Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia.

By Padre Juan Diego Ruiz Arango.Religion & Spirituality
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Reflexiones diarias Padre Juan Diego Ruiz Arango. Medellín. Colombia. episodes

  • Reflexión sábado 20 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    2S 1,1-4.11-12.19.23-27
    ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate!
    Comienzo del segundo libro de Samuel.
    EN aquellos días, David regresó tras derrotar a Amalec y se detuvo dos días en Sicelag.
    Al tercer día vino un hombre del campamento de Saúl con las vestiduras rasgadas y tierra en la cabeza. Al llegar a la presencia de David, cayó a tierra y se postró.
    David le preguntó:
    «¿De dónde vienes?».
    Respondió:
    «He huido del campamento de Israel».
    David le preguntó de nuevo:
    «¿Qué ha sucedido? Cuéntamelo».
    Respondió:
    «La tropa ha huido de la batalla y muchos del pueblo han caído y han muerto, entre ellos Saúl y su hijo Jonatán».
    Entonces David, echando mano de sus vestidos, los rasgó, lo mismo que sus compañeros. Hicieron duelo, lloraron y ayudaron hasta la tarde por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, caídos a espada.
    Y dijo David:
    «La flor de Israel herida en tus alturas.
    Cómo han caído los héroes.
    Saúl y Jonatán,
    amables y gratos en su vida,
    inseparables en su muerte,
    más veloces que águilas,
    más valientes que leones.
    Hijas de Israel, lloren por Saúl,
    que las cubrirá de púrpura y adornos,
    que adornaba con alhajas de oro sus vestidos.
    Cómo han caído los héroes
    en medio del combate.
    Jonatán, herido en tus alturas.
    Estoy apenado por ti, Jonatán, hermano mío.
    Me eras gratísimo,
    tu amistad me resultaba más dulce
    que el amor de mujeres.
    Cómo han caído los héroes.
    Han perecido las armas de combate».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 80(79), 2-3.5-7 (R. 4b)
    R. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.
    V. Pastor de Israel, escucha,
    tú que guías a José como a un rebaño;
    tú que te sientas sobre querubines, resplandece
    ante Efraín, Benjamín y Manasés;
    despierta tu poder y ven a salvarnos. R.
    V. Señor, Dios del universo,
    ¿hasta cuándo estarás airado
    mientras tu pueblo suplica?
    Les diste a comer llanto,
    a beber lágrimas a tragos;
    nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
    nuestro enemigos se burlan de nosotros. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R.
    Evangelio
    Mc 3,20-21
    Su familia decía que estaba fuera de sí
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos
    EN aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no lo dejaban ni comer.
    Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión viernes 19 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    1S 24,3-21
    Lectura del primer libro de Samuel.
    EN aquellos días, Saúl tomó tres mil hombres escogido de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín.
    Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva.
    Los hombres de David le dijeron:
    «Este es el día del que te dijo el Señor: "Yo entregué a tus enemigos en tu mano". Haz con él lo que te parezca mejor».
    David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl. Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres:
    «El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».
    David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió se la cueva y siguió su camino.
    A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl.
    «¡Oh, rey, mi señor!».
    Saúl miró hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.
    Y dijo a Saúl:
    «¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: "David busca tu desgracia"? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: "No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido de Señor". Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela. Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti. Como dice el antiguo proverbio: "De los malos sale maldad". Pero en mí no hay maldad. ¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigue? A un perro muerto, a una simple pulga. El Señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano».
    Cuando David acabó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo:
    «¿Es esta tu voz, David, hijo mío?».
    Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo:
    «Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en sus manos y tú no me has matado. ¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel».
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 57(56),2.3-4.6+11 (R. 2a)
    R. Misericordia, Dios mío, misericordia.
    V. Misericordia, Dios mío, misericordia,
    que mi alma se refugiara en ti;
    me refugio a la sombra de tus alas
    mientras pasa la calamidad. R.
    V. Invoco al Dios altísimo,
    al Dios que hace tanto por mí.
    Desde el cielo me enviara la salvación,
    confundirá a los que ansían matarme;
    enviará Dios su gracia y su lealtad. R.
    V. Elévate sobre el cielo, Dios mío,
    y llene la tierra de gloria.
    por tu bondad, que es más grande que los cielos;
    por tu fidelidad, que alcanza las nubes. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. R.
    Evangelio
    Mc 3,13-19.
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
    E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios:
    Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
    Palabra del Señor.
