:
    «Escuchen: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno».
    Y añadió:
    «El que tenga oídos para oír, que oiga».
    Cuando se quedó a solas, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaron el sentido de las parábolas.
    Él les dijo:
    «A ustedes se les ha dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que "por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados"».
    «¿No entienden esta parábola? ¿Pues cómo van a conocer todas las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ....
    9 min
  • Reflexión martes 23 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 6,12b-15.17-19
    David y todo Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones
    Lectura del segundo libro de Samuel
    EN aquellos días, David fue y trajo con algazara el Arca de Dios de la casa de Obededón a la ciudad de David.
    Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.
    David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.
    Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca entre aclamaciones y al son de trompeta.
    Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.
    David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión.
    Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 24(23),7.8.9.10 (R. cf. 8a)
    R. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, héroe valeroso,
    El Señor valeroso en la batalla. R.
    V. ¡Portones!, alcen los dinteles,
    que se alcen las puertas eternales:
    va a entrar el Rey de la gloria. R.
    V. ¿Quién es ese Rey de la gloria?
    El Señor, Dios del Universo,
    él es el Rey de la gloria. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.
    Evangelio
    Mc 3,31-35
    El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron a llamar.
    La gente que tenía sentada alrededor le dice:
    «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están afuera y te buscan».
    Él les pregunta:
    «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
    Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
    «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión lunes 22 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 5,1-7.10
    Tú pastorearás a mi pueblo de Israel.
    Lectura del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron:
    «Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: "Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel"».
    Los ancianos de Israel vinieron a ver el rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.
    David tenía treinta años cuando comenzó a reinar. Y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá.
    David se dirigió con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que habitan en el país. Estos dijeron a David:
    «No entrarás aquí, pues te rechazarán hasta los ciegos y los cojos».
    Era como decir: David ni entrará aquí. Pero David tomó la fortaleza de Sion, que es la ciudad de David.
    David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 89(88),20.21-22. 25-26 (R. 25a)
    R. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán.
    V. Un día hablaste en visión a tus santos:
    «He ceñido la corona a un héroe;
    he levantado a un soldado de entre el pueblo». R.
    V. «Encontré a David, mi siervo,
    y lo he ungido con óleo sagrado;
    para que mi mano esté siempre con él
    y mi brazo lo haga valeroso». R.
    V. «Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
    por mi nombre crecerá su poder:
    extenderé su izquierda hasta el mar,
    y su derecha hasta el Gran Río». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
    Evangelio
    Mc 3,22-30
    Satanás está perdido
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
    «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
    Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
    «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
    Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para saquear su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá saquear la casa.
    En verdad les digo, todo se le podrá perdonar a los hombres: pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
    Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión Domingo 21 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    Jon 3,1-5.10
    Los ninivitas habían abandonado el mal camino
    Lectura de la profecía de Jonás:
    EL Señor dirigió la palabra a Jonás:
    «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré»
    Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
    «Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».
    Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
    Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 25(24),4-5ab.6 y 7bc.8-9 (R. cf. 18)
    R. Señor, enséñame tus caminos.
    V. Señor, enséñame tus caminos
    instrúyeme en tus sendas:
    haz que camine con lealtad;
    enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
    V. Recuerda, Señor, que tu ternura
    y tu misericordia son eternas;
    acuérdate de mí con misericordia,
    por tu bondad, Señor. R.
    V. El Señor es bueno y es recto,
    y enseña el camino a los pecadores;
    hace caminar a los humildes con rectitud,
    enseña su camino a los humildes. R.
    Segunda lectura
    1Co 7,29-31
    La representación de este mundo se termina
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
    DIGO esto, hermanos, que el momento es apremiante.
    Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran: los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Está cerca el reino de Dios; conviértanse y crean en el Evangelio. R.
    Evangelio
    Mc 1,14-20
    Conviértanse y crean en el Evangelio.
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    DESPUÉS de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
    «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Conviértanse y crean en el Evangelio».
    Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
    Jesús les dijo:
    «Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres».
    Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
    Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca restaurando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
    Palabra del Señor.
    9 min

About Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.