    8 min
  • Reflexión jueves 18 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    1S 18,6-9; 19,1-7
    Mi padre busca el modo de matarte
    Lectura del primer libro de Samuel
    EN aquellos días, cuando David volvía de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando con tambores, gritos del alborozo y címbalos.
    Las mujeres cantaban y repetían al bailar:
    «Saúl mató a mil,
    David a diez mil».
    A Saúl lo enojó mucho aquella copla y le pareció mal, pues pensaba:
    «Han asignado diez mil a David y mil a mí. No le falta más que la realeza».
    Desde aquel día Saúl vio con malos ojos a David.
    Saúl manifestó a su hijo Jonatán y a sus servidores la intención de matar a David, Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David. Y le advirtió:
    «Mi padre busca el modo de matarte. Mañana toma precauciones, quédate en lugar secreto y permanece allí oculto. Yo saldré y me colocaré al lado de mi padre en el campo donde te encuentres. Le hablaré de ti, veré lo que hay y te lo comunicaré».
    Jonatán habló bien de David a su padre Saúl. Le dijo:
    «No hagas daño al rey a su siervo David, pues él no te ha hecho mal alguno y su conducta ha sido muy favorable hacia ti. Expuso su vida, mató al filisteo y el Señor concedió una gran victoria a todo Israel. Entonces te alegraste al verlo. ¿Por qué hacerte culpable de sangre inocente, matando a David sin motivo?».
    Saúl escuchó lo que le decía Jonatán y juró:
    «Por vida del Señor, no morirá».
    Jonatán llamó a David y le contó toda aquella conversación.
    Le trajo junto a Saúl y siguió a su servicio como antes.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 56(55),2-3. 9-10.11-12.13 (R. 5bc)
    R. En Dios confío y no temo.
    V. Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
    me atacan y me acosan todo el día;
    todo el día me hostigan mis enemigos,
    me atacan en masa, oh, Altísimo. R.
    V. Anota en tu libro mi vida errante,
    recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío,
    mis fatigas en tu libro.
    Que retrocedan mis enemigos
    cuando te invoco. R.
    V. Así sabré que eres mi Dios.
    En Dios, cuya promesa alabo,
    en el Señor, cuya promesa alabo. R.
    V. En Dios confío y no temo:
    ¿qué podrá hacerme un hombre?
    Te debo, Dios mío, los votos que hice,
    los cumpliré con acción de gracias. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
    Evangelio
    Mc 3,7-12.
    Los espíritus inmundos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él les prohibía que lo diesen a conocer
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús se retiro con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
    Al enterarse de las cosas que hacían, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
    Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
    Como había curado a mucho, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
    Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
    «Tú eres el Hijo de Dios».
    Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
    Palabra del Señor.
    7 min
  • Reflexión 17 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    1S 17,32-33.37.40-51
    Venció David al filisteo con una honda y una piedra
    Lectura del primer libro de Samuel.
    EN aquellos días, Saúl mandó a llamar a David, y este le dijo:
    «Que no desmaye el corazón de nadie por causa de ese hombre Tu siervo irá a luchar contra ese filisteo».
    Pero Saúl respondió:
    «No puedes ir a luchar con ese filisteo. Tú eres todavía un joven y él es un guerrero desde su mocedad».
    David añadió:
    «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, me librará también de la mano de ese filisteo».
    Entonces Saúl le dijo:
    «Vete, y que el Señor esté contigo».
    Agarró el bastón, se escogió cinco piedras lisas del torrente y las puso en su zurrón de pastor y en el morral, y avanzó hacia el filisteo con la honda en mano. El filisteo se fue acercando a David, precedido de su escudero. Fijó su mirada en David y lo despreció, viendo que era un muchacho, rubio y de hermoso aspecto.
    El filisteo le dijo:
    «¿Me has tomado por un perro, para que venga a mí con palos?».
    Y maldijo a David por sus dioses.
    El filisteo siguió diciéndole:
    «Acércate y echaré tu carne alas aves del cielo y a las bestias del campo».
    David le respondió:
    «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado.
    El señor te va a entregar hoy en mis manos, te mataré, te arrancaré la cabeza y hoy mismo entregaré tu cadáver y los del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. Y toda la tierra sabrá que hay un Dios de Israel.
    Todos los aquí reunidos sabrán que el Señor no salva con espada ni lanza, porque la guerra es del Señor y los va a entregar en nuestras manos».
    Cuando el filisteo se puso en marcha, avanzando hacia David, este corrió a la línea de combate frente a él. David metió su mano en el zurrón, cogió una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y cayó de bruces en tierra.
    Así venció David al filisteo con una honda y una piedra. Lo golpeó y lo mató sin espada en la mano.
    David echó a correr y se detuvo junto al filisteo. Cogió su espada, la sacó de la vaina y lo remató con ella, cortándole la cabeza. Los filisteos huyeron, al ver muerto a su campeón.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 144(143),1. 2.9-10 (R. 1a)
    R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
    V. Bendito el Señor, mi Roca,
    que adiestra mis manos para el combate,
    mis dedos para la pelea. R.
    V. Mi bienhechor, mi alcázar,
    baluarte donde me pongo a salvo,
    mi escudo y refugio,
    que me somete los pueblos. R.
    V. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
    tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
    para ti que das la victoria a los reyes,
    y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.
    Evangelio
    Mc 3,1-6
    ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.
    Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
    Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
    «Levántate y ponte ahí en medio».
    Y a ellos les pregunta:
    «Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
    Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
    «Extiende la mano».
    La extendió y su mano quedó restablecida.
    En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión martes 16 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    1S 16,1-13
    Samuel ungió a David en medio de sus hermanos y el espíritu del Señor vino sobre él
    Lectura del primer libro de Samuel.
    EN aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
    «¿Hasta cuándo vas a estar sufriendo por Saúl, cuando soy yo el que lo he rechazado como rey sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».
    Samuel respondió:
    «¿Cómo voy a ir? Si lo oye Saúl, me mata».
    El Señor respondió:
    «Llevas de la mano una novilla y dices que has venido a ofrecer un sacrificio al Señor. Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que has de hacer. Me ungirás al que te señale».
    Samuel hizo lo que le había ordenado el Señor.
    Una vez llegando a Belén, los ancianos de la ciudad salieron temblorosos a su encuentro.
    Preguntaron:
    «¿Es de paz tu venida?».
    Respondió:
    «Sí. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio».
    Purificó a Jesé y a sus hijos, y los invitó al sacrificio.
    Cuando estos llegaron, vio a Eliab y se dijo:
    «Seguro que está su ungido ante el Señor».
    Pero el Señor dijo a Samuel:
    «No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el Hombre mira a los ojos, mas el Señor mira el corazón».
    Jesé llamó a Abinadab y lo presentó a Samuel , pero le dijo:
    «Tampoco a este lo ha elegido el Señor».
    Jesé presentó a Samá. Y Samuel dijo:
    «El señor tampoco ha elegido a este».
    Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
    «El Señor no ha elegido a estos».
    Entonces Samuel preguntó a Jesé:
    «¿No hay más muchachos?».
    Y le respondió:
    «Todavía queda el menos, que está pastoreando el rebaño».
    Samuel le dijo:
    «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga».
    Jesé mandó por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El señor dijo a Samuel:
    «Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».
    Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.
    Samuel emprendió luego el camino a Ramá.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 89(88),20.21-22.27-28 (R. 21a)
    R. Encontré a David, mi siervo.
    V. Un día hablaste en visión a tus santos:
    «He ceñido la corona a un héroe,
    he levantado a un soldado de entre el pueblo». R.
    V. «Encontré a David, mi siervo,
    y lo he ungido con óleo sagrado;
    para que mi mano esté siempre con él
    y mi brazo lo haga valeroso». R.
    V. «Él me invocará: "Tú eres mi padre,
    mi Dios, mi Roca salvadora";
    y lo nombraré mi primogénito,
    excelso entre los reyes de la tierra». R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón,
    para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R.
    Evangelio
    Mc 2,23-28
    El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos
    SUCEDÍO que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
    Los fariseos le preguntan:
    «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
    Él les responde:
    «¿No han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
    Y les decía:
    «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión lunes 15 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Lecturas del Lunes de la 2ª semana del Tiempo Ordinario
    Lunes, 15 de enero de 2024
    Primera lectura
    Lectura del primer libro de Samuel (15,16-23):
    En aquellos días, Samuel dijo a Saúl: «Déjame que te cuente lo que el Señor me ha dicho esta noche.»
    Contestó Saúl: «Dímelo.»
    Samuel dijo: «Aunque te creas pequeño, eres la cabeza de las tribus de Israel, porque el Señor te ha nombrado rey de Israel. El Señor te envió a esta campaña con orden de exterminar a esos pecadores amalecitas, combatiendo hasta acabar con ellos. ¿Por qué no has obedecido al Señor? ¿Por qué has echado mano a los despojos, haciendo lo que el Señor reprueba?»
    Saúl replicó: «¡Pero si he obedecido al Señor! He hecho la campaña a la que me envió, he traido a Agag, rey de Amalec, y he exterminado a los amalecitas. Si la tropa tomó del botin ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, lo hizo para ofrecérselas en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.»
    Samuel contestó: «¿Quiere el Señor sacrificios y holocaustos, o quiere que obedezcan al Señor? Obedecer vale más que un sacrificio; ser dócil, más que la grasa de carneros. Pecado de adivinos es la rebeldía, crimen de idolatría es la obstinación. Por haber rechazado al Señor, el Señor te rechaza como rey.»
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 49,8-9.16bc-17.21.23
    R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios
    «No te reprocho tus sacrificios,
    pues siempre están tus holocaustos ante mí.
    Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
    ni un cabrito de tus rebaños.» R/.
    «¿Por qué recitas mis preceptos
    y tienes siempre en la boca mi alianza,
    tú que detestas mi enseñanza
    y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.
    «Esto haces, ¿y me voy a callar?
    ¿Crees que soy como tú?
    Te acusaré, te lo echaré en cara.
    El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
    al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.» R/.
    Segunda lectura
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,18-22):
    En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
    Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión Domingo 14 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango
    Primera lectura
    1S 3,3b-10.19
    Habla, Señor, que tu siervo escucha
    Lectura del primer libro de Samuel.
    EN aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.
    Entonces el Señor llamó a Samuel. Este Respondió:
    «Aquí estoy».
    Corrió adonde estaba Elí y Dijo :
    «Aquí estoy, porque me has llamado».
    Respondió:
    «No te he llamado. Vuelve a acostarte».
    Fue y se acostó.
    El Señor volvió a llamar a Samuel.
    Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo:
    «Aquí estoy, porque me has llamado».
    Respondió:
    No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte».
    Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor.
    El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo:
    «Aquí estoy, porque me has llamado».
    Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. y dijo a Samuel:
    «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: "Habla, Señor, que tu siervo escucha"». Samuel fue a acostarse en su sitio.
    El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores:
    «Samuel, Samuel».
    Respondió Samuel:
    «Habla, que tu siervo escucha».
    Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 40(39),2+4ab.7. 8-9.10 (R. cf. 8a.9a)
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
    V. Yo esperaba con ansia al Señor;
    él se inclinó y escuchó mi grito.
    Me puso en la boca un cántico nuevo,
    un himno a nuestro Dios. R.
    V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
    y, en cambio, me abriste el oído;
    no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
    entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
    V. «-Como está escrito en mi libro-
    para hacer tu voluntad.
    Dios mío, lo quiero,
    y llevo tu ley en las entrañas». R.
    V. He proclamado tu justicia
    ante la gran asamblea;
    no he cerrado los labios,
    Señor, tú lo sabes. R.
    Segunda lectura
    1Co 6,13c-15a. 17-20
    ¡Sus cuerpos son miembros de Cristo!
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
    Hermanos:
    El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.
    ¿No saben que sus cuerpos son miembros de cristo?
    El que se une al Señor es un espíritu con él.
    Huyan de la inmoralidad. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y han recibido de Dios?
    Y ustedes no se pertenecen, pues han sido comprados a buen precio.
    Por tanto, ¡glorifiquen a Dios con su cuerpo!
    Palabra de Dios.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo; la gracia y la verdad nos han llegado por medio de él. R.
    Evangelio
    Jn 1,35-42
    Vieron dónde vivía y se quedaron con él
    Lectura del santo Evangelio según san Juan.
    EN aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
    «Este es el Cordero de Dios».
    Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
    Jesús de volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
    «¿Qué buscan?».
    Ellos le contestaron:
    «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
    Él les dijo:
    «Vengan y vean»
    Entonces fueron, vieron dónde y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
    Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
    «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
    Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedo mirando y le dijo:
    «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas ( que se traduce: Pedro)».
    Palabra del Señor.
    9 min
  • Reflexión sábado 13 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Lecturas del Sábado de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
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    Primera lectura
    Lectura del primer libro de Samuel (9,1-4.17-19; 10,1a):
    Había un hombre de Loma de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorá, hijo de Afiaj, benjaminita, de buena posición. Tenía un hijo que se llamaba Saúl, un mozo bien plantado; era el israelita más alto: sobresalía por encima de todos, de los hombros arriba.
    A su padre Quis se le habían extraviado unas burras; y dijo a su hijo Saúl: «Llévate a uno de los criados y vete a buscar las burras.»
    Cruzaron la serranía de Efraín y atravesaron la comarca de Salisá, pero no las encontraron. Atravesaron la comarca de Saalín, y nada. Atravesaron la comarca de Benjamin, y tampoco.
    Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: «Ése es el hombre de quien te hablé; ése regirá a mi pueblo.»
    Saúl se acercó a Samuel en medio de la entrada y le dijo: «Haz el favor de decirme dónde está la casa del vidente.»
    Samuel le respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy coméis conmigo, y mañana te dejaré marchar y te diré todo lo que piensas.»
    Tomó la aceitera, derramó aceite sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: «El Señor te unge como jefe de su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean.»
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 20,2-3.4-5.6-7
    R/. Señor, el rey se alegra por tu fuerza
    Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
    ¡y cuánto goza con tu victoria!
    Le has concedido el deseo de su corazón,
    no le has negado lo que pedían sus labios. R/.
    Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
    y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
    Te pidió vida, y se la has concedido,
    años que se prolongan sin término. R/.
    Tu victoria ha engrandecido su fama,
    lo has vestido de honor y majestad.
    Le concedes bendiciones incesantes,
    lo colmas de gozo en tu presencia. R/.
    Segunda lectura
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,13-17):
    En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba.
    Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
    Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos.
    Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!»
    Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
    Palabra del Señor
    9 min
  • Reflexión viernes 12 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Lecturas del Viernes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
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    Primera lectura
    Lectura del primer libro de Samuel (8,4-7.10-22a):
    En aquellos dias, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá.
    Le dijeron: «Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones.»
    A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor.
    El Señor le respondió: «Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey.»
    Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: «Éstos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. Y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá.»
    El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: «No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra.»
    Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor.
    El Señor le respondió: «Hazles caso y nómbrales un rey.»
    Palabra de Dios
    Salmo
    Sal 88,16-17.18-19
    R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
    Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
    caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
    tu nombre es su gozo cada día,
    tu justicia es su orgullo. R/.
    Porque tú eres su honor y su fuerza,
    y con tu favor realzas nuestro poder.
    Porque el Señor es nuestro escudo
    y el Santo de Israel nuestro rey. R/.
    Segunda lectura
    Evangelio
    Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12):
    Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
    Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
    Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
    Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...»
    Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
    Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»
    Palabra del Señor
    9 min
  • Reflexión jueves 11 de enero de 2024. Padre Juan Diego Ruiz Arango.
    Primera lectura
    1S 4, 1-11
    Israel fue derrotado y el Arca de Dios fue apresada
    Lectura del primer libro de Samuel
    EN aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec. Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos. Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación. Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel: «¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos». El pueblo envió gente a Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines. Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
    Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció. Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron: «¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?». Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento. Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron: «Dios ha venido al campamento». Después gritaron: «¡Ay de nosotros!, nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con todo tipo de plagas en el desierto. Filisteos, cobren fuerzas y pórtense como hombres, para que no tengan que servir a los hebreos, como les han servido a ustedes. Pórtense como hombres y luchen». Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda. Fue una gran derrota: cayeron treinta mil infantes de Israel. El Arca de Dios fue apresada y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
    Palabra de Dios.
    Salmo
    Sal 44(43),10-11.14-15. 24-25 (R. 27b)
    R. Redímenos, Señor, por tu misericordia.
    V. Ahora nos rechazas y nos avergüenzas,
    y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
    nos haces retroceder ante el enemigo,
    y nuestro adversario nos saquea. R.
    V. Nos haces el escarnio de nuestro vecinos ,
    irrisión y burla de los que nos rodean;
    nos has hecho el refrán de los gentiles,
    nos hacen muecas las naciones. R.
    V. Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
    Levántate, no nos rechaces más.
    ¿Por qué nos escondes tu rostro
    y olvidas nuestra desgracia y opresión? R.
    Aclamación
    R. Aleluya, aleluya, aleluya
    V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.
    Evangelio
    Mc 1, 40-45
    La lepra se le quitó, y quedó limpio
    Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
    EN aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
    «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
    Palabra del Señor.
    8 min

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Reflexiones diarias de las lecturas por parte del presbítero Juan Diego Ruiz Arango.